EAFIT, un laboratorio vivo para explorar los desafíos del cambio climático durante Climate Week Medellín 2026

Octubre 5, 2026

En el marco de Climate Week, EAFIT desarrolló una jornada de muestras, recorridos y experiencias. La programación incluyó una conversación que puso en discusión el papel de las universidades frente a la crisis climática y planteó la sostenibilidad como un desafío que requiere pasar del conocimiento a la acción.

El campus se convirtió en un laboratorio vivo para acercarse a los desafíos ambientales desde la ciencia y la innovación. Los participantes conocieron sobre la medición de la huella de carbono y recorrieron tecnologías para la acción climática, acercándose a distintas formas de comprender y responder a estos retos.

En el marco de Climate Week Medellín 2026, EAFIT convirtió su campus en un laboratorio vivo para acercar a la sociedad a distintos desafíos y respuestas frente a la crisis climática. La jornada, realizada el pasado 2 de octubre, incluyó recorridos por tecnologías para la acción climática, una conversación sobre el papel de las universidades, una charla sobre huella de carbono y una demostración de aprovechamiento energético de biomasa residual.

Durante la conversación ¿Qué puede hacer una universidad frente a la crisis climática?, Alejandro Álvarez Vanegas, profesor del área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de EAFIT; Juliana Gómez Aristizábal, coordinadora de proyectos del centro Urbam de EAFIT, y Salomé Arango Bustamante, de la Dirección de Estrategia de la Universidad, dialogaron sobre la sostenibilidad como un asunto que trasciende lo ambiental y compromete la formación, la investigación, la gestión institucional y la relación de la Universidad con la sociedad.

Para el profesor Alejandro, asumir este desafío implica revisar el papel de las instituciones de educación superior y la manera en que el conocimiento se conecta con las necesidades de los territorios. “Cada programa académico debería revisarse a la luz de unas competencias para la sostenibilidad. Esto puede sonar muy ambicioso, pero creo que lo que hace una universidad declarando un interés en sostenibilidad es muy vago si no miramos cómo se están diseñando los programas académicos”, afirmó.

La formación también fue uno de los puntos centrales para Salomé Arango, quien llamó la atención sobre la necesidad de que la sostenibilidad no se reduzca al cambio climático, pues los demás límites del Planeta tienen implicaciones en la vida cotidiana. “Un llamado es cómo tener una formación de sostenibilidad para toda la comunidad, donde entendamos desde el día a día cómo aportar, porque lo vemos como un compromiso altruista, pero sin entender, al fin de cuentas, cuál va a ser nuestro aporte en el marco de cada una de esas acciones que suman y que podemos hacer en el día a día”, expresó.

Desde Urbam, Juliana Gómez explicó que esta visión se relaciona con el Plan Maestro de EAFIT, formulado desde 2021 y orientado a repensar el campus como una universidad parque, en la que los espacios cumplen funciones ecológicas, sociales y educativas. La propuesta contempla dimensiones como el campus inteligente, la polifonía de saberes, la transformación de los espacios, los ecosistemas para la regeneración y los hábitos saludables. “Por ello, es importante entender que el aprendizaje y la sostenibilidad no es una cosa teórica, sino que es una experiencia que uno puede vivir conectándose con cualquier espacio de este campus, que además es especialmente singular y que está en una ciudad bastante biodiversa”, afirmó.

Uno de los ejemplos de esta concepción es La Volcana, una quebrada que atraviesa el entorno del campus y que busca ser recuperada como un laboratorio vivo del agua, la biodiversidad y la cultura. De acuerdo con Juliana, el proyecto pretende reconectar este cuerpo de agua con la Universidad y con los actores de su cuenca. A esto se suman intervenciones como la recuperación de jardines en el bloque 18, donde se retiró pavimento y se generaron espacios para favorecer el manejo del agua, el hábitat de pequeñas especies y el confort térmico.

Datos y tecnología al servicio de la acción climática

La jornada también permitió conocer tecnologías para la acción climática, una muestra guiada por el profesor Alejandro Marulanda Tobón, de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT. Allí se presentaron capacidades desarrolladas por la Universidad para generar datos y herramientas que apoyan la gestión del territorio y la toma de decisiones. Entre ellas se encuentran tecnologías vinculadas al Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (SIATA) para el monitoreo de inundaciones, movimientos en masa y otras amenazas; drones con cámaras térmicas y multiespectrales; sistemas de captura láser para modelar terrenos y estructuras, y soluciones para operar en zonas de difícil acceso.

La muestra incluyó también sistemas como Kraken, orientado al monitoreo de movimientos en masa en Medellín, y dispositivos capaces de transmitir información en tiempo real sobre variables como la lluvia, la respuesta hidrológica y las deformaciones del terreno. Estas experiencias evidencian cómo la generación de datos, la electrónica, la robótica y la observación remota pueden convertirse en herramientas para anticipar riesgos y fortalecer la gestión ambiental y territorial.

Otro de los espacios estuvo dedicado a la huella de carbono, concepto que la profesora Adriana Aristizábal, del área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de EAFIT, abordó desde su definición hasta su utilidad para la toma de decisiones. “Conocer el término no significa entenderlo. Para solucionar un problema, lo primero es entenderlo”, explicó. La huella de carbono cuantifica las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con una actividad, producto, organización o territorio y las expresa en dióxido de carbono equivalente. En el caso de EAFIT, la huella de carbono de 2024 fue de 15.700 toneladas de CO₂e, de las cuales el 91,3 % correspondió a emisiones indirectas, es decir, aquellas que se generan en actividades relacionadas con la Universidad, pero que no están bajo su control directo, como el transporte elegido por la comunidad universitaria.

El recorrido por las alternativas tecnológicas cerró con la demostración De los residuos a la energía: demostración de pelletización y gasificación de biomasa. La experiencia mostró cómo residuos agrícolas e industriales, como cascarilla, aserrín, cáscaras de cacao y residuos de sacha inchi, pueden ser sometidos a procesos de secado, reducción de tamaño y compactación para obtener pellets, pequeños cilindros elaborados a partir de biomasa residual que pueden utilizarse como combustible. La iniciativa explora alternativas para valorizar residuos y diversificar la matriz energética.

Las actividades mostraron distintas dimensiones de la acción climática: desde las decisiones cotidianas, la formación, la investigación, la gestión del riesgo y el aprovechamiento energético de residuos. En conjunto, reforzaron una idea planteada durante la conversación sobre el papel de las universidades frente a la crisis climática: este desafío requiere integrar distintas áreas del conocimiento y reconocer nuestra relación de dependencia con el entorno. Como concluyó el profesor Alejandro Álvarez, “no solamente somos seres sociales sino también seres ecológicos”.

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EAFIT, un laboratorio vivo para explorar los desafíos del cambio climático durante Climate Week Medellín 2026
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Recorridos, demostraciones y conversaciones hicieron del campus un espacio para explorar alternativas frente a los desafíos ambientales.
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Siete de los nueve límites del Planeta ya están transgredidos, advierte informe de Imaginar Futuros EAFIT

Septiembre 30, 2026

Durante la Climate Week Medellín 2026, EAFIT presentó el informe No es solo cambio climático, elaborado por su centro Imaginar Futuros, que analiza los nueve límites del Planeta y advierte que siete ya han sido sobrepasados. El documento reúne señales para comprender las decisiones que inciden en la estabilidad del Planeta.

La presentación hizo parte de la franja Futuros posibles: conversaciones para la acción climática, organizada por las universidades del G8+ (EAFIT, Universidad de Medellín, EIA, CES, UPB, Universidad de Antioquia, Universidad Nacional, ITM y Unilasallista). La jornada reunió a 16 investigadores e investigadoras.

En el marco de la Climate Week Medellín 2026, EAFIT presentó este martes 29 de septiembre el documento No es solo cambio climático: un informe sobre los nueve límites del planeta, elaborado por el centro Imaginar Futuros. La presentación hizo parte de la franja Futuros posibles: conversaciones para la acción climática, un espacio organizado por las universidades del G8+ que reunió a 16 investigadores e investigadoras para conversar sobre biodiversidad, agua, transición energética, ciudades, adaptación, gobernanza y futuros climáticos.

Antonio Julio Copete Villa, vicerrector de Ciencia, Tecnología e Investigación de EAFIT y moderador del primer panel de la jornada, tomó como punto de partida una de las conclusiones del informe para abrir la conversación: “Realmente, el equilibrio del planeta es una situación multidimensional. De los nueve límites del planeta, siete se han sobrepasado y hay una presión creciente. El cambio climático es solo uno de ellos y no es el más grave”.

El informe, basado en 123 fuentes verificadas, analiza nueve procesos que inciden en la estabilidad del planeta: cambio climático, integridad de la biosfera, ciclos del nitrógeno y el fósforo, agua dulce, cambio de uso del suelo, acidificación del océano, entidades novedosas, aerosoles atmosféricos y capa de ozono. El documento señala que las acciones orientadas a reducir la presión sobre un límite pueden generar efectos sobre otros, por lo que las decisiones ambientales requieren una mirada integral.

Juan Fernando Díaz Nieto, profesor de EAFIT e investigador principal del informe, explica que sobrepasar estos límites puede generar impactos irreversibles y poner en riesgo la vida en el Planeta. “El primer límite que está transgredido de forma grave es el de la biodiversidad, de hecho, estamos acelerando en gran medida la pérdida de especies, llevándolas a la extinción. En segundo lugar, se encuentran las entidades novedosas, es decir, todo lo que produce artificialmente el ser humano”, señala.

De acuerdo con el profesor, desde hace cinco años la masa producida por los seres humanos (ropa, plásticos, aparatos tecnológicos, entre otros) supera el peso de la biomasa del planeta, un desbalance que también tiene implicaciones para la salud humana. En tercer lugar, está el cambio climático y, en cuarto lugar, los ciclos biogeoquímicos, relacionados con el aumento desproporcionado de fósforo y nitrógeno en la superficie terrestre, asociados principalmente con las actividades agrícolas.

En el panel de apertura, el vicerrector expresó la necesidad de llevar a la práctica la perspectiva de los límites del planeta y preguntarse cómo las organizaciones incorporan estas variables en sus decisiones. Para Ana María Uribe Ramírez, consultora experta en sostenibilidad e invitada al panel, uno de los desafíos está en reconocer la biodiversidad: “Esto debería llegar pronto a los estados financieros. Todavía no se tiene el valor o el coraje de verlo de esta forma y tomar decisiones diferentes. La biodiversidad es un recurso limitado”.

En esa misma línea, Andrés Perilla Rodríguez, especialista en sostenibilidad de ISA, explicó que la biodiversidad está adquiriendo mayor relevancia en las decisiones relacionadas con la transición energética y el desarrollo de infraestructura. “La huella física de ISA va mucho más allá de lo visible. Considerar la biodiversidad tiene un impacto, y eso se materializa en la definición de trazados de líneas, relacionamiento con comunidades y estructuración de proyectos”, afirmó.

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Siete de los nueve límites del Planeta ya están transgredidos, advierte informe de Imaginar Futuros EAFIT
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El cambio climático es solo una parte de la crisis que enfrenta el planeta, de acuerdo con el informe presentado por el centro Imaginar Futuros.
Ciencia aplicada al servicio del cambio climático: otras conversaciones en la primera jornada de Climate Week


La conversación sobre agua y biodiversidad se amplió con otras investigaciones presentadas durante la jornada. Marcela Jaramillo Uribe, profesora de EAFIT, abordó el papel del agua subterránea frente a escenarios de escasez y recordó que el 99 % del agua dulce líquida del planeta se encuentra bajo tierra. En el contexto local, señaló que existen más de mil pozos perforados en el Valle de Aburrá, aunque ninguno hace parte del sistema de abastecimiento de la población. Su planteamiento fue que la seguridad hídrica requiere conocer mejor las fuentes disponibles y gestionarlas de manera conjunta. “Solo gestionamos bien aquello que conocemos”, afirmó.

Desde el ITM, los profesores José Luis González Manosalva y Harlem Acevedo presentaron un proyecto centrado en soluciones basadas en la naturaleza en cuencas como La Iguaná. Su trabajo combinó investigación, participación comunitaria y colaboración institucional para avanzar en procesos de diagnóstico, codiseño y coimplementación. Juan Camilo Villegas, profesor de la Universidad de Antioquia, amplió esta perspectiva al explicar la relación entre bosques, lluvia y disponibilidad de agua. “Nuestra lluvia depende en su mayoría de ecosistemas saludables”, aseguró al mostrar cómo el agua que sostiene actividades cotidianas está conectada con procesos atmosféricos y ecológicos que ocurren en el territorio.

El cambio climático y el desperdicio de alimentos también hicieron parte de las discusiones. Paola Andrea Zapata, profesora del CES, señaló que en Colombia se desperdician cerca de 9,76 millones de toneladas de alimentos al año y planteó la necesidad de transformar la manera de entender los productos que no llegan a la mesa. “Cuando desperdiciamos un alimento se pierden muchos recursos y emisiones”, explicó. Por su parte, Camila Martínez, profesora de EAFIT, presentó una investigación que combina el estudio de fósiles y árboles con inteligencia artificial para reconstruir climas del pasado y generar información que permita comprender escenarios futuros. Su equipo de trabajo ya ha identificado más de 800 especies de madera y trabaja en modelos capaces de reconocer patrones asociados con las condiciones climáticas en las que vivieron distintas especies.

La transición energética y la acción climática completaron el recorrido por las investigaciones presentadas. Adriana Aristizábal Castrillón, profesora de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, explicó una ruta para pasar de la preocupación por el cambio climático a decisiones sustentadas en evidencia, mediante herramientas como la estimación de la huella de carbono. Esteban Correa, de la Universidad de Medellín, presentó alternativas para aprovechar residuos de aleaciones de acero y titanio del Valle de Aburrá en materiales destinados al almacenamiento de energía asociada al hidrógeno. Las propuestas mostraron cómo el conocimiento científico puede conectarse con desafíos concretos y aportar elementos para la toma de decisiones.

En conjunto, las intervenciones reunieron investigaciones y experiencias de las universidades del G8+ y de organizaciones que enfrentan decisiones relacionadas con los límites del planeta. Como explicó Ricardo Mejía Gutiérrez, director del centro Energy Valley de EAFIT, el propósito fue “sacar la ciencia del laboratorio a la sociedad civil” y mostrar cómo el conocimiento generado desde la academia puede aportar a las discusiones del país sobre agua, biodiversidad, ecosistemas, materiales, energía y otros sistemas que sostienen la vida en el planeta.
 

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Estos hábitos poco conocidos pueden reducir el consumo de agua y energía

Septiembre 17, 2026

Reutilizar entre 30 y 60 litros del último enjuague de la lavadora para trapear, limpiar patios o descargar el sanitario, y lavar los platos con el grifo cerrado durante el enjabonado son acciones que permiten reducir consumos de agua que suelen pasar inadvertidos.

Trasladar el lavado de ropa o platos fuera de las horas de mayor demanda eléctrica y comparar cada mes el consumo registrado en la factura también ayudan a disminuir la presión sobre el sistema. Expertos eafitenses invitan a convertir estas prácticas en hábitos permanentes y no solo en respuestas temporales ante El Niño. Conoce más sobre el evento El Niño aquí.

El evento El Niño empieza a poner a prueba la disponibilidad de agua y las condiciones del sistema eléctrico en el país. Por eso, el llamado de expertos y entidades es también para los hogares: revisar cómo se consumen estos recursos y reducir los usos innecesarios. La razón es que agua y energía están más conectadas de lo que parece y, en un escenario de menor disponibilidad hídrica, los hábitos cotidianos contribuyen a disminuir la presión sobre ambos sistemas.

Ricardo Mejía Gutiérrez, director de Energy Valley, explica que el margen de acción en el corto plazo está principalmente del lado del consumo, pues aumentar la capacidad de generación requiere tiempos que no corresponden con la inmediatez del evento climático. “El Niño ya está aquí. Cualquier crecimiento en la capacidad de generación hoy es inviable en términos de tiempo, no se puede montar una granja solar, ni construir una represa en tiempo récord”.

En el hogar, algunas modificaciones sencillas pueden contribuir a reducir el consumo de electricidad. Natalia Gutiérrez Jaramillo, presidenta de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen), destaca que el ahorro residencial tuvo un papel importante durante El Niño de 2015-2016.  “Los invito a hacer cosas tan elementales como esperar a que la lavadora se llene para lavar, desconectar los computadores y los teléfonos, cambiar los bombillos, todo eso hace una diferencia sustancial en el ahorro de energía que necesitamos como país, pero también en la factura de energía que llega a la casa”, afirma.
 
De igual forma, la directiva señala que también es posible trasladar algunos consumos fuera de las horas de mayor demanda, ya que en la noche se concentra una parte importante de la presión sobre el sistema, por lo que organizar actividades como lavar ropa o platos en otros horarios puede contribuir a distribuir mejor el consumo. También, recomienda revisar la factura y comparar el consumo de un mes con el anterior para identificar cambios y tomar decisiones más conscientes sobre el uso de la energía.

Ricardo Taborda Ríos, decano de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, hace un llamado a la comunidad académica a sumarse a las acciones que se han propuesto desde el campus de la Universidad: optimizar el sistema central de aire acondicionado, revisar los horarios de iluminación, fortalecer la conversación académica sobre El Niño y la adaptación climática, entre otras. “Tan solo un aspecto a considerar es que el 30 % del consumo del agua en el campus está asociado a la red de enfriamiento y al aire acondicionado. Eso nos debe hacer a todos conscientes de lo que estamos enfrentando”, señala.

El consumo cotidiano también cuenta

EPM advierte que las condiciones de El Niño están presentes y fortaleciéndose, con una probabilidad del 97 % de que persistan hasta el trimestre febrero-marzo-abril del próximo año y del 90 % de que el fenómeno alcance la categoría de “Muy fuerte” entre noviembre y enero. La empresa también identifica un riesgo de déficit hidrológico y proyecta reducciones de hasta 13 % en algunas cuencas abastecedoras, particularmente en Ayurá-San Nicolás y San Cristóbal, durante la primera mitad de septiembre.

Con este panorama, la entidad invita a incorporar acciones cotidianas que permitan reducir el consumo de agua, por ejemplo, recoger entre 30 y 60 litros de agua del último enjuague de la lavadora para destinarlos a otros usos, como trapear, lavar patios o descargar el sanitario. En la cocina, lavar los platos en dos etapas, con el grifo cerrado durante el enjabonado, puede ahorrar entre 30 y 50 litros por lavada.

Además de estas prácticas, otras actividades habituales en el hogar también ofrecen oportunidades para ahorrar agua. Según las recomendaciones de EPM, una ducha de 10 minutos puede reducirse a cinco para ahorrar entre 50 y 75 litros por baño, mientras cerrar la llave al aplicar jabón o champú puede evitar el uso de otros 20 a 30 litros. También se puede recoger en un balde el agua que normalmente se deja correr mientras llega el agua caliente (entre 5 y 10 litros) y utilizarla posteriormente en actividades como la limpieza.

Cerrar la llave al cepillarse los dientes y utilizar un vaso puede ahorrar aproximadamente 11,5 litros por cepillado, mientras lavar frutas y verduras en un recipiente permite reducir entre 10 y 15 litros por preparación. A estas medidas se suman reparar oportunamente las fugas, evitar lavar vehículos y andenes con manguera, aprovechar el agua lluvia para usos que no requieran agua potable y utilizar dispositivos de bajo consumo o reguladores de caudal.

Para Alejandro Álvarez Vanegas, profesor titular del Área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de EAFIT, educarse en estos hábitos es clave. “Creo que debería haber una regla generalizada y es ahorrar en todo lo que se pueda, no hay que escatimar gastos, cualquier cosa que nosotros estemos cargando, entra ahí, y estos deberían ser hábitos más a largo plazo y no solamente en momentos coyunturales”.

Finalmente, si las condiciones de El Niño se mantienen durante los próximos meses, las decisiones cotidianas adquieren una dimensión colectiva: cada recurso que se deja de desperdiciar reduce, aunque sea en una pequeña proporción, la presión sobre sistemas que deberán responder a un periodo de menor disponibilidad hídrica. La invitación, entonces, es a entender el ahorro no como una restricción temporal, sino como parte de la manera en que la sociedad debe comprender el escenario climático.

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El uso responsable del agua y la energía cobra relevancia ante un escenario de menor disponibilidad hídrica asociado al evento de El Niño.
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El uso responsable del agua y la energía cobra relevancia ante un escenario de menor disponibilidad hídrica asociado al evento El Niño.
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El Niño podría encarecer la energía y afectar el crecimiento económico del país

Septiembre 11, 2026

Un evento muy fuerte de El Niño podría poner presión sobre el precio de la electricidad y, con ello, sobre los costos de hogares y empresas. Una menor disponibilidad de agua obligaría a recurrir a generación térmica, más costosa. Por eso la importancia de las acciones de mitigación. 

Expertos de Energy Valley, centro de EAFIT, advierten que un racionamiento tendría consecuencias más allá del recibo de la luz. Un suministro insuficiente puede comprometer la continuidad de las actividades industriales, afectar la inversión y obstaculizar el crecimiento del país.

Cuando baja el nivel de los embalses, el efecto no se queda en los ríos ni en las represas. También puede llegar a la factura de la luz, a los costos de las empresas y, en un escenario más crítico, al ritmo de la economía. En Colombia, donde la generación hidroeléctrica tiene un peso importante, un evento muy fuerte de El Niño significa enfrentar meses de menor disponibilidad de agua y, con esto, el reto de garantizar que haya suficiente energía para mantener en marcha hogares, comercios e industrias.  

Una menor disponibilidad de agua reduce la generación hidroeléctrica y obliga al sistema a recurrir con mayor intensidad a las plantas térmicas, que utilizan combustibles como gas, carbón y tienen costos de generación más altos. John García Rendón, investigador de Energy Valley, centro avanzado de energía de EAFIT, y OMEGA (Observatory of Markets and Enterprises: Guidelines and Applications), explica que esta sustitución puede elevar de manera significativa el precio de la electricidad. Durante los fenómenos de El Niño de 2015-2016 y 2023-2024, los precios máximos horarios llegaron a $2.000 y $1.500 por kilovatio hora, respectivamente.  

“Para las empresas, mayores costos de generación implican mayores costos de operación, dado que la energía eléctrica es un insumo fundamental para la producción y el comercio. Esto reduce los márgenes de las empresas y puede generar presiones inflacionarias sobre otros bienes y servicios”, señala el investigador. Además, ese aumento puede trasladarse a las tarifas que pagan los usuarios, pues la generación representa cerca del 40 % del costo total de la electricidad para el consumidor final.  

La preocupación también está relacionada con la capacidad del país para responder a una demanda que continúa creciendo. Según el informe Perspectivas de la influencia de El Niño en el mercado eléctrico colombiano en 2026-2027, publicado por Energy Valley, en los últimos cinco años solo ha entrado en operación el 28 % de los proyectos de generación que estaban previstos. El documento advierte que este retraso aumenta la vulnerabilidad del sistema ante un evento fuerte de El Niño y plantea la necesidad de complementar la expansión de la generación con medidas para gestionar el consumo de electricidad.

A esto se suma el crecimiento de los vehículos eléctricos: en el primer semestre de 2026 se registraron 24.477 en Colombia, un aumento de 235,5 % frente al mismo periodo de 2025. Buena parte de esa demanda adicional se concentra entre las 6:00 y las 9:00 de la noche, cuando ya no hay generación solar.

Natalia Gutiérrez Jaramillo, presidenta de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgén), recuerda que Colombia ya ha enfrentado siete eventos de El Niño y que las experiencias anteriores muestran el costo que puede tener una interrupción del servicio. Según su estimación, una hora diaria de apagón podría representar entre $250.000 y $280.000 millones para la economía.  

“Un apagón hoy sería muchísimo más costoso que hace 30 años, porque hoy tenemos centros de datos, inteligencia artificial, conectividad, plataformas de pagos, carros eléctricos y una cantidad de actividades económicas que dependen de la electricidad”, explica la directiva.

Si la oferta disponible no alcanza para atender la demanda, el país podría enfrentar restricciones en el suministro, con consecuencias para la actividad industrial y comercial. Para el experto de Energy Valley, la incertidumbre sobre la suficiencia energética también puede afectar las decisiones de inversión y la continuidad de procesos que dependen de un servicio eléctrico confiable.

Jesús Botero García, profesor de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno e investigador del centro Valor Público de EAFIT, señala que la magnitud de un eventual racionamiento dependería de cuánto se reduzca la demanda atendida, durante cuánto tiempo y de cómo se distribuyan las interrupciones entre horarios y sectores. “Interrupciones significativas que reduzcan la disponibilidad en 2 % o 3 % de la demanda, durante varios meses consecutivos, podrán impactar el PIB negativamente en 0,2 o 0,3 puntos porcentuales”, explica. El profesor advierte que este escenario sería menor al impacto máximo estimado a partir del apagón de los años noventa, pero muestra que incluso restricciones parciales y prolongadas pueden tener efectos sobre el crecimiento.

Un sistema bajo presión

La situación también tiene un componente de largo plazo. Natalia Gutiérrez señala que más de 5.000 megavatios de generación que se esperaban para atender el crecimiento de la demanda no llegaron a incorporarse al sistema. Para la presidenta de Acolgén, recuperar la confianza para nuevas inversiones es fundamental, pues los generadores existentes tendrían que invertir entre 15 y 20 billones de pesos anuales para acompañar el crecimiento de la demanda. Mientras tanto, una de las prioridades inmediatas es llegar a diciembre con los embalses por encima del 80 % y mantener un uso responsable de la energía durante los meses más críticos.

En ese escenario, ahorrar energía deja de ser únicamente una recomendación ambiental y se convierte también en una medida para reducir la presión sobre el sistema y sobre el bolsillo. Natalia recuerda que durante anteriores campañas de ahorro la demanda llegó a disminuir casi 4 %. Acciones sencillas como esperar a tener la lavadora llena, desconectar equipos que no se utilizan o trasladar algunos consumos fuera de las horas de mayor demanda, pueden contribuir a ese propósito y, al mismo tiempo, reducir el valor de las facturas.

El desafío va más allá de superar unos meses de sequía. El Niño pone a prueba la capacidad del país para garantizar un servicio esencial para la economía, justo cuando aumenta la demanda y crecen nuevas formas de consumo eléctrico. Para los expertos, contar con suficiente generación, promover un consumo más eficiente y recuperar las condiciones para nuevas inversiones será clave para evitar que un fenómeno climático termine convirtiéndose también en un freno para la actividad productiva y el crecimiento económico. 
 

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El Niño podría encarecer la energía y afectar el crecimiento económico del país
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El apagón de los años noventa representó una caída de 1,5 puntos porcentuales en el crecimiento del PIB, según cálculos de Fedesarrollo.
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Investigadores revelan la diversidad oculta de los bosques andinos de Antioquia

Julio 9, 2026

Una investigación liderada por EAFIT encontró que los bosques andinos del suroeste antioqueño albergan comunidades de plantas completamente diferentes incluso cuando están separados por apenas unos kilómetros. El hallazgo evidencia que cada fragmento de bosque aporta una biodiversidad única e irremplazable.

Los resultados fortalecen la necesidad de replantear las estrategias de conservación en los Andes Tropicales, uno de los territorios con mayor biodiversidad del planeta. El estudio destaca que proteger pequeñas áreas y promover prácticas sostenibles es clave para preservar especies, regular el clima y garantizar la disponibilidad de agua.

La investigación demuestra que no hay dos bosques andinos iguales: cada fragmento aporta una riqueza biológica propia que no puede reemplazarse.  En la imagen la profesora Camila Martínez, junto a un roble Quercus humboltii, en la reserva Natural El Globo, Támesis, Antioquia, durante el proceso de investigación.

A simple vista, dos bosques separados por pocos kilómetros podrían parecer idénticos. Pero la ciencia demuestra que no lo son. En los Andes Tropicales, que se extienden por varios países de Sudamérica, cada fragmento de bosque alberga especies distintas y desempeña un papel irremplazable en el equilibrio de los ecosistemas. Ese es uno de los principales hallazgos de una investigación liderada por EAFIT en colaboración con investigadores de la Universidad de Antioquia, que aporta nuevas evidencias para orientar las estrategias de conservación en una de las regiones más valiosas y amenazadas del planeta.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron ocho parcelas permanentes de bosque en el Distrito Regional de Manejo Integrado Cuchilla Jardín-Támesis, en el suroeste antioqueño. Aunque la distancia máxima entre los sitios estudiados era de apenas 20 kilómetros, encontraron que cada uno albergaba comunidades de plantas heterogéneas. "Vimos que nuestras floras a nivel de especie eran completamente diferentes. Eso tiene muchas implicaciones para la conservación y la ecología porque este tipo de estudios requiere muchos datos y rara vez se hace a una escala tan pequeña. Nuestro muestreo mostró cómo, en apenas unos kilómetros, el bosque cambia muy rápidamente", explica Camila Martínez Aguillón, Bióloga y profesora de la escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

Precisamente, esa diversidad a pequeña escala es la que hace que cada porción de bosque tenga un valor único. El estudio demuestra que no basta con proteger grandes extensiones: incluso pequeños fragmentos conservan especies e interacciones ecológicas que difícilmente pueden encontrarse en otros lugares. Perder uno de ellos puede significar la desaparición de una parte irremplazable de la biodiversidad y de funciones esenciales como la regulación del clima, la disponibilidad de agua y el equilibrio de los ecosistemas.

Los bosques estudiados hacen parte de los Andes Tropicales, el hotspot de biodiversidad más rico del planeta. Este término se refiere a un territorio con una concentración excepcional de especies endémicas y, al mismo tiempo, altamente amenazado por la pérdida de su hábitat. Los Andes Tropicales albergan más de 34.000 especies de plantas y animales, cerca de la mitad exclusivas de esta región, por lo que han sido reconocidos como la "reserva biológica de la humanidad".

Conservar la diversidad

La investigación también aporta herramientas para mejorar las estrategias de restauración ecológica y la planificación territorial. Según Nicolás Pinel Peláez, profesor del área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de la escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, uno de los principales aportes del estudio fue evidenciar que un paisaje aparentemente uniforme es mucho más complejo de lo que parece. "Esto hace un llamado a la necesidad de tener en cuenta las condiciones microclimáticas y locales en el diseño de acciones de restauración, las cuales no pueden pensarse de manera prescriptiva a nivel de ecosistema, sino que requieren atención al detalle", explica.

Los resultados también representan un llamado de atención frente a los efectos del cambio climático y otras presiones humanas sobre los bosques andinos. La pérdida de cobertura vegetal, la expansión de la frontera agrícola y las alteraciones en los patrones de lluvia amenazan estos importantes lugares. Para los investigadores, conservar estos bosques significa también proteger servicios ecosistémicos esenciales para las comunidades que habitan los Andes.

Por su parte, Sebastián González Caro, profesor del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia, resalta que el estudio obliga a replantear la forma en que se diseñan las estrategias de conservación. "En términos de planificación territorial, estos resultados sugieren que los sistemas de áreas protegidas deberían incluir un mayor número de áreas representativas, incluso si algunas son relativamente pequeñas, para garantizar la conservación de más especies y poblaciones viables. De igual forma, la selección de zonas destinadas a actividades humanas, proyectos de desarrollo o medidas de compensación ambiental debe evaluarse cuidadosamente", señala.

Para Ana María Rueda Urrego, bióloga y joven investigadora que participó en el proyecto, el mensaje principal es claro: "Nos dimos cuenta de que, para conservar, hay que proteger todo lo que sea posible, porque cada bosque es diferente y cada uno es muy valioso. Además, estos datos nos permiten saber cómo son los ecosistemas de referencia y orientar mejor las acciones de restauración y conservación".

Además de ampliar el conocimiento sobre uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta, el estudio ofrece información útil para la toma de decisiones ambientales y reafirma que la conservación no depende únicamente de crear áreas protegidas. También exige integrar la investigación científica, la planificación del territorio y el trabajo conjunto con las comunidades. En un país donde gran parte de la población vive en los Andes, proteger estos bosques significa igualmente preservar el agua, el clima y la biodiversidad que sostienen la vida cotidiana.

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El Niño, suministro de energía, seguridad energética, generación eléctrica, demanda de energía, recurso hídrico, sistema energético, riesgo climático

Julio 8, 2026

La NOAA estima una probabilidad del 63 % de que se presente un evento El Niño muy fuerte entre noviembre y enero. En Colombia, donde cerca del 70 % de la electricidad proviene de fuentes hidroeléctricas, la reducción de las lluvias podría aumentar la presión sobre el sistema energético.

Expertos advierten que durante un evento El Niño la generación hidroeléctrica podría reducirse hasta cerca del 50 %, obligando a recurrir a generación térmica de respaldo. A esto se suma el rezago en la ejecución de proyectos energéticos, pues en los últimos años solo se ha materializado alrededor del 28 % de las iniciativas.

Mientras los modelos climáticos internacionales anticipan el fortalecimiento de un evento El Niño durante los próximos meses, Colombia se enfrenta a un escenario que preocupa a expertos en energía. La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) estima una probabilidad del 63 % de que se presente un evento muy fuerte entre noviembre y enero. En un país cuya generación eléctrica depende mayoritariamente del agua, la combinación de menos lluvias, embalses con niveles inferiores a los deseados y una demanda energética creciente plantea interrogantes sobre la capacidad de respuesta del sistema y las medidas necesarias para afrontar un posible periodo de sequía.

Para Ricardo Mejía Gutiérrez, director de Energy Valley, centro avanzado de Energía de EAFIT, el reto va más allá de atender una coyuntura climática. “Estos fenómenos nos recuerdan la importancia de contar con un sistema energético más diversificado, flexible y resiliente frente a eventos extremos”. Según explica, la matriz energética colombiana sigue dependiendo en gran medida de la hidroelectricidad, que representa cerca del 70 % de la generación nacional, lo que implica una alta vulnerabilidad del país ante periodos secos prolongados.

Durante un evento El Niño, la capacidad de generación hidroeléctrica puede reducirse hasta cerca del 50 %, obligando al sistema a recurrir a generación térmica de respaldo, generalmente más costosa y dependiente del gas. Este escenario se complejiza si se considera que, según expertos del sector, en los últimos años solo se ha ejecutado cerca del 28 % de los proyectos de generación previstos, lo que limita la expansión de la oferta energética frente al crecimiento de la demanda. 

Desde la perspectiva climática, Alejandro Martínez, profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, explica que El Niño es un evento de variabilidad climática asociado a la interacción entre el océano y la atmósfera. “Usualmente durante El Niño se reducen los acumulados mensuales de lluvia, es decir, se tienen menos días con lluvia en un mes o cuando llueve, llueve menos”. Esto se traduce en temperaturas más altas, menor disponibilidad hídrica y mayores desafíos para sectores como la agricultura, el abastecimiento de agua y la generación eléctrica.

Los efectos ya son conocidos por el país: menos precipitaciones implican menores aportes a los embalses, justamente la principal fuente de energía de Colombia. Aunque El Niño no significa ausencia total de lluvias, sí suele provocar periodos más secos y cálidos, lo que reduce la capacidad de respuesta del sistema energético ante incrementos de la demanda.

Medidas para fortalecer la resiliencia energética

Ante este panorama, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) ha venido evaluando medidas temporales y estructurales para mitigar el impacto del evento. Entre estas se destacan los programas de respuesta de la demanda, mediante los cuales se incentiva económicamente a grandes consumidores para reducir voluntariamente su consumo en momentos críticos; la habilitación de la entrega de excedentes de generación al sistema; y la agilización de procesos regulatorios para la entrada de nuevos proyectos de generación, especialmente solares y eólicos.

Para John García Rendón, investigador de Energy Valley y Observatory of Markets and Enterprises: Guidelines and Applications (OMEGA), Colombia debe avanzar hacia una estrategia de mediano y largo plazo que fortalezca la confiabilidad del sistema. “No basta con energía solar y eólica: también se necesitan generación térmica de respaldo, almacenamiento con baterías, mercados intradiarios, despacho vinculante e integración de recursos energéticos distribuidos”, sostiene. 

Una de las prioridades, agrega el investigador, es recuperar la confianza institucional y reducir la incertidumbre regulatoria para atraer las inversiones que requiere el sector. La entrada de nuevos proyectos de generación, redes y almacenamiento será determinante para garantizar el abastecimiento en un contexto de mayor demanda y eventos climáticos más extremos.

De igual forma, la preparación frente a un posible evento El Niño fuerte no depende únicamente de las decisiones gubernamentales o de las inversiones del sector energético. Los usuarios también tienen un papel importante, con acciones como apagar equipos que no estén en uso, desconectar cargadores y dispositivos en modo de espera, aprovechar la iluminación natural, regular el uso del aire acondicionado y optar por electrodomésticos eficientes pueden contribuir a reducir el consumo de energía y disminuir la presión sobre el sistema durante periodos críticos.

“Los usuarios sí somos corresponsables de esto también”, afirma Ricardo Mejía. Por eso, mientras los expertos insisten en la necesidad de acelerar la transición energética y fortalecer la infraestructura del país, también hacen un llamado a que ciudadanos, empresas y autoridades se preparen desde ahora para un escenario que podría poner a prueba nuevamente la capacidad de respuesta energética de Colombia.

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Las proyecciones climáticas alertan sobre la llegada de un evento El Niño intenso hacia finales de año y sus efectos en la energía.
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Las proyecciones climáticas alertan sobre la llegada de un evento El Niño intenso hacia finales de año y sus efectos en la energía.
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De la conversación cotidiana a la ciencia: lo que hay detrás del evento El Niño

Junio 24, 2026

Hablar del Fenómeno del Niño como tal no es correcto; lo adecuado es referirse al fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés). El Niño corresponde a la fase cálida de este fenómeno macroclimático de variabilidad natural, originado por interacciones entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical, con impactos globales que varían según la región.

Más que calor o sequía, El Niño es un proceso climático natural y complejo, no causado por el ser humano ni producto del cambio climático. En Colombia, y particularmente en Antioquia y el Valle de Aburrá, puede provocar menos lluvias, estrés hídrico, mayor riesgo de incendios y presión sobre el abastecimiento de agua, la energía, la salud pública y las actividades agrícolas y pecuarias.

Si hay un tema de conversación propicio para romper el hielo, sobre todo en el taxi, es el clima; también es recurrente en conversaciones de pasillo o ascensor. Y si hay indicios o noticias de que se avecina el conocido (y mal llamado) “Fenómeno del Niño”, las frases pueden ser algo así como: “¡Qué calor! Eso es por el Fenómeno del Niño”; “se viene una escasez de agua causada por el Fenómeno del Niño”; “esta sequía es culpa del Niño”. Es verdad que lo sentimos pues impacta la vida cotidiana, pero ¿realmente lo entendemos?

Lo primero que debemos saber es que no existe el Fenómeno del Niño en el sentido estricto de la palabra. Lo que sí existe es el evento El Niño, “una de las fases del ciclo natural de variabilidad climática conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Océano Pacífico tropical y que tiene tres fases: El Niño (fase cálida), La Niña (fase fría) y la fase neutral”, explica Alejandra María Carmona-Duque, profesora del Área de Territorios y Ciudades Sostenibles de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

¿Y cómo sucede esta interacción? En condiciones neutrales, los vientos alisios soplan de este a oeste, empujando las aguas cálidas hacia el Pacífico occidental (Indonesia y Oceanía) y favoreciendo el ascenso de aguas más frías frente a las costas de Suramérica. 

Según lo explica Daniel Ruiz-Carrascal, coordinador general del proyecto Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (SIATA), “en la fase cálida del ENSO, es decir durante el evento El Niño, la componente oceánica exhibe un calentamiento inusual de las aguas superficiales en las porciones central y centro oriental del Océano Pacífico Tropical”. También hay que aclarar que El Niño es mucho más que un calentamiento de las aguas del océano: obedece a la reorganización conjunta de la atmósfera y el océano, que modifica los patrones climáticos en distintas regiones del mundo.

El Niño y el Cambio Climático

¿Y tiene relación con el Cambio Climático? No. Tampoco está asociado a causas antrópicas. Lo que sí se puede afirmar es que ha existido durante miles de años y es una de las principales fuentes de variabilidad climática natural a escala global. Según la profesora Alejandra, “la evidencia científica indica que el calentamiento global puede amplificar algunos impactos asociados al Evento El Niño, por ejemplo, los extremos climáticos como las altas temperaturas. Sin embargo, aún no existe consenso definitivo sobre cambios sistemáticos en su frecuencia de ocurrencia”.
 

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Al evento El Niño podemos anticiparnos con acciones sencillas como cuidar el consumo de agua y energía; un hábito que podemos conservar por fuera de la coyuntura.
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Al evento El Niño podemos anticiparnos con acciones sencillas como cuidar el consumo de agua y energía; un hábito que podemos conservar por fuera de la coyuntura.

El origen del término El Niño

Quienes sospechan que el término El Niño tiene que ver con el ícono central de la devoción católica, a quien se le atribuye el nacimiento la cuarta semana de diciembre, van por buen camino. Justo después del grito de independencia, se hablaba de que en el Pacífico había un comportamiento inusual que llamaban el fenómeno del niño, porque los pescadores de lo que actualmente es Ecuador y Perú reportaron que, cada cierto intervalo de tiempo, por la época de nacimiento del Niño Dios, se presentaba una dramática disminución en la pesca. 

La explicación científica a este evento inusual es la siguiente: “Cuando se presenta un calentamiento de las aguas superficiales, lo que hacen las aguas frías y cargadas de nutrientes es que se mueven hacia mayores profundidades y los bancos de peces migran buscando un entorno más frio”, aclara Daniel Ruiz-Carrascal, doctor en Ciencias de la Tierra y Ciencias Ambientales.

Incluso mucho antes, los cronistas que documentaron los viajes de Francisco Pizarro, en su intención por llegar a las costas de Perú, reportaron eventos hidrometeorológicos extremos inusuales que favorecieron que sus tropas pudieran desembarcar.

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El impacto del Evento El Niño en las regiones

Los impactos de El Niño varían entre regiones del mundo. En Colombia suele asociarse con la reducción de las lluvias y el aumento de la temperatura del aire, que traen como consecuencia la disminución de caudales de ríos y embalses, mayor riesgo de incendios forestales y afectaciones en la disponibilidad de agua para distintos sectores. En países como Perú, se manifiesta de manera casi que contraria: hay incremento de lluvias y aumentos en el caudal de los ríos, lo cual trae consigo inundaciones.

El impacto depende de características como la latitud, longitud y altitud, y para el caso de Antioquia y el Área Metropolitana, “el calentamiento inusual en el Pacífico tropical se traduce en un calentamiento en la media y alta montaña de la Zona Andina. Por eso, en todo nuestro territorio, se ven afectadas las cuencas hidrográficas de montaña, algunas de las cuales satisfacen las necesidades de agua de nuestras ciudades. El hecho de tener esta ubicación latitudinal, longitudinal y altitudinal específica hace al territorio metropolitano particularmente sensible al evento El Niño”, explica el coordinador del SIATA.

Para el caso de Colombia los sectores económicos que presentan mayor afectación son: abastecimiento de agua, energía y agro, y en general, todos los que dependen directa o indirectamente de la disponibilidad hídrica, que suele verse reducida durante los eventos El Niño.

Según el SIATA, en el Área Metropolitana son cuatro las amenazas a las que habrá que prestar mayor atención. Primero, la reducción en la oferta del agua superficial en las cuencas hidrográficas que son abastecedoras de agua para acueductos veredales y multi-veredales; segundo, el estrés térmico que puede generar en la población y los ecosistemas, pues las temperaturas aumentan a valores por encima de un umbral de tolerancia; tercero, la propagación o dispersión de incendios de cobertura vegetal; y por último, la ocurrencia de incendios en los llanos orientales y venezolanos, que en caso de materializarse, generaría una gran cantidad de material particulado que,  por las direcciones de los vientos, pueden llegar al territorio metropolitano generando deterioro en la calidad del aire.

Eventos El Niño recientes y algunos aprendizajes

La fase cálida del ENSO, es decir, los eventos El Niño, suelen presentarse en promedio cada 3 a 7 años. Aunque su ocurrencia no sigue un patrón regular, el monitoreo continuo del océano y la atmósfera permite anticipar su desarrollo con varios meses de antelación.

El Niño se cataloga en cuatro niveles: débil, moderado, fuerte, y muy fuerte. Aclarado esto, el último evento El Niño catalogado como fuerte en el ámbito global, fue el de 2023 – 2024. En Colombia estuvo asociado a temperaturas excepcionalmente altas, reducción de las precipitaciones en amplias zonas del país, disminución de caudales en ríos y embalses, aumento de la ocurrencia de incendios forestales y presión sobre los sistemas de abastecimiento de agua y generación hidroeléctrica. En ciudades como Bogotá, la situación llevó a un racionamiento de varios meses.

A propósito de racionamiento, algunas personas recuerdan el ocurrido a partir de 1991, al que se sumó el cambio de horario (La hora Gaviria). Ambas, fueron medidas para mitigar los efectos del evento El Niño 1991-1992, catalogado entre moderado y fuerte. Pero esta experiencia dejó un aspecto positivo: evidenció la importancia de incorporar la información climática en la planificación de sectores estratégicos como el agua y la generación de energía. Desde entonces, el país ha fortalecido sus sistemas de monitoreo, pronóstico y alerta temprana, así como los mecanismos de gestión del riesgo. La experiencia demuestra que prepararse con suficiente tiempo de antelación es mucho más efectivo y menos costoso que reaccionar una vez los impactos ya se han materializado.

Aunque no hay certeza de la categoría del pico más alto del evento El Niño 2026-2027, se estima que podría ser fuerte a muy fuerte, lo que lo convertiría al año siguiente (el 2027) en el más cálido de toda la historia de registros que tenemos como sociedad humana.

Tal vez has notado que cuando hacemos referencia a eventos El Niño anteriores, se hace en pares de años (2023 – 2024 / 1991 – 1992). Esto se explica porque se trata de un evento con una duración aproximada de un año, iniciando en uno y finalizando en el siguiente. El evento que está madurando en este momento se conocerá en la literatura científica como el 2026-2027.

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Alertas tempranas

El Niño no aparece de forma repentina, sino que se desarrolla gradualmente a medida que cambian las condiciones del océano y la atmósfera en el Pacífico tropical. Por eso, en este momento se puede hablar de, “un proceso de maduración que tendrá el pico de calentamiento en algún momento a finales del presente año.  A partir de ahí empieza a debilitarse, hasta que ya se extingue o se disipa en la primera parte del año siguiente”, aclara el coordinador del SIATA.

Entre las principales señales se encuentran el calentamiento sostenido de las aguas superficiales del mar, el debilitamiento de los vientos alisios y alteraciones en la circulación atmosférica, y, cambios en la ubicación de los centros de alta y baja presión atmosférica.  ¿Y esto cómo lo sabemos aquí? Luego de que los centros de monitoreo ENSO evalúan en tiempo real las temperaturas oceánicas y atmosféricas en el Pacífico tropical (mediante satélites, boyas oceánicas, estaciones meteorológicas y modelos climáticos), estudian si es necesario cambiar el estatus del sistema de alerta del ENSO. En la más reciente publicación, emitida el pasado 11 de junio de 2026, el estatus de este sistema de alerta pasó de Vigilancia El Niño a ser Advertencia de El Niño.

Hecho esto, los organismos llamados nodos regionales en las Américas, publican un informe oficial del cambio en el estatus y ese informe oficial lo reciben los servicios meteorológicos nacionales, que en el caso de Colombia es el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM). Esta entidad realiza una declaratoria del estatus para generar una alerta temprana, para que todos los sectores sensibles al clima se preparen ante la inminente llegada de El Niño, en el caso de Colombia, con acciones como: gestión preventiva de embalses y sistemas de abastecimiento de agua, preparación de planes de contingencia para incendios forestales y acompañamiento a los sectores productivos más vulnerables.
 

Lo que podemos hacer

La profesora Alejandra advierte que, “lo primero que hay que decir, es que El Niño no es un desastre. Pero los impactos sí dependerán de la vulnerabilidad y el nivel de preparación de cada territorio. De ahí la importancia de la información científica, los sistemas de alerta temprana, la gestión preventiva y la adaptación. Todas estas son herramientas fundamentales para reducir riesgos y fortalecer la resiliencia de las comunidades”.

Entidades como el IDEAM, la UNGRD, las autoridades ambientales y los gobiernos territoriales han fortalecido las campañas de comunicación del riesgo y de uso eficiente del agua, con el fin de que las medidas preventivas comiencen antes de que se manifiesten los impactos más severos. EAFIT, por ejemplo, acompaña estas preparaciones desde el SIATA (Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá) y el SAMA (Sistema de Alertas y Monitoreo de Antioquia).

Algunas acciones sencillas y que no solo deberían realizarse durante eventos como estos, sino siempre, incluyen hacer uso eficiente del agua y la energía, evitar actividades que puedan generar incendios forestales, mantenerse informados a través de las entidades oficiales, y adoptar hábitos de consumo responsables que reduzcan la presión sobre los recursos hídricos durante los períodos más secos.

Si en los próximos días resulta la posibilidad de romper el hielo, bien sea en un taxi, ascensor o pasillo, hazlo bien: aclara a tu interlocutor que la manera correcta de llamarlo es evento El Niño, la fase cálida del ciclo natural de variabilidad climática conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical. 

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EAFIT acompaña conflictos socioambientales con su Clínica Jurídica de Participación Ambiental

Abril 7, 2026

Este espacio articula profesores y estudiantes eafitenses para brindar acompañamiento jurídico a comunidades rurales, étnicas y urbanas, mediante el desarrollo e implementación de estrategias legales para la resolución de problemas socioambientales.

Esta iniciativa ha acompañado procesos en Urabá, el Medio Atrato y el suroeste antioqueño, en casos relacionados con monocultivos y protección del agua, promoviendo el diálogo de saberes, el derecho a la participación ambiental y el fortalecimiento de la gobernanza territorial.

En los territorios donde el agua cambia de curso o las comunidades reclaman ser escuchadas, el derecho se convierte en una herramienta clave para equilibrar la balanza. Con esa convicción nació la Clínica Jurídica de Participación Ambiental de EAFIT, una iniciativa que conecta el aula con el territorio y que pone el conocimiento jurídico al servicio de la defensa del ambiente y de la participación ciudadana.

De acuerdo con Camilo Arango Duque, profesor de la Escuela de Derecho de EAFIT y director de la Clínica, “esta iniciativa se constituye como un actor clave en la apropiación social del conocimiento adquirido y producido en la Escuela de Derecho. El propósito es convocar múltiples actores sociales para que participen, en medio de un ambiente de intercambio, reflexión y análisis, en la transformación de los problemas jurídicos presentes en sus contextos”, afirma.

El modelo de trabajo está dirigido principalmente a comunidades rurales, étnicas y urbanas que enfrentan conflictos socioambientales complejos. Desde su creación, la Clínica ha acompañado procesos en Urabá, el Medio Atrato y el suroeste antioqueño, en casos relacionados con monocultivos, desviación de ríos y protección de fuentes hídricas. Su enfoque combina herramientas jurídicas, como acciones constitucionales y recursos administrativos, con procesos pedagógicos que fortalecen la gobernanza territorial.

Para cumplir este propósito, la Clínica se estructura en tres líneas de acción: Justicia Ecológica y Participación; Conservación del Agua y Planificación Territorial; y Litigio de Interés Público. A través de estas líneas se promueve la participación ambiental efectiva, el acceso a la información y el fortalecimiento de las capacidades comunitarias para interactuar de manera informada con la institucionalidad.

Formación jurídica con impacto real

La Clínica no solo busca atender las necesidades de las comunidades, sino también fortalecer las habilidades y competencias de los estudiantes, promoviendo una formación jurídica con impacto real en la transformación social. Para Irene Agudelo Saldarriaga, asesora de la Clínica y estudiante de la maestría en Estudios Jurídicos de EAFIT, el proyecto tiene un profundo valor pedagógico. 

“La Clínica es un espacio donde profesores, profesoras y estudiantes encontramos cómo transformar las realidades a partir del derecho, porque la docencia y la investigación está muy enfocada en la construcción de ideas, teorías y postulados, pero aquí lo que nos permite es accionar”, afirma. Esta dimensión formativa permite que los futuros abogados comprendan la complejidad de los territorios y desarrollen una sensibilidad frente a la relación entre comunidades y naturaleza.

La experiencia también ha sido significativa para los estudiantes de pregrado. María Camila Escobar Marín, estudiante del pregrado de Derecho de EAFIT, destaca que el acompañamiento directo en los territorios ha marcado su formación profesional. “Gracias a la Clínica he aprendido sobre temas como suelos, aguas, licencias ambientales, normatividad y jurisprudencia ambiental. Además, esta experiencia me ha permitido confirmar que esta es el área del derecho en la que quiero enfocar mi ejercicio profesional”, señala.

Estrategias que se construyen con las comunidades

Este espacio no actúa de manera unilateral, sino que construye estrategias en conjunto con las comunidades, respetando sus conocimientos y formas de organización. Este proceso implica generar relaciones de confianza, gestionar cuidadosamente la información y promover mecanismos que amplifiquen la voz de los habitantes en escenarios institucionales.

Uno de los casos que acompaña actualmente la Clínica se relaciona con la quebrada La Picacha, en Medellín. El proceso comenzó a partir de un trabajo previo desarrollado desde el semillero de Derecho y Medio Ambiente de la Universidad, que permitió acercarse a comunidades ubicadas en la cuenca de esta quebrada, particularmente en sectores del barrio Conquistadores y en la parte alta de la cuenca, en el corregimiento de Altavista. Los habitantes de la cuenca baja han denunciado durante años las afectaciones causadas por las crecientes del afluente y por la falta de ejecución de obras hidráulicas contempladas en los instrumentos de ordenación de la cuenca.

De acuerdo con Santiago Ruiz Alzate, representante legal de la veeduría ciudadana Repensando Medellín e integrante de la Junta de Acción Comunal del barrio Conquistadores, la problemática tiene un largo historial. “El acompañamiento de la Clínica Jurídica de EAFIT, en conjunto con la Universidad de Medellín, ha sido muy valioso porque están dando respuesta a la defensa de nuestros derechos. Nos hemos sentido respaldados, han sido muy ejecutivos y diestros en nuestra defensa. Esperamos seguir contando con ellos para todos estos temas”, dice.

En este contexto, la Clínica Jurídica de participación ambiental de EAFIT, en articulación con la Clínica Jurídica de la Universidad de Medellín, acompaña a la comunidad en la búsqueda de soluciones institucionales. Es importante resaltar que “las soluciones no son exclusivas de la institucionalidad, en la mayoría de los casos, son las comunidades quienes proponen las soluciones y las solicitan a la institucionalidad. Así como se habla de soluciones basadas en la naturaleza, nosotras hablamos de soluciones basadas en las comunidades”, explica Irene Agudelo. 

Entre las acciones en curso se encuentra la preparación de una acción de tutela que busca proteger derechos fundamentales como la vida, la salud, la tranquilidad y el ambiente sano, así como promover la prevención de riesgos previsibles asociados a las crecientes de la quebrada. El caso también abre una discusión jurídica sobre el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y su aplicación en el contexto local, particularmente en relación con el río Aburrá y sus afluentes.

De esta manera, la Clínica se consolida como un espacio en el que las comunidades pueden encontrar apoyo académico y jurídico para enfrentar sus problemáticas. Las personas que representen organizaciones, consejos comunitarios, asociaciones o colectivos pueden presentar sus casos para análisis y eventual acompañamiento. Para eso, pueden comunicarse vía correo electrónico con el director de la Clínica, Camilo Arango Duque, carang31@eafit.edu.co, donde el equipo evaluará cada solicitud y orientará el proceso a seguir.
 

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En la imagen el equipo de la Clínica Jurídica de Participación Ambiental, en un recorrido territorial con integrantes de Visión Suroeste, en el Suroeste antioqueño.
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Transición energética: una oportunidad para el crecimiento económico, el empleo y la inclusión social

Enero 26, 2026

Las energías limpias son una alternativa clave para cerrar brechas sociales, fortalecer la competitividad y enfrentar el cambio climático. Su implementación, más que una amenaza, es una oportunidad para la generación de empleo especializado, la inversión extranjera y la creación de comunidades energéticas que producen energía para el autoconsumo.


A propósito del Día Internacional de la Energía Limpia, establecido el 26 de enero por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para crear conciencia sobre la transición energética y promover el uso de fuentes renovables, expertos eafitenses hablan sobre el impacto socioeconómico de estas fuentes de energía y el rol de la academia en la transición.

En 2025 se realizaron las primeras pruebas en río de Serena, la embarcación solar diseñada por estudiantes e investigadores de EAFIT.

 

Para hablar de la relación entre energía y desarrollo socioeconómico, primero hay que deconstruir esta última palabra: lo social y lo económico. Comencemos por la economía y vamos con una pregunta sencilla: ¿qué sería de una industria sin energía? La respuesta, según lo explica Judith Vergara Garavito, directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático de EAFIT, es contundente: “la energía es la base de la productividad; no hay desarrollo productivo sin energía”.

Pasando al ámbito social, ¿Qué sucede cuando una región del mundo no tiene acceso a la energía? Si estás leyendo este artículo desde un computador o teléfono móvil, es porque tienes acceso a internet, un servicio inherente a la energía eléctrica que también se necesita para iluminar las páginas de un libro por las noches. Se trata de asuntos tan cotidianos que parecen irrelevantes. Pero si el acceso a la información desde un dispositivo móvil se traslada a una zona donde el servicio público de energía es intermitente o incluso inexistente, la situación es diferente, ¿por qué? Se limita el acceso a la educación y al conocimiento. Se crea un desequilibrio social entre quienes acceden a la energía eléctrica y quienes no lo hacen, ya sea de origen fósil o limpio.

Con la claridad sobre la importancia de la energía en el desarrollo socioeconómico de las regiones, pasemos a las energías limpias y a cómo podrían cambiar la realidad en lugares remotos donde la electricidad es una utopía o, simplemente, a cómo aportan al desarrollo económico de las industrias y, por consiguiente, de los países.


¿Qué es la energía limpia?


El concepto de energías limpias se refiere a fuentes de generación que tienen emisiones bajas o nulas de gases contaminantes al medio ambiente. Entre las energías limpias, las más comunes son las renovables que, como su nombre lo indica, provienen de recursos que se renuevan a escala antropogénica; es decir que, dentro del ciclo humano, hay una renovación del recurso, lo que permite que sea sostenible y no contaminante. Según Santiago Bernal del Río, investigador de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, quien actualmente trabaja en el desarrollo de energías renovables y transición energética desde el Grupo de Investigación de Ingeniería de Diseño, “la diferencia con los combustibles fósiles es que estos provienen de hidrocarburos cuya renovación tarda miles de años; mientras que un recurso como el eólico se renueva de manera acelerada, por lo tanto, hacen que los sistemas sean mucho más sostenibles”.

Son energías limpias: la solar fotovoltaica, la eólica, la hidroeléctrica, la de biomasa y el hidrógeno. De estas hay que decir que vienen en un proceso de expansión, como respuesta a tres necesidades: disminuir la emisión de gases efecto invernadero, reducir los costos de generación a largo plazo y soportar la demanda actual, que se ha incrementado a causa de la masificación de la Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías informáticas, “si la demanda es mayor y la oferta es la misma, con las energías tradicionales el costo se vuelve exorbitante. Eso lo vive el mundo entero”, explica la profesora Judith, y agrega que esta situación ha llevado a generar, de forma alternativa, energías renovables.

En Latinoamérica, según el más reciente reporte Fomento para una transición energética eficaz, la implementación de energías renovables está liderada por Brasil y Chile; Uruguay se destaca por tener una mayor adopción de vehículos eléctricos. Colombia, que ocupa el lugar número 38 de ranquin, cuenta con una matriz energética bastante limpia en términos de electricidad, conformada por hidroeléctricas, pero el resto depende en gran medida de hidrocarburos, turbinas de gas y carbón. 

Aunque se destaca un incremento en la implementación solar y la energía eólica, esta última aún presenta muchos inconvenientes para el licenciamiento social, y ese es precisamente uno de los desafíos en la implementación de energías limpias en Colombia pues “en las zonas donde mejor recurso tenemos, que es en el Norte del país, no se han hecho de forma correcta las conversaciones y las consultas con los actores sociales para la implementación y adopción de estas tecnologías”, expresa el profesor Santiago.

Si bien las energías limpias tienen un costo de operación mucho menor que el de las tradicionales, presentan costos de inversión mucho más altos. Para producir energías renovables hay que hacer proyectos, por ejemplo, de parques eólicos o solares; hay que crear plantas de biomasa o nucleares para aprovechar energías que antes no aprovechábamos. 


Green Skills: esperanza en lugar amenaza


El impacto económico de las energías limpias se verá a mediano y largo plazo, cuando se trate de un asunto cotidiano, pero también en el corto plazo, incluso durante la adecuación de las diferentes tecnologías. ¿Por qué? Porque la construcción de todas estas nuevas fuentes de energía requiere empleos especializados, “lo que está ocurriendo es una transformación laboral en lugar de una destrucción de empleos”. Los empleos no van a desaparecer; se están transformando. Eso implica que hay que realizar una reconversión laboral para estas personas que durante años han trabajado en torno a los combustibles fósiles, pues ahora se va a generar una demanda de operarios que instalen paneles, construyan parques eólicos, hagan mantenimiento de turbinas, entre otras cosas. No solo ingenieros, también tecnólogos, técnicos y auxiliares”, aclara la profesora Judith.

En este contexto, está emergiendo una serie de nuevas habilidades, conocidas como Green skills. Más que una amenaza, hay una oportunidad de crear empleos en esta nueva transición hacia la tecnología verde. 
 

El rol de la universidad

A la par de la formación de los talentos que hoy demanda la transición energética, el rol de las instituciones de educación superior también radica en la innovación que se genera en el entorno académico. Prototipos y pilotos de movilidad eléctrica, tecnologías de almacenamiento, redes más inteligentes o la implementación de hidrógeno verde, que surgen de los grupos de investigación de las universidades, pueden ayudar a generar soluciones más costoefficientes.

EAFIT, por ejemplo, ha tenido un rol muy activo  en el desarrollo de prototipos y proyectos de movilidad sostenible, ejemplo de esto es el diseño y testeo de vehículos eléctricos,   embarcaciones y carros solares (proyectos como Primavera y Kratos), en palabras de Juan David Mira Pineda, profesor de escuela de Ciencias aplicadas e Ingeniería  y coordinador del convenio EAFIT/SOFASA, “estos proyectos integran formación, investigación aplicada e innovación, y han permitido desarrollar capacidades locales en diseño, simulación, electrónica de potencia y sistemas de almacenamiento de energía, muchas veces en alianza con empresas del sector automotor y energético”.

Para que los desarrollos pasen del prototipo a la masificación se requiere, principalmente, el escalamiento industrial, además de regulación habilitante, modelos de negocio viables y algo muy importante “una apuesta por el talento e ingeniería local. Es clave fortalecer los vínculos con la industria para llevar los diseños a procesos de homologación y producción, así como contar con políticas públicas que apoyen la compra, el piloto y la adopción temprana. Además, se necesita continuidad en la inversión en I+D y una visión de largo plazo para que estas iniciativas no queden como proyectos aislados”, puntualiza el profesor Juan David.

Otro rol de la universidad en la transición energética es el acompañamiento en el diseño de políticas públicas, pues los gobiernos necesitan basarlas en evidencia, gran parte de la cual proviene de la investigación que realiza la academia. En ese sentido, “las instituciones educativas se convierten en un actor clave para acompañar a los gobiernos en el desarrollo de políticas públicas que impulsen los cambios regulatorios necesarios para avanzar en la transición”, afirma la profesora Judith.


Comunidades energéticas


Ya se ha dicho que las regiones sin acceso a la energía quedan expuestas a un atraso social. Pero con la expansión de las energías limpias, este panorama tiende a cambiar, pues existe algo conocido como comunidades energéticas, donde, mediante paneles solares, las comunidades generan y consumen su propia energía. No es utopía, es algo que ya existe y se promueve en Colombia. 

De acuerdo con el ABC de comunidades energéticas, publicado por el Ministerio de Minas y Energía, una comunidad energética puede aprovechar energía hidroeléctrica obtenida a partir cuerpos de agua pequeños, energía eólica, geotérmica y solar

Un grupo de personas que se convierte en una comunidad energética garantiza la suficiencia energética e incluso puede comercializar sus excedentes en la red nacional. Si se trata de una comunidad energética conformada por pequeñas empresas, estas pueden “reducir su exposición a la volatilidad de los precios internacionales del gas o del petróleo, sobre todo en la actualidad, con tantas tensiones geopolíticas, por ejemplo, lo que está pasando en Ucrania y en Venezuela”. Si una empresa genera su propia energía, es decir, se convierte en un autogenerador, puede tener mayor estabilidad en su flujo de caja. Contribuye a crear empleos verdes y puede reducir el riesgo de sus inversiones, porque tiene menos probabilidad de que sus costos de energía se eleven, al menos en el corto plazo”, aclara indica la profesora Judith. 
Adicionalmente, al ser un generador de energía limpia, evita las emisiones de gases de efecto invernadero, la principal causa del cambio climático.


La realidad actual y las acciones que se deben realizar


De acuerdo con el más reciente informe del Foro Económico Mundial (World Economic Forum), Impulsando el futuro: Cómo las empresas, las finanzas y las políticas pueden impulsar el mercado de combustibles limpios, si bien la inversión anual en capacidad de producción de combustibles limpios ha aumentado aproximadamente un 30 % entre 2024 y 2025, esto sigue siendo solo una fracción de lo que se necesita para alcanzar objetivos climáticos, como el Acuerdo de París o el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna). 

En ese sentido, las inversiones en combustibles limpios deberían cuadruplicarse para 2030 si queremos cumplir con las metas de descarbonización. En respuesta a cifras como estas, durante la COP 30,  realizada en 2025 en Belém, Brasil, se lanzó la iniciativa “Belém 4X”, cuyo objetivo es brindar apoyo político y promover la cooperación internacional para cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles para 2035.
 
Con este panorama, “el desafío ya no es justificar la inversión en energías limpias, sino escalar significativamente su volumen. Para ello, es clave la alineación entre políticas públicas claras, un marco normativo estable y condiciones sólidas de seguridad para la inversión”, indica la profesora Judith. Si bien Colombia ya cuenta con una política de beneficios tributarios para la generación de energías limpias, persisten ciertos desafíos sociales que retrasan algunos proyectos. 

En este contexto, los inversionistas dejan de preguntarse si deben o no invertir en este tipo de proyectos y pasan a enfocarse en una pregunta más sofisticada: ¿qué proyecto ofrece la mejor relación riesgo–retorno? En consecuencia, los países que logren ofrecer mayor certidumbre y seguridad a la inversión se consolidarán como destinos atractivos para el capital internacional”. 

Afortunadamente, nada de eso está alejado de la realidad, pues hay cosas que ya suceden; lo que se sugiere es seguir alineando los esfuerzos público-privados para que los proyectos tengan un marco de acción claro que garantice a los inversionistas que sus recursos tendrán un impacto positivo y también un retorno a la inversión, concluye la directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático, Judith Vergara.

En conclusión, la generación de energías limpias es para un país como Colombia una oportunidad, en lugar de una amenaza. Así debería entenderse la transición energética, pues somos un país con un alto potencial para la generación de energía eólica y solar. Tampoco hay amenaza en términos de empleo; por el contrario, se abren las puertas a nuevos trabajos especializados y, si a esto sumamos la mejora de la calidad de vida, lo que queda en el ambiente es una sensación de esperanza.

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El Parque Origen de EAFIT gana el premio mundial de construcción sostenible Holcim Foundation

Octubre 29, 2025

El Proyecto Origen, iniciativa con la que la Universidad resignifica su bloque 3 y la cuenca de La Volcana, es uno de los ganadores de los Premios Holcim Foundation 2025. La obra es la única de Colombia reconocida junto a otras 19 propuestas de Europa, Norteamérica, Latinoamérica, África, Medio Oriente y Asía-Pacífico.

El jurado, integrado por académicos y arquitectos de Chile, Perú, México, Colombia y Brasil, destacó en Origen la manera de integrar arquitectura, paisaje y sostenibilidad, al transformar una estructura como el bloque 3 en un espacio que promueve la regeneración ecológica, la gestión del agua y las experiencias de aprendizaje.

El 18 de octubre abrió la primera fase de Origen, el proyecto con el que la Universidad resignifica su antiguo bloque 3 y los terrenos aledaños a la quebrada La Volcana. Y a este logro se sumó uno nuevo, la noticia de que la obra —diseñada por  Connatural: Arquitectura en el paisaje, y construida por Nivelum— hace parte del grupo de 20 iniciativas ganadoras de los Holcim Foundation 2025, tal como se conoció este martes 28 de octubre.

Se trata de uno de los reconocimientos mundiales más importantes en construcción sostenible que, cada año, celebra las propuestas en arquitectura, ingeniería y urbanismo que demuestren excelencia arquitectónica y un alto grado de impacto social, económico y ambiental en cinco regiones: América Latina, América del Norte, Europa, Asia-Pacífico y África-Medio oriente.  

Un centro de salud creado a partir de piedra y maderas recicladas en Bangalore (India); un corredor fluvial que genera una isla de calor de 40 kilómetros en medio de Shenzhen (China); la restauración de terrenos degradados en infraestructura verde en Madrid (España); o un centro comunitario creado en medio de un terreno abandonado entre dos autopistas en Sao Paulo (Brasil), hacen parte de los proyectos que, junto al de EAFIT, serán premiados el próximo 20 de noviembre, en una ceremonia que se transmitirá para todo el mundo desde Venecia (Italia).

“Los 20 ganadores de este año utilizan los materiales adecuados en los lugares adecuados, involucran a las comunidades desde el primer día y diseñan con la naturaleza como aliada”, señala, sobre los galardonados, Laura Viscovich, directora ejecutiva de la Holcim Foundation. Esa afirmación se hace visible a través de un proyecto que, como lo resalta el galardón, “elimina una estructura de concreto obsoleta para descubrir un arroyo enterrado, e integra la agricultura urbana, los jardines acuáticos y las aulas al aire libre para reconectar el campus universitario con su hidrología natural”.

Para Édgar Mazo, arquitecto de esta iniciativa y graduado de la maestría en Procesos Urbanos y Ambientales de Urbam-EAFIT, el reconocimiento de la Holcim Foundation reafirma la pertinencia de un proyecto que “aporta a la reconstrucción de una cultura paisajística fundamentada en la comprensión de la relación entre naturaleza y comunidades, y que busca traducir esa visión en acciones concretas que fortalezcan la identidad de nuestros territorios”.

Origen fue seleccionado por un jurado presidido por la arquitecta Sandra Barclay, directora de Barclay & Crousse Architects, de Perú, e integrado por Loreta Castro Reguera, fundadora de Taller Capital, y profesora de arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México; Loreto Lyon, directora de Beals & Lyon Architecture, de Chile; Ricardo Pérez Schulz, vicepresidente de ventas y soluciones integrales de Holcim México; Jorge Pérez-Jaramillo, fundador de MDE Urban Lab, de Colombia; Federico Torres, líder para América del Sur de Arup, de Colombia; y Gustavo Utrabo, fundador de Estúdio Gustavo Utrabo, de Brasil.

Sobre el Proyecto Origen

En 2024, después de una fase previa de sensibilización con la comunidad universitaria, EAFIT emprendió el desmonte del bloque 3 para dar paso a Origen, un piloto de recuperación ecológica que resignifica el corredor ambiental donde estaba ubicada la estructura y lo convierte en un laboratorio vivo de restauración urbana.

“De esta manera, al recorrerlo, podremos apreciar que los cubos y pisos que hoy se levantan en este lugar están compuestos en un 95% por agregados del propio bloque 3, mientras que a la vista estarán las texturas, las huellas y las vigas conservadas de la anterior construcción, aportando una nueva estética del reciclaje al proyecto”, complementa Édgar Mazo.

Pero además del componente estético, Natalia Castaño Cardenas, directora del Centro de Estudios Urbanos y Ambientales (Urbam) de EAFIT, destaca que este proyecto es la materialización del Plan Maestro Universidad Parque-Cuenca, que entiende el campus como un lugar en conexión con la cuenca de la quebrada La Volcana, con el agua y con el origen mismo de la Universidad a través de unos materiales que, una vez resignificados, envían un mensaje de futuro y sostenibilidad.

“Además se trata de una iniciativa muy importante para la ciudad, porque en un escenario como el actual, en el que cambio climático y las lluvias son tan presentes, este espacio nos habla del manejo adecuado de las quebradas, de esos corredores biológicos que es necesario proteger, de la conexión entre la ladera y el rio, y de la gestión de riesgos”, y agrega que al estar en el marco de una la universidad, este conocimiento pueda ser replicado, "pues uno de los retos que tenemos es inspirar otras intervenciones en el valle de Aburrá" puntualiza Natalia.

Por su parte, Shirley Zuluaga Cosme, jefa del Departamento de Cultura de EAFIT, resalta el valor que tiene el proyecto Origen para los procesos de aprendizaje, al integrar la ciencia y la cultura con las experiencias de investigación y ciencia a la vista. “Es una museografía que nos conecta con el territorio que habitamos (biológico y geológico), con las capacidades de EAFIT, con el paisaje y la vida. Con los relatos, Parque Origen permite un viaje desde millones de años atrás hasta un presente y un porvenir de posibilidad. Es una propuesta detonante de la Universidad, un museo a cielo abierto, una ruta para conectar con la sociedad, el entorno, la naturaleza y la cultura”, concluye la eafitense.

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En la imagen el Parque Origen, que abrió su primera fase el pasado 18 de octubre, durante el encuentro de graduados Alcampus.
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En la imagen el Parque Origen, que abrió su primera fase el pasado 18 de octubre, durante el encuentro de graduados Alcampus.
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