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Buscan reducir la problemática ambiental en la bahía de Cartagena

​​​​El proyecto Basic de investigación aplicada analiza el estado actual de las aguas, los recursos pesqueros y las comunidades de la zona costera de Cartagena, con el fin de proponer planes de manejo ambiental útiles para reducir el riesgo de contaminación y la adaptación al cambio climático.​

Cada mes el equipo de Basic visita la bahía de Cartagena para recolectar datos y muestras del agua.​

Jessica Serna
Colaboradora / Proyectos de Investigación

Todas las actividades que se producen desde la cuenca del río Magdalena y su paso por el Canal del Dique tienen efectos sobre la bahía de Cartagena. La deforestación, la pesca no regulada, la minería y el vertimiento de desechos industriales y domésticos a los cuerpos de agua traen consecuencias para la biodiversidad y las comunidades costeras. 

En los últimos cinco años la cantidad de aguas residuales que llegan a la bahía ha aumentado en un 30 por ciento y los sedimentos en un 32 por ciento. Esta situación no solo complica la navegación por la cantidad de fango acumulado, sino que afecta la salud de los organismos vivos que allí habitan.​

Con el fin de establecer cuáles son los impactos recibidos desde el continente y sus secuelas en los servicios ambientales, se creó en julio de 2014 el proyecto Interacciones entre cuenca, mar y comunidades (Basic, por su sigla en inglés), que busca generar conocimiento útil para reducir el riesgo de contaminación, conservar los recursos ecosistémicos y adaptarse al cambio climático. 

La iniciativa, que toma como referencia las comunidades de Ararca y Barú, tiene una duración de tres años y es liderada por la Universidad EAFIT en asocio con la Universidad de los Andes. Cuenta con la financiación del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá y el apoyo​ de la Universidad de Cartagena, la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique (Cardique) y la Fundación Hernán Echavarría Olózaga (HEO).

Basic reúne expertos en hidrología, oceanografía, economía y salud pública, con el objetivo de tener una visión integrada de la problemática ambiental en la bahía de Cartagena, que ha sido objeto de múltiples estudios que indican que podría ser uno de los puntos más contaminados sobre el Caribe. De este modo propone generar estrategias que puedan aliviar los impactos de la potencial contaminación sobre la pesca artesanal, el turismo y la salud de los pobladores locales. 

Marko Tosic, gerente del proyecto, destaca el valor de la multidisciplinariedad como un aspecto que aporta confiabilidad a las conclusiones y permite la capacitación de los investigadores por los aprendizajes que pueden obtener de otras especialidades. ​​

Resul​tados preliminares de Basic sugieren que el mercurio no sería el único metal presente en las aguas de la bahía. ​​​


​​Proteger la vida en el mar​ ​

Para determinar las condiciones en las que se encuentra el recurso hídrico y el impacto recibido a causa del desarrollo humano y el cambio climático, los investigadores miden los parámetros físicos, químicos y biológicos del agua. Entre estos, el color, la turbiedad, la alcalinidad, la presencia de oxígeno y la velocidad de las corrientes, así como la concentración de sodio, cloro o hidrocarburos. 

Los datos se obtienen a partir de muestreos realizados en Ararca, una comunidad contigua a la desembocadura del canal del Dique, en Barú, ubicada en el extremo de la península, y en otros ocho puntos distribuidos en la bahía. Esto con el fin de estudiar la dispersión de los sedimentos y contaminantes por el espacio. Los resultados se comparan con los de otras épocas del año para obtener información sobre la variabilidad de los fenómenos en el tiempo. 

Algunas investigaciones realizadas en la zona han hecho referencia a la presencia de mercurio en la bahía. Sin embargo, resultados preliminares de Basic sugieren que este no sería el único metal presente en las aguas.

De acuerdo con el investigador Juan Darío Restrepo Ángel, “se presentan algunos puntos a más de 15 metros de profundidad sin oxígeno, es decir, es un ambiente anóxico que dificulta la presencia de formas de vida no bacterianas en el lugar”. 

Este componente de estudio está a cargo de EAFIT y cuenta con la participación de Rogger Escobar Correa, el primer estudiante del doctorado en Ciencias de la Tierra de la Institución, financiado por el IDRC.​​
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Escobar busca determinar la cantidad de sedimentos que recibe la bahía, para lo que utiliza un modelo de series de tiempo denominado “autoregresivo integrado estacional”, que permite hacer proyecciones del comportamiento de la sedimentación con base en los valores registrados anteriormente. 

A partir de dicho modelo, los sedimentos tienden a incrementarse. Esto según los comportamientos diferentes reportados antes y después del año 2000, que “puede deberse a obras de dragado del canal que se hicieron en la época o al aumento gradual en actividades de agricultura, ganadería o minería establecidas en la cuenca del Magdalena”, explica Escobar. ​​

Conservar la biodiversidad, opción rentable​

En la bahía de Cartagena cada vez es más difícil encontrar peces de gran tamaño debido a la contaminación y a las actuales prácticas pesqueras que no permiten la regeneración de la población. Las vedas, que son las prohibiciones establecidas para proteger las especies durante su época y lugar de reproducción, son a menudo ignoradas. 

Con el fin de valorar económica y socialmente la contaminación y la biodiversidad, la Universidad de los Andes evalúa la ecotoxicología de peces, es decir, los efectos tóxicos que pueden ser provocados en este recurso por la contaminación de las aguas. Los resultados de las pruebas de laboratorio, que se llevan a cabo en Nueva Zelanda, darán pistas para diseñar un instrumento basado en la economía experimental y ambiental que permitirá medir en términos económicos la contaminación y la amenaza de la biodiversidad. 

Paralelo a este trabajo, la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena analiza los posibles efectos de los contaminantes en la salud de las personas que tienen acceso al agua y a los peces de la bahía. 

Debido a la baja rentabilidad económica de la pesca, se explora también con la Fundación Hernán Echavarría Olózaga (HEO) la posibilidad de generar alternativas (como el ‘careteo’ de turistas) que generen ingresos y reduzcan la presión sobre los ecosistemas. 

Como explica el investigador de la Universidad de los Andes, Juan Camilo Cárdenas, “la idea es ver cómo además de la extracción se pueden generar ingresos a partir de la conservación de la biodiversidad. Que los pescadores puedan destinar algunos días a la pesca y otros a la actividad turística, por ejemplo, trayendo ​viajeros en sus lanchas para apreciar la biodiversidad”.

El análisis de estas alternativas se haría mediante un instrumento conocido como experimentos de elección, que son encuestas para evaluar qué tan dispuestos estarían los pescadores a diversificar su actividad económica y hasta dónde los turistas pagarían por ​valorar un ecosistema que tenga mejor calidad ecológica en términos de biodiversidad. 

Con los resultados de las encuestas se planearán juegos con incentivos económicos en los que participarán pobladores y agentes tomadores de decisiones de la zona. De esta manera, los jugadores serán no solo fuente de información, sino actores implicados en los resultados.

​​​​Aporte a las comunidades​

Las comunidades se beneficiarán con la búsqueda de alternativas, como los pozos de agua subterránea para economizar y facilitar su acceso al agua potable, que actualmente es transportada en lancha desde Cartagena debido a que la aridez de la zona no permite recolectar aguas lluvias.

El conocimiento de la investigación será insumo para diseñar planes de manejo ambiental elaborados por contratistas externos que darán herramientas para disminuir la presión sobre los recursos naturales y aliviar (a corto y largo plazo) los impactos de la contaminación sobre el turismo, la pesca artesanal y la salud.

Las estrategias serán socializadas con entes públicos y privados que tienen influencia en la zona. Además, se planea una posible socialización para muestra de resultados y sensibilización mediante foros con la Cámara de Comercio de Cartagena, el sector privado con empresas como Argos y Ecopetrol, la Sociedad Portuaria Regional de Cartagena, la Armada Nacional de Colombia y el sector turístico.

Como afirma el investigador Rogger Escobar Correa, el conocimiento generado por Basic puede servir para que las comunidades y los tomadores de decisiones conozcan la importancia ecológica y el patrimonio cultural de la bahía de Cartagena, y así mismo puedan protegerlo. De este manera, podrán promover o exigir políticas públicas que los reconozcan e incluyan.

Antecedentes de investigación

Basic tiene como antecedente un estudio contratado en 2013 por la compañía Argos, en el que trabajaron investigadores de EAFIT y otras instituciones, articulados por la empresa Ecoral. La investigación estableció una línea ambiental base que alertó sobre problemáticas como la sedimentación y la vulnerabilidad de los ecosistemas coralinos de la zona, y permitió identificar la necesidad de un análisis que incluyera otras disciplinas.

Canal del Dique

Por obras de dragados entre 1932 y 1934 la principal arteria fluvial del país comenzó a desembocar en la bahía de Cartagena, que se convirtió en una zona estuarina (donde se unen el agua dulce y salada). Entre 1950 y 1952 se realizó una rectificación del canal con la que el número de curvas se redujo de 113 a 93. Entre 1981 y 1984 fue nuevamente rectificado y sus curvas pasaron de 93 a 50, lo que le permitió a las aguas (y a los sedimentos) del Magdalena llegar más rápidamente a la bahía.​

Investigadores​

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​Juan Darío Restrepo Ángel​

Director científico del proyecto Basic . Biólogo marino, Universidad Jorge Tadeo Lozano; PhD en Oceanografía, University of South Carolina. Profesor investigador del Área de Ciencias del Mar y coordinador de la maestría en Ciencias de la Tierra de la Universidad EAFIT. Es Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Más información sobre el investigador​​​

Rogger Escobar Correa​​​

Coinvestigador del proyecto Basic y estu​diante de doctorado en Ciencias de la Tierra, Escuela de Ciencias, Universidad EAFIT. Ingeniero ambiental, Universidad Católica de Oriente; magíster en Ingeniería de Recursos Hidráulicos, Universidad Nacional de Colombia (sede Medellín). Áreas de interés: oceanografía, hidrología e hidroclimatología.​
Más información sobre el investigador

Marko Tosic​

Director administrativo y coinvestigador del proyecto Basic; estudiante de doc​torado en Ciencias del Mar, Programa Erasmus Mundus. Científico ambiental con maestría en Ingeniería de Biorecursos, Universidad McGill (Canadá). Especialista en recursos hídricos e impactos antropogénicos sobre medioambiente acuático.​​
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Última modificación: 06/03/2017 14:29