Los jóvenes deben cocrear la educación del presente y la del futuro, ¿cómo lograrlo?
Este 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación y la invitación de la Organización de las Naciones Unidas, a través de Unicef, es a celebrar el poder de la juventud en la educación del futuro.
A propósito de esta efeméride, expertos eafitenses, estudiantes y profesores profundizan sobre la importancia de convertir al estudiante en protagonista de su proceso y transformar las clases en laboratorios de cocreación.
Tradicionalmente, una de las funciones principales de las universidades, en todo el mundo, es formar profesionales con las habilidades necesarias para responder a las demandas que requiere la industria. Pero ¿qué ocurre cuando el conocimiento que reciben está orientado a profesiones que, debido a los cambios constantes del entorno, tienen una vigencia de cerca de dos años y medio?
El foco, entonces, no puede estar centrado en habilidades técnicas específicas, sino en formar personas capaces de discernir, trabajar en equipo, cuestionar y adaptarse a entornos cambiantes. Y ese proceso empieza desde la clase, cuando los estudiantes se convierten en protagonistas y cocreadores en estos espacios de aprendizaje.
Así lo considera José Alejandro Betancur Álvarez, director del centro Imaginar Futuros de EAFIT, quien señala que la educación del futuro se debe cocrear con quienes la habitan. Se trata de una reflexión coherente con la conmemoración de este 24 de enero, Día Internacional de la Educación, en la que la Organización de las Naciones Unidas invita a reconocer a los jóvenes como agentes en el diseño en la educación.
El eafitense señala que hay tres tendencias clave para construir, de manera colectiva, los escenarios educativos del mañana. La primera tiene que ver con la personalización del aprendizaje, apoyada en el uso de la inteligencia artificial como complemento de la educación formal. Una segunda le debe apuntar al cierre de brechas educativas, especialmente mediante el uso de nuevas tecnologías. Y, finalmente, el tercer eje plantea la necesidad de diseñar experiencias de aprendizaje que fortalezcan el vínculo humano y el sentido de comunidad.
Para Paola Podestá Correa, vicerrectora de Aprendizaje de EAFIT, la idea de que los jóvenes sean cocreadores del aprendizaje tiene total sentido si se tiene en cuenta que, en la actualidad, se estima que poco más de la mitad de la población mundial tiene 30 años o menos. Son ellos, en palabras de la directiva, quienes se ven impactados por las decisiones actuales.
La Vicerrectora afirma que la fuerza de los jóvenes en la educación ha existido desde siempre, permitiendo que temas como la sostenibilidad, la crisis climática, la transformación de la democracia o las desigualdades sociales sean puestos en la agenda. Pero el rol de las universidades, ahora, debe estar enfocado en garantizar el acceso desde edades tempranas, y mediante acciones claras para permitir su participación en escenarios de toma decisiones.
“Para nosotros es fundamental la presencia de los jóvenes en los estamentos de representación estudiantil, pero también en todos los espacios de conversación disciplinar y en aquellos donde se discuten los grandes temas que hoy afectan a la humanidad”, explica.
El estudiante como protagonista y cocreador
Justamente, como representante del Comité de Pregrado de su carrera y coordinadora del semillero de investigación y Creación en Narrativas Periodísticas, Isabella Ruiz Alarcón, de sexto semestre de Comunicación Social de EAFIT, es un ejemplo de cómo poner al estudiante en el centro lo convierte en cocreador de la educación.
Isabella destaca que, en ese camino, estos espacios de participación y liderazgo han sido fundamentales. Allí, la cocreación juega un papel clave pues le permite enriquecer el aprendizaje a partir de múltiples miradas, experimentando, equivocándose, reflexionando o resolviendo retos y problemas reales.
Para José Alejandro Betancur, la experiencia de Isabella es la evidencia de un cambio en la forma de concebir el aprendizaje hoy, pasando de rutas predefinidas a trayectorias flexibles, en las que cada estudiante puede tomar decisiones sobre su proceso formativo y construir su propio camino con otras experiencias.
En este enfoque, más que seguir un listado de contenidos predeterminados, el aprendizaje se orienta por preguntas, descubrimientos y retos que surgen en el aula, y que hacen de la experiencia educativa un ejercicio vivo, experiencial y situado.
“Hoy, los estudiantes cuentan con múltiples fuentes de información y herramientas fuera del entorno académico que les permiten complementar, contrastar y ampliar contenidos. Esa experiencia externa se integra al espacio de clase y enriquece las conversaciones, que dejan de ser monólogos para convertirse en diálogos argumentados y colectivos”.
El reto de convertir las clases en laboratorios cocreadores
La cocreación también plantea un mayor nivel de exigencia para el docente, quien debe preparar la clase no solo desde los contenidos, sino desde la experiencia que se va a vivir. Eso es lo que hace Edwin Sepúlveda Cardona, del área de Marketing e Innovación de la Escuela de Administración, y quien ha convertido sus clases en un laboratorio cocreador. “Hoy la ecuación cambia: ya no somos solo profesores y estudiantes, sino aliados, socios, consultores y cocreadores”, explica.
Por eso en sus clases asume este rol y acompaña a los estudiantes en la construcción de proyectos reales. Este acompañamiento se concreta en experiencias como showfests, shark tanks, pasantías, laboratorios, procesos de investigación cualitativa con marcas reales, campañas sobre problemáticas actuales, licitaciones y concursos, en los que los estudiantes trabajan con retos reales del mercado. El aprendizaje se basa en desafíos, proyectos y servicios, conectados con los dolores reales de las organizaciones y las marcas.
“Pasamos de un ecosistema de excepción a uno de producción real. De esta manera realizamos campañas completas en un solo semestre bajo un modelo de células creativas que simulan el funcionamiento de una agencia. Cada equipo asume roles reales (dirección, arte, copy, planeación) y esto les permite fortalecer muchos otros aspectos más allá de los contenidos teóricos. Los mejores estudiantes avanzan luego a una agencia in house, donde trabajan con clientes reales. El impacto de este modelo se refleja no solo en la experiencia formativa, sino también en la generación de propiedad intelectual y activos intangibles.
Como este ejemplo, EAFIT ha desarrollado otras experiencias que preparan a los estudiantes para los desafíos del presente y del futuro, y que los convierten en protagonistas activos de su proceso formativo, tal como lo declara en su Modelo Educativo, que pone al estudiante en el centro.
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Última actualización
Enero 23, 2026