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La NOAA estima una probabilidad del 63 % de que se presente un evento El Niño muy fuerte entre noviembre y enero. En Colombia, donde cerca del 70 % de la electricidad proviene de fuentes hidroeléctricas, la reducción de las lluvias podría aumentar la presión sobre el sistema energético.
Expertos advierten que durante un evento El Niño la generación hidroeléctrica podría reducirse hasta cerca del 50 %, obligando a recurrir a generación térmica de respaldo. A esto se suma el rezago en la ejecución de proyectos energéticos, pues en los últimos años solo se ha materializado alrededor del 28 % de las iniciativas.
Mientras los modelos climáticos internacionales anticipan el fortalecimiento de un evento El Niño durante los próximos meses, Colombia se enfrenta a un escenario que preocupa a expertos en energía. La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) estima una probabilidad del 63 % de que se presente un evento muy fuerte entre noviembre y enero. En un país cuya generación eléctrica depende mayoritariamente del agua, la combinación de menos lluvias, embalses con niveles inferiores a los deseados y una demanda energética creciente plantea interrogantes sobre la capacidad de respuesta del sistema y las medidas necesarias para afrontar un posible periodo de sequía.
Para Ricardo Mejía Gutiérrez, director de Energy Valley, centro avanzado de Energía de EAFIT, el reto va más allá de atender una coyuntura climática. “Estos fenómenos nos recuerdan la importancia de contar con un sistema energético más diversificado, flexible y resiliente frente a eventos extremos”. Según explica, la matriz energética colombiana sigue dependiendo en gran medida de la hidroelectricidad, que representa cerca del 70 % de la generación nacional, lo que implica una alta vulnerabilidad del país ante periodos secos prolongados.
Durante un evento El Niño, la capacidad de generación hidroeléctrica puede reducirse hasta cerca del 50 %, obligando al sistema a recurrir a generación térmica de respaldo, generalmente más costosa y dependiente del gas. Este escenario se complejiza si se considera que, según expertos del sector, en los últimos años solo se ha ejecutado cerca del 28 % de los proyectos de generación previstos, lo que limita la expansión de la oferta energética frente al crecimiento de la demanda.
Desde la perspectiva climática, Alejandro Martínez, profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, explica que El Niño es un evento de variabilidad climática asociado a la interacción entre el océano y la atmósfera. “Usualmente durante El Niño se reducen los acumulados mensuales de lluvia, es decir, se tienen menos días con lluvia en un mes o cuando llueve, llueve menos”. Esto se traduce en temperaturas más altas, menor disponibilidad hídrica y mayores desafíos para sectores como la agricultura, el abastecimiento de agua y la generación eléctrica.
Los efectos ya son conocidos por el país: menos precipitaciones implican menores aportes a los embalses, justamente la principal fuente de energía de Colombia. Aunque El Niño no significa ausencia total de lluvias, sí suele provocar periodos más secos y cálidos, lo que reduce la capacidad de respuesta del sistema energético ante incrementos de la demanda.
Medidas para fortalecer la resiliencia energética
Ante este panorama, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) ha venido evaluando medidas temporales y estructurales para mitigar el impacto del evento. Entre estas se destacan los programas de respuesta de la demanda, mediante los cuales se incentiva económicamente a grandes consumidores para reducir voluntariamente su consumo en momentos críticos; la habilitación de la entrega de excedentes de generación al sistema; y la agilización de procesos regulatorios para la entrada de nuevos proyectos de generación, especialmente solares y eólicos.
Para John García Rendón, investigador de Energy Valley y Observatory of Markets and Enterprises: Guidelines and Applications (OMEGA), Colombia debe avanzar hacia una estrategia de mediano y largo plazo que fortalezca la confiabilidad del sistema. “No basta con energía solar y eólica: también se necesitan generación térmica de respaldo, almacenamiento con baterías, mercados intradiarios, despacho vinculante e integración de recursos energéticos distribuidos”, sostiene.
Una de las prioridades, agrega el investigador, es recuperar la confianza institucional y reducir la incertidumbre regulatoria para atraer las inversiones que requiere el sector. La entrada de nuevos proyectos de generación, redes y almacenamiento será determinante para garantizar el abastecimiento en un contexto de mayor demanda y eventos climáticos más extremos.
De igual forma, la preparación frente a un posible evento El Niño fuerte no depende únicamente de las decisiones gubernamentales o de las inversiones del sector energético. Los usuarios también tienen un papel importante, con acciones como apagar equipos que no estén en uso, desconectar cargadores y dispositivos en modo de espera, aprovechar la iluminación natural, regular el uso del aire acondicionado y optar por electrodomésticos eficientes pueden contribuir a reducir el consumo de energía y disminuir la presión sobre el sistema durante periodos críticos.
“Los usuarios sí somos corresponsables de esto también”, afirma Ricardo Mejía. Por eso, mientras los expertos insisten en la necesidad de acelerar la transición energética y fortalecer la infraestructura del país, también hacen un llamado a que ciudadanos, empresas y autoridades se preparen desde ahora para un escenario que podría poner a prueba nuevamente la capacidad de respuesta energética de Colombia.
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Por: Alejandro Correa Penagos
Graduado del pregrado en Psicología y la maestría en Psicología del Trabajo y de las Organizaciones de EAFIT.
Docente en el pregrado de Psicología.
Psicólogo - investigador en SAPIANS.
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Última actualización
July 6, 2026