La vigencia del profesor y su papel en tiempos de incertidumbre y transformación
En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la sobreabundancia de información y los desafíos sociales contemporáneos, se plantea la reflexión sobre la vigencia de la docencia, la formación de criterio, la construcción de ciudadanía y el aprendizaje en medio de la incertidumbre.
A propósito del Día del Profesor, que se celebra cada 15 de mayo, Claudia Restrepo, rectora de EAFIT, la vicerrectora Paola Podestá, los profesores Alejandro Álvarez y María Rocío Arango, y el estudiante Miguel Pimiento, elegido por Portafolio como mejor estudiante de Colombia, comparten sus miradas sobre los docentes y estudiantes que necesita la sociedad.
En tiempos en los que la información circula a velocidades inéditas y la inteligencia artificial transforma la manera de aprender, la figura del profesor sigue ocupando un lugar esencial. No solo por su capacidad para transmitir conocimiento, sino por algo más profundo: ayudar a interpretar el mundo, formular preguntas, acompañar procesos de transformación y construir criterio en medio de la incertidumbre.
Esa es una de las reflexiones que comparten Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT; Paola Podestá Correa, vicerrectora de Aprendizaje; Miguel Pimiento, estudiante de Negocios Internacionales y Mejor Estudiante Universitario en los Premios Portafolio; María Rocío Arango, profesora y una de las personas que ayudó a edificar el Proyecto Educativo Institucional; y Alejandro Álvarez Vanegas, representante de los profesores ante el Consejo Directivo, quienes, a propósito del Día del Profesor, comparten sus apreciaciones sobre la vigencia de la labor docente, los retos de la educación contemporánea y el tipo de estudiantes y profesores que necesita hoy la sociedad.
Para la rectora Claudia Restrepo Montoya, la vigencia de la labor docente radica en una capacidad profundamente humana: enseñar a mirar y acompañar a los estudiantes en el momento en que algo desconocido empieza a cobrar sentido. En un contexto saturado de información, afirma, la tarea del profesor sigue siendo despertar curiosidad, cultivar la mirada y acompañar el pensamiento que se está formando. “Por eso el profesor no solo sigue siendo vigente. Es más necesario que nunca”, expresa.
La visión de la Rectora también se extiende al tipo de profesor que necesita hoy la sociedad para enfrentar los desafíos contemporáneos. Para ella, se requiere un docente capaz de despertar “la voz y el pensamiento del otro”, alguien que forme juicio crítico, responsabilidad ética e imaginación. También un profesor conectado con los problemas del mundo, con las organizaciones y con los contextos reales donde ocurren las decisiones.
“Un profesor que traiga al aula la complejidad, que sepa habitar la incertidumbre y que no tenga miedo de decir ‘no sé’ para convertir ese no saber en el punto de partida de una búsqueda compartida”, agrega la Rectora.
Para Paola Podestá, el rol del docente se hace incluso más relevante en un contexto donde el conocimiento parece estar al alcance de cualquiera en cuestión de segundos. La educación, dice, no consiste solo en transmitir información. Esencialmente, es formar criterio, humanidad y propósito. “En ese escenario el profesor se convierte en esa ancla de humanidad que ayuda a interpretar, a conectar, a hacer preguntas y, sobre todo, a dar sentido”, agrega.
Una idea que conecta con la mirada de María Rocío Arango, quien advierte que hay dimensiones del aprendizaje que solo ocurren en el encuentro humano: “Puedo poner a un estudiante frente a un curso en línea perfectamente diseñado, con todos los recursos disponibles, y aun así algo falta: la posibilidad de que alguien note su confusión antes de que la verbalice, la pregunta que desarma una certeza, el silencio que permite pensar”.
En esa misma línea, Miguel Pimiento considera que el verdadero valor del profesor está en enseñar a pensar más allá de las respuestas inmediatas que puede ofrecer una máquina. “Creo firmemente que el verdadero valor está en aprender a formular las preguntas que valen la pena y el porqué de las cosas”, sostiene. Para él, además, existe una dimensión profundamente humana e irremplazable en la relación entre estudiante y docente: escuchar a alguien que ha pensado durante años un tema, que ha cometido errores y que ha visto funcionar —o fallar— ciertas ideas en la vida real.
Alejandro Álvarez Vanegas coincide en que la labor docente conserva plena vigencia en un momento en el que existe cada vez más acceso a datos, pero menos acceso a información curada y contextualizada. A su juicio, allí la interacción humana sigue siendo fundamental. “Se puede sugerir a veces que nuestra labor se puede reemplazar por una máquina, pero realmente el procesamiento que hacemos de la información, el hecho de pasarlo por lo humano es una ventaja. Es una conexión que necesitamos como seres sociales”, afirma.
Más allá del aula, los cuatro coinciden en que la labor docente tiene hoy una responsabilidad decisiva frente a los desafíos contemporáneos. Para la Vicerrectora, los profesores que necesita el mundo son aquellos capaces de inspirar posibilidades y acompañar procesos de transformación personal y profesional. “Un profesor cuya influencia vaya más allá del aula porque impacta las decisiones de vida y la construcción de ciudadanía”, explica.
María Rocío Arango agrega otro desafío: reconstruir el vínculo con la verdad en tiempos marcados por la desinformación y la posverdad. A su juicio, el docente que requiere la sociedad es aquel capaz de enseñar a distinguir entre evidencia y ruido, entre el escepticismo sano y el cinismo epistémico. “Necesitamos docentes que no le tengan miedo a decir ‘esto es así’ cuando hay respaldo suficiente para afirmarlo, y ‘esto no lo sabemos todavía’ cuando la evidencia es insuficiente”, afirma.
Sobre ese equilibrio entre rigor, humanidad y conexión con la realidad también reflexiona Miguel Pimiento. Desde su experiencia como estudiante, considera que los profesores deben ser personas que no teman a la incertidumbre y que logren tender puentes entre el conocimiento académico y el mundo real. “Necesitamos docentes que combinen el rigor intelectual con un desarrollo personal y emocional fuerte, conectados con las comunidades y los actores que nos rodean”.
Para Alejandro Álvarez Vanegas, además, el docente que necesita hoy la sociedad es aquel que entiende que el saber por sí solo no es suficiente. “Nuestro rol no es simplemente llenar a los estudiantes de datos, sino encender en ellos una llama de curiosidad y acompañarlos también a ser mejores personas y crear una mejor ciudadanía”, señala. En ese sentido, considera que los profesores deben mantener una mirada permanente sobre los desafíos que enfrenta la sociedad y poner el conocimiento al servicio de sus posibles soluciones.
Estudiantes en el centro
Pero si los profesores tienen un papel central, los estudiantes también están llamados a asumir nuevos retos. Para la rectora Claudia Restrepo Montoya, la principal capacidad que debe despertar hoy la educación es la de aprender a aprender. “Quien aprende a aprender tiene un horizonte para toda la vida”, afirma. En su visión, la sociedad necesita estudiantes capaces de acercarse al conocimiento con asombro, dispuestos no solo a recibir información, sino a transformarse a sí mismos a través de la duda, la búsqueda de la verdad y el cuestionamiento.
La Rectora también destaca la importancia de formar estudiantes que se atrevan a equivocarse, a preguntar lo que parece obvio y a conectar lo que aprenden con los problemas reales del mundo. “Que no se conformen con la primera respuesta. Que busquen, que cuestionen, que propongan”, expresa. A esto suma la necesidad de integrar teoría y práctica, entendiendo que el conocimiento cobra sentido cuando se aplica y logra transformar realidades concretas. “Cuando un estudiante descubre el placer de aprender, ya nada puede detenerlo”, concluye.
Porque si los profesores tienen un papel central, los estudiantes también están llamados a asumir nuevos retos. En el caso de EAFIT, explica la vicerrectora Paola, el estudiante ocupa el centro del modelo educativo. Por eso, la Universidad busca formar personas capaces de convivir con la incertidumbre, actuar éticamente, trabajar colaborativamente y aprender continuamente en contextos complejos y cambiantes. “Emprendedores en serie, aprendices seriales”, resume, al referirse a estudiantes con sensibilidad hacia lo humano y conciencia de su propio proceso de aprendizaje.
María Rocío Arango complementa esa visión con una invitación a recuperar el tiempo de la reflexión en medio de la velocidad contemporánea. “Necesitamos estudiantes que sepan detenerse a pensar. Que no confundan rapidez con inteligencia ni información con comprensión”, e insiste en la importancia de formar personas capaces de dudar críticamente sin caer en el relativismo absoluto, estudiantes que comprendan el valor de la evidencia y del conocimiento construido colectivamente.
Miguel Pimiento, por su parte, habla de estudiantes dispuestos a transformarse y transformar positivamente su entorno. Jóvenes que no vean la universidad únicamente como un camino hacia un título, sino como una experiencia para construir una visión del mundo “pluralista, diversa, abierta y dispuesta al cambio positivo”.
A esa conversación se suma Alejandro Álvarez Vanegas, quien resalta la importancia de formar estudiantes con apertura al conocimiento, disposición para aprender y tolerancia a la frustración en medio de contextos complejos y desafiantes. También habla de la necesidad de fortalecer capacidades como la escucha y el respeto, especialmente en un momento en el que captar la atención se ha convertido en uno de los grandes retos de la educación.
En conjunto, estos eafitenses coinciden en una idea: en medio de los avances tecnológicos y de las transformaciones sociales, el profesor sigue siendo una figura fundamental no solo para transmitir conocimiento, sino para acompañar la construcción de humanidad, criterio y ciudadanía. Una labor que, lejos de perder vigencia, adquiere nuevas responsabilidades frente a los desafíos del presente y del futuro.