Adopción no es impacto
Santiago Jiménez Londoño
Economista, MsC en Ciencias Naturales y Matemáticas y Doctor en Filosofía
Última actualización
Septiembre 18, 2026
¿Qué medimos cuando decimos que una empresa ya usó la tecnología?
El 28 de agosto el DANE publicó la última medición oficial de tecnología en empresas colombianas, y no pregunta por inteligencia artificial: pregunta por internet, computador y página web, con datos de 2024. En la industria manufacturera formal, el 99,7% usa computador y el 99,7% usa internet, de modo que casi todas están conectadas, pero otra cifra cuenta otra cosa, porque el 31,1% de esas empresas vendió por una plataforma electrónica y el comercio electrónico fue el 10,5% de sus ventas.
En el comercio formal pasa algo parecido, el 99,8% tiene internet y por ese canal pasó el 6,1% de las ventas, y me pregunto cuál de las dos ya puede nombrar su organización, no para señalar un atraso, sino porque son indicadores distintos y solemos leerlos como si fueran el mismo. Martha Nussbaum, en Crear capacidades, separó lo que se tiene, lo que se puede hacer y lo que se hace, y comprar la conexión, o la licencia, vive en el primer tramo; lo segundo y lo tercero piden tiempo, gente, y un criterio que no llega con la factura.
En los hogares, la ENTIC de 2024 deja ver el mismo desfase, con otro rostro: el 79,3% de las personas usó internet y solo el 35,7% de los hogares tenía computador, y quienes entran a la red lo hacen, en el 97,5% de los casos, por el celular. Hay conexión en el 65,6% de los hogares, y en el 41,9% del rural disperso, así que avanzamos, y el piso, al mismo tiempo, sigue incompleto.
El comercio electrónico, si se mira el volumen, parece otra historia. La Cámara Colombiana de Comercio Electrónico contó en 2025 un total de 684,6 millones de compras en línea y 145,4 billones de pesos. En el primer trimestre de 2026 fueron 186,35 millones de transacciones y 39,37 billones, el primer trimestre más alto de la serie, pero en el mostrador ese canal movió cerca del 2,4% del comercio minorista. Qué se celebra en junta, el número de operaciones o la parte de la venta que cambió de canal, no es una pregunta menor, porque de esa elección depende lo que después llamamos éxito.
Cuando aparece una herramienta nueva el hábito se repite. Circulan un 42% de empresas que ya adoptaron inteligencia artificial, un 24,5% de personas en edad de trabajar que la usan y un 5,1% de empresas que la tenían. La primera sale de una encuesta privada de 2026, la segunda de la telemetría de un proveedor en el primer trimestre de este año, donde basta con haber usado un producto generativo en el período, y la tercera es la última pregunta oficial y probabilística a empresas, de diciembre de 2022, que el DANE no ha vuelto a hacer.
En los hogares sí preguntó, en 2024: de quienes usaron internet, el 18% usó esas herramientas, y esa cifra no se puede restar ni promediar con el 24,5%, porque es otra gente, otra pregunta, otro año. Lo escribí con más detalle en Colombia mide a las personas, no a las empresas. Si mañana le pidieran una sola cifra para saber si lo que compraron sirvió, cuál llevaría.

Gráfico. Tener internet no es vender por internet. Industria manufacturera formal, Colombia, 2024. Fuente: DANE, Indicadores básicos de TIC en empresas (EAM), boletín del 28 de agosto de 2026.
Las empresas que dicen haber adoptado suelen declarar que les fue bien. En la encuesta de Strand Partners para AWS, el 88% habla de productividad, aunque el 47% admite que no tiene una forma confiable de calcular ese retorno, solo el 19% tiene un marco para saber cuándo una implementación fue exitosa, y el 29% mide resultado de negocio. El 74% sigue en usos básicos. Sospecho que no falta entusiasmo, falta otra contabilidad: estamos midiendo el arranque y narrando el final.
Hay un tramo, entre firmar la licencia y capturar valor, que no viene en la caja y sin el cual la herramienta se queda en el escritorio o, peor, se usa sin saber qué se le está entregando. Me refiero a la gobernanza de los datos: saber qué información puede entrar, de quién es, con qué calidad llega, quién responde si el resultado sale mal, y cuándo conviene dejarla afuera. En agosto de 2024 la Superintendencia de Industria y Comercio recordó, en su Circular 002, que las leyes de datos personales ya cubren el tratamiento que se hace en estos sistemas, de modo que el vacío, muchas veces, no es de norma nacional, sino de regla interna, de saber qué tabla, qué persona y qué excepción. A inicios de septiembre el CESA y Minciencias publicaron el piloto de su índice de gestión, 56 empresas, madurez media de 3,41 sobre 5: las fortalezas están en el liderazgo y en la aceptación, y los rezagos, otra vez, en gobernanza y en productividad. Se firma, se celebra, y el criterio de los datos llega después, si llega.
En las vacantes ocurre algo más callado, y no es un veredicto sobre salarios. De 98.950 avisos del Servicio Público de Empleo en agosto de 2026, apenas el 0,55% nombra de forma explícita una habilidad de este tipo. Eso no prueba que las empresas no la usen, ni que el oficio no haya cambiado: prueba, más bien, que el cambio todavía no entra en la manera de describir el trabajo. Seguimos contratando el puesto de siempre, y la herramienta, cuando aparece, llega por el costado, en el día a día, sin que el proceso, el indicador, el dato o el perfil se hayan reescrito. ¿En su organización la última compra cambió el aviso, o solo el escritorio?
Me quedo con unas preguntas que valen para esta tecnología y para la que llegó antes: qué medía el proceso el mes anterior a firmar, qué parte de las ventas, del ciclo o del reproceso se movió de verdad, qué datos pueden entrar y quién los autoriza, qué sabe hacer todavía su gente si la herramienta no enciende, y quién decide cuándo no usarla. La adopción cabe en una tarde, el impacto pide otra espera, y esa espera no viene en la licencia.