Katherin Gil: la graduada que reparte esperanza en el Chocó

Agosto 25, 2026

El 10 de agosto, Colombia se sacudió por un sismo de magnitud 7,4 que afectó a 15 departamentos del país. Entre los territorios más golpeados estuvo el Chocó. Allí, en medio de la emergencia, estaba Katherin Gil, abogada, artista, lideresa social y graduada de la maestría en Gobierno y Políticas Públicas de EAFIT.

Nacida en Quibdó, Katherin ha dedicado gran parte de su vida a trabajar por la niñez, la adolescencia y las juventudes de su territorio. Su interés por comprender las dinámicas del Estado y el impacto de las políticas públicas la llevó a continuar su formación académica, convencida de que estas herramientas le permiten contribuir a transformar las realidades de pobreza y exclusión que enfrentan muchas comunidades. 

Ese camino de liderazgo la conectó con la Corporación Manos Visibles, organización en la que fortaleció sus capacidades como lideresa y que también se convirtió en un puente para acceder a la beca que le permitió cursar sus estudios en EAFIT. Hoy, como gerente regional del Departamento Administrativo para la Prosperidad Social en el Chocó, trabaja para impulsar políticas orientadas a la superación de la pobreza, la inclusión social, el fortalecimiento de los territorios y la dignificación de las comunidades más vulnerables. 

Desde esa experiencia y conocimiento del territorio, Katherin fue convocada por Paula Moreno, presidenta de Manos Visibles e integrante del Consejo Superior de EAFIT, para coordinar la recepción y distribución de las ayudas humanitarias que la Universidad movilizó hacia el Chocó tras la emergencia. Para ella, la respuesta fue inmediata: poner su experiencia, liderazgo y compromiso al servicio de las comunidades afectadas. 

“Como mano visible y como graduada de EAFIT, estoy en total disposición de acompañar este ejercicio y garantizar que las donaciones lleguen de una forma ordenada y rigurosa a las comunidades que más lo necesitan”, afirma. 

Su labor fue fundamental para articular esfuerzos entre instituciones, organizaciones y liderazgos locales, con el propósito de asegurar que cada apoyo llegara a destino. En un departamento donde la geografía y las condiciones de acceso representan retos permanentes, la coordinación logística y el conocimiento profundo del territorio se convierten en factores decisivos para responder de manera efectiva a una emergencia. 

Para Katherin, esta movilización también representa una muestra del papel que pueden desempeñar las universidades en la transformación social del país. Ver llegar a Quibdó un camión cargado con 50 toneladas de ayuda fue mucho más que una operación logística. Fue la confirmación de que la solidaridad puede recorrer largas distancias y convertirse en esperanza para quienes atraviesan momentos difíciles. La alegría se multiplicó al saber que “mi universidad está aquí en el Chocó, haciendo presencia, conectándose con sus estudiantes, con sus líderes y sirviéndole a mi territorio. Ante este sismo, saber que hay manos extendidas abre la esperanza y envía un mensaje muy positivo: no estamos afrontando esta tragedia solos”, expresa. 

Su orgullo como graduada eafitense se fortalece al ver una institución que, según señala, reconoce las complejidades de las regiones y entiende que los grandes desafíos del país solo pueden enfrentarse mediante la articulación de múltiples voluntades. Para ella, acciones como esta materializan el propósito de inspirar, crear y transformar la sociedad. 

Más allá de la distribución de ayudas, Katherin destaca el valor de la solidaridad como una fuerza capaz de unir a las personas por encima de las diferencias y las dificultades. En medio de la emergencia, ve una oportunidad para recordar que el país también se construye desde la empatía, el trabajo colectivo y el compromiso mutuo. 

Por eso, su mensaje final es una invitación a no perder la esperanza: a seguir creyendo en la paz, promoviendo la inclusión social, la equidad y la reconciliación. Porque, como ella misma lo expresa, “Colombia es también el país de la resiliencia, de la juntanza, de la solidaridad y de la fe puesta en su gente”. Una solidaridad que hoy acompaña al Chocó y que, espera, seguirá presente hasta que el departamento logre recuperarse de esta emergencia.

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"No pretendas que una conversación difícil no lo sea”: Juana Francisca Llano, presidente de Suramericana

Julio 7, 2026

En conversación con nuestra rectora Claudia Restrepo e integrantes de nuestra comunidad, Juana Francisca también nos compartió las que, para ella, son algunas de las fortalezas que debe tener un líder: prepararse para las conversaciones difíciles, aprender a preguntar y conversar poniéndose en el lugar del otro. 

Escucha el tercer capítulo de Lecciones de Liderazgo, un ciclo de conversaciones en las que los líderes empresariales de nuestra región nos comparten sus aprendizajes sobre liderazgo.
 

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Sí se puede ser creativo, la creatividad se entrena

Septiembre 23, 2026

Hay quienes creen que para ser creativos se necesitan grandes ideas, presupuestos o condiciones extraordinarias. Luisa María Alzate, graduada de Ingeniería de Diseño de Producto, ha construido su trayectoria demostrando lo contrario: la creatividad también está en la capacidad de observar, hacerse preguntas y encontrar nuevas posibilidades con los recursos disponibles. Desde su experiencia en innovación y desarrollo de empaques, y su trayectoria nos comparte algunas de las herramientas que utiliza para activar la creatividad en el día a día y descubrir que, muchas veces, crear más empieza por aprender a mirar diferente.

 

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Sí se puede ser creativo, la creatividad se entrena

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¿Qué tienen que ver los resultados de las pruebas PISA con las familias, el trabajo y el futuro?

Septiembre 22, 2026

Las pruebas PISA no son solo un diagnóstico del desempeño escolar. Sus resultados permiten identificar cómo están las competencias en lectura, matemáticas y ciencias que sostienen aprendizajes posteriores, la capacidad para resolver problemas y el desarrollo de habilidades necesarias en la vida académica y laboral.

En Colombia, los resultados recientes muestran retos que requieren atención más allá del aula con un compromiso colectivo y sostenido. Familias, colegios, universidades, sector público y empresas tienen responsabilidades diferentes frente al fortalecimiento de estas competencias.
 

Leer una noticia, entender las instrucciones de una tarea, interpretar una cifra o decidir si una información es confiable parecen acciones cotidianas. Detrás de cada una hay capacidades que comienzan a desarrollarse desde los primeros años de vida y que siguen siendo necesarias mucho después de terminar el colegio. Por eso, cuando las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, por sus siglas en inglés, creado y organizado por la OCDE) muestran dificultades en competencias como la comprensión lectora y las matemáticas, la pregunta no debería ser únicamente cómo mejorar los resultados en la próxima medición, sino qué puede hacer cada actor para fortalecer los aprendizajes que estos resultados ponen sobre la mesa.

Para Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT, los resultados deben llevar a un análisis más profundo. “La exposición a pantallas ha acelerado la dificultad de concentración de las personas y eso genera una disminución en la competencia lectoescritora. Claramente los hábitos desarrollados en la casa son importantes, pero llevamos años perdiendo competencias. Tenemos que cambiar modelos en la básica y en la universidad también, porque nos toca igualar”, afirma la directiva.

En esto coincide César Tamayo Tobón, decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT, quien señala que los resultados también plantean desafíos para las instituciones de educación superior que reciben estudiantes con trayectorias formativas diversas. “PISA captura el aprendizaje y es un predictor del desempeño futuro en habilidades técnicas, en la universidad y también en términos de productividad. Las universidades no podemos cambiar lo que pasó cuando los estudiantes tenían 15 años, pero sí podemos hacer un esfuerzo adicional para cerrar esas brechas cuando llegan a la educación superior”, explica.

Sin embargo, atender estas dificultades requiere mirar también las etapas previas de la formación. Para Lorena María Quiroz Betancur, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, los resultados de PISA evidencian la necesidad de fortalecer la articulación entre instituciones educativas, docentes y familias, especialmente en un contexto marcado por el uso creciente de las tecnologías.

“Ante este escenario, el llamado va más allá de concentrar esfuerzos para alcanzar altos puntajes. El verdadero desafío está en encontrar puntos de convergencia que permitan articular el uso de tecnologías emergentes, el acompañamiento familiar y el reconocimiento y la atención de las diversidades, con el propósito de fomentar ambientes educativos experienciales, inclusivos y transformadores”, plantea la profesora.

 

Leer para aprender

Si bien los resultados de PISA abarcan competencias como lectura, matemáticas y ciencias, la comprensión lectora ocupa un lugar transversal: permite interpretar instrucciones, acceder a información, comprender otros contenidos y tomar decisiones a partir de lo que se lee. Fortalecerla, por tanto, no es solo mejorar una habilidad específica, sino crear condiciones para seguir aprendiendo a lo largo de la vida.

Sandra Zuluaga, directora de la Fundación Ratón de Biblioteca, explica que aprender a leer es un proceso que comienza en la escuela, pero que requiere condiciones previas y acompañamiento constante. “Antes de aprender formalmente a leer y escribir, los niños necesitan conversar, escuchar historias, cantar, jugar con las palabras y tener contacto con los libros. Y cuando llegan a la escuela, especialmente en primero, aprender a leer se convierte en una puerta de entrada para otros aprendizajes. Si ese proceso se retrasa, también puede afectar la relación del niño con la escuela y su interés por aprender”.

Esta mirada también pone a las familias y a los cuidadores en un lugar importante. No se trata de trasladarles la responsabilidad por los resultados, sino de reconocer que muchos de los hábitos que favorecen el aprendizaje se construyen en la vida cotidiana. Leer juntos, conversar sobre lo que se lee, preguntar por qué ocurre algo, escuchar a niños y jóvenes o acercarlos a distintos tipos de textos son acciones que pueden complementar el trabajo de las instituciones educativas.

Para Santiago Silva Jaramillo, ex secretario de Cultura Ciudadana de Medellín y profesor de la escuela de Artes y Humanidades de EAFIT, esa tarea convoca a buena parte de la sociedad. “La promoción de la lectura como hábito nos involucra a todos los ciudadanos. Involucra a instituciones que van desde los gobiernos locales y nacionales, que establecen políticas de promoción de lectura, a las universidades, que reciben y que pueden adoptar y seguir promoviendo hábitos lectores, a los papás y a los cuidadores, que también los pueden promover en sus hogares, y evidentemente a las instituciones educativas”, afirma.

De igual forma, la conversación también toca las puertas del sector productivo. Las empresas reciben a personas que han recorrido distintas etapas del sistema educativo y requieren habilidades esenciales. Como señala la rectora Claudia Restrepo, su papel no consiste en sustituir las funciones de colegios o universidades, sino en reconocer que la formación del talento es un proceso de largo plazo y que pueden contribuir mediante alianzas, experiencias de formación y oportunidades para que los jóvenes desarrollen esas capacidades.

Así, PISA puede entenderse menos como una fotografía que aparece cada cierto tiempo y más como una señal para revisar lo que ocurre de manera cotidiana en el sistema educativo y en la sociedad. Colegios, universidades, familias, bibliotecas, empresas, gobiernos y ciudadanos tienen roles distintos en el desarrollo de las competencias que permiten aprender a lo largo de la vida. La discusión, entonces, no termina cuando se conocen los resultados de una prueba: empieza cuando cada actor reconoce qué puede hacer a partir de lo que estos resultados están mostrando y convierte esa señal en decisiones y acciones sostenidas.

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¿Qué tienen que ver los resultados de las pruebas PISA con las familias, el trabajo y el futuro?

Nota de Graduados - 2026
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Los resultados de PISA plantean desafíos que trascienden las aulas y requieren la participación de diferentes actores de la sociedad.
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Leer con profundidad, un acto de resistencia

Septiembre 22, 2026

Por: Verónica Uribe Hanabergh
Decana de La Escuela de Artes y Humanidades
 

Los más recientes resultados de las pruebas PISA me llevaron a pensar en algo que va mucho más allá de las aulas: la manera en que se nos está dispersando la atención. Las pantallas, los múltiples estímulos y el flujo constante de información parecen estar afectando una capacidad fundamental para la vida cotidiana y profesional: la de leer con profundidad y comprender realmente lo que leemos.

La comprensión lectora no es un asunto menor. De hecho, se vuelve especialmente relevante en la vida adulta, cuando debemos tomar decisiones que afectan a otras personas. Esto aplica tanto para quienes ejercen liderazgo en organizaciones como para quienes desempeñan profesiones de enorme responsabilidad.

Lo pienso como decana, pero también como una adulta que cada día siente más difícil resistirse a la dispersión. Entre notificaciones, mensajes, correos y distintos canales de comunicación, sostener la atención se ha convertido en un desafío permanente. Y ahí está, precisamente, una de las claves para liderar bien.

Liderar exige poder leer con detenimiento, comprender un argumento y sostener una idea antes de actuar sobre ella o tomar una decisión. Exige preguntarse qué dice realmente un informe, qué revela un diagnóstico, qué plantea un libro o qué advierte un reporte. Supone detenerse a interpretar, analizar y contrastar antes de responder.

Hoy, sin embargo, ese ejercicio parece requerir una voluntad cada vez más consciente. Cerrar una puerta, apagar el celular durante un rato, leer algunas páginas sin interrupciones, volver sobre un párrafo, quedarse pensando en una idea y darle tiempo para madurar. Todo eso se ha convertido, de alguna manera, en un acto de resistencia.

Las consecuencias de no hacerlo son profundas. Si un empresario, un dirigente, un funcionario público o cualquier persona que tenga responsabilidades sobre otros no comprende adecuadamente lo que lee, difícilmente podrá tomar decisiones acertadas. Un contrato mal interpretado, un informe leído de manera superficial o un diagnóstico comprendido a medias pueden derivar en decisiones cuyos efectos terminan recayendo sobre terceros.

Por eso pienso que la comprensión lectora es mucho más que una habilidad académica. Es una responsabilidad ética. Lo es para quienes lideran, pero también para cualquier ciudadano que aspire a construir criterio propio. Comprender de verdad lo que leemos es la base para juzgar, decidir y actuar de manera responsable.

En tiempos de atención fragmentada, recuperar la lectura profunda es un reto enorme. Pero también es una necesidad. Porque entender lo que tenemos delante, detenernos en ello y permitir que una idea se forme antes de emitir un juicio sigue siendo una de las capacidades más valiosas que podemos cultivar como sociedad.

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Leer con profundidad, un acto de resistencia

Columna - Verónica Uribe Hanabergh
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Volver al origen para seguir creando

Septiembre 7, 2026

Hay historias que parecen cerrar un círculo cuando regresamos al lugar donde todo comenzó. Para Juan Pablo Ochoa, graduado de Comunicación Social, ese lugar es Cantoalegre. Ahí llegó con ocho meses de vida a conectar con la música y esa conexión sigue hoy como líder de producción. En el camino estuvo EAFIT, una Universidad que le dio herramientas y lo impulsó a creer en sueños que parecían imposibles. Con proyectos que desarrolló durante su carrera, algunos en la U, obtuvo una beca por mérito para estudiar en Berklee y siguió construyendo una trayectoria en la que la música, la creatividad y la producción de experiencias se encuentran. Hoy desde Cantoalegre, con nuevos aprendizajes y con la sensación de estar completando un círculo, nos habla sobre la conexión con el propósito, la unión por la misma pasión y de por qué, para él, EAFIT es casa: un lugar al que siempre puede volver.

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El futuro se construye con acciones decididas

Agosto 7, 2026

Claudia Restrepo Montoya, graduada del programa de Administración de Negocios
Rectora Universidad EAFIT

En Colombia, 8 de cada 10 jóvenes anhelan ir a la universidad. Solo 4 lo logran. Y entre quienes ingresan, 6 de cada 10 no terminan sus estudios por falta de recursos económicos. Detrás de estas cifras no hay solo una falla del sistema, también hay talento desperdiciado. Capital humano que el país necesita y que no se puede dar el lujo de seguir perdiendo.

Es necesario preguntarse qué hace posible el acceso a la educación superior. No solo quiénes logran ingresar a la universidad, sino qué condiciones permiten que ese acceso se convierta en una realidad ampliada para miles de jóvenes talentosos. El acceso se mide en cifras de cobertura, matrícula, cupos, pero detrás de ellas hay una pregunta más profunda: ¿qué se necesita, realmente, para que un joven pueda estudiar, permanecer en la educación superior y transformar la sociedad?

La educación superior importa no solo porque es un derecho o un ideal de equidad, sino porque es la herramienta más eficaz que existe para convertir el potencial de las personas en capacidad real para trabajar, crear, liderar y transformar el entorno. Cada año adicional de escolaridad en la educación superior genera en Colombia un retorno estimado del 20%, es decir, una mejora concreta en los ingresos de las personas. Ese retorno se traduce en empresas más productivas, en profesionales que conocen mejor las organizaciones y tienen capacidad para impulsar su transformación, en familias que cambian su historia de generación en generación. La educación no solo es una buena intención: funciona.

Esta realidad le impone al país una urgencia concreta, en clave de oportunidad: los estudios poblacionales nos dicen que entre 2025 y 2035, la población de jóvenes entre 17 y 21 años comenzará a reducirse, con cerca de 88.000 personas menos en esa década. Entre 2035 y 2045, la caída será de 500.000. Colombia está ante una ventana que se cierra. Cada joven que hoy no accede a la educación superior de calidad es talento que el país no recuperará. El costo de la inacción es irreversible.

La Universidad EAFIT entiende este desafío como propio. Por eso, esta segunda edición de Acciones decididas por la educación documenta lo que ha sido posible construir en 2025 de la mano de personas, empresas, fundaciones y organizaciones que decidieron actuar con nosotros bajo esta convicción y que entendieron que invertir en la formación del talento joven no es filantropía en el sentido tradicional del término, sino una decisión estratégica por el país que queremos.

Gracias a la confianza de 78 organizaciones y más de 1.200 donantes individuales, cerca de 3.100 jóvenes están desarrollando su talento desde esta Universidad. En 2026-1, 440 nuevos estudiantes comenzaron su carrera impulsados por alianzas formadas el año anterior. Uno de cada tres nuevos estudiantes de pregrado ingresó con algún tipo de beca, y el 28% de toda la población estudiantil de pregrado cuenta hoy con ese apoyo.

Los resultados son contundentes: la primera cohorte de Ingeniería Agronómica se graduó con el 100% de empleabilidad y regresó a los territorios rurales con herramientas para transformarlos, que es justamente lo que el campo colombiano necesita. El 83% de los graduados de pregrado de EAFIT están empleados y el 92,6% de quienes cursaron posgrado también. Estas cifras no son un fin en sí mismas, sino la evidencia de que la formación que aquí se ofrece tiene valor real.

Además de los resultados en acceso, el compromiso de EAFIT con la excelencia y el talento también exigió decisiones institucionales de fondo en 2025: la Universidad reformó sus criterios de admisión para que el ingreso responda al mérito y al potencial, lo que implicó además fortalecer el Programa E como ruta de preparación para quienes necesitan consolidar competencias antes de iniciar su carrera, de manera que lleguen a la vida universitaria con mayor solidez y claridad. Así mismo, EAFIT amplió los mecanismos de permanencia y acompañamiento académico a los estudiantes a lo largo de toda su trayectoria.

El camino de la excelencia también lo confirman la mejora sostenida y significativa en el desempeño en las últimas pruebas Saber Pro, así como el resultado del ranking QS 2025, indicador mundial de reputación académica universitaria. En este último, EAFIT figura entre las cinco mejores universidades privadas del país y primera en la región, además de ocupar el cuarto lugar en Colombia en empleabilidad de sus graduados. Porque la meta no es solo que más jóvenes entren a la Universidad, sino que salgan de ella siendo mejores profesionales, mejor conectados con el entorno, con criterio, con capacidades y con la confianza de quienes saben que su formación les sirve para algo.

Nada de esto ocurre solo con voluntad institucional. Colombia tiene un rezago significativo en filantropía e inversión de impacto para la educación. Mientras en Estados Unidos las donaciones superan el 2% del PIB, en América Latina rara vez alcanzamos el 0,5%. Cerrar esa brecha requiere un cambio de perspectiva para comprender que financiar la educación superior no es un acto de generosidad, sino la inversión con mayor retorno social y económico que existe. Por eso, EAFIT da un paso más allá al lanzar el primer fondo de inversión de impacto para el acceso a la educación superior en Colombia, una herramienta de innovación financiera que convierte ese cambio de perspectiva en un mecanismo concreto y replicable.

Las organizaciones que hoy acompañan a un joven talentoso en su formación no están donando, están construyendo el capital humano que sus propias industrias, sus territorios y su país necesitan para prosperar. Esto lo entendieron 1.649 estudiantes becados de EAFIT cuando firmaron el compromiso de aportar al Fondo de Becas, en cuanto sus ingresos se lo permitan. Un aliado confía en la Universidad, la Universidad confía en el estudiante, y el estudiante confía en la siguiente generación. Ese principio de confianza es el que sostiene esta iniciativa y permite que siga creciendo.

Esta publicación es una invitación a sumarse: a quienes ya hacen parte de esta comunidad, a profundizar el compromiso. A quienes aún no se han vinculado, a considerar que este es el momento. Colombia tiene talento en abundancia y juntos podemos crear las condiciones para que ese talento se desarrolle y se despliegue. Esto sucede cuando hay decisión y visión de largo plazo. Es la tarea más útil que podemos emprender.

El futuro del país está en su gente. Y se construye con acciones decididas.
 

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Claudia Restrepo: La acreditación por 10 años reconoce la calidad, madurez y capacidad de transformación permanente de EAFIT

Julio 22, 2026

La renovación de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por 10 años reafirma a EAFIT como una universidad con procesos sólidos de aseguramiento de la calidad, capacidad de adaptación y transformación, e impacto significativo en la formación, la investigación y la sociedad.

En esta entrevista, la rectora Claudia Restrepo Montoya explica el significado de este reconocimiento para la Institución, su aporte al cumplimiento del Itinerario 2035 y los desafíos que plantea para seguir construyendo una universidad innovadora, pertinente y comprometida con el futuro.
 

La renovación de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por 10 años, la máxima vigencia que otorga el Ministerio de Educación Nacional en Colombia, ratifica a EAFIT como una institución con un proyecto educativo sólido, una cultura de mejoramiento continuo y la capacidad de responder a los desafíos de una sociedad en constante transformación. Con esta decisión, respaldada por el concepto favorable del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), la Universidad se convierte en la novena institución de educación superior del país y la primera privada de Antioquia en alcanzar esta distinción por una década.  

La decisión del CNA fue el resultado de un proceso de evaluación integral de la Universidad. En él se destacaron fortalezas como la transformación del modelo educativo, la cultura de aseguramiento de la calidad, el aprendizaje experiencial, la investigación, la innovación, la transferencia de conocimiento y la estrecha conexión con el sector público, el sector productivo, los emprendimientos y la sociedad. En esta entrevista, Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT, explica qué representa este logro para la Universidad y para el sector educativo de la región, cómo se alcanzó y cuáles son los retos que plantea para el futuro.  
 

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Con esta acreditación, EAFIT se convierte en la cuarta universidad privada de Colombia en obtener la máxima vigencia otorgada por el Ministerio de Educación Nacional.

    Cuando se trata de educación, cualquier persona busca una institución que le genere garantías, y eso es lo que yo llamo calidad. La calidad tiene que ver con la esencia de una institución. Lo que la gente espera de la educación es que tenga unos estándares que le permitan mejorar sus capacidades para la vida y para el trabajo. Siempre, de una u otra manera, las personas están midiendo la calidad. De hecho, cada vez que alguien toma una decisión sobre educación valora cuál es la mejor institución, cuál ofrece mayores garantías de empleabilidad, cómo les va a sus graduados y qué tan exitosos son después de terminar sus estudios. Al final, eso es lo que la gente entiende por calidad: todos aquellos indicadores que le permiten medir si el lugar donde va a estudiar es suficientemente riguroso y cumple altos estándares. 

    Una acreditación de calidad institucional está midiendo a la institución completa, no solamente un aspecto específico. Muchos de los indicadores que utilizamos son mediciones de resultados. Por ejemplo, los estándares internacionales evalúan el impacto y los resultados, lo cual es necesario e importante. Pero la acreditación institucional no solo valora esos resultados, evalúa distintos capítulos: los que tienen que ver con los estudiantes, los profesores, los graduados, el impacto general, los procesos académicos, el bienestar y la sostenibilidad financiera. No se trata únicamente de evaluar el desempeño en una variable específica. Es una valoración integral, una mirada de 360 grados que permite verificar si la institución responde de manera consistente a los diferentes aspectos que la sociedad espera de una universidad de alta calidad: cómo diseña y actualiza sus programas, cómo desarrolla su modelo educativo, cómo genera y transfiere conocimiento a través de la investigación y la innovación, y cómo contribuye al desarrollo de las personas y de la sociedad.

    El proceso de evaluación del CNA es valioso porque la acreditación institucional es, ante todo, un proceso entre pares. Es decir, son profesores, investigadores y académicos del mismo ecosistema de educación superior. Eso, lejos de hacerlo más fácil, lo hace más exigente. Son personas expertas en procesos universitarios, calificadas para valorar y evaluar el funcionamiento de una universidad. A la visita de los pares se llega después de un proceso de autoevaluación que realiza la Universidad. Es decir, el proceso de acreditación tiene tres momentos: primero, una autoevaluación; después, la visita de los pares, quienes verifican que ese análisis corresponda con la realidad institucional y, finalmente, el CNA valora sus recomendaciones y define si otorga o no la acreditación y la vigencia. 

    Existen tres posibles vigencias: seis, ocho y 10 años. Esa duración está asociada, principalmente, al nivel de madurez de los procesos de calidad de cada institución. Nosotros tenemos una tradición importante en acreditación. La primera acreditación fue por seis años, cuando iniciamos este camino. De hecho, EAFIT fue una de las primeras universidades del país en decidir someterse a un proceso de acreditación institucional. Después obtuvimos la acreditación por ocho años, lo que demostraba que la Universidad venía consolidando su propuesta y fortaleciendo sus procesos de calidad. Recibir ahora una acreditación por 10 años es el reconocimiento a esa historia y a la madurez institucional en todas las dinámicas.

    También demuestra que esta Universidad se ha comprometido con generar impacto en la sociedad. Uno de los aspectos que más destacaron los pares no fue únicamente nuestro proceso de formación o nuestras capacidades en ciencia, tecnología e innovación, sino, especialmente, nuestra conexión con el entorno, con las organizaciones, el desempeño de nuestros graduados y el reconocimiento que la sociedad hace del impacto de la Universidad.

    Hubo unos resultados que confirmaron lo que hemos venido haciendo. Uno de ellos está muy centrado en nuestro ADN: que nos reconozcan como una universidad altamente conectada con el entorno y con las organizaciones. Ese fue uno de los aspectos que más destacó el reporte del CNA y, para nosotros, fue confirmar lo que sentimos que hace parte de nuestra identidad. También hubo un reconocimiento a la madurez de nuestros procesos de ciencia, tecnología e innovación y de formación. Es decir, a las funciones sustantivas de la Universidad y a la manera como se vienen desarrollando.

    Ahora, hubo dos aspectos que me alegró mucho que fueran reconocidos. El primero fue nuestro modelo de medición de impacto. Nosotros hemos venido trabajando para pasar de medir solamente resultados a medir el impacto. Ya no se trata únicamente de cuántos estudiantes se gradúan, sino de cómo cambia la vida de esos estudiantes, cómo aporta la Universidad a la región, cómo contribuye al PIB o a la generación de valor. En las acreditaciones anteriores se medían más los resultados; en esta ocasión el énfasis estuvo mucho más en el impacto.

    El otro hallazgo que para mí fue significativo fue el reconocimiento al liderazgo colectivo dentro de la Universidad. Fue un gran logro que los consejeros sintieran que aquí existe un modelo de liderazgo compartido, donde todos están aportando al logro de la organización. Hicieron un reconocimiento muy importante a esa manera de liderar. También mencionaron de manera muy especial la capacidad de innovación de la Universidad. Reconocieron no solo la innovación en lo que hacemos, sino también en la forma como hacemos las cosas.

    Creo que esa pregunta es muy importante porque una acreditación institucional por 10 años es, ante todo, un voto de confianza en la manera como la Universidad se gestiona y lidera sus transformaciones. No se está acreditando una forma específica de hacer las cosas ni programas académicos. Lo que se acredita es el "cómo": la capacidad de la Universidad para transformarse cuando cambian las condiciones y responder a nuevos retos.

    Hoy no es lo mismo gestionar una universidad que hace 10 o 20 años. Los desafíos son distintos y la acreditación reconoce precisamente esa capacidad de adaptación. Es una confianza en que el sistema de trabajo de EAFIT puede garantizar el cumplimiento de sus objetivos, incluso cuando estos evolucionen por las necesidades del mercado, la transformación laboral, la digitalización o las nuevas dinámicas sociales.

    Otro aspecto fundamental es la cultura de evaluación permanente. En EAFIT contamos con acreditaciones internacionales y cada dos o tres años participamos en procesos de evaluación, ya sea con AACSB, AMBA u otros sistemas. La autoevaluación, la medición y la revisión continua hacen parte de nuestra cultura institucional.

    Por eso, una de las razones por las que se otorgó esta vigencia es que los pares encontraron una universidad con procesos sólidos de seguimiento, indicadores, evaluación y mejoramiento continuo, respaldados también por una trayectoria rigurosa en sus informes de gestión bajo el modelo GRI (Global Reporting Initiative).

    Así que una acreditación por 10 años no significa que durante una década no vaya a pasar nada. Significa, justamente, que la sociedad puede confiar en una institución que se evalúa, aprende, se transforma y se fortalece de manera permanente.

    Para nosotros, el proceso de acreditación fue muy enriquecedor para pensar el futuro de la Universidad, porque coincidió con la construcción del Plan de Desarrollo Institucional, el Itinerario 2035. Muchos de los insumos que alimentaron ese ejercicio surgieron de la autoevaluación presentada a los pares y, durante la visita, mostramos cómo varias de las transformaciones propuestas ya estaban reflejadas en esa visión de futuro.

    En gran medida, lo que estamos proyectando hacia adelante proviene de los aprendizajes de esa autoevaluación, que posteriormente fueron ratificados durante la visita. De ahí surgieron elementos como la comprensión del lifelong learning, el impulso a una mentalidad digital y una mayor conciencia sobre la evolución del modelo y del sistema de la Universidad.

    Eso también implica un reto: comunicarle mejor a la sociedad esa transformación y todo lo que hoy hace EAFIT. Para nosotros, la autoevaluación no es un ejercicio aislado, sino parte del trabajo cotidiano. Más que un requisito, es una forma de leer el entorno y actuar en consecuencia. Por eso, incorporar las recomendaciones del CNA no ha significado un cambio de rumbo, sino la continuidad de un proceso que la propia Universidad ya venía construyendo y que fue validado durante la visita de pares.

    Una de las cosas que más me alegró encontrar en el informe fue que la acreditación respaldara algo que hace parte del ADN de la Universidad: nuestra conexión con las organizaciones. Creo que uno de los aspectos que más llamó la atención de los pares fue ver que esa relación es natural y cotidiana. No se limita a las prácticas estudiantiles o a la educación continua. EAFIT es un ecosistema al que llegan empresas y emprendimientos, con una sólida capacidad de transferir ciencia, tecnología e innovación a organizaciones empresariales, públicas y sociales. Un ejemplo es On.going y la presencia de más de 16 emprendimientos de alto impacto dentro de la Universidad.

    EAFIT nació para formar el talento que impulsaría el desarrollo del territorio y, desde sus orígenes, ha trabajado de la mano de las organizaciones. Hoy ese ecosistema es más diverso, con mayor cercanía al sector público, social y al emprendimiento, pero mantiene el mismo propósito: aportar a la solución de los grandes desafíos de la sociedad.

    Ese impacto se refleja en el talento que formamos, los proyectos que desarrollamos con las organizaciones, la transferencia de conocimiento y la retroalimentación que recibimos para actualizar nuestros programas. Trabajamos de manera permanente con organizaciones como la ANDI, Proantioquia y otros gremios para entender las necesidades del entorno. Eso fue evidente para los pares. Encontraron altos niveles de empleabilidad de nuestros graduados, el reconocimiento de los empleadores, la confianza de las empresas para instalarse dentro de la Universidad y un modelo de prácticas que hoy va mucho más allá de una experiencia semestral.

    Para una región es muy importante el nivel de madurez de su ecosistema de educación superior, porque ese ecosistema es el que forma el talento que necesita el territorio. Si pensamos en Medellín como distrito de ciencia, tecnología e innovación, esa propuesta sobre la mesa es un impulsor de talento. En ese contexto, las universidades son un ecosistema relevante. En nuestra región, por ejemplo, las universidades que hacen parte del G8 cuentan con procesos de acreditación institucional de alta calidad. Eso significa que todas están comprometidas, de manera sistemática, con el camino de la calidad. Que hoy la región tenga dos universidades con la máxima vigencia de acreditación, la Universidad de Antioquia y EAFIT, es muy relevante porque eso fortalece la ciencia, la tecnología y la innovación, eleva los niveles de calidad y genera un reto permanente.

    Ahora que estamos hablando de los distritos especiales dentro de CTI, por ejemplo, la Universidad de Antioquia está en la zona norte, donde está Ruta N, que es uno de los distritos especiales con FutuMed, y nosotros en la zona sur estamos tratando de fortalecer un distrito especial desde esa misma perspectiva en talento, porque las universidades terminan liderando la generación de conocimiento, los emprendimientos de alto valor y la proyección de los emprendedores.

    Creo que los sistemas de calidad maduran con el tiempo y, a medida que esa madurez se consolida, también favorecen el intercambio de conocimiento. En EAFIT somos abiertos a compartir nuestras experiencias, pero también a recibir pares, acompañar a otras instituciones, trabajar en alianza y construir en red.

    El trabajo con el G8 y con 4U refleja esa forma de colaboración. Sin embargo, más que hablar de transferencia, prefiero hablar de intercambio. Tenemos experiencias para compartir, pero siempre mantenemos una mentalidad de aprendiz. Nunca llegamos con la idea de enseñar, sino de aprender también de otras personas e instituciones.

    Diría que una de las mayores fortalezas de esta Universidad es precisamente esa: conservar una mentalidad de aprendiz, cuestionarnos permanentemente y buscar siempre cómo hacer mejor las cosas.

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    ¡Un hito de calidad! EAFIT recibió la máxima vigencia de la Acreditación Institucional de Alta Calidad

    Julio 23, 2026

    La Universidad recibió este aval del Ministerio de Educación Nacional por 10 años, la máxima vigencia otorgada en Colombia. Con este reconocimiento, se convierte en una de las nueve instituciones de educación superior del país con este período de acreditación y en la primera universidad privada de Antioquia en alcanzarlo.

    El Consejo Nacional de Acreditación destacó fortalezas como la transformación del modelo educativo, la investigación, la innovación, la sostenibilidad institucional, la internacionalización y el aprendizaje experiencial. La renovación, oficializada mediante la Resolución 016360 del 23 de junio de 2026, es el resultado de un proceso de autoevaluación iniciado en 2021.

    La excelencia es un camino que se construye con visión y rigor. Ese recorrido fue reconocido por el Ministerio de Educación Nacional al renovar la Acreditación Institucional de Alta Calidad de EAFIT por 10 años, la máxima vigencia que se otorga en Colombia. Con esta decisión, la Universidad se convierte en una de las nueve instituciones de educación superior del país que cuentan con este nivel de acreditación y en la primera universidad privada de Antioquia en alcanzar esta distinción.

    "Después de una gran tradición en acreditación institucional, hemos recibido la máxima vigencia: 10 años. Solo nueve universidades en Colombia cuentan con este reconocimiento, que representa sistemas de calidad maduros, posibilidades de excelencia y generación de valor para la sociedad y para la educación colombiana. Este es un logro colectivo que honra nuestra historia, pero también un compromiso con la excelencia y con la conexión con el entorno", afirma Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT.

    La renovación, oficializada mediante la Resolución 016360 del 23 de junio de 2026, es el resultado de un proceso de autoevaluación iniciado en 2021, que incluyó la elaboración de un informe institucional, la visita de pares académicos designados por el Consejo Nacional de Acreditación (CNA) y la valoración de las fortalezas y las oportunidades de mejora de la Universidad. Más que un reconocimiento, la acreditación ratifica la confianza del sistema de aseguramiento de la calidad en un proyecto educativo sólido y con capacidad para responder a los desafíos del presente y del futuro.

    En su concepto, el CNA destacó fortalezas como la transformación del modelo educativo, la pertinencia y la flexibilidad de la oferta académica, el aprendizaje experiencial, la investigación, la innovación, la transferencia de conocimiento, la sostenibilidad institucional y las estrategias de bienestar e internacionalización. También valoró la capacidad de EAFIT para generar soluciones de impacto y fortalecer sus vínculos con el sector público, el sector productivo y la sociedad.

    Para Paola Podestá Correa, vicerrectora de Aprendizaje de EAFIT, este logro es un mensaje de confianza para la comunidad educativa. "Cuando una universidad es acreditada, le está diciendo a la sociedad que es una institución de alta calidad. Esa calidad se refleja en su gobierno, en sus procesos misionales, en su conexión con el entorno, en el aprendizaje, la ciencia, la tecnología y la innovación, en su sostenibilidad financiera y en la manera como la tecnología está al servicio de la educación, entre muchos otros aspectos", señala.

    La directiva agrega que este reconocimiento es el resultado de una trayectoria construida durante más de dos décadas de autoevaluación y mejoramiento continuo. En ese tiempo, EAFIT ha obtenido cuatro acreditaciones institucionales: la primera por seis años, las dos siguientes por ocho y la actual renovación por 10 años, la máxima vigencia otorgada.

    La excelencia como punto de partida

    Nicolás Carmona Ochoa, jefe de Calidad Académica de EAFIT, explica que este reconocimiento trasciende los resultados de un programa o proyecto específico. "Recibir la acreditación por 10 años expresa la confianza pública en la solidez de EAFIT y en su capacidad para sostener su calidad y proyectarla hacia el futuro. No significa que seamos una institución perfecta ni que podamos detenernos durante una década; significa que contamos con capacidades maduras para reconocer nuestros retos, aprender y seguir transformándonos", expresa.

    Uno de los aspectos que tuvo un papel determinante durante la evaluación fue el fortalecimiento del ecosistema de ciencia, tecnología e innovación y la manera como la Universidad demuestra el impacto de su conocimiento en la sociedad. Ricardo Mejía Gutiérrez, director del centro Energy Valley de EAFIT y quien lideró la mesa de trabajo del componente de investigación en el proceso de acreditación, señala que la apuesta fue mostrar no solo los resultados académicos, sino las transformaciones que estos generan.

    "Nos fuimos al outcome, es decir, a preguntarnos qué logramos con la investigación y cuál es el impacto en la vida de las personas. Citamos proyectos en los que transformamos esas vidas, como SIATA, el Metro y otras iniciativas que muestran cómo la ciencia, la tecnología y la innovación se convierten en un vehículo para cambiar realidades", afirma el directivo.

    La renovación de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por 10 años es, al mismo tiempo, un reconocimiento a los más de 65 años de historia de EAFIT y una invitación a seguir construyendo un proyecto educativo que aprende, innova y evoluciona de manera permanente. Este logro colectivo reafirma el compromiso de estudiantes, profesores, colaboradores, graduados y aliados con una universidad que entiende la excelencia no como un punto de llegada, sino como un camino para seguir generando conocimiento relevante y conexiones transformadoras.

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    La acreditación es el resultado de un proceso de autoevaluación y mejoramiento continuo, construido con el aporte de estudiantes, profesores, colaboradores, graduados y aliados. La imagen corresponde a la celebración de este hito por parte de la comunidad eafitense.
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    Más que actas en papel, son la evidencia de 29 años de compromiso con la calidad y la excelencia

    Julio 21, 2026

    “EAFIT reúne las condiciones para merecer la confianza de la sociedad colombiana”, dice la Resolución 2086 del 5 de septiembre de 2003 con la que la Universidad recibió su primera Acreditación de Alta Calidad. Hoy esta premisa no solo sigue más vigente que nunca, sino que cobra aún más fuerza al confirmarse, por cuarta vez, con la más reciente renovación de este aval, que llegó a mitad de año, mediante la Resolución 016360 del 23 de junio de 2026.

    Desde 1997, momento en el que la Universidad ingresó al Sistema Nacional de Acreditación, han pasado más de 25 años de constancia y compromiso decidido con la excelencia y la alta calidad. Y en este video, aprovechamos este momento de gratitud y celebración para viajar en el tiempo y conocer de cerca esas actas con las que el Ministerio de Educación Nacional ratificó que la región, el país y el mundo pueden tener plena confianza en nuestro quehacer.

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