Anatomía de un taumátropo

Y qué ocurre cuando preguntamos 

Última actualización

Agosto 4, 2026

 

Un disco con dos imágenes: en una cara un pájaro; en la otra, una jaula. Al girarlo rápidamente: ¡El pájaro aparece dentro de la jaula!

En 1824, el médico inglés John Ayrton inventó el taumátropo, del griego thaûma, maravilla y trópos, giro: giro de maravilla, para demostrar algunos principios de la percepción visual a partir de un juego óptico. Reveló, sin saberlo del todo, una relación profunda con el pensamiento.

¿Y si una pregunta funcionara exactamente así?

 

Dos imagenes 

El funcionamiento del taumátropo es tan simple que parece trivial. Sin embargo, hay una condición: las imágenes deben ser complementarias, sin ser redundantes. Por ejemplo, aunque un pájaro no es una jaula ni una jaula es un pájaro, las dos tienen algo en común.

Una pregunta también nace así, de dos cosas que coexisten sin resolverse: lo que ya sabemos y algo que no estaba ahí, pero de lo que tal vez teníamos una intuición o una pista. Entre ambas aparece una pequeña tensión, un borde, un espacio apenas abierto. Dos partes, dos fragmentos que se hilan y conversan entre sí luego de dar un giro fugaz y encontrarse. Ahí empieza todo.

 
Tension y motivacion 

El taumátropo no gira solo; puede quedarse quieto durante años sin revelar nada. Alguien tiene que tensar los hilos, enrollarlos, acumular algo de tensión antes de soltarlo. Esos gestos, tan pequeños, lo cambian todo.

Las preguntas también necesitan tensión. No aparecen cuando todo está claro, sino cuando algo incomoda, cuando una explicación no alcanza, cuando algo se queda sin resolver. Aparecen donde hay sed de saber, de sumergirse en los porqués, los cómos, los para qués. Esa incomodidad es el inicio de un movimiento.

 

El giro 

Cuando el disco gira, algo extraño ocurre. No vemos la cara A ni la cara B, vemos una tercera imagen que no estaba en ninguna de las dos. El cerebro no sumó las partes; construyó algo que ninguna parte contenía. Con las preguntas ocurre lo mismo, no conectan inmediatamente lo que ya sabíamos con lo que aún no. Hacen girar las dos cosas juntas hasta que aparece algo que no existía antes del giro. Las preguntas son un motor en sí mismas.

El resultado no estaba ni en el saber ni en el no saber, nació del encuentro entre ellos, en ese instante en el que dos elementos aparentemente dispares logran verse juntos por primera vez. Lo que parecía separado empieza a relacionarse. Lo que parecía evidente deja de serlo y se cuestiona. Y en ese momento, breve, casi imperceptible, el pensamiento se mueve y cobra vida.

 

La espera 

Antes del giro hay un instante de quietud. Los hilos enrollados, la tensión acumulada. Nada ha pasado todavía, pero algo está a punto de ocurrir. El taumátropo exige ese tiempo, exige detenimiento. Sin tensión acumulada, el disco apenas oscila.

Las preguntas también tienen su tiempo, habitan un momento en quien las lleva sin resolverlas todavía, observando, tanteando. Las preguntas genuinas necesitan quedarse un rato anidando en quien las hace, recorrer lo que ya sabe, rozar lo que aún no entiende y esperar con atención, con la certeza de que algo está a punto de aparecer.

 

Lo que emerge 

Las preguntas y el taumátropo nos invitan a adoptar una nueva forma de mirar, con delicia y atención, tanto lo que ya estaba ahí como lo que no. A contemplar la reorganización del mundo que se amplía según nuestra mirada.

Una pregunta en manos de una niña, un niño o un adolescente hace girar todo lo que creíamos entender. Sin preguntas, ¿para qué respuestas?

Desde 2005, en la Universidad de los Niños EAFIT vivimos lo que pasa cuando una pregunta pone todo en movimiento. El conocimiento circula, se transforma, se contagia. Se vuelve parte de algo más grande. La pregunta es como una brújula, no indica un destino fijo, pero orienta el recorrido, el viaje por el conocimiento. Eso es una pregunta, eso es un giro de maravilla.

Estas son algunas de las preguntas que niñas, niños, adolescentes e investigadores han traído a la Universidad de los Niños.

Para ninguna había una respuesta preparada, todas pusieron a girar algo.

¿Por qué existe el tiempo? 

¿Por qué sentimos miedo? 

¿Por qué nos reflejamos en el espejo? 

¿Cómo flota un barco? 

¿Por qué tiembla la Tierra? 

¿Por qué las cosas suenan diferente? 

¿Por qué alguien nos manda y nos dice qué debemos hacer? 

¿Por qué las cosas se llaman como se llaman?

 

Autores

Equipo metodológico

Universidad de los Niños EAFIT

María Luisa Eslava

Diseñadora gráfica

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