Editorial: donde no parece ocurrir nada, el movimiento persiste
Última actualización
Agosto 21, 2026
Un cuerpo tiembla en la pista. El bajo atraviesa el pecho, los pies responden antes que el pensamiento y, por un instante, todo parece sincronizarse: cuerpos, luces, ritmo. Afuera, la ciudad continúa su curso: tráfico, decisiones, transeúntes, como si ese pulso íntimo fuera apenas una variación más de un movimiento mayor. Alguien camina por la ciudad y la Luna lo sigue; no importa cuántas cuadras avance, ni cuántas veces cambie de dirección: ahí está, suspendida, acompañando cada paso.
Durante siglos, esa sensación íntima fue una pregunta abierta: ¿Por qué la Luna nos persigue? Hoy sabemos que no es la Luna la que nos persigue, sino nuestra forma de percibir el movimiento.
En el siglo XX, Albert Einstein desestabilizó una de las certezas más arraigadas de la modernidad: que el movimiento del tiempo discurría de manera absoluta, independiente de quien lo observara. Con la teoría de la relatividad, el espacio y el tiempo dejaron de ser absolutos. Se volvieron maleables, dependientes del observador. El movimiento ya no era una línea recta: era una relación.
Esa idea atraviesa este número de la revista. Porque no solo se mueven los cuerpos; también se mueven las economías, las ciudades, las culturas y los afectos. Lo que parece estable —un mercado, una institución o una identidad— se encuentra, en realidad, en permanente transformación.
Las finanzas se mueven con la velocidad de los algoritmos y reconfiguran los territorios. Las migraciones humanas trazan mapas invisibles de desigualdad y esperanza. Medellín ensaya nuevas formas de movilidad sostenible mientras redefine su diseño urbano. Incluso los juzgados, lugares donde el tiempo parece detenido, revelan que la inmovilidad también es una forma de movimiento: una que acumula consecuencias.
El movimiento es lenguaje. Está en el perreo, donde el cuerpo negocia poder, deseo e identidad. Está en la ciencia, cuando el caos deja de ser desorden y se reconoce como una forma compleja de organización. Está en la vida misma, donde moverse —es decir, respirar, caminar y persistir— constituye una condición de existencia.
Pero no todo movimiento es progreso. Hay desplazamientos forzados, crisis que se propagan, sistemas que se aceleran hasta romperse.
Comprender el movimiento implica, entonces, asumir su ambivalencia: su capacidad de crear y de desestabilizar.
Esta edición de la Revista Descubre y Crea es, en sí misma, un dispositivo en movimiento. Un espacio donde el conocimiento circula, se traduce y se expande más allá de sus lugares de origen. Porque divulgar también es mover, sacar las ideas de su órbita habitual y ponerlas en relación con otros.
Quizás el desafío no sea seguir avanzando, sino aprender a observar. Entender desde dónde nos movemos y hacia dónde vamos. Hay que reconocer que, incluso cuando creemos estar quietos, todo, absolutamente todo, ya está en marcha.
Antonio Julio Copete Villa
Vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación
Universidad EAFIT