Investigadores revelan la diversidad oculta de los bosques andinos de Antioquia

Julio 9, 2026

Una investigación liderada por EAFIT encontró que los bosques andinos del suroeste antioqueño albergan comunidades de plantas completamente diferentes incluso cuando están separados por apenas unos kilómetros. El hallazgo evidencia que cada fragmento de bosque aporta una biodiversidad única e irremplazable.

Los resultados fortalecen la necesidad de replantear las estrategias de conservación en los Andes Tropicales, uno de los territorios con mayor biodiversidad del planeta. El estudio destaca que proteger pequeñas áreas y promover prácticas sostenibles es clave para preservar especies, regular el clima y garantizar la disponibilidad de agua.

La investigación demuestra que no hay dos bosques andinos iguales: cada fragmento aporta una riqueza biológica propia que no puede reemplazarse.  En la imagen la profesora Camila Martínez, junto a un roble Quercus humboltii, en la reserva Natural El Globo, Támesis, Antioquia, durante el proceso de investigación.

A simple vista, dos bosques separados por pocos kilómetros podrían parecer idénticos. Pero la ciencia demuestra que no lo son. En los Andes Tropicales, que se extienden por varios países de Sudamérica, cada fragmento de bosque alberga especies distintas y desempeña un papel irremplazable en el equilibrio de los ecosistemas. Ese es uno de los principales hallazgos de una investigación liderada por EAFIT en colaboración con investigadores de la Universidad de Antioquia, que aporta nuevas evidencias para orientar las estrategias de conservación en una de las regiones más valiosas y amenazadas del planeta.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron ocho parcelas permanentes de bosque en el Distrito Regional de Manejo Integrado Cuchilla Jardín-Támesis, en el suroeste antioqueño. Aunque la distancia máxima entre los sitios estudiados era de apenas 20 kilómetros, encontraron que cada uno albergaba comunidades de plantas heterogéneas. "Vimos que nuestras floras a nivel de especie eran completamente diferentes. Eso tiene muchas implicaciones para la conservación y la ecología porque este tipo de estudios requiere muchos datos y rara vez se hace a una escala tan pequeña. Nuestro muestreo mostró cómo, en apenas unos kilómetros, el bosque cambia muy rápidamente", explica Camila Martínez Aguillón, Bióloga y profesora de la escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

Precisamente, esa diversidad a pequeña escala es la que hace que cada porción de bosque tenga un valor único. El estudio demuestra que no basta con proteger grandes extensiones: incluso pequeños fragmentos conservan especies e interacciones ecológicas que difícilmente pueden encontrarse en otros lugares. Perder uno de ellos puede significar la desaparición de una parte irremplazable de la biodiversidad y de funciones esenciales como la regulación del clima, la disponibilidad de agua y el equilibrio de los ecosistemas.

Los bosques estudiados hacen parte de los Andes Tropicales, el hotspot de biodiversidad más rico del planeta. Este término se refiere a un territorio con una concentración excepcional de especies endémicas y, al mismo tiempo, altamente amenazado por la pérdida de su hábitat. Los Andes Tropicales albergan más de 34.000 especies de plantas y animales, cerca de la mitad exclusivas de esta región, por lo que han sido reconocidos como la "reserva biológica de la humanidad".

Conservar la diversidad

La investigación también aporta herramientas para mejorar las estrategias de restauración ecológica y la planificación territorial. Según Nicolás Pinel Peláez, profesor del área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de la escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, uno de los principales aportes del estudio fue evidenciar que un paisaje aparentemente uniforme es mucho más complejo de lo que parece. "Esto hace un llamado a la necesidad de tener en cuenta las condiciones microclimáticas y locales en el diseño de acciones de restauración, las cuales no pueden pensarse de manera prescriptiva a nivel de ecosistema, sino que requieren atención al detalle", explica.

Los resultados también representan un llamado de atención frente a los efectos del cambio climático y otras presiones humanas sobre los bosques andinos. La pérdida de cobertura vegetal, la expansión de la frontera agrícola y las alteraciones en los patrones de lluvia amenazan estos importantes lugares. Para los investigadores, conservar estos bosques significa también proteger servicios ecosistémicos esenciales para las comunidades que habitan los Andes.

Por su parte, Sebastián González Caro, profesor del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia, resalta que el estudio obliga a replantear la forma en que se diseñan las estrategias de conservación. "En términos de planificación territorial, estos resultados sugieren que los sistemas de áreas protegidas deberían incluir un mayor número de áreas representativas, incluso si algunas son relativamente pequeñas, para garantizar la conservación de más especies y poblaciones viables. De igual forma, la selección de zonas destinadas a actividades humanas, proyectos de desarrollo o medidas de compensación ambiental debe evaluarse cuidadosamente", señala.

Para Ana María Rueda Urrego, bióloga y joven investigadora que participó en el proyecto, el mensaje principal es claro: "Nos dimos cuenta de que, para conservar, hay que proteger todo lo que sea posible, porque cada bosque es diferente y cada uno es muy valioso. Además, estos datos nos permiten saber cómo son los ecosistemas de referencia y orientar mejor las acciones de restauración y conservación".

Además de ampliar el conocimiento sobre uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta, el estudio ofrece información útil para la toma de decisiones ambientales y reafirma que la conservación no depende únicamente de crear áreas protegidas. También exige integrar la investigación científica, la planificación del territorio y el trabajo conjunto con las comunidades. En un país donde gran parte de la población vive en los Andes, proteger estos bosques significa igualmente preservar el agua, el clima y la biodiversidad que sostienen la vida cotidiana.

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El Niño, suministro de energía, seguridad energética, generación eléctrica, demanda de energía, recurso hídrico, sistema energético, riesgo climático

Julio 8, 2026

La NOAA estima una probabilidad del 63 % de que se presente un evento El Niño muy fuerte entre noviembre y enero. En Colombia, donde cerca del 70 % de la electricidad proviene de fuentes hidroeléctricas, la reducción de las lluvias podría aumentar la presión sobre el sistema energético.

Expertos advierten que durante un evento El Niño la generación hidroeléctrica podría reducirse hasta cerca del 50 %, obligando a recurrir a generación térmica de respaldo. A esto se suma el rezago en la ejecución de proyectos energéticos, pues en los últimos años solo se ha materializado alrededor del 28 % de las iniciativas.

Mientras los modelos climáticos internacionales anticipan el fortalecimiento de un evento El Niño durante los próximos meses, Colombia se enfrenta a un escenario que preocupa a expertos en energía. La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) estima una probabilidad del 63 % de que se presente un evento muy fuerte entre noviembre y enero. En un país cuya generación eléctrica depende mayoritariamente del agua, la combinación de menos lluvias, embalses con niveles inferiores a los deseados y una demanda energética creciente plantea interrogantes sobre la capacidad de respuesta del sistema y las medidas necesarias para afrontar un posible periodo de sequía.

Para Ricardo Mejía Gutiérrez, director de Energy Valley, centro avanzado de Energía de EAFIT, el reto va más allá de atender una coyuntura climática. “Estos fenómenos nos recuerdan la importancia de contar con un sistema energético más diversificado, flexible y resiliente frente a eventos extremos”. Según explica, la matriz energética colombiana sigue dependiendo en gran medida de la hidroelectricidad, que representa cerca del 70 % de la generación nacional, lo que implica una alta vulnerabilidad del país ante periodos secos prolongados.

Durante un evento El Niño, la capacidad de generación hidroeléctrica puede reducirse hasta cerca del 50 %, obligando al sistema a recurrir a generación térmica de respaldo, generalmente más costosa y dependiente del gas. Este escenario se complejiza si se considera que, según expertos del sector, en los últimos años solo se ha ejecutado cerca del 28 % de los proyectos de generación previstos, lo que limita la expansión de la oferta energética frente al crecimiento de la demanda. 

Desde la perspectiva climática, Alejandro Martínez, profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, explica que El Niño es un evento de variabilidad climática asociado a la interacción entre el océano y la atmósfera. “Usualmente durante El Niño se reducen los acumulados mensuales de lluvia, es decir, se tienen menos días con lluvia en un mes o cuando llueve, llueve menos”. Esto se traduce en temperaturas más altas, menor disponibilidad hídrica y mayores desafíos para sectores como la agricultura, el abastecimiento de agua y la generación eléctrica.

Los efectos ya son conocidos por el país: menos precipitaciones implican menores aportes a los embalses, justamente la principal fuente de energía de Colombia. Aunque El Niño no significa ausencia total de lluvias, sí suele provocar periodos más secos y cálidos, lo que reduce la capacidad de respuesta del sistema energético ante incrementos de la demanda.

Medidas para fortalecer la resiliencia energética

Ante este panorama, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) ha venido evaluando medidas temporales y estructurales para mitigar el impacto del evento. Entre estas se destacan los programas de respuesta de la demanda, mediante los cuales se incentiva económicamente a grandes consumidores para reducir voluntariamente su consumo en momentos críticos; la habilitación de la entrega de excedentes de generación al sistema; y la agilización de procesos regulatorios para la entrada de nuevos proyectos de generación, especialmente solares y eólicos.

Para John García Rendón, investigador de Energy Valley y Observatory of Markets and Enterprises: Guidelines and Applications (OMEGA), Colombia debe avanzar hacia una estrategia de mediano y largo plazo que fortalezca la confiabilidad del sistema. “No basta con energía solar y eólica: también se necesitan generación térmica de respaldo, almacenamiento con baterías, mercados intradiarios, despacho vinculante e integración de recursos energéticos distribuidos”, sostiene. 

Una de las prioridades, agrega el investigador, es recuperar la confianza institucional y reducir la incertidumbre regulatoria para atraer las inversiones que requiere el sector. La entrada de nuevos proyectos de generación, redes y almacenamiento será determinante para garantizar el abastecimiento en un contexto de mayor demanda y eventos climáticos más extremos.

De igual forma, la preparación frente a un posible evento El Niño fuerte no depende únicamente de las decisiones gubernamentales o de las inversiones del sector energético. Los usuarios también tienen un papel importante, con acciones como apagar equipos que no estén en uso, desconectar cargadores y dispositivos en modo de espera, aprovechar la iluminación natural, regular el uso del aire acondicionado y optar por electrodomésticos eficientes pueden contribuir a reducir el consumo de energía y disminuir la presión sobre el sistema durante periodos críticos.

“Los usuarios sí somos corresponsables de esto también”, afirma Ricardo Mejía. Por eso, mientras los expertos insisten en la necesidad de acelerar la transición energética y fortalecer la infraestructura del país, también hacen un llamado a que ciudadanos, empresas y autoridades se preparen desde ahora para un escenario que podría poner a prueba nuevamente la capacidad de respuesta energética de Colombia.

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Las proyecciones climáticas alertan sobre la llegada de un evento El Niño intenso hacia finales de año y sus efectos en la energía.
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Las proyecciones climáticas alertan sobre la llegada de un evento El Niño intenso hacia finales de año y sus efectos en la energía.
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De la conversación cotidiana a la ciencia: lo que hay detrás del evento El Niño

Junio 24, 2026

Hablar del Fenómeno del Niño como tal no es correcto; lo adecuado es referirse al fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés). El Niño corresponde a la fase cálida de este fenómeno macroclimático de variabilidad natural, originado por interacciones entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical, con impactos globales que varían según la región.

Más que calor o sequía, El Niño es un proceso climático natural y complejo, no causado por el ser humano ni producto del cambio climático. En Colombia, y particularmente en Antioquia y el Valle de Aburrá, puede provocar menos lluvias, estrés hídrico, mayor riesgo de incendios y presión sobre el abastecimiento de agua, la energía, la salud pública y las actividades agrícolas y pecuarias.

Si hay un tema de conversación propicio para romper el hielo, sobre todo en el taxi, es el clima; también es recurrente en conversaciones de pasillo o ascensor. Y si hay indicios o noticias de que se avecina el conocido (y mal llamado) “Fenómeno del Niño”, las frases pueden ser algo así como: “¡Qué calor! Eso es por el Fenómeno del Niño”; “se viene una escasez de agua causada por el Fenómeno del Niño”; “esta sequía es culpa del Niño”. Es verdad que lo sentimos pues impacta la vida cotidiana, pero ¿realmente lo entendemos?

Lo primero que debemos saber es que no existe el Fenómeno del Niño en el sentido estricto de la palabra. Lo que sí existe es el evento El Niño, “una de las fases del ciclo natural de variabilidad climática conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Océano Pacífico tropical y que tiene tres fases: El Niño (fase cálida), La Niña (fase fría) y la fase neutral”, explica Alejandra María Carmona-Duque, profesora del Área de Territorios y Ciudades Sostenibles de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

¿Y cómo sucede esta interacción? En condiciones neutrales, los vientos alisios soplan de este a oeste, empujando las aguas cálidas hacia el Pacífico occidental (Indonesia y Oceanía) y favoreciendo el ascenso de aguas más frías frente a las costas de Suramérica. 

Según lo explica Daniel Ruiz-Carrascal, coordinador general del proyecto Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (SIATA), “en la fase cálida del ENSO, es decir durante el evento El Niño, la componente oceánica exhibe un calentamiento inusual de las aguas superficiales en las porciones central y centro oriental del Océano Pacífico Tropical”. También hay que aclarar que El Niño es mucho más que un calentamiento de las aguas del océano: obedece a la reorganización conjunta de la atmósfera y el océano, que modifica los patrones climáticos en distintas regiones del mundo.

El Niño y el Cambio Climático

¿Y tiene relación con el Cambio Climático? No. Tampoco está asociado a causas antrópicas. Lo que sí se puede afirmar es que ha existido durante miles de años y es una de las principales fuentes de variabilidad climática natural a escala global. Según la profesora Alejandra, “la evidencia científica indica que el calentamiento global puede amplificar algunos impactos asociados al Evento El Niño, por ejemplo, los extremos climáticos como las altas temperaturas. Sin embargo, aún no existe consenso definitivo sobre cambios sistemáticos en su frecuencia de ocurrencia”.
 

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Al evento El Niño podemos anticiparnos con acciones sencillas como cuidar el consumo de agua y energía; un hábito que podemos conservar por fuera de la coyuntura.
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Al evento El Niño podemos anticiparnos con acciones sencillas como cuidar el consumo de agua y energía; un hábito que podemos conservar por fuera de la coyuntura.

El origen del término El Niño

Quienes sospechan que el término El Niño tiene que ver con el ícono central de la devoción católica, a quien se le atribuye el nacimiento la cuarta semana de diciembre, van por buen camino. Justo después del grito de independencia, se hablaba de que en el Pacífico había un comportamiento inusual que llamaban el fenómeno del niño, porque los pescadores de lo que actualmente es Ecuador y Perú reportaron que, cada cierto intervalo de tiempo, por la época de nacimiento del Niño Dios, se presentaba una dramática disminución en la pesca. 

La explicación científica a este evento inusual es la siguiente: “Cuando se presenta un calentamiento de las aguas superficiales, lo que hacen las aguas frías y cargadas de nutrientes es que se mueven hacia mayores profundidades y los bancos de peces migran buscando un entorno más frio”, aclara Daniel Ruiz-Carrascal, doctor en Ciencias de la Tierra y Ciencias Ambientales.

Incluso mucho antes, los cronistas que documentaron los viajes de Francisco Pizarro, en su intención por llegar a las costas de Perú, reportaron eventos hidrometeorológicos extremos inusuales que favorecieron que sus tropas pudieran desembarcar.

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El impacto del Evento El Niño en las regiones

Los impactos de El Niño varían entre regiones del mundo. En Colombia suele asociarse con la reducción de las lluvias y el aumento de la temperatura del aire, que traen como consecuencia la disminución de caudales de ríos y embalses, mayor riesgo de incendios forestales y afectaciones en la disponibilidad de agua para distintos sectores. En países como Perú, se manifiesta de manera casi que contraria: hay incremento de lluvias y aumentos en el caudal de los ríos, lo cual trae consigo inundaciones.

El impacto depende de características como la latitud, longitud y altitud, y para el caso de Antioquia y el Área Metropolitana, “el calentamiento inusual en el Pacífico tropical se traduce en un calentamiento en la media y alta montaña de la Zona Andina. Por eso, en todo nuestro territorio, se ven afectadas las cuencas hidrográficas de montaña, algunas de las cuales satisfacen las necesidades de agua de nuestras ciudades. El hecho de tener esta ubicación latitudinal, longitudinal y altitudinal específica hace al territorio metropolitano particularmente sensible al evento El Niño”, explica el coordinador del SIATA.

Para el caso de Colombia los sectores económicos que presentan mayor afectación son: abastecimiento de agua, energía y agro, y en general, todos los que dependen directa o indirectamente de la disponibilidad hídrica, que suele verse reducida durante los eventos El Niño.

Según el SIATA, en el Área Metropolitana son cuatro las amenazas a las que habrá que prestar mayor atención. Primero, la reducción en la oferta del agua superficial en las cuencas hidrográficas que son abastecedoras de agua para acueductos veredales y multi-veredales; segundo, el estrés térmico que puede generar en la población y los ecosistemas, pues las temperaturas aumentan a valores por encima de un umbral de tolerancia; tercero, la propagación o dispersión de incendios de cobertura vegetal; y por último, la ocurrencia de incendios en los llanos orientales y venezolanos, que en caso de materializarse, generaría una gran cantidad de material particulado que,  por las direcciones de los vientos, pueden llegar al territorio metropolitano generando deterioro en la calidad del aire.

Eventos El Niño recientes y algunos aprendizajes

La fase cálida del ENSO, es decir, los eventos El Niño, suelen presentarse en promedio cada 3 a 7 años. Aunque su ocurrencia no sigue un patrón regular, el monitoreo continuo del océano y la atmósfera permite anticipar su desarrollo con varios meses de antelación.

El Niño se cataloga en cuatro niveles: débil, moderado, fuerte, y muy fuerte. Aclarado esto, el último evento El Niño catalogado como fuerte en el ámbito global, fue el de 2023 – 2024. En Colombia estuvo asociado a temperaturas excepcionalmente altas, reducción de las precipitaciones en amplias zonas del país, disminución de caudales en ríos y embalses, aumento de la ocurrencia de incendios forestales y presión sobre los sistemas de abastecimiento de agua y generación hidroeléctrica. En ciudades como Bogotá, la situación llevó a un racionamiento de varios meses.

A propósito de racionamiento, algunas personas recuerdan el ocurrido a partir de 1991, al que se sumó el cambio de horario (La hora Gaviria). Ambas, fueron medidas para mitigar los efectos del evento El Niño 1991-1992, catalogado entre moderado y fuerte. Pero esta experiencia dejó un aspecto positivo: evidenció la importancia de incorporar la información climática en la planificación de sectores estratégicos como el agua y la generación de energía. Desde entonces, el país ha fortalecido sus sistemas de monitoreo, pronóstico y alerta temprana, así como los mecanismos de gestión del riesgo. La experiencia demuestra que prepararse con suficiente tiempo de antelación es mucho más efectivo y menos costoso que reaccionar una vez los impactos ya se han materializado.

Aunque no hay certeza de la categoría del pico más alto del evento El Niño 2026-2027, se estima que podría ser fuerte a muy fuerte, lo que lo convertiría al año siguiente (el 2027) en el más cálido de toda la historia de registros que tenemos como sociedad humana.

Tal vez has notado que cuando hacemos referencia a eventos El Niño anteriores, se hace en pares de años (2023 – 2024 / 1991 – 1992). Esto se explica porque se trata de un evento con una duración aproximada de un año, iniciando en uno y finalizando en el siguiente. El evento que está madurando en este momento se conocerá en la literatura científica como el 2026-2027.

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Alertas tempranas

El Niño no aparece de forma repentina, sino que se desarrolla gradualmente a medida que cambian las condiciones del océano y la atmósfera en el Pacífico tropical. Por eso, en este momento se puede hablar de, “un proceso de maduración que tendrá el pico de calentamiento en algún momento a finales del presente año.  A partir de ahí empieza a debilitarse, hasta que ya se extingue o se disipa en la primera parte del año siguiente”, aclara el coordinador del SIATA.

Entre las principales señales se encuentran el calentamiento sostenido de las aguas superficiales del mar, el debilitamiento de los vientos alisios y alteraciones en la circulación atmosférica, y, cambios en la ubicación de los centros de alta y baja presión atmosférica.  ¿Y esto cómo lo sabemos aquí? Luego de que los centros de monitoreo ENSO evalúan en tiempo real las temperaturas oceánicas y atmosféricas en el Pacífico tropical (mediante satélites, boyas oceánicas, estaciones meteorológicas y modelos climáticos), estudian si es necesario cambiar el estatus del sistema de alerta del ENSO. En la más reciente publicación, emitida el pasado 11 de junio de 2026, el estatus de este sistema de alerta pasó de Vigilancia El Niño a ser Advertencia de El Niño.

Hecho esto, los organismos llamados nodos regionales en las Américas, publican un informe oficial del cambio en el estatus y ese informe oficial lo reciben los servicios meteorológicos nacionales, que en el caso de Colombia es el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM). Esta entidad realiza una declaratoria del estatus para generar una alerta temprana, para que todos los sectores sensibles al clima se preparen ante la inminente llegada de El Niño, en el caso de Colombia, con acciones como: gestión preventiva de embalses y sistemas de abastecimiento de agua, preparación de planes de contingencia para incendios forestales y acompañamiento a los sectores productivos más vulnerables.
 

Lo que podemos hacer

La profesora Alejandra advierte que, “lo primero que hay que decir, es que El Niño no es un desastre. Pero los impactos sí dependerán de la vulnerabilidad y el nivel de preparación de cada territorio. De ahí la importancia de la información científica, los sistemas de alerta temprana, la gestión preventiva y la adaptación. Todas estas son herramientas fundamentales para reducir riesgos y fortalecer la resiliencia de las comunidades”.

Entidades como el IDEAM, la UNGRD, las autoridades ambientales y los gobiernos territoriales han fortalecido las campañas de comunicación del riesgo y de uso eficiente del agua, con el fin de que las medidas preventivas comiencen antes de que se manifiesten los impactos más severos. EAFIT, por ejemplo, acompaña estas preparaciones desde el SIATA (Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá) y el SAMA (Sistema de Alertas y Monitoreo de Antioquia).

Algunas acciones sencillas y que no solo deberían realizarse durante eventos como estos, sino siempre, incluyen hacer uso eficiente del agua y la energía, evitar actividades que puedan generar incendios forestales, mantenerse informados a través de las entidades oficiales, y adoptar hábitos de consumo responsables que reduzcan la presión sobre los recursos hídricos durante los períodos más secos.

Si en los próximos días resulta la posibilidad de romper el hielo, bien sea en un taxi, ascensor o pasillo, hazlo bien: aclara a tu interlocutor que la manera correcta de llamarlo es evento El Niño, la fase cálida del ciclo natural de variabilidad climática conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical. 

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EAFIT acompaña conflictos socioambientales con su Clínica Jurídica de Participación Ambiental

Abril 7, 2026

Este espacio articula profesores y estudiantes eafitenses para brindar acompañamiento jurídico a comunidades rurales, étnicas y urbanas, mediante el desarrollo e implementación de estrategias legales para la resolución de problemas socioambientales.

Esta iniciativa ha acompañado procesos en Urabá, el Medio Atrato y el suroeste antioqueño, en casos relacionados con monocultivos y protección del agua, promoviendo el diálogo de saberes, el derecho a la participación ambiental y el fortalecimiento de la gobernanza territorial.

En los territorios donde el agua cambia de curso o las comunidades reclaman ser escuchadas, el derecho se convierte en una herramienta clave para equilibrar la balanza. Con esa convicción nació la Clínica Jurídica de Participación Ambiental de EAFIT, una iniciativa que conecta el aula con el territorio y que pone el conocimiento jurídico al servicio de la defensa del ambiente y de la participación ciudadana.

De acuerdo con Camilo Arango Duque, profesor de la Escuela de Derecho de EAFIT y director de la Clínica, “esta iniciativa se constituye como un actor clave en la apropiación social del conocimiento adquirido y producido en la Escuela de Derecho. El propósito es convocar múltiples actores sociales para que participen, en medio de un ambiente de intercambio, reflexión y análisis, en la transformación de los problemas jurídicos presentes en sus contextos”, afirma.

El modelo de trabajo está dirigido principalmente a comunidades rurales, étnicas y urbanas que enfrentan conflictos socioambientales complejos. Desde su creación, la Clínica ha acompañado procesos en Urabá, el Medio Atrato y el suroeste antioqueño, en casos relacionados con monocultivos, desviación de ríos y protección de fuentes hídricas. Su enfoque combina herramientas jurídicas, como acciones constitucionales y recursos administrativos, con procesos pedagógicos que fortalecen la gobernanza territorial.

Para cumplir este propósito, la Clínica se estructura en tres líneas de acción: Justicia Ecológica y Participación; Conservación del Agua y Planificación Territorial; y Litigio de Interés Público. A través de estas líneas se promueve la participación ambiental efectiva, el acceso a la información y el fortalecimiento de las capacidades comunitarias para interactuar de manera informada con la institucionalidad.

Formación jurídica con impacto real

La Clínica no solo busca atender las necesidades de las comunidades, sino también fortalecer las habilidades y competencias de los estudiantes, promoviendo una formación jurídica con impacto real en la transformación social. Para Irene Agudelo Saldarriaga, asesora de la Clínica y estudiante de la maestría en Estudios Jurídicos de EAFIT, el proyecto tiene un profundo valor pedagógico. 

“La Clínica es un espacio donde profesores, profesoras y estudiantes encontramos cómo transformar las realidades a partir del derecho, porque la docencia y la investigación está muy enfocada en la construcción de ideas, teorías y postulados, pero aquí lo que nos permite es accionar”, afirma. Esta dimensión formativa permite que los futuros abogados comprendan la complejidad de los territorios y desarrollen una sensibilidad frente a la relación entre comunidades y naturaleza.

La experiencia también ha sido significativa para los estudiantes de pregrado. María Camila Escobar Marín, estudiante del pregrado de Derecho de EAFIT, destaca que el acompañamiento directo en los territorios ha marcado su formación profesional. “Gracias a la Clínica he aprendido sobre temas como suelos, aguas, licencias ambientales, normatividad y jurisprudencia ambiental. Además, esta experiencia me ha permitido confirmar que esta es el área del derecho en la que quiero enfocar mi ejercicio profesional”, señala.

Estrategias que se construyen con las comunidades

Este espacio no actúa de manera unilateral, sino que construye estrategias en conjunto con las comunidades, respetando sus conocimientos y formas de organización. Este proceso implica generar relaciones de confianza, gestionar cuidadosamente la información y promover mecanismos que amplifiquen la voz de los habitantes en escenarios institucionales.

Uno de los casos que acompaña actualmente la Clínica se relaciona con la quebrada La Picacha, en Medellín. El proceso comenzó a partir de un trabajo previo desarrollado desde el semillero de Derecho y Medio Ambiente de la Universidad, que permitió acercarse a comunidades ubicadas en la cuenca de esta quebrada, particularmente en sectores del barrio Conquistadores y en la parte alta de la cuenca, en el corregimiento de Altavista. Los habitantes de la cuenca baja han denunciado durante años las afectaciones causadas por las crecientes del afluente y por la falta de ejecución de obras hidráulicas contempladas en los instrumentos de ordenación de la cuenca.

De acuerdo con Santiago Ruiz Alzate, representante legal de la veeduría ciudadana Repensando Medellín e integrante de la Junta de Acción Comunal del barrio Conquistadores, la problemática tiene un largo historial. “El acompañamiento de la Clínica Jurídica de EAFIT, en conjunto con la Universidad de Medellín, ha sido muy valioso porque están dando respuesta a la defensa de nuestros derechos. Nos hemos sentido respaldados, han sido muy ejecutivos y diestros en nuestra defensa. Esperamos seguir contando con ellos para todos estos temas”, dice.

En este contexto, la Clínica Jurídica de participación ambiental de EAFIT, en articulación con la Clínica Jurídica de la Universidad de Medellín, acompaña a la comunidad en la búsqueda de soluciones institucionales. Es importante resaltar que “las soluciones no son exclusivas de la institucionalidad, en la mayoría de los casos, son las comunidades quienes proponen las soluciones y las solicitan a la institucionalidad. Así como se habla de soluciones basadas en la naturaleza, nosotras hablamos de soluciones basadas en las comunidades”, explica Irene Agudelo. 

Entre las acciones en curso se encuentra la preparación de una acción de tutela que busca proteger derechos fundamentales como la vida, la salud, la tranquilidad y el ambiente sano, así como promover la prevención de riesgos previsibles asociados a las crecientes de la quebrada. El caso también abre una discusión jurídica sobre el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y su aplicación en el contexto local, particularmente en relación con el río Aburrá y sus afluentes.

De esta manera, la Clínica se consolida como un espacio en el que las comunidades pueden encontrar apoyo académico y jurídico para enfrentar sus problemáticas. Las personas que representen organizaciones, consejos comunitarios, asociaciones o colectivos pueden presentar sus casos para análisis y eventual acompañamiento. Para eso, pueden comunicarse vía correo electrónico con el director de la Clínica, Camilo Arango Duque, carang31@eafit.edu.co, donde el equipo evaluará cada solicitud y orientará el proceso a seguir.
 

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EAFIT acompaña conflictos socioambientales con su Clínica Jurídica de Participación Ambiental
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En la imagen el equipo de la Clínica Jurídica de Participación Ambiental, en un recorrido territorial con integrantes de Visión Suroeste, en el Suroeste antioqueño.
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Transición energética: una oportunidad para el crecimiento económico, el empleo y la inclusión social

Enero 26, 2026

Las energías limpias son una alternativa clave para cerrar brechas sociales, fortalecer la competitividad y enfrentar el cambio climático. Su implementación, más que una amenaza, es una oportunidad para la generación de empleo especializado, la inversión extranjera y la creación de comunidades energéticas que producen energía para el autoconsumo.


A propósito del Día Internacional de la Energía Limpia, establecido el 26 de enero por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para crear conciencia sobre la transición energética y promover el uso de fuentes renovables, expertos eafitenses hablan sobre el impacto socioeconómico de estas fuentes de energía y el rol de la academia en la transición.

En 2025 se realizaron las primeras pruebas en río de Serena, la embarcación solar diseñada por estudiantes e investigadores de EAFIT.

 

Para hablar de la relación entre energía y desarrollo socioeconómico, primero hay que deconstruir esta última palabra: lo social y lo económico. Comencemos por la economía y vamos con una pregunta sencilla: ¿qué sería de una industria sin energía? La respuesta, según lo explica Judith Vergara Garavito, directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático de EAFIT, es contundente: “la energía es la base de la productividad; no hay desarrollo productivo sin energía”.

Pasando al ámbito social, ¿Qué sucede cuando una región del mundo no tiene acceso a la energía? Si estás leyendo este artículo desde un computador o teléfono móvil, es porque tienes acceso a internet, un servicio inherente a la energía eléctrica que también se necesita para iluminar las páginas de un libro por las noches. Se trata de asuntos tan cotidianos que parecen irrelevantes. Pero si el acceso a la información desde un dispositivo móvil se traslada a una zona donde el servicio público de energía es intermitente o incluso inexistente, la situación es diferente, ¿por qué? Se limita el acceso a la educación y al conocimiento. Se crea un desequilibrio social entre quienes acceden a la energía eléctrica y quienes no lo hacen, ya sea de origen fósil o limpio.

Con la claridad sobre la importancia de la energía en el desarrollo socioeconómico de las regiones, pasemos a las energías limpias y a cómo podrían cambiar la realidad en lugares remotos donde la electricidad es una utopía o, simplemente, a cómo aportan al desarrollo económico de las industrias y, por consiguiente, de los países.


¿Qué es la energía limpia?


El concepto de energías limpias se refiere a fuentes de generación que tienen emisiones bajas o nulas de gases contaminantes al medio ambiente. Entre las energías limpias, las más comunes son las renovables que, como su nombre lo indica, provienen de recursos que se renuevan a escala antropogénica; es decir que, dentro del ciclo humano, hay una renovación del recurso, lo que permite que sea sostenible y no contaminante. Según Santiago Bernal del Río, investigador de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, quien actualmente trabaja en el desarrollo de energías renovables y transición energética desde el Grupo de Investigación de Ingeniería de Diseño, “la diferencia con los combustibles fósiles es que estos provienen de hidrocarburos cuya renovación tarda miles de años; mientras que un recurso como el eólico se renueva de manera acelerada, por lo tanto, hacen que los sistemas sean mucho más sostenibles”.

Son energías limpias: la solar fotovoltaica, la eólica, la hidroeléctrica, la de biomasa y el hidrógeno. De estas hay que decir que vienen en un proceso de expansión, como respuesta a tres necesidades: disminuir la emisión de gases efecto invernadero, reducir los costos de generación a largo plazo y soportar la demanda actual, que se ha incrementado a causa de la masificación de la Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías informáticas, “si la demanda es mayor y la oferta es la misma, con las energías tradicionales el costo se vuelve exorbitante. Eso lo vive el mundo entero”, explica la profesora Judith, y agrega que esta situación ha llevado a generar, de forma alternativa, energías renovables.

En Latinoamérica, según el más reciente reporte Fomento para una transición energética eficaz, la implementación de energías renovables está liderada por Brasil y Chile; Uruguay se destaca por tener una mayor adopción de vehículos eléctricos. Colombia, que ocupa el lugar número 38 de ranquin, cuenta con una matriz energética bastante limpia en términos de electricidad, conformada por hidroeléctricas, pero el resto depende en gran medida de hidrocarburos, turbinas de gas y carbón. 

Aunque se destaca un incremento en la implementación solar y la energía eólica, esta última aún presenta muchos inconvenientes para el licenciamiento social, y ese es precisamente uno de los desafíos en la implementación de energías limpias en Colombia pues “en las zonas donde mejor recurso tenemos, que es en el Norte del país, no se han hecho de forma correcta las conversaciones y las consultas con los actores sociales para la implementación y adopción de estas tecnologías”, expresa el profesor Santiago.

Si bien las energías limpias tienen un costo de operación mucho menor que el de las tradicionales, presentan costos de inversión mucho más altos. Para producir energías renovables hay que hacer proyectos, por ejemplo, de parques eólicos o solares; hay que crear plantas de biomasa o nucleares para aprovechar energías que antes no aprovechábamos. 


Green Skills: esperanza en lugar amenaza


El impacto económico de las energías limpias se verá a mediano y largo plazo, cuando se trate de un asunto cotidiano, pero también en el corto plazo, incluso durante la adecuación de las diferentes tecnologías. ¿Por qué? Porque la construcción de todas estas nuevas fuentes de energía requiere empleos especializados, “lo que está ocurriendo es una transformación laboral en lugar de una destrucción de empleos”. Los empleos no van a desaparecer; se están transformando. Eso implica que hay que realizar una reconversión laboral para estas personas que durante años han trabajado en torno a los combustibles fósiles, pues ahora se va a generar una demanda de operarios que instalen paneles, construyan parques eólicos, hagan mantenimiento de turbinas, entre otras cosas. No solo ingenieros, también tecnólogos, técnicos y auxiliares”, aclara la profesora Judith.

En este contexto, está emergiendo una serie de nuevas habilidades, conocidas como Green skills. Más que una amenaza, hay una oportunidad de crear empleos en esta nueva transición hacia la tecnología verde. 
 

El rol de la universidad

A la par de la formación de los talentos que hoy demanda la transición energética, el rol de las instituciones de educación superior también radica en la innovación que se genera en el entorno académico. Prototipos y pilotos de movilidad eléctrica, tecnologías de almacenamiento, redes más inteligentes o la implementación de hidrógeno verde, que surgen de los grupos de investigación de las universidades, pueden ayudar a generar soluciones más costoefficientes.

EAFIT, por ejemplo, ha tenido un rol muy activo  en el desarrollo de prototipos y proyectos de movilidad sostenible, ejemplo de esto es el diseño y testeo de vehículos eléctricos,   embarcaciones y carros solares (proyectos como Primavera y Kratos), en palabras de Juan David Mira Pineda, profesor de escuela de Ciencias aplicadas e Ingeniería  y coordinador del convenio EAFIT/SOFASA, “estos proyectos integran formación, investigación aplicada e innovación, y han permitido desarrollar capacidades locales en diseño, simulación, electrónica de potencia y sistemas de almacenamiento de energía, muchas veces en alianza con empresas del sector automotor y energético”.

Para que los desarrollos pasen del prototipo a la masificación se requiere, principalmente, el escalamiento industrial, además de regulación habilitante, modelos de negocio viables y algo muy importante “una apuesta por el talento e ingeniería local. Es clave fortalecer los vínculos con la industria para llevar los diseños a procesos de homologación y producción, así como contar con políticas públicas que apoyen la compra, el piloto y la adopción temprana. Además, se necesita continuidad en la inversión en I+D y una visión de largo plazo para que estas iniciativas no queden como proyectos aislados”, puntualiza el profesor Juan David.

Otro rol de la universidad en la transición energética es el acompañamiento en el diseño de políticas públicas, pues los gobiernos necesitan basarlas en evidencia, gran parte de la cual proviene de la investigación que realiza la academia. En ese sentido, “las instituciones educativas se convierten en un actor clave para acompañar a los gobiernos en el desarrollo de políticas públicas que impulsen los cambios regulatorios necesarios para avanzar en la transición”, afirma la profesora Judith.


Comunidades energéticas


Ya se ha dicho que las regiones sin acceso a la energía quedan expuestas a un atraso social. Pero con la expansión de las energías limpias, este panorama tiende a cambiar, pues existe algo conocido como comunidades energéticas, donde, mediante paneles solares, las comunidades generan y consumen su propia energía. No es utopía, es algo que ya existe y se promueve en Colombia. 

De acuerdo con el ABC de comunidades energéticas, publicado por el Ministerio de Minas y Energía, una comunidad energética puede aprovechar energía hidroeléctrica obtenida a partir cuerpos de agua pequeños, energía eólica, geotérmica y solar

Un grupo de personas que se convierte en una comunidad energética garantiza la suficiencia energética e incluso puede comercializar sus excedentes en la red nacional. Si se trata de una comunidad energética conformada por pequeñas empresas, estas pueden “reducir su exposición a la volatilidad de los precios internacionales del gas o del petróleo, sobre todo en la actualidad, con tantas tensiones geopolíticas, por ejemplo, lo que está pasando en Ucrania y en Venezuela”. Si una empresa genera su propia energía, es decir, se convierte en un autogenerador, puede tener mayor estabilidad en su flujo de caja. Contribuye a crear empleos verdes y puede reducir el riesgo de sus inversiones, porque tiene menos probabilidad de que sus costos de energía se eleven, al menos en el corto plazo”, aclara indica la profesora Judith. 
Adicionalmente, al ser un generador de energía limpia, evita las emisiones de gases de efecto invernadero, la principal causa del cambio climático.


La realidad actual y las acciones que se deben realizar


De acuerdo con el más reciente informe del Foro Económico Mundial (World Economic Forum), Impulsando el futuro: Cómo las empresas, las finanzas y las políticas pueden impulsar el mercado de combustibles limpios, si bien la inversión anual en capacidad de producción de combustibles limpios ha aumentado aproximadamente un 30 % entre 2024 y 2025, esto sigue siendo solo una fracción de lo que se necesita para alcanzar objetivos climáticos, como el Acuerdo de París o el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna). 

En ese sentido, las inversiones en combustibles limpios deberían cuadruplicarse para 2030 si queremos cumplir con las metas de descarbonización. En respuesta a cifras como estas, durante la COP 30,  realizada en 2025 en Belém, Brasil, se lanzó la iniciativa “Belém 4X”, cuyo objetivo es brindar apoyo político y promover la cooperación internacional para cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles para 2035.
 
Con este panorama, “el desafío ya no es justificar la inversión en energías limpias, sino escalar significativamente su volumen. Para ello, es clave la alineación entre políticas públicas claras, un marco normativo estable y condiciones sólidas de seguridad para la inversión”, indica la profesora Judith. Si bien Colombia ya cuenta con una política de beneficios tributarios para la generación de energías limpias, persisten ciertos desafíos sociales que retrasan algunos proyectos. 

En este contexto, los inversionistas dejan de preguntarse si deben o no invertir en este tipo de proyectos y pasan a enfocarse en una pregunta más sofisticada: ¿qué proyecto ofrece la mejor relación riesgo–retorno? En consecuencia, los países que logren ofrecer mayor certidumbre y seguridad a la inversión se consolidarán como destinos atractivos para el capital internacional”. 

Afortunadamente, nada de eso está alejado de la realidad, pues hay cosas que ya suceden; lo que se sugiere es seguir alineando los esfuerzos público-privados para que los proyectos tengan un marco de acción claro que garantice a los inversionistas que sus recursos tendrán un impacto positivo y también un retorno a la inversión, concluye la directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático, Judith Vergara.

En conclusión, la generación de energías limpias es para un país como Colombia una oportunidad, en lugar de una amenaza. Así debería entenderse la transición energética, pues somos un país con un alto potencial para la generación de energía eólica y solar. Tampoco hay amenaza en términos de empleo; por el contrario, se abren las puertas a nuevos trabajos especializados y, si a esto sumamos la mejora de la calidad de vida, lo que queda en el ambiente es una sensación de esperanza.

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En 2025 se realizaron las primeras pruebas en río de Serena , la embarcación solar diseñada por estudiantes e investigadores de EAFIT.
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El Parque Origen de EAFIT gana el premio mundial de construcción sostenible Holcim Foundation

Octubre 29, 2025

El Proyecto Origen, iniciativa con la que la Universidad resignifica su bloque 3 y la cuenca de La Volcana, es uno de los ganadores de los Premios Holcim Foundation 2025. La obra es la única de Colombia reconocida junto a otras 19 propuestas de Europa, Norteamérica, Latinoamérica, África, Medio Oriente y Asía-Pacífico.

El jurado, integrado por académicos y arquitectos de Chile, Perú, México, Colombia y Brasil, destacó en Origen la manera de integrar arquitectura, paisaje y sostenibilidad, al transformar una estructura como el bloque 3 en un espacio que promueve la regeneración ecológica, la gestión del agua y las experiencias de aprendizaje.

El 18 de octubre abrió la primera fase de Origen, el proyecto con el que la Universidad resignifica su antiguo bloque 3 y los terrenos aledaños a la quebrada La Volcana. Y a este logro se sumó uno nuevo, la noticia de que la obra —diseñada por  Connatural: Arquitectura en el paisaje, y construida por Nivelum— hace parte del grupo de 20 iniciativas ganadoras de los Holcim Foundation 2025, tal como se conoció este martes 28 de octubre.

Se trata de uno de los reconocimientos mundiales más importantes en construcción sostenible que, cada año, celebra las propuestas en arquitectura, ingeniería y urbanismo que demuestren excelencia arquitectónica y un alto grado de impacto social, económico y ambiental en cinco regiones: América Latina, América del Norte, Europa, Asia-Pacífico y África-Medio oriente.  

Un centro de salud creado a partir de piedra y maderas recicladas en Bangalore (India); un corredor fluvial que genera una isla de calor de 40 kilómetros en medio de Shenzhen (China); la restauración de terrenos degradados en infraestructura verde en Madrid (España); o un centro comunitario creado en medio de un terreno abandonado entre dos autopistas en Sao Paulo (Brasil), hacen parte de los proyectos que, junto al de EAFIT, serán premiados el próximo 20 de noviembre, en una ceremonia que se transmitirá para todo el mundo desde Venecia (Italia).

“Los 20 ganadores de este año utilizan los materiales adecuados en los lugares adecuados, involucran a las comunidades desde el primer día y diseñan con la naturaleza como aliada”, señala, sobre los galardonados, Laura Viscovich, directora ejecutiva de la Holcim Foundation. Esa afirmación se hace visible a través de un proyecto que, como lo resalta el galardón, “elimina una estructura de concreto obsoleta para descubrir un arroyo enterrado, e integra la agricultura urbana, los jardines acuáticos y las aulas al aire libre para reconectar el campus universitario con su hidrología natural”.

Para Édgar Mazo, arquitecto de esta iniciativa y graduado de la maestría en Procesos Urbanos y Ambientales de Urbam-EAFIT, el reconocimiento de la Holcim Foundation reafirma la pertinencia de un proyecto que “aporta a la reconstrucción de una cultura paisajística fundamentada en la comprensión de la relación entre naturaleza y comunidades, y que busca traducir esa visión en acciones concretas que fortalezcan la identidad de nuestros territorios”.

Origen fue seleccionado por un jurado presidido por la arquitecta Sandra Barclay, directora de Barclay & Crousse Architects, de Perú, e integrado por Loreta Castro Reguera, fundadora de Taller Capital, y profesora de arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México; Loreto Lyon, directora de Beals & Lyon Architecture, de Chile; Ricardo Pérez Schulz, vicepresidente de ventas y soluciones integrales de Holcim México; Jorge Pérez-Jaramillo, fundador de MDE Urban Lab, de Colombia; Federico Torres, líder para América del Sur de Arup, de Colombia; y Gustavo Utrabo, fundador de Estúdio Gustavo Utrabo, de Brasil.

Sobre el Proyecto Origen

En 2024, después de una fase previa de sensibilización con la comunidad universitaria, EAFIT emprendió el desmonte del bloque 3 para dar paso a Origen, un piloto de recuperación ecológica que resignifica el corredor ambiental donde estaba ubicada la estructura y lo convierte en un laboratorio vivo de restauración urbana.

“De esta manera, al recorrerlo, podremos apreciar que los cubos y pisos que hoy se levantan en este lugar están compuestos en un 95% por agregados del propio bloque 3, mientras que a la vista estarán las texturas, las huellas y las vigas conservadas de la anterior construcción, aportando una nueva estética del reciclaje al proyecto”, complementa Édgar Mazo.

Pero además del componente estético, Natalia Castaño Cardenas, directora del Centro de Estudios Urbanos y Ambientales (Urbam) de EAFIT, destaca que este proyecto es la materialización del Plan Maestro Universidad Parque-Cuenca, que entiende el campus como un lugar en conexión con la cuenca de la quebrada La Volcana, con el agua y con el origen mismo de la Universidad a través de unos materiales que, una vez resignificados, envían un mensaje de futuro y sostenibilidad.

“Además se trata de una iniciativa muy importante para la ciudad, porque en un escenario como el actual, en el que cambio climático y las lluvias son tan presentes, este espacio nos habla del manejo adecuado de las quebradas, de esos corredores biológicos que es necesario proteger, de la conexión entre la ladera y el rio, y de la gestión de riesgos”, y agrega que al estar en el marco de una la universidad, este conocimiento pueda ser replicado, "pues uno de los retos que tenemos es inspirar otras intervenciones en el valle de Aburrá" puntualiza Natalia.

Por su parte, Shirley Zuluaga Cosme, jefa del Departamento de Cultura de EAFIT, resalta el valor que tiene el proyecto Origen para los procesos de aprendizaje, al integrar la ciencia y la cultura con las experiencias de investigación y ciencia a la vista. “Es una museografía que nos conecta con el territorio que habitamos (biológico y geológico), con las capacidades de EAFIT, con el paisaje y la vida. Con los relatos, Parque Origen permite un viaje desde millones de años atrás hasta un presente y un porvenir de posibilidad. Es una propuesta detonante de la Universidad, un museo a cielo abierto, una ruta para conectar con la sociedad, el entorno, la naturaleza y la cultura”, concluye la eafitense.

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En la imagen el Parque Origen, que abrió su primera fase el pasado 18 de octubre, durante el encuentro de graduados Alcampus.
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En la imagen el Parque Origen, que abrió su primera fase el pasado 18 de octubre, durante el encuentro de graduados Alcampus.
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EAFIT impulsa una caficultura inteligente, sostenible y regenerativa en Antioquia

Mayo 30, 2025

El proyecto Un café por la sostenibilidad y la productividad es una iniciativa liderada por EAFIT, en alianza con la Universidad EIA, la Universidad Técnica de Múnich (TUM), Expocafé y la Cooperativa de Caficultores de Salgar, en tres localidades de Antioquia: Caicedo, Concordia y el corregimiento de Altamira (Betulia). 


La propuesta busca fortalecer a 300 pequeños caficultores mediante prácticas agrícolas regenerativas, innovación comunitaria y cadenas de valor inteligentes, con el fin de enfrentar retos como el cambio climático y adaptarse a exigencias internacionales como la Regulación de Deforestación de la Unión Europea (EUDR).

La caficultura antioqueña enfrenta hoy desafíos urgentes derivados del cambio climático, la presión sobre los ecosistemas y las nuevas exigencias del comercio internacional. En respuesta a este panorama, EAFIT, a través del Centro Valor Público, lidera el proyecto Un café por la sostenibilidad y la productividad, una iniciativa en alianza con la Universidad EIA, la Universidad Técnica de Múnich (TUM), Expocafé y la Cooperativa de Caficultores de Salgar. 


“Esta propuesta busca promover cadenas de valor cafeteras inteligentes, sostenibles y regenerativas en Antioquia, elevando la competitividad de las MIPYMES (Micro, Pequeña y Mediana Empresa), fortaleciendo la seguridad alimentaria, impulsando el desarrollo económico local y preservando los ecosistemas mediante la colaboración comunitaria”, afirma Harold Cardona-Trujillo, investigador principal del proyecto.


La iniciativa, que tiene una duración de 24 meses, se implementa en tres localidades de Antioquia: los municipios de Caicedo, Concordia y el corregimiento de Altamira (Betulia). En una primera fase, se trabaja con un grupo pionero de 45 caficultores, para luego ampliar la intervención a 300 productores a través de tres encuentros secuenciales programados entre abril y junio de 2025.


Uno de los principales retos que enfrenta hoy el sector cafetero es el cumplimiento de la Regulación de Deforestación de la Unión Europea (EUDR), la cual impone requisitos específicos a las exportaciones agrícolas. Un café por la sostenibilidad y la productividad se posiciona como una estrategia para preparar a las comunidades frente a estas nuevas condiciones del mercado, mediante procesos de adaptación sostenible.


Juan Carlos Muñoz Mora, investigador del Centro Valor Público de EAFIT y director del proyecto, explica que la metodología incluye tres grandes componentes: el codiseño de una plataforma digital, la transformación de la cadena de valor y la conexión con mercados emergentes. “Lo que estamos haciendo es la aplicación de un modelo de acompañamiento a comunidades rurales, para que, a partir de del uso de la evidencia, la literatura y el conocimiento existente, podamos incentivar la transición hacia prácticas productivas más sostenibles e inclusivas”.


Este modelo de trabajo contempla diversas actividades que acompañan a las comunidades en su tránsito desde prácticas no sostenibles hacia otras más responsables con el ambiente. En el primer componente, a través de metodologías participativas, se están construyendo las herramientas necesarias para dicha transición, incluyendo una plataforma digital donde productores, cooperativas y asesores rurales podrán interactuar con el modelo de intervención.


El segundo componente se centra en transformar toda la cadena de valor, desde el productor hasta el consumidor final. El tercer componente tiene como objetivo conectar directamente este modelo con importadores europeos. A través de alianzas internacionales, se busca establecer relaciones comerciales que reconozcan no solo la calidad del café, sino también el proceso que hay detrás de su producción.


Primeros logros y siguientes pasos


Durante sus primeros meses de ejecución, el proyecto ya muestra avances significativos hacia sus objetivos. Se completó la caracterización de las comunidades participantes y se desarrolló una primera versión funcional de la plataforma tecnológica. Además, se construyó un repositorio inicial de buenas prácticas agroecológicas, se realizó con éxito el primer encuentro bajo la metodología World Café y se finalizaron 15 videos educativos. La participación y el compromiso de los caficultores han sido claves en esta etapa inicial.


Entre los resultados esperados del proyecto se destacan la mejora en la competitividad de las MIPYMES cafeteras, el fortalecimiento de la seguridad alimentaria, el impulso al desarrollo económico local, la preservación y recuperación de los ecosistemas, y el establecimiento de cadenas de valor regenerativas. Estas metas se alcanzarán mediante una combinación de acciones comunitarias, herramientas tecnológicas y procesos educativos, orientados a consolidar un modelo de caficultura sostenible, resiliente y adaptado a los desafíos actuales.


Con una base metodológica sólida y un enfoque participativo que ha favorecido la apropiación comunitaria, el proyecto continúa su avance conforme a lo planificado. La articulación entre estrategias presenciales, herramientas digitales y materiales audiovisuales ha creado un entorno de aprendizaje integral y adaptado a las realidades del territorio. Los meses que vienen serán decisivos para consolidar este modelo, ampliar su impacto y fortalecer la plataforma tecnológica como soporte clave para la sostenibilidad de esta apuesta por una caficultura con visión de futuro.

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Taller Concordia
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El proyecto, que inició en julio de 2024, apuesta por la regeneración de los paisajes cafeteros y el desarrollo económico local con enfoque comunitario. En la imagen, uno de los talleres en el municipio de Concordia, Suroeste antioqueño.
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Premios estudiantes JESSUP 2025 International Law Moot Court Competition

Marzo 4, 2025

¡Volvimos a @jessupilsa después de 16 años y nos llevamos el tercer lugar! Del 20 al 22 de febrero, participamos en la Philip C. Jessup International Law Moot Court Competition 2025, el evento de derecho internacional más importante del mundo. Durante esta experiencia, debatimos sobre: -Derecho del mar y cambio climático -Jurisdicción, inmunidad y derecho de los tratados -Derecho internacional consuetudinario 

*Nuestro equipo, conformado por cuatro estudiantes y una graduada, estuvo acompañado por los entrenadores Giovanny Vega-Barbosa y Lina Lorenzoni Escobar , quienes los guiaron en cada audiencia para afinar estrategias y argumentación.

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Premios estudiantes JESSUP 2025 International Law Moot Court Competition
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La historia de las montañas contada por sus rocas

Septiembre 10, 2020

El estudio de rocas de las cordilleras Occidental y Central permite a investigadores de EAFIT
reconstruir la evolución de los Andes del norte, en Antioquia, desde hace millones de años hasta el último medio siglo. Conoce esta interesante historia.

El Centro de Monitoreo de la Conservación del Ambiente, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, declara a Colombia como un país megadiverso. Y esto se debe, en gran parte, a los miles de millones de años de procesos geológicos que han dado lugar a cordilleras, valles, sistemas de fallas y condiciones climáticas que propician que esta sea una de las 17 naciones que albergan el 70 por ciento de la biodiversidad del planeta.

Por eso, Colombia no solo es un país megadiverso, también es geodiverso. Esta afirmación se evidencia en todos los paisajes que componen el territorio nacional incluido, por supuesto, el del Valle de Aburrá, donde se levanta Medellín. No es gratuito, por ejemplo, que la vista desde el parque Arví, con sus colinas y altiplanos, sea tan diferente de la que se aprecia desde uno de los miradores de la avenida Las Palmas.

Otra cosa es observar la ciudad desde alguno de sus tres cerros tutelares de la parte plana (El Volador, Nutibara y La Asomadera), en comparación con lo que se ve desde el Alto de la Virgen, en Guarne, o la geografía para quien está en el Alto de San Miguel, donde nace el río Medellín. Y todo eso es muy diferente a lo que ve alguien que se lanza en parapente desde San Félix en dirección Occidente-Oriente.

¿Por qué el Valle de Aburrá se comporta tan diferente, cómo se formó y cómo sigue reacomodándose?, ¿por qué no se puede comprender como una unidad sino como un territorio geológicamente diverso?, ¿por qué tenemos el paisaje actual? y ¿cuál es la historia tras la formación de las montañas que lo conforman?

 

La asimetría del Valle de Aburrá lleva a los investigadores a pensar que no se puede seguir entendiéndolo desde el punto de vista geológico como se ha hecho hasta ahora.

Foto: Róbinson Henao

El trabajo de los "médicos de la Tierra"


Las anteriores son algunas de las preguntas que intenta responder la investigación Historia de la erosión en el corto, mediano y largo plazo de las cordilleras Central y Occidental de los Andes del norte, departamento de Antioquia.

Se trata de un estudio que adelanta el Grupo de Investigación en Geología Ambiental e Ingeniería Sísmica de EAFIT, liderado por la profesora María Isabel Marín Cerón, y en el que participa un grupo interdisciplinario de estudiantes y docentes del Departamento de Ciencias de la Tierra e investigadores de la Universidad Nacional de Colombia-Sede Medellín y de otras instituciones educativas de España, Suiza, Australia y Estados Unidos, entre otros.

Para hacerlo diseñaron una ruta de escalas que va desde el largo plazo (miles de millones de años) hasta el corto (de 50 años a algunos miles).

“Los geólogos somos como los médicos de la Tierra y si queremos hacer una buena práctica con lo que tenemos en este momento en la superficie, tenemos que mirar su historia clínica primero. Esas escalas de tiempo corresponden a dicho propósito”.

Esto comenta Santiago Noreña Londoño, ingeniero geólogo de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín y estudiante del doctorado en Ciencias de la Tierra de EAFIT.

Él es uno de los investigadores de este proyecto y explica así la importancia de trabajar en estas tres escalas, que son una oportunidad para entender el pasado y predecir el futuro desde la geología.

Para él, otra de las posibilidades que permite el estudio evolutivo es que cuando se trata de investigaciones geológicas estas se hacen, por lo general, desde escalas muy grandes que no incluyen la dimensión humana.

“Se invierten muchos recursos humanos, económicos y tecnológicos, pero no hay una aplicación real –asegura Noreña–. Lo que nosotros queremos es entender la evolución de los Andes del norte, de las montañas de Antioquia, pero respondiendo a las necesidades locales de generar un producto de información científica de calidad que responda a problemas concretos como la pérdida de áreas productivas, la estabilidad de la infraestructura o los riesgos sísmicos, por mencionar algunos”.

La orogenia es la ciencia de la geología que estudia la formación de las montañas y es fundamental para comprender sistemas complejos como las montañas.
La tarea de ponerle nombre y edad a una roca

Colombia se encuentra en la zona de subducción entre las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana, es decir, cada vez que la primera empuja a la segunda (en el proceso que se conoce como de “pulsión”) genera un aumento de presión y temperatura que desencadena una serie de procesos geológicos en la Tierra. Uno de ellos fue, precisamente, el origen de la cordillera de los Andes hace más de 60 millones de años.

En nuestro grupo queremos entender, en primer lugar, la geodinámica interna y externa de esas montañas, es decir, los factores internos y externos de la Tierra que originaron los paisajes geológicos que tenemos ahora”, señala la profesora María Isabel Marín Cerón, investigadora líder de este proyecto.

Y continúa: “Yo siempre les digo a mis estudiantes que es como si alguien prendiera un fogón. Al calentar la corteza los magmas, volátiles y/o fluidos que se generan tienen dos opciones: quedarse ahí o salir a través de algunas de las fallas geológicas. Ese material se enfría al interior de la corteza (rocas plutónicas) o al exterior (rocas volcánica), cuando sale y entra en contacto con diferentes factores de la superficie, por ejemplo la lluvia, se erodan y se depositan estos materiales. Todo esto se puede encontrar ahí, en las cordilleras y valles que tenemos”.

El nombre técnico de este proceso se conoce como cooling exhumation. Es decir: qué se formó en la profundidad, cuánto tiempo ha pasado para que vaya subiendo y quede expuesto, el tiempo de enfriamiento durante el proceso de ascenso y su exposición en la superficie.

“¿Y cómo lo estudiamos? A través de muestras de rocas de esas montañas, tomando rocas desde el valle del río Cauca hasta el páramo de Belmira para observar cómo ha sido esa evolución”, manifiesta la investigadora.

Ella agrega que son esos procesos de exhumación (ascenso) y enfriamiento de las rocas los que cuentan la historia de la formación de las montañas actuales.

“A una roca no podemos preguntarle cómo se llama, pero sí usar diferentes herramientas y técnicas para llamarla, darle una edad, saber dónde y cuándo se formó, cuándo salió a la superficie y cuánto tiempo lleva expuesta. Eso permite tener una idea aproximada de la orogenia, que es el estudio de la formación de las montañas”.

Poder observar cómo esas montañas se han reacomodado con los diferentes pulsos de exhumación y ver las respuestas de los bloques tectónicos que conforman las cordilleras de los Andes del norte, en función de la presión que se dirige de Occidente a Oriente, motivó a los investigadores a ir un paso más allá y entender cómo esa historia del paisaje se refleja en escalas de tiempo más cortas. Para ese fin tomaron el Valle de Aburrá como uno de sus casos de estudio.

De la orogenia andina a cómo se formó ese hueco

Si una persona observara desde el aire el río Medellín se encontraría con que este, en un punto del valle, da un giro abrupto y cambia su curso. Y así se repite a lo largo de su recorrido.

Es más, al levantar un perfil de este mismo río desde su nacimiento en el alto de San Miguel (Caldas) y luego a través de su paso por diferentes zonas como La Aguacatala, Tricentenario, El Hatillo y Porce se pueden identificar en su curso otra serie cambios (en especial los llamados gargantas o puntos de quiebre).

Según la docente María Isabel, cada uno de esos puntos parece estar asociado a que por ahí pasan sistemas de fallas.

Y es entonces donde entran otras ramas de la geología como la orfo tectónica y la neotectónica, entre otras, para analizar cómo el paisaje ha respondido y sigue respondiendo a esas fallas.

“Es decir, cómo se abrió o cómo se formó este ‘hueco’ en el que estamos. Este es un valle muy ‘raro’ y su asimetría nos muestra que no podemos seguir entendiéndolo como lo hemos hecho hasta ahora, sino como la respuesta a procesos tectónicos que, sumados a factores del clima, nos generan regiones muy diferentes entre sí”, explica la investigadora líder del proyecto.

Resultados prácticos

De esta manera, dividieron el valle en cuatro sectores o subcuencas tectónicas y avanzaron a una escala mucho más reducida –aproximadamente 50 años–, para reconstruir la historia geológica reciente de la región. Solo que, en esta ocasión, el narrador de dicho relato son los diferentes depósitos de rocas que deja el río Medellín tras su paso o las cicatrices con las que estas marcan los árboles cercanos.

A través de estas muestras, además de informes de EPM durante los últimos 50 años y perfiles longitudinales del río, los investigadores lograron identificar, por ejemplo, cuáles lugares eran más susceptibles de que se formaran avenidas torrenciales, cómo es la zonificación de la región de acuerdo con la distribución
de los fenómenos naturales y cuál es la probabilidad de que estos se repitan en determinada zona.

Al respecto, el estudiante de doctorado Santiago Noreña ratifica que entender cómo funcionan las rocas se traduce, también, en grandes oportunidades para la región en temas de gestión del riesgo: “Una roca fresca es estable, una descompuesta no es tan estable. Por eso comprender cómo una roca se va transformando a lo largo del tiempo permite saber si un suelo es más peligroso o estable que otro”.

Y ese mismo proceso, en sus palabras, también podría usarse para entender la dinámica del río o la frecuencia con la que se desborda, o incluso la amenaza sísmica. “Nuestra intención es construir una base de datos muy sólida que nos permita, a todos, estar muy atentos con los fenómenos locales que nos afectan”,
afirma Noreña.

Finalmente, otro de los impactos de la investigación se relaciona con temas de geoconservación y geoturismo. Como explica la profesora María Isabel Marín, la idea es que la gente pueda realizar una “parada bonita” en alguno de los puntos del Valle de Aburrá y, al mismo tiempo, aprender algo sobre geología.

Autores

Jonathan Andrés Montoya Correa

Periodista. Información y Prensa de EAFIT.

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¿Qué son los riesgos Natech? EAFIT sabe cómo identificarlos y mitigarlos

Junio 7, 2023

Son accidentes tecnológicos o industriales que pueden causar liberación de materiales peligrosos detonados por fenómenos naturales como inundaciones, avenidas torrenciales, movimientos en masa, sismos o rayos. 

En el marco de un proyecto con el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, la Universidad creó una metodología para identificar en el territorio áreas vulnerables ante este tipo de eventos.

Incorporar prácticas de evaluación y gestión de riesgos ante eventos Natech es clave para contribuir a la resiliencia territorial. La imagen corresponde a una de las jornadas de trabajo sobre el tema en EAFIT.

El efecto dominó ilustra de forma clara cómo una acción puede desencadenar grandes consecuencias. De forma similar funcionan los accidentes industriales provocados por eventos de origen natural conocidos como Natech, a los que EAFIT ha dedicado su atención con el desarrollo de una metodología para identificar los índices de vulnerabilidad en el territorio metropolitano ante este tipo de escenarios. 

Se trata de una metodología creada en el marco de un proyecto con el Área Metropolitana del Valle de Aburrá que se enfoca en instalaciones industriales que manipulan o almacenan sustancias nocivas o peligrosas en áreas susceptibles a amenazas de origen natural.

Los Natech (Natural Hazards-Triggered Technological Accidents) son accidentes tecnológicos o industriales que involucran la liberación de materiales peligrosos detonados por fenómenos naturales como inundaciones, avenidas torrenciales, movimientos en masa, sismos o rayos. No obstante, otros factores han hecho que aumenten las probabilidades de ocurrencia de eventos Natech como el crecimiento de las ciudades y el incremento demográfico.  

La gestión de este tipo de riesgos ha comenzado a ocupar un lugar en la agenda internacional, lo que ha suscitado interés por comprender mejor estos escenarios. “Desde EAFIT llevamos aproximadamente 30 años trabajando en temas asociados a la geología ambiental y la gestión del riesgo. En este proceso nos hemos hecho muy fuertes en la gestión de amenazas y riesgos desencadenados por fenómenos naturales y, en los últimos años, hemos venido trabajando en esas afectaciones de los fenómenos naturales en instalaciones industriales y cómo generan estos riesgos nuevos”, expresa Marco Fidel Gamboa, director del proyecto entre EAFIT y el Área Metropolitana. 

Incendios, explosiones, dispersión de nubes tóxicas, contaminación de suelos y acuíferos son solo algunos de los eventos secundarios que podrían provocar los Natech. Por lo tanto, es importante y útil conocer las amenazas que existen en el territorio mediante metodologías fundamentadas, para que las autoridades competentes sepan dónde centrar su atención y qué medidas preventivas se deben priorizar para proteger la vida, la estabilidad y el patrimonio de sus habitantes 

“Hemos desarrollado esta metodología para identificar la condición de riesgo Natech en el Valle de Aburrá y soportar la toma de decisiones en cuanto al ordenamiento territorial. Es un insumo muy importante que llama a un equipo multidisciplinar de la Universidad a desarrollar este tipo de metodologías, que son útiles no solo para las autoridades locales, sino también para las empresas que quieran identificar este tipo de riesgos en sus instalaciones industriales”, afirma María Camila Suárez, integrante del equipo de Gestión del Riesgo Tecnológico y Natech de EAFIT.  

Los investigadores expresan que la Universidad ha desarrollado hace un tiempo metodologías relacionadas con la gestión del riesgo y ha articulado su trabajo con organismos a nivel nacional, logrando así posicionarse como un referente en este campo en diferentes instancias y escalas. En el país no había precedentes de apuestas metodológicas en la gestión de riesgos Natech, lo que convierte a EAFIT en una institución pionera en el tema y capaz de trabajar de forma articulada.   

“EAFIT ha sido un aliado fundamental para el Área Metropolitana porque, con su experticia y la trayectoria que tiene en gestión del riesgo y en el desarrollo de proyectos innovadores, nos da la certeza técnica de que el producto no solo será de calidad, sino que podemos llevarlo a todas las comunidades y públicos interesados, para que esta problemática desconocida pueda ponerse al servicio de todos y proteger la vida de los habitantes metropolitanos”, concluye Luz Jannette Mejía, líder de la Unidad de Gestión del Riesgo del Área Metropolitana del Valle de Aburrá. ​

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