Iluminación
La suavidad de la lluvia sobre bosques entreabiertos una noche desnudos en una habitación muy alta contemplando la ciudad temblorosa de voces cuando el viento jugando trae apagados rumores y un piano suena lejano en la soledad inefable mientas el tiempo se detiene a eternizar ávidos besos y una ternura salvaje abrillanta ojos agónicos. Sólo queda lo primigenio, después de los grandes gestos, constelado de soles y asimiladas muertes ebrio y agobiado de tanto absorber y despedir frente a la grave inminencia de una oscuridad sin término. |