¿Por qué existe el tiempo?

​​​Incluso, antes de responder esta pregunta, vale la pena preguntarse ¿qué es el tiempo? Muchas veces lo tomamos simplemente como una medida, una magnitud que usamos para medir el transcurso de las cosas. Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. El tiempo está involucrado en una estrecha relación con el espacio, una relación que conocerán mejor en este contenido.​​

 

Responde: Raúl Gómez Marín, magíster en Filosofía de la ciencia.

 

¿Cómo flota un barco?

Nuestros océanos están llenos de ballenas, peces, tortugas, corales… ¡y barcos! Cientos de miles de buques, yates, embarcaciones grandes, pequeñas, gigantes navíos petroleros o pequeños botes pesqueros. Y sin importar su tamaño, la mayoría son capaces de flotar; aquellos que no, ya reposan en el fondo del mar. ¿Cómo lo logran?​

Pregunta: Adelaida Balthazar Correa, 15 años.

Responde: Manuel Julio García Ruiz, doctor en Ingeniería Aeronáutica.​

No todo lo que llega a los océanos flota. Por ejemplo, una pesada barra de acero se hunde inmediatamente. Pero, si hoy es común encontrar barcos de más de 200 mil toneladas navegando por el mundo, ¿cómo es posible que permanezcan en la superficie?

Imaginemos que estamos de vacaciones y decidimos entrar a una piscina. Aunque no sea perceptible, hay dos fuerzas principales actuando sobre nuestro cuerpo: la de flotación y la de gravedad. De hecho, ya que estamos en el agua, las estamos soportando.

Decidimos hundirnos y ahora estamos a dos metros sobre la superficie. ¿Alguna vez lo has hecho? ¡Sí! Se siente mucha más presión sobre nuestro cuerpo porque está soportando todo el peso del agua que está encima. Pero hay una pequeña variable que muchas veces pasamos por alto: No todo nuestro cuerpo experimenta la misma cantidad de fuerza. 

¿La zanahoria flota en el aceite? ¿Las monedas en el agua? ¿El plástico es más denso que la miel? Haz este experimento cacero y pon a prueba su flotabilidad.

Experimentamos más presión en la parte de abajo de nuestro cuerpo que en la que está más cerca de la superficie. ¿Por qué? Simplemente porque está más profunda. Este pequeño detalle quiere decir que esta fuerza tiene una dirección y va de abajo hacia arriba; en otras palabras, nos empuja hacia la superficie.

Pero ¿recuerdas que también hay otra fuerza que debe soportar nuestro cuerpo? Si la flotación empuja el cuerpo hacia arriba, la gravedad lo hace hacia abajo. ¿Cuál ganará? La respuesta no siempre es la misma y de ello dependerá en parte si el cuerpo (es decir, nosotros) nos hundimos o no.

Para saberlo, debemos tener en cuenta dos cosas más antes: la densidad del líquido en el que nos metimos (no pasará lo mismo si nadamos en una piscina de agua que en una piscina de aceite) y la forma de nuestro cuerpo.

¿Flotaremos?

Arquímedes nació en el Siglo III a. C. y aún hoy se lo recuerda como una de las mentes más brillantes de la época. Fue él quien planteó el Principio que lleva su nombre y que explica por qué flotan los cuerpos. 

Óleo sobre tela del pintor Domenico Fetti (1620). Vía Wikimedia Commons. Arquímedes pensativo.

Este científico griego se percató que la fuerza de flotación que experimenta un cuerpo dependerá también de dos cosas: la cantidad de fluido que este desplace cuando entre al agua y de la densidad de este fluido. En otras palabras, entre más denso sea el líquido y entre mayor sea el volumen de líquido que desplace el cuerpo cuando entre al agua, mayor será la fuerza de flotación que experimente el cuerpo.

Pongamos un ejemplo. A un lado tenemos una roca redonda que pesa 3 kilos y la lanzamos a una piscina llena de agua. ¿Se hunde? Existen fórmulas para demostrarlo, pero en principio podemos decir que sí. Ahora lanzamos el florero favorito de mamá. Está hecho del mismo material de la roca y también pesa 3 kilos. Sin embargo, este no se hunde, no al menos si nos percatamos de meterlo a la piscina con cuidado para que no entre agua a él.

Esto ocurre porque el florero, aunque pesa lo mismo y está hecho del mismo material, es capaz de desplazar una mayor cantidad de líquido. El mismo principio aplica para los barcos. Los ingenieros los diseñan de forma tal que al entrar al agua, desplacen la cantidad de líquido necesaria para garantizar que no se van a hundir. ¡Ya vez que la forma de los barcos tiene su razón de ser!

¿Y qué hay de la densidad? Como la fuerza de flotación depende del peso de la masa del volumen de líquido que desplaza, si el líquido es más denso, ejercerá más fuerza sobre el cuerpo. Pongamos de ejemplo el agua.

Digamos que tenemos una gran gota de agua, tan gorda y grande que pesa 20 gramos. Al lado de ella tenemos una gota de mercurio. Esta es más pequeña, incluso se ve chiquita al lado de la gota de agua pero… ¡oh sorpresa! ambas gotas pesan lo mismo: 20 gramos. ¿Cómo es posible? Esto ocurre porque el mercurio es más denso que el agua, es decir, en menos espacio es capaz de albergar una mayor cantidad de masa.

Eso quiere decir que es mucho más fácil que todo lo que entre a una piscina de mercurio flote a que lo haga en una piscina de agua.

¡Es hora de jugar! Utiliza todo lo que hemos conversado sobre la flotabilidad en la siguiente aplicación; te será muy útil para terminar de comprender por qué flotan los barcos :)

¿Por qué en el espacio no hay oxígeno?

¿Alguna vez te has preguntado de que está compuesto el espacio? o ¿Por qué dicen que no hay oxígeno en él? En la Universidad de los niños EAFIT nos preguntamos esto y aquí está la respuesta.​

Pregunta: Isabella Rodríguez Muñoz​.​

Responde: José David Ramírez, estudiante de Ingeniería Civil.

El oxígeno, como todos los otros elementos contenidos en el aire, es materia y por ser materia tiene masa. Todo lo que tiene masa es atraído por la gravedad de algún cuerpo. En nuestro caso más cercano, el planeta Tierra atrae todos los cuerpos que estén sobre él hacia su centro (como un imán atrae algunos metales), incluyendo el oxígeno.

Todos los otros planetas, estrellas, cometas y astros en general también atraen hacia ellos las partículas gaseosas o sólidas que estén merodeando en el espacio, y por ello se dice que el espacio es totalmente vacío.​

 

¿Por qué el viento me toca pero no lo veo?

Es una brisa fuerte o fresca, capaz de levantar hojas y crear tornados o simplemente sacudirnos el pelo. Pero, ¿cómo sé que esa brisa es el viento, si aunque me toca no puedo verlo?​​

Pregunta: Juan Pablo Villegas, 15 años.

Responde: Ana María Jaramillo, coordinadora de proyectos.

Asesor: Jesús Alberto ​Pérez, magíster en Ingeniería.

¿Qué es el viento?

El viento es aire en movimiento y el aire es una mezcla de gases: nitrógeno (78%), oxígeno (20%) y otros llamados gases nobles (2%). Todos estos gases son incoloros, es decir que no tienen color y por eso no los vemos. Además, se forman en la atmósfera terrestre que es la capa más externa y menos densa del planeta.

 

La atmósfera es una capa de gases que protege a cualquier cuerpo que esté en el Universo orbitando o siendo orbitado, estos son conocidos como cuerpos celestes. La Tierra, como cuerpo celeste que es, tiene a la atmósfera terrestre que, por medio de la capa de ozono, es la encargada de protegerla ​de la radiación solar ultravioleta y reduciendo las diferencias de temperatura entre el día y la noche, además​ de actuar como escudo protector contra los meteoritos.

 

Pero, ¿por qué lo sentimos?​

Porque el aire, esa mezcla de gases, es un fluido como el agua y tiene densidad, es decir, tiene una masa que ocupa un espacio. En el caso del aire hay tan poca masa en un espacio tan grande, que su densidad es mil veces menor que la del agua. Es decir, las moléculas del aire están mil veces más separadas entre ellas que las del agua y por eso el aire es tan difícil de atrapar.

Pero cuando se mueve, cuando se convierte en viento, muchas partículas de aire se estrellan contra nosotros en muy poco tiempo y nos empujan tratando de pasar. O cuando nosotros nos movemos rápido, como en una moto o en un carro, nuestra piel empuja muchas partículas en solo unos segundos y sentimos la fuerza del aire que se resiste a quitarse del camino.

También el viento puede arrastrar partículas de arena o diminutas gotas de agua y al soplar hacer que se estrellen contra nosotros.​

¿por qué se mueve el aire?

El aire se mueve porque su densidad cambia debido a la temperatura, es decir que unas veces se hace más pesado y otras más liviano, y por eso no puede quedarse quieto. Cuando el Sol lo calienta, el aire se hace menos denso, las partículas se separan y se vuelve más liviano, entonces empieza a subir hacia las nubes. Pero al llegar tan arriba se enfría, se vuelve más denso, y sus partículas​ vuelven a juntarse, tal vez para darse calor. Entonces, su propio peso lo lleva nuevamente hacia abajo donde el Sol puede calentarlo otra vez para que el proceso se repita.

 

Es así como el aire se mantiene en circulación, yendo de abajo a arriba, de arriba abajo. Forma corrientes que les permiten a los pájaros y a las cometas volar, a las olas y a las nuebes moverse, y modificar el clima de todo el planeta.

 

El compromiso de ser voluntario

​​En diciembre de 2019, la Alcaldía de Medellín entregó a la Universidad el reconocimiento Acciones que cuentan. Soy Voluntario, en la categoría mejor voluntariado universitario, por su labor con diferentes colectivos de la ciudad y la comunidad.

Es una manera de manifestar el compromiso social, aportando al territorio y a sus necesidades más sentidas. El voluntariado EAFIT se puede expresar a través de varias modalidades: Responsabilidad Social Universitaria, para contribuir a la transformación social y cultural de comunidades y entornos en situación de privación y/o vulnerabilidad; Académica, entregando tiempo y conocimiento, y para la Filantropía, que implica aportes en tiempo y conocimiento con la finalidad de gestionar recursos económicos para otorgar becas o financiación de proyectos.

El voluntario fortalece competencias y capacidades entre las cuales se destacan trabajo en equipo, pensamiento estratégico, creatividad e innovación, liderazgo, toma de decisiones y solución de problemas, y en las comunidades se abrirán puertas, se crearán oportunidades y se visibilizarán sus necesidades vitales.

Enseño inglés a niños de escasos recursos, en zonas deprimidas de la ciudad. Esta experiencia me ha hecho ratificar que lo mejor que se puede hacer en la vida es servir y ayudar a los demás. Los niños son increíbles y es muy gratificante ver la alegría con la que aprenden y, aún mejor, todo lo que se puede aprender de ellos”

Valentina Gómez Vega, estudiante de Ingeniería de Producción

10. Reducción de las desigualdades

17. Alianzas para lograr los objetivos

¿Por qué el Sol se ve chiquito si es grande?

El Sol tiene cerca de 700.000 kilómetros de radio, ¿puedes imaginarlo? Aún así lo vemos prqueño por eso hoy nos dimos a la tarea de saber por qué sucede esto. ¡Descúbrelo con nosotros!

Pregunta: Melanie Jaramillo, 6 años.

Responde: Carlos Molina Velásquez, Físico de la Universidad de Antioquia, Máster en Astronomía y profesor del Departamento de Ciencias Físicas de la Universidad EAFIT.

El Sol es una estrella. Es una esfera gigantesca de gas caliente que brilla y gira alrededor de todos los planetas, es decir, es el centro del sistema solar. A su vez es la estrella que más cerca se encuentra de la Tierra y como explica Carlos Molina, Físico de la Universidad de Antioquia, Máster en Astronomía y profesor del Departamento de Ciencias Físicas de la universidad Eafit, “el Sol tiene cerca de 700.000 kilómetros de radio, lo que quiere decir que, si pudiéramos poner varios planetas Tierra uno al lado del otro, podríamos llegar a tener cerca de 1.000 enfilados".

Pero si comparamos ahora con su distancia hasta nuestro planeta, la cual se conoce como unidad astronómica equivalente a 150.000.000 kilómetros, tendríamos que filar cerca de 12.500 tierras para cubrir dicha distancia.

O sea que el sol, a pesar de ser muy grande, está muy lejos de nosotros. En el sistema solar, según Carlos, la distancia entre la Tierra y el Sol resulta tan grande que, desde dicho planeta o desde de la Luna, se logra ver del mismo tamaño.

Y es por ello que su brillo nos despierta todas las mañanas. Pero esto no quiere decir que no existan otras que sean más grandes. Por lo contrario, sí las hay, pero no las vemos porque se encuentran mucho más lejos de la Tierra.

El Sol, el cual vemos como un círculo gigante en el cielo, es una estrella de tamaño promedio. Por ejemplo, existen otras estrellas que cuentan con un tamaño extraordinario en comparación con éste. Entre ellas, se encuentra Cefeo, la cual contiene un color rojo intenso y es aproximadamente 1500 veces el tamaño del Sol; a su vez se encuentra Betelgeuse, la cual está ubicada en la constelación de Orión y, en comparación con el Sol, es casi 900 veces más grande; y también está Antares, la cual es 530 veces el tamaño del Sol y es la constelación más brillante de Escorpio.

Sin embargo, hay un aspecto que resulta curioso y es el hecho de por qué éste, sabiendo que es el más cercano al planeta Tierra, se ve tan lejano desde cualquier lugar del mundo.

Si hacemos una analogía para entender la diferencia de sus magnitudes, podríamos considerar al planeta Tierra como un balín de 3 centímetros de diámetro y al Sol como del tamaño de un balón de basketball, en donde este último estaría a casi 40 metros de distancia del balín. Entonces ahora imaginemos cómo se lograría ver esta gigantesca estrella desde Neptuno. Nuestros ojos lo verían como una pelota de tenis o, incluso, más pequeño.

¿Por qué el Sol no se cae?

​Desde el concepto de gravedad conoceremos cómo es posible que el S​ol siempre se mantenga en el mismo lugar del espacio y nunca se caiga.

Pregunta: Sara Jiménez Roldán, 9 años.

Responde: José David Ramírez Nieves, estudiante de Ingeniería Civil​​​; Francisco Danilo Londoño, estudiante de Ingeniería Física y Gabriel Ospina, Ingeniero de Minas y Petróleos.

Redacción: Manuela Correa, área de comunicaciones.

Para contestar esta pregunta, primero debemos saber por qué las cosas se "caen”. Todos los objetos tienen una fuerza llamada gravedad, que es mayor o menor de acuerdo con la masa de cada cuerpo. La gravedad de un cuerpo, como los planetas o las estrellas, es la responsable de que los elementos que se encuentran dentro de él sean halados hacia su centro; algo similar a lo que ocurre cuando un imán atrae objetos metálicos.

 

La Tierra, en particular, ejerce su fuerza de gravedad sobre nosotros permanentemente, por esta razón volvemos al suelo cuando saltamos. Este fenómeno hace que las cosas se “caigan”. Por ejemplo, así como existe la fuerza que hace caer un lápiz al suelo, éste ejerce una fuerza de igual magnitud sobre la tierra.

Pero nosotros no tenemos la capacidad de percibir que ésta se mueva debido a que su masa es inmensa en comparación con la del objeto, por lo cual, la aceleración de la Tierra, resulta totalmente insignificante. Después de explicar lo anterior, ya podemos contestar tu pregunta: el Sol no se cae porque no hay una fuerza que lo hale, como hace la gravedad de la Tierra con nosotros.

Francisco Danilo Londoño, estudiante de Ingeniería Física cuenta que tiene dos respuestas equivalentes. “La primera es que, no hay nada que lo hale para abajo y, la segunda, sería que no se cae porque está dando vueltas o rotando. Entonces, por ejemplo, si pensamos en una piedra colgada con una soga y si empiezas a darle vueltas a esa soga, usted ve que la piedra no se cae y lo mismo pasa con el sol”.

 

A su vez, Gabriel Ospina, Ingeniero de Minas y Petróleos, explica que el Sol no se cae porque hay una fuerza que lo sostiene. Pero, ¿quién la está haciendo? Pues la estamos haciendo todos, es decir, la tierra es una fuerza, los otros planetas son una fuerza y nosotros los seres vivos lo somos también, entonces lo sostenemos todos en conjunto.

Este fenómeno es una ley de Newton, conocida como la Ley de la Gravitación. Para que el Sol se caiga, debería acercarse a él un astro con una gravedad mucho más grande que la suya que logre atraerlo y lo haga caer. Para probar esta teoría, te dejamos al Sol y algunos palnetas, para que aprendas mientras te diviertes.

 

​​​Este es un curso para aprender jugando y todos los eafitenses estamos invitados a vivirlo

Octubre 16, 2024

¿Cómo hacer reuniones o construir proyectos a partir del juego? La creencia popular es que el juego es cosa de niños, pero son muchas las herramientas que nos puede brindar esta actividad, y el curso de Aprendizaje basado en juegos, liderado por el Centro EXA, es una oportunidad para averiguarlo.

EAFIT ha declarado que su modelo educativo es el aprendizaje experiencial y una de las posibilidades de este es el juego. Por eso, en esta nota no solo podremos conocer las experiencias de quienes ya hacen parte del curso, sino también la importancia de sintonizarnos con este propósito institucional.

Los interesados en conocer más sobre esta opción de formación pueden ingresar al siguiente enlace, donde encontrarán las fechas y horarios de los siguientes cursos. Las inscripciones son permanentes. 

 

El juego es una actividad que hace parte de la esencia humana. Desde que somos pequeños armamos bloques o construimos castillos de arena, simulamos situaciones y realidades de los adultos, y nos repartimos roles y responsabilidades. Así, al mismo tiempo que nos divertimos, también desarrollamos habilidades que nos servirán para toda la vida.

Pero ¿por qué abandonarlo cuando llegamos a cierta edad?, ¿podemos seguir jugando, incluso dentro de las dinámicas de la vida adultas? y, lo más importante: ¿cuáles son las bondades y beneficios que podemos encontrar al implementar algunas de las herramientas de los juegos en la cotidianidad? En EAFIT existe una posibilidad para averiguar las respuestas a estos y otros interrogantes.

Se trata del curso de Aprendizaje basado en juegos, dirigido tanto a profesores como a colaboradores de la Institución. Se trata de un programa que lidera el Centro EXA y que se ofrece bajo la modalidad de ciclo formativo, es decir, que está compuesto por el curso, un taller, una conversación y un producto entregable que le permitirá a los asistentes, una vez finalizado este proceso, obtener una insignia digital.

Laura Rodríguez Hurtado, profesora de la Escuela de Artes y Humanidades, es una de las participantes actuales de esta iniciativa, que considera muy valiosa pues le ayudará a desconfigurar sus clases de Cibercultura y Lenguaje Audiovisual. “El juego siempre permite un ambiente en el que los estudiantes se sienten más tranquilos, menos estructurados, y por eso siento que, después de este curso, mis clases serán más dinámicas y los estudiantes podrán estar más presentes, interactuando y creando conocimiento al mismo tiempo que se divierten”, expresa.

Y con esta opinión coincide Jorge Iván Bonilla Vélez, también de la Escuela de Artes y Humanidades, quien decidió iniciar este proceso formativo para combinar la dimensión tradicional de su quehacer como profesor, con elementos más lúdicos y expresivos.

“Yo doy las asignaturas de Medios y política, y de Audiencias y cultura de la participación, clases que pueden tener un componente teórico muy grande. Y siento que a través del juego podemos explorar otras dinámicas para que no todo sea tan lineal y se propicie más el trabajo colectivo”, señala el profesor.

Los interesados en conocer más sobre esta opción de formación pueden ingresar al siguiente enlace, donde encontrarán las fechas y horarios de los siguientes cursos. Las inscripciones son permanentes.

Pero no solo los profesores pueden aprender jugando, los colaboradores también 

Estamos en una Universidad que ha declarado que su modelo educativo está basado en el aprendizaje experiencial y, aunque creemos que estos procesos solo son importantes para las labores académicas, como administrativos también podemos sacarles el mayor provecho.

Así lo considera Maryory Yarce Vasco, líder de Formación de EXA quien recuerda que la invitación a este curso no solo es para profesores, sino también para colaboradores que quieran o sientan que pueden dinamizar sus labores con los elementos que van a ver en este y que incluye contenidos como herramientas de gamificación, cómo se aprende jugando, qué tipo de jugador soy, relaciones entre el juego y los estilos de aprendizaje, cómo diseñar juegos o cómo adaptar juegos conocidos.

Así mismo, las dependencias interesadas en la formación de grupos de trabajo en este tema también pueden solicitar la creación de talleres a la medida, a través del correo aprendemas@eafit.edu.co 

“En las reuniones, en las labores del día a día, en las tareas administrativas, en todos esos espacios siempre estamos aprendiendo; somos formadores; o acompañamos a otros a que aprendan. Y, desde esa postura, qué mejor opción que el juego para nutrir nuestros roles a partir de la lúdica y la pedagogía. Esto nos va a permitir crear reuniones o proyectos desde la visión del aprendizaje experiencial, y estar más en sintonía con nuestra Universidad”, concluye la líder de formación. 

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¿Cómo funciona el televisor?

Pregunta: Mateo Taborda, 11 años.

Responde: Daniel Velásquez, magíster en Física y especialista en Óptica Técnica.

Cuando se hace televisión, se utilizan cámaras que pueden capturar el movimiento y enviar las imágenes a lugares distantes, ¡como el televisor de tu casa! Pero ¿cómo se producen esas imágenes? El sistema es similar al que se utiliza en el cine: utilizan cámaras que registran fotografías muy rápido; tan velozmente que ​al reproducirlas en una pantalla una tras otra parece que estuvieran en movimiento.

Ahora ¿qué tan rápido debe ser? La velocidad mínima para que esto ocurra es de 24 imágenes o fotogramas por segundo. ​Las cámaras de TV son capaces de filmar muchas imágenes rápidamente (30 en 1 segundo) y grabarlas, pero también pueden estar filmando todas estas imágenes y estarlas mandando directamente a los televisores, de manera que en sitios muy alejados puedan estar viendo, con movimiento real, lo que la cámara está filmando.

Para enviar las imágenes capturadas por una cámara de video (señal de TV), se utiliza un principio físico que fue​ descubierto a finales del siglo XIX: las ondas electromagnéticas.

Lo importante es saber que la señal de televisión, desde que sale de la antena de la estación de TV, se empieza a propagar en todas las direcciones, como una onda, hasta que llega a la antena del televisor. Cuando esto ocurre, podremos ver las imágenes haciendo un proceso contrario al anterior, esto es: la onda EM al llegar a la antena, pondrá a oscilar cargas eléctricas dentro de ella. Esta cargas eléctricas, a través de los circuitos electrónicos del TV, se convierten en señales eléctricas que son enviadas a la pantalla del televisor, donde ahora hay que decodificarlas, para convertirlas nuevamente en luz que represente las imágenes correspondiente a los objetos que fueron registrados por la cámara.

De acuerdo a lo anterior, el televisor realiza principalmente dos funciones:

​​La primera es que funciona como receptor que permite captar las señales de TV que vienen en forma de ondas EM, para decodificarlas y permitir retomar las imágenes.
La segunda es la que se ocupa de convertir señales eléctricas en señales de luz, lo cual posibilita que podamos ver imágenes. Esto ocurre en la pantalla del televisor.

​​La pantallas más convencionales (televisores gordos), se construyen a partir de un tubo de rayos catódicos (la parte de atrás de la pantalla). En este tubo, lo que se hace es producir electrones (son partículas cargadas negativamente), que pueden viajar muy rápidamente a través de unas placas con campos magnéticos (parecidos a los que producen los imanes). Estas placas cambian la dirección de los electrones, unas en la dirección horizontal y otras en la vertical. De esta manera se puede controlar en qué lugar de la pantalla caen los electrones. La pantalla está cubierta de un material fosforescente (fósforo) que tiene la propiedad de emitir luz cuando un electrón choca en ella.

El dibujo de la imagen se hace punto a punto, dibujando líneas horizontales sucesivas. Esto tiene que hacerse a gran velocidad, de modo que el ojo no pueda ver el proceso de formación de la imagen punto a punto. Además, para que pueda percibirse el movimiento, en la pantalla tienen que producirse 30 imágenes completas por segundo.

Los televisores actuales, conocidos como televisores de plasma o televisores LCD o LED, que son mucho más delgados, trabajan bajo el mismo principio: en cada caso la pantalla está dividida en un número muy grande de pequeños elementos, llamados pixeles, conformando una especie de cuadricula muy fina, de modo que el ojo no es capaz de distinguirlos individualmente. Cada uno de estos pixeles puede producir o dejar pasar cierta cantidad de luz. Así, el conjunto de todos los pixeles conforma la imagen.

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