Alejandría, memoria y esperanza, un libro escrito por estudiantes de EAFIT

El Semillero de Investigación y Creación en Narrativas Periodísticas, de la Escuela de Artes y Humanidades ha acompañado, por cerca de una década, al colectivo de víctimas de Alejandría (Antioquia) en la reconstrucción de sus memorias. De ese proceso surgieron un sitio web, un salón de memoria y el libro Alejandría, memoria y esperanza, presentado al público el martes 17 de febrero.

Lo que comenzó como un trabajo académico se convirtió en un proceso profundo de memoria histórica que visibilizó más de 50 historias. Para los estudiantes del semillero esta fue una experiencia de inmersión periodística y un acercamiento a la realidad del país; para las víctimas, fue la posibilidad de tramitar el duelo y reconstruir el tejido social.

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Imagen Alejandría, memoria y esperanza, un libro escrito por estudiantes de EAFIT

El libro Alejandría, memoria y esperanza relata algunas de las historias del conflicto armado ocurridas en este municipio del Oriente antioqueño, entre los años 1998 y 2004. La imagen corresponde al lanzamiento del libro en EAFIT. 

Una de las cosas que más llamó la atención de Laura Vallejo fue la serenidad con que Alfadys Marín, víctima del conflicto armado en el municipio de Alejandría (Antioquia), narraba sus historias. Le contaba la manera cómo la violencia le arrebató a su familia y, en algunos casos, lo hacía detallando la crudeza de los hechos, “¿cómo hace para contar esa historia con tranquilidad y no lleno de rabia y frustración por lo que pasó?”, se preguntaba entonces la estudiante Laura, hoy graduada del pregrado en Comunicación Social.

Los oídos de Alejandro escucharon el relato de Dora Váquez, quien vivió la desaparición de uno de sus hijos, su mamá y una sobrina, “en un espacio de conversación ella me contó su historia. Luego me di cuenta de que nunca la había compartido con nadie”, relata Alejandro Arboleda Hoyos, graduado del pregrado en Comunicación Social, quien fue en ese tiempo el estudiante coordinador del semillero.

Ambos recuerdos revivieron con la publicación del  libro Alejandría, memoria y esperanza, del Semillero de Investigación y Creación en Narrativas Periodísticas, coordinado en ese entonces por Juan Gonzalo Betancur Betancur, profesor de la Escuela de Artes y Humanidades. Hoy el semillero está  a cargo del profesor Jorge Bonilla.

Las historias narradas por Alfadys y Dora, sucedieron entre los años 1998 y 2004. La de este libro inició en 2014, cuando el profe Juan Gonzalo, a través  Linsu Fonseca funcionaria de Isagen en ese territorio, tuvo conocimiento de que el colectivo de víctimas de Alejandría estaba liderando procesos de reconciliación y perdón. Tuvo la iniciativa de conectarlas con el Semillero de Investigación para realizar “un trabajo de investigación que aportara en la solución de la necesidad de una comunidad, que era contar todas esas historias”, precisa el profesor.

Según Jacinta Vergara Gil, representante de víctimas del municipio de Alejandría, “nos pareció muy interesante y empezamos a ir al territorio con el profesor y los jóvenes del semillero para contarle a las víctimas la intención de escribir las historias del conflicto del Municipio. No fue fácil al principio, pues para nosotros es difícil recuperar esa confianza”. 

Puede decirse que este proceso se hizo de manera conjunta, entre los integrantes del semillero y la comunidad de víctimas, pues “cuando íbamos a Alejandría hacíamos unos consejos de redacción donde participaban las propias víctimas. Después, cuando escribíamos hacíamos una revisión conjunta con ellas, de manera que se convertían en coeditoras”, relata Juan Gonzalo. 



El legado inmaterial del proyecto

Sea tangible o intangible, este proyecto dejó legados en quienes lo integraron. Comencemos por los intangibles. Si hablamos de los estudiantes, ahora graduados, hacer parte de este proyecto les permitió realizar periodismo de inmersión y poner en práctica diferentes técnicas para realizar su trabajo de investigación. 

También les aportó sensibilidad y comprensión del conflicto. “No es que fuéramos estudiantes de periodismo, ya éramos periodistas, estábamos en terreno conociendo las historias. Además, teníamos que darle un sentido a esa información y era necesario poner por delante esa responsabilidad ética para no hacer explícita la manera cómo ocurrieron los hechos”, reflexiona Alejandro.

En palabras de Laura, fue la posibilidad “de aportar a la reconstrucción de una memoria colectiva que nos hace recordar para no repetir. Eso me pareció muy bonito”.

Este proyecto fue de suma importancia para las víctimas, pues “nos permitió tramitar el duelo y reconstruir el tejido social, porque fuimos capaces de contar las historias. Es importantísimo visibilizarlas porque eso da fe de la resiliencia y transformación que hemos tenido y se nota que resurgimos como el ave fénix”, afirma Jacinta.

Además de haber legitimado y fortalecido el trabajo de los grupos de víctimas, este proyecto también evidenció el compromiso de EAFIT con el territorio, que puede ser un barrio, una ciudad o un municipio a dos horas de Medellín, en este caso Alejandría, en el oriente de Antioquia. 

Un sitio web, un salón y un libro

En cuando a los tangibles que resultaron de este proyecto del Semillero de Investigación y Creación en Narrativas Periodísticas, puede decirse que hay tres: el primero es un sitio web, el segundo un espacio y el tercero un libro. 

El primer tangible que dejó este proyecto es un sitio web que alberga alrededor de 50 historias en formatos como crónica, entrevista, video, pódcast, fotografía e infográficos. Ese espacio virtual permitió a las víctimas visibilizarse, pues, “ si bien veníamos caminando y abrazando la memoria desde el año 2000, no teníamos documentación de nuestras historias.  En ese sentido, el acompañamiento del semillero de EAFIT fue de gran importancia, ya que logramos organizar lo que veníamos haciendo”, complementa la representante de las víctimas de Alejandría.

Otra materialización del proyecto es el Salón de la Memoria vivos por siempre inaugurado en 2022. Si bien fue financiado por el Centro Nacional de Memoria Histórica, la investigación base para la exhibición es la realizada por los estudiantes del semillero. 
 

Alejandría, memoria y esperanza

El tercer tangible de este proyecto, con fecha de 2026, es el libro Alejandría, memoria y esperanza. En la primera parte, construida por el profesor Juan Gonzalo, se hace un análisis histórico del desarrollo del conflicto en este territorio. La segunda parte consta de los relatos construidos por los estudiantes del Semillero. 

El profe Juan Gonzalo no tiene preferencias por ninguna de las historias, pero en cambio sí observa una de las solapas con cierta emotividad, pues allí es donde está el listado completo de los estudiantes que participaron en este proyecto, “a mí lo que más me gusta de este libro es esta parte donde estamos todos. Eso es muy bonito, porque eran estudiantes comprometidos. Fueron voluntarios de un semillero y todos lo hicieron con mucha responsabilidad”, expresa el profe.

Con el libro en sus manos, Laura reconoce que se activaron de manera automática los viajes por la vía destapada hasta el municipio de Alejandría a bordo de un microbús, en compañía del profe Juan Gonzalo y de sus compañeros del semillero, “sentí gratitud de ver a una Laura más chiquita que aportó un granito de arena en la reconstrucción de la memoria histórica de las víctimas de Alejandría”, recuerda Laura.

Para Alejandro, este libro es importante porque “aporta en la memoria colectiva que como país tenemos que construir, es una ficha de ese rompecabezas de lo que ha sido el conflicto armado en Colombia durante tantas décadas. Este libro es un aporte importante para la memoria y la dignidad de las víctimas del conflicto armado”.

Este libro es, para la comunidad de Alejandría, otra herramienta que les permite narrar su historia. “Tener este libro en nuestras manos y posicionarlo en cada uno de los espacios es un orgullo para nosotros, sobre todo porque fue construido y recopilado por las víctimas en compañía del semillero de EAFIT. En general este proceso nos ha permitido crear mecanismos para vivir sin tanto dolor. Nos ha permitido tener un espacio para manifestar lo vivido y contarlo, para así acceder a las garantías de no repetición. Nos permite también explorar nuevas voces que estaban silenciadas”, concluye Jacinta.

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