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De plantas y ritos - Edición 212

Valeria Echavarría Arroyave 


Para los aborígenes hay plantas sagradas con un alcance metafísico tal que se les atribuyen propiedades sobrenaturales, poderes místicos e inimaginables. ¿Cómo a través de hojas y bejucos se puede conocer el interior de los hombres?

Desde tiempos inmemorables las comunidades indígenas han entendido otras cosmovisiones, unas en donde conciben otros dioses, otras lenguas y una cultura cobijada por lo ancestral. Ellas han optado por diferentes formas de desarrollo, convivencia y, sobre todo, de relación consigo mismos y con la naturaleza. De ahí que, las plantas sean un eje transversal para la evolución de sus pueblos. Ellas permiten demostrar cómo desde posturas y elementos alternativos se puede entrar en procesos de conocimiento, introspección e incluso sanación.

Cada planta cuenta con una personalidad particular. Algunas representan a la mujer o al hombre, algunas son de aire y otras de fuego; unas se dejan en la boca, otras se beben, algunas se soplan y otras en que no se incluye la ingesta directa pero se absorben por la piel. Cada una de estas acompaña el camino en tanto permiten pensar, hablar y vivir el mundo con mayor fluidez. También, pretenden otorgar una purificación física, mental y espiritual que busca solucionar problemas, preocupaciones o enfermedades de manera natural.

La hoja de coca, el tabaco y la ayahuasca son algunas de las plantas ancestrales. En medio de la selva, en una maloca, entre cantos, rezos y un fuego inmarcesible, las plantas adquieren todo un nuevo significado. Estas según los taitas, abuelos, mayores o chamanes, afirman que son dadas por el dios creador y la madre naturaleza. Así, no son sólo hierbas, ya no es árbol o palma en su estado vegetal. Son alimentos sagrados que se tornan en seres antropomórficos: medicinas ancestrales con su propio poder curativo.

Con la medicina devino entonces lo místico. Se pasó a formar un canal directo entre el vientre o corazón de la tierra con la conciencia humana. De la mano de la alucinación, la adivinación, la profecía, la meditación, el diagnóstico y el silencio se erigió el pensamiento y palabra, aparecieron consigo nuevos personajes y animales, dudas, mensajes y señales.

Las comunidades indígenas con el uso de sus medicinas han hecho resistencia desde diferentes frentes. Han luchado en pro de defender y perdurar las tradiciones autóctonas ante un sistema que constantemente, mediante acciones de despojo, busca anular otros tipos de pensamiento y costumbres. Desde la conquista hasta la actualidad, los saberes de losnativos han sido cuestionados. Algunos consideran que son una aberración porque ven a los indígenas como bárbaros, crueles e incivilizados. En cuanto a las medicinas las consideran drogas o sustancias adictivas e incluso saberes obsoletos. No obstante, resulta extraordinario cómo estas prácticas medicinales aún continúan vigentes debido a que forma parte de la libre determinación de los pueblos indígenas. Ellas fomentan sus creencias, las cuales son un elemento crucial -casi inexorable- de sus rituales, ceremonias y su diario vivir, es decir, las plantas configuran la identidad de estos pueblos.

Jaguares, serpientes, leones, guacamayas. Campos vastos, montañas altas y nubes de colores brillantes. O bien, apariencias monstruosas, fantasmas y tonalidades grises o azules. Suele verse de todo en una toma de yagé. Los sentidos se vuelven extraordinariamente agudos y finos, el oído percibe lo más imperceptible y los ojos ven figuras movedizas, los sonidos tienen olor y los colores son musicales, afirmaba -sorprendentemente- Charles Baudelaire en 1860. Allí se producen sueños visionarios que permiten penetrar al infinito o al mundo de los espíritus.

El yagé o la ayahuasca es conocido como la “Liana del alma”, dicen los abuelos que ella se extiende hasta el principio de los tiempos y representa el cordón umbilical que vincula a los individuos con el pasado mítico. Por tanto, se considera la planta sagrada por excelencia para las tribus de Perú, Ecuador, Brasil y Colombia, a lo largo de la Amazonía occidental.

Esta nace de un bejuco parasitario que se adhiere a grandes troncos o lianas que crecen en la selva y de ella se extrae la corteza por sus efectos psicoactivos y purgantes. Se ponen a hervir con otras hojas y dependiendo de las que se usen los efectos varían. Como resultado queda una bebida amarga la cual se reparte entre los presentes. Los rituales se hacen a campo abierto y suele haber una fogata en la mitad para invocar la protección; el taita reza, canta, está atento y esparce humo de tabaco a modo de sahumerio.

Esta planta pretende hacer efecto en todas las esferas del hombre. A modo físico actúa como purga produciendo vómito y diarrea, buscando una limpieza corporal. Del mismo modo se produce el efecto de trance o borrachera denominado chuma. Ya en lo mental,acarrea un reto para la conciencia y, a su vez, despierta el subconsciente, pues trae recuerdos, aviva momentos y revela verdades. En lo espiritual crea alucinaciones e imágenes llamadas pintas, que son las revelaciones de la planta. Lo que le sucede al sujeto es que se multiplica en corporeidades, personalidades, deidades, plantas e identidades coexistentes en él.

Afirman los abuelos que el yagé todo lo ve y todo lo sabe, allí se muestran las angustias y los comportamientos de antes, pues en las tomas uno se enfrenta a sí mismo, las cosas comienzan a hablar y el alma es liberada del cuerpo porque el verdadero ser sale a relucir. Dicen también que no se abre a todos si no ven intenciones puras ni produce los mismos efectos debido a que es una reacción individual. Algunos solo vomitan y no tienen visiones, otros afirman que es un antes y un después. Anécdotas abundan de lo que ha logrado el yagé, desde salir sintiéndose más liviano hasta curar úlceras y enfermedades. Mostrar los miedos de quien lo toma hasta una imagen vívida de una violación que se había suprimido y con el tiempo fue confirmada.

“Lengua de Dios o palabra de vida”. Cuando se ingiere el mambe se produce un sabor entre amargo y dulce, seca la garganta, se entumece la lengua y la boca, los dientes quedan verdes y empieza el efecto. El mambe representa a la mujer derivada de la hoja de coca la cual se pone a tostar, se mezcla con algún aditivo alcalino como la ceniza de yarumo o la concha de mar y de ahí se pulveriza, como resultado queda un polvo o harina fina. De ahí, se toman cucharadas y se ponen a los lados de boca intentando formar una masa que se vaya diluyendo con la saliva de a poco.

Se mambea en espacios compartidos y sociales ya que al ser el compañero del pensamiento, permite mayor claridad a la hora de expresarse con otros y más, porque en la tradición, se dice que carga con la dulzura femenina que produce sabiduría en las palabras. Además, físicamente otorga facilidad comunicativa, aumenta la concentración, mejora la actividad sensorial, disminuye el cansancio y el hambre, de ahí que se use en actividades físicas de largo aliento.

Aquí la siembra de la hoja de coca tiene un fin, un proceso y un propósito en específico. No gira en torno a fines delictivos o de adicción sino que en el entender del mundo indígena se mambea desde los primeros rayos de luz hasta cuando cae el día. Claro está, aunque no genera dependencia, para los mayores es imprescindible contar con la compañía de la hoja de coca pues cuida de ellos y es la base para abonar su pensamiento. Asimismo, ha sido uno de los suplementos por excelencia para conservarlos ya que contiene proteínas y vitaminas en niveles elevados.

Dicen los abuelos que el ambil es el “Compañero del pensamiento”, este debe ir siempre acompañado del mambe en tanto este dota y nutre el poder de la palabra y armoniza el pensamiento. Su carácter y sabor es más fuerte ya que se ve representado en la figura masculina, la cual brinda claridad al escuchar y permite ordenar ideas para que, a la hora de conversar, siempre haya un buen recibimiento de parte y parte.

El ambil se hace a partir de la cocción lenta de hojas de tabaco con sales vegetales en agua. Este debe revolverse durante largas horas hasta lograr un jarabe o jalea oscura. Ella se aplica en las encías y en la lengua para que se vaya diluyendo lentamente con el mambe.

Walter Ernest Hardenburg, un ingeniero estadounidense que se adentró al Putumayo para construir una línea de ferrocarril de Brasil a Bolivia, ilustra cómo desde 1907 se puede evidenciar el ritual del ambil. “Cuando hay una fiesta para cualquier acuerdo o contrato, ellos recurren al cebrado chupe de tabaco. Un número de indígenas se congregan en torno a una olla. El médico tradicional introduce de primero el dedo índice en el líquido y comienza un largo discurso. Ellos se ven excitados cada vez más hasta que finalmente la olla comienza a circular con solemnidad y cada uno introduce su dedo en el líquido para luego ponerlo en el lenguaje. Este es el juramento más solemne de los uitotos”

El antropólogo Stephen Hugh-Jones afirmaba que “el tabaco se considera una no-comida ritual. Es la comida de los espíritus y se cree que el tabaco establece la comunicación con lo sobrenatural. Se dice que tanto el rapé como el humo del tabaco tienen poder”. Poder gracias a que se le atribuye la capacidad de una mejor percepción del momento presente ya que abre los canales energéticos y de abrirse a la sabiduría del mundo de los espíritus pues ayuda a ordenar, limpiar y equilibrar la mente.

El rapé nace de la molienda y tamizado del tabaco al cual se le añaden otras plantas medicinales, aromáticas, cortezas y cenizas. De esta alquimia queda como resultado un polvo fino. Para proceder a ella es necesario contar con alguien que nos dé la soplada ya que se busca sanar el individualismo y ver en el otro hermandad. Quien sopla el rapé actúa como un mensajero, certero, centrado y vacío porque no debe interferir en el trabajo directo de las plantas.

Esta es considerada la medicina del aire. Aunque su elemento suene sutil, el rapé es una de las medicinas más potentes, la cual, se siente como si quemara todo a su paso. Se sopla con una caña en cada orificio de la nariz en donde el polvo llega directamente al cerebro abriendo a su paso el tercer ojo y la glándula pineal. Se genera un calambre en la cabeza y se sienten las ideas moverse, uno rompe en llanto durante muchos minutos y queda una sensación de entumecimiento en la parte inferior de la cabeza.

Estas son algunas de las plantas medicinales que habitan en las comunidades indígenas. Tal y como dice el taita Querubín Queta, “los abuelos nos dejaron esta selva para vivir con nuestras botánicas naturales y la medicina tradicional. El agente blanco aprendió el medicamente de su libro de enciclopedia, pero nosotros estudiamos por medio de nuestras medicinas que son la vida de nosotros”.