Transición energética: una oportunidad para el crecimiento económico, el empleo y la inclusión social

Las energías limpias son una alternativa clave para cerrar brechas sociales, fortalecer la competitividad y enfrentar el cambio climático. Su implementación, más que una amenaza, es una oportunidad para la generación de empleo especializado, la inversión extranjera y la creación de comunidades energéticas que producen energía para el autoconsumo.


A propósito del Día Internacional de la Energía Limpia, establecido el 26 de enero por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para crear conciencia sobre la transición energética y promover el uso de fuentes renovables, expertos eafitenses hablan sobre el impacto socioeconómico de estas fuentes de energía y el rol de la academia en la transición.

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Imagen Transición energética: una oportunidad para el crecimiento económico, el empleo y la inclusión social

En 2025 se realizaron las primeras pruebas en río de Serena, la embarcación solar diseñada por estudiantes e investigadores de EAFIT.

 

Para hablar de la relación entre energía y desarrollo socioeconómico, primero hay que deconstruir esta última palabra: lo social y lo económico. Comencemos por la economía y vamos con una pregunta sencilla: ¿qué sería de una industria sin energía? La respuesta, según lo explica Judith Vergara Garavito, directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático de EAFIT, es contundente: “la energía es la base de la productividad; no hay desarrollo productivo sin energía”.

Pasando al ámbito social, ¿Qué sucede cuando una región del mundo no tiene acceso a la energía? Si estás leyendo este artículo desde un computador o teléfono móvil, es porque tienes acceso a internet, un servicio inherente a la energía eléctrica que también se necesita para iluminar las páginas de un libro por las noches. Se trata de asuntos tan cotidianos que parecen irrelevantes. Pero si el acceso a la información desde un dispositivo móvil se traslada a una zona donde el servicio público de energía es intermitente o incluso inexistente, la situación es diferente, ¿por qué? Se limita el acceso a la educación y al conocimiento. Se crea un desequilibrio social entre quienes acceden a la energía eléctrica y quienes no lo hacen, ya sea de origen fósil o limpio.

Con la claridad sobre la importancia de la energía en el desarrollo socioeconómico de las regiones, pasemos a las energías limpias y a cómo podrían cambiar la realidad en lugares remotos donde la electricidad es una utopía o, simplemente, a cómo aportan al desarrollo económico de las industrias y, por consiguiente, de los países.


¿Qué es la energía limpia?


El concepto de energías limpias se refiere a fuentes de generación que tienen emisiones bajas o nulas de gases contaminantes al medio ambiente. Entre las energías limpias, las más comunes son las renovables que, como su nombre lo indica, provienen de recursos que se renuevan a escala antropogénica; es decir que, dentro del ciclo humano, hay una renovación del recurso, lo que permite que sea sostenible y no contaminante. Según Santiago Bernal del Río, investigador de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, quien actualmente trabaja en el desarrollo de energías renovables y transición energética desde el Grupo de Investigación de Ingeniería de Diseño, “la diferencia con los combustibles fósiles es que estos provienen de hidrocarburos cuya renovación tarda miles de años; mientras que un recurso como el eólico se renueva de manera acelerada, por lo tanto, hacen que los sistemas sean mucho más sostenibles”.

Son energías limpias: la solar fotovoltaica, la eólica, la hidroeléctrica, la de biomasa y el hidrógeno. De estas hay que decir que vienen en un proceso de expansión, como respuesta a tres necesidades: disminuir la emisión de gases efecto invernadero, reducir los costos de generación a largo plazo y soportar la demanda actual, que se ha incrementado a causa de la masificación de la Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías informáticas, “si la demanda es mayor y la oferta es la misma, con las energías tradicionales el costo se vuelve exorbitante. Eso lo vive el mundo entero”, explica la profesora Judith, y agrega que esta situación ha llevado a generar, de forma alternativa, energías renovables.

En Latinoamérica, según el más reciente reporte Fomento para una transición energética eficaz, la implementación de energías renovables está liderada por Brasil y Chile; Uruguay se destaca por tener una mayor adopción de vehículos eléctricos. Colombia, que ocupa el lugar número 38 de ranquin, cuenta con una matriz energética bastante limpia en términos de electricidad, conformada por hidroeléctricas, pero el resto depende en gran medida de hidrocarburos, turbinas de gas y carbón. 

Aunque se destaca un incremento en la implementación solar y la energía eólica, esta última aún presenta muchos inconvenientes para el licenciamiento social, y ese es precisamente uno de los desafíos en la implementación de energías limpias en Colombia pues “en las zonas donde mejor recurso tenemos, que es en el Norte del país, no se han hecho de forma correcta las conversaciones y las consultas con los actores sociales para la implementación y adopción de estas tecnologías”, expresa el profesor Santiago.

Si bien las energías limpias tienen un costo de operación mucho menor que el de las tradicionales, presentan costos de inversión mucho más altos. Para producir energías renovables hay que hacer proyectos, por ejemplo, de parques eólicos o solares; hay que crear plantas de biomasa o nucleares para aprovechar energías que antes no aprovechábamos. 


Green Skills: esperanza en lugar amenaza


El impacto económico de las energías limpias se verá a mediano y largo plazo, cuando se trate de un asunto cotidiano, pero también en el corto plazo, incluso durante la adecuación de las diferentes tecnologías. ¿Por qué? Porque la construcción de todas estas nuevas fuentes de energía requiere empleos especializados, “lo que está ocurriendo es una transformación laboral en lugar de una destrucción de empleos”. Los empleos no van a desaparecer; se están transformando. Eso implica que hay que realizar una reconversión laboral para estas personas que durante años han trabajado en torno a los combustibles fósiles, pues ahora se va a generar una demanda de operarios que instalen paneles, construyan parques eólicos, hagan mantenimiento de turbinas, entre otras cosas. No solo ingenieros, también tecnólogos, técnicos y auxiliares”, aclara la profesora Judith.

En este contexto, está emergiendo una serie de nuevas habilidades, conocidas como Green skills. Más que una amenaza, hay una oportunidad de crear empleos en esta nueva transición hacia la tecnología verde. 
 

El rol de la universidad

A la par de la formación de los talentos que hoy demanda la transición energética, el rol de las instituciones de educación superior también radica en la innovación que se genera en el entorno académico. Prototipos y pilotos de movilidad eléctrica, tecnologías de almacenamiento, redes más inteligentes o la implementación de hidrógeno verde, que surgen de los grupos de investigación de las universidades, pueden ayudar a generar soluciones más costoefficientes.

EAFIT, por ejemplo, ha tenido un rol muy activo  en el desarrollo de prototipos y proyectos de movilidad sostenible, ejemplo de esto es el diseño y testeo de vehículos eléctricos,   embarcaciones y carros solares (proyectos como Primavera y Kratos), en palabras de Juan David Mira Pineda, profesor de escuela de Ciencias aplicadas e Ingeniería  y coordinador del convenio EAFIT/SOFASA, “estos proyectos integran formación, investigación aplicada e innovación, y han permitido desarrollar capacidades locales en diseño, simulación, electrónica de potencia y sistemas de almacenamiento de energía, muchas veces en alianza con empresas del sector automotor y energético”.

Para que los desarrollos pasen del prototipo a la masificación se requiere, principalmente, el escalamiento industrial, además de regulación habilitante, modelos de negocio viables y algo muy importante “una apuesta por el talento e ingeniería local. Es clave fortalecer los vínculos con la industria para llevar los diseños a procesos de homologación y producción, así como contar con políticas públicas que apoyen la compra, el piloto y la adopción temprana. Además, se necesita continuidad en la inversión en I+D y una visión de largo plazo para que estas iniciativas no queden como proyectos aislados”, puntualiza el profesor Juan David.

Otro rol de la universidad en la transición energética es el acompañamiento en el diseño de políticas públicas, pues los gobiernos necesitan basarlas en evidencia, gran parte de la cual proviene de la investigación que realiza la academia. En ese sentido, “las instituciones educativas se convierten en un actor clave para acompañar a los gobiernos en el desarrollo de políticas públicas que impulsen los cambios regulatorios necesarios para avanzar en la transición”, afirma la profesora Judith.


Comunidades energéticas


Ya se ha dicho que las regiones sin acceso a la energía quedan expuestas a un atraso social. Pero con la expansión de las energías limpias, este panorama tiende a cambiar, pues existe algo conocido como comunidades energéticas, donde, mediante paneles solares, las comunidades generan y consumen su propia energía. No es utopía, es algo que ya existe y se promueve en Colombia. 

De acuerdo con el ABC de comunidades energéticas, publicado por el Ministerio de Minas y Energía, una comunidad energética puede aprovechar energía hidroeléctrica obtenida a partir cuerpos de agua pequeños, energía eólica, geotérmica y solar

Un grupo de personas que se convierte en una comunidad energética garantiza la suficiencia energética e incluso puede comercializar sus excedentes en la red nacional. Si se trata de una comunidad energética conformada por pequeñas empresas, estas pueden “reducir su exposición a la volatilidad de los precios internacionales del gas o del petróleo, sobre todo en la actualidad, con tantas tensiones geopolíticas, por ejemplo, lo que está pasando en Ucrania y en Venezuela”. Si una empresa genera su propia energía, es decir, se convierte en un autogenerador, puede tener mayor estabilidad en su flujo de caja. Contribuye a crear empleos verdes y puede reducir el riesgo de sus inversiones, porque tiene menos probabilidad de que sus costos de energía se eleven, al menos en el corto plazo”, aclara indica la profesora Judith. 
Adicionalmente, al ser un generador de energía limpia, evita las emisiones de gases de efecto invernadero, la principal causa del cambio climático.


La realidad actual y las acciones que se deben realizar


De acuerdo con el más reciente informe del Foro Económico Mundial (World Economic Forum), Impulsando el futuro: Cómo las empresas, las finanzas y las políticas pueden impulsar el mercado de combustibles limpios, si bien la inversión anual en capacidad de producción de combustibles limpios ha aumentado aproximadamente un 30 % entre 2024 y 2025, esto sigue siendo solo una fracción de lo que se necesita para alcanzar objetivos climáticos, como el Acuerdo de París o el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna). 

En ese sentido, las inversiones en combustibles limpios deberían cuadruplicarse para 2030 si queremos cumplir con las metas de descarbonización. En respuesta a cifras como estas, durante la COP 30,  realizada en 2025 en Belém, Brasil, se lanzó la iniciativa “Belém 4X”, cuyo objetivo es brindar apoyo político y promover la cooperación internacional para cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles para 2035.
 
Con este panorama, “el desafío ya no es justificar la inversión en energías limpias, sino escalar significativamente su volumen. Para ello, es clave la alineación entre políticas públicas claras, un marco normativo estable y condiciones sólidas de seguridad para la inversión”, indica la profesora Judith. Si bien Colombia ya cuenta con una política de beneficios tributarios para la generación de energías limpias, persisten ciertos desafíos sociales que retrasan algunos proyectos. 

En este contexto, los inversionistas dejan de preguntarse si deben o no invertir en este tipo de proyectos y pasan a enfocarse en una pregunta más sofisticada: ¿qué proyecto ofrece la mejor relación riesgo–retorno? En consecuencia, los países que logren ofrecer mayor certidumbre y seguridad a la inversión se consolidarán como destinos atractivos para el capital internacional”. 

Afortunadamente, nada de eso está alejado de la realidad, pues hay cosas que ya suceden; lo que se sugiere es seguir alineando los esfuerzos público-privados para que los proyectos tengan un marco de acción claro que garantice a los inversionistas que sus recursos tendrán un impacto positivo y también un retorno a la inversión, concluye la directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático, Judith Vergara.

En conclusión, la generación de energías limpias es para un país como Colombia una oportunidad, en lugar de una amenaza. Así debería entenderse la transición energética, pues somos un país con un alto potencial para la generación de energía eólica y solar. Tampoco hay amenaza en términos de empleo; por el contrario, se abren las puertas a nuevos trabajos especializados y, si a esto sumamos la mejora de la calidad de vida, lo que queda en el ambiente es una sensación de esperanza.

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