Katherin Gil: la graduada que reparte esperanza en el Chocó

Agosto 25, 2026

El 10 de agosto, Colombia se sacudió por un sismo de magnitud 7,4 que afectó a 15 departamentos del país. Entre los territorios más golpeados estuvo el Chocó. Allí, en medio de la emergencia, estaba Katherin Gil, abogada, artista, lideresa social y graduada de la maestría en Gobierno y Políticas Públicas de EAFIT.

Nacida en Quibdó, Katherin ha dedicado gran parte de su vida a trabajar por la niñez, la adolescencia y las juventudes de su territorio. Su interés por comprender las dinámicas del Estado y el impacto de las políticas públicas la llevó a continuar su formación académica, convencida de que estas herramientas le permiten contribuir a transformar las realidades de pobreza y exclusión que enfrentan muchas comunidades. 

Ese camino de liderazgo la conectó con la Corporación Manos Visibles, organización en la que fortaleció sus capacidades como lideresa y que también se convirtió en un puente para acceder a la beca que le permitió cursar sus estudios en EAFIT. Hoy, como gerente regional del Departamento Administrativo para la Prosperidad Social en el Chocó, trabaja para impulsar políticas orientadas a la superación de la pobreza, la inclusión social, el fortalecimiento de los territorios y la dignificación de las comunidades más vulnerables. 

Desde esa experiencia y conocimiento del territorio, Katherin fue convocada por Paula Moreno, presidenta de Manos Visibles e integrante del Consejo Superior de EAFIT, para coordinar la recepción y distribución de las ayudas humanitarias que la Universidad movilizó hacia el Chocó tras la emergencia. Para ella, la respuesta fue inmediata: poner su experiencia, liderazgo y compromiso al servicio de las comunidades afectadas. 

“Como mano visible y como graduada de EAFIT, estoy en total disposición de acompañar este ejercicio y garantizar que las donaciones lleguen de una forma ordenada y rigurosa a las comunidades que más lo necesitan”, afirma. 

Su labor fue fundamental para articular esfuerzos entre instituciones, organizaciones y liderazgos locales, con el propósito de asegurar que cada apoyo llegara a destino. En un departamento donde la geografía y las condiciones de acceso representan retos permanentes, la coordinación logística y el conocimiento profundo del territorio se convierten en factores decisivos para responder de manera efectiva a una emergencia. 

Para Katherin, esta movilización también representa una muestra del papel que pueden desempeñar las universidades en la transformación social del país. Ver llegar a Quibdó un camión cargado con 50 toneladas de ayuda fue mucho más que una operación logística. Fue la confirmación de que la solidaridad puede recorrer largas distancias y convertirse en esperanza para quienes atraviesan momentos difíciles. La alegría se multiplicó al saber que “mi universidad está aquí en el Chocó, haciendo presencia, conectándose con sus estudiantes, con sus líderes y sirviéndole a mi territorio. Ante este sismo, saber que hay manos extendidas abre la esperanza y envía un mensaje muy positivo: no estamos afrontando esta tragedia solos”, expresa. 

Su orgullo como graduada eafitense se fortalece al ver una institución que, según señala, reconoce las complejidades de las regiones y entiende que los grandes desafíos del país solo pueden enfrentarse mediante la articulación de múltiples voluntades. Para ella, acciones como esta materializan el propósito de inspirar, crear y transformar la sociedad. 

Más allá de la distribución de ayudas, Katherin destaca el valor de la solidaridad como una fuerza capaz de unir a las personas por encima de las diferencias y las dificultades. En medio de la emergencia, ve una oportunidad para recordar que el país también se construye desde la empatía, el trabajo colectivo y el compromiso mutuo. 

Por eso, su mensaje final es una invitación a no perder la esperanza: a seguir creyendo en la paz, promoviendo la inclusión social, la equidad y la reconciliación. Porque, como ella misma lo expresa, “Colombia es también el país de la resiliencia, de la juntanza, de la solidaridad y de la fe puesta en su gente”. Una solidaridad que hoy acompaña al Chocó y que, espera, seguirá presente hasta que el departamento logre recuperarse de esta emergencia.

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"No pretendas que una conversación difícil no lo sea”: Juana Francisca Llano, presidente de Suramericana

Julio 7, 2026

En conversación con nuestra rectora Claudia Restrepo e integrantes de nuestra comunidad, Juana Francisca también nos compartió las que, para ella, son algunas de las fortalezas que debe tener un líder: prepararse para las conversaciones difíciles, aprender a preguntar y conversar poniéndose en el lugar del otro. 

Escucha el tercer capítulo de Lecciones de Liderazgo, un ciclo de conversaciones en las que los líderes empresariales de nuestra región nos comparten sus aprendizajes sobre liderazgo.
 

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Por primera vez en América Latina, la AREUEA International Conference 2026 se realizará en EAFIT

Febrero 24, 2026

La American Real Estate and Urban Economics Association (AREUEA) celebrará su Conferencia Anual Internacional de 2026 en Medellín, del 23 al 25 de julio, con la Universidad EAFIT como anfitriona. El encuentro reunirá a investigadores, expertos del sector inmobiliario y responsables de política pública de diferentes países.

Vivienda, economía urbana, finanzas inmobiliarias y sostenibilidad serán algunas de las temáticas de la agenda. La programación incluirá la presentación de cerca de 100 investigaciones, paneles con expertos y espacios de networking.
 

Los investigadores interesados podrán postular sus trabajos hasta el 2 de marzo de 2026. Más información aquí. El sector inmobiliario será el tema principal de esta conferencia.

Del 23 al 25 de julio de 2026, Medellín se convertirá en punto de encuentro para quienes investigan, diseñan y toman decisiones sobre el futuro de las ciudades. Durante tres días, EAFIT y su Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno abrirá sus puertas a académicos, expertos del sector inmobiliario y responsables de política pública que llegarán desde distintos continentes para participar en la AREUEA International Conference 2026, el evento más importante a nivel global en economía urbana y mercados inmobiliarios.

Por primera vez en su historia, la American Real Estate and Urban Economics Association (AREUEA) realizará su conferencia internacional en América Latina. En años anteriores, el encuentro tuvo lugar en ciudades como Barcelona (2025) y Cambridge (2023), y lo que da cuenta de su carácter global y de alto nivel académico. 

Para Gustavo García Cruz, profesor de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT y miembro del comité organizador, la llegada del evento a Colombia tiene un significado especial. “La realización de esta conferencia va a poner a Colombia y a Medellín en el centro mundial de la conversación sobre los retos que enfrentan las ciudades en términos de vivienda, financiación en el sector inmobiliario y las políticas públicas para hacer más productivas las ciudades”, afirma.

La conferencia reunirá a investigadores de universidades de primer nivel, economistas de bancos centrales, expertos de los sectores financiero e inmobiliario, responsables de política pública y estudiantes de doctorado de distintas regiones del mundo. Se espera la presentación de cerca de 100 investigaciones en sesiones paralelas, además de paneles con representantes de la academia, la industria y el sector público.


Tres días para pensar el futuro de las ciudades


Carlos Hurtado, profesor de la Universidad de Richmond e integrante del comité organizador internacional, destaca que este encuentro será un espacio privilegiado para el intercambio de ideas y la construcción de redes globales de colaboración. “La conferencia busca aportar evidencia empírica rigurosa y un debate informado que contribuyan a mejores políticas públicas y a decisiones más sólidas en el sector privado, fortaleciendo el diálogo entre la academia, las empresas e instituciones públicas”.

En cuanto a la agenda, el profesor Carlos explica que la programación combinará presentaciones académicas en sesiones paralelas con dos plenarias a cargo de expertos de los sectores público y privado. Además, se ofrecerán espacios estructurados de networking y dos visitas guiadas por la ciudad, que permitirán a los asistentes conocer de primera mano la experiencia urbana de Medellín.

Por su parte, el profesor Gustavo señala que, “al ser la primera vez que se realiza esta conferencia internacional en América Latina, se espera que las discusiones aborden las principales problemáticas que se viven en la región”, como el déficit de vivienda, el aumento en el precio del suelo, la baja cobertura de servicios públicos y la escasa planificación urbana.

El evento contará con distintas modalidades de participación. Por un lado, cualquier persona interesada podrá asistir registrándose a través de la página web oficial. A su vez, la convocatoria para presentar investigaciones estará abierta hasta el 2 de marzo y no es necesario ser miembro de la AREUEA para postular un trabajo. Investigadores, profesionales y responsables de política pública están invitados a enviar sus propuestas y a ser parte de un foro de clase mundial que, por primera vez, tendrá como escenario a América Latina y a EAFIT como anfitriona. 


Colombia y EAFIT, un laboratorio urbano para el debate global


De acuerdo con los organizadores, el país fue seleccionado como sede de la AREUEA International Conference 2026 por ofrecer múltiples casos de estudio en temas como movilidad, transporte público integrado, renovación urbana e inclusión social, que han despertado el interés de la comunidad académica. En ese sentido, Medellín se ha consolidado como un referente por sus procesos de transformación y su capacidad para articular desarrollo social, infraestructura y planificación territorial.

EAFIT, como institución anfitriona, aporta una trayectoria sólida en investigación y una estrecha relación con el sector productivo y las políticas públicas. Para el profesor Carlos, integrante del comité organizador internacional, el contexto fue determinante en la elección: “Colombia fue seleccionada como sede porque es una economía dinámica con una agenda urbana activa y altamente relevante”. La combinación entre excelencia académica y un entorno urbano con experiencias significativas convierten a Medellín y a EAFIT en un escenario ideal para un encuentro que busca pensar el futuro de las ciudades desde una perspectiva global.

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Los investigadores interesados podrán postular sus trabajos hasta el 2 de marzo de 2026. Más información aquí. El sector inmobiliario será el tema principal de esta conferencia.
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EAFIT lanza nuevo pregrado en Ingeniería Industrial con enfoque en analítica de datos y finanzas

Mayo 7, 2025

Con una conversación entre líderes de diferentes organizaciones de la industria y el país, este jueves 8 de mayo, en el auditorio 19-501, EAFIT presenta su nuevo pregrado en Ingeniería Industrial, un programa concebido para formar profesionales capaces de diseñar, planear y operar cadenas de suministro sostenibles y competitivas. 

El programa se destaca por su pertinencia frente a los cambios globales y las nuevas dinámicas empresariales. La articulación entre teoría y práctica, mediante la solución de retos, problemas y proyectos reales, fortalece el aprendizaje experiencial y el desarrollo de competencias.

EAFIT presenta su nuevo pregrado, en Ingeniería Industrial, un programa que iniciará oficialmente a partir del segundo semestre de 2025. Esta iniciativa es el resultado de una investigación sobre las tendencias del mercado global, las demandas de la industria y los avances científicos y tecnológicos, con el objetivo de brindar una propuesta formativa pertinente y alineada con las necesidades actuales del entorno.

Carlos Alberto Castro Zuluaga, resalta el enfoque diferencial del programa: “Hacemos énfasis en la aplicación de analítica, la parte computacional y las finanzas para la toma decisiones a lo largo de una cadena de suministro. No solo desde el punto de vista numérico, sino validando que estas decisiones generen un impacto financiero positivo”, afirma.

Este pregrado tiene como propósito formar profesionales capaces de liderar organizaciones, optimizar procesos y generar valor tanto en el ámbito empresarial como en el social. Para ello, se fundamenta en un enfoque integral que articula conocimientos en analítica, automatización, sostenibilidad, pensamiento estratégico y finanzas, con énfasis en el diseño, planeación y operación de cadenas de suministro sostenibles y competitivas.

Uno de los aspectos más destacados del programa es su flexibilidad curricular: cerca del 47 % de los créditos, a partir del sexto semestre, son flexibles. Esto significa que los estudiantes podrán seleccionar materias del Núcleo de Formación Institucional (NFI), Trayectorias Disciplinares, Trayectorias Flexibles, Líneas de Énfasis y el Periodo de Práctica, de acuerdo con sus intereses, gustos y objetivos profesionales.

“Contamos con una estructura curricular que permite a cada estudiante construir su propio camino, eligiendo trayectorias de profundización o electivas que lo lleven exactamente a donde desea: analítica, finanzas, sostenibilidad, operaciones o logística”, señala Paula Alejandra Escudero Marín, profesora y coordinadora del Grupo de Investigación en Analítica y Cadena de Suministro de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

El programa también incorpora proyectos integradores que buscan conectar los aprendizajes académicos con desafíos reales de organizaciones y empresas. Estos espacios promueven el trabajo interdisciplinario, el pensamiento crítico y el liderazgo, competencias esenciales para desenvolverse en un entorno empresarial cambiante, digitalizado y global.

“El aprendizaje experiencial está presente en todos los proyectos, no solo en la parte disciplinar obligatoria, sino también en las trayectorias. Esto permitirá a los estudiantes aplicar lo aprendido a través de la solución de retos, proyectos y problemas reales”, afirma el profesor Carlos Alberto. 


En cuanto al perfil del egresado, se espera que los profesionales formados en este pregrado estén en capacidad de resolver problemas complejos en los niveles estratégico, táctico y operativo. Además, podrán desempeñarse en empresas de manufactura y servicios, en áreas como operaciones, logística, consultoría, asesoría, planeación, control y dirección de la cadena de suministro.


Un programa diseñado con visión estratégica


Este nuevo programa es el resultado de un proceso de planeación estratégica que comenzó entre 2019 y 2020, a partir de estudios de mercado sobre la ingeniería industrial y de producción. Como parte de ese ejercicio, se propuso la reforma de los diferentes programas existentes, entre ellos el pregrado en Ingeniería de Producción y el diseño del nuevo programa de Ingeniería Industrial, con el fin de ofrecer rutas de formación pertinentes y diferenciadas.


Desde su diseño, el programa se ha nutrido de referentes nacionales e internacionales de alta calidad, incluyendo universidades acreditadas y reconocidas por su experiencia en esta disciplina. Además, ha contado con el acompañamiento de expertos y docentes con trayectoria en la industria, lo que ha facilitado una alineación efectiva entre las competencias académicas y las demandas del mercado laboral.


Según los líderes del proyecto, este nuevo pregrado no solo responde a tendencias educativas globales, sino también a transformaciones profundas en la forma en que operan las organizaciones. “Hoy no basta con que una organización tenga procesos bien definidos. Se espera que quienes los lideren entiendan el negocio, analicen la información, valoren los impactos financieros y sociales, y propongan soluciones sostenibles que generen valor. Eso es lo que busca el pregrado en Ingeniería Industrial de EAFIT: formar profesionales capaces de anticipar el cambio y liderar organizaciones”, destaca la profesora Paula.


El pregrado en Ingeniería Industrial se ofrecerá en modalidad presencial en Medellín, con una duración de nueve semestres y un total de 163 créditos. Las inscripciones ya están abiertas a través del portal institucional, y la primera cohorte iniciará en julio de 2025. Haz clic aquí para más información.

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EAFIT lanza nuevo pregrado en Ingeniería Industrial con enfoque en analítica de datos y finanzas
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La primera cohorte del pregrado en Ingeniería Industrial iniciará clases en julio de 2025.
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Sí se puede ser creativo, la creatividad se entrena

Septiembre 23, 2026

Hay quienes creen que para ser creativos se necesitan grandes ideas, presupuestos o condiciones extraordinarias. Luisa María Alzate, graduada de Ingeniería de Diseño de Producto, ha construido su trayectoria demostrando lo contrario: la creatividad también está en la capacidad de observar, hacerse preguntas y encontrar nuevas posibilidades con los recursos disponibles. Desde su experiencia en innovación y desarrollo de empaques, y su trayectoria nos comparte algunas de las herramientas que utiliza para activar la creatividad en el día a día y descubrir que, muchas veces, crear más empieza por aprender a mirar diferente.

 

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Sí se puede ser creativo, la creatividad se entrena

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¿Qué tienen que ver los resultados de las pruebas PISA con las familias, el trabajo y el futuro?

Septiembre 22, 2026

Las pruebas PISA no son solo un diagnóstico del desempeño escolar. Sus resultados permiten identificar cómo están las competencias en lectura, matemáticas y ciencias que sostienen aprendizajes posteriores, la capacidad para resolver problemas y el desarrollo de habilidades necesarias en la vida académica y laboral.

En Colombia, los resultados recientes muestran retos que requieren atención más allá del aula con un compromiso colectivo y sostenido. Familias, colegios, universidades, sector público y empresas tienen responsabilidades diferentes frente al fortalecimiento de estas competencias.
 

Leer una noticia, entender las instrucciones de una tarea, interpretar una cifra o decidir si una información es confiable parecen acciones cotidianas. Detrás de cada una hay capacidades que comienzan a desarrollarse desde los primeros años de vida y que siguen siendo necesarias mucho después de terminar el colegio. Por eso, cuando las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, por sus siglas en inglés, creado y organizado por la OCDE) muestran dificultades en competencias como la comprensión lectora y las matemáticas, la pregunta no debería ser únicamente cómo mejorar los resultados en la próxima medición, sino qué puede hacer cada actor para fortalecer los aprendizajes que estos resultados ponen sobre la mesa.

Para Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT, los resultados deben llevar a un análisis más profundo. “La exposición a pantallas ha acelerado la dificultad de concentración de las personas y eso genera una disminución en la competencia lectoescritora. Claramente los hábitos desarrollados en la casa son importantes, pero llevamos años perdiendo competencias. Tenemos que cambiar modelos en la básica y en la universidad también, porque nos toca igualar”, afirma la directiva.

En esto coincide César Tamayo Tobón, decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT, quien señala que los resultados también plantean desafíos para las instituciones de educación superior que reciben estudiantes con trayectorias formativas diversas. “PISA captura el aprendizaje y es un predictor del desempeño futuro en habilidades técnicas, en la universidad y también en términos de productividad. Las universidades no podemos cambiar lo que pasó cuando los estudiantes tenían 15 años, pero sí podemos hacer un esfuerzo adicional para cerrar esas brechas cuando llegan a la educación superior”, explica.

Sin embargo, atender estas dificultades requiere mirar también las etapas previas de la formación. Para Lorena María Quiroz Betancur, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, los resultados de PISA evidencian la necesidad de fortalecer la articulación entre instituciones educativas, docentes y familias, especialmente en un contexto marcado por el uso creciente de las tecnologías.

“Ante este escenario, el llamado va más allá de concentrar esfuerzos para alcanzar altos puntajes. El verdadero desafío está en encontrar puntos de convergencia que permitan articular el uso de tecnologías emergentes, el acompañamiento familiar y el reconocimiento y la atención de las diversidades, con el propósito de fomentar ambientes educativos experienciales, inclusivos y transformadores”, plantea la profesora.

 

Leer para aprender

Si bien los resultados de PISA abarcan competencias como lectura, matemáticas y ciencias, la comprensión lectora ocupa un lugar transversal: permite interpretar instrucciones, acceder a información, comprender otros contenidos y tomar decisiones a partir de lo que se lee. Fortalecerla, por tanto, no es solo mejorar una habilidad específica, sino crear condiciones para seguir aprendiendo a lo largo de la vida.

Sandra Zuluaga, directora de la Fundación Ratón de Biblioteca, explica que aprender a leer es un proceso que comienza en la escuela, pero que requiere condiciones previas y acompañamiento constante. “Antes de aprender formalmente a leer y escribir, los niños necesitan conversar, escuchar historias, cantar, jugar con las palabras y tener contacto con los libros. Y cuando llegan a la escuela, especialmente en primero, aprender a leer se convierte en una puerta de entrada para otros aprendizajes. Si ese proceso se retrasa, también puede afectar la relación del niño con la escuela y su interés por aprender”.

Esta mirada también pone a las familias y a los cuidadores en un lugar importante. No se trata de trasladarles la responsabilidad por los resultados, sino de reconocer que muchos de los hábitos que favorecen el aprendizaje se construyen en la vida cotidiana. Leer juntos, conversar sobre lo que se lee, preguntar por qué ocurre algo, escuchar a niños y jóvenes o acercarlos a distintos tipos de textos son acciones que pueden complementar el trabajo de las instituciones educativas.

Para Santiago Silva Jaramillo, ex secretario de Cultura Ciudadana de Medellín y profesor de la escuela de Artes y Humanidades de EAFIT, esa tarea convoca a buena parte de la sociedad. “La promoción de la lectura como hábito nos involucra a todos los ciudadanos. Involucra a instituciones que van desde los gobiernos locales y nacionales, que establecen políticas de promoción de lectura, a las universidades, que reciben y que pueden adoptar y seguir promoviendo hábitos lectores, a los papás y a los cuidadores, que también los pueden promover en sus hogares, y evidentemente a las instituciones educativas”, afirma.

De igual forma, la conversación también toca las puertas del sector productivo. Las empresas reciben a personas que han recorrido distintas etapas del sistema educativo y requieren habilidades esenciales. Como señala la rectora Claudia Restrepo, su papel no consiste en sustituir las funciones de colegios o universidades, sino en reconocer que la formación del talento es un proceso de largo plazo y que pueden contribuir mediante alianzas, experiencias de formación y oportunidades para que los jóvenes desarrollen esas capacidades.

Así, PISA puede entenderse menos como una fotografía que aparece cada cierto tiempo y más como una señal para revisar lo que ocurre de manera cotidiana en el sistema educativo y en la sociedad. Colegios, universidades, familias, bibliotecas, empresas, gobiernos y ciudadanos tienen roles distintos en el desarrollo de las competencias que permiten aprender a lo largo de la vida. La discusión, entonces, no termina cuando se conocen los resultados de una prueba: empieza cuando cada actor reconoce qué puede hacer a partir de lo que estos resultados están mostrando y convierte esa señal en decisiones y acciones sostenidas.

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¿Qué tienen que ver los resultados de las pruebas PISA con las familias, el trabajo y el futuro?

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Los resultados de PISA plantean desafíos que trascienden las aulas y requieren la participación de diferentes actores de la sociedad.
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El futuro se construye con acciones decididas

Agosto 7, 2026

Claudia Restrepo Montoya, graduada del programa de Administración de Negocios
Rectora Universidad EAFIT

En Colombia, 8 de cada 10 jóvenes anhelan ir a la universidad. Solo 4 lo logran. Y entre quienes ingresan, 6 de cada 10 no terminan sus estudios por falta de recursos económicos. Detrás de estas cifras no hay solo una falla del sistema, también hay talento desperdiciado. Capital humano que el país necesita y que no se puede dar el lujo de seguir perdiendo.

Es necesario preguntarse qué hace posible el acceso a la educación superior. No solo quiénes logran ingresar a la universidad, sino qué condiciones permiten que ese acceso se convierta en una realidad ampliada para miles de jóvenes talentosos. El acceso se mide en cifras de cobertura, matrícula, cupos, pero detrás de ellas hay una pregunta más profunda: ¿qué se necesita, realmente, para que un joven pueda estudiar, permanecer en la educación superior y transformar la sociedad?

La educación superior importa no solo porque es un derecho o un ideal de equidad, sino porque es la herramienta más eficaz que existe para convertir el potencial de las personas en capacidad real para trabajar, crear, liderar y transformar el entorno. Cada año adicional de escolaridad en la educación superior genera en Colombia un retorno estimado del 20%, es decir, una mejora concreta en los ingresos de las personas. Ese retorno se traduce en empresas más productivas, en profesionales que conocen mejor las organizaciones y tienen capacidad para impulsar su transformación, en familias que cambian su historia de generación en generación. La educación no solo es una buena intención: funciona.

Esta realidad le impone al país una urgencia concreta, en clave de oportunidad: los estudios poblacionales nos dicen que entre 2025 y 2035, la población de jóvenes entre 17 y 21 años comenzará a reducirse, con cerca de 88.000 personas menos en esa década. Entre 2035 y 2045, la caída será de 500.000. Colombia está ante una ventana que se cierra. Cada joven que hoy no accede a la educación superior de calidad es talento que el país no recuperará. El costo de la inacción es irreversible.

La Universidad EAFIT entiende este desafío como propio. Por eso, esta segunda edición de Acciones decididas por la educación documenta lo que ha sido posible construir en 2025 de la mano de personas, empresas, fundaciones y organizaciones que decidieron actuar con nosotros bajo esta convicción y que entendieron que invertir en la formación del talento joven no es filantropía en el sentido tradicional del término, sino una decisión estratégica por el país que queremos.

Gracias a la confianza de 78 organizaciones y más de 1.200 donantes individuales, cerca de 3.100 jóvenes están desarrollando su talento desde esta Universidad. En 2026-1, 440 nuevos estudiantes comenzaron su carrera impulsados por alianzas formadas el año anterior. Uno de cada tres nuevos estudiantes de pregrado ingresó con algún tipo de beca, y el 28% de toda la población estudiantil de pregrado cuenta hoy con ese apoyo.

Los resultados son contundentes: la primera cohorte de Ingeniería Agronómica se graduó con el 100% de empleabilidad y regresó a los territorios rurales con herramientas para transformarlos, que es justamente lo que el campo colombiano necesita. El 83% de los graduados de pregrado de EAFIT están empleados y el 92,6% de quienes cursaron posgrado también. Estas cifras no son un fin en sí mismas, sino la evidencia de que la formación que aquí se ofrece tiene valor real.

Además de los resultados en acceso, el compromiso de EAFIT con la excelencia y el talento también exigió decisiones institucionales de fondo en 2025: la Universidad reformó sus criterios de admisión para que el ingreso responda al mérito y al potencial, lo que implicó además fortalecer el Programa E como ruta de preparación para quienes necesitan consolidar competencias antes de iniciar su carrera, de manera que lleguen a la vida universitaria con mayor solidez y claridad. Así mismo, EAFIT amplió los mecanismos de permanencia y acompañamiento académico a los estudiantes a lo largo de toda su trayectoria.

El camino de la excelencia también lo confirman la mejora sostenida y significativa en el desempeño en las últimas pruebas Saber Pro, así como el resultado del ranking QS 2025, indicador mundial de reputación académica universitaria. En este último, EAFIT figura entre las cinco mejores universidades privadas del país y primera en la región, además de ocupar el cuarto lugar en Colombia en empleabilidad de sus graduados. Porque la meta no es solo que más jóvenes entren a la Universidad, sino que salgan de ella siendo mejores profesionales, mejor conectados con el entorno, con criterio, con capacidades y con la confianza de quienes saben que su formación les sirve para algo.

Nada de esto ocurre solo con voluntad institucional. Colombia tiene un rezago significativo en filantropía e inversión de impacto para la educación. Mientras en Estados Unidos las donaciones superan el 2% del PIB, en América Latina rara vez alcanzamos el 0,5%. Cerrar esa brecha requiere un cambio de perspectiva para comprender que financiar la educación superior no es un acto de generosidad, sino la inversión con mayor retorno social y económico que existe. Por eso, EAFIT da un paso más allá al lanzar el primer fondo de inversión de impacto para el acceso a la educación superior en Colombia, una herramienta de innovación financiera que convierte ese cambio de perspectiva en un mecanismo concreto y replicable.

Las organizaciones que hoy acompañan a un joven talentoso en su formación no están donando, están construyendo el capital humano que sus propias industrias, sus territorios y su país necesitan para prosperar. Esto lo entendieron 1.649 estudiantes becados de EAFIT cuando firmaron el compromiso de aportar al Fondo de Becas, en cuanto sus ingresos se lo permitan. Un aliado confía en la Universidad, la Universidad confía en el estudiante, y el estudiante confía en la siguiente generación. Ese principio de confianza es el que sostiene esta iniciativa y permite que siga creciendo.

Esta publicación es una invitación a sumarse: a quienes ya hacen parte de esta comunidad, a profundizar el compromiso. A quienes aún no se han vinculado, a considerar que este es el momento. Colombia tiene talento en abundancia y juntos podemos crear las condiciones para que ese talento se desarrolle y se despliegue. Esto sucede cuando hay decisión y visión de largo plazo. Es la tarea más útil que podemos emprender.

El futuro del país está en su gente. Y se construye con acciones decididas.
 

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La inversión más rentable que podemos hacer

Agosto 4, 2026

Colombia enfrenta un desafío decisivo: miles de jóvenes quieren acceder a la educación superior, pero las condiciones para hacerlo siguen siendo insuficientes. La principal barrera no es la falta de aspiración, sino de financiación. En un contexto de cobertura estancada y cambio demográfico, ampliar y diversificar los mecanismos de acceso no es solo necesario: es, hoy, la inversión más rentable que podemos hacer como sociedad.

César Eduardo Tamayo Tobón
Decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT

Colombia enfrenta hoy una paradoja preocupante: miles de jóvenes quieren estudiar en una universidad, pero como sociedad no somos capaces de ofrecerles las condiciones para hacerlo. No se trata simplemente de una falla del sistema educativo. Es, más bien, el reflejo de una desconexión entre nuestras aspiraciones y las decisiones que tomamos con respecto a la financiación de la educación superior.

El primer síntoma es el estancamiento de la cobertura. Tras avances importantes durante la década pasada, el crecimiento en el acceso a la educación superior se ha frenado en los últimos años. La cobertura bruta pasó de 42 % a 53 % entre 2012 y 2017, pero solo aumentó hasta cerca de 57,5 % en los siete años siguientes, hasta 2024. De hecho, el número absoluto de estudiantes prácticamente no ha crecido: la matrícula de pregrado pasó de alrededor de 2,2 millones en 2017 a cerca de 2,35 millones en 2024.

Este comportamiento no responde a una demanda menor. Los jóvenes siguen valorando la educación y quieren acceder a ella. Según la Encuesta de Opinión en Educación 2024 de Empresarios por la Educación, el 94 % de los jóvenes considera que la educación es importante y el 82 % la percibe como útil para su vida. Sus aspiraciones educativas son amplias y consistentes. Una proporción importante aspira a completar los estudios universitarios, incluso de posgrado.

El problema, pues, no radica en la demanda: la principal barrera es la financiación. El 60 % de los jóvenes señala la falta de recursos como la razón principal por la cual no podrían alcanzar el nivel educativo al cual aspiran.

Y es que los mecanismos de financiación de la educación superior, que nunca han sido suficientes, se han debilitado aún más en los últimos años. La combinación que durante años permitió ampliar el acceso de manera sistemática —subsidios a la demanda, crédito educativo y expansión de la oferta pública— hoy tiene menos alcance. La incertidumbre sobre el crédito educativo, la reducción de los programas de apoyo y el escaso dinamismo de instrumentos como las becas han ido restringiendo las opciones para los jóvenes.

El resultado es un sistema en el cual el peso de la financiación recae cada vez más sobre las familias, muchas de las cuales no tienen la capacidad de asumirla. Esto limita el acceso y amplía las brechas entre estudiantes con distintos niveles de ingresos. En la práctica, el sistema termina siendo más excluyente que lo que sugieren las cifras agregadas de cobertura.

En este contexto, el Estado no tiene cómo cerrar la brecha por sí solo. La situación fiscal actual de Colombia es crítica, y cualquier esfuerzo por fortalecer la educación pública será insuficiente para responder a la magnitud del problema. Por ello, es necesario ampliar las fuentes de financiación y diversificar los instrumentos disponibles.

Colombia tiene un rezago claro en materia de filantropía e inversión de impacto para financiar la educación. Mientras en Estados Unidos las donaciones filantrópicas superan el 2 % del producto interno bruto (PIB), en América Latina este indicador es varias veces menor y pocas veces alcanza el 0,5 %. En países donde existe un mercado dinámico de filantropía, una parte importante de estos recursos llega a la educación superior. En el sistema anglosajón, por ejemplo, muchas universidades financian entre el 20 % y el 40 % de su presupuesto con donaciones y rendimientos de fondos patrimoniales. En Colombia, aunque hemos dado algunos pasos en ese sentido, estos mecanismos siguen siendo marginales.

Algo similar ocurre con la inversión de impacto, que en Colombia sigue siendo de escala limitada. Una medición reciente de Fedesarrollo (2025) encuentra que los activos bajo la gestión de este mercado se ubican en un rango cercano a los 1.200-1.500 millones de dólares (entre el 0,3 % y el 0,4 % del pib), con una participación de apenas 55 inversionistas activos. Además, se trata de un mercado concentrado en pocos actores, con una fuerte orientación hacia sectores como los de la inclusión financiera, la energía y el agro, y en el que la educación tiene una participación relativamente marginal. Todo esto limita el desarrollo de instrumentos que podrían ser particularmente útiles para ampliar el acceso a la educación superior, como los esquemas de financiamiento a estudiantes o los modelos de pago contingente al ingreso.

En la práctica, el país cuenta con pocas alternativas para financiar la inversión que podría traerle los más altos retornos. Estudios recientes sobre Colombia estiman que cada año adicional de escolaridad en la educación superior tiene un retorno de aproximadamente 20 %. Pero, además, la mayor inversión en capital humano eleva la productividad, facilita la movilidad social y fortalece la capacidad de innovación. Se trata también de un asunto relativo al crecimiento y a la equidad.

Debemos cambiar nuestra forma de entender el problema. La financiación de la educación superior no puede depender únicamente del Estado o de las familias. Debe involucrar a empresas, fundaciones e inversionistas, con instrumentos que permitan canalizar los recursos de una manera más estable y predecible.

Pero a este contexto se suma un factor que cambia el horizonte del problema: nuestra acelerada transición demográfica. Colombia está entrando en una etapa en la que la población joven comenzará a reducirse de manera significativa, cerrando una ventana que el país mantuvo abierta durante varias décadas. Las cifras son claras. Entre 2025 y 2035, la población de entre 17 y 21 años se reducirá en cerca de 88.000 personas. Entre 2035 y 2045, la caída será mucho mayor, con cerca de 500.000 jóvenes menos. Al mismo tiempo, aumentará la proporción de la población dependiente frente a la población en edad productiva.

Este cambio tiene implicaciones directas: cada cohorte de jóvenes será más pequeña. En ese contexto, dejar por fuera del sistema a una porción importante de ellos tiene un costo más alto para el país. La pérdida de capital humano se vuelve más difícil de compensar. El problema ya no consiste solo en ampliar la cobertura, sino en hacerlo en un lapso más estrecho. Las decisiones que se tomen en esta década van a definir la capacidad del país para adaptarse a estos cambios demográficos y sostener su crecimiento.

En síntesis, la situación actual combina una cobertura estancada con el debilitamiento de los mecanismos de financiación existentes, la escasa profundidad de la filantropía y la baja inversión de impacto, y un cambio demográfico acelerado. Debemos hacerle frente con acciones decididas en pro de la educación superior, para evitar que tal situación se convierta en una restricción estructural de nuestra capacidad de crecer y de prosperar.

20 sería el retorno de cada año adicional de escolaridad en la educación superior según estudios recientes sobre Colombia. 

La financiación de la educación superior no puede depender únicamente del Estado o de las familias.

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AREUEA inicia en EAFIT con un mensaje claro: no es suficiente con más viviendas, hay que construir mejores ciudades

Julio 24, 2026

La Conferencia Internacional AREUEA 2026 comenzó en EAFIT con un panel en el que investigadores, representantes de organismos multilaterales y expertos en política pública coincidieron en que los desafíos de la vivienda en América Latina requieren soluciones que integren urbanismo, movilidad, gobernanza y desarrollo social.

Durante la conversación, los panelistas señalaron que el futuro de la vivienda en la región pasa por fortalecer el mejoramiento de barrios y viviendas existentes, ampliar el acceso a servicios y transporte, y preparar a las ciudades para retos como el cambio climático, la informalidad y el crecimiento urbano.
 

Construir más viviendas ya no es suficiente. El principal desafío para América Latina consiste en desarrollar ciudades que integren vivienda, transporte, infraestructura, empleo, espacio público y oportunidades para sus habitantes. Ese fue uno de los principales consensos del panel inaugural de la Conferencia Anual Internacional de la American Real Estate and Urban Economics Association (AREUEA) 2026, que comenzó este jueves en EAFIT y que, por primera vez en su historia, se realiza en América Latina.

Durante la conversación, investigadores de universidades, representantes de organismos multilaterales y expertos en política pública coincidieron en que los problemas de vivienda en la región no pueden analizarse desde los mismos enfoques utilizados en Europa o Estados Unidos. A las dificultades relacionadas con el acceso al suelo y el financiamiento se suman fenómenos como la informalidad, la desigualdad, la rápida urbanización y las limitaciones institucionales que caracterizan a buena parte de las ciudades latinoamericanas.

Para Guillermo Alves, investigador de CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, el reto no consiste únicamente en aumentar la oferta de vivienda, sino en transformar las ciudades. "Los asentamientos informales no se van a ir. Necesitamos mejorar esas áreas, mejorar la vida de esas personas con intervenciones integrales que las conecten al transporte público y a las oportunidades de la ciudad", afirmó.

Una visión similar compartió Juliana Gómez Aristizábal, coordinadora de proyectos en Urbam EAFIT, quien señaló que las políticas de vivienda deben responder a las particularidades de la región y no replicar modelos concebidos para otros contextos. "No es solo el diseño físico; también es el barrio, el contexto urbano, la capacidad institucional, el compromiso de la comunidad y la integración de la vivienda con los servicios y las oportunidades de la ciudad", expresó, al destacar que los mercados informales también hacen parte de la realidad urbana latinoamericana y deben ser comprendidos para diseñar soluciones efectivas.

Los desafíos de la vivienda requieren una mirada integral

El segundo momento del panel estuvo dedicado a identificar cuáles son las principales restricciones que enfrentan los mercados de vivienda en América Latina. La respuesta fue unánime: no existe una sola explicación. La calidad de las viviendas, el acceso al crédito, la localización, la disponibilidad de suelo, la gobernanza y la capacidad institucional conforman un sistema de factores que se refuerzan mutuamente y que exigen intervenciones integrales.

En ese contexto, Rodrigo Quintero, director del programa Hogares Saludables de Cementos Argos, destacó el potencial del mejoramiento de viviendas como una estrategia para reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de las familias. A partir de la experiencia de esta iniciativa, explicó que intervenir las viviendas existentes genera transformaciones que van mucho más allá de la infraestructura. "El mejoramiento de vivienda no debe verse solo como una obra civil. Nuestra metodología permite que las familias pavimenten el camino para salir de la pobreza absoluta", afirmó. 

Por su parte, Albert Saiz, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), insistió en que la diversidad de realidades urbanas impide pensar en soluciones universales. "No es un solo asunto. En todos los países se necesitan miles de soluciones", afirmó. Además, señaló que comprender la informalidad y los procesos de crecimiento urbano es tan importante como ampliar la oferta formal de vivienda.

La conversación también miró hacia el futuro. Entre los desafíos que marcarán la próxima década, los panelistas destacaron la adaptación al cambio climático, la transición demográfica, el envejecimiento poblacional, la presión sobre los mercados de alquiler y la necesidad de integrar la naturaleza en el desarrollo urbano. Todo ello, coincidieron, obligará a replantear la manera en que se planifican las ciudades de la región.
De esta forma, el panel dejó un mensaje compartido: garantizar el acceso a la vivienda implica pensar en barrios conectados con el transporte, el empleo, los servicios, el espacio público y las redes comunitarias. En otras palabras, la vivienda debe entenderse como parte de un ecosistema urbano que determina las oportunidades y la calidad de vida de las personas.

La Conferencia Internacional AREUEA 2026 continuará hasta el 25 de julio con la presentación de cerca de 100 investigaciones y espacios de diálogo entre académicos, expertos del sector inmobiliario y responsables de política pública de diferentes países. Con EAFIT como anfitriona, Medellín se convierte durante estos días en un escenario para discutir el futuro de las ciudades y los mercados de vivienda desde una perspectiva global y, al mismo tiempo, conectada con los desafíos de América Latina.
 

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EAFIT es la sede de la Conferencia Internacional AREUEA 2026, el principal encuentro mundial sobre economía urbana y mercados inmobiliarios.
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Claudia Restrepo: La acreditación por 10 años reconoce la calidad, madurez y capacidad de transformación permanente de EAFIT

Julio 22, 2026

La renovación de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por 10 años reafirma a EAFIT como una universidad con procesos sólidos de aseguramiento de la calidad, capacidad de adaptación y transformación, e impacto significativo en la formación, la investigación y la sociedad.

En esta entrevista, la rectora Claudia Restrepo Montoya explica el significado de este reconocimiento para la Institución, su aporte al cumplimiento del Itinerario 2035 y los desafíos que plantea para seguir construyendo una universidad innovadora, pertinente y comprometida con el futuro.
 

La renovación de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por 10 años, la máxima vigencia que otorga el Ministerio de Educación Nacional en Colombia, ratifica a EAFIT como una institución con un proyecto educativo sólido, una cultura de mejoramiento continuo y la capacidad de responder a los desafíos de una sociedad en constante transformación. Con esta decisión, respaldada por el concepto favorable del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), la Universidad se convierte en la novena institución de educación superior del país y la primera privada de Antioquia en alcanzar esta distinción por una década.  

La decisión del CNA fue el resultado de un proceso de evaluación integral de la Universidad. En él se destacaron fortalezas como la transformación del modelo educativo, la cultura de aseguramiento de la calidad, el aprendizaje experiencial, la investigación, la innovación, la transferencia de conocimiento y la estrecha conexión con el sector público, el sector productivo, los emprendimientos y la sociedad. En esta entrevista, Claudia Restrepo Montoya, rectora de EAFIT, explica qué representa este logro para la Universidad y para el sector educativo de la región, cómo se alcanzó y cuáles son los retos que plantea para el futuro.  
 

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Con esta acreditación, EAFIT se convierte en la cuarta universidad privada de Colombia en obtener la máxima vigencia otorgada por el Ministerio de Educación Nacional.

    Cuando se trata de educación, cualquier persona busca una institución que le genere garantías, y eso es lo que yo llamo calidad. La calidad tiene que ver con la esencia de una institución. Lo que la gente espera de la educación es que tenga unos estándares que le permitan mejorar sus capacidades para la vida y para el trabajo. Siempre, de una u otra manera, las personas están midiendo la calidad. De hecho, cada vez que alguien toma una decisión sobre educación valora cuál es la mejor institución, cuál ofrece mayores garantías de empleabilidad, cómo les va a sus graduados y qué tan exitosos son después de terminar sus estudios. Al final, eso es lo que la gente entiende por calidad: todos aquellos indicadores que le permiten medir si el lugar donde va a estudiar es suficientemente riguroso y cumple altos estándares. 

    Una acreditación de calidad institucional está midiendo a la institución completa, no solamente un aspecto específico. Muchos de los indicadores que utilizamos son mediciones de resultados. Por ejemplo, los estándares internacionales evalúan el impacto y los resultados, lo cual es necesario e importante. Pero la acreditación institucional no solo valora esos resultados, evalúa distintos capítulos: los que tienen que ver con los estudiantes, los profesores, los graduados, el impacto general, los procesos académicos, el bienestar y la sostenibilidad financiera. No se trata únicamente de evaluar el desempeño en una variable específica. Es una valoración integral, una mirada de 360 grados que permite verificar si la institución responde de manera consistente a los diferentes aspectos que la sociedad espera de una universidad de alta calidad: cómo diseña y actualiza sus programas, cómo desarrolla su modelo educativo, cómo genera y transfiere conocimiento a través de la investigación y la innovación, y cómo contribuye al desarrollo de las personas y de la sociedad.

    El proceso de evaluación del CNA es valioso porque la acreditación institucional es, ante todo, un proceso entre pares. Es decir, son profesores, investigadores y académicos del mismo ecosistema de educación superior. Eso, lejos de hacerlo más fácil, lo hace más exigente. Son personas expertas en procesos universitarios, calificadas para valorar y evaluar el funcionamiento de una universidad. A la visita de los pares se llega después de un proceso de autoevaluación que realiza la Universidad. Es decir, el proceso de acreditación tiene tres momentos: primero, una autoevaluación; después, la visita de los pares, quienes verifican que ese análisis corresponda con la realidad institucional y, finalmente, el CNA valora sus recomendaciones y define si otorga o no la acreditación y la vigencia. 

    Existen tres posibles vigencias: seis, ocho y 10 años. Esa duración está asociada, principalmente, al nivel de madurez de los procesos de calidad de cada institución. Nosotros tenemos una tradición importante en acreditación. La primera acreditación fue por seis años, cuando iniciamos este camino. De hecho, EAFIT fue una de las primeras universidades del país en decidir someterse a un proceso de acreditación institucional. Después obtuvimos la acreditación por ocho años, lo que demostraba que la Universidad venía consolidando su propuesta y fortaleciendo sus procesos de calidad. Recibir ahora una acreditación por 10 años es el reconocimiento a esa historia y a la madurez institucional en todas las dinámicas.

    También demuestra que esta Universidad se ha comprometido con generar impacto en la sociedad. Uno de los aspectos que más destacaron los pares no fue únicamente nuestro proceso de formación o nuestras capacidades en ciencia, tecnología e innovación, sino, especialmente, nuestra conexión con el entorno, con las organizaciones, el desempeño de nuestros graduados y el reconocimiento que la sociedad hace del impacto de la Universidad.

    Hubo unos resultados que confirmaron lo que hemos venido haciendo. Uno de ellos está muy centrado en nuestro ADN: que nos reconozcan como una universidad altamente conectada con el entorno y con las organizaciones. Ese fue uno de los aspectos que más destacó el reporte del CNA y, para nosotros, fue confirmar lo que sentimos que hace parte de nuestra identidad. También hubo un reconocimiento a la madurez de nuestros procesos de ciencia, tecnología e innovación y de formación. Es decir, a las funciones sustantivas de la Universidad y a la manera como se vienen desarrollando.

    Ahora, hubo dos aspectos que me alegró mucho que fueran reconocidos. El primero fue nuestro modelo de medición de impacto. Nosotros hemos venido trabajando para pasar de medir solamente resultados a medir el impacto. Ya no se trata únicamente de cuántos estudiantes se gradúan, sino de cómo cambia la vida de esos estudiantes, cómo aporta la Universidad a la región, cómo contribuye al PIB o a la generación de valor. En las acreditaciones anteriores se medían más los resultados; en esta ocasión el énfasis estuvo mucho más en el impacto.

    El otro hallazgo que para mí fue significativo fue el reconocimiento al liderazgo colectivo dentro de la Universidad. Fue un gran logro que los consejeros sintieran que aquí existe un modelo de liderazgo compartido, donde todos están aportando al logro de la organización. Hicieron un reconocimiento muy importante a esa manera de liderar. También mencionaron de manera muy especial la capacidad de innovación de la Universidad. Reconocieron no solo la innovación en lo que hacemos, sino también en la forma como hacemos las cosas.

    Creo que esa pregunta es muy importante porque una acreditación institucional por 10 años es, ante todo, un voto de confianza en la manera como la Universidad se gestiona y lidera sus transformaciones. No se está acreditando una forma específica de hacer las cosas ni programas académicos. Lo que se acredita es el "cómo": la capacidad de la Universidad para transformarse cuando cambian las condiciones y responder a nuevos retos.

    Hoy no es lo mismo gestionar una universidad que hace 10 o 20 años. Los desafíos son distintos y la acreditación reconoce precisamente esa capacidad de adaptación. Es una confianza en que el sistema de trabajo de EAFIT puede garantizar el cumplimiento de sus objetivos, incluso cuando estos evolucionen por las necesidades del mercado, la transformación laboral, la digitalización o las nuevas dinámicas sociales.

    Otro aspecto fundamental es la cultura de evaluación permanente. En EAFIT contamos con acreditaciones internacionales y cada dos o tres años participamos en procesos de evaluación, ya sea con AACSB, AMBA u otros sistemas. La autoevaluación, la medición y la revisión continua hacen parte de nuestra cultura institucional.

    Por eso, una de las razones por las que se otorgó esta vigencia es que los pares encontraron una universidad con procesos sólidos de seguimiento, indicadores, evaluación y mejoramiento continuo, respaldados también por una trayectoria rigurosa en sus informes de gestión bajo el modelo GRI (Global Reporting Initiative).

    Así que una acreditación por 10 años no significa que durante una década no vaya a pasar nada. Significa, justamente, que la sociedad puede confiar en una institución que se evalúa, aprende, se transforma y se fortalece de manera permanente.

    Para nosotros, el proceso de acreditación fue muy enriquecedor para pensar el futuro de la Universidad, porque coincidió con la construcción del Plan de Desarrollo Institucional, el Itinerario 2035. Muchos de los insumos que alimentaron ese ejercicio surgieron de la autoevaluación presentada a los pares y, durante la visita, mostramos cómo varias de las transformaciones propuestas ya estaban reflejadas en esa visión de futuro.

    En gran medida, lo que estamos proyectando hacia adelante proviene de los aprendizajes de esa autoevaluación, que posteriormente fueron ratificados durante la visita. De ahí surgieron elementos como la comprensión del lifelong learning, el impulso a una mentalidad digital y una mayor conciencia sobre la evolución del modelo y del sistema de la Universidad.

    Eso también implica un reto: comunicarle mejor a la sociedad esa transformación y todo lo que hoy hace EAFIT. Para nosotros, la autoevaluación no es un ejercicio aislado, sino parte del trabajo cotidiano. Más que un requisito, es una forma de leer el entorno y actuar en consecuencia. Por eso, incorporar las recomendaciones del CNA no ha significado un cambio de rumbo, sino la continuidad de un proceso que la propia Universidad ya venía construyendo y que fue validado durante la visita de pares.

    Una de las cosas que más me alegró encontrar en el informe fue que la acreditación respaldara algo que hace parte del ADN de la Universidad: nuestra conexión con las organizaciones. Creo que uno de los aspectos que más llamó la atención de los pares fue ver que esa relación es natural y cotidiana. No se limita a las prácticas estudiantiles o a la educación continua. EAFIT es un ecosistema al que llegan empresas y emprendimientos, con una sólida capacidad de transferir ciencia, tecnología e innovación a organizaciones empresariales, públicas y sociales. Un ejemplo es On.going y la presencia de más de 16 emprendimientos de alto impacto dentro de la Universidad.

    EAFIT nació para formar el talento que impulsaría el desarrollo del territorio y, desde sus orígenes, ha trabajado de la mano de las organizaciones. Hoy ese ecosistema es más diverso, con mayor cercanía al sector público, social y al emprendimiento, pero mantiene el mismo propósito: aportar a la solución de los grandes desafíos de la sociedad.

    Ese impacto se refleja en el talento que formamos, los proyectos que desarrollamos con las organizaciones, la transferencia de conocimiento y la retroalimentación que recibimos para actualizar nuestros programas. Trabajamos de manera permanente con organizaciones como la ANDI, Proantioquia y otros gremios para entender las necesidades del entorno. Eso fue evidente para los pares. Encontraron altos niveles de empleabilidad de nuestros graduados, el reconocimiento de los empleadores, la confianza de las empresas para instalarse dentro de la Universidad y un modelo de prácticas que hoy va mucho más allá de una experiencia semestral.

    Para una región es muy importante el nivel de madurez de su ecosistema de educación superior, porque ese ecosistema es el que forma el talento que necesita el territorio. Si pensamos en Medellín como distrito de ciencia, tecnología e innovación, esa propuesta sobre la mesa es un impulsor de talento. En ese contexto, las universidades son un ecosistema relevante. En nuestra región, por ejemplo, las universidades que hacen parte del G8 cuentan con procesos de acreditación institucional de alta calidad. Eso significa que todas están comprometidas, de manera sistemática, con el camino de la calidad. Que hoy la región tenga dos universidades con la máxima vigencia de acreditación, la Universidad de Antioquia y EAFIT, es muy relevante porque eso fortalece la ciencia, la tecnología y la innovación, eleva los niveles de calidad y genera un reto permanente.

    Ahora que estamos hablando de los distritos especiales dentro de CTI, por ejemplo, la Universidad de Antioquia está en la zona norte, donde está Ruta N, que es uno de los distritos especiales con FutuMed, y nosotros en la zona sur estamos tratando de fortalecer un distrito especial desde esa misma perspectiva en talento, porque las universidades terminan liderando la generación de conocimiento, los emprendimientos de alto valor y la proyección de los emprendedores.

    Creo que los sistemas de calidad maduran con el tiempo y, a medida que esa madurez se consolida, también favorecen el intercambio de conocimiento. En EAFIT somos abiertos a compartir nuestras experiencias, pero también a recibir pares, acompañar a otras instituciones, trabajar en alianza y construir en red.

    El trabajo con el G8 y con 4U refleja esa forma de colaboración. Sin embargo, más que hablar de transferencia, prefiero hablar de intercambio. Tenemos experiencias para compartir, pero siempre mantenemos una mentalidad de aprendiz. Nunca llegamos con la idea de enseñar, sino de aprender también de otras personas e instituciones.

    Diría que una de las mayores fortalezas de esta Universidad es precisamente esa: conservar una mentalidad de aprendiz, cuestionarnos permanentemente y buscar siempre cómo hacer mejor las cosas.

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