¿Qué tienen que ver los resultados de las pruebas PISA con las familias, el trabajo y el futuro?
Las pruebas PISA no son solo un diagnóstico del desempeño escolar. Sus resultados permiten identificar cómo están las competencias en lectura, matemáticas y ciencias que sostienen aprendizajes posteriores, la capacidad para resolver problemas y el desarrollo de habilidades necesarias en la vida académica y laboral.
En Colombia, los resultados recientes muestran retos que requieren atención más allá del aula con un compromiso colectivo y sostenido. Familias, colegios, universidades, sector público y empresas tienen responsabilidades diferentes frente al fortalecimiento de estas competencias.
Leer una noticia, entender las instrucciones de una tarea, interpretar una cifra o decidir si una información es confiable parecen acciones cotidianas. Detrás de cada una hay capacidades que comienzan a desarrollarse desde los primeros años de vida y que siguen siendo necesarias mucho después de terminar el colegio. Por eso, cuando las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, por sus siglas en inglés, creado y organizado por la OCDE) muestran dificultades en competencias como la comprensión lectora y las matemáticas, la pregunta no debería ser únicamente cómo mejorar los resultados en la próxima medición, sino qué puede hacer cada actor para fortalecer los aprendizajes que estos resultados ponen sobre la mesa.
Para Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT, los resultados deben llevar a un análisis más profundo. “La exposición a pantallas ha acelerado la dificultad de concentración de las personas y eso genera una disminución en la competencia lectoescritora. Claramente los hábitos desarrollados en la casa son importantes, pero llevamos años perdiendo competencias. Tenemos que cambiar modelos en la básica y en la universidad también, porque nos toca igualar”, afirma la directiva.
En esto coincide César Tamayo Tobón, decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT, quien señala que los resultados también plantean desafíos para las instituciones de educación superior que reciben estudiantes con trayectorias formativas diversas. “PISA captura el aprendizaje y es un predictor del desempeño futuro en habilidades técnicas, en la universidad y también en términos de productividad. Las universidades no podemos cambiar lo que pasó cuando los estudiantes tenían 15 años, pero sí podemos hacer un esfuerzo adicional para cerrar esas brechas cuando llegan a la educación superior”, explica.
Sin embargo, atender estas dificultades requiere mirar también las etapas previas de la formación. Para Lorena María Quiroz Betancur, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, los resultados de PISA evidencian la necesidad de fortalecer la articulación entre instituciones educativas, docentes y familias, especialmente en un contexto marcado por el uso creciente de las tecnologías.
“Ante este escenario, el llamado va más allá de concentrar esfuerzos para alcanzar altos puntajes. El verdadero desafío está en encontrar puntos de convergencia que permitan articular el uso de tecnologías emergentes, el acompañamiento familiar y el reconocimiento y la atención de las diversidades, con el propósito de fomentar ambientes educativos experienciales, inclusivos y transformadores”, plantea la profesora.
Leer para aprender
Si bien los resultados de PISA abarcan competencias como lectura, matemáticas y ciencias, la comprensión lectora ocupa un lugar transversal: permite interpretar instrucciones, acceder a información, comprender otros contenidos y tomar decisiones a partir de lo que se lee. Fortalecerla, por tanto, no es solo mejorar una habilidad específica, sino crear condiciones para seguir aprendiendo a lo largo de la vida.
Sandra Zuluaga, directora de la Fundación Ratón de Biblioteca, explica que aprender a leer es un proceso que comienza en la escuela, pero que requiere condiciones previas y acompañamiento constante. “Antes de aprender formalmente a leer y escribir, los niños necesitan conversar, escuchar historias, cantar, jugar con las palabras y tener contacto con los libros. Y cuando llegan a la escuela, especialmente en primero, aprender a leer se convierte en una puerta de entrada para otros aprendizajes. Si ese proceso se retrasa, también puede afectar la relación del niño con la escuela y su interés por aprender”.
Esta mirada también pone a las familias y a los cuidadores en un lugar importante. No se trata de trasladarles la responsabilidad por los resultados, sino de reconocer que muchos de los hábitos que favorecen el aprendizaje se construyen en la vida cotidiana. Leer juntos, conversar sobre lo que se lee, preguntar por qué ocurre algo, escuchar a niños y jóvenes o acercarlos a distintos tipos de textos son acciones que pueden complementar el trabajo de las instituciones educativas.
Para Santiago Silva Jaramillo, ex secretario de Cultura Ciudadana de Medellín y profesor de la escuela de Artes y Humanidades de EAFIT, esa tarea convoca a buena parte de la sociedad. “La promoción de la lectura como hábito nos involucra a todos los ciudadanos. Involucra a instituciones que van desde los gobiernos locales y nacionales, que establecen políticas de promoción de lectura, a las universidades, que reciben y que pueden adoptar y seguir promoviendo hábitos lectores, a los papás y a los cuidadores, que también los pueden promover en sus hogares, y evidentemente a las instituciones educativas”, afirma.
De igual forma, la conversación también toca las puertas del sector productivo. Las empresas reciben a personas que han recorrido distintas etapas del sistema educativo y requieren habilidades esenciales. Como señala la rectora Claudia Restrepo, su papel no consiste en sustituir las funciones de colegios o universidades, sino en reconocer que la formación del talento es un proceso de largo plazo y que pueden contribuir mediante alianzas, experiencias de formación y oportunidades para que los jóvenes desarrollen esas capacidades.
Así, PISA puede entenderse menos como una fotografía que aparece cada cierto tiempo y más como una señal para revisar lo que ocurre de manera cotidiana en el sistema educativo y en la sociedad. Colegios, universidades, familias, bibliotecas, empresas, gobiernos y ciudadanos tienen roles distintos en el desarrollo de las competencias que permiten aprender a lo largo de la vida. La discusión, entonces, no termina cuando se conocen los resultados de una prueba: empieza cuando cada actor reconoce qué puede hacer a partir de lo que estos resultados están mostrando y convierte esa señal en decisiones y acciones sostenidas.
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Última actualización
Septiembre 23, 2026