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EAFITMinisitiosCeremonias de gradoPregrados 8 de julio / 4 p.m.

Grados pregrado 8 de julio / 4 p.m.

​​​​​​​​​Grados de Pregrados Universidad EAFIT, 8 de julio de 2016. Hora 4:00 p.m.
Graduandos de los pregrados en Ingeniería Física, Ingeniería de Producción, Ingeniería de Sistemas, Ingeniería Matemática, Ingeniería Mecánica, Música, Negocios Internacionales y Ciencias Políticas​.

​Discur​so de grados

“Por convicción”. Esa fue la respuesta del Príncipe Román, el protagonista del cuento de Joseph Conrad, cuando se le increpó en su juicio el porqué había decidido, siendo un miembro de la nobleza, unirse a una guerra que otros estaban librando por él. Esta respuesta se enmarca en el contexto bélico del dominio ruso en la Polonia del siglo XIX y el llamado Levantamiento de Noviembre en el que se desarrolla el cuento de Conrad. La respuesta del príncipe es contundente –y reviste importancia hoy– si se le concibe como aquello que lo mueve en su actuar. Aquella fuerza motora en la que sus valores se ven reflejados.

Hoy la felicidad nos embarga, el júbilo es común y se confunde con la nostalgia. ¿Por qué? Porque hoy nos encontramos aquí por una razón específica: graduarnos como profesionales. En este recinto, el aula máxima de nuestra institución, el Auditorio Fundadores, una etapa termina y otra comienza. Etapas que forman parte de un proceso más transversal como lo es la vida. Por eso, aprovechando esta oportunidad, tomaré la voz de mis compañeros para agradecer a nuestras familias, a EAFIT, a sus profesores, a sus empleados, a sus alumnos, a su rigurosidad y a sus valores. Gracias a ustedes hoy podemos estar acá, sentados, presenciando el comienzo de nuestro futuro. 

Y haré hincapié en los dos últimos agradecimientos que mencioné. El rigor y los valores. La tenacidad académica logra hacer grandes trabajadores. Y los valores con los que se educa logran hacer grandes profesionales. Estas dos variables son los pilares en los que, a partir de hoy, como graduados de EAFIT, la sociedad nos reconocerá. Pilares motivo de orgullo tanto para la universidad como para nosotros, egresados de la misma. Ahora, partiendo desde mi inexperiencia, hablaré, tal vez, con inocencia, pero con mucha ilusión, de lo que, a mi consideración, deberán ser las maneras que predeterminen nuestro vivir desde este momento.

Así, deberemos actuar por pasión, pues es esta la que permite pararse ante las derrotas. Porque las habrá. Nos permitirá hacerle frente a cada “no” que nos encontremos en el camino. El fracaso será importante en nuestro éxito en la medida de que no sea definitivo. Tendremos que probarlo, pero quedarse ahí no puede ser una opción. Una revolución que no triunfa, no es revolución, es rebeldía. Una derrota que se quede allí, que no trascienda en una victoria, solo será eso: un fracaso. Además, también tendremos que demostrar gallardía en esos momentos difíciles, probar que lo intrincado se torna en imposible cuando quien lo ejecuta así lo considera. Y no hemos nosotros de considerarlo así.

También deberemos actuar por la razón, ya que es la que nos permitirá ser íntegros en las victorias. Porque, con seguridad, también las habrá. Demostrar entereza en los triunfos y en el proceso para llegar a los mismos es indispensable, es una cuestión que no se transa. Y no solo en el momento cúlmen, pues el éxito se compone de un ‘qué se quiere’ y un ‘cómo se quiere’. Llegaremos a él, seguro. Pero los caminos son muchos y, cuando estemos allí, veremos, con desazón o júbilo, que no hay más que eso. Veremos que el camino transitado es la mayor recompensa o el mayor castigo. Es nuestro deber, entonces, como eafitenses, darle el mismo peso al éxito conseguido como al medio que empleamos para este. Y, una vez allí, dar pruebas de integridad.

De igual manera, deberemos actuar con disciplina, puesto que el talento y esta tienen una relación de inexorable cooperación, supeditándose una de la otra. Si bien puede que los resultados no se den, también puede que los mismos se demoren en llegar. Ser arduos y constantes, saber que siempre hay algo más por lo que se debe trabajar, saber que siempre hay alguien más en quien confiar y saber que siempre hay otros más que necesiten nuestra ayuda: esto debe ser un aliciente para no abandonar. Aún así, siempre deberemos preguntarnos el porqué causa estamos trabajando, pues, dependiendo de esta, nuestra constancia será perseverancia o será terquedad.
En el mismo sentido, deberemos actuar por obligación, pues habrá momentos en que las decisiones serán ineludibles, pero los valores inculcados en la familia, en la universidad y en la sociedad deberán ser valores que no se negocian. El saberse y considerarse ciudadano y profesional no es algo coyuntural, nuestro actuar, como tales, nunca debe cesar. Los valores no se dejan en la casa o se abandonan al salir de la oficina. Estos nos deben ser intrínsecos, justificándose por sí mismos. Así, pues, se constituye en una obligación, en un deber por antonomasia, evaluar siempre nuestro actuar ante los valores que, como ciudadanos, nos corresponden y que, como profesionales, adquirimos el día de hoy.

Finalmente, deberemos actuar por convicción. En Ulrica, el cuento de Jorge Luis Borges, el protagonista, Javier Otálora, responde que ser colombiano “es un acto de fe”. Yo me permito, acudiendo a Conrad y de una manera borgesiana, decir que ser eafitense es un acto de convicción. Tener pasión para superar los obstáculos, apoyarse en la razón para actuar con entereza, ostentar la disciplina para ser arduos en la rutina y tener la obligación de nunca transar los valores. Eso es tener convicción en la vida. Tener convicción en lo que se hace. Tener convicción en lo que somos y en lo que queremos ser. Tener convicción en ser eafitenses y en nunca dejar de serlo.

Muchas gracias,
Julián Mazo Zapata
Politólogo

Última modificación: 12/09/2016 14:03