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Tajada - Edición 207

​Pedro Juan Vallejo
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No me gustan las gallinas porque me arrecuerdan a mi hermanita. Corren por todas partes y hacen pua-puac-pua-puac y me dan miedo. Miedo como la primera vez que llegué a esta casa y vi a los empiyamados. Una enfermera me trajo en un bus grandote y estaba haciendo mucho sol, pero cuando vi a los empiyamados me dio frío y empecé a temblar. Yo creo que es por el color azul oscuro de las piyamas. De ese color se pone el cielo antes de nochecer y mi mamá dice que antes de nochecer las almas del purgatorio salen a flotar al Cauca. He visto algunas: flotan hinchadas como llantas y tienen un montón de gallinazos encima que las picotean como si fueran de maíz. Seguro cuando mi mamá se muera va a flotar en el Cauca o de pronto se va derecho al infierno, como yo. Pero la verdad desde que estoy en esta casa no volví a ver a ni a mi mamá ni el Cauca. Casi que solo veo empiyamados y gallinas. Y a mí no me gustan las gallinas. Cuando estoy en el corral de la casa y está lloviendo, el agua las moja y empiezan a oler maluco, como a orines; y me da rabia porque me arrecuerdan más a mi hermanita que amanecía orinada y llorando. Entonces las persigo por la manga y los empiyamados me miran y escriben cosas en unas tablas. Y cuando cojo alguna, hace pua-puac-pua-puac y aletea y nada más. Pero si le cojo una pata y se la parto, hace más que pua-puac-pua-puac: pone los ojos grandes como el Cerro Tusa y hace PUAAAAAAAC. Todo mundo oye y llegan los empiyamados para amarrarme y no me gusta. Pero me gusta que oigan. No me gusta mojarme. Por eso trato de mantenerme adentro de la casa. No es mi casa, pero me gustan las ventanas verdes que tiene porque me gustan los aguacates. Aunque lo malo es que huele a gallina. No huele siempre, pero cuando el olor es muy fuerte yo me tengo que ir para el Hueco. Allá me encierro y veo a Confite haciéndome ñau, a Galleta ladrando, al río Cauca con garzas y a mi hermanita. Y me río y soy feliz. Pero los empiyamados siempre me ven con esos ojos que pusieron en las paredes y van a sacarme de ahí para darme pastillas. Yo los veo venir desde las tres rayas de luz que tiene la puerta del Hueco y con las pastillas quedo más pasmado que una vaca y sueño con gallinazos. Puros gallinazos saltando encima mío y picotiándome como si fuera de maíz. Mi hermanita está al lado y me llama con la mano, pero yo estoy tirado en el piso como un bulto de papas y no puedo moverme. Entonces me despierto sudando y con ganas de llorar y voy a comer.  Me siento y como y hablo. No con todos: solo con Edison, con Yesid y con Yimmy, que son los únicos que no me dicen Tajada. Pero si el olor a gallina se me vuelve a meter por la nariz, otra vez veo a mi hermanita estirándome la mano y a los gallinazos cerquita. Entonces me toca rasgar los gatos negros que hay pegados en las paredes porque empiezan a mirarme como si supieran algo. Mi mamá dice que los gatos guardan los secretos del diablo. Y si saben los del diablo, más fácil saben los míos. Yo creo que los empiyamados también saben mis secretos porque siempre me persiguen. Más si está lloviendo. Cuando llueve, el olor a gallina es más fuerte y a mí no me gustan las gallinas. Todos empiezan a oler: Edison, Yesid, Yimmy, los empiyamados, la casa. Es ahí cuando me toca arrancarme el pelo con las manos porque veo a mi hermanita tirada en un matorral y a mi papá encima de ella con los pantalones bajados y el machete en el suelo. Las gallinas están cerquita y no hacen nada más que pua-puac-pua-puac muy pasito. También veo mi casa con las luces prendidas y el humo del sancocho que mi mamá está revolviendo. Y cuando yo la miro, ella parece un fantasma detrás del humo y no ve a mi hermanita estirándome la mano ni oye el pua-puac-pua-puac de las gallinas. Entonces me acerco al matorral sin hacer ruido y veo a mi hermanita con la boca tapada y oigo la lluvia mojando los helechos y cayéndome en la frente. Y aunque yo quiero que las gallinas hagan pua-puac-pua-puac más duro para que mi mamá oiga, parece que ella solo quiere oír la lluvia. Por eso salgo corriendo y me tiro encima de mi papá y oigo un sonido de machete como cortando una papa. Y mientras Confite nos mira desde la rama de un árbol y hace ñau, mi hermanita grita como las almas del purgatorio porque ve a mi papá tirado boca abajo con el machete en la cabeza y a las gallinas que meten las patas en un charco rojo y hacen pua-puac-pua-puac.