En época de elecciones, ¿cómo analizar un debate para votar con criterio?
Profesores eafitenses, expertos en argumentación, coinciden en que es fundamental poner el foco en el contenido y la coherencia del discurso de los candidatos en los debates. Más allá de las frases efectistas, invitan a identificar qué problema plantea cada aspirante, qué propone para resolverlo y con qué datos sustenta sus afirmaciones.
También advierten que los gestos, el tono de voz y el vestuario hacen parte de la puesta en escena, pero no deben leerse de forma aislada. El lenguaje no verbal comunica valores e intenciones, y solamente adquiere sentido cuando es coherente con el discurso.
Los debates electorales vuelven a ocupar un lugar importante en la agenda pública. Se comentan en familia, se difunden fragmentados en redes sociales y se discuten en medios y grupos de chat. Entre gestos, frases contundentes y momentos virales, estos encuentros suelen presentarse como un pulso entre candidatos, más que como un espacio para contrastar ideas. Sin embargo, analizados con atención, los debates electorales pueden convertirse en una herramienta clave para formarse un criterio propio y tomar decisiones informadas al momento de votar.
Según Adolfo Eslava Gómez, profesor de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT y doctor en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, la democracia no se agota en elecciones y votos, sino que implica un gobierno basado en la discusión. Por eso, dice, “es nuestro deber promover foros, en casa o en la ciudad, puesto que conviene erradicar aquella frase de uso manido según la cual ‘aquí no se habla de política’. Por el contrario, tenemos que poner la política en el centro de conversaciones y debates bajo un compromiso férreo por el cuidado de la palabra, de la pregunta, del pensamiento”.
En cuanto al análisis del discurso, leer un debate electoral implica preguntarse por la coherencia entre lo que dice un candidato, lo que propone y la forma en que sustenta sus argumentos. En ese sentido, los datos cumplen un papel clave. La ausencia de cifras, planes verificables o respuestas claras suele ser una señal de evasión discursiva. Cuando un candidato da rodeos, generaliza o desvía la conversación hacia ataques personales, se debilita la argumentación y se dificulta la evaluación ciudadana sobre la viabilidad de sus propuestas.
El lenguaje no verbal también hace parte del análisis, aunque no debería ser el eje principal. Gestos, tono de voz y vestuario comunican intenciones, pero solo adquieren sentido cuando son coherentes con el discurso. Júlder Gómez Posada, director del área de Lenguaje de la Escuela de Artes y Humanidades de EAFIT, señala que: “El lenguaje no verbal es muy eficiente para comunicar los valores con los que los candidatos quieren ser asociados: si quieren parecer personas que respetan las instituciones, que hacen parte del pueblo, o que tienen control de sí mismas y de los demás”.
Igualmente, agrega Julder, doctor en Filosofía de la Universidad de Antioquia y experto en teoría de la argumentación, la lectura crítica exige preguntarse si esos valores son verosímiles y si realmente orientan a buenas decisiones de gobierno. En un contexto donde los debates están cada vez más fragmentados por clips, memes y ediciones en ocasiones malintencionadas, la imagen puede amplificarse y distorsionar el mensaje original del candidato.
Para Néstor Julián Restrepo Echavarría, profesor de la Escuela de Artes y Humanidades de EAFIT y doctor en Política, Comunicación y Cultura de la Universidad Complutense de Madrid, uno de los principales criterios de evaluación es la consistencia narrativa: “Cuando un candidato empieza a dar vueltas sin llegar a un punto es porque no sabe, quiere enredar o pasar por alto el tema. Aunque los políticos, en ciertos momentos, pueden optar por esa estrategia, el ciudadano lo que debe esperar y evaluar es que el político sea concreto, claro y vaya directamente a lo que quiere decir y a cómo pretende resolver el problema”, afirma.
Otras recomendaciones clave
Una de las principales recomendaciones que hacen los profesores eafitenses es no quedarse únicamente con los fragmentos que circulan en redes sociales, sino ver al menos un debate completo. Para el profesor Néstor Julián, el reto está en que, a diferencia de otros países donde los debates están institucionalizados y concentrados en pocos encuentros, en Colombia existe una proliferación de escenarios que fragmenta la atención pública.
“Lo que yo aconsejaría es que el ciudadano elija un medio de confianza y vea un debate en ese espacio, con una disposición amplia, no solo para escuchar a su candidato, sino también para atender lo que dicen los demás, sin dejarse llevar por los sesgos cognitivos que todos tenemos, como pensar que uno es muy bueno y el otro es perverso”, explica el profesor.
Una segunda acción clave es no intentar verlo todo. En un ecosistema mediático saturado, seguir todos los debates puede generar confusión y reforzar prejuicios asociados al medio, al periodista o a la línea editorial. La invitación, de acuerdo con el profesor Néstor, es a seleccionar con criterio, contrastar lo escuchado y asumir una actitud crítica frente a la información, entendiendo que ningún escenario está completamente libre de sesgos.
Daniel Mejía Saldarriaga, profesor del área de Lenguaje de la Escuela de Artes y Humanidades de EAFIT y doctor en teoría de la Argumentación de la Universidad de Windsor, subraya que la claridad y la coherencia en un debate también dependen del conocimiento previo del elector. “Normalmente, los debates se desarrollan mediante secciones en las que se tratan temas coyunturales con los que deberíamos estar familiarizados. También deberíamos familiarizarnos con lo que los candidatos y sus agrupaciones han dicho antes sobre distintos temas”, afirma.
En esta línea, el profesor Daniel recomienda enriquecer la interacción con los discursos políticos mediante información base sobre los temas y problemas más relevantes, así como contrastar diversas lecturas y comentarios sobre los debates. Estas acciones, señala, permiten valorar con mayor criterio las propuestas y fortalecer una participación ciudadana más consciente.
A estas recomendaciones se suma una práctica concreta para fortalecer la lectura crítica durante los debates. El profesor Júlder sugiere tomar notas mientras se desarrolla el encuentro, anotando los nombres de los participantes y las impresiones que dejan sus intervenciones. Este ejercicio permite, al final, revisar con mayor distancia lo dicho por cada candidato y comparar argumentos y propuestas.
Leer un debate electoral, en última instancia, es un ejercicio ciudadano que requiere atención y reflexión. Más que buscar ganadores, se trata de identificar quién ofrece propuestas claras, viables y coherentes frente a los problemas del país. Como agrega el profesor Néstor, “la democracia no es un asunto de barras bravas y no puede vivirse como un partido de fútbol, se trata de elegir a la persona más idónea para resolver los problemas reales y no dejarse arrastrar por las lógicas de la polarización”.
En resumen, no basta con hacer parte del flujo de información digital al que nos someten los algoritmos puesto que la participación democrática va mucho más allá de enterarse de los dos argumentos emotivos que exponen los polos opuestos, junto con el sesgo que inclina la balanza hacia el lado que nos da la razón. “La democracia es exigente toda vez que encierra el reto de mirarnos a los ojos para expresar argumentos y escuchar a los demás acerca de ideas y propuestas en torno a la libertad y la protección social, las desigualdades y las elecciones, la desconfianza y la corrupción, la confianza y la esperanza”, concluye Adolfo Eslava.
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Última actualización
Febrero 17, 2026