¡Cuidémonos!
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Bienestar Universitario
La filosofía de Bienestar Universitario
La Dirección de Desarrollo Humano y Bienestar pretende hacer del bienestar un valor individual y colectivo en la comunidad eafitense. Desde la conciencia del mutuo cuidado, con base en los valores institucionales invita a que la vida sea un vivir bien. Que las acciones sean una oportunidad para el recto actuar en un ambiente solidario y respetuoso de la diversidad y del entorno.
Notas sobre Salud Mental
Rutas
Ruta de atención para el manejo de crisis emocionales
Conoce la rutaRuta de atención para personas con conducta suicida
Conoce la ruta
Educación emocional
Ciclo de conversaciones
III Concurso de Microcuento
ExpresARTE: Elogio a lo simple
Las palabras permiten expresar lo que sentimos y pensamos sobre aquello que vivimos, son un recurso a través del cual podemos encontrarnos con lo más íntimo de nosotros y conectar con algo de la intimidad del otro. Las palabras son refugio, son camino, son encuentro. Las palabras dan vida, tienen efecto en quien las escucha, las lee, las da y las recibe.
En la prisa de la sociedad actual parece que queda poco espacio para detenerse y contemplar, los días inician con premura y los propósitos cada vez son más robustos. Las exigencias de rendimiento, producción, consumo y éxito piden ir a toda velocidad, parecemos absortos en el ruido incesante de un mundo que no deja de acelerar, de demandar, de complejizar lo simple, vivir.
Bajo este panorama y siendo la palabra un recurso primordial para la vida humana, extendemos la invitación a todos los miembros de la Comunidad Universitaria a participar de la Tercera Edición del Concurso de Microcuento ExpresArte: elogio a lo simple. Para que por medio de la escritura elogiemos lo simple de la vida, esas cosas que por su sutileza conmueven, serenan o nos hacen sentir vivos
Microcuentos Ganadores del Tercer Concurso de Microcuento:
Primer lugar
Primer Lugar
Soplando la Espuma
Autora: Victoria Eugenia Giraldo Henao
Crecí aprendiendo a leer el silencio. Cuando mi padre alzaba la voz y cerraba la puerta con fuerza, mi hermano y yo sabíamos que había que guardar los cuadernos y contener la respiración. Mi madre, siempre de pie, parecía más frágil que la loza que temblaba en la cocina.
Nos mudamos tantas veces que dejé de desempacar del todo. En cada ciudad aprendí algo distinto: a no hacer ruido, a proteger a mis hermanas, a mirar al suelo.
Pero también aprendí otra cosa.
Una noche, después de una discusión interminable, mi madre nos sirvió chocolate caliente. Afuera el mundo seguía siendo un grito; en la mesa, éramos mi madre y cuatro hermanos soplando la espuma. Nadie habló de lo que había pasado. Solo partimos el pan y lo compartimos.
Con el tiempo entendí que no era el chocolate ni el pan. Era mi madre quien, en medio del miedo, nos regalaba un momento de calma…
Segundo lugar
Segundo lugar
Canoa
Autor: Valentín Vélez.
Había llegado el día.
Después de la fiesta y el trasnocho, cuando el cielo todavía olía a ceniza y guarapo, con la salida del sol todos los hombres del pueblo entramos al bosque. Íbamos en fila, callados, como si el monte nos estuviera escuchando. El Caracolí me esperaba desde antes de que yo naciera: lo decía mi padre, lo repetían los viejos en la cantina, lo juraban las sombras largas al pie de su tronco. Era un árbol con memoria.
Entre todas las manos, talaríamos el árbol y llevaríamos su tronco corriente abajo. El filo mordía la madera y cada golpe tenía algo de promesa y algo de despedida. La savia nos salpicó como si el bosque también sangrara. Nadie hablaba, pero todos entendíamos: era una ceremonia.
En la desembocadura nos esperaba el pueblo, pequeño, pero nuestro, con las mujeres reunidas como un círculo de agua quieta, listas para bendecir lo que se desprendía del monte y se volvía camino.
Ahora yo tenía 18 años.
Ahora tendría mi propia canoa.
Un tronco tallado por todos los hombres y bendecido por todas las mujeres.
Ahora soy un pescador.
Tercer lugar
Tercer Lugar
Viaje en la Máquina del Tiempo
Autora: Luz María Garcés Flórez.
¡Qué aguacero! La lluvia forma cortinas blancas que se mueven impulsadas por las ráfagas de viento. ¡Sssssssss! Me envuelve ese sonido sibilante, que cambia de tono e intensidad, mezclado con el chocar de las gotas contra el pavimento. Los carros dejan de circular. Estoy de pie, en el andén. Trato de evitar que el agua me moje. ¡Sssssssss! Veo una niña que está parada en la calle, a dos metros de mí, junto al andén. En su cabeza recibe un chorro continuo y ruidoso, que cae a borbotones, proveniente de una canoa que desagua un techo alto, cubierto de tejas. Una joven está tras de ella, pero conserva la distancia. Se protege bajo el alero y trata de evitar el contacto con el agua. Le chilla, suplicante: “Negrita, no se moje que doña Rocío me va a regañar.” La niña está empapada. Le escurre agua por todas partes. Levanta los brazos, brinca, se ríe y da vueltas como una bailarina, en el mismo punto, sin salirse del chorro. La veo. Me veo. En mi mente, le digo: “Negrita, mójese. Tranquila que doña Rocío no va a regañar a nadie.”

La conexión cada vez más natural y fluida con el entorno a través de las organizaciones que con su hacer construyen sociedad y nos hacen comunidad. Allí se ubican las grandes preguntas y los desafíos para los que podemos trabajar con sentido de futuro.




Nuestro proyecto científico se cultiva desde la Universidad de los Niños y permea los diferentes momentos de aprendizaje y creación que conforman la experiencia universitaria. Nuestro propósito, tanto formativo como de investigación, se enfoca en ofrecer a nuestros estudiantes habilidades que requerirán los profesionales del futuro y que contribuirán a la transformación de sus entornos.
