Ciencia Abierta en América Latina:

¿nuevos paradigmas o viejas dependencias? 

Última actualización

Agosto 4, 2026

 

La Ciencia Abierta (CA) es una oportunidad a una mayor transparencia y eficiencia en la actividad científica, a partir de modificar las prácticas como las conocemos. La noción presenta, por un lado, un conjunto de valores y principios que se recuestan sobre la más noble tradición de la actividad científica, aquella que busca incrementar el acervo de conocimiento de la humanidad por el bienestar y progreso general, a partir de su libre circulación y acceso. 

Por el otro, la CA ha tomado mayor relevancia estos años en respuesta al avance tecnológico que habilita técnicamente poder acceder a todo el conocimiento existente a través de plataformas digitales. Esta posibilidad plantea el dilema, en consecuencia, de habilitar, o no, en el espacio virtual la posibilidad de acceder libremente a ese conocimiento.

El conocimiento no se distribuye equitativamente. La actividad de I+D tiende a presentar altas economías de escala, lo que lleva a que esta se encuentre altamente concentrada —90 % del gasto en I+D se concentra en los primeros 10 países por volumen de inversión—. Por ende, las posibilidades, acciones y consecuencias de abrir la ciencia no son las mismas para todos los agentes del sistema científico. Es, en esencia, una decisión política sobre quién puede producir ciencia y quién puede beneficiarse de ella.

Si bien el Acceso Abierto (la posibilidad de leer sin pagar) fue la punta de lanza, hoy la CA es un archipiélago mucho más vasto de iniciativas. Implica tanto abrir la actividad científica a la comunidad científica —acceso abierto, software y hardware abierto, educación abierta, acceso a equipos de investigación abierto, datos abiertos—, como abrir la ciencia a la sociedad —agendas de investigación abiertas, ciencia ciudadana, diálogo con otros saberes, alfabetización científica, asesoría científica—.

Al formular una política institucional hacia la CA surgirán diversas tensiones de distinta índole. En un primer plano se encuentra la propiedad intelectual del conocimiento científico y el uso que se haga de ella. Abrir el acceso al conocimiento implica discutir sobre quién es el dueño de este y el uso que puede hacer, por lo tanto, de él —¿quién financió la investigación?, ¿qué riesgos trae su libre acceso?, ¿quién determina quién puede y quién no acceder?, entre otros—. En ese mismo plano, también observamos tensiones en la práctica científica y el dogma de libertad de investigación. Frente a una política de CA y la necesidad y oportunidad de abrir las agendas de investigación al diálogo con la sociedad, ¿quién define qué se debe priorizar en la investigación científica?, ¿quién financia esos procesos?

En América Latina, las universidades están llamadas a cumplir un rol protagónico en la implementación de la CA. Es en ellas donde se lleva adelante la mayor parte de la actividad científica en la región y, por lo tanto, es en ellas en donde sucederá o no la CA. Su rol es triple, como:

 

Protectoras del patrimonio: asegurar que la producción científica de la institución se preserve en repositorios propios y no quede atrapada tras muros de pago.

Reformadoras del incentivo: cambiar las métricas de evaluación. Se debe premiar la colaboración, el impacto social y la apertura de datos, no solo el factor de impacto de la revista.

Puentes territoriales: facilitar que la CA responda a las necesidades de la comunidad local, democratizando el uso del conocimiento para resolver diversos problemas como los ambientales, de salud o técnico productivos propios de los entornos donde se ubican.

La CA en América Latina es una gran oportunidad para dejar de ser solo “consumidores de ciencia” y poder asumir un rol activo como productores de soluciones. La política institucional en CA debiera ser la hoja de ruta para una ciencia que, por fin, sea de todos y para todos.

Sin embargo, adoptar la CA sin una perspectiva territorial y de capacidades sistémicas es peligroso. Existe el riesgo de lo que algunos llaman colonialismo de datos, donde lo producido por los investigadores del Sur Global en sistemas abiertos sea apropiado por laboratorios o empresas del Norte Global, con capacidad de procesamiento más competitiva, para luego ser vendido como soluciones privadas.

A su vez, sin una perspectiva de equidad, la CA podría profundizar las brechas existentes. Solo las instituciones con más recursos podrán cumplir con los estándares de apertura e inversión en infraestructura para acceder, dejando atrás a las universidades regionales o con menos presupuesto.

Por lo tanto, la CA es una ventana de oportunidad para acceder a mayor conocimiento, mejores infraestructuras y sistemas de investigación más consolidados; pero también podría resultar en generar mayores inequidades. Que suceda lo uno u lo otro dependerá de las políticas que se diseñen e implementen. La región tiene una oportunidad, depende de ella no perderla.

 

Autores

Guillermo Anlló

Oficina Regional de UNESCO (Montevideo, Uruguay)

María Luisa Eslava

Diseñadora gráfica

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