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Hay un mapa para recorrer el estado del periodismo local colombiano

Hacer la cartografía de los medios y el periodismo local en Colombia es poner en evidencia los síntomas que aquejan al país en materia de corrupción, violencia, y poder económico y político. Esa fue una de las grandes conclusiones del proyecto Cartografías de la Información, adelantado desde 2015 por la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) en las regiones llamadas a ser protagonistas del posacuerdo tras haber sido las más golpeadas por la violencia, cuyos resultados se presentarán en EAFIT.

Este ejercicio, en el que participaron investigadores de la Universidad, tiene la intención de conocer las condiciones bajo las que se ejerce el periodismo en el país y para eso se han mapeado 662 municipios de los 1122 que existen en el territorio nacional. De estos, los investigadores han visitado 107 para fortalecer el trabajo de recolección de información, basado en datos entregados por organismos estatales y, posteriormente, en la realización de encuestas y entrevistas a periodistas de las localidades.

Uno de los hallazgos fue, en palabras de Camilo Andrés Tamayo Gómez, coordinador de la especialización en Comunicación Política de EAFIT y quien dirigió la investigación en Antioquia, “que en términos de acceso a la información el alarmante estado del periodismo local colombiano no se reduce solo al conflicto. El proyecto establece que hay otros procesos relacionados con corrupción, cooptación a medios locales por parte de ciertos grupos empresariales y poca capacidad del Gobierno para generar democracia, en algunas regiones”.

Y es que de los municipios mapeados, 388 son considerados zonas en silencio, es decir, en las que no hay medios de comunicación o, en caso de existir, no cuentan con espacio propio de noticias locales. De otro lado, 179 se categorizaron como con información insuficiente (existe al menos un medio de comunicación con producción informativa propia y una buena cobertura municipal) y 95 con información suficiente (más de un medio de comunicación que cumple las anteriores dos condiciones).

Frente a esas cifras, la Flip llama la atención sobre el peligro de extinción que enfrenta el periodismo local en Colombia, y resalta el conflicto armado como una de las principales causas para que, por muchos años, se viera obstaculizada la creación de nuevos medios y se presentara el cierre y la desaparición de otros, por causa de amenazas, presión constante y demás riesgos para el ejercicio periodístico. 

No obstante, la violencia fue una protagonista menos evidente en otros territorios en los que, de acuerdo con Jonathan Bock, coordinador del Centro de Estudios de Libertad de Expresión de la Flip, las condiciones propias de cada localidad fueron las causantes del lento proceso de construcción de espacios informativos. Se trata de poblaciones en donde no hay una economía con fuerza que permita crear y sostener medios de comunicación, a través de figuras como la pauta publicitaria.

“En otras ocasiones —afirma Jonathan Bock— fue un asunto cultural: la gente se acostumbró a estar pendiente de lo ocurrido en las ciudades grandes cercanas y no desarrolló una infraestructura propia de noticias locales. En Antioquia es normal que las personas de muchos municipios estén muy enteradas de los hechos en Medellín, pero no sepa sobre lo sucedido en su región más inmediata. Esto es aceptado por la ciudadanía. Muchos no lo ven como un déficit y les interesa más saber lo acontecido en el ámbito nacional o departamental”.

En Urabá, por ejemplo, municipios como Chigorodó y Vigía del Fuerte no producen información local, a pesar de contar con medios comunitarios. Según Jorge Iván Bonilla Vélez, profesor de la especialización en Comunicación Política de la Universidad y quien colaboró con el análisis de los datos, los habitantes de esas localidades consumen televisión abierta y se informan de lo que pasa a través de los canales nacionales.

Para el docente, la violencia no es la única que ha frenado la creación de canales de información noticiosa: “algunos medios escritos surgieron en la época más álgida del conflicto armado en Apartadó. El tema del silenciamiento o la emergencia de medios locales en el país se asocia a las dinámicas del conflicto armado, pero también a otras de acceso a recursos, organización social, etc.”, señala. 

Periodismo local

El análisis en los municipios antioqueños empezó en 2017, cuando una alianza entre la Flip y la especialización en Comunicación Política de EAFIT permitió a Camilo Andrés Tamayo, con asistencia de Jared Couch, egresado de esa especialización, y Juan Escobar García, estudiante del pregrado en Ciencias Políticas de la Universidad, trabajar en conjunto con la Flip en cinco de las nueve subregiones (Valle de Aburrá, Occidente, Oriente, Norte, Nordeste, Bajo Cauca, Magdalena Medio, Suroeste y Urabá).

“Las características del ejercicio informativo durante el conflicto armado fueron la autocensura, por temor a los grupos armados, y un interés muy grande por parte de los medios de comunicación oficiales de cooptar a los medios pequeños. Por ejemplo, medios de las Fuerzas Armadas usaban otros para reproducir los boletines de prensa del Ejército y la Policía, lograr militarizar a la sociedad civil de algunos municipios y hacer que tomaran posición a favor de los militares, como estrategia para ganar la guerra”, explica Camilo. 

El docente asegura que el periodismo ayudó a resistir la guerra y generó procesos de organización, reuniones de paz, entre otras iniciativas para tratar de blindar a la sociedad civil contra los embates de la guerra en zonas de todo el país, especialmente en Caquetá, Putumayo, Nariño, Sucre y Bolívar.

Hoy, en época de posconflicto, hay otras dinámicas: muchos medios quieren construir la memoria de lo que pasó durante el conflicto, algo imposible de hacer visible en el pasado por causa del mismo. Así lo manifiesta Camilo Tamayo, quien agrega que “esa es una de las cosas más interesantes surgidas en la implementación de los acuerdos en Colombia. Pero los medios locales también están conformando redes de comunicación para hacer mejor su trabajo y generar información de calidad”.

En el caso de Antioquia, se trata del departamento con mayor población en el ámbito nacional (2,75 millones de habitantes, según proyección del Dane a 2018, exceptuando Medellín y el área metropolitana). En dicho territorio, se identificaron cerca de 249 medios de comunicación con sede en las cabeceras municipales —50 por ciento emisoras, 25 por ciento canales de televisión, 21 por ciento impresos y 4 por ciento medios digitales—, de acuerdo con el informe Cartografías de la Información en Antioquia: acceso a la información, libertad de prensa y periodismo local en tiempos de posconflicto.

En 29 de los 115 municipios mapeados en territorio antioqueño existen medios con adecuada información local. Este es el departamento del país con mayor cantidad de medios cuya parrilla de programación incluye informativos locales (157), seguido por Norte de Santander y Nariño (65 y 62, respectivamente).

En los municipios categorizados como en silencio, Jorge Iván Bonilla advierte que sus habitantes son ciudadanos con una participación precaria en la esfera pública, “pues no hay información suficiente para tomar decisiones o aclimatar el diálogo y la conversación colectiva. Son municipios con una débil o nula información de sí mismos, de lo que pasa en el territorio”.

Tal desconocimiento de la información local termina generando, en opinión de Jonathan Bock, coordinador del Centro de Estudios de Libertad de Expresión de la Flip, apatía e inconformismo por el hecho de no poder generar comunicación ni debate público a partir de ciertos hechos.

“Todo se reduce a comunicación informal: el rumor y la conversación. No se generan espacios reales para la deliberación sobre asuntos locales, pues existen otras formas de comunicación como el perifoneo, o las reuniones en tiendas, billares y parques. Eso hace parte de la cultura colombiana, y se acentúa más en ciertas regiones”, concluye Bock. 

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Alejandro Gómez Valencia
Área de Información y Prensa EAFIT
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