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El Impacto de la transformación digital en el aprendizaje de idiomas

​Aprender otros idiomas ha sido un “pasaporte al mundo”, desde siempre.



Sabemos que las grandes migraciones expandieron y transformaron las que ahora se conocen como "lenguas muertas" a medida que los hablantes pasaron de una región a otra y que a pesar de que se fueron formando asentamientos humanos de carácter permanente (cuando muchas culturas fueron trascendiendo el carácter de nómadas y pasando al de sedentarias), el gusto o la necesidad de viajar y ampliar las fronteras ha sido parte importante de nuestra especie.

Los registros de visitas vikingas al norte de la actual América, las invasiones bárbaras, los grandes imperios, los viajes de Marco Polo, el descubrimiento de América y las misiones cristianas para evangelizar en territorios inexplorados, entre otros hechos, dan cuenta de una búsqueda continua de interacción y mezcla -forzada o no- entre culturas. Cada una de esas culturas se caracteriza por su forma de entender, distribuir y utilizar el tiempo y el espacio, y además por la manera como sus miembros se comunican verbal o no verbalmente entre sí.

Demos un salto en el tiempo para ver que el mundo que ahora denominamos moderno ha pasado por cuatro revoluciones industriales, a partir de las tecnologías que van apareciendo: recordemos la primera, cuando en el siglo XVIII la máquina de vapor y el uso de carbón facilitaron el tránsito de un mundo mayormente rural y marcado por el trabajo agrícola, artesanal y comercial, hacia otro mecanizado, que generó centros urbanos más grandes alrededor de la producción en masa. En este contexto aumentó considerablemente el crecimiento económico (aunque las contracciones o crisis económicas también empezaron a contagiarse entre regiones alejadas unas de otras), y la posibilidad de transporte masivo de carga y pasajeros disparó las migraciones, las interacciones culturales y las necesidades de aprender nuevos lenguajes para residir en otros países o para hacer negocios con personas afincadas en ellos. 

La segunda revolución industrial, que tuvo lugar entre 1850 y 1970, consistió en el perfeccionamiento del uso de otras formas de energía y el refinamiento de las máquinas, llegando a desarrollar y perfeccionar aparatos como el avión y el teléfono, además del reemplazo del vapor por energía eléctrica e hidrocarburos. En este periodo histórico, por supuesto, los viajes y las relaciones interculturales se consolidaron como nunca antes. Ya en esa época se veían programas de aprendizaje de inglés que utilizaban la hipnopedia, es decir, programas completos de enseñanza con discos de acetato que el estudiante escuchaba mientras estaba durmiendo, como ejemplo de exploraciones tecnológicas alternativas a la tiza y el tablero.

La tercera revolución industrial se ha centrado en la información y la tecnología digital, dejando atrás la dependencia exclusiva de los dispositivos análogos y expandiendo las bases y cúmulos de datos que, al ser utilizados para un fin específico, se convierten en, vale repetir la palabra, información. La comunicación entre las personas de distintos países y culturas ha crecido exponencialmente y la necesidad de aprender otros lenguajes, en consecuencia, ha crecido también. El proceso enseñanza-aprendizaje, claro, también se llevó a los dispositivos digitales disponibles, desde cursos en discos compactos hasta los cursos online.

La cuarta revolución industrial está ya teniendo lugar, y de acuerdo con el Foro Económico Mundial implica impactos físicos, biológicos y digitales. En lo físico se esperan por ejemplo avances en la robótica más allá de lo imaginable actualmente; en lo biológico se prevé que, por ejemplo, con la implantación de un chip nuestro cerebro podrá programarse para saber hacer cualquier labor o, incluso, tener competencia comunicativa en cualquier idioma, y en lo digital la inteligencia artificial, el internet de las cosas, el uso de tecnología block chain y la realidad aumentada y virtual, están empezando a abrirse camino en nuestras vidas.

Se dice en los distintos escenarios de discusión, think tanks y eventos especializados en prospectiva, que hacia 2021 habrá grandes disrupciones con saltos cualitativos de los avances de la cuarta revolución industrial, convirtiéndolos en verdaderas "zancadas" con impactos elevados a potencias altísimas, y todo lo conocido comenzará a verse distinto (masificación de carros autónomos, por dar un ejemplo). En medio de semejante mundo, ¿dónde nos ubicaremos nosotros, los profesores de idiomas, si los estudiantes practican solos o en plataformas "con profesores americanos", llega el uso de robots docentes o la inmersión para la práctica de lo aprendido pasa de lo real a lo virtual?

En este momento no se sabe con seguridad cómo se transformará exactamente ninguna profesión con la cuarta revolución industrial. Las voces más pesimistas hablan de destrucción masiva de empleos y concentración de la riqueza en unos cuantos magnates tecnológicos, pero las voces optimistas hablan de que no se vendrá ningún desempleo masivo, sino que se automatizarán tareas rutinarias y se podrá dedicar más tiempo a producir en forma más conceptual y no tanto operativamente. Un caso concreto somos nosotros, los profesores de idiomas que hasta hace unos años llegábamos al aula con una grabadora (y nos peleábamos por las de CD, por ser más fácil de utilizar que los casetes) y los libros en la mano, y hoy tenemos disponible el libro en versión virtual y acceso a material multimedia en el idioma de interés desde el computador y la pantalla que ya están en el salón. Además, la labor de computar notas se ha facilitado con aplicaciones para el efecto, y lo esperable es que cada vez tengamos que dedicar menos tiempo a tareas operativas similares.

Hasta ahí el futuro pinta brillante, pero si, por ejemplo, es verdad que, con un chip, una nanoaplicación o una píldora vamos a inocular instantáneamente en nuestros cerebros las competencias para resolver una ecuación o para comunicarnos en otros lenguajes, lógicamente la necesidad de aprender y enseñar como lo estamos haciendo, desaparecerá. De ser así, ¿cuándo puede pasar?

Personalmente me he preguntado si la famosa "aldea global" de Marshall McLuhan podrá materializarse y las culturas se fundirán finalmente en una sola, mediada por las tecnologías y sin barreras, entre otras, idiomáticas. Por cosas de la vida pude hacer esta pregunta a Steve Wozniak, uno de los pioneros y artífices de la digitalización que nos ha traído a la cuarta revolución industrial, y su respuesta, en vez de afianzar el discurso terrorífico y distópico -tipo Matrix o Blade Runner- del humano atacado o desplazado por las máquinas, es esperanzadora.

En el tema de los idiomas recordó cómo el esperanto no ha sido acogido como idioma universal, lo cual se explica en que las innovaciones se proponen, pero no siempre se imponen, y las sociedades las asumen según las vean o no convenientes. Las personas hablamos distintos idiomas porque es parte de nuestras identidades, y esas identidades, sean individuales o correspondientes a nuestros grupos de origen, nos enorgullecen y nos hacen sentir bien, así que no vamos a dejar de defender y profesar eso que nos diferencia, incluyendo nuestros idiomas. Por ahora no se vislumbra que renunciemos a aprender a comunicarnos en idiomas distintos, así como a pesar de tener calculadoras no dejamos de calcular mentalmente o con lápiz y papel cuando es necesario.

Wozniak habló también de que hay actualmente una especie de creciente idioma universal en la diseminación del wifi como facilitador de la conectividad para las personas, pero esto es una herramienta más que una manifestación cultural (anoto que un idioma es también una herramienta, de hecho, sin un código de comunicación no existirían los códigos de programación informática que hoy nos tienen rompiendo la barrera de lo real y abriendo un mundo virtual cada vez más complejo). También dijo Wozniak que, al igual que el conocimiento de distintos idiomas, la tecnología tiene el potencial de evolucionar y ayudarnos a cooperar más unos con otros y tender puentes de colaboración para mejorar nuestras vidas y superar limitaciones como la ignorancia, la pobreza y la enfermedad, y que es en eso en lo que debemos concentrarnos.

Nota final: leí en algún lado que ante el aumento de la inteligencia artificial nuestra respuesta como personas debe ser actuar con todavía más humanidad. Y para eso, creo, los maestros somos imprescindibles.


Por: Juan David Tous Ramirez


Última modificación: 22/06/2018 8:18