¿Debería ir más seguido al gimnasio?

Junio 4, 2026

 

Como todo el mundo en este imperio, el señor Sigma escucha voces que le piden que se mueva. 

Por ejemplo, hacia el gimnasio; hacia el fondo de la barra, donde está la ensalada; hacia donde apuntan el mercado y su comunidad profesional; hacia un lenguaje más incluyente (¿no sería mejor hablar de la señora Sigma?); hacia la izquierda, hacia la derecha o hacia el centro, que no siempre está en la mitad. 

El señor Sigma no puede evitar estas voces. No mientras viva —como vive— en el imperio retórico. La suya es una condición de audiencia. Sin embargo, el señor Sigma es libre —o eso le parece a él— y, por ello, tiene que decidir: ¿no sería mejor quedarse donde está? ¿Debería moverse? ¿Cómo moverse? ¿Hacia dónde? ¿Debería hacerse parte de algo? ¿A qué adherirse? 

El señor Sigma —que es un agente racional— tiene razones para actuar. Cuando le preguntan por qué hace algo, suele tener una respuesta. La mayoría de esas razones o bien se las ha escuchado a alguien más o bien las ha elaborado a partir o en contra de algo que ha leído, visto o escuchado. 

Sigma —cojámosle confianza— es un tipo particular de agente racional: es audiencia.

Las audiencias son interpeladas para que actúen de ciertos modos para que las cosas se mantengan en movimiento o cambien de curso. Los activistas de los movimientos sociales les piden adhesión a causas que mantienen “lo mejor” o impiden “lo peor” del rumbo de la sociedad. Los políticos las convocan a recobrar, a mantener o a producir el orden de cosas por el que el país “clama y necesita”. Los comerciantes las llaman a la adquisición de los bienes y servicios que las harán “felices”.

Las audiencias son incesantemente invitadas a actuar de ciertos modos para que el “bien” se recobre, se produzca o se mantenga. 

Pero Sigma es libre. 

Las cosas que le piden no ocurrirán solas, es necesario que él las haga. Los fines y todo lo que le presentan como bueno, justo y deseable tampoco se realizará solo, requiere de su acción. 

Además, como las acciones que unos le piden son incompatibles con las de otros, Sigma necesita razones para actuar. Y, por último, como no encuentra razones tan buenas que no valga la pena escuchar otras más, sus decisiones dependen de otras cosas que él hace: de cómo interpreta, evalúa y pondera lo que le dicen.

Para que se mueva y adelgace, le recuerdan el modo en el que quisiera vivir en el futuro. Para que haga uso de un lenguaje más incluyente, llaman su atención sobre las injusticias sociales basadas en distinciones de género. Para que hable y escriba en inglés, le muestran las oportunidades del mercado. Para que vote por la izquierda, le prometen el cielo en la tierra. Para conseguir su adhesión a cualquier movimiento, apelan a sus compromisos previos, personales, familiares, profesionales, políticos. 

El problema es que Sigma tiene muchos compromisos.

Por suerte también podría hacer lo contrario. Si tan solo le diera más importancia a un compromiso que a otro. Así, para que se coma el postre en el almuerzo familiar, le recuerdan que con el tiempo todos estaremos muertos. Para que haga uso de un lenguaje más económico, le señalan la conveniencia de facilitar la comunicación. Para que hable y escriba en español, le recuerdan que es la lengua en la que vive y piensa. Para que vote por la derecha, lo amenazan con el infierno en la tierra. 

Así que Sigma tiene que ponderar: ¿qué es más importante? ¿Vivir el presente o preparar el futuro? ¿La justicia o la eficacia? ¿El éxito o la autonomía? ¿Lo deseable o lo posible?

Aunque Sigma sueña con un punto medio entre los extremos, frecuentemente tiene que sacrificar más de una cosa que de la otra. ¿Cuál sacrificar un poco más? ¿Por qué? También para estas preguntas hay respuestas y razones en el imperio retórico, pero, precisamente por eso, en algún momento tiene que comprometerse con asignarle mayor importancia a una cosa que a las demás. Tiene que decidir a qué adherirse.

Para los observadores de Sigma, algunas de estas decisiones son más fáciles de predecir que otras. Las profesionales son las más sencillas: Sigma hace parte de una empresa racional que tiene unos fines colectivos y un modelo para la toma de decisiones con el cual intenta satisfacer por igual las necesidades del mercado y los ideales de la profesión. 

Las políticas, en cambio, son menos predecibles. Tanto las micropolíticas —como la de si usar un lenguaje incluyente— cuanto las macropolíticas —como la de por quién votar— requieren de Sigma compromisos personales. Con estas decisiones no solo se hace parte de un movimiento en pro de una acción colectiva: también se involucra en un conflicto.

Estas últimas decisiones no lo interpelan únicamente en la oficina y durante la jornada laboral, lo convocan en los corredores, en las reuniones sociales, en la soledad de su cuarto. No carecen de trasfondo histórico ni biográfico; se plantean como actualización de una vieja querella. No atañen a una sola dimensión de su vida, sino a muchas a la vez: a la justicia, a la seguridad, al bienestar, a la economía, a todas al mismo tiempo. Y no basta ningún experto para asesorar a Sigma, pues los expertos no se ponen de acuerdo entre sí. 

De modo que las decisiones de Sigma en la esfera pública son un poco desesperantes. Como es un hombre razonable que intenta escuchar todas las voces y atender a todas las razones, puede hacer una cosa o la contraria: para todo hay razones. Esto es motivo de desespero para quienes están convencidos de que hay al menos algunas razones principales, primordiales, indiscutibles, que cualquier ser humano mínimamente decente y racional debería aceptar. Es motivo de inquietud para los activistas de cualquier movimiento social que aspiran a la adhesión permanente de Sigma, así como, según queda dicho, es ocasión de incertidumbre para los profesionales que tienen por oficio predecir sus decisiones.

De manera interesante, también para Sigma sus decisiones públicas son un poco desesperantes. No solo resulta que lo comprometen personalmente, sino que además lo sitúan en algún lugar que lo define. Al tomar una decisión, él se acerca a algunas personas, con las que ahora tiene algo en común, y se aleja de otras, con las que también comparte otras cosas. Sus decisiones lo ubican en un círculo social y amenazan con sacarlo de otro, al que también quiere pertenecer. 

Las razones por las que decide darle más importancia a una cosa que a otra llevan su recuerdo a un lugar, a una frecuencia, a una emisora, en el espectro radial; lo llevan a una estantería, a un anaquel de su biblioteca; le recuerdan un hilo de una red social. No obstante, también, en sentido inverso, se pregunta Sigma: ¿será por haber frecuentado a esas personas, participado de esos círculos, sintonizado esa emisora, leído ese libro, replicado ese comentario en la red social?, ¿será por eso que unas cosas parecen más importantes que otras, unas decisiones más urgentes que otras? 

En ocasiones, este tipo de preguntas abruman a Sigma y entonces no quiere escuchar más voces: apaga el radio, cierra el libro, bloquea el teléfono móvil e intenta pensar en otra cosa: ¿debería ir más seguido al gimnasio?

 

Anotaciones del autor

A continuación, quisiera señalar algunas referencias bibliográficas que podrían resultar de utilidad para aquellos lectores a quienes les interese alguno de los aspectos de la vida del señor Sigma. 

Signos: El señor Sigma es un personaje teórico creado por el filósofo y escritor italiano Umberto Eco para la introducción de su estudio monográfico del concepto de signo. El señor Sigma es un animal semiótico, vive en un mundo de signos. El lector interesado en este aspecto de su vida puede consultar con provecho Signo (1973) y el Tratado de semiótica general (1975). 

El imperio retórico: Esta expresión es el título de una obra de Chaïm Perelman. Me ha parecido una expresión adecuada a mis propósitos en este texto porque nombra un aspecto relevante de la vida del señor Sigma: vive en un entorno dominado por la ley del discurso más persuasivo. En segundo lugar, porque en El imperio retórico, Perelman estudia algunos de los modos en los que los discursos ganan la adhesión de las audiencias. Por último, como esa obra hace parte de los libros que contribuyeron a la rehabilitación del campo de los estudios de la argumentación, he creído que su título serviría como expresión sinécdoquica de todo el campo. En cualquier caso, creo que el lector interesado en el entorno en el que vive el señor Sigma encontrará en la obra un valioso recurso.

Audiencia: La idea de que para los animales sociales y racionales ser audiencia no es un rasgo accidental se remonta a Aristóteles, por supuesto. No obstante, quien esté interesado en conocer la forma en que la condición de audiencia es analizada en el campo de los estudios contemporáneos de la argumentación puede consultar con provecho las obras de Christopher Tindale: Retórica y teorías de la argumentación contemporáneas (2017) y The philosophy of argument and audience reception (2015). 

Ponderación: La ponderación entre razones se entiende como la decisión de cuál de dos razones contrapuestas tiene más peso. En la medida en que este tipo de decisiones se puede y se debe justificar aduciendo nuevas razones, es una de las competencias argumentativas más exigentes. Como es también lo que más frecuentemente se le pide a la ciudadanía en las democracias contemporáneas, resulta un componente importante de cualquier programa de formación ciudadana. El lector interesado en la forma en que se realizan y se evalúan las ponderaciones puede consultar el texto de Hubert Marraud: En buena lógica (2020).

Júlder Alexander Gómez Posada

Doctor en Filosofía, investigador de la Escuela de Artes y Humanidades EAFIT

Laura Serna Restrepo

Diseñadora gráfica
(@lauraillustra)

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Nuevos mundos para el Derecho

Junio 4, 2026

 

15 de junio de 1990 

Sabina conoce las novelas de Julio Verne. Como una adolescente llena de curiosidad, se adentró en nuevos mundos de aventuras exóticas, de viajes, en los cuales se puede pensar en el poder transformador de la justicia y de la tecnología. 

Movilidad, instantaneidad, movimiento, transmisión, viaje, técnica y cultura son palabras que Julio Verne planteó en sus novelas que nos convirtieron en viajeros constantes en busca del descubrimiento de nuevos mundos y nuevas aventuras. Desde su mirada optimista, el viaje, la innovación y el descubrimiento obrarían en beneficio de la humanidad para construir un gran futuro. Verne quiso que el viajero del tiempo se enfrentara a los desafíos que cada parada de su viaje le exige. Una estación en la primera parte del siglo XX supondría enfrentarse a los grandes retos políticos de la humanidad y una parada al comienzo del siglo XXI le plantearía confrontarse con los desarrollos tecnológicos que buscan imitar al ser humano. 

 

15 de noviembre de 1997 

Siete años después, a punto de terminar su carrera de Derecho, Sabina encuentra que la transformación constitucional de Colombia es la realización de lo que encontraba en sus lecturas juveniles. El sexto aniversario de la Constitución significaba una ampliación de la protección de los derechos y de la transformación de la sociedad colombiana. Sabina descubre que su vocación es la de ser una jueza constitucional.

El fenómeno del viaje, del movimiento, de la transformación también es propio del mundo del Derecho. Este plantea un viaje que viene desde los tiempos de la antigüedad clásica, transita por el mundo medieval, se consagra como la estrella del mundo moderno y duda frente a la tecnología, en especial la tecnología digital y la inteligencia artificial generativa.

 

30 de octubre de 2008 

Sabina viaja por Colombia para conocer su realidad social y los problemas de las distintas regiones, estudia en distintas instituciones y abre su primera cuenta en una red social para contactar a sus amigos y para empezar a divulgar sus ideas. Esto le permite viajar, moverse, conectarse y abrir el camino para ser jueza constitucional. 

Las transformaciones y los desarrollos de la inteligencia artificial de los tiempos recientes generan una crisis de las categorías e instituciones jurídicas que se creían consolidadas. Este momento muestra que el Derecho no es algo estático, fijo, consolidado, sino que se mueve con la sociedad, la cultura, el mercado y la tecnología. Conceptos como el Estado, la democracia y los derechos humanos adquieren una nueva dimensión, la cual exige mirar de manera diferente la forma como aprendemos y operamos el Derecho.

 

02 de agosto de 2024 

Sabina, ya como jueza constitucional, va adentrándose en las discusiones digitales y tecnológicas. Hoy, por primera vez, se va a hablar de inteligencia artificial desde la Corte. Sabina se pregunta: ¿se deberían crear nuevos derechos en una era de inteligencia artificial?, ¿hay un cambio de paradigma en el Derecho con las tecnologías digitales?, ¿cómo se conserva el Estado Social de Derecho en un mundo inundado de inteligencia artificial? 

Estos nuevos tiempos nos invitan a dejar atrás al abogado como una figura rígida, atada a los formalismos, circunspecta, apegada a la dictadura del papel. La inteligencia artificial es un llamado a la flexibilidad, al movimiento, a la transformación y a la adaptación. Esto, sin dejar atrás las categorías jurídicas fundamentales, la defensa del Estado de derecho, de la democracia y de los derechos.

 

16 de agosto de 2030 

En un discurso como presidenta de la Corte Constitucional, Sabina afirma que el Derecho está vivo y en constante movimiento. Dice que el Derecho es tan infinito como las mentes que lo crean, que puede haber tantos derechos como sean necesarios para proteger la dignidad humana y que el Estado Social de Derecho también se transforma para mantenerse vigente en un mundo globalizado, en donde los problemas tienen dos caras, una local y otra transnacional. Ese día, Sabina se da cuenta de que lo que leía en las novelas de Julio Verne se volvió realidad.

 

Autores

José Alberto Toro Valencia

Doctor en Derecho, Escuela de Derecho EAFIT

Carolina Sánchez Vásquez

Magíster en Derecho, profesora asesora de la línea de Derecho Público del Consultorio Jurídico EAFIT

Marcela Cardona González

Diseñadora industrial
(@vamos.mar)

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Son datos y hay que darlos

Junio 4, 2026

Tecnología para la toma de decisiones agrarias 

 

¿Sabía usted que más del 90 % de las cosas que nos preocupan nunca van a suceder?

Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania reveló que exactamente el 91,4 % de los pensamientos que nos generan inquietud no se hacen realidad.

Ese fue el resultado de una investigación que llevaron a cabo durante un mes con treinta personas diagnosticadas con trastorno de ansiedad. 

Si bien preocuparse es de humanos, no podemos negar que muchas veces nos afecta más de lo que nos ayuda, sobre todo en el momento en que el miedo o la incertidumbre nos paralizan. 

Pero hay algo que debemos reconocer: adelantarse a los hechos no nos hace necesariamente alarmistas, nos hace protectores, aún más cuando podemos gestionar los riesgos con inteligencia para prevenir pérdidas y convertir datos en buenas decisiones. 

Ahora, imaginemos eso para un fin que a todos nos interesa: proteger los alimentos que se producen en el campo.

 

Tecnología para relajarse un poquito

En Colombia, 3,4 millones de personas trabajan en el sector agropecuario. 

Una de ellas es Orlando Velásquez Cuartas, quien desde hace tres años tiene cultivos de aguacate y café en su finca Atardeceres, en el municipio de Armenia Mantequilla (Antioquia).

Uno de sus principales problemas era pensar que a lo largo y ancho de su propiedad podía sembrar todos los palos de café y aguacate que quisiera, pero después de un año y medio descubrió que la parte de arriba era para el café y la de abajo para el aguacate.

 

¿Cómo se dio cuenta? 

“Fue gracias a AgroProRisk, plataforma que me permitió conocer que mi finca tiene diferentes pisos térmicos, entonces el comportamiento climático de la zona de abajo es distinto al de la zona de arriba”, afirmó el productor de cuarenta y cuatro años, quien además, con ayuda de esta tecnología, ha logrado proteger su cultivo de los eventos climáticos, porque, como dijo: “este clima está muy loco”. 

Así, Orlando puede tomar acciones “de manera preventiva: alimentar el cultivo para que pueda aguantar un verano o un invierno muy fuerte. A eso también le sumamos poder protegerlo de los vientos que fracturan los árboles”.

 

Una cadena que impacta a todos 

Todo lo que menciona el agricultor tiene más sentido cuando se conoce que, solo en febrero de este año (2026), la emergencia invernal reportó 27.075 predios afectados y 30.113 hectáreas de cultivos dañadas en todo el país: plátano, arroz, maíz, algodón, yuca, patilla, hortalizas y cacao. Y la cosa no para ahí: en Colombia se pierden y desperdician anualmente más de 9 millones de toneladas de alimentos, el equivalente al 34 % de la producción total, suficiente para alimentar a ocho millones de personas al año, aproximadamente.

 

Pero pensemos en soluciones 

La producción es la etapa crítica en la que se registran más pérdidas y desperdicios, con cerca de cuatro millones de toneladas. Se trata de un problema que se debe atacar desde la raíz y por eso nació AgroProRisk, una línea directa con la tierra. 

La temporada de lluvias, el crecimiento de los cultivos, la temperatura, la humedad y la salud de las plantas son solo algunas de las variables que puede conocer el cultivador con esta tecnología. Con este conocimiento, “el agricultor empieza a entender dónde debe concentrarse para atender su cultivo”, comenta Alejandro Peña, doctor en Ingeniería, científico de datos y una de las piezas clave para que se creara AgroProRisk en la Escuela de Administración de EAFIT.

 

Y entonces, ¿qué es AgroProRisk?

En pocas palabras, es una plataforma de inteligencia aumentada que brinda información precisa y oportuna para la gestión de riesgos en el campo. 

Con esta tecnología se categorizan datos y se produce información valiosa para proteger los cultivos y el medio ambiente y optimizar el uso de recursos para generar beneficios sociales y económicos a largo plazo. 

Por ejemplo, un problema complejo en campo es cuando un sensor para cultivos de palma tiene que recorrer cuarenta y dos hectáreas diariamente para medir lo que pasa con el suelo en tiempo real. Sin embargo, con AgroProRisk tendría que inspeccionar solamente el 25 % y preocuparse de los focos donde hay un evento de riesgo particular identificado en la plataforma.

 

Certificaciones verdes e intermediarios financieros 

Con estos datos y esta eficiencia, además, se podrá llegar más rápido a certificaciones verdes, las cuales permiten la obtención de créditos y el apalancamiento del crecimiento del sector agro en Colombia. 

De otro lado, los bancos y entidades financieras pueden alinearse con estándares internacionales que los llevan a convertir la gestión del riesgo y su trabajo con los agricultores en resultados medibles, como la reducción o captura de gases de efecto invernadero.

Ese impacto puede transformarse en bonos de carbono, que luego se comercialicen y generen ingresos adicionales, lo cual es una nueva oportunidad de financiación para fortalecer las actividades agrícolas.

 

AgroProRisk, la mejor referencia para dar un crédito 

Frente a un historial crediticio de fines comunes y corrientes hay múltiples instituciones que regulan y proporcionan lo que se conoce como “referencia”, una información que facilita la emisión de un crédito. 

Sin embargo, para los créditos del agro hoy no existe ninguna base de datos o plataforma que dé a los bancos un historial con datos completos de la vida fértil del predio de los agricultores en Colombia. 

Con AgroProRisk, las entidades financieras pueden conocer cómo se encuentra el terreno, cómo se comporta el agricultor, si visita o no sus puntos rojos y los atiende, entre otros datos. 

Además, esta tecnología permitirá a las entidades bancarias dar cumplimiento a la Normativa 015 de 2025, emitida por la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC), la cual establece lineamientos para que las entidades vigiladas identifiquen, evalúen y gestionen los riesgos ambientales, sociales y climáticos; y define los criterios y procedimientos que deben aplicarse en la administración de estos riesgos dentro de las operaciones de crédito.

 

Cosechando los frutos del trabajo 

En los seis años de desarrollo de AgroProRisk, la plataforma ha sido ganadora de tres premios. Además, fue reconocida como uno de los veinte proyectos más prometedores en el sector industrial por Impulsa Colombia y Rotorr-Motor. 

Este trabajo se ha hecho en asocio con el Newton Fund, una iniciativa del Gobierno británico para fomentar la investigación, la innovación y la tecnología en países asociados como Colombia. AgroProRisk ya opera en campo, y empresas como la Cooperativa Financiera Cootrafa hacen uso de ella para el estudio de sus créditos. 

Está bien que la ciencia haya determinado que más del 90 % de lo que nos preocupa nunca sucede, pero eso no quiere decir que no haya que aprender a gestionar los riesgos. 

Y eso es precisamente lo que hoy permite AgroProRisk: transformar la duda en decisiones y la inquietud en acción.

 

Autores

Yuliana Zuleta Villegas

Periodista

Julián Carvajal Zapata

Comunicador gráfico publicitario
(@caarza)

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Cuando la vida se estira

Junio 4, 2026

y empezamos a vivir más años 

 

Aurora está estrenando apartamento. Dijo que quería vivir sola y tener su propio espacio. 

Arrendó un lugar en un tercer piso, sin ascensor, cerca de la Avenida 80, una de las vías más concurridas de Medellín.

En sus maletas carga un parqués —porque le encanta y es buenísima jugando—, dos cirugías de corazón abierto, un cateterismo y una mano izquierda que ha empezado a temblar a modo de bienvenida por sus 78 años como habitante del mundo.

No sé si es muy terca. Eso dicen todos de los adultos mayores: que entre más pasan los años, más confiados pasan la calle. Que crecen y vuelven a ser niños.

Yo diría que se vuelven más curiosos.

Lo cierto es que la realidad nos cacheteó en la cara con una certeza: la abuela vive sola. Corrijo: la abuela quiere —demanda, exige, pide— vivir sola. Aurora es mi abuela materna y, así como la mayoría de adultos mayores de Colombia, decidió (sin saberlo) desafiar el canon postpensión. Sí, es que algunos cálculos estimaban que una persona viviría entre cinco y diez años después de jubilarse.

Ahora, ese tiempo se extendió hasta casi 40 años y, aunque aún no es la norma en la población de adultos mayores, hay cifras que, lentamente, van respaldando esta predicción: la esperanza de vida en el país es de 77,5 años y todo indica que seguirá subiendo. Parece que se acaba el trabajo y empieza la vida.

Además, en Medellín, durante los últimos 20 años, los mayores de 60 pasaron de representar el 10 % al 18 % de la población. Y para 2035, será la ciudad más envejecida del país.

Es un hecho: estamos viviendo más.

¿Cómo este proceso de alargar nuestro tiempo en el mundo afecta la forma en que nos relacionamos con él? ¿Tener más años significa, necesariamente, querer vivirlos? ¿Acumular más años nos garantiza más felicidad?

 

Más años ≠ mejor vida

Teniendo a Aurora como foco, llegó el momento de indagar, conversar y ahondar más en un tema que tiende a reducirse a la edad.

Algunos especialistas coinciden en que extender la vida nos pone de frente a nuevos retos sociales, políticos e, incluso, éticos.

“La longevidad no es solo una acumulación de años”, explica Águeda Valencia, enfermera de profesión y coordinadora del área de Ciencias del Cuidado y la Vida de la Universidad EAFIT. “Prefiero definirla como una capacidad: la de vivir más, pero también mejor”.

Y, ¿qué significa vivir mejor? En su momento, el camino era sencillo: casa-carro-maestría. Nacer, crecer, reproducirse, morir. ¿Cuál será la nueva receta?

“Éticamente, como sociedad, nos corresponde ponernos de acuerdo en qué es vivir mejor. Mejor dicho: en qué tipo de vida queremos vivir, porque será esa la que nos espera en un futuro”, puntualiza Águeda.

Esto puede suscitar otros debates más álgidos, como el de la eutanasia o el suicidio asistido, pues habitar un contexto que facilite vivir más años no significa, por defecto, querer hacerlo.

Sin embargo, pensar en el final voluntario de la vida no es algo propio del aumento de la longevidad. En Colombia, la eutanasia está despenalizada desde 1997, gracias a la Sentencia C-239 de la Corte Constitucional. Aunque estuvo inicialmente pensada para pacientes terminales, el alto tribunal ha extendido su alcance a menores de edad, a personas con enfermedades graves e incurables e, incluso, en 2022 se despenalizó el suicidio médicamente asistido.

Hay marco jurídico, pero aún falta el legislativo, pues el proyecto de ley que buscaba reglamentarlo no logró obtener los 94 votos necesarios en la Cámara de Representantes. La norma buscaba establecer un estamento legal claro que incluyera la voluntad anticipada.

¿Qué pasará cuando nos enfrentemos a esos años “extra”? ¿Querremos vivirlos?

La paradoja de la premisa de Águeda es que se vive en el futuro, pero se construye —cada vez con más urgencia— en el presente.

Si usted, como yo, está en sus veintes o treintas, pensar en longevidad se siente como algo lejano —y hasta ajeno—.

Pero la certeza de que viviremos más años nos pone una “tarea” adicional: prepararnos para ello, y cada vez con más ahínco. Aparece entonces una segunda paradoja, que más bien parece una carrera: la de “maximizar” o “potenciar” el hoy para “mejorar” el mañana.

Suena bien, ¿no?

Planear, ahorrar, tener visión. Pero esto podría suponer una nueva tiranía, una forma de autoexigirnos frente a algo que es, a todas luces, incierto. Es lo que Byung-Chul Han, uno de los filósofos más relevantes del siglo XXI, llama sociedad del rendimiento.

Este autor explica cómo hemos pasado de la sociedad disciplinaria (cárceles, cuarteles y fábricas) a una opresión disfrazada de productividad: gimnasios, oficinas en las casas y compromisos a los cuales no podemos fallar.

¿Ha escuchado el término “construir mi mejor versión”? Por ahí va la cosa.

La tesis central del filósofo surcoreano es que somos autoexplotadores: al mismo tiempo, víctima y verdugo. Somos libres para autosometernos.

¿A qué?

Entre otras cosas, al punto central de este texto: a un presente obsesionado con un buen futuro y con acumular más años —aunque esto nos cueste la vida—.

¿Cómo saldar esta tensión? Para Mariantonia Lemos, doctora en Psicología e investigadora de la Universidad EAFIT, el concepto de mente sabia, de Marsha Linehan, puede ser una buena guía.


Linehan, creadora de la terapia dialécticoconductual (DBT, por sus siglas en inglés), propuso este concepto clave que representa el equilibrio entre la mente racional y la mente emocional. 

Se logra a través de una práctica ya bastante conocida: el mindfulness o la atención plena. “Si todo lo hago pensando en mi yo del futuro, no sé muy bien cómo le va a ir a mi yo del presente”, explica Mariantonia.


Tratar de sobrevivir al mundo ajetreado de hoy mientras estamos en la carrera por el futuro no es un tema individual: es una conversación estructural sobre las formas de vida que moldearán los años que vienen y los entornos que habitamos en esta carrera por acumularlos.

 

Diseñar ciudades para vivir más años

Construir ese balance entre presente y futuro no depende solo de decisiones propias. El entorno en el que envejecemos también determina, en buena medida, qué tan posible es moverse, decidir y vivir de manera autónoma.

Mi preocupación por la independencia de Aurora no es solo una inquietud genuina de nieta. Corresponde, también, a un aprendizaje social acerca de cómo tratamos a los adultos mayores.

Elizabeth Rendón, directora del Área de Diseño de Productos y Experiencias de EAFIT y doctora de la Universidad Tecnológica de Delft, explica que nuestra relación con la longevidad no es solo un tema biológico, sino también social.

“Muchas veces empezamos a restringir el movimiento de los adultos mayores: les evitamos el esfuerzo, les reducimos los retos, los invitamos a la quietud”, cuenta. “Sin darnos cuenta, vamos limitando su capacidad de moverse y, con ello, su autonomía”.

Quizá esto puede provenir de lo poco adaptadas que están nuestras ciudades para habitar la longevidad.

No es en vano: en Colombia el 77 % de los adultos mayores de sesenta años viven en zonas urbanas o cabeceras municipales, principalmente en Bogotá, Medellín y Cali.

Las ciudades tienen unas características que pueden empeorar la calidad de vida: mayor polución, contaminación auditiva y un impacto constante sobre el sentido de alerta del sistema nervioso, ocasionado por la hiperconectividad digital y la cantidad de estímulos en el ambiente.

De esto queda una conversación pendiente y cada vez más urgente: ¿cómo deben cambiar nuestras ciudades para ser habitables para una población cada vez más adulta? Si con los años llegan enfermedades y dolores, ¿qué hacemos para que la ciudad los sane y no los agudice?

 

Un nuevo nicho de mercado

Volvamos al punto. El nuevo arriendo no es lo único que paga Aurora con su pensión. También va a clases de natación, tiene un plan de medicina especializada para sus revisiones periódicas y ha sido estudiante de uno que otro curso de manualidades.

La forma en la que Aurora destina sus ingresos es lo que ahora llamamos economía plateada: todos aquellos productos y servicios cuyos usuarios finales son los adultos mayores.

Si bien en Colombia es aún incipiente, algunos cálculos estiman que representa un poco más del 12 % del PIB nacional. La fuerza económica de los mayores de 60 es lo que nombraríamos un diamante en bruto y puede tratarse de un mercado bastante favorable por dos razones.

Primero: los adultos mayores son la fuerza laboral más desaprovechada de todas. Según la Organización Internacional del Trabajo, cerca del H80 % de las personas mayores de 50 años en Colombia ha enfrentado barreras para acceder a empleo. Segundo: estamos ante un mercado potencial con tres variables a favor: volumen, capacidad adquisitiva y crecimiento. Con la esperanza de vida cada vez más alta y el aumento de adultos mayores en el país, es un nicho que, sin duda, representa oportunidades importantes para movilizar la economía nacional.

Las cifras a nivel región sustentan este panorama. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) proyecta que, para 2050, casi 3 de cada 10 personas en América Latina y el Caribe serán mayores de 60 años. El escenario para 2090 es de cerca de 4 de cada 10. Más que el resto de continentes.

Las cifras del BID confirman lo que Aurora ya practica: la longevidad no es una anomalía, es el nuevo promedio. 

La pregunta, entonces, no es si vamos a vivir más, sino si estamos dispuestos a repensar todo lo que creíamos saber sobre cómo hacerlo: los hábitos, los entornos, las instituciones, las ciudades. Y quizás, también, la forma en que miramos a quienes ya llegaron antes que nosotros.

 

Autores

Valeria Querubín

Comunicadora social

Ricardo Macía Lalinde

Diseñador gráfico y magíster en Arte, Idea y Producción
(@ricardomacia)

Christian Alexander Martinez Guerrero

Comunicador social, coordinador editorial de la Revista Descubre y Crea

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Medellín, la capital del perreo

Junio 5, 2026

pa’ los nenes y pa’ las nenas

 

Este texto utiliza como insumo las reflexiones de la tesis doctoral en Humanidades titulada El perreo en Medellín y su función social en la (re)definición de la identidad en las mujeres 

El aislamiento y la soledad como problema de salud pública 

En los últimos años, el aislamiento físico y la soledad han dejado de ser experiencias individuales y se han convertido en problemas de salud pública global.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido de su expansión sostenida, especialmente en adolescentes y jóvenes, así como de sus efectos significativos en la salud física y mental.

El aislamiento, entendido como la ausencia de contacto personal y físico con otras personas, es uno de los problemas más preocupantes, debido a que aumenta en un 32 % el riesgo de mortalidad por todas las causas. Pese a su gravedad, su proliferación se aceleró desde el 2019 tras las medidas de confinamiento tomadas durante la pandemia.

Más allá de las cifras que reflejan la dimensión preocupante del problema, merece nuestra atención la transformación profunda en las formas de vinculación contemporánea, la cual nos exige agudeza para identificar las formas novedosas en las que podríamos estar haciendo lazo social hoy.

Es urgente, por lo tanto, hacer una pregunta: ¿cuáles son las formas en las que las y los jóvenes construyen rituales de pertenencia y vinculación que resisten a las tendencias del aislamiento? 

 

La música y el baile como forma de lazo social 

La música y el baile, dos de las primeras formas de comunicación que establecimos con el mundo, pueden ser comprendidos como capacidades evolutivas humanas a través de las cuales producimos lazos sociales.

La música nos permite vivir experiencias emocionalmente intensas. Al escucharse de manera colectiva, nos posibilita experimentar nuevas realidades en las que la identidad y la realidad se transforman temporalmente.

Por otra parte, muchos bailes, al situar el cuerpo en movimiento como el centro de la interacción humana, operan como ritos en la medida en la que establecen códigos implícitos de relación, sincronizan a los participantes y favorecen la emergencia de una experiencia colectiva en la que el cuerpo deviene lenguaje y donde la pertenencia se construye a partir de la sonoridad compartida.

 

El reggaetón: más allá de la sospecha

Las tendencias investigativas sobre el reggaetón señalan, mayoritariamente, que es una música simple en su sonoridad y que, a través de las letras de sus canciones, reproduce violencias y desigualdades.

Sin embargo, poco se ha investigado de manera empírica sobre las formas de recepción de esta música en los territorios y los efectos que ella produce en los jóvenes que bailan al ritmo del dembow.

Aquello que suele considerarse una limitación en el reggaetón —su estructura rítmica simple y repetitiva— puede ser leída, en cambio, como una de sus principales riquezas: su patrón sonoro facilita la activación de circuitos cerebrales asociados al movimiento y al placer, lo cual promueve una relación estrecha entre sonido y cuerpo y facilita la espontaneidad para bailar-interactuar con otros.

Gracias a estas particularidades del reggaetón, la experiencia bailable del perreo se ha constituido para muchos jóvenes de territorios como Medellín en una práctica ritual en la que se sienten reconocidos, valiosos y acompañados.

 

El perreo como resistencia a la soledad

A la luz de lo anterior, es posible proponer una lectura distinta del perreo en el contexto contemporáneo. Más que un síntoma de problemáticas sociales, puede ser entendido como una respuesta compleja a la expansión del aislamiento, la pérdida de rituales y la soledad.

En muchos territorios populares de América Latina y el Caribe, el perreo aparece como una de las pocas prácticas que restituye la importancia del contacto físico, revaloriza el saber erótico corporal, reorganiza la experiencia colectiva y permite la construcción de pertenencia.

A través de la mediación musical del reggaetón y del protagonismo del cuerpo en contacto y movimiento, no solo se produce placer o entretenimiento, sino que también se gesta una forma contemporánea del cuidado.

Si bien el perreo no resuelve de manera total las tensiones de nuestro tiempo, sí representa la posibilidad de sentir, en el movimiento compartido del cuerpo, una experiencia de pertenencia que, más allá de la memoria individual, nos sostiene como parte de una misma especie.

 

Autora

Luisa Fernanda Espinal Ramírez

PhD en Humanidades y psicóloga
(@doctoraperreo)

Sara Tomate

Diseñadora gráfica e ilustradora
(@saratommate)

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Editorial: donde no parece ocurrir nada, el movimiento persiste

Junio 4, 2026

Un cuerpo tiembla en la pista. El bajo atraviesa el pecho, los pies responden antes que el pensamiento y, por un instante, todo parece sincronizarse: cuerpos, luces, ritmo. Afuera, la ciudad continúa su curso: tráfico, decisiones, transeúntes, como si ese pulso íntimo fuera apenas una variación más de un movimiento mayor. Alguien camina por la ciudad y la Luna lo sigue; no importa cuántas cuadras avance, ni cuántas veces cambie de dirección: ahí está, suspendida, acompañando cada paso.

Durante siglos, esa sensación íntima fue una pregunta abierta: ¿Por qué la Luna nos persigue? Hoy sabemos que no es la Luna la que nos persigue, sino nuestra forma de percibir el movimiento.

En el siglo XX, Albert Einstein desestabilizó una de las certezas más arraigadas de la modernidad: que el movimiento del tiempo discurría de manera absoluta, independiente de quien lo observara. Con la teoría de la relatividad, el espacio y el tiempo dejaron de ser absolutos. Se volvieron maleables, dependientes del observador. El movimiento ya no era una línea recta: era una relación.

Esa idea atraviesa este número de la revista. Porque no solo se mueven los cuerpos; también se mueven las economías, las ciudades, las culturas y los afectos. Lo que parece estable —un mercado, una institución o una identidad— se encuentra, en realidad, en permanente transformación.

Las finanzas se mueven con la velocidad de los algoritmos y reconfiguran los territorios. Las migraciones humanas trazan mapas invisibles de desigualdad y esperanza. Medellín ensaya nuevas formas de movilidad sostenible mientras redefine su diseño urbano. Incluso los juzgados, lugares donde el tiempo parece detenido, revelan que la inmovilidad también es una forma de movimiento: una que acumula consecuencias.

El movimiento es lenguaje. Está en el perreo, donde el cuerpo negocia poder, deseo e identidad. Está en la ciencia, cuando el caos deja de ser desorden y se reconoce como una forma compleja de organización. Está en la vida misma, donde moverse —es decir, respirar, caminar y persistir— constituye una condición de existencia.

Pero no todo movimiento es progreso. Hay desplazamientos forzados, crisis que se propagan, sistemas que se aceleran hasta romperse.

Comprender el movimiento implica, entonces, asumir su ambivalencia: su capacidad de crear y de desestabilizar. 

Esta edición de la Revista Descubre y Crea es, en sí misma, un dispositivo en movimiento. Un espacio donde el conocimiento circula, se traduce y se expande más allá de sus lugares de origen. Porque divulgar también es mover, sacar las ideas de su órbita habitual y ponerlas en relación con otros. 

Quizás el desafío no sea seguir avanzando, sino aprender a observar. Entender desde dónde nos movemos y hacia dónde vamos. Hay que reconocer que, incluso cuando creemos estar quietos, todo, absolutamente todo, ya está en marcha.

 

Antonio Julio Copete Villa

Vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación
Universidad EAFIT

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