Ilusiones migrantes
Moverse para sobrevivir
En las playas de Necoclí, que antes lucían rebosadas de carpas, colchonetas, bolsas y abrigos, el mar y la arena volvieron a ser protagonistas tras el fin de la oleada migratoria a través de la selva del Darién, entre Colombia y Panamá.
Según un informe de Naciones Unidas, en 2024 más de 300.000 personas atravesaron la selva con el objetivo de llegar a Estados Unidos, principalmente venezolanas (68 %), seguidas por colombianas (8 %), ecuatorianas (8 %), chinas (5 %) y haitianas (4 %).
Ahora, el panorama cambió completamente. Según el Ministerio de Seguridad Pública de Panamá, en 2025 tan solo 3.100 personas se aventuraron a cruzar el tapón del Darién, una de las selvas más peligrosas del mundo.
Para entender este movimiento masivo de personas debemos comprender qué las motiva a dejar toda su vida atrás para embarcarse en una travesía llena de riesgos, como el de ser arrastrado por la corriente de un río, atacado por fauna silvestre o ser utilizado por mafias criminales que controlan social y económicamente el territorio.
Miguel Patini, un hombre venezolano de cuarenta y siete años con glaucoma, contaba en 2022 que salió caminando de Arequipa, Perú, donde se había radicado para mejorar su condición económica: “A raíz de la pandemia, las cosas han venido empeorando y los precios subiendo. Por eso tomamos la decisión de viajar a los Estados Unidos, con un mínimo de recursos, pero con mucha voluntad y fe”.
Después de un año, Miguel seguía varado en las playas de Necoclí. Hasta donde se supo, no pudo llegar a los Estados Unidos por su condición de salud, los riesgos de atravesar la selva y la incertidumbre de poder instalarse en el país y tener una vida mejor.
Casi todas las personas que deciden emigrar vienen de países con problemas sociales, políticos y económicos. Según la ACNUR, desde 2014, luego de la llegada de Nicolás Maduro al poder, cerca de ocho millones de venezolanos han emigrado a otros países.
Por el lado de China, muchas personas que escapan del gobierno de Xi Jinping buscan asilo político. Lo mismo sucede con los demás países: todos buscan una oportunidad de cumplir el “sueño americano”.
El problema es que Estados Unidos siempre ha tenido políticas migratorias muy restrictivas. Durante el gobierno de Joe Biden (2021-2025) se intentó flexibilizar las políticas instauradas en la anterior administración —la de Donald Trump—, lo que llevó a que se dieran los picos más altos de migración ilegal por el Darién hacia Estados Unidos (hasta donde se tiene registro).
Para 2024, Biden restringió las órdenes de asilo político y se alcanzaron las cifras más altas de deportaciones en los diez años anteriores: 271.000, aproximadamente. Al final, Trump volvió al poder y volvieron las medidas restrictivas, ya no solo para quienes llegan al país, sino también para quienes se encuentran en él.
Esto explica, en cierta medida, las caídas de las cifras de personas que han intentado atravesar el Darién entre 2024 y 2025.
Estos movimientos masivos se dan por oleadas, son flujos pasajeros, no constantes, que tienen sus momentos de auge y de caída que provocan a su vez cambios sociales y económicos por donde pasan.
En Necoclí, por ejemplo, las tiendas de remates del sector, que usualmente vendían variedades de hogar o papelería, pasaron a vender implementos necesarios o útiles para cruzar la selva: ropa, botas, machetes, medicinas, químicos para espantar serpientes e insectos, chalecos salvavidas, etc.
Sin embargo, la transformación más importante se da en las personas que se embarcan en esta travesía larga y riesgosa, llena de condiciones inhumanas que ponen en riesgo su vida. Todo por la esperanza de tener una vida mejor y un futuro menos incierto para sus familias.
Los hallazgos de esta investigación revelan que las oleadas masivas de migración impactan profundamente las dinámicas sociales de los lugares de paso, transformando física y mentalmente a los migrantes.
Además, alrededor de este trayecto se estructuró una economía ilegal manejada por el Clan del Golfo, que se lucra del hospedaje, el transporte y la guianza por trochas informales.
Esta actividad no solo financia estructuras criminales, sino que deja a su paso graves impactos ambientales en los ecosistemas vulnerables de la región.
Las condiciones humanitarias son preocupantes, especialmente para la niñez. Muchas familias arriesgan la vida a pie por la carretera, sin dinero, alimentación ni saneamiento básico.
Finalmente, al quedarse sin recursos en la ruta, los migrantes terminan hacinados en campamentos improvisados instalados al borde de ríos, el mar o la selva.
Autores
Jerónimo Hernández - Santiago Palomino
Estudiantes del pregrado en Comunicación Social e integrantes del Semillero de Investigación y Creación en Narrativas Periodísticas de EAFIT
Luis Miguel Ocampo
Lídera gráfico y de contenidos Centro de Estudios Urbanos y Ambientales Urbam EAFIT