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De doble vía
Que el acto de existir (este naufragio que la dura insistencia de las horas dilata por crepúsculos y auroras) es sólo imitación o mero plagio,
Cioran lo afirma. ¿Algún manido adagio lo predicó también hace opresoras centurias? ¿No las prosas seductoras omitieron de Plinio ese presagio?
Plagiamos, pues, la vida. Y nos compete plagiar este acto de escribir. No importa que cambie el siglo y mude el gabinete
del alquimista y cambie la retorta. Con ello al tiempo uncimos nuestra magia. También el tiempo, al final, nos plagia.
1994
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