Claudia Restrepo: La acreditación por 10 años reconoce la calidad, madurez y capacidad de transformación permanente de EAFIT

La renovación de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por 10 años reafirma a EAFIT como una universidad con procesos sólidos de aseguramiento de la calidad, capacidad de adaptación y transformación, e impacto significativo en la formación, la investigación y la sociedad.

En esta entrevista, la rectora Claudia Restrepo Montoya explica el significado de este reconocimiento para la Institución, su aporte al cumplimiento del Itinerario 2035 y los desafíos que plantea para seguir construyendo una universidad innovadora, pertinente y comprometida con el futuro.
 

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Con esta acreditación, EAFIT se convierte en la cuarta universidad privada de Colombia en obtener la máxima vigencia otorgada por el Ministerio de Educación Nacional.

La renovación de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por 10 años, la máxima vigencia que otorga el Ministerio de Educación Nacional en Colombia, ratifica a EAFIT como una institución con un proyecto educativo sólido, una cultura de mejoramiento continuo y la capacidad de responder a los desafíos de una sociedad en constante transformación. Con esta decisión, respaldada por el concepto favorable del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), la Universidad se convierte en la novena institución de educación superior del país y la primera privada de Antioquia en alcanzar esta distinción por una década.  

La decisión del CNA fue el resultado de un proceso de evaluación integral de la Universidad. En él se destacaron fortalezas como la transformación del modelo educativo, la cultura de aseguramiento de la calidad, el aprendizaje experiencial, la investigación, la innovación, la transferencia de conocimiento y la estrecha conexión con el sector público, el sector productivo, los emprendimientos y la sociedad. En esta entrevista, Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT, explica qué representa este logro para la Universidad y para el sector educativo de la región, cómo se alcanzó y cuáles son los retos que plantea para el futuro.  
 

    Cuando se trata de educación, cualquier persona busca una institución que le genere garantías, y eso es lo que yo llamo calidad. La calidad tiene que ver con la esencia de una institución. Lo que la gente espera de la educación es que tenga unos estándares que le permitan mejorar sus capacidades para la vida y para el trabajo. Siempre, de una u otra manera, las personas están midiendo la calidad. De hecho, cada vez que alguien toma una decisión sobre educación valora cuál es la mejor institución, cuál ofrece mayores garantías de empleabilidad, cómo les va a sus graduados y qué tan exitosos son después de terminar sus estudios. Al final, eso es lo que la gente entiende por calidad: todos aquellos indicadores que le permiten medir si el lugar donde va a estudiar es suficientemente riguroso y cumple altos estándares. 

    Una acreditación de calidad institucional está midiendo a la institución completa, no solamente un aspecto específico. Muchos de los indicadores que utilizamos son mediciones de resultados. Por ejemplo, los estándares internacionales evalúan el impacto y los resultados, lo cual es necesario e importante. Pero la acreditación institucional no solo valora esos resultados, evalúa distintos capítulos: los que tienen que ver con los estudiantes, los profesores, los graduados, el impacto general, los procesos académicos, el bienestar y la sostenibilidad financiera. No se trata únicamente de evaluar el desempeño en una variable específica. Es una valoración integral, una mirada de 360 grados que permite verificar si la institución responde de manera consistente a los diferentes aspectos que la sociedad espera de una universidad de alta calidad: cómo diseña y actualiza sus programas, cómo desarrolla su modelo educativo, cómo genera y transfiere conocimiento a través de la investigación y la innovación, y cómo contribuye al desarrollo de las personas y de la sociedad.

    El proceso de evaluación del CNA es valioso porque la acreditación institucional es, ante todo, un proceso entre pares. Es decir, son profesores, investigadores y académicos del mismo ecosistema de educación superior. Eso, lejos de hacerlo más fácil, lo hace más exigente. Son personas expertas en procesos universitarios, calificadas para valorar y evaluar el funcionamiento de una universidad. A la visita de los pares se llega después de un proceso de autoevaluación que realiza la Universidad. Es decir, el proceso de acreditación tiene tres momentos: primero, una autoevaluación; después, la visita de los pares, quienes verifican que ese análisis corresponda con la realidad institucional y, finalmente, el CNA valora sus recomendaciones y define si otorga o no la acreditación y la vigencia. 

    Existen tres posibles vigencias: seis, ocho y 10 años. Esa duración está asociada, principalmente, al nivel de madurez de los procesos de calidad de cada institución. Nosotros tenemos una tradición importante en acreditación. La primera acreditación fue por seis años, cuando iniciamos este camino. De hecho, EAFIT fue una de las primeras universidades del país en decidir someterse a un proceso de acreditación institucional. Después obtuvimos la acreditación por ocho años, lo que demostraba que la Universidad venía consolidando su propuesta y fortaleciendo sus procesos de calidad. Recibir ahora una acreditación por 10 años es el reconocimiento a esa historia y a la madurez institucional en todas las dinámicas.

    También demuestra que esta Universidad se ha comprometido con generar impacto en la sociedad. Uno de los aspectos que más destacaron los pares no fue únicamente nuestro proceso de formación o nuestras capacidades en ciencia, tecnología e innovación, sino, especialmente, nuestra conexión con el entorno, con las organizaciones, el desempeño de nuestros graduados y el reconocimiento que la sociedad hace del impacto de la Universidad.

    Hubo unos resultados que confirmaron lo que hemos venido haciendo. Uno de ellos está muy centrado en nuestro ADN: que nos reconozcan como una universidad altamente conectada con el entorno y con las organizaciones. Ese fue uno de los aspectos que más destacó el reporte del CNA y, para nosotros, fue confirmar lo que sentimos que hace parte de nuestra identidad. También hubo un reconocimiento a la madurez de nuestros procesos de ciencia, tecnología e innovación y de formación. Es decir, a las funciones sustantivas de la Universidad y a la manera como se vienen desarrollando.

    Ahora, hubo dos aspectos que me alegró mucho que fueran reconocidos. El primero fue nuestro modelo de medición de impacto. Nosotros hemos venido trabajando para pasar de medir solamente resultados a medir el impacto. Ya no se trata únicamente de cuántos estudiantes se gradúan, sino de cómo cambia la vida de esos estudiantes, cómo aporta la Universidad a la región, cómo contribuye al PIB o a la generación de valor. En las acreditaciones anteriores se medían más los resultados; en esta ocasión el énfasis estuvo mucho más en el impacto.

    El otro hallazgo que para mí fue significativo fue el reconocimiento al liderazgo colectivo dentro de la Universidad. Fue un gran logro que los consejeros sintieran que aquí existe un modelo de liderazgo compartido, donde todos están aportando al logro de la organización. Hicieron un reconocimiento muy importante a esa manera de liderar. También mencionaron de manera muy especial la capacidad de innovación de la Universidad. Reconocieron no solo la innovación en lo que hacemos, sino también en la forma como hacemos las cosas.

    Creo que esa pregunta es muy importante porque una acreditación institucional por 10 años es, ante todo, un voto de confianza en la manera como la Universidad se gestiona y lidera sus transformaciones. No se está acreditando una forma específica de hacer las cosas ni programas académicos. Lo que se acredita es el "cómo": la capacidad de la Universidad para transformarse cuando cambian las condiciones y responder a nuevos retos.

    Hoy no es lo mismo gestionar una universidad que hace 10 o 20 años. Los desafíos son distintos y la acreditación reconoce precisamente esa capacidad de adaptación. Es una confianza en que el sistema de trabajo de EAFIT puede garantizar el cumplimiento de sus objetivos, incluso cuando estos evolucionen por las necesidades del mercado, la transformación laboral, la digitalización o las nuevas dinámicas sociales.

    Otro aspecto fundamental es la cultura de evaluación permanente. En EAFIT contamos con acreditaciones internacionales y cada dos o tres años participamos en procesos de evaluación, ya sea con AACSB, AMBA u otros sistemas. La autoevaluación, la medición y la revisión continua hacen parte de nuestra cultura institucional.

    Por eso, una de las razones por las que se otorgó esta vigencia es que los pares encontraron una universidad con procesos sólidos de seguimiento, indicadores, evaluación y mejoramiento continuo, respaldados también por una trayectoria rigurosa en sus informes de gestión bajo el modelo GRI (Global Reporting Initiative).

    Así que una acreditación por 10 años no significa que durante una década no vaya a pasar nada. Significa, justamente, que la sociedad puede confiar en una institución que se evalúa, aprende, se transforma y se fortalece de manera permanente.

    Para nosotros, el proceso de acreditación fue muy enriquecedor para pensar el futuro de la Universidad, porque coincidió con la construcción del Plan de Desarrollo Institucional, el Itinerario 2035. Muchos de los insumos que alimentaron ese ejercicio surgieron de la autoevaluación presentada a los pares y, durante la visita, mostramos cómo varias de las transformaciones propuestas ya estaban reflejadas en esa visión de futuro.

    En gran medida, lo que estamos proyectando hacia adelante proviene de los aprendizajes de esa autoevaluación, que posteriormente fueron ratificados durante la visita. De ahí surgieron elementos como la comprensión del lifelong learning, el impulso a una mentalidad digital y una mayor conciencia sobre la evolución del modelo y del sistema de la Universidad.

    Eso también implica un reto: comunicarle mejor a la sociedad esa transformación y todo lo que hoy hace EAFIT. Para nosotros, la autoevaluación no es un ejercicio aislado, sino parte del trabajo cotidiano. Más que un requisito, es una forma de leer el entorno y actuar en consecuencia. Por eso, incorporar las recomendaciones del CNA no ha significado un cambio de rumbo, sino la continuidad de un proceso que la propia Universidad ya venía construyendo y que fue validado durante la visita de pares.

    Una de las cosas que más me alegró encontrar en el informe fue que la acreditación respaldara algo que hace parte del ADN de la Universidad: nuestra conexión con las organizaciones. Creo que uno de los aspectos que más llamó la atención de los pares fue ver que esa relación es natural y cotidiana. No se limita a las prácticas estudiantiles o a la educación continua. EAFIT es un ecosistema al que llegan empresas y emprendimientos, con una sólida capacidad de transferir ciencia, tecnología e innovación a organizaciones empresariales, públicas y sociales. Un ejemplo es On.going y la presencia de más de 16 emprendimientos de alto impacto dentro de la Universidad.

    EAFIT nació para formar el talento que impulsaría el desarrollo del territorio y, desde sus orígenes, ha trabajado de la mano de las organizaciones. Hoy ese ecosistema es más diverso, con mayor cercanía al sector público, social y al emprendimiento, pero mantiene el mismo propósito: aportar a la solución de los grandes desafíos de la sociedad.

    Ese impacto se refleja en el talento que formamos, los proyectos que desarrollamos con las organizaciones, la transferencia de conocimiento y la retroalimentación que recibimos para actualizar nuestros programas. Trabajamos de manera permanente con organizaciones como la ANDI, Proantioquia y otros gremios para entender las necesidades del entorno. Eso fue evidente para los pares. Encontraron altos niveles de empleabilidad de nuestros graduados, el reconocimiento de los empleadores, la confianza de las empresas para instalarse dentro de la Universidad y un modelo de prácticas que hoy va mucho más allá de una experiencia semestral.

    Para una región es muy importante el nivel de madurez de su ecosistema de educación superior, porque ese ecosistema es el que forma el talento que necesita el territorio. Si pensamos en Medellín como distrito de ciencia, tecnología e innovación, esa propuesta sobre la mesa es un impulsor de talento. En ese contexto, las universidades son un ecosistema relevante. En nuestra región, por ejemplo, las universidades que hacen parte del G8 cuentan con procesos de acreditación institucional de alta calidad. Eso significa que todas están comprometidas, de manera sistemática, con el camino de la calidad. Que hoy la región tenga dos universidades con la máxima vigencia de acreditación, la Universidad de Antioquia y EAFIT, es muy relevante porque eso fortalece la ciencia, la tecnología y la innovación, eleva los niveles de calidad y genera un reto permanente.

    Ahora que estamos hablando de los distritos especiales dentro de CTI, por ejemplo, la Universidad de Antioquia está en la zona norte, donde está Ruta N, que es uno de los distritos especiales con FutuMed, y nosotros en la zona sur estamos tratando de fortalecer un distrito especial desde esa misma perspectiva en talento, porque las universidades terminan liderando la generación de conocimiento, los emprendimientos de alto valor y la proyección de los emprendedores.

    Creo que los sistemas de calidad maduran con el tiempo y, a medida que esa madurez se consolida, también favorecen el intercambio de conocimiento. En EAFIT somos abiertos a compartir nuestras experiencias, pero también a recibir pares, acompañar a otras instituciones, trabajar en alianza y construir en red.

    El trabajo con el G8 y con 4U refleja esa forma de colaboración. Sin embargo, más que hablar de transferencia, prefiero hablar de intercambio. Tenemos experiencias para compartir, pero siempre mantenemos una mentalidad de aprendiz. Nunca llegamos con la idea de enseñar, sino de aprender también de otras personas e instituciones.

    Diría que una de las mayores fortalezas de esta Universidad es precisamente esa: conservar una mentalidad de aprendiz, cuestionarnos permanentemente y buscar siempre cómo hacer mejor las cosas.

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