Preguntar, jugar, conversar y experimentar, la brújula de Universidad de los Niños

Marzo 22, 2021

Este programa de EAFIT para niños, niñas y adolescentes es referente en apropiación social del conocimiento. Las dos coordinadoras que ha tenido el programa dialogan sobre cómo se construyó y desarrolló esta iniciativa, así como las claves de su éxito.

La creación de la primera Universidad de Niños en Tubinga (Alemania), en 2002, supuso una ruptura en la idea de “universidad”.

Era una nueva variable en una ecuación educativa de vieja data, una desafiante pregunta al concepto y a la configuración de la educación superior y su conexión con otras etapas de la formación de una persona.

En la actualidad, existen numerosas iniciativas educativas y de comunicación de la ciencia que se reconocen como “universidades de los niños”, cada una con sus particularidades.

Sin importar su enfoque, coinciden en objetivos misionales que fueron consignados en el Libro Blanco publicado por la Red Europea de Universidades de los Niños (Eucunet): facilitar el encuentro entre la infancia y la comunidad universitaria, fortalecer la curiosidad y el pensamiento crítico, comunicar qué es una universidad y cuál es su papel en la sociedad, hacer de las universidades espacios abiertos y receptivos, acercar a los niños y niñas a las ciencias, y facilitar a los jóvenes la comprensión de sus opciones educativas en el futuro.

Aunque populares en Europa, las universidades de los niños son escasas en América Latina. De hecho, la Universidad de los Niños EAFIT (Uniños) es un referente regional.

Este programa inició en el año 2005, cuando el entonces rector de la Universidad EAFIT, Juan Luis Mejía Arango, le formuló la idea a Ana Cristina Abad, en ese momento jefe del Departamento de Comunicación y Cultura.

El proyecto pretendía ser un experimento con motivo de los 45 años de la Institución, pero resultó tan exitoso que ya completó 15 años.

Impacto en 15 años de existencia

33.699 niños y niñas en actividades que estimulan la curiosidad (3.458 en campus).

Cerca de 2800 maestros escolares y mediadores en estrategias de formación.

250 profesionales en investigación como asesores en experiencias de aprendizaje.

569 estudiantes de pregrado formados en metodologías de educación y comunicación de la ciencia.

Aproximadamente 360 talleres diseñados y realizados.

572 instituciones de educación básica y media vinculadas

Casi 50 proyectos desarrollados en la ciudad y el departamento.

48 ponencias y artículos de divulgación.

¿Cuáles han sido las claves que han llevado a la Universidad de los Niños EAFIT a convertirse en un programa líder en la ciudad y el país? Ana Cristina Abad, su primera jefe –hoy Gerente de Comunicaciones e Identidad Corporativa del Grupo Sura e integrante del Consejo Superior de EAFIT– y Ana María Londoño, su líder actual, conversan sobre el origen y desarrollo del programa, su filosofía, logros, avances, dificultades y problemas.

Ellas hacen un recorrido por esos 15 años de aquella relación antes inédita entre niños, niñas y adolescentes con investigadores, la ciencia y otras formas de conocimiento.

Este programa de EAFIT para niños, niñas y adolescentes es referente en apropiación social del conocimiento. Las dos coordinadoras que ha tenido el programa dialogan sobre cómo se construyó y desarrolló esta iniciativa, así como las claves de su éxito.

Entre la educación y la comunidad científica

La Universidad de los Niños EAFIT se planteó en sus orígenes para conectar la universidad con la educación básica y los maestros. ¿Qué tanto ha logrado eso?

Ana Cristina Abad: Es tan evidente lo que se ha logrado que tiene ya 15 años. Con las gafas puestas de ese primer momento, veíamos que había un problema en la forma como estaban llegando los chicos a la universidad.

Nos inquietaba conocer sus vacíos y entender las desconexiones entre lo que pasaba y le interesaba al colegio, y la educación superior.

De ahí partimos y con el tiempo se han construido relaciones y establecido finalidades que en principio no estaban claras, pero que ahora, con la dirección de Ana María, quizá tomaron forma.

En Colombia tenemos una educación por estancos o cajas, un asunto de nuestro sistema educativo que de alguna manera Uniños suaviza promoviendo un vínculo más fluido entre las habilidades sociales para la vida y las habilidades investigativas para niños y jóvenes.

Dos mujeres conversando en un entorno natural con árboles y plantas.

Ana Cristina Abad (izquierda) y Ana María Londoño han liderado en dos momentos la Universidad de los Niños, programa que ya tiene 15 años de vida. 

Foto: Róbinson Henao

 

¡Y cuidado!, este no es un programa de mercadeo: es de apropiación social de la ciencia y el conocimiento. Si bien tenemos casos de éxito maravillosos de egresados de Uniños que estudian en EAFIT, hay otros jóvenes que decidieron estudiar en otras instituciones, pero que conservan la impronta de Uniños.

Ana María Londoño: Hemos entendido la complejidad de cambiar esa visión de la educación por estancos. Por eso nos hemos acercado a la educación básica y media, y para nosotros ha sido fundamental tratar de entendernos. Cuando nos acercamos a una institución educativa, lo hacemos en distintos niveles: con el rector, los coordinadores y los profesores; eso ha permitido que todos comprendamos cómo funcionamos y cómo articularnos.

Un símbolo de esta conexión es el grupo de maestros escolares con el que realizamos talleres. Vivimos experiencias bellísimas que buscamos que sean replicadas en sus colegios, y lo hacemos desde que iniciamos el programa. Claro, hemos puesto en marcha muchos experimentos y cambios a medida que aprendemos y entendemos el escenario, pero los maestros han estado ahí desde el primer momento como aliados, replicadores, críticos y cómplices. Así hemos tejido esos lazos de los que habla Ana Cristina.

Uniños se mueve en la delgada línea entre la educación y la comunicación de la ciencia. ¿Qué preguntas le ha propuesto a la educación?

Ana María Londoño: Las primeras preguntas sobre el formato Uniños, esto es, tener a la infancia en un campus diseñado para adultos, las formulamos en ese entonces de la mano de Tita Maya [Luz Mercedes Maya Agudelo, pedagoga y formadora a través de la música y las expresiones artísticas; dirigió el Colegio de Música de Medellín y creó la Corporación Cantoalegre y la Fundación Secretos para Contar].

Allí se definió cómo íbamos a estar dentro de las aulas, pero haciendo de ellas espacios de interacciones diversas. Y el formato taller nos permitía eso. Además, ritualizamos esos talleres, lo cual es algo muy importante que también hicimos con Tita y la pedagogía Waldorf [propone al estudiante ser activo en su propio aprendizaje, individualiza el proceso educativo, integra a las familias, y fomenta la creatividad, el espíritu crítico y las competencias artísticas].

Construimos esos talleres con gestos y símbolos, como son el círculo, tener bitácoras, darle la palabra a los niños y ponerlos en interlocución con los investigadores. Son maneras con las que cuestionamos la clase tradicional y las formas para acercarnos al conocimiento. Un gran cuestionamiento que le hicimos a la educación fue elegir precisamente la pregunta como eje para la metodología Uniños.

A esta decisión llegamos a través de un trabajo de campo que hizo Ana Cristina cuando formuló el proyecto y la experiencia del exrector Juan Luis Mejía como educador y Secretario de Educación. El objetivo siempre ha sido partir del interés, el asombro, la curiosidad y los cuestionamientos que los niños le plantean al mundo.

Ana Cristina Abad: Yo agrego el pensamiento crítico. Los niños no son cajas vacías que uno va llenando como si se estuvieran acumulando fichas. El pensamiento crítico cuestiona la perversidad de la meritocracia, la acumulación de títulos sin consciencia. Esa es una de las grandes preguntas que le ha hecho la Universidad de los Niños al sistema educativo. Una educación para el pensamiento crítico implica pensar en quién estamos formando como individuo y como ciudadano político en el gran sentido de la palabra.

Hoy necesitamos más que nunca, en este momento de crisis humanitaria y crisis pandémica, compromisos y conciencias críticas, personas que tengan capacidad de hackear el sistema, de hacerle preguntas al maestro, de permitirse ampliar otros horizontes posibles basados en su curiosidad. Esa ha sido una de las grandes tareas de Uniños.

Ana María Londoño: Para nosotros fue fundamental el planteamiento del libro Frankenstein educador, de Philippe Meirieu.

Ana Cristina Abad: Ese libro fue revelador. ¡No estamos formando robots ni llenando un álbum de láminas! Estamos construyendo seres pensantes, curiosos, críticos, con consciencia ambiental y social. Ahora, Uniños entrega una manera de observar para que el sistema educativo se pueda repensar, pero no es la panacea.

Bajo las dificultades a las que se enfrenta hoy un profesor, más aún en tiempos de pandemia, con los contextos y las realidades de cada niño, no es fácil la curiosidad ni en la educación pública ni en la privada. Lo más interesante de este programa es eso, que está viendo al niño sin los estereotipos socioeconómicos.

Ana María Londoño: La invitación que le queremos hacer a los maestros no pasa por decirles “esto se hace así” porque Uniños, como laboratorio, funciona diferente a realidades complejas en las que algunas cosas no funcionan. El asunto no es qué le preguntamos a la educación, sino qué nos preguntamos sobre la educación y de qué manera esa pregunta ha nutrido el programa, la conversación y el diálogo con los maestros, con los investigadores, y de qué forma estos encuentros cambian la percepción y prejuicios sobre cómo es un auditorio de niños.

Niños en una actividad con sombras de la luz.

Las etapas de Uniños son: Encuentros con la pregunta, Expediciones al conocimiento, y Retos y proyectos de ciencia. Foto: Róbinson Henao

 

¿Qué preguntas le ha propuesto Uniños a la comunicación de la ciencia?

Ana Cristina Abad: Con Uniños, lo que estamos diciendo es que la investigación no solo se hace en la universidad. Una pregunta frente al mundo también la puede hacer un niño y esa curiosidad es válida para la ciencia.

Tú puedes ir construyendo un camino, una conciencia crítica, una relación con la pregunta, una relación a partir de la conversación con tus maestros que te lleve a, por qué no, en un futuro relacionarte de una manera genuina con la investigación y que sea menos estigmatizada como una posibilidad de “gente con cierto tipo de competencias y capacidades”.

En ese ejercicio nos parecemos un poco a esa institución par que es el Parque Explora, porque buscamos mostrar que la ciencia también es divertida y que una pregunta se puede formular desde lo cotidiano.

Hoy, más que nunca, la comunicación de la ciencia debería ser un tema de conversación más que un tema de estudio que nos permita a todos aprender de la ciencia.

Cuando hablo de comunicación de la ciencia me refiero a tener conversaciones transversales con ella: es la ciencia y la música, la ciencia y las artes, y también la ciencia como ciencia per se. Es decir, no está allá en una urna de cristal para cierto tipo de personas, sino un modelo de comunicación democrático.

Ana María Londoño: La democratización del conocimiento es clave. La pregunta es cómo abrimos la universidad para mostrar sus maravillas, pero también para poner en evidencia sus humanidades, subjetividades y debilidades. Ahí tenemos una de las cosas más bellas del programa: esos momentos en los cuales los niños ponen en jaque a las investigaciones científicas y a personas que llevan muchísimos años en su proceso de investigación.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Del otro lado, tenemos aquello que el niño trae y se lleva para compartir. Cuando nos acercamos a la conceptualización que hizo la Red Europea de Universidades de los Niños trabajamos mucho con un esquema que presenta cómo una universidad de los niños abre un mundo de conversaciones de corte científico en el entorno de vida del participante.

Ese diálogo no se limita a lo que pasa en el taller. Ahora, también hemos entrado en diálogo con las discusiones nacionales y regionales sobre la comunicación de la ciencia. En este tiempo nos hemos preguntado por la práctica, gestión, producción y distribución del conocimiento científico para plantear problemas y proponer alternativas, estrategias, formatos y mediaciones que nos vayan acercando al complejo concepto colombiano de apropiación social del conocimiento.

Nosotros nos hemos pegado de las precisiones a las que ha llegado el país sobre apropiación social del conocimiento para plantearnos preguntas, para intentar llegar a más personas, contar quiénes son los investigadores, desmitificar su figura e intentar nuevos formatos. Se trata de leer sensiblemente nuestro contexto, capitalizar lo que tenemos en la Universidad y ponerlo en circulación, pero también ser críticos y permitir que la universidad sea cuestionada, interpelada, que haya debate... ¡Eso también es abrir la universidad!

Finalmente, también hemos aportado en el marco de las políticas públicas. Ese es un proceso mucho más lento, pero interesante. Minciencias reconoce que Uniños escogió a un público desatendido dignificando la relación que tienen los niños y los jóvenes con la ciencia y sumando a un formato que lleva más de 20 años en Colombia que es el programa Ondas, el cual tiene como objetivo impulsar a niños, niñas y jóvenes a desarrollar actitudes y habilidades para encontrar opciones en la ciencia y la investigación.

El objetivo siempre ha sido partir del interés, el asombro, la curiosidad y los cuestionamientos que los niños le plantean al mundo.

Un proyecto de emociones

Hasta el momento, ¿cuál ha sido el legado que Uniños ha construido para EAFIT, la ciudad y el país?

Ana María Londoño: Posicionar a los niños como interlocutores, como actores, como productores de conocimiento. Esa ha sido una batalla que hemos dado defendiendo su presencia en los espacios de discusión académica y de participación ciudadana. Y eso ha cambiado la opinión y percepción de estudiantes, investigadores, empleados y muchos actores sociales.

Ana Cristina Abad: Para responder, quiero recordar a Jorge Wagensberg. Él fue uno de los grandes teóricos que usamos para construir la metodología. En una ocasión nos visitó y nos entregó su libro El gozo intelectual con esta frase escrita: “Que siempre la incertidumbre te sea favorable”. Uno de los legados que tiene este programa es ese; aunque tiene una ruta, un norte, mantiene cierto matiz de incertidumbre que le permite explorar. Eso es un legado interesantísimo: no estar lleno de certezas, tener algo de incertidumbre.

Ana María Londoño: Otro legado es su metodología que se ha construido a pulso con las personas, la práctica, las lecciones aprendidas, las conversaciones. Se basa en cuatro pilares: la pregunta, el juego, la conversación y la experimentación. En la práctica, esos cuatro elementos se ponen en funcionamiento para crear experiencias y contenidos. Veo en esa metodología una buena brújula. Con la pandemia nos tuvimos que reconstruir, pero con la ayuda de esa brújula ganamos sentido de orientación, principios y arraigo. Implicó movenos entre la tradición y la novedad, eso nos permitió hacer giros interesantes.

Ana Cristina Abad: En una conversación hermosa que tuvimos en la Universidad con Beatriz Restrepo, esa gran filósofa de esta ciudad que fue tan valiosa para la educación, se planteaba lo importante de poner en el seno de la conversación al niño y al joven, como decíamos ahora, como un ser autónomo y legítimo. Ese es un legado del programa porque es precisamente lo que hace Uniños.

¿Qué objeto o recuerdo representa mejor su experiencia con Uniños? ¿Cuál es la historia detrás de ese recuerdo?

Ana María Londoño: El mío es una colección de lápices que elaboramos y que representan la oportunidad de escribir “a lápiz”. Eso es algo que valoro mucho de Uniños: he podido escribir, borrar, volver a esquematizar, dibujar encima y pasarles resaltador a las ideas porque Uniños permite la experimentación. De todos los lápices escogí el que sacamos con motivo de los 45 años de la Universidad EAFIT. Si hay una ocasión especial, elaboramos un lápiz especial. Para mí es un ritual y un objeto poderoso.

Ana Cristina Abad: Si pienso en Uniños, recuerdo personas. Para mí, el programa es una conjunción de voces disímiles, contrastantes, una sinfonía de chispazos emocionales e intelectuales, un grupo de trabajo increíble que al principio estaba en el Departamento de Comunicación y Cultura, y que recibió todo el apoyo de los directivos de ese momento, principalmente del rector, Juan Luis Mejía Arango.

También tengo recuerdos hermosos de los primeros investigadores que trabajaron con nosotros, como Juan Diego Jaramillo, Daniel Velásquez y Juan Darío Restrepo, quienes nos creyeron con una fe mística porque no había nada, solo un experimento física e intelectualmente nuevo para la Universidad. La lista es gigante, todos se acercaron como orbitando a este planeta y siempre le encontraron sentido.

El científico y divulgador español Jorge Wagensberg fue una gran inspiración y apoyo. También debo reconocer el apoyo de la Universidad de Viena y ese equipo maravilloso que formó Eucunet. Todos los que hemos hecho parte de Uniños le hemos encontrado esa mística que produce trabajar con investigadores, maestros escolares, talleristas y niños y jóvenes. Ese es mi gran recuerdo, la trayectoria de personas que han hecho posible que esto tenga 15 años. ¡Lo digo con mucha satisfacción!

¿Qué debería pasar en los próximos 15 años en Universidad de los Niños?

Ana María Londoño: Nos hemos interesado profundamente por la incidencia en el sistema educativo y científico. Realmente tocar el aula de clase es una meta. Dinamizar la relación de la Universidad con el entorno familiar, llegar a la sala, a la conversación cotidiana es una meta insesante del programa.

Articular más actores diversos sobre la necesidad de que nuestra sociedad tenga como base el conocimiento, y que esta visión articule a las universidades aún más con sus contextos y actores. A través de los proyectos que hemos realizado con aliados vamos cumpliendo algunos de esos sueños y abrimos camino para más oportunidades: alianzas interinstitucionales, encuentros de diversas generaciones, municipios de Antioquia, entre otros.

Ana Cristina Abad: Compartimos sueños y visiones, hemos hablado de llegar a la ruralidad y tener más acciones en la política pública de educación. También hay un reto frente a la capacidad del programa: si uno de los límites que tenemos es la cantidad de participantes que podemos recibir, qué bueno que otras universidades pudieran tener este mismo programa para que más niños y jóvenes puedan participar en proyectos de comunicación de la ciencia.

También hay un reto frente a la juventud. Es difícil ese período de no ser ni niño ni adulto. ¿Qué le pasa a la juventud de este país? ¿Dónde está? ¿Por qué los jóvenes deciden hacer lo que hacen? Cuando entran a una universidad, ¿qué se están imaginando? Y eso que imaginan, esos sueños, ¿se cumplen cuando terminan su formación?

Ana María Londoño: También hemos tenido un sueño loco: ir a las cárceles, los hospitales…

Ana Cristina Abad: Ese ha sido un sueño desde el principio, tenemos una deuda social inmensa con la gente que ha tenido mayores límites y dificultades para sobrevivir. ¿Cómo insertar la metodología y el programa en espacios y contextos que habitan las personas menos favorecidas? ¿Y las cárceles, los hospitales, las instituciones para el cuidado de la salud mental?

Ana María Londoño: Esos son sueños que hemos tenido por mucho tiempo y que son alicientes para seguir trabajando en los próximos 15 años.

Autores

Andrés Felipe Giraldo Cerón

Colaborador.

Categoría de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas

Innovación educativa, en el centro de Imaginar Futuros

Mayo 2, 2022

Este laboratorio ha transformado los ambientes de aprendizaje de cientos de instituciones de educación básica y media en el país.

En la actualidad, es un soporte del Ministerio de Educación, con el que sigue desarrollando avances por un aprendizaje más acorde con el mundo contemporáneo.

La pandemia de la covid-19 afectó duramente las actividades académicas del país. Los expertos más optimistas apuntaron a que las brechas que causó podrían cubrirse en cinco años. No obstante, Diego Leal Fonseca, director adjunto del Centro Imaginar Futuros de la Universidad EAFIT y experto en innovación educativa, estima que los efectos de ese aislamiento obligatorio se notarán, incluso, hasta el 2030.

Pero hay una mirada optimista. Los retos, exigencias y planes de acción implementados durante la pandemia, para fortalecer el ya deteriorado sistema educativo, abrieron una nueva puerta a expertos para analizar cómo era posible vigorizar el Ecosistema Nacional de Innovación Educativa.

Uno de ellos fue Leal, quien viene aportando al mejoramiento de este tema, tanto en ámbitos regionales como nacionales, junto con su equipo del Centro Imaginar Futuros, un laboratorio que tiene como propósito fortalecer las capacidades de los diferentes actores que conforman el ecosistema educativo nacional.

Pero ¿qué entender por ecosistema educativo? Según Leal, “cuando nosotros pensamos en un ecosistema de innovación educativa, estamos pensando en esa perspectiva biológica que habla de actores, relaciones, conexiones, y cómo se pueden dar nuevas posibilidades para reimaginar lo que se hace, aplicando la innovación educativa, que no solo pasa por el mejoramiento tecnológico".

Bajo esa perspectiva, uno de los grandes retos es lograr una articulación entre distintos niveles educativos, con el fin de entender cuáles son las realidades y dificultades de los estudiantes y cómo pueden superarse, más aún en tiempo de pospandemia.

Esta mirada holística propuesta por el Centro Imaginar Futuros, que pretende superar un viejo modelo educativo que está al margen de las exigencias de la actualidad mundial, lleva más de una década de aplicación. Una de sus primeras intervenciones fue en el municipio de Itagüí y los efectos positivos de su mediación aún repercuten.​​

Experiencia novedosa​​​​​​​​​​​

Con el inicio de la gestión de Carlos Andrés Trujillo en 2012 como alcalde del municipio de Itagüí, la nueva administración comenzó a cuestionar el modelo tradicional de educación y se dio a la tarea de buscar asesorías que le permitiera implementar nuevos procesos de aprendizaje.

“En ese orden de ideas tuvimos una asesoría inicial de la exministra de Educación Cecilia María Vélez, quien nos recomendó, además, que enlazáramos la conversación con la Universidad EAFIT", recordó el secretario de Educación, Guillermo León Restrepo.

En aquel entonces, el estudio de las condiciones educativas de ese municipio del sur del área metropolitana fue liderado por Claudia María Zea, experta en temas de innovación educativa, aprendizaje digital y colaborativo, formación de docentes y producción de contenidos digitales. 

Miles de niñas, niños y adolescentes se han beneficiado en todo el país con la propuesta de innovación educativa.

Zea y su equipo realizaron un diagnóstico del sistema educativo para luego desarrollar, de manera específica, un plan de tecnologías aplicadas a las aulas escolares en 24 instituciones educativas, con 38 sedes, 580 aulas  y 1.300 directivos y docentes.

Fue así como nació el Plan Digital Teso, que hoy lleva el nombre de Plan Digital Itagüí. Esa intervención se estructuró en cuatro ejes temáticos: evaluación de la infraestructura tecnológica; replanteamiento de los procesos de formación de aprendizaje de estudiantes, maestros y funcionarios; desarrollo de una estrategia de gestión de innovación, desarrollo e investigación; y aplicación de indicadores de gestión de las tres líneas ya citadas. 

De este modo, se trazó una visión al 2023 en su Plan Educativo Municipal, que refleja el proceso evolutivo iniciado en 2012. Esa estrategia se tradujo en inversiones en ambientes de aprendizaje, mayor conectividad y sinergia entre los diferentes actores, y los estudiantes se convirtieron en el capital más importante. 

​“Cuando nosotros pensamos en un ecosistema de innovación educativa, estamos pensando en esa perspectiva biológica que habla de actores, relaciones, conexiones, y cómo se pueden dar nuevas posibilidades para reimaginar lo que se hace". Diego Leal Fonseca, director adjunto del Centro Imaginar Futuros de la Universidad EAFIT.

Miradas más amplias

La experiencia lograda en Itagüí llevó a los expertos de EAFIT a dar un salto cualitativo en sus pretensiones pedagógicas. Se pasó, según Leal, de instruir a unos pocos docentes entusiastas a desarrollar espacios de formación para cientos de maestros, directivos y funcionarios.

“Ya no estábamos hablando de trabajar solamente con unos cuantos docentes. Ahora pensábamos que queríamos despertar ciertas capacidades en el profesor para convertirlo en promotor y gestor de la innovación educativa; y nos preguntamos cuáles eran las capacidades a desarrollar en un directivo-docente, con el fin de que este pudiera entender qué está pasando en las aulas", recordó el experto. 

Mejorar los entornos escolares y dotarlos de tecnología son logros tangibles de este enfoque basado en la innovación. 

Y agregó que este ejemplo expone la mirada integral y ecosistémica, en el que los roles se reconfiguran y los estudiantes ya no se conciben como actores pasivos en su proceso, sino como personas que pueden contribuir a la vida de su institución educativa.

Luego de esta intervención local, el equipo de trabajo de innovación educativa de la EAFIT tuvo la oportunidad de escalar su experiencia en 2015. De la mano del Ministerio de Educación, logró intervenir en 200 instituciones educativas de diversas regiones del país.

Al año siguiente, la Secretaría de Educación de Bogotá solicitó sus servicios para desplegar una estrategia, similar a la de Itagüí, en 383 instituciones educativas de la capital de la República. 

“Hicimos, por un lado, un ejercicio de desarrollo de capacidades entre profesores, fortalecimos las redes autónomas de estudio y el trabajo entre la Secretaría y los docentes. Meses después, nos encontramos con que esta lógica de ecosistema fue importante para darle la vuelta a un relato de escepticismo sobre nuestro trabajo", aseguró Leal.

En los últimos años, el Centro Imaginar  Futuros, de la mano de la subdirección de Fortalecimiento Territorial del Ministerio de Educación, hizo un acompañamiento técnico de apoyo a todas las secretarías de Educación del país en la formulación e implementación de sus Planes de Innovación Educativa Territorial. El modelo ecosistémico cobró entonces una lógica nacional, enfocado en la educación básica y media.

De allí nació, en 2019, el proyecto Co-Lab, el Laboratorio de Innovación Educativa para la Educación Superior, adscrito al Ministerio de Educación, y del cual Leal y su equipo hicieron parte. En su sitio web se encuentran referentes, buenas prácticas, diálogos sobre las posibilidades y retos del sector, recursos digitales abiertos y acciones de acompañamiento entre pares.

A este avance se sumó otro proyecto: el Observatorio de Trayectorias Educativas, liderado por el Ministerio de Educación y que tiene como objetivo promover estrategias que potencien la trayectoria de los estudiantes, gracias a información suministrada por amplias bases de datos que recogen sus vidas académicas.

Al reflexionar sobre todas esas experiencias, Leal consideró que la actualidad imprime nuevas velocidades, cambios y retos en la educación, que se están estudiando en Imaginar Futuros. Entre los retos encontrados, se estableció que se deben seguir mejorando los resultados de aprendizaje en todos los niveles, un asunto que conecta con los efectos de la pandemia.

“También cabe pensar en la configuración que se está dando en el mundo con la llegada de la economía digital, por lo que deben fortalecerse los conocimientos de los estudiantes en este ámbito, a la vez que se comienza a dejar a tras un viejo paradigma educativo, por uno más integral y abierto a las posibilidades que ofrecen las tecnologías", razonó este experto.

Autores

Pompilio Peña

Colaborador​.

Categoría de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas

Innovación educativa, en el ce​ntro de Imaginar Futuros

Este laboratorio ha transformado los ambientes de aprendizaje de cientos de instituciones de educación básica y media en el país. En la actualidad, es un soporte del Ministerio de Educación, con el que sigue desarrollando avances por un aprendizaje más acorde con el mundo contemporáneo.

Colaborador: Pompilio Peña

La pandemia de la covid-19 afectó duramente las actividades académicas del país. Los expertos más optimistas apuntaron a que las brechas que causó podrían cubrirse en cinco años. No obstante, Diego Leal Fonseca, director adjunto del Centro Imaginar Futuros de la Universidad EAFIT y experto en innovación educativa, estima que los efectos de ese aislamiento obligatorio se notarán, incluso, hasta el 2030.

Pero hay una mirada optimista. Los retos, exigencias y planes de acción implementados durante la pandemia, para fortalecer el ya deteriorado sistema educativo, abrieron una nueva puerta a expertos para analizar cómo era posible vigorizar el Ecosistema Nacional de Innovación Educativa.

Uno de ellos fue Leal, quien viene aportando al mejoramiento de este tema, tanto en ámbitos regionales como nacionales, junto con su equipo del Centro Imaginar Futuros, un laboratorio que tiene como propósito fortalecer las capacidades de los diferentes actores que conforman el ecosistema educativo nacional.

Pero ¿qué entender por ecosistema educativo? Según Leal, “cuando nosotros pensamos en un ecosistema de innovación educativa, estamos pensando en esa perspectiva biológica que habla de actores, relaciones, conexiones, y cómo se pueden dar nuevas posibilidades para reimaginar lo que se hace, aplicando la innovación educativa, que no solo pasa por el mejoramiento tecnológico".

Bajo esa perspectiva, uno de los grandes retos es lograr una articulación entre distintos niveles educativos, con el fin de entender cuáles son las realidades y dificultades de los estudiantes y cómo pueden superarse, más aún en tiempo de pospandemia.

Esta mirada holística propuesta por el Centro Imaginar Futuros, que pretende superar un viejo modelo educativo que está al margen de las exigencias de la actualidad mundial, lleva más de una década de aplicación. Una de sus primeras intervenciones fue en el municipio de Itagüí y los efectos positivos de su mediación aún repercuten.​​

Experiencia novedosa​​​​​​​​​​​

Con el inicio de la gestión de Carlos Andrés Trujillo en 2012 como alcalde del municipio de Itagüí, la nueva administración comenzó a cuestionar el modelo tradicional de educación y se dio a la tarea de buscar asesorías que le permitiera implementar nuevos procesos de aprendizaje.

“En ese orden de ideas tuvimos una asesoría inicial de la exministra de Educación Cecilia María Vélez, quien nos recomendó, además, que enlazáramos la conversación con la Universidad EAFIT", recordó el secretario de Educación, Guillermo León Restrepo.

En aquel entonces, el estudio de las condiciones educativas de ese municipio del sur del área metropolitana fue liderado por Claudia María Zea, experta en temas de innovación educativa, aprendizaje digital y colaborativo, formación de docentes y producción de contenidos digitales. 

Imagen Noticia EAFIT
imaginar-futuros2.jpg

Miles de niñas, niños y adolescentes se han beneficiado en todo el país con la propuesta de innovación educativa.

Zea y su equipo realizaron un diagnóstico del sistema educativo para luego desarrollar, de manera específica, un plan de tecnologías aplicadas a las aulas escolares en 24 instituciones educativas, con 38 sedes, 580 aulas  y 1.300 directivos y docentes.

Fue así como nació el Plan Digital Teso, que hoy lleva el nombre de Plan Digital Itagüí. Esa intervención se estructuró en cuatro ejes temáticos: evaluación de la infraestructura tecnológica; replanteamiento de los procesos de formación de aprendizaje de estudiantes, maestros y funcionarios; desarrollo de una estrategia de gestión de innovación, desarrollo e investigación; y aplicación de indicadores de gestión de las tres líneas ya citadas.

De este modo, se trazó una visión al 2023 en su Plan Educativo Municipal, que refleja el proceso evolutivo iniciado en 2012. Esa estrategia se tradujo en inversiones en ambientes de aprendizaje, mayor conectividad y sinergia entre los diferentes actores, y los estudiantes se convirtieron en el capital más importante. 

Categoría de noticias EAFIT
Sección de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas

Seis obstáculos para construir la paz

Enero 26, 2022

Un estudio de la profesora Gloria María Gallego, de la Escuela de Derecho, analiza la espiral de violencia, venganza y odios en la que, hasta octubre, habían sido asesinados 289 excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). La cifra se convierte en una mera estadística que pasa inadvertida ante la indiferencia y, muchas veces, indolencia de la sociedad.

Explicar las violencias, a veces, implica mostrar cosas duras de la sociedad, sobre todo en un país donde se generalizó la idea de que unos deben morir para
que otros tengan que vivir.

Con esta reflexión termina el diálogo la profesora e investigadora de la Universidad EAFIT y doctora en Derecho por la Universidad de Zaragoza (España), Gloria María Gallego García, sobre los resultados de su investigación sintetizada en el artículo Odio y venganza en la guerra civil colombiana – Patrones en los asesinatos a excombatientes de las Farc.

Y para dar ejemplo de esa reflexión revela un dato aterrador: entre la firma del Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y las extintas Farc, en septiembre de 2016, y octubre de 2021, han sido asesinados, algunos de ellos de la manera más cruel, 289 de los 6.803 hombres y mujeres que abandonaron las armas.

El artículo es uno de los capítulos del libro Historia(s), relatos y memorias. Miradas desde lo local, editado y compilado por Luis Fernando Barón y Adolfo Abadía, publicación que “recoge diferentes investigaciones cuyas temáticas, si bien están basadas en procesos organizativos, comunitarios, étnicos y de cierta tradición historiográfica, logran vincularse a través de la revisión e innovación de perspectivas”.

La profesora Gallego García, preocupada por su visión proteccionista de los derechos humanos y la construcción de paz, ha sido una estudiosa del conflicto armado y ha documentado la guerra desde todas las caras, en especial la de las víctimas, y promueve el deber de hacer memoria con y para ellas.

Dentro de este último resultó ganadora la denominada Alianza Energética 2030 en la que EAFIT es protagonista. Es integrante del Grupo de Investigación Justicia y
Conflicto, de la Universidad EAFIT, reconocido por el Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación como categoría B.

Entre otros trabajos, también es una de las coordinadoras del proyecto de investigación Conflicto armado interno, derechos humanos e impunidad, realizado de forma conjunta por profesores de las universidades de Zaragoza y EAFIT.

Para la profesora es urgente, más que nunca, exigir el cumplimiento de los acuerdos de paz, por considerar que han salvado miles de vidas, pero entre muchas dificultades se han atravesado los asesinatos de excombatientes y sus familiares.

Se requiere un compromiso genuino

Los documentos firmados hace cinco años entre el gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos y la organización rebelde “por sí solos no alcanzan a transformar una sociedad para la transición de la guerra a la paz y los acuerdos fracasan si no se crean procesos más profundos de compromiso genuino”, explica la profesora en su artículo.

Afirma que nadie niega los daños causados por esta guerrilla en medio siglo de actividad insurgente, pero se requiere una sociedad generosa que les dé una segunda oportunidad a quienes dejaron las armas y que pare la espiral de violencia.

El acuerdo con las Farc es un avance histórico importante, si se tiene en cuenta que cesaron todas las hostilidades sus 62 frentes rurales, tres urbanos y nueve unidades de élite, grupos que tenían un amplio dominio territorial en muchas regiones del país, entre ellas, Antioquia.

“El Acuerdo, por ejemplo, establece un marco que apuesta al diálogo y la concertación entre los viejos enemigos para deliberar y definir conjuntamente políticas públicas de reincorporación, a partir de las realidades en el terreno y las necesidades concretas de los excombatientes”, dice la profesora.

El de las Farc es un proceso exitoso, pese a esas dificultades, porque el porcentaje de deserción y asesinatos es bajo, del 8%, pero es precario.

“Sobre todo cuando lo miramos desde los territorios”, principalmente por la lentitud como se vienen ejecutando los compromisos pactados por parte del Estado y el exterminio de los excombatientes.

En su análisis sobre porqué estos hechos dificultan la construcción de una paz ideal, Gallego García enumera seis obstáculos o consideraciones que son necesarios, en lo posible, superar como Estado y como sociedad.

Circunstacias que llevan a tomar venganza

Al citar textualmente al politólogo griego Stathēs N. Kalybas y su libro La lógica de la violencia en la guerra civil, la profesora enumera los determinantes sociales que pueden activar a una víctima a dar el paso hacia el deseo de venganza:

  1. Un marcado sentimiento retributivo según el cual es justo devolver el mal con mal.
  2. La ausencia o debilidad del Estado, incapaz de indagar sobre los delitos y sus autores e imponer sanciones que satisfagan los deseos de castigo o venganza.
  3. Un ambiente social donde priman juicios y creencias del estilo: el fin justifica los medios, todo se vale para defender el honor personal y familiar.
  4. La existencia de circunstancias y oportunidades que facilitan el acceso a la retaliación, como la presencia de grupos armados y la vía a mercados de armas.

El acuerdo con las Farc fue importante: cesaron todas las hostilidades sus 62 frentes rurales, tres urbanos y nueve unidades de élite, grupos que tenían un amplio dominio territorial en muchas regiones de Colombia, entre ellas Antioquia.

Obstáculo 1: Creer que la paz es algo excepcional

El primer asunto problemático tiene que ver con los antecedentes y cómo los colombianos nos hemos acostumbrado a convivir con los conflictos, así como pensar que la paz es la excepción en la vida nacional. Por eso, la historia muestra que casi siempre resolvemos nuestros conflictos por medio de la violencia, una violencia que se hereda y se transforma debido a otras motivaciones.

La investigadora recuerda que en las guerras civiles la venganza opera en muchas dimensiones: como motivación para la acción violenta, para enlistarse en las organizaciones armadas y para matar al enemigo en asesinatos rodeados de sevicia, ritos y estéticas del horror.

Esas dinámicas –explica– fraccionan las sociedades donde se producen las guerras y alimentan una espiral de rencor y venganza. “Y la venganza es una fuerza poderosa que obstaculiza la consecución de la paz. Por ello, ni las autoridades ni los ciudadanos deberían ignorarla”.

Obstáculo 2: Persecución violenta a excombatientes

El segundo punto es que las negociaciones pactadas a finales del siglo XX y las que van de este XXI dejan enseñanzas y avances, pero también muchos firmantes de la paz muertos en forma violenta.

Así lo muestran los procesos adelantados con diferentes guerrillas: con el M-19 (600 asesinados); el Ejército Popular de Liberación, EPL (700); la Corriente de Renovación Socialista, CRS (79); las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC (2117) y ahora este con las Farc (284 hasta agosto de 2021).

Obstáculo 3: El deseo de venganza

Los datos anteriores llevan a la tercera consideración, una de las más complejas porque habla de la violencia íntima y la venganza contra los excombatientes.

Y, para el caso, la profesora Gallego García referencia lo sucedido con el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) en el municipio de Ituango, norte de Antioquia, donde se concentraron 278 hombres y mujeres que dejaron las armas y que hicieron parte del antiguo Frente 18.

Ese municipio, durante años escenario de guerra, intentó convertirse en ejemplo de paz con la puesta en marcha de proyectos productivos como la cría de cerdos y aves de corral y el cultivo de café, que dio lugar a la denominación de origen Café Paramillo.

Pero, en 2017, los empezaron a matar: fueron once exguerrilleros y siete de sus familiares. “Estas muertes los forzaron a desplazarse, poco a poco, hacia Medellín, Pereira y a otros lugares para ponerse a salvo de una violencia incesante. Luego, el 15 de julio de 2020, los pocos hombres y mujeres y sus hijos que quedaban en el ETCR de Santa Lucía, salieron en caravana hacia Mutatá”, recuerda la profesora Gallego.

Amplios sectores de la vida colombiana han reclamado, especialmente al Gobierno Nacional, el cumplimiento de todos los puntos pactados en el Acuerdo de Paz con las antiguas Farc como una forma de evitar un nuevo ciclo de violencia y conflicto armado. Foto: Ròbinson Henao.

 

Obstáculo 4: Extender la venganza contra los familiares

a retaliación colectiva abarca el ámbito familiar y ese es el cuarto aspecto del análisis porque “los familiares son, en muchos casos, designados como víctimas expiatorias que deben ‘responder’ por los delitos de quienes fueran combatientes (...) en consonancia con una moral arcaica según la cual al individuo se le imputa la conducta de la totalidad de su propia familia o comunidad”.

Todo esto se da en un caldo de cultivo muy peligroso: el nexo entre víctimas, altas esferas del poder y cobro de venganzas a la guerrilla por sus crímenes e ideología comunista, un fenómeno que, a juicio de la investigadora, es paralelo a la fundación de los grupos paramilitares y sus métodos de violencia extrema.

Obstáculo 5: La disputa por los territorios

Se trata de la lucha por el control de las zonas donde tenían presencia y control las antiguas Farc y por dominar la denominada “economía de la violencia”: “En territorios con presencia débil y fragmentaria del Estado se da una mezcla de formas políticas y privadas de violencia, y el ligamen entre guerra y economías ilegales es estrecho”, explica la docente.

Las regiones de Catatumbo, Bajo Cauca, Norte y Nordeste de Antioquia, sur del Meta, norte del Caquetá, y costas Pacífica de Cauca y Nariño, son ejemplo de ello.

Para comprobarlo, solo basta ver, escuchar o leer las noticias diarias y enterarse de las acciones que comenten la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y grupos paramilitares como Los Rastrojos y las Autodefensas Gaitanistas.

“Más que la conquista plena de un territorio y la imposición de un orden contraestatal o paraestatal, estos grupos armados se mueven por el control de economías ilegales”, como rutas de contrabando, salida y comercialización de drogas, expendio de drogas barriales y maquinaria y explotación ilegal de minas.

Obstáculo 6: El dilema de la seguridad nacional

Es, quizá, el punto más complejo porque muchos excombatientes, personas que dejaron las armas producto del Acuerdo, permanecen en la disyuntiva de seguir apostándole a la paz o regresar a la ilegalidad por temor a engrosar las estadísticas de la muerte.

“Algunos exintegrantes de las Farc han retomado las armas y han reactivado las hostilidades en respuesta al miedo y al peligro que les ronda”, dice la profesora.

El regreso a las armas ha alimentado ciclos de violencias en Colombia, tal y como sucedió en anteriores procesos de negociación con organizaciones ilegales en los que muchos excombatientes terminaron por enrolarse en otros grupos armados para buscar protección, aunque tuvieran otras ideologías o hubieran sido incluso antiguos enemigos.

“En Urabá, por ejemplo, centenares de desmovilizados del EPL se presentaron en la década de 1990 ante Carlos Castaño y las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá para huir del exterminio de las Farc”, recuerda la investigadora.

 

Cumplirles y protegerlos, sin demora

En conclusión de la docente, la mayoría de los excombatientes son personas humildes que quieren o querían retornar “a un mundo de libertad, paz y tranquilidad, pero muchas están viviendo el luto y la muerte muy de cerca”.

La docente Gallego García asegura que hay que romper el patrón de esa violencia y las cadenas de la guerra, que están llenas de pasiones de venganza y de odios: “No solo les disparan, sino que todos los asesinatos se caracterizan por la sevicia”.

El problema, en su opinión, es que la conducta de un segmento de la sociedad y de algunos legitimadores de ella se convierten en un aliciente para esa cadena de
muerte, al punto que les parecen malos los asesinatos cuando los cometen los guerrilleros, pero no cuando ellos son las víctimas de esos crímenes. Y, tan grave aún, incluso los celebran.

La docente advierte, entonces, que el Estado no puede salir a decir que no estaba preparado para el período posacuerdo y que tampoco debe seguir improvisando. “Tiene que fortalecer la implementación de los dispositivos de desarme con garantías de seguridad para la vida”, es decir, su misión, para detener este desangre, es brindarles seguridad a quienes dejaron las armas y cumplir con lo pactado, sin más dilaciones.

 

Autores

Javier Arboleda García

​Colaborador Revista Universidad EAFIT.

Categoría de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas

Por una transición energética responsable

Mayo 2, 2022

Retos y desafíos de la transición energética justa en Colombia a través de la apropiación social del conocimiento.

Ecosistema Científico E​nergética 2030 como un ejemplo a seguir.

La Organización de las Naciones Unidas adoptó, desde el encuentro de las partes en Rio de Janeiro en 1991, la definición de desarrollo sostenible como “la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades".

Dentro de los retos más grandes que tiene la humanidad en el marco del desarrollo sostenible está sin duda la necesidad de garantizar los recursos energéticos para la presente y las futuras generaciones.

A pesar de ingentes esfuerzos, particularmente en las últimas tres décadas, aún la dependencia energética basada en recursos fósiles sigue siendo muy alta, según el más reciente informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés), casi el 80% del suministro de energía a nivel mundial está basado en estos recursos.

Teniendo en cuenta la necesidad de profundizar los procesos de descarbonización frente a las realidades de la catástrofe climática que se aproxima por los efectos antropogénicos relacionados con el cambio y la variabilidad climática, la transición energética debe seguir estando en la agenda mundial, pero especialmente en la nacional.

Una transición energética responsable, especialmente en países en como Colombia, debe ser diseñada adecuadamente, de tal forma que no se ponga en riesgo la posibilidad real y efectiva de que la nación se vea beneficiada, pero con un horizonte de responsabilidad planetaria pensando en las futuras generaciones.

Lo anterior implica enmarcar los procesos de transición energética bajo la luz de la justicia energética, entendida como como la agenda de investigación y análisis que busca aplicar los principios de justicia a la política energética, a los sistemas y producción de energía, al consumo energético, al activismo energético, a la seguridad y soberanía energéticas, a la política económica de la energía y especialmente al cambio climático.

“La justicia es un dispositivo convencional para preservar el orden social mediante la solución de disputas entre individuos que están haciendo incompatible sus reclamos…sobre recursos escasos." David Hume.​

Hablar de justicia energética demanda un análisis en al menos tres dimensiones: justicia distributiva, justicia del reconocimiento y justicia procedimental.

La justicia distributiva aborda las problemáticas asociadas con las inequidades físicas de la ubicación de los grandes centros de generación de energía, que generalmente afectan a ciertos sectores de la población dónde se hacen las instalaciones. Tiene que ver con la distribución de daños y beneficios entre la población.

Hay cierta aceptación generalizada en el sentido de que siempre habrá impacto y que alguien debe verse afectado de manera individual para que otros obtengan los beneficios del desarrollo, o, en otras palabras, el interés general prima sobre el individual. Sin embargo, usualmente son los sectores más desfavorecidos los que terminan soportando las cargas de los procesos e instalación de nuevos desarrollos energéticos, v.g. la construcción de una gran hidroeléctrica que afecta a las poblaciones río abajo por el impacto ambiental, el deterioro en la pesca, la carga de biomasa y generación de residuos para sus acueductos, entre otros. Adicionalmente, la justicia distributiva no solamente trata de la ubicación de la infraestructura, sino del acceso equitativo al recurso energético, no son pocas las veces que las poblaciones que soportan el mayor impacto de un nuevo megaproyecto energético sean las que menos acceso tienen a dicho recurso.

La ejecución de proyectos locales y regionales necesita incoporar, en las decisiones de carácter energético, las particularidades y contextos que caracterizan la diversidad social, cultural y étcnia de las poblaciones beneficiadas. 

La justicia del reconocimiento aborda la necesidad de incorporar, en las decisiones de carácter energético, las particularidades y contextos que caracterizan la diversidad social, cultural y étnica de las poblaciones afectadas por los procesos asociados. No es solo la falta de reconocimiento, sino que con frecuencia hay un absoluto desentendimiento de estas características de las poblaciones. Los procesos tienden a ser homogeneizantes y detrás de una fachada de igualdad, terminan siendo victimizantes para las poblaciones que se ven más afectadas por los proyectos de carácter energético. Países como Colombia, que cuentan con contextos culturales, étnicos y sociales altamente diversos, con realidades y brechas económicas muy grandes, deja en cabeza de las minorías más desfavorecidas las mayores cargas derivadas de los proyectos energéticos. Un mínimo reconocimiento de sus realidades y contextos en el marco de los procesos de desarrollo es un deber ético del Estado colombiano.

Finalmente, la justicia procedimental está relacionada con acciones efectivas de involucramiento de las comunidades en los procesos de toma de decisión que gobiernan el reconocimiento de dichos sectores descritos anteriormente.

​“Los efectos del conflicto entre Rusia y Ucrania han mostrado que posiblemente sean los recursos energéticos los detonantes de los futuros conflictos a nivel mundial"

Demanda generar procesos equitativos de vinculación de todos los actores de manera no discriminatoria a través de sistemas legales multinivel. Esta dimensión de la justicia energética implica adicionalmente involucrar diálogo de saberes y movilizar saberes locales en los procesos de toma de decisión. Más que buscar no excluir a las comunidades, implica escuchar e implementar sus conocimientos en los territorios donde se busca generar proyectos de carácter energético.

Con el fin de pensar los procesos de transición energética en Colombia y su estrecha relación con la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas, en el año 2017 se aprobó por parte de Colciencias3 el Programa Estrategia de transformación del sector energético colombiano en el horizonte 2030 – Energética 20304 por un valor total de $37 mil millones de pesos.

Este Programa hace parte de una estrategia de ecosistemas científicos para el mejoramiento de la calidad de las Instituciones de Educación Superior (IES), del cual hacen parte 8 universidades colombianas, 12 instituciones internacionales, más de 300 investigadores y 5 empresas.

El Ecosistema está compuesto por 11 proyectos que abordan diferentes temáticas relacionadas con los procesos de transición energética con aspectos como nuevas tecnologías de fuentes renovables de generación de electricidad, gestión de la demanda de energía, estrategias futuras, movilidad y construcción sostenible, política y regulación energética, entre otras.

El proyecto 10 de Energética 2030 estuvo enfocado a los procesos descritos inicialmente de justicia y transición energéticas mediante la implementación de un laboratorio de co-creación y apropiación social de la Ciencia, Tecnología e Innovación, que involucre a la comunidad, la academia, el sector productivo y el sector gubernamental.

El Laboratorio fue implementado en Isla Fuerte5 con los sectores descritos anteriormente, donde la comunidad tuvo un papel protagónico y derivado del mismo se lograron establecer cuatro proyectos productivos y sociales que se espera que generen oportunidades y bienestar a la población a través del uso de fuentes renovables de generación de energía eléctrica.​

Los procesos de transición energética deben estar enmarcados en conceptos de justicia energética, esto implica reconocer a las comunidades, especialmente las más vulnerables como actores claves, así como sus saberes, para lograr que, a través de procesos de co-construcción, se puedan apropiar adecuadamente de los desarrollos de la ciencia para la generación de bienestar con una mirada de desarrollo basado en la sostenibilidad.

Este fue el propósito del Ecosistema Científico Energética 2030 y especialmente del equipo interdisciplinario del proyecto P10, gracias a un esfuerzo acertado del Estado colombiano que debe continuar para apoyar a la consolidación real de una sociedad basada en el conocimiento pero que respete la diversidad, los saberes y los contextos de las comunidades involucradas.

Autores

Camilo Younes

Vicerrector de Investigación, Universidad Nacional de Colombia.

Categoría de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas

Una historia de la actividad societaria en Antioquia

Enero 26, 2025

Nuevos elementos para entender las razones que permitieron que esta región alcanzara un importante desarrollo empresarial fueron hallados en una investigación de la Escuela de Derecho. El proyecto ha estudiado, hasta ahora, 3276 sociedades mercantiles constituidas en esta región entre los años 1887 y 1945.

Gracias a la alianza entre la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia y la Universidad EAFIT fue posible reconstruir, a partir de documentos antiguos, la historia de la actividad societaria en la región.

El estudio demuestra los cimientos del desarrollo empresarial en Antioquia, pero también encuentra que el contrato de sociedad fue utilizado para llevar a cabo otras actividades económicas, sociales y culturales como farmacias, boticas y droguerías, clubes sociales, teatros, cines, editoriales y periódicos, entre otros.

Esto se evidencia al recorrer las páginas del libro Las sociedades civiles, comerciales y de minas inscritas en los juzgados de Antioquia entre 1887 y 1934: una historia de la actividad societaria de la región, que recoge las conclusiones de la primera fase de esta investigación realizada por los docentes de la Escuela de Derecho María Virginia Gaviria Gil y Juan Esteban Vélez Villegas, junto a Diana Paola Gil Guzmán, abogada e investigadora asociada al proyecto.

Ya está en proceso de edición un segundo tomo que amplía el análisis hasta el año 1945. Según la profesora María Virginia Gaviria, magíster en Historia e investigadora principal, en las dos primeras fases del proyecto se pudieron identificar 3276 sociedades.

Para ella, ambos libros no solo contienen todo el análisis de lo que traían los códigos y las principales normatividades de la época, sino que “van más allá para mirar cómo se usaban en la vida práctica, cómo los empresarios utilizaban esas normas, cómo se apropiaban de las mismas y, adicionalmente, los comentarios que la doctrina jurídica realizaba sobre ellas”.

La investigación fue realizada a partir de fuentes jurídicas como los extractos notariales de constitución de sociedades ubicados en el archivo histórico de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, con los que elaboraron un trabajo minucioso de investigación histórica, jurídica y socioeconómica. Con eso lograron identificar en qué regiones de Antioquia se constituyeron más sociedades y quiénes hacían parte de ellas.

Según explica María Virginia Gaviria, “muchos antioqueños tenían sus sociedades familiares o personales, pero a partir de ellas constituían otras sociedades. Existieron unos grupos societarios a principios del siglo XX, un fenómeno que pensábamos que era solo característico de la segunda parte de ese siglo”.

En la investigación también lograron definir qué tipos de sociedades se constituían en la época, siendo las sociedades anónimas menos comunes que las colectivas. Estas últimas eran las preferidas, entre otros motivos, porque generaban más confianza entre el público.

“Logramos encontrar el uso que se le daba a esa figura societaria, a ese contrato de sociedad para múltiples finalidades, que no eran solamente el contrato de sociedad para desarrollar actividades comerciales o para esas nacientes industrias. A principios del siglo XX se utilizaba la sociedad para desarrollar actividades profesionales, servicios de abogados, odontológicos, tareas de prensa, actividades recreativas, cine, teatro, editoriales y muchas otras labores que recurrían a esta herramienta”, comenta la profesora Gaviria.

Imagen Noticia EAFIT
foto-articulo-comercio22.jpg
Ejemplo de prosperidad en una crisis

Juan Esteban Vélez Villegas, también docente e investigador de la Escuela de Derecho y coautor del libro, explica que Antioquia era un territorio periférico durante el período colonial que se destacaba por ser una región minera, pero donde a finales del siglo XIX y principios del siglo XX se constituyeron una gran cantidad de sociedades mercantiles y se desarrolló una actividad comercial significativa.

“La Medellín de la primera década del siglo XX era una ciudad que no tenía más de 70.000 habitantes y, sin embargo, fue un sitio en el que logró desarrollarse una industria manufacturera muy importante, en donde comenzaron a surgir industrias dedicadas a muchos tipos de actividades. Las textilerías fueron quizás las más notables durante un tiempo, entre las que sobresalieron Coltejer y Fabricato, además de otras industrias de bebidas, zapatos y hasta fósforos, algunas que aún hoy son grandes empresas”, manifiesta Vélez.

También comenzaron las grandes siembras de café, se crearon bancos, en tanto que hubo abundancia de dinero proveniente de la minería. “Para hablar de la historia de Antioquia hay que hacer referencia a la minería”, recuerda el abogado e historiador Rodrigo Puyo Vasco, editor general del libro. Pero no todo fue color de rosa, también ocurrió lo contrario: se presentaron algunas quiebras famosas.

Todo esto representó una riqueza enorme en este período y una gran influyencia política en la vida de la Nación, tanto así que hubo tres presidentes de la República antioqueños en este período: Pedro Nel Ospina, Carlos E. Restrepo y Marco Fidel Suárez.

El denominado Caso Antioqueño, que para muchos investigadores sorprende porque surgió en una región relativamente periférica y aislada para entonces, generó ese dinamismo industrial que igualmente queda en evidencia en esta investigación.

“Esas pequeñas sociedades colectivas antioqueñas manejaban capitales muy limitados y aún así tenían un ecosistema enormemente rico en donde había sociedades de todos los tamaños dedicadas a una gran cantidad de actividades. De esta forma, vemos que el surgimiento posterior de las grandes industrias no fue fruto del azar, sino el resultado de un movimiento mucho más general que se estaba dando en la región”, comenta el profesor Vélez.

Por esta razón, Antioquia fue un ejemplo de cómo prosperar en épocas de crisis: “La región estaba reventada con la Guerra de los Mil Días [ocurrida entre 1899 y 1902], la inflación estaba desbocada, la moneda había colapsado por los abusos del banco y tardó mucho tiempo en volver a ajustarse”.

Pero, a pesar de esa crisis tan enorme, los empresarios antioqueños de ese momento mantuvieron su asociatividad y en medio de esa situación tan difícil lograron sobreponerse y, por eso, en las primeras décadas del siglo XX se pudo dar el florecimiento de la actividad empresarial en la región.

La participación de la mujer como socia o accionista de sociedades era extraña hace un siglo. Sin embargo, se encontraron unas pocas sociedades que eran solo de mujeres. La participación femenina se consolida en la segunda mitad del siglo XX, después de que la Ley 28 de 1932 les dio la capacidad civil para hacerlo.

Un tesoro histórico recuperado

Para Lina Vélez de Nicholls, presidenta ejecutiva de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, "no podía ser que la historia de las sociedades mercantiles que se había entregado a la Cámara de Comercio estuviera guardada en un sótano húmedo. Empezamos entonces a recuperar todos sus folios y a buscar tecnologías para su recuperación. Nosotros queríamos que ese esfuerzo de preservación y análisis se materializara y eso es esta investigación".

El exrector de EAFIT Juan Luis Mejía Arango fue una de las personas que más impulsó la investigación. Para él, este libro “es el fruto de un proceso que se inició hace tres años. En la Cámara de Comercio había un tesoro, pero ese tesoro estaba inédito y había que investigarlo”.

Y es que, según el exrector, el archivo de esa entidad es una fuente de investigación jurídica, económica y social que está compuesta por los registros de las sociedades comerciales de Antioquia que por años se depositaron, primero, en un juzgado y luego llegaron a la Cámara de Comercio, entidad que hizo un esfuerzo importante por recuperar, conservar y digitalizar ese archivo.

“Me parece que aquí hay unos hallazgos importantes para los economistas y los historiadores, hoy tenemos un libro que llega a enriquecer el acervo y a permitirnos entender esto que se ha llamado el Caso Antioqueño”, asegura Mejía Arango.

 

Las Tillandsias recurvata son plantas muy comunes en nuestro medio. Crecen incluso en techos y en cables de luz.

 

La investigación, como armar un rompecabezas

El desafío inicial de los investigadores fue escudriñar y buscar pistas de la historia de la actividad societaria en el archivo de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, según recuerda Diana Paola Gil Guzmán, abogada de EAFIT y también coautora del libro.

“En su primera fase, el proyecto implicó la revisión de muchísimos extractos: revisamos más de 3000 para llegar a identificar en total 1837 extractos de constitución de sociedades”, afirma. Luego, la complejidad estuvo en catalogar, sistematizar y clasificar todos esos documentos en una base de datos.

Ordenar toda esta información no fue tarea sencilla: “Encontramos 8085 socios. Son muchos nombres, fue todo un reto ver cómo poníamos esos nombres en relación y cómo se los presentábamos al lector”, asegura la investigadora.

El Archivo Histórico de Antioquia y la Sala de Patrimonio Documental de EAFIT también fueron fundamentales para hallar otra información que hacía falta.

“Por fortuna, en el departamento se han realizado una buena cantidad de trabajos sobre la historia empresarial de la región. Ese gran interés nos permitió efectuar muchos cruces y relacionar las sociedades”, puntualiza Diana Gil.

El proyecto continúa y en su tercera fase ampliará el análisis hasta el año 1960.

Valor histórico de los documentos de comercio

El abogado e historiador Rodrigo Puyo Vasco –editor general del libro– afirma que la historia de la legislación comercial en nuestro país se inicia con la herencia española de las Ordenanzas de Bilbao y la aprobación del Código de Comercio de 1853.

Durante el régimen federalista, vigente hasta 1885, cada Estado soberano reguló los temas comerciales.

Luego hubo cambios legislativos como consecuencia de la entrada en vigencia de la nueva Constitución de 1886 y en 1887 entró en vigencia el Código de Comercio Terrestre que regulaba, entre otros temas, las sociedades.

Según Puyo Vasco, para 1887 ya existían tres tipos: la sociedad colectiva, la sociedad comandita y la sociedad anónima.

Para ese entonces, los juzgados de comercio no existían y las sociedades se registraban en los juzgados de circuito.

Fue solo hasta 1931 que se entregó el registro mercantil como una función delegada pública a entidades privadas como son las cámaras de comercio.

En esta fecha se ordenó que todos los libros que estaban en los antiguos juzgados de Circuito fueran trasladados a las cámaras de comercio.

Para el historiador, estos documentos “más allá de ser unos papeles, son el recorrido histórico y la vida social, jurídica y económica de nuestra sociedad”.

Autores

Laura López Alzate

Colaboradora Revista Universidad EAFIT

Categoría de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas
Autor
Laura López Alzate
Edición
Edición 177

Tendencias y retos para unir conocimiento científico y saber social

Marzo 22, 2021

El V Encuentro de Investigadores de EAFIT permitió conocer experiencias internacionales y de la propia Universidad en el área de apropiación social del conocimiento, así como analizar cómo y por qué es necesario profundizar el diálogo ciencia–sociedad.

EAFIT han realizado una importante cantidad de proyectos en los que la sido exitosa la interacción de sus académicos y científicos con la sociedad. Su objetivo ha sido tan sencillo como profundo: involucrar a personas, organizaciones y comunidades no científicas en los procesos de generación de nuevo conocimiento, así como acercarlos a los resultados mismos de las investigaciones.

Las experiencias van desde programas de alto impacto como Universidad de los Niños hasta series radiales como la titulada Con la ciencia en la cabeza o la exposición Incomprendidos, que en 2019 unió la biología y la física en un montaje didáctico y lúdico.

También se han realizado y se siguen haciendo eventos culturales como la Serieclub Cuatro Ojos, que analiza algunas de las series de televisión más populares del momento, y las obras de teatro y los conciertos didácticos sobre ciencia que pusieron a personajes como Sócrates o Galileo como protagonistas.

Y, por supuesto, los proyectos de investigación de hondo calado que también han tenido componentes fuertes de apropiación, como la Expedición Colombia BioAnorí, que descubrió para la ciencia 14 nuevas especies de animales y plantas; Sin bata y con botas, diálogo de saberes en el Parque Natural Nacional Las Orquídeas y, más recientemente, las Georutas graníticas en el Museo Histórico del municipio de El Peñol.

Trabajos como esos, y muchos otros realizados en todas las escuelas de la Universidad, han evidenciado la responsabilidad de investigadores que, desde la planeación misma de los proyectos, han incluido momentos de interacción e intercambio de saberes y experiencias con comunidades o públicos diferentes a los de su círculo especializado.

En ese sentido, hay un camino ganado en la perspectiva de avanzar en esa relación. Pero, ¿cómo profundizar ese diálogo ciencia–sociedad y llevarlo a tantos otros proyectos de descubrimiento y creación que podrían tenerlo?

Esta pregunta fue uno de los ejes articuladores del V Encuentro deInvestigadores de EAFIT, realizado el 16 de febrero de 2021. La reunión permitió discutir sobre las tendencias y retos en torno a la apropiación social del conocimiento y proponer una reflexión que busca motivar a que la labor investigativa vaya también en esa línea de acción.

Hacer transferencia del conocimiento

"Lo que queremos con este espacio es tener la posibilidad de dialogar activamente alrededor del poder de investigar, de preguntarnos, de hacer transferencia de conocimiento y poder, a través de la indagación, ir más allá", manifestó Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT, en la apertura de este encuentro académico.

El evento se realiza cada semestre bajo la organización de la Vicerrectoría de Descubrimiento y Creación, como un espacio de encuentro y conversación entre todos los actores que participan en las labores de investigación dentro de la Universidad.

El vicerrector encargado de Descubrimiento y Creación, César Tamayo Tobón, resaltó la pertinencia de la discusión y expresó que "una las formas en que podemos medir la madurez de las instituciones y las organizaciones en su actividad de descubrimiento y creación es con la seriedad que se toma la apropiación social del conocimiento. EAFIT ha recorrido un camino más o menos largo, ya llevamos casi una década en que empezamos a volcarnos hacia todos estos procesos".

En dos conversaciones con profesores que conocen del concepto y lo han llevado a la práctica, se abrió un debate que se espera continúe dentro de los distintos grupos de investigación que tiene no solo la Universidad, sino otras instituaciones de educación superior y centros de investigación. A continuación, las principales conclusiones de esos diálogos.ica primero. Esas escalas de tiempo corresponden a dicho propósito”.

EAFIT estructura su propio esquema de trabajo

Como parte de su responsabilidad al generar conocimiento científico y artístico, la Universidad EAFIT empezó a definir el que será su “Subsistema de apropiación social de la ciencia, la tecnología y la innovación”. La estrategia va más allá de responder a los lineamientos que ya empezó a trazar el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación; en realidad, surgió de la convicción institucional de darle la importancia que merece a la relación ciencia–sociedad.

El documento que define esta propuestra de trabajo es claro en afirmar que “todo grupo social que se precie de ser democrático debe garantizar que la ciudadanía incida y participe en las dinámicas de gestión, producción y aplicación del conocimiento”. Por eso, convoca a la empresa, al Estado, la academia y la sociedad civil a dialogar e intercambiar sus saberes, conocimientos y experiencias, “promoviendo entornos de confianza, equidad e inclusión para transformar sus realidades y generar bienestar social”.

Para Ana María Londoño, jefe de la Universidad de los Niños de EAFIT y articuladora del subsistema, uno de los primeros pasos hacia esa meta es conseguir que en todo proceso de investigación sea transversal el componente de la apropiación, pues esto puede movilizar una cultura institucional que tenga por principio que al investigar se involucre a la sociedad como un actor relevante y legítimo.

Objetivos del subsistema

El documento Sistema de Descubrimiento y Creación – Sembrar interacciones para generar conocimiento, elaborado por la Vicerrectoría de Descubrimiento y Creación, establece que son cinco:

 Analizar las estrategias de apropiación social del conocimiento de los proyectos de investigación de la Universidad y acompañar a los grupos de investigación para desarrollar e implementar sus estrategias.

Ejecutar proyectos de apropiación en las distintas dimensiones que incluye el concepto (comunicación, participación ciudadana, intercambio y gestión del conocimiento, transferencia).

Participar y aportar en la constante discusión frente al concepto de apropiación social del conocimiento, su puesta en marcha en el contexto local y en la formación de los actores involucrados en su ejercicio.

En articulación con el Sistema de Aprendizaje, formar capacidades en los investigadores en formación de la Universidad EAFIT en relación con la apropiación social del conocimiento.

5.Evaluar los procesos de apropiación adelantados en la Universidad.

Con la creación del subsistema, la Universidad busca facilitar, promover y favorecer la apropiación social del conocimiento que genera la Institución para consolidar los medios, estrategias, mediaciones y mecanismos de interacción con la sociedad. Incorporar sus visiones y aportes a la investigación científica ayudará a dar cumplimiento a lo que EAFIT declara como su propósito superior: “Inspiramos vidas e irradiamos conocimiento para forjar humanidad y sociedad.

Ideas para una reflexión: Los invitados especiales al Encuentro de Investigadores

Un sentido crítico sobre el ecosistema informativo digital

“Las innovaciones tecnológicas son altamente flexibles a partir de lo digital y eso también posibilita hablar de apropiación. Al ser flexibles, la sociedad crea nuevos usos que no vienen predeterminados por la gran industria. En las redes sociales hay un montón de pequeños modelos muy interesantes de apropiación que van proliferando. Esto nos lleva a pensar la información de otra manera: como lograr que la nuestra sea buena, precisa y que logre dar una respuesta al usuario. Tenemos que partir de un pensamiento crítico sobre el contexto en el que estamos operando porque, si no lo hacemos, el esfuerzo de apropiación puede venir permeado por vicios propios del proceso actual de información y comunicación mediado por tecnologías, y al final no se logrará avanzar”.

Carmen Gómez Mont (México), doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM con orientación en comunicación e innovaciones tecnológicas.

La tendencia hoy es llegar a los públicos no cautivos

“Una de las tendencias en esta materia se refiere a la búsqueda de los ‘no públicos’ porque ya tenemos unos públicos cautivos para la divulgación, popularización o apropiación de la ciencia, entre los que están las escuelas, los docentes y personas en general que poseen cierto interés previo sobre cuestiones científicas. Las tendencias internacionales de los últimos años intentan llegar a los públicos no cautivos: a poblaciones indígenas, de trabajadores...

Y hacer cocreación de exhibiciones, exposiciones cientificas, con ciertas poblaciones que naturalmente no estarían apeladas por los procesos de comunicación de la ciencia. Esa es una tendencia necesaria, difícil, pero creciente”.

Diego Golombek (Argentina), investigador, divulgador de la ciencia, autor de varios libros que acercan el conocimiento científico al ciudadano del común.

Científicos también tienen que apropiarse de los “otros”

“Hay que hablar de este tema porque no solo la sociedad necesita entrar en diálogo con los científicos. Los diferentes modos de producción de conocimiento que hemos tenido hasta ahora nos indican que las comunidades científicas también tienen que apropiarse de esos ‘otros’ conocimientos y entrar en diálogo con ellos, con esas ‘otras’ formas de entender el mundo.

En esos diálogos es donde está es quid del asunto, el punto clave de la apropiación. De otro lado, hemos pensado mucho la apropiación desde las ciudades, desde los centros urbanos, y estamos en pañales en pensar cuáles son las maneras de hacer ejercicios de apropiación, coproducción y comunicación desde la ruralidad”.

Sandra Daza Caicedo (Colombia), consultora en comunicación y apropiación social de la ciencia, la tecnología y la innovación.

El reto de responder, ¿eso para qué sirve?

“Está muy bien que existan distintos tipos de investigadores: los que quieren profundizar en el conocimiento hiperespecializado que permite avances y transformaciones que, a la larga, inciden en la vida cotidiana de todos; pero también es importante que otros investigadores nos aproximemos a la gente común y corriente. Solo le veo ventajas a que podamos trabajar en una conexión directa con la gente, pues es un ir y venir entre lo que pensamos, producimos y elaboramos desde la universidad, y las preguntas que nos hacen afuera, la forma en que cualquiera nos reta cuando salimos y nos interroga diciendo: ¿y eso para qué sirve?”.

Marda Zuluaga Aristizábal, psicóloga, doctora en Ciencias Sociales y Humanas, profesora de la Escuela de Humanidades de EAFIT.

Una vía para ayudar a transformar el país

“Muchas personas consideran que llevar nuestro conocimiento académico a las comunidades es como lanzarlo en suelo infértil. Esa posición me parece prepotente y arrogante. Creo que la única forma de transformar un país, una sociedad, es llevando conocimiento de calidad a todas las comunidades. Si usted habla con cualquier niño de una escuela, sea campesino o de la ciudad, encuentra que absorbe esa información muy fácil. Me parece vital poder entregar un conocimiento de calidad sin subestimar a nadie. En gran medida, en nuestros proyectos nos preocupamos por eso, utilizando obviamente un lenguaje adecuado para cada público. Esa es, también, una forma de ayudar a romper barreras sociales”.

Juan Fernando Díaz Nieto, biólogo, doctor en Ecología, Evolución y Comportamiento, profesor de la Escuela de Ciencias de EAFIT.

Insertar la ciencia en un mundo dominado por el entretenimiento

“Divulgar la ciencia es un reto porque uno se inserta en el mercado de los contenidos y en la competencia por ganar la atención de las personas en momentos como el actual, donde es tan fuerte la idea de entretenimiento: si uno quiere competir con una serie audiovisual entretenida, quizás no salga bien librado. Lo que hay que hacer es descubrir las oportunidades, realizar productos con un lenguaje más cercano al entretenimiento. Ese es un reto para la academia, los profesores y científicos porque esa no es la lógica de la ciencia. Igualmente, el camino puede estar en generar experiencias en las personas; por ejemplo, con realidad virtual y realidad aumentada hay mucho por explorar en ese sentido”.

Agustín Patiño Orozco, comunicación social, encargado de estrategias de producción y divulgación de contenidos en la Universidad de los Niños.

Autores

Juan Gonzalo Betancur

Editor Revista Universidad EAFIT.

Categoría de noticias EAFIT
Sección de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas

EAFIT exalta la labor de sus científicos

Mayo 2, 2022

El Premio Anual de Investigación 2022 reconoció la trayectoria y las labores de cinco docentes investigadores, cuyas contribuciones trascienden la académica e impactan a la sociedad.

Dedicar la vida a la búsqueda de nuevos conocimientos, y que esos resultados tengan un impacto positivo en la sociedad, que sean una respuesta o solución a algo específico de las comunidades, es la continua motivación de un científico. Y para ayudar a que ese deseo de investigar se mantenga vigente, la Universidad EAFIT otorga cada año el Premio Anual de Investigación con el propósito de reconocer a sus docentes, grupos o proyectos con resultados destacados.

En 2022, en ceremonia celebrada el 16 de mayo en el marco de la celebración del Día del Profesor, la Universidad exaltó la labor de varios investigadores que, con sus labores a favor de la ciencia y la academia, han alcanzado aportes significativos para el ámbito universitario y de gran trascendencia social.

El término 'científico' se deriva del latín scientificus (scientia –conocimiento– y fic, de facis, –hacer–). Y para estimular a quienes hacen conocimiento, en 2012 fue establecido el Premio Anual de Descubrimiento y Creación Universidad EAFIT, el cual cumplió ya una década y ha premiado a decenas de sus investigadores. 

Celebración del Día del Profesor 2022.

Este premio lo entrega cada año el Consejo Directivo de la Universidad y representa un reconocimiento público y económico que motiva la consolidación de la comunidad científica eafitense. El galardón se otorga en dos categorías:

Trayectoria de investigación: exalta a un profesor y científico por su desarrollo de proyectos y actividades con aportes significativos a su campo de estudio.Investigación de mayor impacto: se reconoce la labor con un aportes significativos en innovación, impacto social, científico y tecnológico.

En la ceremonia de entrega de los premios en su versión de 2022, la rectora Claudia Restrepo Montoya resaltó el significado que tiene entregar estos reconocimientos en mayo, pues fue justo en este mes que se fundó la Universidad, justo hace 63 años: “El mes de mayo nos conecta con muchas cosas: primero, tuvimos la oportunidad de celebrar lo que somos; y ahora estamos acá, reunidos, celebrando a todos aquellos que hacen posible la Universidad, la esencia de EAFIT".

Además de entregar el Premio Anual de Investigación, en ese encuentro de la comunidad universitaria se otorgaron tres más: Excelencia Docente, Proyección Social y Promoción de la Interculturalidad y Bilingüismo.​

El proyecto más impactante benefici​a el sector eléctrico​

​El Premio Anual de Investigación, categoría Proyecto de mayor impacto, fue para el profesor John Jairo García Rendón, como líder de Política, Regulación y Mercados, uno de los diez proyectos que conforman Energética 2030, una estrategia de transformación productiva del sector energético en Colombia que agrupa a varias universidades y centros de investigación del país y del extranjero.
“Ya nos propusimos un objetivo: diseñar los mecanismos institucionales para dar cabida a las energías renovables no convencionales y redes inteligentes en general en el mercado eléctrico nacional", explica el profesor García.

El equipo de Política, Regulación y Mercados generó conocimiento con seis artículos en revistas científicas internacionales; además, aporta experiencia y conocimiento en la formación de estudiantes de pregrado y posgrado; y contribuye a fortalecer la interacción entre Universidad y Empresa.

En este proyecto trabajan de manera mancomunada junto a EAFIT, cuatro universidades –Duke University, AARHUS University, Universidad Nacional Sede Medellín y Universidad Pontificia Bolivariana–; y dos operadores del mercado eléctrico colombiano –XM S.A. e Interconexión Eléctrica S.A.–.

Los investigadores ganadores

Cinco profesores fueron exaltados con el Premio Anual de Investigación 2022. Ellos fueron:

Categoría: Trayectoria de Investigación​

Diego Fernando Villanueva Mejía
Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería

Mención especial:

Jonny Javier Orejuela Gómez
Escuela de Artes y Humanidades

Categoría: Proyecto de mayor impacto

John Jairo García Rendón
Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno.​

Menciones especiales:

Alex Armando Sáez Vega
Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería

Mónica Lucía Álvarez Laínez
Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería

Reconocimiento especial:

Luciano Ángel Toro
Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería​​

 

"Este premio es consecuencia de muchísimos años de trabajo, de sacrificar grandes momentos con mi familia. Estoy muy feliz con lo que se ha hecho y con seguridad lo seguiré haciendo". Diego Fernando Villanueva Mejía, premiado en la categoría Trayectoria de Investigación.

Un premio a su trayectoria con la biotecnología​

Diego Fernando Villanueva Mejía recibió el reconocimiento en la categoría Trayectoria de Investigación del Premio Anual de Investigación EAFIT. “Fue algo supremamente gratificante, me sentí el hombre más feliz de la vida", dice el profesor, quien reconoce que lloró el día de la premiación porque se emocionó al sentir que valoraban su vida dedicada a la ciencia.

Nació en 1981 en la ciudad de Ibagué, capital del departamento de Tolima, y es egresado de Biología de la Universidad del Tolima. A Medellín llegó en 2002 a realizar su tesis de grado con la Corporación para las Investigaciones Biológicas (CIB) y laboró allí hasta 2012, cuando luego de algunos años como docente de cátedra y de liderar como contratista la creación del pregrado en Biología en EAFIT, se unió como docente e investigador de planta. Es magíster y doctorado en Biotecnología.

Su experiencia se enfoca, principalmente, en el mejoramiento genético de plantas y microorganismos con técnicas de biotecnología moderna como la ingeniería genética y la edición genómica.

Menciones de honor y reconocimiento especial

El investigador Jonny Javier Orejuela Gómez, de la Escuela de Artes y Humanidades, recibió una mención de honor en la categoría Trayectoria de investigación. Este científico es doctor en Psicología Social del Trabajo de la Universidad de São Paulo (Brasil) y Es un apasionado por la investigación en psicología y las ciencias sociales. Y reconoce que es un apasionado por la investigación en Psicología y las Ciencias Sociales.

Asimismo, Alex Armando Sáez Vega y Mónica Lucía Álvarez Laínez, adscritos a la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, recibieron mención de honor en Proyecto de mayor impacto.

Profesores galardnados con el Premio Anual de Investigación. Categoría: Proyecto de mayor impacto. 

Sáez Vega, Doctor en Ciencias Químicas de la Universidad de Antioquia, ha profundizado en la captura a partir de microalgas de dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases que produce el llamado efecto invernadero, contribuyendo así al calentamiento global. Sobre la mención recibida, expresa que “el significado más importante es el respaldo de EAFIT. Sentí un espaldarazo fuerte, un apoyo al trabajo que he estado haciendo. Ese es el contexto más significativo: el respaldo de una gran institución".

La profesora Mónica Lucía Álvarez, por su parte, ha investigado sobre el valor agregado y alternativas de aprovechamiento del látex de caucho natural del Bajo Cauca antioqueño. Igualmente, su profundización en la nanotecnología ha sido trascendental en proyectos como el escalado de nanofibras poliméricas para aplicaciones en sistemas de protección respiratoria, el cual obtuvo como resultado una membrana con una capacidad de filtración superior al 98%, muy valorada en el sector salud para fabricar elementos como tapabocas.

Finalmente, Luciano Ángel Toro fue distinguido con un reconocimiento especial por sus investigaciones en física y su compromiso académico y docente durante más de 30 años.

Autores

Felipe Sossa

Colaborador.

Categoría de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas

Una apuesta por la ciencia al servicio de las comunidades

Marzo 22, 2021

El Gobierno Nacional presentará este año la Política Nacional de Apropiación Social del Conocimiento. La viceministra que está al frente de este proceso explica en qué consistirá y cómo busca fortalecer la cultura científica y el diálogo de saberes para transformar la realidad y generar bienestar social.

La viceministra de Talento y Apropiación Social del Conocimiento, Sonia Esperanza Monroy Varela, lo deja claro desde el comienzo: “Cuando uno habla de apropiación, en general, se está hablando de uso, de aplicar algo, de hacerlo propio. La apropiación social del conocimiento va mucho más allá de la divulgación científica, es un concepto asociado al uso y la aplicación de conocimientos científicos y tecnológicos. Las preguntas son: ¿cómo estamos aplicando el conocimiento que generamos? Y, ¿cómo estamos poniendo a dialogar diferentes formas de generar conocimiento?”.

Durante el primer año de actividades del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias, antes Colciencias), el Gobierno Nacional avanzó en la elaboración de un primer borrador de la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación que enmarcaría el diseño de programas y estrategias científicas para Colombia en la próxima década,

En esa línea, en el primer semestre de 2020 Minciencias puso a consideración de los diferentes actores del Sistema Nacional de Ciencia Tecnología e Innovación (SNCTI) los lineamientos de otra política que subyace a esa: la de apropiación social de conocimiento. Con ella se busca, según la viceministra Monroy, “fortalecer una cultura científica incluyente que valore y gestione el conocimiento, y propicie el diálogo de saberes para mejorar la calidad de vida de los colombianos”.

Para ella, esto representa definir una línea para el país: “Es una apuesta por el diálogo de saberes y el intercambio entre diversos actores sociales, de forma que se generen nuevos conocimientos que puedan ser utilizados en la solución de problemáticas locales, regionales y nacionales. En eso queremos hacer la diferencia”.

En diálogo con la Revista Universidad EAFIT, la funcionaria explicó cómo se están diseñando estas políticas públicas, sus elementos centrales y las acciones de Minciencias en la línea de fortalecer la cultura científica en el país. En el V Encuentro de Investigadores de EAFIT, celebrado el 16 de febrero de 2021, la viceministra presentó igualmente estas ideas a la comunidad científica de la Institución.

Viceministra Sonia Monroy. Foto: Róbinson Henao

¿Cómo se estructura esa política nacional sobre apropiación social del conocimiento?

“Desarrolla cinco líneas estratégicas que enmarcan, en primer lugar, los procesos de apropiación social de conocimiento y el trabajo con comunidades; segundo, los espacios para generar apropiación, donde se propicia el intercambio entre los actores del sistema a través de mesas de trabajo, simposios, eventos científicos, diálogo de saberes, entre otros; en tercer lugar están las capacidades para la apropiación, esto implica el monitoreo, mapeo de experiencias y la cualificación de prácticas en apropiación en torno a ciencia, tecnología e innovación; también está la investigación con enfoque de apropiación, donde ampliamos y damos mayor ponderación a los productos de apropiación social del conocimiento dentro del sistema de medición de grupos de investigación de Minciencias.

Por último, está el tema de gestión para descentralizar la apropiación. Ahí es importante el papel de las universidades que, además de generar nuevos conocimientos, los pueden difundir y apropiar junto a diversas comunidades a través de proyectos de investigación, extensión y proyección social; y, por su puesto, a través de sus programas académicos”

Colombia tiene bajos niveles de inversión en ciencia, tecnología e innovación y los recursos para apropiación social del conocimiento pueden no ser la prioridad, ¿cómo promover la apropiación en los proyectos de investigación?

“Minciencias lidera dos programas específicos para promover procesos de apropiación social del conocimiento y trabajo con comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas.

Uno de ellos es Ideas para el cambio y el otro es A ciencia cierta. Durante 2020, A ciencia cierta destinó recursos por 2.700 millones de pesos en 30 comunidades del país.

Aunque estamos hablando de proyectos pequeños, son ejemplo de cómo una comunidad, trabajando en conjunto con investigadores y científicos, puede integrar conocimientos de diversa índole y logra aplicarlos en la solución de un problema específico.

La apropiación social del conocimiento es uno de los ejes de la propuesta de Política Nacional de Ciencia, Tecnología en Innovación. De hecho, Minciencias viene construyendo una política pública específica para este tema. ¿Qué nos lleva como país a apostarle a la apropiación social como concepto clave del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación?

“Llevamos una década bajo el marco de la Estrategia Nacional de Apropiación Social del Conocimiento, lo que nos ha permitido ser líderes latinoamericanos en el diseño de políticas en torno a este concepto. Sin embargo, el diagnóstico al que hemos llegado es que en nuestro país tenemos bajos niveles de apropiación social del conocimiento, el cual entendemos como un proceso que involucra gestión, producción y aplicación de conocimiento convocando al diálogo de saberes para transformar la realidad y generar bienestar social.

Desde este viceministerio buscamos construir una nueva política pública que incluya a todos los actores del sistema de ciencia y tecnología, que promueva el fortalecimiento de capacidades regionales en ciencia, tecnología e innovación, de tal manera que diversas comunidades sean capaces de aplicar conocimientos científicos y generar proyectos de investigación y acción participativa en los que trabajen junto a investigadores y científicos para solucionar retos específicos locales. El diseño de esta nueva política de apropiación social del conocimiento inicia con la formulación de los lineamientos para la misma, los cuales fueron puestos a consideración de todos los actores del sistema a través de una consulta pública virtual en los meses de mayo y junio de 2020.

Recibimos muchos comentarios de universidades, empresas y asociaciones de la sociedad civil, y esos insumos nos permitieron revisar los lineamientos en mesas de trabajo internas de Minciencias y con diversos actores de la academia y el sector empresarial. En octubre logramos obtener el documento que consagra la Política Nacional de Apropiación Social del Conocimiento, el cual esperamos formalizar y finalmente publicar en 2021”.

 

Foto: Róbinson Henao

Por otro lado, cada vez más los procesos de apropiación social del conocimiento son un requisito para acceder a la inversión pública en ciencia y tecnología, de forma que, además de generar conocimiento, hay un incentivo para que los investigadores desarrollen productos de apropiación en sus proyectos. Además, estos productos han incrementado su importancia relativa en nuestro modelo de medición de grupos de investigación. De esta manera, buscamos priorizar recursos para apropiación social del conocimiento y disminuir las brechas regionales en capacidades de ciencia y tecnología”.

¿Cuáles han sido los aprendizajes del primer año de gestión de Minciencias?

“El ministerio tiene dos viceministerios: el de Conocimiento, Innovación y Productividad, y el de Talento y Apropiación Social del Conocimiento. Quisimos que la arquitectura institucional reflejara, por un lado, los temas de investigación y generación de nuevos conocimientos y, por otro, todo lo relacionado con formación de capital humano, desarrollo de capacidades regionales y apropiación social del conocimiento.

Durante 2020 trabajamos sobre la hoja de ruta establecida por la Misión de Sabios a finales de 2019. Sus recomendaciones fueron a corto, mediano y largo plazo, así que en el primer año de Minciencias priorizamos dos recomendaciones: una que tiene que ver con gobernanza del SNCTI, y otra que tiene que ver con la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Frente a la primera recomendación, desarrollamos un proyecto de decreto de gobernanza del SNCTI, el cual sometimos a un proceso de diálogo y retroalimentación con los actores del sistema y se encuentra en revisión por parte de Función Pública y el área jurídica de la Presidencia de la República.

Con este decreto se crearía un Concejo Nacional de Política de Ciencia, Tecnología e Innovación para orientar nuestras políticas públicas en esas materias con perspectiva a largo plazo de los desarrollos científicos y tecnológicos. También se crearía el Consejo Científico, conformado por 10 científicos asesores del Gobierno Nacional para la toma de decisiones basadas en la evidencia y el conocimiento científico. También modificaría a los consejos departamentales de ciencia, tecnología e innovación que son presididos por los gobernadores y tienen un papel importante en identificar y priorizar las necesidades de cada región en esas áreas.

En cuanto a la política nacional, Minciencias, junto a Planeación Nacional, desarrolló un borrador de documento Conpes que esperamos poner en discusión con todos los actores del sistema en 2021 y así consolidar nuestra apuesta de país en materia científica y tecnológica a 2030”.

¿Cómo fue el proceso de conversación con los actores de SNCTI para la elaboración de la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación?

“Para construir el borrador contábamos con insumos importantes: el libro de la Misión de Sabios; los planes estratégicos de cada uno de los 13 programas nacionales de ciencia y tecnología; y el Libro Verde 2030 “Política Nacional de Ciencia e Innovación para el Desarrollo Sostenible”.

Además, hay que tener en cuenta que desde 2020 Colombia es miembro formal de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), y eso nos permite acceder a las tendencias en estas áreas de los 37 países miembros. Teniendo en cuenta lo anterior, y por su alcance, decidimos formular la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2021-2030 como un documento Conpes.

Esto nos permitió involucrar a todos los ministerios, puesto que todos los sectores sociales necesitan de la ciencia, la tecnología y la innovación, pero es Minciencias quien tiene la función primordial de coordinación interministerial, regional y sectorial en estas materias en el país.

Después de construir el borrador de este documento Conpes, realizamos 15 diálogos para poner esta política en consideración de todos los actores del sistema. Realizamos mesas de trabajo en cada una de las seis regiones en las que el país está dividido según el Sistema General de Regalías, y que contaron con la participación de universidades, empresas, asociaciones de la sociedad civil y entidades públicas locales. También realizamos diálogos con niños, niñas y adolescentes, representantes del sector empresarial, exintegrantes de la Misión de Sabios y exdirectores de Colciencias, entre otros”.

A grandes rasgos, ¿en qué consiste la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2021-2030?

"Esta es una política con enfoque incluyente y diferencial, dado que somos un país de regiones y que existen grandes brechas en materia de capacidades para la ciencia y la tecnología entre unas regiones y otras. Por esa razón, la política presenta un plan de acción en seis ejes:

Generación de conocimiento, donde hablamos de los proyectos de investigación y de la infraestructura tecnológica que se requiere para generar nuevos conocimientos.

Formación de capital humano: ahí tenemos en cuenta la promoción de vocaciones científicas en niños, niñas y adolescentes, y cómo articular toda la cadena, desde esos niños que sueñan con ser científicos hasta los investigadores que buscan desarrollar estancias posdoctorales, pasando por los jóvenes investigadores y los estudiantes de pregrado, maestría y doctorado. Además de la formación, está el tema de inserción laboral de ese capital humano.

El uso del conocimiento, donde hablamos de las condiciones para innovar y emprender, de la trasferencia de conocimiento entre universidades y sector productivo, de las nuevas tecnologías y la Cuarta Revolución Industrial.

Apropiación social del conocimiento que tiene que ver con cómo hacer una ciencia más inclusiva, que genere impacto social y que promueva una cultura científica y tecnológica. Ahí hablamos de la comunicación pública de la ciencia, de cómo acercar la ciencia al ciudadano; y hablamos de apropiación social, entendida como un proceso de gestión, valoración y aplicación del conocimiento, donde se busca integrar las diversas formas de conocimiento, incluyendo los ancestrales y tradicionales, y cómo entran en un diálogo de saberes con los conocimientos científicos y empíricos.

La gobernanza, donde promovemos el proyecto de decreto que ya mencioné.

Financiación de la ciencia y la tecnología: este gobierno se puso la meta para 2022 de duplicar la inversión en ciencia y tecnología con respecto al Producto Interno Bruto (PIB) acercándonos a niveles del 1,5%. Sin embargo, esa meta no es fácil de cumplir. El presupuesto es insuficiente para todas las necesidades que tenemos, así que urge definir otras estrategias para estimular esa inversión”.

¿Qué estrategias se han planteado para empezar a acercarnos a los niveles de inversión pública y privada en ciencia y tecnología de los países de la Ocde que están alrededor del 2% del PIB?

“Este tema hace parte de las conversaciones con Planeación Nacional, pero por lo pronto sabemos que no vamos a cumplir la meta de duplicar nuestra inversión a 2022 si no hacemos algo desde ya.

Entre las estrategias que hemos contemplado está hacer uso de inversiones en el marco de gasto de mediano plazo; y también ver cómo los otros ministerios, con los rubros que tienen destinados para investigación, se puedan enlazar con las estrategias lideradas por Minciencias. También está el tema de cooperación internacional, es decir, cómo promover el desarrollo de proyectos conjuntos con otros países donde nosotros ponemos recursos, pero ellos también.

Un aspecto clave son las alianzas público-privadas, donde el Estado jalona recursos del sector privado para investigación. También está el porcentaje de regalías y todo lo relacionado con la banca multilateral. Pero, más allá de duplicar la inversión en ciencia y tecnología en el corto plazo, la meta del Gobierno es lograr un financiamiento sostenible de todo el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación”.

Autores

Agustín Patiño Orozco

​Colaborador.

Categoría de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas

Saber para Sanar, apuesta por un mejor país

Mayo 2, 2022

Esta estrategia de intervención, que ha desarrollado diversas acciones en lugares públicos, pretende motivar
conversaciones amplias sobre temas complejos para la sociedad como la guerra y la paz.

Sus resultados animan a sus promotores a continuar abriendo nuevos espacios de diálogo.

El semillero de Psicología y Ciencia Política de la Universidad EAFIT, a través de su estrategia Saber para Sanar, busca con múltiples iniciativas de apropiación social aportar a la construcción de paz en el país. Combinando saberes y metodologías colaborativas, ha logrado construir espacios seguros de diálogo y reflexión sobre el impacto de la guerra en la sociedad colombiana, propiciando conversaciones incómodas sobre temas que pocas veces nos atrevemos a abordar.

A mediados del año pasado, este semillero inició una serie de actividades de interacción con públicos diversos, tanto de la comunidad universitaria, como con otras personas interesadas en su propuesta. No obstante, el lanzamiento del informe final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) a finales de junio del año pasado, que explica lo ocurrido durante 50 años de guerra, se convirtió en la oportunidad para abrir el diálogo que venían teniendo internamente e integrar a otras personas para abordar, desde un enfoque psicológico, los efectos que ha dejado la violencia en nuestra sociedad, y así, empezar a sanar las heridas.

Semillero en evolución

El semillero nació en 2015 por iniciativa de la profesora Marda Eucaris Zuluaga, quien atrajo el interés de algunos estudiantes del pregrado en Psicología para reunirse y explorar temas relacionados con el arte en su profesión. Posteriormente, producto de su trabajo de grado de doctorado, se conectó con temas ligados a la memoria y el conflicto, y decidió proponer un cambio de enfoque en el semillero.

Fue así como en el 2019 iniciaron reflexiones e investigaciones sobre psicología social y política. Para la docente, el arte siguió presente en sus actividades, pues, tal como ella lo resalta, “es una de las muchas manifestaciones expresivas a través de las cuales los seres humanos se pronuncian políticamente".

Ese mismo año, varios de sus integrantes participaron en la Cátedra Colombiana de Psicología Mercedes Rodrigo, espacio virtual que reunió a estudiantes, investigadores y docentes universitarios de diversas regiones del país. En esa oportunidad, el encuentro académico abordó el tema de reconstrucción de subjetividades e identidades en contexto de guerra y posguerra.

Esa experiencia les permitió acercarse a diversidad de trabajos y enfoques psicológicos como el de la institucionalización de la guerra, que despertó un interés especial en el semillero y los llevó a iniciar su primera investigación en la que analizaron actitudes y creencias sobre la paz y la guerra en Colombia a partir de las interacciones en los foros de Facebook de El Colombiano y El Espectador en cinco noticias publicadas por estos diarios relacionadas con el proceso de paz.

Actualmente, se encuentran en el proceso de escritura de los hallazgos de esa investigación, que posteriormente publicarán, pero que, desde ya, les deja reflexiones que nutren las labores que llevan a cabo con distintas comunidades.​

“Surgieron un montón de cuestionamientos y también se generaron muchas emociones de la lectura, pues los testimonios que trabaja la Comisión de la Verdad son muy fuertes…" Luisa Martínez, integrante del semillero.​

Co-creación para la apropiación

Las actividades que realiza el semillero cuentan con el apoyo de varias áreas de la Universidad y de algunas organizaciones de la ciudad, lo que les ha permitido ampliar la participación y el diálogo con varios sectores sociales, así como la diversificación de formatos y metodologías de apropiación social del conocimiento.

Ana María González, coordinadora de Cultura de la Apropiación del área de Apropiación Social del Conocimiento adscrita a la Vicerrectoría de Ciencia, Tecnología e Innovación, ha impulsado la conexión de experiencias dentro y fuera de la Universidad con el semillero. A ella le llamó la atención las formas como la profesora Zuluaga y los estudiantes vinculan los contextos sociales en la apropiación social de los conocimientos que aborda el semillero.

Para González lo más interesante de la creación colaborativa y colectiva de esta experiencia es “que les permitió afinar cosas metodológicas de la mediación, porque no solamente es en función de los temas… Le aporta al método la genuinidad de los problemas reales que tienen las personas".​

La primera alianza que realizó el semillero con la estrategia Saber para Sanar fue en mayo del 2022, cuando compartieron con la Universidad de los Niños un espacio en el evento Días de EAFIT. Allí compartieron una carpa y material didáctico para que el grupo realizara la actividad Tendedero de Verdades, diseñada para invitar a la comunidad universitaria y a los visitantes a pensar maneras conjuntas de cruzar lo personal y lo colectivo como aporte a la construcción de paz, a propósito del anuncio de la entrega del informe final de la CEV al país, programado para el 28 de junio de ese año.

La actividad consistió en dejar pequeños papeles con preguntas como ¿hay alguna verdad que te haya cambiado la vida? El propósito era motivar a los visitantes a leer y a escribir sus reflexiones para luego colgarlas en las cuerdas dispuestas en la carpa, y así poder ser leídas por otros asistentes.

El segundo evento de la estrategia Saber para Sanar fue el club de lectura que co-crearon con el profesor de la maestría en Estudios Humanísticos, Juan Pablo Pino Posada. En su primer ciclo, se reunieron en una de las salas de la Biblioteca Luis Echavarría Villegas a leer el capítulo testimonial de la CEV.

Tuvo convocatoria abierta y contó con la participación de una veintena de personas quienes, durante cuatro meses, asistieron a la cita cada miércoles a las siete de la mañana para activar el diálogo y la reflexión.

“Surgieron un montón de cuestionamientos y también se generaron muchas emociones de la lectura, pues los testimonios que trabaja la Comisión de la Verdad son muy fuertes… Entonces fue muy duro, pero también ha sido un proceso muy bonito, es como sanar el trauma colectivo en colectivo, que es uno de los propósitos de Saber para Sanar", detalla Luisa Martínez, integrante del semillero.

Debido al éxito que tuvo esta actividad, decidieron continuar para el 2023 con estos encuentros. Para su segundo ciclo, están planeando la lectura de los otros capítulos del informe de la CEV.

Adicional a ello, el semillero adoptó Cuatro Ojos, estrategia de cine foro de la Universidad de los Niños con el fin de propiciar diálogos sobre la importancia de tener conversaciones incómodas. Para su primera edición, eligieron la película Encanto, dedicada a Colombia y que la productora Disney estrenó en noviembre de 2021, para reflexionar con los asistentes sobre las emociones y la conexión de estas con la política.

Decenas de jóvenes concurrieron a los espacios públicos convocados por el proyecto para participar en los distintos diálogos.

Amiga Date Cuenta fue la última actividad que realizó el semillero en 2022. Contaron con el apoyo de la red ciudadana Antirumores y se llevó a cabo en las instalaciones de la Corporación Región. Se trató de un taller en el que los asistentes, 25 en total, reflexionaron sobre estereotipos, creencias e ideologías a partir del análisis colectivo del dicho popular 'El pobre es pobre porque quiere'.

“En el taller y el cine club que hicimos, nos dimos cuenta que las personas tienen mucho por decir, que las personas quieren hablar de muchas cosas que pueden ser incómodas. Nos sorprendió también que las personas contaban sus historias de vida, su relación con el conflicto armado, eran muy abiertos en esos temas y es que buscan esos espacios en los que se pueda hablar y conversar desde el respeto", reflexiona Laura Correa, estudiante y coordinadora del semillero.

Actualmente, el semillero está integrado por ocho personas entre estudiantes activos, egresados y una estudiante de maestría, quienes esperan continuar activando el portafolio de estrategias que han construido alrededor de la estrategia Saber para Sanar.

Al respecto, la profesora Zuluaga, su creadora, asegura que es una gran motivación seguir ampliando el semillero por una razón fundamental que ella expresa con claridad: “La paz la construimos entre todos, todos los días, con acciones pequeñas".​

Autores

Vanessa Reyes Restrepo

Colaboradora.

Categoría de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas
Suscribirse a Revista Descubre y Crea

Nuestras sedes

 

Línea nacional: 01 8000 515 900

WhatsApp: (57) 310 899 2908

 

Carrera 49 N° 7 Sur-50

Línea nacional: 01 8000 515 900

Línea de atención: (57) 604 2619500

 

Carrera 19 #12-70 Megacentro Pinares

Línea de atención: (57) 606 3214115, 606 3214119

Correo electrónico: eafit.pereira@eafit.edu.co 

Carrera 15 #88-64 oficina 401

Línea de atención: (57) 601 6114618

Correo electrónico: eafit.bogota@eafit.edu.co 

Km 3.5 vía Don Diego –Rionegro

Línea de atención: (57) 604 2619500​, ext. 9188

Correo electrónico: llanogrande@eafit.edu.co