Medellín, la capital del perreo
pa’ los nenes y pa’ las nenas
Última actualización
Agosto 21, 2026
Este texto utiliza como insumo las reflexiones de la tesis doctoral en Humanidades titulada El perreo en Medellín y su función social en la (re)definición de la identidad en las mujeres
El aislamiento y la soledad como problema de salud pública
En los últimos años, el aislamiento físico y la soledad han dejado de ser experiencias individuales y se han convertido en problemas de salud pública global.
La Organización Mundial de la Salud ha advertido de su expansión sostenida, especialmente en adolescentes y jóvenes, así como de sus efectos significativos en la salud física y mental.
El aislamiento, entendido como la ausencia de contacto personal y físico con otras personas, es uno de los problemas más preocupantes, debido a que aumenta en un 32 % el riesgo de mortalidad por todas las causas. Pese a su gravedad, su proliferación se aceleró desde el 2019 tras las medidas de confinamiento tomadas durante la pandemia.
Más allá de las cifras que reflejan la dimensión preocupante del problema, merece nuestra atención la transformación profunda en las formas de vinculación contemporánea, la cual nos exige agudeza para identificar las formas novedosas en las que podríamos estar haciendo lazo social hoy.
Es urgente, por lo tanto, hacer una pregunta: ¿cuáles son las formas en las que las y los jóvenes construyen rituales de pertenencia y vinculación que resisten a las tendencias del aislamiento?
La música y el baile como forma de lazo social
La música y el baile, dos de las primeras formas de comunicación que establecimos con el mundo, pueden ser comprendidos como capacidades evolutivas humanas a través de las cuales producimos lazos sociales.
La música nos permite vivir experiencias emocionalmente intensas. Al escucharse de manera colectiva, nos posibilita experimentar nuevas realidades en las que la identidad y la realidad se transforman temporalmente.
Por otra parte, muchos bailes, al situar el cuerpo en movimiento como el centro de la interacción humana, operan como ritos en la medida en la que establecen códigos implícitos de relación, sincronizan a los participantes y favorecen la emergencia de una experiencia colectiva en la que el cuerpo deviene lenguaje y donde la pertenencia se construye a partir de la sonoridad compartida.
El reggaetón: más allá de la sospecha
Las tendencias investigativas sobre el reggaetón señalan, mayoritariamente, que es una música simple en su sonoridad y que, a través de las letras de sus canciones, reproduce violencias y desigualdades.
Sin embargo, poco se ha investigado de manera empírica sobre las formas de recepción de esta música en los territorios y los efectos que ella produce en los jóvenes que bailan al ritmo del dembow.
Aquello que suele considerarse una limitación en el reggaetón —su estructura rítmica simple y repetitiva— puede ser leída, en cambio, como una de sus principales riquezas: su patrón sonoro facilita la activación de circuitos cerebrales asociados al movimiento y al placer, lo cual promueve una relación estrecha entre sonido y cuerpo y facilita la espontaneidad para bailar-interactuar con otros.
Gracias a estas particularidades del reggaetón, la experiencia bailable del perreo se ha constituido para muchos jóvenes de territorios como Medellín en una práctica ritual en la que se sienten reconocidos, valiosos y acompañados.
El perreo como resistencia a la soledad
A la luz de lo anterior, es posible proponer una lectura distinta del perreo en el contexto contemporáneo. Más que un síntoma de problemáticas sociales, puede ser entendido como una respuesta compleja a la expansión del aislamiento, la pérdida de rituales y la soledad.
En muchos territorios populares de América Latina y el Caribe, el perreo aparece como una de las pocas prácticas que restituye la importancia del contacto físico, revaloriza el saber erótico corporal, reorganiza la experiencia colectiva y permite la construcción de pertenencia.
A través de la mediación musical del reggaetón y del protagonismo del cuerpo en contacto y movimiento, no solo se produce placer o entretenimiento, sino que también se gesta una forma contemporánea del cuidado.
Si bien el perreo no resuelve de manera total las tensiones de nuestro tiempo, sí representa la posibilidad de sentir, en el movimiento compartido del cuerpo, una experiencia de pertenencia que, más allá de la memoria individual, nos sostiene como parte de una misma especie.
Autora
Luisa Fernanda Espinal Ramírez
PhD en Humanidades y psicóloga
(@doctoraperreo)
Sara Tomate
Diseñadora gráfica e ilustradora
(@saratommate)