De la conversación cotidiana a la ciencia: lo que hay detrás del evento El Niño

Hablar del Fenómeno del Niño como tal no es correcto; lo adecuado es referirse al fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés). El Niño corresponde a la fase cálida de este fenómeno macroclimático de variabilidad natural, originado por interacciones entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical, con impactos globales que varían según la región.

Más que calor o sequía, El Niño es un proceso climático natural y complejo, no causado por el ser humano ni producto del cambio climático. En Colombia, y particularmente en Antioquia y el Valle de Aburrá, puede provocar menos lluvias, estrés hídrico, mayor riesgo de incendios y presión sobre el abastecimiento de agua, la energía, la salud pública y las actividades agrícolas y pecuarias.

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Al evento El Niño podemos anticiparnos con acciones sencillas como cuidar el consumo de agua y energía; un hábito que podemos conservar por fuera de la coyuntura.

Si hay un tema de conversación propicio para romper el hielo, sobre todo en el taxi, es el clima; también es recurrente en conversaciones de pasillo o ascensor. Y si hay indicios o noticias de que se avecina el conocido (y mal llamado) “Fenómeno del Niño”, las frases pueden ser algo así como: “¡Qué calor! Eso es por el Fenómeno del Niño”; “se viene una escasez de agua causada por el Fenómeno del Niño”; “esta sequía es culpa del Niño”. Es verdad que lo sentimos pues impacta la vida cotidiana, pero ¿realmente lo entendemos?

Lo primero que debemos saber es que no existe el Fenómeno del Niño en el sentido estricto de la palabra. Lo que sí existe es el evento El Niño, “una de las fases del ciclo natural de variabilidad climática conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Océano Pacífico tropical y que tiene tres fases: El Niño (fase cálida), La Niña (fase fría) y la fase neutral”, explica Alejandra María Carmona-Duque, profesora del Área de Territorios y Ciudades Sostenibles de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

¿Y cómo sucede esta interacción? En condiciones neutrales, los vientos alisios soplan de este a oeste, empujando las aguas cálidas hacia el Pacífico occidental (Indonesia y Oceanía) y favoreciendo el ascenso de aguas más frías frente a las costas de Suramérica. 

Según lo explica Daniel Ruiz-Carrascal, coordinador general del proyecto Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (SIATA), “en la fase cálida del ENSO, es decir durante el evento El Niño, la componente oceánica exhibe un calentamiento inusual de las aguas superficiales en las porciones central y centro oriental del Océano Pacífico Tropical”. También hay que aclarar que El Niño es mucho más que un calentamiento de las aguas del océano: obedece a la reorganización conjunta de la atmósfera y el océano, que modifica los patrones climáticos en distintas regiones del mundo.

El Niño y el Cambio Climático

¿Y tiene relación con el Cambio Climático? No. Tampoco está asociado a causas antrópicas. Lo que sí se puede afirmar es que ha existido durante miles de años y es una de las principales fuentes de variabilidad climática natural a escala global. Según la profesora Alejandra, “la evidencia científica indica que el calentamiento global puede amplificar algunos impactos asociados al Evento El Niño, por ejemplo, los extremos climáticos como las altas temperaturas. Sin embargo, aún no existe consenso definitivo sobre cambios sistemáticos en su frecuencia de ocurrencia”.
 

El origen del término El Niño

Quienes sospechan que el término El Niño tiene que ver con el ícono central de la devoción católica, a quien se le atribuye el nacimiento la cuarta semana de diciembre, van por buen camino. Justo después del grito de independencia, se hablaba de que en el Pacífico había un comportamiento inusual que llamaban el fenómeno del niño, porque los pescadores de lo que actualmente es Ecuador y Perú reportaron que, cada cierto intervalo de tiempo, por la época de nacimiento del Niño Dios, se presentaba una dramática disminución en la pesca. 

La explicación científica a este evento inusual es la siguiente: “Cuando se presenta un calentamiento de las aguas superficiales, lo que hacen las aguas frías y cargadas de nutrientes es que se mueven hacia mayores profundidades y los bancos de peces migran buscando un entorno más frio”, aclara Daniel Ruiz-Carrascal, doctor en Ciencias de la Tierra y Ciencias Ambientales.

Incluso mucho antes, los cronistas que documentaron los viajes de Francisco Pizarro, en su intención por llegar a las costas de Perú, reportaron eventos hidrometeorológicos extremos inusuales que favorecieron que sus tropas pudieran desembarcar.

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El impacto del Evento El Niño en las regiones

Los impactos de El Niño varían entre regiones del mundo. En Colombia suele asociarse con la reducción de las lluvias y el aumento de la temperatura del aire, que traen como consecuencia la disminución de caudales de ríos y embalses, mayor riesgo de incendios forestales y afectaciones en la disponibilidad de agua para distintos sectores. En países como Perú, se manifiesta de manera casi que contraria: hay incremento de lluvias y aumentos en el caudal de los ríos, lo cual trae consigo inundaciones.

El impacto depende de características como la latitud, longitud y altitud, y para el caso de Antioquia y el Área Metropolitana, “el calentamiento inusual en el Pacífico tropical se traduce en un calentamiento en la media y alta montaña de la Zona Andina. Por eso, en todo nuestro territorio, se ven afectadas las cuencas hidrográficas de montaña, algunas de las cuales satisfacen las necesidades de agua de nuestras ciudades. El hecho de tener esta ubicación latitudinal, longitudinal y altitudinal específica hace al territorio metropolitano particularmente sensible al evento El Niño”, explica el coordinador del SIATA.

Para el caso de Colombia los sectores económicos que presentan mayor afectación son: abastecimiento de agua, energía y agro, y en general, todos los que dependen directa o indirectamente de la disponibilidad hídrica, que suele verse reducida durante los eventos El Niño.

Según el SIATA, en el Área Metropolitana son cuatro las amenazas a las que habrá que prestar mayor atención. Primero, la reducción en la oferta del agua superficial en las cuencas hidrográficas que son abastecedoras de agua para acueductos veredales y multi-veredales; segundo, el estrés térmico que puede generar en la población y los ecosistemas, pues las temperaturas aumentan a valores por encima de un umbral de tolerancia; tercero, la propagación o dispersión de incendios de cobertura vegetal; y por último, la ocurrencia de incendios en los llanos orientales y venezolanos, que en caso de materializarse, generaría una gran cantidad de material particulado que,  por las direcciones de los vientos, pueden llegar al territorio metropolitano generando deterioro en la calidad del aire.

Eventos El Niño recientes y algunos aprendizajes

La fase cálida del ENSO, es decir, los eventos El Niño, suelen presentarse en promedio cada 3 a 7 años. Aunque su ocurrencia no sigue un patrón regular, el monitoreo continuo del océano y la atmósfera permite anticipar su desarrollo con varios meses de antelación.

El Niño se cataloga en cuatro niveles: débil, moderado, fuerte, y muy fuerte. Aclarado esto, el último evento El Niño catalogado como fuerte en el ámbito global, fue el de 2023 – 2024. En Colombia estuvo asociado a temperaturas excepcionalmente altas, reducción de las precipitaciones en amplias zonas del país, disminución de caudales en ríos y embalses, aumento de la ocurrencia de incendios forestales y presión sobre los sistemas de abastecimiento de agua y generación hidroeléctrica. En ciudades como Bogotá, la situación llevó a un racionamiento de varios meses.

A propósito de racionamiento, algunas personas recuerdan el ocurrido a partir de 1991, al que se sumó el cambio de horario (La hora Gaviria). Ambas, fueron medidas para mitigar los efectos del evento El Niño 1991-1992, catalogado entre moderado y fuerte. Pero esta experiencia dejó un aspecto positivo: evidenció la importancia de incorporar la información climática en la planificación de sectores estratégicos como el agua y la generación de energía. Desde entonces, el país ha fortalecido sus sistemas de monitoreo, pronóstico y alerta temprana, así como los mecanismos de gestión del riesgo. La experiencia demuestra que prepararse con suficiente tiempo de antelación es mucho más efectivo y menos costoso que reaccionar una vez los impactos ya se han materializado.

Aunque no hay certeza de la categoría del pico más alto del evento El Niño 2026-2027, se estima que podría ser fuerte a muy fuerte, lo que lo convertiría al año siguiente (el 2027) en el más cálido de toda la historia de registros que tenemos como sociedad humana.

Tal vez has notado que cuando hacemos referencia a eventos El Niño anteriores, se hace en pares de años (2023 – 2024 / 1991 – 1992). Esto se explica porque se trata de un evento con una duración aproximada de un año, iniciando en uno y finalizando en el siguiente. El evento que está madurando en este momento se conocerá en la literatura científica como el 2026-2027.

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Alertas tempranas

El Niño no aparece de forma repentina, sino que se desarrolla gradualmente a medida que cambian las condiciones del océano y la atmósfera en el Pacífico tropical. Por eso, en este momento se puede hablar de, “un proceso de maduración que tendrá el pico de calentamiento en algún momento a finales del presente año.  A partir de ahí empieza a debilitarse, hasta que ya se extingue o se disipa en la primera parte del año siguiente”, aclara el coordinador del SIATA.

Entre las principales señales se encuentran el calentamiento sostenido de las aguas superficiales del mar, el debilitamiento de los vientos alisios y alteraciones en la circulación atmosférica, y, cambios en la ubicación de los centros de alta y baja presión atmosférica.  ¿Y esto cómo lo sabemos aquí? Luego de que los centros de monitoreo ENSO evalúan en tiempo real las temperaturas oceánicas y atmosféricas en el Pacífico tropical (mediante satélites, boyas oceánicas, estaciones meteorológicas y modelos climáticos), estudian si es necesario cambiar el estatus del sistema de alerta del ENSO. En la más reciente publicación, emitida el pasado 11 de junio de 2026, el estatus de este sistema de alerta pasó de Vigilancia El Niño a ser Advertencia de El Niño.

Hecho esto, los organismos llamados nodos regionales en las Américas, publican un informe oficial del cambio en el estatus y ese informe oficial lo reciben los servicios meteorológicos nacionales, que en el caso de Colombia es el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM). Esta entidad realiza una declaratoria del estatus para generar una alerta temprana, para que todos los sectores sensibles al clima se preparen ante la inminente llegada de El Niño, en el caso de Colombia, con acciones como: gestión preventiva de embalses y sistemas de abastecimiento de agua, preparación de planes de contingencia para incendios forestales y acompañamiento a los sectores productivos más vulnerables.
 

Lo que podemos hacer

La profesora Alejandra advierte que, “lo primero que hay que decir, es que El Niño no es un desastre. Pero los impactos sí dependerán de la vulnerabilidad y el nivel de preparación de cada territorio. De ahí la importancia de la información científica, los sistemas de alerta temprana, la gestión preventiva y la adaptación. Todas estas son herramientas fundamentales para reducir riesgos y fortalecer la resiliencia de las comunidades”.

Entidades como el IDEAM, la UNGRD, las autoridades ambientales y los gobiernos territoriales han fortalecido las campañas de comunicación del riesgo y de uso eficiente del agua, con el fin de que las medidas preventivas comiencen antes de que se manifiesten los impactos más severos. EAFIT, por ejemplo, acompaña estas preparaciones desde el SIATA (Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá) y el SAMA (Sistema de Alertas y Monitoreo de Antioquia).

Algunas acciones sencillas y que no solo deberían realizarse durante eventos como estos, sino siempre, incluyen hacer uso eficiente del agua y la energía, evitar actividades que puedan generar incendios forestales, mantenerse informados a través de las entidades oficiales, y adoptar hábitos de consumo responsables que reduzcan la presión sobre los recursos hídricos durante los períodos más secos.

Si en los próximos días resulta la posibilidad de romper el hielo, bien sea en un taxi, ascensor o pasillo, hazlo bien: aclara a tu interlocutor que la manera correcta de llamarlo es evento El Niño, la fase cálida del ciclo natural de variabilidad climática conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical. 

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