¿Por qué investigadores de EAFIT y la UdeA estudian a un gusano en la Antártica?

Febrero 12, 2026

Los investigadores participan en la Campaña 2026 de la Antártida, para estudiar gusanos marinos conocidos como Poliquetos. Se trata de una investigación que combina taxonomía, genética y biología molecular. En la misión está Javier Correa Álvarez, profesor de la escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

Estudiar la adaptación de los Poliquetos antárticos a cambios extremos de temperatura y pH del océano servirá para comprender los efectos del cambio climático y prepararnos para afrontarlos. Esta misión es clave para posicionar a Colombia como un país que aporta ciencia de primer nivel en el continente blanco.

¿Antártica o Antártida? Ambas formas son correctas para referirse al continente blanco, también referido como Polo Sur. Una masa de tierra seca y fría que contiene más del 70-80 % del agua del planeta, en estado de congelación. Un laboratorio vivo desde donde se estudian, entre otras cosas, los sistemas oceánicos, el cambio climático y el espacio.  

Es habitada por alrededor de 14 millones pingüinos, focas y ballenas, pero no tiene población nativa de humanos, ni osos polares. Es el único lugar del planeta Tierra que es de todos y a la vez de nadie, así se estableció en el Tratado Antártico de 1959, que declaró este territorio como una zona de ciencia y paz, prohibiendo actividades militares. Allí tampoco existen los conflictos entre países, pero en cambio sí se dan investigaciones entre naciones. Cada año, durante el verano, investigadores de diversas disciplinas viajan desde diferentes partes del mundo para cumplir misiones establecidas en el Comité Científico de Investigaciones Antárticas, (SCAR por sus siglas en inglés).

Hasta ese lugar viajará el biólogo molecular Javier Correa Álvarez, profesor de la escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT. Él es uno de los investigadores colombianos que integran la campaña 2025/2026 de la XII Expedición Antártica Colombiana, coordinada por el Programa Antártico Colombiano(PAC), que desde el 2014 hace presencia en la zona.

El acercamiento del profesor Javier con la Antártica comenzó desde la distancia, cuando biólogos de la Universidad de Antioquia, quienes ya habían participado en expediciones anteriores, lo invitaron para “hacer parte de un estudio que indagaba sobre cómo un diminuto gusanito marino era capaz de resistir a temperaturas extremas”, recuerda el profesor. En ese entonces, su tarea consistió en analizar una serie de datos obtenidos en las expediciones, lo cual resultó en el primer atlas genético de estos gusanitos, conocidos como poliquetos.

Con la llegada del profesor Javier Correa a esta investigación, según lo expresa el biólogo Mario Londoño Mesa, profesor de la Universidad de Antioquia, “potenciamos la investigación que habíamos llevado durante varios años solos en la U.deA., dado su gran experiencia en biología molecular”.

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En la imagen, participantes de la XII Expedición Antártica Colombiana, en el ARC Simón Bolívar, buque de investigación científica de la Armada Colombiana, durante el entrenamiento en la ciudad de Cartagena.
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En la imagen, participantes de la XII Expedición Antártica Colombiana, en el ARC Simón Bolívar, buque de investigación científica de la Armada Colombiana, durante el entrenamiento en la ciudad de Cartagena.

Qué son los Poliquetos

Resulta que las lombrices de tierra y las sanguijuelas tienen unos familiares a los que les gusta vivir en cuerpos de agua, muy cerca al mar, sea en el trópico o en la antártica. Si hay agua, preferiblemente salada, esa será su casa. Los poliquetos tienen el cuerpo segmentado y se caracterizan por la presencia de unas estructuras denominadas quetas, que se asemejan a pelos cortos.

Tienen alrededor de 80 familias diferentes. Pueden ser depredadores, herbívoros o sedimentívoros; también los hay que filtran agua, que son parásitos o simbiontes. Cada uno juega un papel diferente en el ecosistema, por ejemplo, son fuente de alimento de muchos organismos como peces, crustáceos o rayas. Por lo tanto, son demasiado importantes en el hábitat y lo han sido desde hace más de 500 millones de años, tiempo desde el cual se estima su existencia. 

La campaña 2025/2026    

El interés del profesor Mario Londoño por los poliquetos comenzó en los años 90, cuando era estudiante del pregrado en biología de la UdeA. En un principio se enfocó en la taxonomía y ecología de los que habitan en las costas colombianas. Su trabajo continuó y uno de sus aportes fue la descripción de unas 40 especies nuevas.

Debido a que los poliquetos son modelos biológicos útiles para determinar cambios en los océanos y son sensibles a las variaciones en pH, temperatura y contaminación, particularmente en un ambiente como el austral “son importantes para estudiar el impacto del cambio climático, que es precisamente uno de los objetivos del PAC y del SCAR”, precisa Idalyd Fonseca González, profesora de la Universidad de Antioquia, quien desde el año 2017 lidera una investigación sobre el estrés térmico de los poliquetos y el cambio climático en la Península Antártica.

Cada nueva visita a la Antártica es una oportunidad para comprender a los Poliquetos y en esta campaña el propósito es entender a nivel molecular la adaptación del Poliqueto a un océano más ácido, para lo cual se requiere de la generación y procesamiento de datos genéticos obtenidos directamente en campo. 

Los biólogos planean realizarán experimentos en el laboratorio en la base científica chilena Prof. Julio Escudero, donde los poliquetos serán expuestos a diferentes pH de agua oceánica, situaciones pronosticadas por las siguientes décadas, debido al deshielo causado por el calentamiento global. Luego se secuenciará el ADN y ARN para reconstruir cómo se genera la adaptación. “En esta oportunidad la resolución de la investigación será mucho más precisa porque, gracias a las herramientas tecnológicas que tenemos, vamos a poder detallar los genes y proteínas responsables de este fenómeno”, precisa el profesor Correa.

La cooperación

Cuando se habla de investigación en el continente blanco hay una palabra que está presente de principio a fin. Se trata de una herramienta intangible pero imprescindible: la cooperación. Si se tienen en cuenta la magnitud de los desafíos ambientales que enfrenta investigar en esta zona del planeta, se requiere de una acción colectiva, interdisciplinaria y multinacional. Al cooperar, “los países pueden optimizar recursos acceder a datos valiosos, formar redes de conocimiento y enfrentar, de manera conjunta, las urgencias del cambio climático y la conservación de uno de los ecosistemas más frágiles y esenciales del planeta”, reflexiona Alejandro Font Mascareño, jefe de la sección Plataformas Científica del Instituto Antártico Chileno(INACH).

Hay cooperación cuando países como Chile, a través del INACH, posibilita estas investigaciones mediante la planificación de la expedición, el préstamo de su infraestructura en terreno, la logística para el desplazamiento, alojamiento, acceso a laboratorios, cámara fría de experimentación y acuarios en sus plataformas científicas en Punta Arenas, donde queda la base chilena profesor Julio Escudero. 

Según Alejandro Font, “para Chile la colaboración con Colombia permite fortalecer la mirada regional frente a los desafíos comunes en ciencia, medioambiente y cambio climático. Colombia aporta capacidades científicas complementarias, nuevas miradas investigativas y vínculos institucionales que enriquecen el ecosistema de investigación polar. Además, este tipo de colaboración impulsa la descentralización del conocimiento y permite avanzar hacia una ciencia más inclusiva y representativa del sur global”.

También hay cooperación en el ámbito local, cuando universidades como la de Antioquia y EAFIT unen esfuerzos para potenciar sus capacidades porque, tal y como lo expresa la profesora Idalyd, “sin duda la ciencia es interdisciplinaria y precisamente, en la oportunidad de aunar recursos, ideas y capacidades está el mayor potencial de desarrollo científico”.

La relevancia de esta investigación

Es mucho lo que puede resultar de investigar a estos pequeños seres de mar. Por ejemplo, se podrán complementar los estudios sobre los efectos del cambio climático realizados en organismos carismáticos como ballenas, aves, crustáceos y mamíferos en general. También podría ayudarnos a evaluar esos cambios de temperatura y como nos puede afectar a los humanos.

La investigación liderada por las universidades de Antioquia y EAFIT, en palabras de Alejandro Font, “se enfoca en la caracterización taxonómica, genética y funcional de estas especies, contribuyendo significativamente a la comprensión de la biodiversidad de todo lo que habita en el fondo marino. Este trabajo complementa otras líneas de investigación desarrolladas por INACH y socios internacionales y aporta información valiosa sobre cómo estas especies responden a condiciones ambientales extremas y cambiantes”.

Los resultados de esta y otras investigaciones realizadas en la Antártica, tienen aplicaciones globales, desde la conservación de la biodiversidad hasta la proyección de escenarios climáticos futuros, lo que explica por qué la antártica es laboratorio natural esencial para la humanidad.

Colombia: camino a miembro votante del tratado antártico

Además de la relevancia de esta investigación para el planeta Tierra, la Expedición Científica Antártica número 12, que incluye la investigación sobre los poliquetos, significa para Colombia la posibilidad de mostrar capacidad investigativa, en ciencia y tecnología. 

Esto último puede tener una consecuencia positiva: pasar de la categoría de miembros consultivos a miembros votantes, lo cual se logra obteniendo resultados científicos en las expediciones, demostrando a la comunidad internacional que queremos estar a la vanguardia de la investigación científica a nivel mundial. 

“Por lo tanto, la importancia de que nosotros como Universidad Antioquia y EAFIT participemos en esta expedición y demostremos resultados, da méritos para que el Comité Internacional del Tratado Antártico nos vea con buenos ojos y podamos, en algún momento, colaborar como país consultivo, con voz y voto, en las decisiones que se tienen en la Antártica”, explica el profesor Mario Londoño. 

Para EAFIT es la posibilidad de ser parte de investigaciones que trascienden el impacto regional para aportar en la solución problemáticas sociales y ambientales que afectan al planeta. Para el profesor Javier Correa, ser parte de esta expedición es la posibilidad de aportar conocimiento, “de descubrir algo que está oculto en la naturaleza por millones de años y entenderlo. Y poder, a partir de ahí, formular más preguntas, pues a eso nos dedicamos los biólogos, somos curiosos de la vida y eso es lo que me incentiva a investigar.

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En EAFIT se ubica uno de los puntos de referencia de gravedad más importantes de Colombia

Febrero 5, 2026

Se trata de un vértice gravedad materializado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) y el Servicio Geológico Colombiano (SGC), ubicado al interior de la librería Acentos de EAFIT. Este es uno de los 28 puntos de gravedad absoluta que tiene Colombia y que integran la red de referencia nacional de gravedad del país.

La medición de la gravedad absoluta permite detectar variaciones imperceptibles del subsuelo, información útil en ingeniería, minería, geología y otras áreas. Por eso el vértice de gravedad ubicado en la Universidad, es un nodo científico que sirve para calibrar otros gravímetros y, además, alimenta modelos globales de gravedad, altura y comportamiento del planeta Tierra.

977 741,0917 mGaL ± 0.0108. Estos caracteres no provienen del azar ni son un accidente de tipeo que se escapó de la revisión. Corresponden al valor medido por el gravímetro Microg LaCoste A10 en el vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01. Como se trata un asunto de precisión vamos a entregar una mejor ubicación: el epicentro de esta medición queda en el campus de EAFIT. Para mayor exactitud diríjase hasta la Librería Acentos, ingrese por el acceso occidental gire hacia la izquierda y busque en el piso la cabeza de una pequeña varilla plateada, del tamaño de una moneda de 50 pesos colombianos.

¿Eso es todo? No. Porque esa esfera, conocida también como vértice de gravedad, es de altísimo interés científico y alimenta los modelos de gravedad mundial, además, según lo explica, el Ingeniero Carlos Andrés Franco Prieto, subdirector de Cartografía y Geodesia del Instituto Agustín Codazzi (IGAC), “este vértice es de vital importancia ya que es, hasta la fecha, el primero seleccionado de la red de referencia nacional de gravedad para integrarse con las alturas definidas en el ámbito mundial”.

Primero, la Gravedad

Para seguir avanzando en esta historia habrá que retroceder en el tiempo, hasta el siglo XVII, cuando el físico inglés Isaac Newton definió formalmente el concepto de la gravedad como una fuerza universal, la cual describió matemáticamente en su ley de gravitación universal de 1687, donde estableció que todas las partículas con masa en el universo se atraen mutuamente con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. 

Para no complicarnos con cálculos matemáticos digamos que la gravedad es una fuerza invisible que atrae a los objetos con masa entre sí. Es algo así como un imán gigante que hace que las cosas caigan al suelo, que las personas tengamos los pies en la tierra y que los planetas giren alrededor del sol.

Sin embargo, la gravedad en la tierra no siempre es la misma, pues, “entre más cerca del centro de la Tierra yo esté, el valor es mucho más grande y entre más alejado será más pequeño. No será lo mismo medir la gravedad desde un polo que desde el Ecuador; así estén a la misma altura sobre el nivel del mar el valor absoluto es diferente”, explica David Santiago Avellaneda Jiménez, profesor del área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

Por eso, respuestas a preguntas como: ¿con qué fuerza cae un lápiz del escritorio? o ¿qué fuerza ejerce un edificio en un terreno?, dependerán del valor de la gravedad. Aunque parece un tema que interesa solo a geólogos, físicos o ingenieros, la fuerza de la gravedad es un asunto que, literalmente no solo nos “atrae”, sino que concierne a todos.

Luego, el vértice de gravedad

Para llegar al valor de la gravedad absoluta con que inició este texto, hubo que hacer la medición correspondiente en el punto de interés; de eso se ocupa la gravimetría. Ahora, el aparato que lo hace posible es el gravímetro: un instrumento de alta precisión que mide la aceleración de la gravedad terrestre y sus variaciones entre dos o más puntos.

Para medir la gravedad absoluta es necesario hacerlo desde un vértice de gravedad, como el ubicado en el campus de EAFIT por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, cuya selección y establecimiento “responde a criterios técnicos rigurosos que incluyen estabilidad geológica y sísmica, estabilidad hidrológica, mínima sismicidad artificial por tráfico vehicular, fácil acceso y alto potencial de utilización”, indica el subdirector de Cartografía y Geodesia del IGAC.

De los 28 vértices que conforman la red de gravimetría absoluta en Colombia, solo uno, el de EAFIT, fue seleccionado en 2015 por el Sistema de Referencia Geocéntrico para las Américas (SIRGAS), para ser la primera estación del Marco Internacional de Referencia de Alturas para Colombia, debido a que corresponde a un  vértice que posee una estación Continually Operating Reference Station (CORS), para el monitoreo continuo de mediciones  Global Navigation Satellite System (GNSS), con una cantidad de registros históricos relevantes, además de una gran cantidad de información gravimétrica a su alrededor y de encontrarse en una zona de buena estabilidad geológica.

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El vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01, está ubicado en el primer piso del bloque 18, al interior de la librería Acentos.
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El vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01, está ubicado en el primer piso del bloque 18, al interior de la librería Acentos.


La estación de monitoreo CORS

Si el vértice de gravedad es poco perceptible por su tamaño, la estación CORS es poco visible, pero por su ubicación: se encuentra sobre el techo del bloque 18 de EAFIT, para garantizar que la recepción de datos tenga el menor ruido posible. En palabras de Darwin Baquero Hernández, magíster en Tecnologías de la información geográfica, profesional en geodesia del IGAC, “una estación CORS es una estación fija equipada con receptores GNSS de alta precisión que registra, de manera continua, las señales emitidas por los satélites de posicionamiento, como GPS, Galileo, GLONASS, BeiDou, entre otras constelaciones”. A diferencia de los dispositivos de navegación comunes, estas estaciones operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, generando información precisa sobre la posición de un punto en la superficie terrestre. 

En términos sencillos, una estación CORS funciona como un “punto de referencia permanente” que permite conocer con exactitud dónde se encuentra un lugar y cómo este puede cambiar con el tiempo. Gracias a esta información es posible corregir errores en las mediciones realizadas por otros receptores GNSS de menor calidad, lo que permite alcanzar precisiones del orden de centímetros o incluso milímetros. 

“Además de su uso en actividades cotidianas como topografía, construcción o catastro, las estaciones CORS cumplen un papel fundamental en el ordenamiento del territorio. A partir de sus datos se pueden detectar movimientos lentos de la corteza terrestre, deformaciones asociadas a sismos, asentamientos del terreno o desplazamientos causados por procesos naturales y antrópicos. De esta manera, las estaciones CORS no solo apoyan el desarrollo de infraestructura y planificación territorial, sino que también contribuyen a la gestión del riesgo y al estudio de la dinámica del planeta”, aclara Darwin Baquero. 

En conjunto, una red de estaciones CORS constituye la columna vertebral del marco geodésico del país, la región y el planeta, ya que garantiza que todas las mediciones espaciales se realicen sobre una base tecnológica común, precisa y confiable, asegurando la coherencia y calidad de la información geoespacial utilizada por instituciones, investigadores y la sociedad en general. 
La información obtenida por estas antenas es de acceso público y se puede consultar en el sitio del Instituto Geográfico Agustín Codazzi.
 


La gravedad absoluta se mide con un vértice

Un vértice, que se materializa en terreno de distintas formas, es un punto de referencia permanente donde se realizan mediciones. En el caso del vértice absoluto de EAFIT, se encuentra materializado mediante un cilindro incrustado aproximadamente a 10 centímetros de profundidad, “a este punto se le asocia el valor medido junto con sus coordenadas precisas, lo que permite identificar exactamente el lugar de observación e integrarlo correctamente a la red gravimétrica nacional”, aclara Angélica Gutiérrez, ingeniera catastral y geodesta, profesional del área de gravimetría del IGAC.

La instalación de este punto no solo es competencia del IGAC y el Servicio Geológico Colombiano (SGC), también intervienen el Bureau Gravimétrique International (BGI) y el Institut de Recherche Pour le Développement (IRD), ambos de origen francés. Y por eso, para la última medición, realizada en 2022, el gravímetro absoluto viajó directamente desde el IRD en Francia.

Existen dos tipos de gravímetros: relativos y absolutos. Los primeros miden la gravedad teniendo como referencia otro punto que ya fue medido previamente. De estos hay en Colombia y son los que usan entidades como el Agustín Codazzi o firmas de ingeniería para sus mediciones y exploraciones del terreno.

Los gravímetros absolutos son instrumentos especializados que miden el valor directo de la gravedad local en un punto específico de la superficie terrestre, sin necesidad de utilizar otro valor conocido como referencia. Estos equipos utilizan técnicas avanzadas como la interferometría láser y mediciones de tiempo con relojes atómicos, lo que permite obtener mediciones muy precisas. El principal desafío con los gravímetros absolutos, aclara el subdirector de Cartografía y Geodesia del IGAC, es que son “muy especializados, escasos y costosos, por esa razón el IGAC ha realizado un esfuerzo por conformar alianzas estratégicas con instituciones internacionales que cuentan con estos equipos, que los facilitaron para realizar las mediciones requeridas en el punto MEDE-01 ubicado en EAFIT”.


La imagen corresponde a la medición de la gravedad absoluta del vértice MEDE-01 en 2022, realizada entre Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) – Servicio Geológico Colombiano (SGC) Bureau Gravimetrique International (BGI)  y el Institut de Recherche Pour le Développement (IRD).  

La utilidad de la medición de la gravedad

El valor de gravedad absoluta obtenido en el vértice MEDE-01 es de 977 741,0917 mGal, obtenido con una precisión instrumental de ± 0,01080 mGal. Pasando de los números y cifras a palabras entendibles por personas del común, este número indica qué tan fuerte es la gravedad en este lugar y su utilidad real aparece cuando se compara con otros vértices cercanos o con un modelo de referencia. Así lo expresa la geodesta Angélica Gutiérrez: “a partir de esas comparaciones es posible identificar variaciones del campo gravitacional que sí pueden asociarse a cambios de distribución de masas del subsuelo, diferencias topográficas o efectos geológicos regionales”.

Con respecto a los números asociados a la precisión, la ingeniera catastral y geodesta Paula Galeano, también del área de gravimetría del IGAC, complementa diciendo que “la precisión ± 0,01080 mGal significa que la medición es altamente confiable y que el valor real de la gravedad en el vértice se encuentra dentro de ese rango, lo que garantiza la calidad del dato para análisis posteriores”.

Por eso, más que explicar el número, este dato se convierte en base fundamental para estudios gravimétricos, cuyo significado se fortalece al analizarlo en conjunto con otros puntos de la red. 

Aunque las variaciones de la gravedad pueden ser imperceptibles para las personas, sí son relevantes para la ciencia, “porque pequeños cambios en la gravedad nos hablan de la densidad en el subsuelo. Entonces es importante en la construcción. También utilizamos pequeñas variaciones en la gravedad para encontrar recursos en el subsuelo como depósitos de minerales, hidrocarburos o gases. Estas anomalías en la gravedad se detectan gracias a los puntos de gravedad, porque si bien se mide en el sitio se tiene que comparar con un punto de referencia”, explica el profesor David Santiago Avellaneda.

Conocer la gravedad absoluta es útil para determinar la forma de la tierra, pero también tiene aplicaciones en cartografía, calibración de sistemas satelitales, análisis geodinámicos, sismos tectónicos, ingeniería civil, catastro y determinación de alturas físicas. En general, cualquier actividad humana que requiera conocer, utilizar o comunicar una ubicación precisa en el espacio, necesita un marco de referencia confiable y estandarizado, el cual es provisto por puntos de referencia geodésicos, como el que está ubicado en Medellín, exactamente en el Bloque 18 de EAFIT, al interior de la Librería Acentos.

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El 86 % de los grupos de investigación de EAFIT está en las máximas categorías de Minciencias

Febrero 3, 2026

En la más reciente Convocatoria Nacional para el Reconocimiento y Medición de Grupos de Investigación e Investigadores, el 69 % de los grupos de investigación de EAFIT quedaron clasificados en la máxima categoría A1 y el 17 % en la A.

En total, el 86 % de los grupos se ubican en las máximas categorías, un crecimiento frente al 74 % registrado en 2021. En esta medición, además, el porcentaje de profesores investigadores eafitenses en categorías Senior y Asociado pasó del 24 % al 31 %.
 

EAFIT consolidó su liderazgo en investigación tras los resultados de la Convocatoria Nacional de Minciencias 2024 para el reconocimiento y medición de Grupos de Investigación y para el reconocimiento de investigadores del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, que se conocieron a finales de 2025. Actualmente, la Universidad tiene 29 grupos de investigación, y el 86 % se ubica en las categorías A1 y A, un crecimiento 12 puntos frente al 74 % registrado en 2021. 

En cuanto a investigadores, los resultados también reflejan un fortalecimiento de las trayectorias de los eafitenses. En esta medición, de los 347 profesores de planta activos, 102 ascendieron de categoría y 217 se mantuvieron. En comparación con la medición anterior, del año 2021, el porcentaje de profesores investigadores en categorías Senior y Asociado pasó del 24 % al 31 %, consolidando capacidades de alto nivel y liderazgo académico en la institución.

Estos logros fueron destacados, este 2 de febrero, durante el evento de Reconocimiento a la excelencia en CTeI, un espacio institucional en el que la Universidad celebró los esfuerzos individuales y colectivos alcanzados en el marco de la convocatoria de Minciencias. El encuentro se convirtió en un momento de reflexión sobre el papel de la investigación en la Universidad y su contribución al desarrollo del país.

En su intervención, Antonio Julio Copete Villa, vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación de EAFIT, resaltó el valor institucional de estos reconocimientos: “Estos resultados evidencian el desempeño a lo largo de muchos años y décadas de trabajo. No son producto de un solo artículo o de una clase, sino el resultado de la suma de una cantidad de producción intelectual que el país reconoce y que nosotros, como Universidad, honramos”.

Durante la jornada, se resaltó al ecosistema de CTeI de la Universidad como un sistema vivo, dinámico y colectivo, en el que los grupos de investigación y sus integrantes son su fuerza esencial. Desde el rigor académico, la curiosidad intelectual y el compromiso ético, la investigación que se desarrolla en la Universidad dialoga con la sociedad y responde a los desafíos actuales.

Por su parte, César Tamayo Tobón, decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno, subrayó el carácter procesual y colectivo de la investigación: “Hacer ciencia y creación puede ser un camino solitario e ingrato en un país como el nuestro. Por eso, nuestra solución es crear una comunidad científica como esta, que nos haga sentir menos solos y que celebre esa tenacidad y la construcción de comunidad”.

La CTeI en EAFIT: un eje de crecimiento

Desde la Dirección de Investigación de EAFIT, Ricardo Mejía Gutiérrez, enfatizó el posicionamiento de la Universidad en el contexto nacional. “Realmente hoy tenemos un gran portafolio de proyectos. Hemos ido creciendo, y esos impactos son los que hoy EAFIT puede proclamar que está consolidando y llevando al siguiente nivel. Somos la cuarta universidad en número de patentes y la primera en patentes per cápita en Colombia, gracias al trabajo de los investigadores. Además, la producción científica de alto nivel sigue creciendo”.

El directivo explicó que este crecimiento responde a una visión ampliada de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, en la que la investigación se articula con la formación, la transferencia y el impacto en el entorno. “La CTeI cobra sentido cuando el conocimiento se prepara para ser utilizado y transformar realidades, más allá del paper”, afirmó.

Desde la experiencia de los grupos de investigación, Mariantonia Lemos Hoyos, profesora de la Escuela de Artes y Humanidades de EAFIT y coordinadora del grupo Estudios en Psicología y Cambio Social, destacó el significado de los logros alcanzados y del trabajo sostenido en el tiempo. “El ascenso del grupo a A1 es un reconocimiento al trabajo en equipo y a la construcción de comunidades de investigación con estudiantes de pregrado y posgrado, que precisamente nos permite hacer puentes, no solo al interior del grupo, sino también con otras entidades”.

Con este evento, EAFIT reafirmó su compromiso con la investigación como eje estratégico de su proyecto educativo. Celebrar los resultados de la medición de Minciencias fue también una forma de reconocer trayectorias, fortalecer comunidad académica y proyectar el conocimiento como motor de transformación social y desarrollo sostenible.
 

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En la más reciente Convocatoria Nacional para el Reconocimiento y Medición de Grupos de Investigación e Investigadores, el 69 % de los grupos de investigación de EAFIT quedaron clasificados en la máxima categoría A1 y el 17 % en la A.
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El evento de Reconocimiento a la excelencia en CTeI resaltó el trabajo colectivo y el rigor investigativo de EAFIT.
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Estos son los dos nuevos habitantes de la Biblioteca Digital de Científicos Antioqueños

Diciembre 9, 2025

A este acervo documental llegaron recientemente el médico Francisco Lopera Restrepo, pionero en estudios sobre la enfermedad de Alzheimer, y el físico William Ponce Gutiérrez, referente en física teórica de la región.

Este catálogo, con registros de 19 científicos, es posible gracias al trabajo conjunto de las bibliotecas de EAFIT y la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín, y la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales capítulo Antioquia.

Según los registros, este repositorio ha recibido visitas desde 100 ciudades en 57 países, lo cual evidencia el impacto de este catálogo. Conoce el repositorio aquí. La imagen corresponde a la presentación de los nuevos científicos del repositorio.

Medicina y Física; neurociencia y mecánica cuántica si se quiere mayor especificidad. Puede decirse que poco tiene que ver lo uno con lo otro, pero cuando se revisa el catálogo de científicos antioqueños se percibe una estrecha relación, pues el legado de los investigadores Francisco Lopera Restrepo y William Ponce Gutiérrez, el primero médico y el segundo físico, ya está disponible en este repositorio de producción científica local.

Recuperar el patrimonio intelectual científico de Antioquia y ponerlo al alcance del mundo es el propósito de la Biblioteca Digital de Científicos Antioqueños, que nació en 2011 como una iniciativa de Michell Hermelín Arbaux, en ese entonces profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, quien era integrante del capítulo Antioquia de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Colombia (Accefyn). 

El médico y neurocientífico Francisco Lopera, quien falleció en 2024, fue reconocido mundialmente por sus investigaciones sobre el Alzheimer, aportando avances para la comprensión y tratamiento de esta enfermedad.  El físico William Ponce Gutiérrez, además de haber sido pionero en la consolidación de la maestría y el doctorado en física de la Universidad de Antioquia, ha sido reconocido por su trabajo en física teórica y de partículas.

El proceso de selección de las obras ha pasado por la curaduría de académicos o personas que hayan tenido relación con el investigador, de manera que puedan entregar una recopilación completa de las obras y, en algunos casos, una semblanza. El material bibliográfico de ambos ya está disponible en el repositorio del catálogo.

Para la selección de los científicos que ingresan al catálogo se tienen en cuenta algunos criterios académicos que tienen que ver con el aporte que cada uno de los candidatos ha hecho al conocimiento desde su área de desempeño, “pero también al desarrollo de la ciencia en Medellín y Antioquia en términos de aportes a programas académicos, formación de talento humano, desarrollos de infraestructura para la investigación, entre otras cosas”, precisa Román Castañeda Sepúlveda, profesor de la Universidad Nacional y coordinador del componente académico de la Biblioteca Digital de Científicos Antioqueños. 


La Biblioteca


La articulación para crear este repositorio se formalizó mediante un convenio suscrito entre Accefyn, la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín y la Universidad EAFIT, en el marco del programa Antioquia 200 años. Una de las motivaciones era poner al servicio de la comunidad obras escasas o de difícil acceso, de científicos antioqueños o extranjeros que hubieran desarrollado su carrera en la región.

Según lo explica Patricia Ospina Ospina, jefa del Centro Cultural Biblioteca Luis Echavarría Villegas de EAFIT, “la Biblioteca Digital de Científicos Antioqueños se está consolidando como un espacio relevante que conecta el legado intelectual de la región con las nuevas generaciones de investigadores. Su existencia como recurso abierto facilita el acceso de investigadores, estudiantes y público general a obras de la ciencia en Antioquia”. 

Un trabajo colaborativo como este demuestra cómo diferentes actores pueden colaborar para rescatar y difundir la memoria científica, “también sirve para fortalecer la identidad regional, pues pone en valor la ciencia antioqueña y ayuda a consolidar una identidad local en torno al conocimiento científico”, explica Sonia María Valencia Grajales, jefa de División de Bibliotecas de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín.

El repositorio, alojado en la biblioteca Luis López de Mesa de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, tiene a su vez micrositios dedicados a cada uno de los científicos seleccionados, donde los interesados pueden acceder a su obra completa, así como a semblanzas y material complementario como fotografías, cartas y, en algunos casos, videos.

Para Santiago Zapata Restrepo, coordinador de la Sala de Patrimonio Documental de EAFIT, un proyecto de esta naturaleza, único en el contexto nacional, es relevante porque “aborda la conservación desde la unificación de esas obras representativas de científicos y autores que construyeron historia académica y científica de Antioquia. Como sala de patrimonio documental, nos da un rasgo de identidad en ese quehacer de la conservación patrimonial y se materializa esa convicción de que el conocimiento siga circulando y que sea factible la apropiación de las futuras generaciones”.

Con la más reciente inclusión, el catálogo cuenta con un acervo documental de más de 2.200 registros, correspondientes a 16 autores antioqueños y tres extranjeros, que han realizado su labor científica en la región. Se trata de un repositorio libre y gratuito al que pueden acceder usuarios de todo el mundo. 

Es cierto que esta biblioteca es un repositorio documental, pero también es un lugar de protección del patrimonio intelectual colombiano que permite preservar y proyectar al mundo la memoria de quienes sentaron las bases del desarrollo científico del país. Es también una manera de democratizar el conocimiento a través de los años. Un antídoto para evitar el olvido de estos sabios.

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Según los registros, este repositorio ha recibido visitas desde 100 ciudades en 57 países, lo cual evidencia el impacto de este catálogo. Conoce el repositorio aquí.  La imagen corresponde a la presentación de los nuevos científicos del repositorio.
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Hermanas del Páramo, un documental producido por EAFIT que aborda conflictos ambientales alrededor del agua

Diciembre 2, 2025

Este contenido audiovisual es parte de la estrategia de divulgación de la investigación Megaproyectos hídricos en Colombia y su impacto en la planificación urbana y la sostenibilidad ambiental, realizado desde la Escuela de Derecho. El video revela tensiones entre derechos de propiedad y protección del agua en zonas de páramo.

Conversamos con Irene Agudelo Saldarriaga, estudiante de la maestría en Estudios Jurídicos y asistente de investigación del proyecto, sobre la relevancia de aplicar un caso real a la teoría, y la importancia de realizar divulgación a otros públicos diferentes del académico, en este caso, a través de un producto audiovisual.

El Video documental Hermanas del páramo es desarrollado en el marco de la expansión transmedia de la Revista Universidad EAFIT Descubre y Crea Vol. 58 No. 179 (2024). 


El espacio de los megaproyectos de infraestructura hídrica en Colombia es un proyecto de investigación que se adelanta desde la Escuela de Derecho de EAFIT. Es liderado por la profesora Nataly Montoya Restrepo y le asiste Irene Agudelo Saldarriaga, estudiante de la maestría en Estudios Jurídicos.

Según la profesora Nataly, “una de las cosas que se ha encontrado en esta investigación, es que uno de los factores críticos para la planificación y ordenamiento de las ciudades es la disponibilidad de agua para la satisfacción de necesidades básicas”.

Paralelo a esto, un grupo de hermanas del municipio de Belmira, norte de Antioquia, adelantaban un proceso legal sobre la propiedad y el uso de unos terrenos de su herencia, ubicados en zona de protección ambiental del páramo de Belmira.

Cuando este caso llega a oídos de la profesora Nataly, a la teoría se le suma la realidad, pues en el contexto de esta investigación, “se inicia un trabajo articulado junto al semillero de investigación de Estudios Territoriales y es así como a la investigación se le da una metodología de caso de estudio”, explica Irene.

Por eso el caso de las Hermanas del Páramo sirve para analizar la paradójica situación de muchos páramos del país pues parece haber un conflicto entre los derechos y necesidades de los seres humanos y el cuidado del agua desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental. 

La investigación, que todavía está el proceso, tiene como uno de sus productos divulgativos un video documental  en el que se analiza la situación desde el punto de vista jurídico, ecosistémico-biológico, hidrológico e ingenieril y se plantean preguntas hacia la resolución del caso y otros futuros conflictos ambientales alrededor del agua en Colombia. Es, además, “una manera de descentralizar el saber, que suele quedarse en los anaqueles a los que solo acceden los académicos”, reflexiona Irene. 

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El Video documental Hermanas del páramo es desarrollado en el marco de la expansión transmedia de la Revista Universidad EAFIT Descubre y Crea Vol. 58 No. 179  (2024).
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Acción EAFIT celebra el poder transformador de la ciencia en comunidad

Agosto 25, 2025

El 27 y 28 de agosto se realizará Acción EAFIT, un evento en el que la comunidad académica y el público general podrán conocer proyectos de investigación, alianzas estratégicas y experiencias que fortalecen la cultura científica y conectan el conocimiento con la sociedad.

En esta edición se socializará la nueva política institucional de CTeI, se realizará la feria Universo Semilleros y se presentará la edición No. 180 de la Revista Descubre y Crea, cuyo tema central es el tiempo. La programación completa se puede consultar en este enlace

En EAFIT la ciencia es una experiencia viva que conecta con las personas, los territorios y las realidades del país. Cada semestre, esa convicción se materializa en Acción EAFIT, un evento que se convierte en una celebración del conocimiento y de las múltiples conexiones que lo hacen posible. Este miércoles 27 y jueves 28 de agosto, la Universidad abrirá sus puertas para que estudiantes, investigadores, empresas, entidades gubernamentales y la ciudadanía se encuentren alrededor de la ciencia, la tecnología y la innovación (CTeI). 

“Es importante tener estos espacios en los que enfoquemos la mirada para entender y admirar los avances que hemos tenido como Universidad alrededor de estos temas, enterarnos de todo lo que hacemos en las diferentes escuelas, los grupos y las líneas de investigación, porque definitivamente somos un universo amplio”, afirma Antonio Julio Copete Villa, vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación de EAFIT.

Por su parte, Catalina López Otálvaro, jefa de Apropiación Social del Conocimiento y Divulgación de la misma vicerrectoría, destaca que Acción EAFIT se vincula estrechamente con el Proyecto Educativo Institucional (PEI), en el que la ciencia, la tecnología y la innovación se reconocen como un eje misional. 

“Este evento visibiliza cómo la comunidad académica y sus aliados transforman la realidad a través de la investigación, la creación y la innovación. Además, fortalece la cultura científica institucional y fomenta el diálogo con la sociedad, en coherencia con la visión de una universidad abierta, conectada y comprometida con los grandes desafíos de nuestro tiempo”, dice Catalina.


Dos días de arte, ciencia y conocimiento


Uno de los momentos centrales de esta edición será la socialización de la política institucional de CTeI, un instrumento que orienta la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación en la Universidad. Esta política será presentada el miércoles 27 de agosto a las 9:00 a.m. Enel hall del bloque 20 (Zona Descubre), en una conversación con María Eugenia Puerta, profesora de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería; Ricardo Mejía Gutiérrez, director de Investigación; y Esteban Hoyos Ceballos, decano de la Escuela de Derecho, bajo la moderación del vicerrector Antonio Julio Copete.

Ese mismo día, a las 11:00 a.m. en la Zona Descubre, se realizará la presentación de la Revista Universidad EAFIT #DescubreyCrea, que en su edición 180 reflexiona sobre el concepto del tiempo. La actividad incluirá un concierto y una charla.

La programación de Acción EAFIT también contará con la feria Universo Semilleros, presente ambos días del evento en la plazoleta del Bloque 20 (Zona Wow). Este espacio reunirá a estudiantes de pregrado vinculados a semilleros de investigación, participantes de la Universidad de los Niños, integrantes de los Centros de Interés en CTeI y jóvenes investigadores, quienes compartirán los avances de sus proyectos.

Asimismo, el evento ofrecerá talleres, paneles y conversaciones con aliados de diferentes regiones del país. Entre los invitados estarán representantes de la Alcaldía de Medellín, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y el Ministerio de Educación Nacional, junto con empresas como SOFASA e ISA, que mantienen vínculos estratégicos con EAFIT.

Entre las actividades se destaca Renault Kwid: todo tiene su ciencia, una conversación sobre ciencia, tecnología e innovación en el marco del convenio EAFIT–SOFASA, que tendrá lugar en la Zona Descubre el miércoles 27 de agosto a las 4:30 p.m.

“Acción EAFIT es una gran fiesta de la ciencia; es un evento para fortalecer e incentivar la cultura científica, y para ver que la ciencia y el conocimiento están en todo”, afirma Ana María González Cotes, coordinadora de Cultura y Proyección de la Apropiación Social del Conocimiento, quien destaca el lanzamiento del documental Anfibios y reptiles de Bahía Solano, desarrollado por investigadores de la Universidad, el jueves 28 de agosto a las 6:00 p.m. en la Zona Descubre.

En suma, Acción EAFIT reafirma la visión de que la ciencia y la innovación son procesos colectivos, construidos en comunidad y en permanente diálogo con múltiples actores. La Universidad dispone este espacio para reconocer que el conocimiento compartido es la base para transformar realidades, proyectar futuros sostenibles y reafirmar que EAFIT es escenario de creación y reflexión.
 

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La agenda de Acción EAFIT es abierta y gratuita. La mayoría de las actividades se realizarán en el hall del bloque 20 de la Universidad. La imagen corresponde a una edición anterior de este encuentro.
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La agenda de Acción EAFIT es abierta y gratuita. La mayoría de las actividades se realizarán en el hall del bloque 20 de la Universidad. La imagen corresponde a una edición anterior de este encuentro.
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¿Y si escuchamos la raíz, la termita, el fruto y la roca? Biofilia llega a EAFIT para repensar lo no humano

Julio 29, 2025

El próximo 31 de julio, en el auditorio 38-101 de la Universidad, se inaugurará Relatos humanos de lo no humano, una experiencia museográfica creada por 10 jóvenes investigadores de la Alianza Biofilia, de la que hace parte EAFIT.

Esta exposición convive con Biofilia viajera, una muestra itinerante diseñada por el Parque Explora y apoyada por instituciones del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Ambas experiencias se entrelazan para narrar la biodiversidad y ofrecer un recorrido sensorial sobre nuestra relación con lo vivo.

Hacer audible la raíz, la termita, el fruto y la piedra es uno de los propósitos de Relatos humanos de lo no humano: voces de lo vivo, la exposición museográfica creada por 10 jóvenes investigadores, tutores y colaboradores de la Alianza Biofilia de la Universidad EAFIT, que se inaugurará el próximo jueves 31 de julio a las 5:00 p. m., en el auditorio 38-101 del campus, con una presentación de resultados y un concierto a cargo del grupo El trinar de la montaña.

Esta experiencia se suma a Biofilia viajera, la exposición itinerante liderada por el Parque Explora, y que cuenta con el apoyo de las universidades EAFIT, Pontificia Bolivariana y Los Andes; los institutos Sinchi y Humboldt; la Alianza Bioversity & CIAT; y el Jardín Botánico de Cartagena. Ambas muestras no solo convivirán en el espacio, sino que también se entrelazarán y se amplificarán mutuamente para narrar, desde múltiples lenguajes, la biodiversidad de Colombia.

“Los jóvenes investigadores han estado trabajando en el diseño de una muestra centrada en cuatro temas de biología: la domesticación de las plantas, usando como ejemplo la domesticación del cacao; la diversidad críptica; la diversidad del suelo y los fósiles de plantas, pues EAFIT tiene una de las colecciones más grandes de Colombia”, afirma Carolina Arango Hurtado, enlace técnico de la Alianza Biofilia en EAFIT.

A través del cruce entre arte, ciencia y humanidades, esta exposición propone un gesto de empatía: ¿qué pasa si dejamos de hablar sobre la naturaleza y comenzamos a escucharla? “Queremos contar algunas historias de estas especies sin caer en el error de concentrarnos en lo humano. Para ello usamos una narrativa enfocada en cada uno de los sujetos de estudio, para visibilizar esas voces menos populares que existen en la ciencia, en nuestra biodiversidad y que queremos compartir con la comunidad universitaria”, señala Sebastián Patiño Baena, joven investigador de la Alianza de Biofilia y graduado de Biología de EAFIT.

En lugar de replicar un enfoque contemplativo, esta muestra activa los sentidos y el pensamiento. “Con la idea de expandir la exposición en medios y plataformas diferentes, hay un juego que es virtual. En él trabajé de la mano con una diseñadora interactiva. También tenemos un video, un audio y unas cartas que son un souvenir”, afirma Manuela Vahos Urán, joven investigadora de la Alianza de Biofilia y graduada de Comunicación Social de EAFIT.

Cada elemento presente en la muestra fue construido de manera colectiva, a partir de preguntas éticas, narrativas y sensoriales. “Lo relevante radica en que es el resultado de un trabajo interdisciplinario donde convergen muchos saberes y disciplinas. Es volver tangible lo intangible que sucede en la naturaleza con los seres vivos. Igualmente mide la capacidad de la Universidad para responder a retos que son inusuales para nosotros”, explica Luis Patiño Santa, profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

La exposición es también el resultado de un proceso de formación e investigación con jóvenes de distintas disciplinas, quienes se preguntaron cómo hacer audible aquello que usualmente pasa desapercibido. “Ponemos a disposición del público información que le permite aproximarse de modo más consciente a las formas sutiles pero indispensables en las que se manifiesta la vida. Invitamos a ir más allá de lo que se encuentra en este espacio e imaginar todas las dinámicas silenciosas que nos sostienen, todas las maneras en que estamos conectados con las otras formas de vida como una familia expandida”, reflexiona Luisa Fernanda Montoya Vélez, de la Alianza de Biofilia y graduada de Literatura de EAFIT.

Además del espacio expositivo, la inauguración incluirá una conversación entre quienes participaron en la creación de la muestra. “Les vamos a contar un poco acerca del rol del divulgador, cuál fue nuestro proceso para hacer esta museografía, qué retos tuvimos, por qué es importante divulgar en Colombia y muchas otras cosas que hablaremos con todos los jóvenes investigadores, ya en la etapa final de nuestro proceso en el proyecto”, anticipa Sebastián.

Biofilia: un laboratorio colectivo

La Alianza Biofilia es una iniciativa nacional que reúne a ocho instituciones comprometidas con la investigación en biodiversidad, conservación y divulgación científica, con el propósito de transformar la forma en que nos relacionamos con la naturaleza. Liderada por el Parque Explora, esta alianza busca construir una red de museos de historia natural y cultural en Colombia, articulando esfuerzos entre universidades, institutos de investigación y jardines botánicos que cuentan con colecciones biológicas y trayectorias consolidadas en el estudio de la vida diversa.

Uno de los ejes principales de la alianza es la exposición Biofilia, una muestra museográfica que narra la biodiversidad colombiana a través de lenguajes accesibles, sensibles e interdisciplinarios. Esta exposición ha sido adaptada para siete espacios permanentes y cinco itinerantes, que recorrerán las regiones Andina, Pacífica, Amazónica, Caribe y de la Orinoquía. En Medellín, se exhibe de forma permanente en el Parque Explora hasta enero de 2026, mientras que la Universidad EAFIT acoge una de sus versiones itinerantes.

Además de sus propuestas museográficas, la Alianza Biofilia impulsa programas educativos y de divulgación con enfoque en la formación de nuevas generaciones de científicos. Más de 60 jóvenes investigadores participan en procesos de investigación y creación de contenidos, mientras se ofrecen talleres abiertos y gratuitos de aprendizaje semipresencial (b-learning), centrados en la naturaleza como fuente de conocimiento. Estos esfuerzos apuntan a que más de 400 mil personas reconozcan su papel en la protección de la biodiversidad y propongan acciones para preservar las especies amenazadas del país.

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Jóvenes investigadores de la Alianza Biofilia presentan en EAFIT una experiencia que cruza arte, ciencia y humanidades para narrar la biodiversidad.
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Jóvenes investigadores de la Alianza Biofilia presentan en EAFIT una experiencia que cruza arte, ciencia y humanidades para narrar la biodiversidad.
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EAFIT presenta las Becas Talento en Investigación, con las que aspira fortalecer el ecosistema científico del país

Julio 21, 2025

La Universidad lanza su programa de Becas Talento en Investigación, una iniciativa que busca fortalecer el sistema de ciencia, tecnología e innovación con apoyos para estudios de posgrado. Las becas están dirigidas a personas interesadas en vincularse a proyectos investigativos en distintas escuelas y temáticas estratégicas de la Institución.

La convocatoria estará abierta hasta el 30 de septiembre de 2025. Con este nuevo programa la Universidad amplía su sistema de becas y promueve la formación de talento humano capaz de aportar al desarrollo nacional desde la investigación, la innovación y la creación de conocimiento.
 

Inspirado en la eficiencia de los sistemas biológicos, un desarrollo tecnológico creado en EAFIT busca transformar la manera en que se produce hidrógeno verde. Se trata de un electrodo fabricado en silicio mediante nanotecnología y cuyo diseño imita los canales moleculares de las mitocondrias celulares para optimizar la electrólisis del agua. Este enfoque bioinspirado permite aumentar la eficiencia del proceso y disminuir el consumo energético, lo que lo convierte en una alternativa prometedora y sostenible frente a los métodos tradicionales de producción.

Su líder es el profesor Édgar Alexander Ossa Henao y, junto a él, como integrante del equipo creador, estuvo la ingeniera de procesos Laura Carmona Saldarriaga, quien ha dedicado todo su camino profesional al desarrollo de productos químicos, biotecnológicos y de construcción.

Laura, docente de cátedra de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, ha podido adelantar estos y otros proyectos gracias a una beca que le ha permitido potenciar sus intereses investigativos. Y, como ella, otros investigadores podrán vivir una experiencia similar gracias a las Becas Talento  en Investigación, que tendrá abierta su convocatoria hasta el próximo 30 de septiembre de 2025.

Se trata de otro de los hitos con los que EAFIT continúa conmemorando, con la sociedad y el país, sus 65 años de vida institucional. En este caso, se trata de una iniciativa que apunta a fortalecer el sistema de ciencia, tecnología e innovación institucional, no solo de la Universidad, sino de todo el país.

“Y para cumplir con este propósito sabemos que el talento humano es uno de sus principales componentes. Por eso diseñamos el programa de Becas Talento en Investigación que nos permitirá atraer ese talento humano, innovador, curioso de todo el país, que quiere crear, que quiere contribuir y que quiere transformar”, explica Ricardo Mejía Gutiérrez, director de Investigación de EAFIT.

Son aproximadamente 100 becas, las cuales cubren de manera total o parcial el valor de la matrícula y en algunos casos, puede incluir una ayuda económica para sostenimiento. (Ver recuadro sobre la cómo postularse más abajo en este artículo).

“La formación del talento humano en investigación es clave para cumplir con el reto institucional que tenemos de fortalecer nuestro sistema de CTeI. Pero esto va más allá de los profesores, por eso queremos incrementar el número de estudiantes de nuestros posgrados investigativos para que, con sus proyectos, nutran ese sistema. Eso, cruzado con el aprendizaje, es fundamental para la innovación y el desarrollo”, puntualiza Ricardo.

Y a estas palabras se suma Laura Carmona, quien asegura que tener la posibilidad de acceder a este tipo de apoyos es clave para poder contribuir a la transformación de la sociedad. “La investigación implica, además de pasión y curiosidad, el compromiso de generar conocimiento con potencial para aportar al país.  Y eso requiere recursos económicos. En mi caso tuve la fortuna de contar con este apoyo y espero que la creación de este programa motive a investigadores de todas las regiones a aplicar a esta oportunidad, especialmente en un país donde tenemos mucho por hacer, decir y aportar”.

Formar investigadores para transformar país


Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT, destaca que, en la actualidad, la Universidad cuenta con un sólido sistema de becas que financia entre el 40 % y el 100  % de los estudios de pregrado de los jóvenes talentosos y de excelencia, pero ahora el reto es robustecerlo con nuevas líneas enfocadas en posgrado, como las becas Talento Público dirigidas a líderes del sector público que se presentaron en el primer semestre, y con este nuevo programa de Becas Talento en Investigación.

“Un distrito de ciencia, tecnología e innovación como Medellín necesita capital humano, profesionales que estén interesados en las áreas investigativas. Por eso esta línea, además de consolidar nuestro sistema interno de investigación, también busca aportar a este ecosistema en todo el territorio. Con estas becas le decimos claramente al país que nuestra propuesta es ser más audaces en la consolidación de comunidades de excelencia mucho más rigurosas que contribuyan al desarrollo del país”, puntualiza.

Y ese aporte, en palabras de Antonio Julio Copete Villa, vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación de EAFIT, comienza cuando se entiende y resalta la importancia que tienen los estudiantes en los procesos de ciencia, tecnología e investigación.

“Los indicadores de la Universidad muestran una curva de crecimiento en las publicaciones científicas en los últimos años -casi 200 publicaciones por año-, y si analizamos qué fue lo que pasó, este crecimiento llegó cuando empezamos a incorporar a los estudiantes a los proyectos de investigación a través de la convocatoria de proyectos internos de la Universidad desde 2012 en adelante. Eso ya es una evidencia de la importancia que tienen los estudiantes en estas dinámicas y, con estas becas, queremos impulsar aún más su participación”, agrega.

Para el Vicerrector se trata, además, de una oportunidad que repercutirá más allá del ambiente universitario. “La idea es que los estudiantes no solo se vean como futuros profesores, sino como potenciales fundadores de start-ups de base científico-tecnológica, creadores de política pública en ciencia y tecnología, investigadores en la industria o consultores, entre otros. Va a ser una generación que nos ayudará a abrir los horizontes de todo lo que se puede hacer en el país en materia de CTeI”.

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Las becas Talento en Investigación son otro de los hitos con los que EAFIT continúa celebrando sus 65 años de trayectoria.
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Las Becas Talento en Investigación son otro de los hitos con los que EAFIT continúa celebrando sus 65 años de trayectoria.
¿Y cómo postularse?

 
Estas becas están dirigida a personas interesadas en vincularse al Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) de la Universidad, a través de formación de alto nivel en posgrados investigativos.

Los aspirantes podrán presentarse a alguno de los siguientes programas elegibles y seleccionar una temática de un listado que, previamente, se constituyó al indagar en las investigaciones en las que estaban trabajando los profesores eafitenses. Una vez sean seleccionados podrán cursar su posgrado y vincularse a uno de estos proyectos.

Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería: 



•    Doctorado en Ingeniería  
•    Doctorado en Ingeniería Matemática  
•    Doctorado en Ciencias de la Tierra 
•    Maestría en Ingeniería 
•    Maestría en Matemáticas Aplicadas  
•    Maestría en Ciencias de la Tierra  
•    Maestría en Física Aplicada  
•    Maestría en Biociencias  

Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno: 


•    Doctorado en Economía 
•    Maestría en Economía  

Escuela de Administración: 


•    Doctorado en Administración  
•    Maestría en Ciencias de la Administración

Escuela de Artes y Humanidades: 


•    Doctorado en Artes y Humanidades  
•    Maestría en Estudios Humanísticos

Escuela de Derecho: 


•    Maestría en Estudios Jurídicos


Temáticas

•    Biotecnología, bioeconomía y medio ambiente
•    Ciencias sociales y desarrollo humano con equidad
•    Ciencias de la vida y la salud
•    Cultura y sociedad
•    Tecnologías convergentes e Industrias 4.0
•    Educación
•    Energía sostenible
•    Desarrollo económico y productividad
•    Ciencias básicas y del espacio
•    Ciudades sostenibles

La información completa, los requisitos y el formulario de postulación se pueden consultar en el sitio web de las Becas Talento  en Investigación.
 

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Investigadores eafitenses estudian los efectos de las CSA, modelo que une a familias agricultoras con consumidores urbanos

Junio 19, 2025

EAFIT, en el marco del programa Orquídeas, de Minciencias, lidera una investigación sobre la factibilidad y los efectos de Comunidades que Sustentan la Agricultura (CSA), que conectan a campesinos con consumidores urbanos, creando una red solidaria que garantiza ingresos justos y prácticas sostenibles.

La investigación se realiza a partir de cuatro estudios de caso y busca generar evidencia para impulsar políticas públicas que promuevan modelos de economía solidaria. La Universidad, además, alberga la CSA Camino a la Montaña, en la que participa una familia de agricultores de San Antonio de Prado (Medellín).

De acuerdo con el Informe de la Misión para la Transformación del Campo, elaborado por el Departamento Nacional de Planeación, el 69 % de la población que habita en zonas rurales en Colombia vive en situación de pobreza. Además, una familia campesina gana, en promedio, solo un tercio de lo que gana una familia urbana. Ante esta realidad, las Comunidades que Sustentan la Agricultura (CSA) surgen como una alternativa solidaria que une directamente a familias campesinas con consumidores urbanos (llamados coagricultores en esta iniciativa), promoviendo ingresos justos, alimentos limpios y prácticas sostenibles.

Además de ser parte activa de esta experiencia, Carolina Alzate Gouzy, posdoctoranda en EAFIT con el programa Orquídeas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y cofundadora de la Red CSA Colombia, lidera una investigación que estudia la factibilidad y los efectos de este modelo de economía solidaria a partir de cuatro estudios de caso: dos en el Valle del Cauca y dos en Támesis, Antioquia.

El objetivo de la investigación —en la que Carolina cuenta con el apoyo de Manuela Guevara, joven investigadora, y la tutoría del profesor Juan Carlos Muñoz, de la Escuela de Finanzas Economía y Gobierno de EAFIT— es generar conocimiento científico que contribuya a la formulación de políticas públicas que integren el campo y la ciudad desde una perspectiva agroecológica.

Los primeros hallazgos de la investigación muestran que las CSA ofrecen alimentos que no se encuentran en los mercados convencionales de Tuluá y Medellín, y que los valores en esos sitios superan el 10 % comparado con el valor de la suscripción a la iniciativa. Quienes participan activamente en los espacios de intercambio y encuentro de las CSA desarrollan un fuerte sentido de pertenencia y conciencia, lo que influye en su permanencia en la comunidad.

La diversificación de cultivos en las fincas, además, ha generado beneficios inmediatos tanto en la alimentación de las familias urbanas como en la de las propias agricultoras, transformando positivamente sus dinámicas de producción.

El impacto de las CSA va más allá de los alimentos. Estas comunidades regeneran el tejido social, promueven hábitos alimentarios más saludables y enfrentan con resiliencia los retos del cambio climático. Sin embargo, los desafíos son numerosos. Según Carolina Alzate, uno de los principales es de carácter cultural: “Prevalece la comida rápida, el consumismo que genera la idea que podemos consumir lo que queramos cuando queramos sin tener en cuenta el costo ambiental y social que está por detrás”.

Otro hito clave en ese proyecto ha sido demostrar que “cuando las mujeres rurales lideran procesos de cambio desde sus propias familias y territorios, se generan soluciones sólidas y sostenibles. A partir de experiencias concretas, se han fortalecido prácticas que impulsan la soberanía alimentaria, promueven el uso responsable de los recursos naturales y abren nuevas posibilidades para el desarrollo económico local”, reflexiona Juliana Ortíz Marín, jefa de la Unidad de proyectos en CTeI de EAFIT.

Una red que une el campo y la ciudad

Este modelo, nacido en Japón en los años 70 bajo el nombre Teikei, propone una alianza directa entre agricultores y consumidores para compartir alimentos frescos, agroecológicos y cultivados sin intermediarios. En Colombia, las CSA comenzaron a florecer en 2020 y hoy conforman una red creciente de colaboración, conciencia ambiental y economía solidaria.

Actualmente, existen 18 CSA activas en el país, que benefician a 45 familias agricultoras y más de 350 familias urbanas. Estas alianzas permiten cultivar una diversidad de más de 150 especies alimenticias y promueven la conservación de la biodiversidad. En departamentos como Antioquia, Valle del Cauca, Risaralda y Cundinamarca, las CSA ya no solo se entienden como una práctica de consumo, sino como una acción política y ética que construye comunidad.

“En este caso en particular, además de Antioquia tuvimos la oportunidad de trabajar con el departamento del Valle de Cauca, permitiéndole a los investigadores conocer y dinamizar las realidades de este territorio. Cada investigador o investigadora que viaja a un nuevo territorio por fuera de Antioquia representa el conocimiento, la capacidad técnica y el compromiso de EAFIT con el desarrollo regional y nacional”, explica Juliana, quien agrega que los proyectos de CTeI con alcance regional, nacional e internacional son una de las manifestaciones de la decisión de EAFIT de expandir sus capacidades y conocimiento a nuevos territorios y comunidades.

Para Mónica Martínez Martina, docente del programa de Ingeniería Ambiental en la Universidad Central del Valle del Cauca, su experiencia como coagricultora ha sido transformadora. “Me ha permitido comprender de cerca las dinámicas del campo, las realidades de los campesinos y la importancia de establecer relaciones más justas y humanas en la cadena alimentaria”, afirma. Igualmente, resalta que las CSA son una herramienta poderosa para construir soberanía alimentaria y promover prácticas agrícolas sostenibles.

Desde otra perspectiva, Dayana Quintero Ceballos, agricultora de la CSA El Maná en el Valle del Cauca, destaca el valor de esta conexión directa. “Mi experiencia con la CSA ha sido muy bonita. Esa reconexión con las personas que se alimentan de los frutos de nuestra finca es muy especial. Ya no es solo producir en cantidad, sino crear comunidad en torno a la tierra”, cuenta.

CSA universitaria

Camino a la Montaña, una comunidad que vincula a una familia agricultora de San Antonio de Prado con miembros de la comunidad universitaria, es la CSA que alberga EAFIT. Cada jueves, don Rubén Vélez y doña Luz Dary Gómez preparan canastas agroecológicas que se entregan a los empleados de la Universidad, fortaleciendo así el vínculo entre quienes cultivan y quienes consumen.

“En la práctica, cuando te suscribes a una CSA, ofreces un aporte financiero mensual, el compromiso mínimo es de tres meses, pero la idea es que te quedes con tu familia agricultora siempre. Cada semana recibes una canasta con un promedio de 10 alimentos diferentes, frescos, agroecológicos, directo de la tierra y de las manos de tu agricultor o agricultora”, afirma la investigadora Carolina Alzate.

Dayana coincide con Carolina al decir que en “la CSA se crea una relación más cercana. Se trata de rescatar lo que se ha perdido, valorar el campo, entender que la alimentación de calidad comienza con cuidar la tierra y a quienes la trabajan. Eso, sin duda, nos favorece a todos”.

El programa Orquídeas

El programa Orquídeas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MinCiencias) en Colombia es una estrategia para reducir la brecha de género en ciencia y tecnología, impulsando a doctoras jóvenes e investigadoras. Esta iniciativa otorga financiación a proyectos posdoctorales liderados por mujeres con enfoque en investigación desarrollo tecnológico e innovación.

Según Juliana Ortíz Marín, “desde el proyecto comunidades que sustentan la agricultura - CSA, además de cumplir con los lineamientos del programa, hemos dado un paso más allá al incorporar una perspectiva de género en todas las etapas de la ejecución. No solo el equipo de gestión que acompaña este proceso está conformado en su mayoría por mujeres, sino que también hemos identificado que todas las familias participantes del proyecto son lideradas por mujeres. Esto habla del empoderamiento femenino en el territorio, del rol protagónico de las mujeres en los procesos de transformación social y la gestión de proyectos de Ciencia, Tecnología e Innovación, que le apuestan al cierre de brechas de género”.

Las personas interesadas en conocer más sobre las CSA o en vincularse a alguna de las iniciativas activas pueden comunicarse a los números de WhatsApp 318 640 7962 (Valle del Cauca) o 322 710 7673 (Antioquia).
 

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En los últimos 4 años EAFIT ha gestionado proyectos que impactan 32 departamentos de Colombia, en más de 300 municipios rurales y urbanos del país. En la imagen, una de las visita de la investigadora en la CSA El Maná.
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En los últimos 4 años EAFIT ha gestionado proyectos que impactan 32 departamentos de Colombia, en más de 300 municipios rurales y urbanos del país. En la imagen, una de las visitas de la investigadora en la CSA El Maná.
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Estudiantes eafitenses diseñaron turborreactor que será útil en el proceso de transición energética del país

Junio 17, 2025

El turborreactor plasma, diseñado por estudiantes del semillero de Turbomáquinas de EAFIT, será útil para el mejoramiento de la eficiencia energética  de diversas industrias del país.

Este proyecto resultó ganador en el Innovation Camp 2025, una competencia organizada por el Grupo Ecopetrol y la Red Econova, que reunió a equipos de seis universidades colombianas en torno a los retos de la transición energética.

Un turborreactor es un motor,  y el que han  diseñado los estudiantes del  Semillero de Turbomáquinas de EAFIT, se alinea con las metas de sostenibilidad del país, pues se trata de un sistema que combina algunos de los fenómenos más interesantes de la física cuántica con principios de la ingeniería para lograr un objetivo concreto: electrificar el aire, proceso conocido como “ionización”.

Este procedimiento permite facilitar reacciones químicas que, en la actualidad, requieren grandes cantidades de energía y temperaturas elevadas, que por razones económicas suelen alcanzarse quemando carbón u otros hidrocarburos.

Como lo explica Francisco Javier Botero Herrera, profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de la Universidad y asesor del semillero, “un reactor de plasma ofrece una ventaja significativa para diversas industrias al mejorar drásticamente su eficiencia energética. Esto significa que podemos producir más con los mismos recursos sin necesidad de una gran inversión. Es, sin duda, un elemento clave y atractivo para alcanzar los objetivos de la transición energética”.

Isabella Urán Agudelo, estudiante de Ingeniería Mecánica, resalta que “desde el Semillero de Turbomáquinas hemos venido trabajando desde el año pasado, y más específicamente los últimos dos meses, de manera muy ardua en este proyecto. Nos dividíamos en cuatro comités: financiero, formulación de proyecto, redes sociales y, por supuesto, construcción”. Esta organización interna permitió que cada integrante potenciara sus habilidades y contribuyera de manera decisiva al resultado final.

Y este esfuerzo de un año largo dio sus primeros frutos, pues el proyecto resultó ganador del Innovation Camp 2025, una competencia organizada por Ecopetrol y la Red Econova, que tenía como objetivo desarrollar propuestas innovadoras que contribuyeran a la transición energética del país.

Específicamente para Ecopetrol, este turborreactor permitirá, en sus siguientes etapas de desarrollo, reducir a la mitad la energía requerida para el proceso de producción de hidrógeno gris en Reficar. “Y lo mejor es que será 100 % eléctrico, lo que hará que este proceso —responsable actualmente del 4 % de las emisiones globales de carbono— pueda volverse independiente de la combustión, reduciendo sus emisiones a niveles ínfimos”, afirma Santiago Alberto Vélez Casallas, líder del equipo ganador y coordinador del semillero.

Innovación al servicio de la transición energética 

Las mentes creativas de seis equipos de estudiantes de ingeniería, provenientes de las universidades EAFIT, EIA, UdeA, Pontificia Bolivariana, Universidad Nacional de Colombia, Tecnológica de Pereira y Universidad de la Costa, estuvieron presentes en el Innovation Camp. Durante cinco días, los participantes vivieron una experiencia formativa que incluyó conferencias, talleres, visitas y sesiones de pitch ante expertos del sector energético.

El prototipo  de un  Turborreactor por plasma,  presentado por los eafitenses, se destacó por su enfoque técnico, su viabilidad y su pertinencia frente a los desafíos actuales del sector energético. Se trata de una propuesta que sobresalió por dos motivos clave, “en primer lugar, era una idea innovadora y verdaderamente disruptiva, respaldada por una justificación impecable.
 
Este triunfo, además de evidenciar la calidad académica de los estudiantes, refleja el impacto del trabajo colaborativo entre docentes y semilleros, así como el valor del aprendizaje experiencial. La práctica permitió a los jóvenes aplicar conocimientos, enfrentarse a retos reales del sector y fortalecer su perfil profesional.

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Los estudiantes eafitenses presentaron el proyecto del Turborreactor plasma frente a jurados de empresas como ISA, ISA Intercolombia, Ecopetrol y BATx.
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Los estudiantes eafitenses presentaron el proyecto del Turborreactor plasma frente a jurados de empresas como ISA, ISA Intercolombia, Ecopetrol y BATx.


Como reconocimiento, el equipo eafitense recibió un premio de 250 millones de pesos para llevar a cabo su propuesta, lo que representa una oportunidad concreta para transformar su idea en una solución de alto impacto.
“Esta iniciativa nos enseñó cómo formular un proyecto no solo desde el ámbito académico, sino desde un nivel más profesional y laboral, ya que nos hizo mostrar el proyecto ante industrias grandes como Ecopetrol, ISA y otras entidades extranjeras”, destacó Jerónimo Piedrahita Franco, estudiante del pregrado en Ingeniería Mecánica.

Para Daniel Tobón Espinosa, profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, el solo hecho de participar ya representaba un reto importante. “Ser ganadores nos da mucha más energía para continuar con este tipo de proyectos, sobre todo en el análisis energético y en la solución a las comunidades y a la industria, que finalmente es lo que nosotros como ingenieros siempre buscamos hacer”. 

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