Encuentros improbables que tejen hilos de confianza: así avanza la Tejeduría Territorial

Marzo 16, 2026

La Tejeduría Territorial es una plataforma surgida en la academia que promueve los encuentros improbables entre líderes del territorio, organizaciones sociales, empresarios, y universidades. Su propósito es construir confianza a través de la conversación, el reconocimiento mutuo y la acción colectiva, fortaleciendo el tejido social.

A lo largo de cuatro cohortes, la iniciativa ha vinculado a 245 personas y 170 organizaciones en 13 territorios. En ese proceso se han realizado 300 puntadas (acciones que se desarrollan entre dos o más participantes) y 13 acciones malla (proyectos planeados entre el grupo que involucran el territorio).  Lo que viene es la Comunidad Tejeduría, una nueva línea de acción para dar continuidad al proceso, donde se relacionan todas las cohortes y los territorios.

Conversar y tejer tienen mucho en común. En ambos actos se requiere paciencia, atención y la disposición de entrelazar hilos distintos para crear algo nuevo. Con esa convicción nació la Tejeduría Territorial, una iniciativa que, desde 2021, promueve encuentros improbables entre líderes territoriales, organizaciones sociales, empresarios, y académicos, con el propósito de construir confianza a partir de la palabra y la acción colectiva.

Esta plataforma fue creada por Santiago Londoño Uribe y por Luis Fernando Álvarez, conocido como el Aka, graduados de la maestría en Procesos Urbanos y Ambientales de EAFIT, una de las entidades fundadoras junto a Proantioquia. 

La Tejeduría, que en 2026 cumple cinco años de acción, reúne hoy a 245 participantes y 170 organizaciones de distintos territorios del Valle de Aburrá. El proceso se ha desarrollado en cuatro cohortes. En la primera participaron las comunas 8 (Villa Hermosa) y 13 (San Javier). En la segunda se sumaron las comunas 3 (Manrique), 4 (Aranjuez), 10 (La Candelaria) y 15 (Guayabal), además del municipio de Bello. En la Tercera Cohorte la Tejeduría llegó a las comunas 6 (Doce de Octubre), y 10 (La Candelaria), nuevamente en Bello y para la Cuarta Cohorte asume el reto de ampliarse aún más en el Área Metropolitana llegando a Envigado, y por primera vez abrir las conversaciones improbables en el corregimiento de San Cristóbal, en Medellín. 

“Nuestro objetivo es construir confianza y lo hacemos a partir de un proceso que es la conversación. Acercamos a las personas desde la palabra, acompañamos diálogos que permiten entender al otro, reconocerlo y generar vínculos”, explica Santiago Londoño, coordinador de la Tejeduría Territorial.

Por su parte, el Aka, también coordinador, artista y agricultor, describe que “la Tejeduría conecta a la Medellín que planea desde los escritorios con la Medellín que vibra en los territorios. En medio de la polarización, logra que personas muy distintas saquen tiempo para conversar y pensar su ciudad”. 

Esa articulación, agrega el Aka, hoy se consolida con la creación de la Comunidad Tejeduría, un espacio en el que participan más de 240 personas y que busca mantener vivos los vínculos construidos en estos años y ampliar la red de confianza más allá de los encuentros presenciales.

A lo largo de cuatro cohortes, la Tejeduría Territorial ha generado 300 puntadas (acciones que se desarrollan entre algunos participantes) y 13 acciones malla (proyectos colectivos que involucran a equipos completos y parten de un tema de interés compartido[CMSR2.1]).

Cada cohorte ha sido un paso para ampliar la red y fortalecer la confianza como valor público. “El gran aporte de la Tejeduría es, en una ciudad fragmentada, juntar a quienes normalmente no se juntan: propiciar encuentros improbables que ayudan a superar sesgos, estereotipos y a imaginar juntos una sociedad diferente”, destaca Santiago.


Las primeras puntadas


El primer piloto de la Tejeduría se desarrolló entre 2021 y 2022 en las comunas 8 (Villa Hermosa) y 13 (San Javier) de Medellín, territorios que simbolizan la resiliencia urbana y la fuerza comunitaria. Allí participaron líderes sociales, artistas, emprendedores, universidades y empresas como Bancolombia, Sura, Conconcreto, Argos, Duende, Bohío Playa, Fundación Éxito y Grupo Uribe.

De esos espacios surgieron las primeras acciones malla. Según Saúl Franco Marulanda, coordinador general de la Agencia de Fomento a la Lectura Luna Roja y uno de los participantes de la primera cohorte, las conversaciones con otros sectores le permitieron comprender que, pese a las diferencias, todos comparten el mismo deseo de transformar positivamente sus territorios. 

“Son varias las acciones que hemos adelantado en favor de nuestro trabajo social. Nos han permitido llegar, aunque tímidamente, a otras personas, pero eficazmente con apoyos puntuales para la formación, acceder a nuevos donantes y generar nuevas alianzas”, afirma Saúl. 

Esa primera experiencia confirmó una intuición clave: la confianza puede construirse si se da tiempo al encuentro.
 

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Los hilos de la confianza se extienden por Bello, Envigado y Medellín, donde líderes y organizaciones tejen acciones colectivas. La imagen corresponde a uno de los recorridos realizados durante 2025.
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Los hilos de la confianza se extienden por Bello, Envigado y Medellín, donde líderes y organizaciones tejen acciones colectivas. La imagen corresponde a uno de los recorridos realizados durante 2025.

Acciones malla de la primera cohorte

Comuna 13

Amarte. Proceso de formación en primeros auxilios emocionales que buscaba dar formación a niños y jóvenes sobre salud mental. Una estrategia de prevención y sensibilización sobre la importancia de reconocer y tramitar emociones.

Comuna 8

Tejiendo 8. Proceso de identificación, formación y apoyo a emprendedores y formación en temas de empleabilidad para jóvenes, buscando generación de trabajo digno y fortalecimiento a emprendedores.

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Expansión y reconocimiento


En la segunda cohorte, realizada entre 2023 y 2024, la Tejeduría contó con los siguientes aliados: Sura, Fundación Sofía Pérez de Soto, Fundación Fraternidad, Fundación Haceb, Nutresa y Comfama, EAFIT y Proantioquia.

En esta etapa se amplió la presencia en las comunas Manrique, Aranjuez, La Candelaria y Guayabal, en Medellín y al municipio de Bello. Participaron 100 personas y 67 organizaciones, generando 158 puntadas, de las cuales casi la mitad se ejecutaron y una cuarta parte continúan activas.

Las acciones malla de esa cohorte son: El camino de Manrique; el AranFest; El Laboratorio de innovación social El Guayabo; Parchemos pa´ conversar que buscaba generar una nueva narrativa para Bello y una acción de comunicación en La Candelaria que invitó a mirar el centro de Medellín con otros ojos.

“La Tejeduría me permitió ver la ciudad y, específicamente, mi territorio con una mirada diferente, aceptar realidades que a veces nos cuesta reconocer, conocer personas maravillosas por las cuales siento gratitud y admiración”, comparte Leidy Johanna Mesa Gil, líder de Portafolio Conectividad Sura y tejedora de esta cohorte.

Para Joni Alexander Restrepo, integrante del colectivo Señales de Humo, “la Tejeduría ha sido un espacio para articular diferentes pensamientos y procesos, primero generando confianza y, a partir de ahí, articular acciones, algo muy necesario para la sociedad”. 

En esa misma línea, Diana Mejía Cuartas, líder social de la Comuna 15 (Guayabal), destaca que el proceso le permitió reconocer el valor de la escucha y entender que la confianza se construye cuando diferentes sectores se sientan a conversar con apertura y sin prejuicios.

Confianza que crece

En su tercera cohorte (2024-2025), la Tejeduría impulsó 34 puntadas y llegó a 3 territorios: Comuna 6 (Doce de Octubre), Comuna 10 (La Candelaria) y el municipio de Bello, con un cambio metodológico significativo: pasar de una duración de 12 a 8 meses.

Las acciones malla reflejaron la diversidad de intereses: Fanzine del Centro, un fanzine colaborativo sobre el centro de Medellín; El Tintiadero, una metodología de conversación y reconocimiento del territorio en Bello; y Abrazo al Picacho en la Comuna 6 Doce de Octubre, una propuesta de una jornada con diferentes actividades para abrazar el cerro El Picacho.

“Me uní al grupo de la Comuna 10, El centro, nuestro centro. De todos y de nadie. Llegué con curiosidad y me dejé llevar por la metodología, que nos dejó claro, desde el primer día, que para el cierre debíamos construir una iniciativa que nos uniera a todos, una acción malla. Honestamente no entendía muy bien eso qué significaba, pero confié en los organizadores y flui, porque fluir es confiar”, cuenta Juan Camilo Maya Vásquez, colaborador de Summa (Centro de Servicios Digitales del Grupo Argos) y participante de esta cohorte. 

Su experiencia en Otro Fanzine del Centro le permitió abrir una ventana a nuevas formas y visiones de vida, y tener conversaciones que lo ayudaron a conectar más allá de los roles o cargos, entendiendo que la confianza se teje en lo cotidiano.

Hacia una comunidad viva

La cuarta cohorte, que inició en agosto de 2025 y finalizará en marzo 26 de marzo de 2026, expande la Tejeduría hacia el municipio de Bello, el corregimiento de San Cristóbal y el municipio de Envigado[CMSR4.1], sumando 60 nuevos actores que exploran nuevas formas de articulación metropolitana. “Aquí nos acercamos a los territorios, a más personas, a conocimientos, a todo aquello que, por no salir de la zona de confort, nos lo perdemos. Ha sido muy gratificante tener todo esto y ser parte de este nuevo comienzo”, comenta Derly Maryori Calle Correa, participante de esta cohorte.

A sus palabras se suma Jorge Andrés Calle Ríos, jefe de Relacionamiento Corporativo del Grupo BIOS. “Tenemos la expectativa de entender mejor el territorio, de conocer dónde estamos. Somos una empresa que lleva más de 20 años en Envigado, con 74 años de tradición, y queremos entender bien cuáles son las dinámicas, las conversaciones y los pensamientos de las personas para hacer parte de esa misma realidad”.

La Comunidad Tejeduría: un nuevo hilo

El 20 de octubre de 2025, en un encuentro realizado en La Pascasia, la Tejeduría presentó su siguiente paso: la Comunidad Tejeduría, un espacio diseñado para mantener conectados a los participantes de las distintas cohortes y fortalecer la red que ha surgido de forma orgánica. 

El nuevo espacio contará con una plataforma digital y un asistente de inteligencia artificial, y busca integrar a las 240 personas que ya han hecho parte de este proceso. Como señala el Aka, “la gente que pasa por la Tejeduría se convierte en alguien de fiar. Se construye reputación, se hacen puentes sostenibles en el tiempo, y eso hoy es más valioso que cualquier convenio”.

Cinco años después, la Tejeduría Territorial recoge como su mayor logro reconstruir vínculos entre sectores que antes caminaban por separado, y consolidar una comunidad que demuestra que en la conversación se descubre lo mucho que se tiene en común.

“Lo que hacemos es permitir conexiones humanas. Y eso transforma vidas, territorios y organizaciones”, concluye Santiago Londoño.

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En época de elecciones, ¿cómo analizar un debate para votar con criterio?

Febrero 17, 2026

Profesores eafitenses, expertos en argumentación, coinciden en que es fundamental poner el foco en el contenido y la coherencia del discurso de los candidatos en los debates. Más allá de las frases efectistas, invitan a identificar qué problema plantea cada aspirante, qué propone para resolverlo y con qué datos sustenta sus afirmaciones.

También advierten que los gestos, el tono de voz y el vestuario hacen parte de la puesta en escena, pero no deben leerse de forma aislada. El lenguaje no verbal comunica valores e intenciones, y solamente adquiere sentido cuando es coherente con el discurso.

Los debates electorales vuelven a ocupar un lugar importante en la agenda pública. Se comentan en familia, se difunden fragmentados en redes sociales y se discuten en medios y grupos de chat. Entre gestos, frases contundentes y momentos virales, estos encuentros suelen presentarse como un pulso entre candidatos, más que como un espacio para contrastar ideas. Sin embargo, analizados con atención, los debates electorales pueden convertirse en una herramienta clave para formarse un criterio propio y tomar decisiones informadas al momento de votar.

Según Adolfo Eslava Gómez, profesor de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT y doctor en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, la democracia no se agota en elecciones y votos, sino que implica un gobierno basado en la discusión. Por eso, dice, “es nuestro deber promover foros, en casa o en la ciudad, puesto que conviene erradicar aquella frase de uso manido según la cual ‘aquí no se habla de política’. Por el contrario, tenemos que poner la política en el centro de conversaciones y debates bajo un compromiso férreo por el cuidado de la palabra, de la pregunta, del pensamiento”.

En cuanto al análisis del discurso, leer un debate electoral implica preguntarse por la coherencia entre lo que dice un candidato, lo que propone y la forma en que sustenta sus argumentos. En ese sentido, los datos cumplen un papel clave. La ausencia de cifras, planes verificables o respuestas claras suele ser una señal de evasión discursiva. Cuando un candidato da rodeos, generaliza o desvía la conversación hacia ataques personales, se debilita la argumentación y se dificulta la evaluación ciudadana sobre la viabilidad de sus propuestas.

El lenguaje no verbal también hace parte del análisis, aunque no debería ser el eje principal. Gestos, tono de voz y vestuario comunican intenciones, pero solo adquieren sentido cuando son coherentes con el discurso. Júlder Gómez Posada, director del área de Lenguaje de la Escuela de Artes y Humanidades de EAFIT, señala que: “El lenguaje no verbal es muy eficiente para comunicar los valores con los que los candidatos quieren ser asociados: si quieren parecer personas que respetan las instituciones, que hacen parte del pueblo, o que tienen control de sí mismas y de los demás”. 

Igualmente, agrega Julder, doctor en Filosofía de la Universidad de Antioquia y experto en teoría de la argumentación, la lectura crítica exige preguntarse si esos valores son verosímiles y si realmente orientan a buenas decisiones de gobierno. En un contexto donde los debates están cada vez más fragmentados por clips, memes y ediciones en ocasiones malintencionadas, la imagen puede amplificarse y distorsionar el mensaje original del candidato.

Para Néstor Julián Restrepo Echavarría, profesor de la Escuela de Artes y Humanidades de EAFIT y doctor en Política, Comunicación y Cultura de la Universidad Complutense de Madrid, uno de los principales criterios de evaluación es la consistencia narrativa: “Cuando un candidato empieza a dar vueltas sin llegar a un punto es porque no sabe, quiere enredar o pasar por alto el tema. Aunque los políticos, en ciertos momentos, pueden optar por esa estrategia, el ciudadano lo que debe esperar y evaluar es que el político sea concreto, claro y vaya directamente a lo que quiere decir y a cómo pretende resolver el problema”, afirma.

Otras recomendaciones clave

Una de las principales recomendaciones que hacen los profesores eafitenses es no quedarse únicamente con los fragmentos que circulan en redes sociales, sino ver al menos un debate completo. Para el profesor Néstor Julián, el reto está en que, a diferencia de otros países donde los debates están institucionalizados y concentrados en pocos encuentros, en Colombia existe una proliferación de escenarios que fragmenta la atención pública.

“Lo que yo aconsejaría es que el ciudadano elija un medio de confianza y vea un debate en ese espacio, con una disposición amplia, no solo para escuchar a su candidato, sino también para atender lo que dicen los demás, sin dejarse llevar por los sesgos cognitivos que todos tenemos, como pensar que uno es muy bueno y el otro es perverso”, explica el profesor.

Una segunda acción clave es no intentar verlo todo. En un ecosistema mediático saturado, seguir todos los debates puede generar confusión y reforzar prejuicios asociados al medio, al periodista o a la línea editorial. La invitación, de acuerdo con el profesor Néstor, es a seleccionar con criterio, contrastar lo escuchado y asumir una actitud crítica frente a la información, entendiendo que ningún escenario está completamente libre de sesgos.

Daniel Mejía Saldarriaga, profesor del área de Lenguaje de la Escuela de Artes y Humanidades de EAFIT y doctor en teoría de la Argumentación de la Universidad de Windsor, subraya que la claridad y la coherencia en un debate también dependen del conocimiento previo del elector. “Normalmente, los debates se desarrollan mediante secciones en las que se tratan temas coyunturales con los que deberíamos estar familiarizados. También deberíamos familiarizarnos con lo que los candidatos y sus agrupaciones han dicho antes sobre distintos temas”, afirma.

En esta línea, el profesor Daniel recomienda enriquecer la interacción con los discursos políticos mediante información base sobre los temas y problemas más relevantes, así como contrastar diversas lecturas y comentarios sobre los debates. Estas acciones, señala, permiten valorar con mayor criterio las propuestas y fortalecer una participación ciudadana más consciente.

A estas recomendaciones se suma una práctica concreta para fortalecer la lectura crítica durante los debates. El profesor Júlder sugiere tomar notas mientras se desarrolla el encuentro, anotando los nombres de los participantes y las impresiones que dejan sus intervenciones. Este ejercicio permite, al final, revisar con mayor distancia lo dicho por cada candidato y comparar argumentos y propuestas.

Leer un debate electoral, en última instancia, es un ejercicio ciudadano que requiere atención y reflexión. Más que buscar ganadores, se trata de identificar quién ofrece propuestas claras, viables y coherentes frente a los problemas del país. Como agrega el profesor Néstor, “la democracia no es un asunto de barras bravas y no puede vivirse como un partido de fútbol, se trata de elegir a la persona más idónea para resolver los problemas reales y no dejarse arrastrar por las lógicas de la polarización”.

En resumen, no basta con hacer parte del flujo de información digital al que nos someten los algoritmos puesto que la participación democrática va mucho más allá de enterarse de los dos argumentos emotivos que exponen los polos opuestos, junto con el sesgo que inclina la balanza hacia el lado que nos da la razón. “La democracia es exigente toda vez que encierra el reto de mirarnos a los ojos para expresar argumentos y escuchar a los demás acerca de ideas y propuestas en torno a la libertad y la protección social, las desigualdades y las elecciones, la desconfianza y la corrupción, la confianza y la esperanza”, concluye Adolfo Eslava.

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Este 18 de febrero el grupo estudiantil OE de EAFIT realizará un debate entre representantes de partidos políticos que aspiran a la Cámara de Representantes. Será a partir de las 9:00 a.m., en Auditorio Fundadores, en alianza con El Espectador y Blu Radio. La imagen corresponde a un debate de elecciones pasadas.
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Este 18 de febrero el grupo estudiantil OE de EAFIT realizará un debate entre representantes de partidos políticos que aspiran a la Cámara de Representantes. Será a partir de las 9:00 a.m., en Auditorio Fundadores, en alianza con El Espectador y Blu Radio. La imagen corresponde a un debate de elecciones pasadas.
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En EAFIT se ubica uno de los puntos de referencia de gravedad más importantes de Colombia

Febrero 5, 2026

Se trata de un vértice gravedad materializado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) y el Servicio Geológico Colombiano (SGC), ubicado al interior de la librería Acentos de EAFIT. Este es uno de los 28 puntos de gravedad absoluta que tiene Colombia y que integran la red de referencia nacional de gravedad del país.

La medición de la gravedad absoluta permite detectar variaciones imperceptibles del subsuelo, información útil en ingeniería, minería, geología y otras áreas. Por eso el vértice de gravedad ubicado en la Universidad, es un nodo científico que sirve para calibrar otros gravímetros y, además, alimenta modelos globales de gravedad, altura y comportamiento del planeta Tierra.

977 741,0917 mGaL ± 0.0108. Estos caracteres no provienen del azar ni son un accidente de tipeo que se escapó de la revisión. Corresponden al valor medido por el gravímetro Microg LaCoste A10 en el vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01. Como se trata un asunto de precisión vamos a entregar una mejor ubicación: el epicentro de esta medición queda en el campus de EAFIT. Para mayor exactitud diríjase hasta la Librería Acentos, ingrese por el acceso occidental gire hacia la izquierda y busque en el piso la cabeza de una pequeña varilla plateada, del tamaño de una moneda de 50 pesos colombianos.

¿Eso es todo? No. Porque esa esfera, conocida también como vértice de gravedad, es de altísimo interés científico y alimenta los modelos de gravedad mundial, además, según lo explica, el Ingeniero Carlos Andrés Franco Prieto, subdirector de Cartografía y Geodesia del Instituto Agustín Codazzi (IGAC), “este vértice es de vital importancia ya que es, hasta la fecha, el primero seleccionado de la red de referencia nacional de gravedad para integrarse con las alturas definidas en el ámbito mundial”.

Primero, la Gravedad

Para seguir avanzando en esta historia habrá que retroceder en el tiempo, hasta el siglo XVII, cuando el físico inglés Isaac Newton definió formalmente el concepto de la gravedad como una fuerza universal, la cual describió matemáticamente en su ley de gravitación universal de 1687, donde estableció que todas las partículas con masa en el universo se atraen mutuamente con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. 

Para no complicarnos con cálculos matemáticos digamos que la gravedad es una fuerza invisible que atrae a los objetos con masa entre sí. Es algo así como un imán gigante que hace que las cosas caigan al suelo, que las personas tengamos los pies en la tierra y que los planetas giren alrededor del sol.

Sin embargo, la gravedad en la tierra no siempre es la misma, pues, “entre más cerca del centro de la Tierra yo esté, el valor es mucho más grande y entre más alejado será más pequeño. No será lo mismo medir la gravedad desde un polo que desde el Ecuador; así estén a la misma altura sobre el nivel del mar el valor absoluto es diferente”, explica David Santiago Avellaneda Jiménez, profesor del área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

Por eso, respuestas a preguntas como: ¿con qué fuerza cae un lápiz del escritorio? o ¿qué fuerza ejerce un edificio en un terreno?, dependerán del valor de la gravedad. Aunque parece un tema que interesa solo a geólogos, físicos o ingenieros, la fuerza de la gravedad es un asunto que, literalmente no solo nos “atrae”, sino que concierne a todos.

Luego, el vértice de gravedad

Para llegar al valor de la gravedad absoluta con que inició este texto, hubo que hacer la medición correspondiente en el punto de interés; de eso se ocupa la gravimetría. Ahora, el aparato que lo hace posible es el gravímetro: un instrumento de alta precisión que mide la aceleración de la gravedad terrestre y sus variaciones entre dos o más puntos.

Para medir la gravedad absoluta es necesario hacerlo desde un vértice de gravedad, como el ubicado en el campus de EAFIT por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, cuya selección y establecimiento “responde a criterios técnicos rigurosos que incluyen estabilidad geológica y sísmica, estabilidad hidrológica, mínima sismicidad artificial por tráfico vehicular, fácil acceso y alto potencial de utilización”, indica el subdirector de Cartografía y Geodesia del IGAC.

De los 28 vértices que conforman la red de gravimetría absoluta en Colombia, solo uno, el de EAFIT, fue seleccionado en 2015 por el Sistema de Referencia Geocéntrico para las Américas (SIRGAS), para ser la primera estación del Marco Internacional de Referencia de Alturas para Colombia, debido a que corresponde a un  vértice que posee una estación Continually Operating Reference Station (CORS), para el monitoreo continuo de mediciones  Global Navigation Satellite System (GNSS), con una cantidad de registros históricos relevantes, además de una gran cantidad de información gravimétrica a su alrededor y de encontrarse en una zona de buena estabilidad geológica.

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El vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01, está ubicado en el primer piso del bloque 18, al interior de la librería Acentos.
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El vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01, está ubicado en el primer piso del bloque 18, al interior de la librería Acentos.


La estación de monitoreo CORS

Si el vértice de gravedad es poco perceptible por su tamaño, la estación CORS es poco visible, pero por su ubicación: se encuentra sobre el techo del bloque 18 de EAFIT, para garantizar que la recepción de datos tenga el menor ruido posible. En palabras de Darwin Baquero Hernández, magíster en Tecnologías de la información geográfica, profesional en geodesia del IGAC, “una estación CORS es una estación fija equipada con receptores GNSS de alta precisión que registra, de manera continua, las señales emitidas por los satélites de posicionamiento, como GPS, Galileo, GLONASS, BeiDou, entre otras constelaciones”. A diferencia de los dispositivos de navegación comunes, estas estaciones operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, generando información precisa sobre la posición de un punto en la superficie terrestre. 

En términos sencillos, una estación CORS funciona como un “punto de referencia permanente” que permite conocer con exactitud dónde se encuentra un lugar y cómo este puede cambiar con el tiempo. Gracias a esta información es posible corregir errores en las mediciones realizadas por otros receptores GNSS de menor calidad, lo que permite alcanzar precisiones del orden de centímetros o incluso milímetros. 

“Además de su uso en actividades cotidianas como topografía, construcción o catastro, las estaciones CORS cumplen un papel fundamental en el ordenamiento del territorio. A partir de sus datos se pueden detectar movimientos lentos de la corteza terrestre, deformaciones asociadas a sismos, asentamientos del terreno o desplazamientos causados por procesos naturales y antrópicos. De esta manera, las estaciones CORS no solo apoyan el desarrollo de infraestructura y planificación territorial, sino que también contribuyen a la gestión del riesgo y al estudio de la dinámica del planeta”, aclara Darwin Baquero. 

En conjunto, una red de estaciones CORS constituye la columna vertebral del marco geodésico del país, la región y el planeta, ya que garantiza que todas las mediciones espaciales se realicen sobre una base tecnológica común, precisa y confiable, asegurando la coherencia y calidad de la información geoespacial utilizada por instituciones, investigadores y la sociedad en general. 
La información obtenida por estas antenas es de acceso público y se puede consultar en el sitio del Instituto Geográfico Agustín Codazzi.
 


La gravedad absoluta se mide con un vértice

Un vértice, que se materializa en terreno de distintas formas, es un punto de referencia permanente donde se realizan mediciones. En el caso del vértice absoluto de EAFIT, se encuentra materializado mediante un cilindro incrustado aproximadamente a 10 centímetros de profundidad, “a este punto se le asocia el valor medido junto con sus coordenadas precisas, lo que permite identificar exactamente el lugar de observación e integrarlo correctamente a la red gravimétrica nacional”, aclara Angélica Gutiérrez, ingeniera catastral y geodesta, profesional del área de gravimetría del IGAC.

La instalación de este punto no solo es competencia del IGAC y el Servicio Geológico Colombiano (SGC), también intervienen el Bureau Gravimétrique International (BGI) y el Institut de Recherche Pour le Développement (IRD), ambos de origen francés. Y por eso, para la última medición, realizada en 2022, el gravímetro absoluto viajó directamente desde el IRD en Francia.

Existen dos tipos de gravímetros: relativos y absolutos. Los primeros miden la gravedad teniendo como referencia otro punto que ya fue medido previamente. De estos hay en Colombia y son los que usan entidades como el Agustín Codazzi o firmas de ingeniería para sus mediciones y exploraciones del terreno.

Los gravímetros absolutos son instrumentos especializados que miden el valor directo de la gravedad local en un punto específico de la superficie terrestre, sin necesidad de utilizar otro valor conocido como referencia. Estos equipos utilizan técnicas avanzadas como la interferometría láser y mediciones de tiempo con relojes atómicos, lo que permite obtener mediciones muy precisas. El principal desafío con los gravímetros absolutos, aclara el subdirector de Cartografía y Geodesia del IGAC, es que son “muy especializados, escasos y costosos, por esa razón el IGAC ha realizado un esfuerzo por conformar alianzas estratégicas con instituciones internacionales que cuentan con estos equipos, que los facilitaron para realizar las mediciones requeridas en el punto MEDE-01 ubicado en EAFIT”.


La imagen corresponde a la medición de la gravedad absoluta del vértice MEDE-01 en 2022, realizada entre Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) – Servicio Geológico Colombiano (SGC) Bureau Gravimetrique International (BGI)  y el Institut de Recherche Pour le Développement (IRD).  

La utilidad de la medición de la gravedad

El valor de gravedad absoluta obtenido en el vértice MEDE-01 es de 977 741,0917 mGal, obtenido con una precisión instrumental de ± 0,01080 mGal. Pasando de los números y cifras a palabras entendibles por personas del común, este número indica qué tan fuerte es la gravedad en este lugar y su utilidad real aparece cuando se compara con otros vértices cercanos o con un modelo de referencia. Así lo expresa la geodesta Angélica Gutiérrez: “a partir de esas comparaciones es posible identificar variaciones del campo gravitacional que sí pueden asociarse a cambios de distribución de masas del subsuelo, diferencias topográficas o efectos geológicos regionales”.

Con respecto a los números asociados a la precisión, la ingeniera catastral y geodesta Paula Galeano, también del área de gravimetría del IGAC, complementa diciendo que “la precisión ± 0,01080 mGal significa que la medición es altamente confiable y que el valor real de la gravedad en el vértice se encuentra dentro de ese rango, lo que garantiza la calidad del dato para análisis posteriores”.

Por eso, más que explicar el número, este dato se convierte en base fundamental para estudios gravimétricos, cuyo significado se fortalece al analizarlo en conjunto con otros puntos de la red. 

Aunque las variaciones de la gravedad pueden ser imperceptibles para las personas, sí son relevantes para la ciencia, “porque pequeños cambios en la gravedad nos hablan de la densidad en el subsuelo. Entonces es importante en la construcción. También utilizamos pequeñas variaciones en la gravedad para encontrar recursos en el subsuelo como depósitos de minerales, hidrocarburos o gases. Estas anomalías en la gravedad se detectan gracias a los puntos de gravedad, porque si bien se mide en el sitio se tiene que comparar con un punto de referencia”, explica el profesor David Santiago Avellaneda.

Conocer la gravedad absoluta es útil para determinar la forma de la tierra, pero también tiene aplicaciones en cartografía, calibración de sistemas satelitales, análisis geodinámicos, sismos tectónicos, ingeniería civil, catastro y determinación de alturas físicas. En general, cualquier actividad humana que requiera conocer, utilizar o comunicar una ubicación precisa en el espacio, necesita un marco de referencia confiable y estandarizado, el cual es provisto por puntos de referencia geodésicos, como el que está ubicado en Medellín, exactamente en el Bloque 18 de EAFIT, al interior de la Librería Acentos.

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Transición energética: una oportunidad para el crecimiento económico, el empleo y la inclusión social

Enero 26, 2026

Las energías limpias son una alternativa clave para cerrar brechas sociales, fortalecer la competitividad y enfrentar el cambio climático. Su implementación, más que una amenaza, es una oportunidad para la generación de empleo especializado, la inversión extranjera y la creación de comunidades energéticas que producen energía para el autoconsumo.


A propósito del Día Internacional de la Energía Limpia, establecido el 26 de enero por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para crear conciencia sobre la transición energética y promover el uso de fuentes renovables, expertos eafitenses hablan sobre el impacto socioeconómico de estas fuentes de energía y el rol de la academia en la transición.

En 2025 se realizaron las primeras pruebas en río de Serena, la embarcación solar diseñada por estudiantes e investigadores de EAFIT.

 

Para hablar de la relación entre energía y desarrollo socioeconómico, primero hay que deconstruir esta última palabra: lo social y lo económico. Comencemos por la economía y vamos con una pregunta sencilla: ¿qué sería de una industria sin energía? La respuesta, según lo explica Judith Vergara Garavito, directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático de EAFIT, es contundente: “la energía es la base de la productividad; no hay desarrollo productivo sin energía”.

Pasando al ámbito social, ¿Qué sucede cuando una región del mundo no tiene acceso a la energía? Si estás leyendo este artículo desde un computador o teléfono móvil, es porque tienes acceso a internet, un servicio inherente a la energía eléctrica que también se necesita para iluminar las páginas de un libro por las noches. Se trata de asuntos tan cotidianos que parecen irrelevantes. Pero si el acceso a la información desde un dispositivo móvil se traslada a una zona donde el servicio público de energía es intermitente o incluso inexistente, la situación es diferente, ¿por qué? Se limita el acceso a la educación y al conocimiento. Se crea un desequilibrio social entre quienes acceden a la energía eléctrica y quienes no lo hacen, ya sea de origen fósil o limpio.

Con la claridad sobre la importancia de la energía en el desarrollo socioeconómico de las regiones, pasemos a las energías limpias y a cómo podrían cambiar la realidad en lugares remotos donde la electricidad es una utopía o, simplemente, a cómo aportan al desarrollo económico de las industrias y, por consiguiente, de los países.


¿Qué es la energía limpia?


El concepto de energías limpias se refiere a fuentes de generación que tienen emisiones bajas o nulas de gases contaminantes al medio ambiente. Entre las energías limpias, las más comunes son las renovables que, como su nombre lo indica, provienen de recursos que se renuevan a escala antropogénica; es decir que, dentro del ciclo humano, hay una renovación del recurso, lo que permite que sea sostenible y no contaminante. Según Santiago Bernal del Río, investigador de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, quien actualmente trabaja en el desarrollo de energías renovables y transición energética desde el Grupo de Investigación de Ingeniería de Diseño, “la diferencia con los combustibles fósiles es que estos provienen de hidrocarburos cuya renovación tarda miles de años; mientras que un recurso como el eólico se renueva de manera acelerada, por lo tanto, hacen que los sistemas sean mucho más sostenibles”.

Son energías limpias: la solar fotovoltaica, la eólica, la hidroeléctrica, la de biomasa y el hidrógeno. De estas hay que decir que vienen en un proceso de expansión, como respuesta a tres necesidades: disminuir la emisión de gases efecto invernadero, reducir los costos de generación a largo plazo y soportar la demanda actual, que se ha incrementado a causa de la masificación de la Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías informáticas, “si la demanda es mayor y la oferta es la misma, con las energías tradicionales el costo se vuelve exorbitante. Eso lo vive el mundo entero”, explica la profesora Judith, y agrega que esta situación ha llevado a generar, de forma alternativa, energías renovables.

En Latinoamérica, según el más reciente reporte Fomento para una transición energética eficaz, la implementación de energías renovables está liderada por Brasil y Chile; Uruguay se destaca por tener una mayor adopción de vehículos eléctricos. Colombia, que ocupa el lugar número 38 de ranquin, cuenta con una matriz energética bastante limpia en términos de electricidad, conformada por hidroeléctricas, pero el resto depende en gran medida de hidrocarburos, turbinas de gas y carbón. 

Aunque se destaca un incremento en la implementación solar y la energía eólica, esta última aún presenta muchos inconvenientes para el licenciamiento social, y ese es precisamente uno de los desafíos en la implementación de energías limpias en Colombia pues “en las zonas donde mejor recurso tenemos, que es en el Norte del país, no se han hecho de forma correcta las conversaciones y las consultas con los actores sociales para la implementación y adopción de estas tecnologías”, expresa el profesor Santiago.

Si bien las energías limpias tienen un costo de operación mucho menor que el de las tradicionales, presentan costos de inversión mucho más altos. Para producir energías renovables hay que hacer proyectos, por ejemplo, de parques eólicos o solares; hay que crear plantas de biomasa o nucleares para aprovechar energías que antes no aprovechábamos. 


Green Skills: esperanza en lugar amenaza


El impacto económico de las energías limpias se verá a mediano y largo plazo, cuando se trate de un asunto cotidiano, pero también en el corto plazo, incluso durante la adecuación de las diferentes tecnologías. ¿Por qué? Porque la construcción de todas estas nuevas fuentes de energía requiere empleos especializados, “lo que está ocurriendo es una transformación laboral en lugar de una destrucción de empleos”. Los empleos no van a desaparecer; se están transformando. Eso implica que hay que realizar una reconversión laboral para estas personas que durante años han trabajado en torno a los combustibles fósiles, pues ahora se va a generar una demanda de operarios que instalen paneles, construyan parques eólicos, hagan mantenimiento de turbinas, entre otras cosas. No solo ingenieros, también tecnólogos, técnicos y auxiliares”, aclara la profesora Judith.

En este contexto, está emergiendo una serie de nuevas habilidades, conocidas como Green skills. Más que una amenaza, hay una oportunidad de crear empleos en esta nueva transición hacia la tecnología verde. 
 

El rol de la universidad

A la par de la formación de los talentos que hoy demanda la transición energética, el rol de las instituciones de educación superior también radica en la innovación que se genera en el entorno académico. Prototipos y pilotos de movilidad eléctrica, tecnologías de almacenamiento, redes más inteligentes o la implementación de hidrógeno verde, que surgen de los grupos de investigación de las universidades, pueden ayudar a generar soluciones más costoefficientes.

EAFIT, por ejemplo, ha tenido un rol muy activo  en el desarrollo de prototipos y proyectos de movilidad sostenible, ejemplo de esto es el diseño y testeo de vehículos eléctricos,   embarcaciones y carros solares (proyectos como Primavera y Kratos), en palabras de Juan David Mira Pineda, profesor de escuela de Ciencias aplicadas e Ingeniería  y coordinador del convenio EAFIT/SOFASA, “estos proyectos integran formación, investigación aplicada e innovación, y han permitido desarrollar capacidades locales en diseño, simulación, electrónica de potencia y sistemas de almacenamiento de energía, muchas veces en alianza con empresas del sector automotor y energético”.

Para que los desarrollos pasen del prototipo a la masificación se requiere, principalmente, el escalamiento industrial, además de regulación habilitante, modelos de negocio viables y algo muy importante “una apuesta por el talento e ingeniería local. Es clave fortalecer los vínculos con la industria para llevar los diseños a procesos de homologación y producción, así como contar con políticas públicas que apoyen la compra, el piloto y la adopción temprana. Además, se necesita continuidad en la inversión en I+D y una visión de largo plazo para que estas iniciativas no queden como proyectos aislados”, puntualiza el profesor Juan David.

Otro rol de la universidad en la transición energética es el acompañamiento en el diseño de políticas públicas, pues los gobiernos necesitan basarlas en evidencia, gran parte de la cual proviene de la investigación que realiza la academia. En ese sentido, “las instituciones educativas se convierten en un actor clave para acompañar a los gobiernos en el desarrollo de políticas públicas que impulsen los cambios regulatorios necesarios para avanzar en la transición”, afirma la profesora Judith.


Comunidades energéticas


Ya se ha dicho que las regiones sin acceso a la energía quedan expuestas a un atraso social. Pero con la expansión de las energías limpias, este panorama tiende a cambiar, pues existe algo conocido como comunidades energéticas, donde, mediante paneles solares, las comunidades generan y consumen su propia energía. No es utopía, es algo que ya existe y se promueve en Colombia. 

De acuerdo con el ABC de comunidades energéticas, publicado por el Ministerio de Minas y Energía, una comunidad energética puede aprovechar energía hidroeléctrica obtenida a partir cuerpos de agua pequeños, energía eólica, geotérmica y solar

Un grupo de personas que se convierte en una comunidad energética garantiza la suficiencia energética e incluso puede comercializar sus excedentes en la red nacional. Si se trata de una comunidad energética conformada por pequeñas empresas, estas pueden “reducir su exposición a la volatilidad de los precios internacionales del gas o del petróleo, sobre todo en la actualidad, con tantas tensiones geopolíticas, por ejemplo, lo que está pasando en Ucrania y en Venezuela”. Si una empresa genera su propia energía, es decir, se convierte en un autogenerador, puede tener mayor estabilidad en su flujo de caja. Contribuye a crear empleos verdes y puede reducir el riesgo de sus inversiones, porque tiene menos probabilidad de que sus costos de energía se eleven, al menos en el corto plazo”, aclara indica la profesora Judith. 
Adicionalmente, al ser un generador de energía limpia, evita las emisiones de gases de efecto invernadero, la principal causa del cambio climático.


La realidad actual y las acciones que se deben realizar


De acuerdo con el más reciente informe del Foro Económico Mundial (World Economic Forum), Impulsando el futuro: Cómo las empresas, las finanzas y las políticas pueden impulsar el mercado de combustibles limpios, si bien la inversión anual en capacidad de producción de combustibles limpios ha aumentado aproximadamente un 30 % entre 2024 y 2025, esto sigue siendo solo una fracción de lo que se necesita para alcanzar objetivos climáticos, como el Acuerdo de París o el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna). 

En ese sentido, las inversiones en combustibles limpios deberían cuadruplicarse para 2030 si queremos cumplir con las metas de descarbonización. En respuesta a cifras como estas, durante la COP 30,  realizada en 2025 en Belém, Brasil, se lanzó la iniciativa “Belém 4X”, cuyo objetivo es brindar apoyo político y promover la cooperación internacional para cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles para 2035.
 
Con este panorama, “el desafío ya no es justificar la inversión en energías limpias, sino escalar significativamente su volumen. Para ello, es clave la alineación entre políticas públicas claras, un marco normativo estable y condiciones sólidas de seguridad para la inversión”, indica la profesora Judith. Si bien Colombia ya cuenta con una política de beneficios tributarios para la generación de energías limpias, persisten ciertos desafíos sociales que retrasan algunos proyectos. 

En este contexto, los inversionistas dejan de preguntarse si deben o no invertir en este tipo de proyectos y pasan a enfocarse en una pregunta más sofisticada: ¿qué proyecto ofrece la mejor relación riesgo–retorno? En consecuencia, los países que logren ofrecer mayor certidumbre y seguridad a la inversión se consolidarán como destinos atractivos para el capital internacional”. 

Afortunadamente, nada de eso está alejado de la realidad, pues hay cosas que ya suceden; lo que se sugiere es seguir alineando los esfuerzos público-privados para que los proyectos tengan un marco de acción claro que garantice a los inversionistas que sus recursos tendrán un impacto positivo y también un retorno a la inversión, concluye la directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático, Judith Vergara.

En conclusión, la generación de energías limpias es para un país como Colombia una oportunidad, en lugar de una amenaza. Así debería entenderse la transición energética, pues somos un país con un alto potencial para la generación de energía eólica y solar. Tampoco hay amenaza en términos de empleo; por el contrario, se abren las puertas a nuevos trabajos especializados y, si a esto sumamos la mejora de la calidad de vida, lo que queda en el ambiente es una sensación de esperanza.

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En 2025 se realizaron las primeras pruebas en río de Serena , la embarcación solar diseñada por estudiantes e investigadores de EAFIT.
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Los jóvenes deben cocrear la educación del presente y la del futuro, ¿cómo lograrlo?

Enero 23, 2026

Este 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación y la invitación de la Organización de las Naciones Unidas, a través de Unicef, es a celebrar el poder de la juventud en la educación del futuro.

A propósito de esta efeméride, expertos eafitenses, estudiantes y profesores profundizan sobre la importancia de convertir al estudiante en protagonista de su proceso y transformar las clases en laboratorios de cocreación.

Tradicionalmente, una de las funciones principales de las universidades, en todo el mundo, es formar profesionales con las habilidades necesarias para responder a las demandas que requiere la industria. Pero ¿qué ocurre cuando el conocimiento que reciben está orientado a profesiones que, debido a los cambios constantes del entorno, tienen una vigencia de cerca de dos años y medio?

El foco, entonces, no puede estar centrado en habilidades técnicas específicas, sino en formar personas capaces de discernir, trabajar en equipo, cuestionar y adaptarse a entornos cambiantes. Y ese proceso empieza desde la clase, cuando los estudiantes se convierten en protagonistas y cocreadores en estos espacios de aprendizaje.

Así lo considera José Alejandro Betancur Álvarez, director del centro Imaginar Futuros de EAFIT, quien señala que la educación del futuro se debe cocrear con quienes la habitan. Se trata de una reflexión coherente con la conmemoración de este 24 de enero, Día Internacional de la Educación, en la que la Organización de las Naciones Unidas invita a reconocer a los jóvenes como agentes en el diseño en la educación.

El eafitense señala que hay tres tendencias clave para construir, de manera colectiva, los escenarios educativos del mañana. La primera tiene que ver con la personalización del aprendizaje, apoyada en el uso de la inteligencia artificial como complemento de la educación formal. Una segunda le debe apuntar al cierre de brechas educativas, especialmente mediante el uso de nuevas tecnologías. Y, finalmente, el tercer eje plantea la necesidad de diseñar experiencias de aprendizaje que fortalezcan el vínculo humano y el sentido de comunidad.

Para Paola Podestá Correa, vicerrectora de Aprendizaje de EAFIT, la idea de que los jóvenes sean cocreadores del aprendizaje tiene total sentido si se tiene en cuenta que, en la actualidad, se estima que poco más de la mitad de la población mundial tiene 30 años o menos. Son ellos, en palabras de la directiva, quienes se ven impactados por las decisiones actuales.

La Vicerrectora afirma que la fuerza de los jóvenes en la educación ha existido desde siempre, permitiendo que temas como la sostenibilidad, la crisis climática, la transformación de la democracia o las desigualdades sociales sean puestos en la agenda. Pero el rol de las universidades, ahora, debe estar enfocado en garantizar el acceso desde edades tempranas, y mediante acciones claras para permitir su participación en escenarios de toma decisiones.

“Para nosotros es fundamental la presencia de los jóvenes en los estamentos de representación estudiantil, pero también en todos los espacios de conversación disciplinar y en aquellos donde se discuten los grandes temas que hoy afectan a la humanidad”, explica.

El estudiante como protagonista y cocreador

Justamente, como representante del Comité de Pregrado de su carrera y coordinadora del semillero de investigación y Creación en Narrativas Periodísticas, Isabella Ruiz Alarcón, de sexto semestre de Comunicación Social de EAFIT, es un ejemplo de cómo poner al estudiante en el centro lo convierte en cocreador de la educación. 

Isabella destaca que, en ese camino, estos espacios de participación y liderazgo han sido fundamentales. Allí, la cocreación juega un papel clave pues le permite enriquecer el aprendizaje a partir de múltiples miradas, experimentando, equivocándose, reflexionando o resolviendo retos y problemas reales.

Para José Alejandro Betancur, la experiencia de Isabella es la evidencia de un cambio en la forma de concebir el aprendizaje hoy, pasando de rutas predefinidas a trayectorias flexibles, en las que cada estudiante puede tomar decisiones sobre su proceso formativo y construir su propio camino con otras experiencias.

En este enfoque, más que seguir un listado de contenidos predeterminados, el aprendizaje se orienta por preguntas, descubrimientos y retos que surgen en el aula, y que hacen de la experiencia educativa un ejercicio vivo, experiencial y situado. 

“Hoy, los estudiantes cuentan con múltiples fuentes de información y herramientas fuera del entorno académico que les permiten complementar, contrastar y ampliar contenidos. Esa experiencia externa se integra al espacio de clase y enriquece las conversaciones, que dejan de ser monólogos para convertirse en diálogos argumentados y colectivos”.

El reto de convertir las clases en laboratorios cocreadores

La cocreación también plantea un mayor nivel de exigencia para el docente, quien debe preparar la clase no solo desde los contenidos, sino desde la experiencia que se va a vivir. Eso es lo que hace Edwin Sepúlveda Cardona, del área de Marketing e Innovación de la Escuela de Administración, y quien ha convertido sus clases en un laboratorio cocreador. “Hoy la ecuación cambia: ya no somos solo profesores y estudiantes, sino aliados, socios, consultores y cocreadores”, explica. 

Por eso en sus clases asume este rol y acompaña a los estudiantes en la construcción de proyectos reales.  Este acompañamiento se concreta en experiencias como showfests, shark tanks, pasantías, laboratorios, procesos de investigación cualitativa con marcas reales, campañas sobre problemáticas actuales, licitaciones y concursos, en los que los estudiantes trabajan con retos reales del mercado. El aprendizaje se basa en desafíos, proyectos y servicios, conectados con los dolores reales de las organizaciones y las marcas.

“Pasamos de un ecosistema de excepción a uno de producción real. De esta manera realizamos campañas completas en un solo semestre bajo un modelo de células creativas que simulan el funcionamiento de una agencia. Cada equipo asume roles reales (dirección, arte, copy, planeación) y esto les permite fortalecer muchos otros aspectos más allá de los contenidos teóricos. Los mejores estudiantes avanzan luego a una agencia in house, donde trabajan con clientes reales. El impacto de este modelo se refleja no solo en la experiencia formativa, sino también en la generación de propiedad intelectual y activos intangibles.

Como este ejemplo, EAFIT ha desarrollado otras experiencias que preparan a los estudiantes para los desafíos del presente y del futuro, y que los convierten en protagonistas activos de su proceso formativo, tal como lo declara en su Modelo Educativo, que pone al estudiante en el centro.

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En la imagen, el laboratorio makers, uno de los espacios de aprendizaje de EAFIT donde se pone en práctica la cocreación entre profesores y estudiantes.
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En la imagen, el laboratorio Makers, uno de los espacios de aprendizaje de EAFIT donde se pone en práctica la cocreación entre profesores y estudiantes.
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Hermanas del Páramo, un documental producido por EAFIT que aborda conflictos ambientales alrededor del agua

Diciembre 2, 2025

Este contenido audiovisual es parte de la estrategia de divulgación de la investigación Megaproyectos hídricos en Colombia y su impacto en la planificación urbana y la sostenibilidad ambiental, realizado desde la Escuela de Derecho. El video revela tensiones entre derechos de propiedad y protección del agua en zonas de páramo.

Conversamos con Irene Agudelo Saldarriaga, estudiante de la maestría en Estudios Jurídicos y asistente de investigación del proyecto, sobre la relevancia de aplicar un caso real a la teoría, y la importancia de realizar divulgación a otros públicos diferentes del académico, en este caso, a través de un producto audiovisual.

El Video documental Hermanas del páramo es desarrollado en el marco de la expansión transmedia de la Revista Universidad EAFIT Descubre y Crea Vol. 58 No. 179 (2024). 


El espacio de los megaproyectos de infraestructura hídrica en Colombia es un proyecto de investigación que se adelanta desde la Escuela de Derecho de EAFIT. Es liderado por la profesora Nataly Montoya Restrepo y le asiste Irene Agudelo Saldarriaga, estudiante de la maestría en Estudios Jurídicos.

Según la profesora Nataly, “una de las cosas que se ha encontrado en esta investigación, es que uno de los factores críticos para la planificación y ordenamiento de las ciudades es la disponibilidad de agua para la satisfacción de necesidades básicas”.

Paralelo a esto, un grupo de hermanas del municipio de Belmira, norte de Antioquia, adelantaban un proceso legal sobre la propiedad y el uso de unos terrenos de su herencia, ubicados en zona de protección ambiental del páramo de Belmira.

Cuando este caso llega a oídos de la profesora Nataly, a la teoría se le suma la realidad, pues en el contexto de esta investigación, “se inicia un trabajo articulado junto al semillero de investigación de Estudios Territoriales y es así como a la investigación se le da una metodología de caso de estudio”, explica Irene.

Por eso el caso de las Hermanas del Páramo sirve para analizar la paradójica situación de muchos páramos del país pues parece haber un conflicto entre los derechos y necesidades de los seres humanos y el cuidado del agua desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental. 

La investigación, que todavía está el proceso, tiene como uno de sus productos divulgativos un video documental  en el que se analiza la situación desde el punto de vista jurídico, ecosistémico-biológico, hidrológico e ingenieril y se plantean preguntas hacia la resolución del caso y otros futuros conflictos ambientales alrededor del agua en Colombia. Es, además, “una manera de descentralizar el saber, que suele quedarse en los anaqueles a los que solo acceden los académicos”, reflexiona Irene. 

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El Video documental Hermanas del páramo es desarrollado en el marco de la expansión transmedia de la Revista Universidad EAFIT Descubre y Crea Vol. 58 No. 179  (2024).
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Informe de EAFIT revela que el 63 % de los empleadores en Colombia tiene dificultades para cubrir vacantes

Septiembre 18, 2025

El reporte Educación superior y mercado laboral en Colombia,  elaborado por el Observatorio Imaginar Futuros de la Dirección de Estrategia  de EAFIT, señala una desconexión crítica entre lo que enseñan las universidades y lo que demandan las empresas. El 17 % de los jóvenes busca trabajo sin éxito y uno de cada cuatro no estudia ni trabaja.

Los hallazgos sugieren implementar modelos flexibles como microcredenciales y formación modular, integrar la inteligencia artificial, fortalecer alianzas entre universidad, empresa y Estado, y certificar competencias prácticas que faciliten la empleabilidad.

El diagnóstico es contundente: existe una desconexión profunda entre lo que enseñan las universidades y lo que demandan las empresas en el país. Mientras el 63 % de los empleadores asegura que no encuentra el talento que necesita en áreas como tecnología, ventas e ingeniería, solo el 16.5 % de los estudiantes nuevos se matriculó en programas STEM en 2023. Todo esto de acuerdo con el reporte Educación superior y mercado laboral en Colombia, elaborado por el Observatorio Imaginar Futuros de la Dirección de Estrategia  de EAFIT

La situación de los jóvenes es preocupante. La tasa de desempleo juvenil se ubicó en 17,1 %, el doble de la de los adultos, y uno de cada cuatro jóvenes en Colombia no estudia ni trabaja. Aunque 8 de cada 10 jóvenes reconoce que la educación es clave para la movilidad social, las barreras de acceso y la informalidad laboral dificultan su inserción en el mundo productivo.

La brecha de género sigue siendo un obstáculo en la formación y el empleo. En los programas STEM, apenas cuatro de cada diez estudiantes son mujeres, lo que limita su participación en campos estratégicos para el desarrollo del país. La desigualdad se acentúa en el sector TIC, donde solo tres de cada diez empleados son mujeres, un dato que evidencia cuánto falta para cerrar la distancia en innovación y tecnología. 

Flexibilizar la educación

El documento también destaca que la idea de una carrera profesional única ha perdido vigencia. Hoy la prioridad no es solo obtener un título, sino desarrollar competencias que permitan aprender continuamente y adaptarse a nuevas realidades. En este escenario, la flexibilidad en los programas académicos y la educación modular aparecen como estrategias clave.

“El informe ofrece una visión integral de cómo la educación superior debe adaptarse a cambios rápidos en el mercado laboral, las tecnologías y la demografía. Además, permite a universidades, empresas y gobiernos tomar decisiones informadas para desarrollar talento pertinente, reducir la brecha de habilidades y anticipar tendencias de formación y empleo”, explica María Salomé Arango Bustamante, líder del Observatorio Imaginar Futuros de la Dirección de Estrategia.

Las microcredenciales, por ejemplo, se consolidan como una alternativa de formación en ascenso: el 71 % de las universidades en Latinoamérica planea adoptarlas hacia 2030. Estos modelos permiten certificar competencias prácticas, acumular conocimientos y facilitar la empleabilidad, respondiendo a las exigencias de un mercado en constante cambio.

A pesar de lo anterior, la transformación enfrenta barreras significativas. El 50 % de las universidades de la región señala la falta de inversión como un obstáculo crítico, y el 45 % reporta dificultades de acceso a internet confiable. A ello se suma que solo una de cada cinco instituciones se siente preparada para integrar la inteligencia artificial, a pesar de que los estudiantes ya la incorporan en sus procesos de aprendizaje.
El informe propone, en consecuencia, un modelo basado en ecosistemas de colaboración entre universidad, empresa, gobierno y sociedad civil. Estas alianzas permitirían diseñar programas conjuntos, fortalecer la formación en habilidades críticas y garantizar la pertinencia de la educación en relación con las necesidades del país.

“Ahí es donde tenemos que pensar qué nos hace distintos, cuál es nuestro valor agregado y, desde nuestros diferentes roles, qué podemos hacer para contribuir a estos desafíos”, señala Isabel Gutiérrez Ramírez, directora de Estrategia de EAFIT.

En definitiva, Colombia atraviesa un momento decisivo, donde el bono demográfico, es decir, una alta proporción de personas en edad de trabajar hasta 2047, representa una oportunidad única para impulsar el desarrollo a través de la educación. Sin embargo, aprovecharlo dependerá de la capacidad del sistema educativo para transformarse, incorporar tecnologías emergentes, cerrar brechas y conectar de manera efectiva la formación con el empleo.

Conoce el informe completo aquí.

 

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El informe presenta que la baja matrícula en programas STEM refleja la falta de talento en áreas clave como tecnología e ingeniería.
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Pausar, escuchar y crear vínculos nos protege en tiempos de inmediatez y desinformación

Septiembre 10, 2025

La pausa es una herramienta poderosa frente a las dinámicas actuales: detenerse, contemplar, poner límites y escuchar las propias emociones permite, explican expertos eafitenses, recuperar control y tomar decisiones sin la presión del afán.

Ante la desinformación y la inmediatez, la invitación es a ejercitar una lectura crítica, verificar fuentes y evitar caer en el consumo automático de redes sociales. El diálogo y la búsqueda de ayuda profesional, cuando es necesario, se convierte también en un hábito esencial para fortalecer la salud mental. 

La salud mental se ha convertido en uno de los grandes retos de la sociedad actual. La hiperconexión permanente, la inmediatez con la que vivimos, la infoxicación y la polarización han generado un entorno que dificulta el bienestar emocional y aumenta los niveles de ansiedad. Psicólogos eafitenses y expertos en el tema coinciden en que, más que grandes transformaciones, son los hábitos cotidianos los que pueden marcar la diferencia en crear condiciones que favorezcan el equilibrio y la tranquilidad.

Uno de los puntos más reiterados por los expertos es la necesidad de darle lugar a la pausa. En un contexto en el que estar siempre ocupado parece ser la norma, detenerse se convierte en un acto de autocuidado. Como explica Enrique Macía Lalinde, psicólogo del Servicio Médico y Seguridad y Salud en el Trabajo de EAFIT: “En la vida personal hay que evitar acelerarse o tener mucha prisa para dar una respuesta. De hecho, en situaciones donde nos vemos forzados a elegir de manera apresurada, generalmente puede presentarse un escenario adverso para tomar decisiones”.

Además de frenar la prisa, resulta fundamental reconectar con lo esencial. Edwin Andrés Restrepo Zuleta, psicólogo de Desarrollo Estudiantil de la Universidad, destaca la importancia de propiciar encuentros presenciales, cuidar los momentos de ocio y conectarse con la naturaleza. Recomienda “salir de la hiperconexión tecnológica y conectarnos con nosotros mismos a través de momentos de pausa, silencio, meditación, oración (aquello que cada uno sienta que lo saca del ritmo agitado de la vida y le conecta con su propia persona)”.

La desinformación y la polarización, amplificadas por redes sociales, también afectan la salud mental. Por eso, fortalecer la lectura crítica y verificar las fuentes de información es clave. Evitar quedar atrapados en el consumo automático de contenidos y reconocer el impacto emocional de ciertas noticias ayuda a reducir el malestar. En palabras de Edwin Andrés Restrepo, esto es también un acto de responsabilidad con uno mismo y con los demás. “Recordar que no todo lo que se habla en redes sobre la salud mental tiene la rigurosidad sobre el tema, por tanto, lo mejor siempre será acudir a un profesional cuando siento dudas sobre lo que me pasa a nivel emocional y comportamental”.

En este escenario, la autenticidad y la capacidad de expresar lo que sentimos sin miedo a ser juzgados son herramientas poderosas. La coherencia entre lo que se siente y lo que se comunica no solo ayuda a procesar emociones, sino que también abre la posibilidad de pedir ayuda y encontrar apoyo en los demás. Para Enrique Macía, el diálogo y la escucha son pilares para ampliar horizontes y construir comunidad desde la diferencia.

Vincularse con la vida

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que recuerda la urgencia de abordar el malestar emocional con responsabilidad y acompañamiento. Esta efeméride pone en el centro la importancia de abrir espacios seguros para la escucha y la atención oportuna. A propósito de este día, el podcast Hablemos de salud mental publicó el capítulo ¿Cómo orientarnos ante el suicidio?

Héctor Gallo, psicólogo y psicoanalista, insiste en que uno de los mayores riesgos es el aislamiento y la soledad. “La soledad es una vivencia, un sentimiento psicológico. A mayor conexión con estos aparatos tecnológicos, menores posibilidades de invención de cómo relacionarse con el otro”, advierte. Para él, escuchar de manera atenta y sin presuponer lo que siente un niño o un joven es fundamental para prevenir situaciones extremas.

El especialista agrega que la amistad y la solidaridad, pilares del apoyo emocional, se han debilitado en la sociedad actual, lo que deja a muchos sin referentes estables. “Hay que construir un deseo de vivir para poder vivir; es responsabilidad de cada uno hacerlo, pero apoyado con la vinculación con los seres. La pregunta por la existencia no es la misma pregunta por la vida, es por cómo me vinculo con los otros”, afirma.

Los psicólogos eafitenses coinciden en que, frente a una situación emocional difícil, llevar a cabo pequeñas acciones pueden fortalecernos: permitirse hablar y buscar ayuda, aceptar ser ayudados y mantener un diálogo claro y honesto. Conectar con personas de confianza, rodearse de quienes reconocen y validan lo que atravesamos, y practicar la escucha sin juicios son pasos esenciales. 

El llamado final es a construir comunidad desde la diferencia y la autenticidad. Hacer pausas, cuidar los vínculos, expresarse con honestidad y aprender a escuchar al otro son pequeñas acciones que, sumadas, fortalecen la salud mental y ayudan a proteger la vida.

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Pausar, escuchar y crear vínculos nos protegen en tiempos de inmediatez y desinformación
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En medio de la soledad y la hiperconexión, construir comunidad resulta vital para proteger la vida.
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¿Cuándo un hábito se convierte en una dependencia?

Agosto 5, 2025

Muchas dependencias cotidianas, como el uso excesivo del celular, el trabajo sin descanso, el juego o las compras compulsivas, están tan naturalizadas que pasan desapercibidas. Desde la psicología, se advierte que estas prácticas pueden afectar la salud mental y distintas áreas de la vida.

De acuerdo con expertos eafitenses, estas dependencias también responden a dinámicas del sistema económico y cultural en el que vivimos. Reconocer las señales es clave para prevenir daños emocionales y abrir el diálogo sobre hábitos que, aunque aceptados socialmente, pueden ser perjudiciales.

No todas las adicciones se esconden en sustancias. En la actualidad, muchas formas de dependencia están ligadas a hábitos aparentemente inofensivos o incluso socialmente valorados. El celular, el trabajo, las redes sociales, el juego o las compras pueden convertirse en fuentes de ansiedad, angustia y malestar emocional. Sin embargo, al estar tan integradas en la vida diaria, pocas veces se reconocen como problemáticas.

Desde la psicología, explican expertos eafitenses, se ha empezado a visibilizar cómo estas conductas pueden derivar en formas de dependencia. “Esto ocurre cuando se instala un modo de relación rígido y privilegiado con las personas, los objetos o el mundo para afrontar las tensiones de la vida. Surge la creencia de ‘sin esto no soy capaz’ o, al menos, ‘es muy difícil’. Esa persona o ese objeto se convierte en un ‘tapón’ que silencia el malestar, la tristeza o la angustia; un tapón que, paradójicamente, a la larga genera más malestar en diversas áreas de la vida”, afirma Juan David Mesa Valencia, psicólogo de Desarrollo Estudiantil de EAFIT.

En este contexto, es importante diferenciar entre dependencia y adicción. La primera puede manifestarse como un vínculo emocional fuerte o necesario que, en ciertos casos, puede adquirir características patológicas. En cambio, la adicción se considera un trastorno complejo, caracterizado por la compulsión, el deterioro y la pérdida de control.

Juan David también señala que en un mundo que valora la hiperproductividad y la conexión permanente, no sorprende que el trabajo y el uso de dispositivos móviles hayan pasado de ser herramientas para convertirse en ejes de nuestra cotidianidad. La lógica dominante promueve la idea de que siempre se debe dar más: más horas, más resultados, más visibilidad. En especial para quienes emprenden, la consigna de “dar la milla extra” se ha vuelto una regla no escrita que responde tanto a exigencias externas como a expectativas personales.

A esto se suma la integración del celular como una extensión de la rutina. Ya no es solo un medio de comunicación: concentra vínculos afectivos, entretenimiento, estatus, dinero y, por supuesto, trabajo. Su uso constante no es casualidad, sino parte de una dinámica cultural y económica que incentiva su consumo. Más allá del análisis estructural, señala Juan David, es necesario interrogarse desde lo individual: ¿está al servicio de soportar un malestar emocional?, ¿cuál es la frecuencia y la cantidad de uso?, ¿estas actividades están afectando negativamente otras esferas de la vida?

Para Jorge Mauricio Cuartas Arias, profesor de la Escuela de Humanidades de EAFIT, una persona puede volverse adicta a actividades aparentemente inofensivas. “En la práctica clínica abordamos las dependencias comportamentales como dependencias que pueden construir una relación problemática con un objeto y convertirse en una adicción. Cuando se cumplen ciertos criterios como obsesión, tolerancia, abstinencia y conflicto con las situaciones que el sujeto vive a diario, hablamos de una condición que genera daños significativos”.

El profesor agrega que las señales psicológicas y emocionales de una dependencia en desarrollo pueden ser diversas. Entre las más comunes están el pensamiento obsesivo y la dificultad para detener o moderar la conducta, incluso al intentarlo repetidamente. A esto se suman la tolerancia (necesidad creciente de más tiempo y frecuencia) y los síntomas de abstinencia, irritabilidad o insomnio cuando no se realiza la actividad. Igualmente es frecuente la negación del problema, la racionalización y, con el tiempo, un deterioro emocional e interpersonal.

Entre los riesgos y consecuencias más frecuentes están la ansiedad, el estrés crónico y la depresión, producto de una constante exigencia emocional y la pérdida progresiva del placer en actividades que antes resultaban gratificantes. Asimismo, pueden aparecer síntomas como el burnout (estado de agotamiento físico, emocional y mental que resulta de la exposición prolongada al estrés laboral), el insomnio, la fatiga constante y los cambios de humor, lo que afecta la concentración, la tolerancia a la frustración y las relaciones personales.

Un detox de redes sociales

Una de las recomendaciones de los psicólogos eafitenses es desacelerar, entendiendo este gesto como un acto de resistencia y autoconocimiento. Detener el ritmo impuesto por el trabajo constante o el scroll infinito en redes sociales permite abrir un espacio para preguntarse, con honestidad, qué se desea realmente. Crear momentos libres de pantallas y de exigencias externas se vuelve fundamental para reconectar con las propias emociones. En ese proceso, también es posible identificar qué situaciones disparan las conductas dependientes, ensayar nuevas formas de afrontar el malestar emocional y, si es necesario, buscar acompañamiento profesional que facilite el camino hacia una vida más consciente y equilibrada.

Un caso ilustrativo es el de Elena Restrepo Henao, estudiante de Administración de Negocios y representante estudiantil de EAFIT, quien en diciembre de 2023 decidió hacer una pausa voluntaria en el uso de redes sociales. “El nivel de conciencia que yo construí en esos días fue muy especial. Te enfrentas a no hacer nada e invertir el tiempo en algo que no sea tan estimulante o lleno de dopamina como lo pueden ser las redes sociales. Entonces lees, descansas o conversas con las personas, porque se nos olvida que en el mundo presencial también eso es posible”, afirma.

A partir de su experiencia, Elena se unió a la profesora María Alejandra González Pérez para proponer un desafío práctico en la clase de Ética e Integridad. La actividad consistió en que los estudiantes hicieran un detox de redes sociales y llevaran un diario físico durante el proceso. El experimento reveló cómo muchos de ellos enfrentaron ansiedad por desconexión, pero también cómo, con el tiempo, descubrieron beneficios relacionados con el bienestar personal y la reconexión con actividades presenciales.

Los expertos insisten en la necesidad de revisar críticamente nuestros hábitos. “El primer paso, creo yo, es reconocerlo. El segundo, pedir ayuda. Y el resultado, tras un esfuerzo, es regresar a una vida más plena, saludable, en la que se construya un verdadero bienestar”, concluye el profesor Jorge Mauricio.

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El celular, las redes sociales y el trabajo excesivo pueden convertirse en formas de dependencia que afectan la salud mental. Conoce más sobre este tema en el video podcast Hablemos de Salud mental
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Las empresas ya no buscan ejecutores, sino estrategas con habilidades tecnológicas

Marzo 10, 2026

De acuerdo con consultoras especializadas en talento, el mercado laboral está girando hacia perfiles estratégicos con alto componente tecnológico. Las empresas ya no priorizan funciones operativas, sino profesionales capaces de integrar herramientas digitales a los procesos del negocio, analizar datos y convertirlos en decisiones.  

En materia de contratación y ascensos, las habilidades humanas marcan la diferencia. Liderazgo, pensamiento crítico, comunicación asertiva, trabajo en equipo y adaptabilidad se imponen como criterios clave para identificar potencial.  

Reclutadores y líderes empresariales coinciden en una misma idea: el talento que hoy se necesita es distinto. El mercado laboral en Colombia y la región atraviesa una transformación acelerada, impulsada por la integración de nuevas tecnologías y un cambio en las expectativas tanto de empresas como de trabajadores. Las reglas de juego están evolucionando y ya no basta con cumplir funciones operativas, sino que se exige una mirada estratégica capaz de generar valor en entornos dinámicos y altamente digitalizados.

Desde su experiencia acompañando procesos de selección en distintos sectores, Andrea Estrada Lopera, gerente general de Arquitectura del Talento y profesora de Educación continua de EAFIT, advierte que el cambio no está únicamente en las áreas más demandadas, sino en el enfoque de los perfiles. “Actualmente se buscan perfiles en prácticamente todas las áreas, pero con un fuerte componente tecnológico. Por ejemplo, líderes comerciales digitales, directores de transformación digital, coordinadores de soluciones o cargos con gran capacidad para gestionar información y convertir datos en decisiones estratégicas”, afirma.

La inteligencia artificial y la automatización siguen marcando la pauta, pero no se trata únicamente de saber programar. Las empresas valoran profesionales que entiendan el negocio y sepan integrar herramientas digitales para hacer más eficientes los procesos. Por eso, se entiende que la tecnología es un medio, no un fin, y su impacto depende de la capacidad humana para orientarla estratégicamente.
 

Habilidades diferenciales

Natalia Betancur Cadavid, mánager en Michael Page y graduada de la maestría en Sostenibilidad de EAFIT, señala que el mercado está migrando hacia perfiles con pensamiento crítico, capacidad de comunicación y adaptabilidad. “Se buscan personas que entiendan el negocio y que sean capaces de traducir esa comprensión en procesos internos concretos. No es solo llegar a operar, sino pensar estratégicamente y articular, desde el propio rol, el trabajo con distintas áreas, apoyándose en la tecnología para ser más eficientes, más rentables y asegurar que el modelo de negocio siga funcionando”, señala.

Más allá de los conocimientos técnicos, las soft skills ganan protagonismo. Liderazgo, comunicación asertiva y trabajo en equipo son hoy criterios decisivos en los procesos de selección. Natalia lo resume con claridad: “Para cargos de liderazgo se fijan demasiado en esa capacidad de ‘ser persona’, más allá de lo técnico”. En un entorno automatizado, la dimensión humana se convierte en ventaja competitiva.

El ascenso dentro de las organizaciones también responde a nuevos parámetros. De acuerdo con Andrea Estrada, ya no basta con un buen desempeño individual; las empresas buscan señales de potencial, capacidad de influencia y visión de mediano y largo plazo. Curiosidad intelectual, rapidez para aprender y habilidad para comunicar ideas estratégicas son rasgos que marcan la diferencia al momento de promover talento interno.

En paralelo, las compañías enfrentan trabajadores que demandan mayor transparencia y coherencia entre discurso y práctica. Las nuevas generaciones quieren claridad sobre planes de carrera, propósito organizacional y condiciones laborales. El vínculo entre empresa y empleado se redefine en torno a la experiencia integral, no solo a la remuneración.

Estas transformaciones locales dialogan con tendencias globales. En un análisis publicado por Forbes en 2025, Bernard Marr señala que “en 2026 y más allá, los empleadores valorarán especialmente aquellas habilidades en las que las personas siguen siendo innegablemente superiores, como la comunicación interpersonal, la empatía, la creatividad, el trabajo en equipo y el liderazgo”.  

En este contexto, el aprendizaje continuo se convierte en condición de permanencia. La apertura al cambio, la disposición para desaprender prácticas tradicionales y la capacidad de incorporar nuevas herramientas tecnológicas son rasgos cada vez más valorados. La empleabilidad ya no depende solo del título universitario, sino de la actualización constante.

Así, el mercado laboral de 2026 perfila un escenario más exigente y competitivo, pero también más amplio en oportunidades para quienes logren combinar mentalidad digital con liderazgo y pensamiento crítico. Las empresas buscan talento capaz de entender el negocio, integrar tecnología y movilizar equipos. En esa convergencia entre habilidades técnicas y humanas se define hoy el verdadero diferencial profesional. 

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En un entorno cada vez más automatizado, la combinación entre mentalidad digital y capacidades interpersonales define el crecimiento profesional. En la imagen, la más reciente edición de la Feria de Talento EAFIT.
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