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Academia / 21/02/2011

Profesionales sobre perfilados, un asunto de la universidad y la empresa

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​Estudiantes de posgrado. Imagen de archivo.

• ​La falta de habilidades sociales, que incluye características que les permite a los graduados desempeñar sus funciones, es común en las personas que han dedicado su vida a obtener títulos sin preocuparse por tener experiencia laboral.

• ​Las universidades tienen a su alcance herramientas que promueven tanto la adquisición de conocimientos como el trabajo práctico. Pero el éxito está en saber equilibrar ambos aspectos y formarse integralmente.

​En 2008, un total de 38.868 profesionales se graduaron de estudios de posgrado (especialización, maestría y doctorado), según datos del Observatorio Laboral para la Educación. En 2007, la cifra fue menor en 3.801 personas.

En 2009, hubo 169.818 graduados de algún programa de formación, cifra que incluye programas técnicos.

Estos números muestran que cada año hay más personas que intentan ingresar al mercado laboral con la posibilidad de cumplir con cualquier cargo que requiera una empresa. Sin embargo, existe un fenómeno que se oculta en los procesos de selección de las organizaciones, el de los graduados que tienen una nutrida formación académica, pero muy poca experiencia laboral.

Las universidades han creado sistemas que permiten la continuidad y la movilidad de los estudiantes entre diferentes etapas de formación. La validación u homologación de materias de pregrado en posgrado, por ejemplo, son herramientas que propician una adquisición constante de conocimientos. No obstante, son cada vez menos lo requisitos, por parte de las mismas, en materia de experiencia laboral para realizar un programa avanzado.

Para Carlos Mario Henao Galeano, jefe del nuevo pregrado en Psicología de la Universidad EAFIT, el asunto apunta, en muchos casos, a una actitud por parte de la persona antes que una debilidad de las instituciones formativas.

Lo óptimo sería que un profesional egrese con una dialéctica entre lo disciplinar y lo profesional, es decir, con unas bases sólidas en lo teórico, y unas experticias y habilidades de aplicación de esa teoría. Pero hay estudiantes que consideran que la formación académica es una acumulación académica de saber, pues consideran que mientras más información tengan, van a salir mejor preparados, incluso demeritando la práctica, apunta el jefe de carrera.

Desde el lado de las organizaciones, Soraya Gaviria Fernández -quién se ha desempeñado en selección de personal, formación, acompañamiento con ARP y consultoría en diferentes empresas, que incluyen la Organización Corona y Coordinadora Mercantil- afirma que estas personas usualmente no son tenidas en cuenta en procesos de selección y terminan por pensar que perdieron la inversión, en tiempo y en dinero, que hicieron en sus estudios.

Al explicar el proceso por el que se contrata a un profesional comenta que cuando una empresa tiene un requerimiento para un cargo particular se hace el levantamiento de un perfil en el que se incluyen el tipo de estudios, la experiencia, las habilidades sociales, e incluso las características físicas, que son necesarias. “En mi caso particular nunca he tenido que decirle a una persona que está sobre perfilada para un trabajo porque, desde la etapa de preselección, esa clase de profesional se descarta por no cumplir con los requerimientos. No se trata ni siquiera de que la persona diga que trabaja por la cantidad de dinero que sea, sino que no se ajustará a las necesidades de la empresa”.

En las clases de posgrado, por ejemplo, se ven estudiantes que salieron muy rápido del bachillerato, luego ingresaron a la universidad, de la que egresaron hacia los 22 o 23 años, e inmediatamente realizan un posgrado. Ellos tienen una dificultad de no lograr articular los conceptos que se están trabajando en el aula con una vida laboral que los soporte y no los pueden contrastar con la práctica, argumenta el profesor Henao Galeano.

Cuando hay personas que tienden a creer que entre más conocimientos posean van a salir mejor preparados, olvidan algunas habilidades sociales que se adquieren en el campo laboral, como la capacidad de hacerse entender, de hablar frente a un público, de entablar una conversación seria con un par, de trabajar en equipo y de crear vínculos de trabajo que potencien el trabajo mismo, sugiere el psicólogo.

Las consecuencias
Esta situación es un problema para las empresas, sobre todo cuando un profesional cercano a las características descritas puede presentar algunos de los problemas que los dos psicólogos sacan a la luz.

  1. Cuando una persona no ha cultivado buenas relaciones sociales usualmente piensa que tiene el saber. Tener tantos títulos académicos puede hacerle creer que siempre tiene la razón, lo que puede desestabilizar las relaciones de poder.

  2. Algunas de estas personas son altamente exigentes y solicitan recompensas superiores a las de los demás por haber realizado una acción.

  3. Por el hecho de haber alcanzado cierta posición, demandan ser tratados de cierta manera, lo que genera temor e incluso rechazo por parte de otros compañeros de trabajo.

  4. Hay muchos empleados, muy jóvenes y bien preparados, que no permanecen por mucho tiempo en una empresa. En ese caso, la inversión que la empresa realiza en capacitación, adaptación e inducción, se pierde en el corto plazo debido a la fuga de talento.

  5. La persona puede sentirse subvalorada, ya sea por recibir poco dinero al cumplir ciertas funciones, o por tener unas funciones que no le reten profesionalmente.

El rol de la universidad y de los profesionales
En EAFIT, por ejemplo, existen una serie de dispositivos laborales para que el estudiante de pregrado empiece a incursionar en actividades laborales que implican responsabilidades y  cumplimiento de funciones, como las monitorías académicas y administrativas que, si bien no son propiamente una práctica de su disciplina, sí son un contacto con el mundo laboral. También existen los semilleros y grupos de investigación, que son espacios para aplicar las teorías, explica el docente Carlos Mario Henao.

Las universidades deberían ser más orientadoras, manifiesta la psicóloga. “Desde el primer contacto habría que motivar a los estudiantes a evaluar el mercado para que puedan ver las diferentes posibilidades de enfoque y especialización por las que pueden dirigir sus estudios. Y al final del programa también debería haber una orientación para que los nuevos profesionales obtengan experiencia laboral antes de seguir con sus estudios”.

En realidad, según opinión de los psicólogos, los profesionales deben hacer un sondeo -teniendo en cuenta el comportamiento del mercado laboral- al momento de decidir si realizan un posgrado, es decir, ser conscientes de que en lo que se preparan está siendo requerido por las empresas.

Sin embargo, adiciona el jefe de carrera, también debe modificarse la actitud del estudiante. “Debe existir esa intensión de no sobre perfilarse a sí mismo, porque eso no solo le genera problemas a su desempeño profesional, sino que lo convierte en un riesgo para la empresa”.

El equilibrio entre académica y práctica, y el conocimiento del mercado son las claves. Los profesionales deben formarse integralmente, porque incluso las habilidades sociales que se adquieren con la vida laboral son importantes, menciona Soraya Gaviria, quién finaliza diciendo que en Colombia se requieren personas formadas en todos los niveles, desde el personal técnico hasta los directivos con estudios superiores, y esa demanda implica que no todos las personas que obtienen un título de posgrado vayan a lograr tener el cargo al que aspiran.

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Última modificación: 01/12/2015 11:39

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