En EAFIT se ubica uno de los puntos de referencia de gravedad más importantes de Colombia

Febrero 5, 2026

Se trata de un vértice gravedad materializado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) y el Servicio Geológico Colombiano (SGC), ubicado al interior de la librería Acentos de EAFIT. Este es uno de los 28 puntos de gravedad absoluta que tiene Colombia y que integran la red de referencia nacional de gravedad del país.

La medición de la gravedad absoluta permite detectar variaciones imperceptibles del subsuelo, información útil en ingeniería, minería, geología y otras áreas. Por eso el vértice de gravedad ubicado en la Universidad, es un nodo científico que sirve para calibrar otros gravímetros y, además, alimenta modelos globales de gravedad, altura y comportamiento del planeta Tierra.

977 741,0917 mGaL ± 0.0108. Estos caracteres no provienen del azar ni son un accidente de tipeo que se escapó de la revisión. Corresponden al valor medido por el gravímetro Microg LaCoste A10 en el vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01. Como se trata un asunto de precisión vamos a entregar una mejor ubicación: el epicentro de esta medición queda en el campus de EAFIT. Para mayor exactitud diríjase hasta la Librería Acentos, ingrese por el acceso occidental gire hacia la izquierda y busque en el piso la cabeza de una pequeña varilla plateada, del tamaño de una moneda de 50 pesos colombianos.

¿Eso es todo? No. Porque esa esfera, conocida también como vértice de gravedad, es de altísimo interés científico y alimenta los modelos de gravedad mundial, además, según lo explica, el Ingeniero Carlos Andrés Franco Prieto, subdirector de Cartografía y Geodesia del Instituto Agustín Codazzi (IGAC), “este vértice es de vital importancia ya que es, hasta la fecha, el primero seleccionado de la red de referencia nacional de gravedad para integrarse con las alturas definidas en el ámbito mundial”.

Primero, la Gravedad

Para seguir avanzando en esta historia habrá que retroceder en el tiempo, hasta el siglo XVII, cuando el físico inglés Isaac Newton definió formalmente el concepto de la gravedad como una fuerza universal, la cual describió matemáticamente en su ley de gravitación universal de 1687, donde estableció que todas las partículas con masa en el universo se atraen mutuamente con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. 

Para no complicarnos con cálculos matemáticos digamos que la gravedad es una fuerza invisible que atrae a los objetos con masa entre sí. Es algo así como un imán gigante que hace que las cosas caigan al suelo, que las personas tengamos los pies en la tierra y que los planetas giren alrededor del sol.

Sin embargo, la gravedad en la tierra no siempre es la misma, pues, “entre más cerca del centro de la Tierra yo esté, el valor es mucho más grande y entre más alejado será más pequeño. No será lo mismo medir la gravedad desde un polo que desde el Ecuador; así estén a la misma altura sobre el nivel del mar el valor absoluto es diferente”, explica David Santiago Avellaneda Jiménez, profesor del área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT.

Por eso, respuestas a preguntas como: ¿con qué fuerza cae un lápiz del escritorio? o ¿qué fuerza ejerce un edificio en un terreno?, dependerán del valor de la gravedad. Aunque parece un tema que interesa solo a geólogos, físicos o ingenieros, la fuerza de la gravedad es un asunto que, literalmente no solo nos “atrae”, sino que concierne a todos.

Luego, el vértice de gravedad

Para llegar al valor de la gravedad absoluta con que inició este texto, hubo que hacer la medición correspondiente en el punto de interés; de eso se ocupa la gravimetría. Ahora, el aparato que lo hace posible es el gravímetro: un instrumento de alta precisión que mide la aceleración de la gravedad terrestre y sus variaciones entre dos o más puntos.

Para medir la gravedad absoluta es necesario hacerlo desde un vértice de gravedad, como el ubicado en el campus de EAFIT por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, cuya selección y establecimiento “responde a criterios técnicos rigurosos que incluyen estabilidad geológica y sísmica, estabilidad hidrológica, mínima sismicidad artificial por tráfico vehicular, fácil acceso y alto potencial de utilización”, indica el subdirector de Cartografía y Geodesia del IGAC.

De los 28 vértices que conforman la red de gravimetría absoluta en Colombia, solo uno, el de EAFIT, fue seleccionado en 2015 por el Sistema de Referencia Geocéntrico para las Américas (SIRGAS), para ser la primera estación del Marco Internacional de Referencia de Alturas para Colombia, debido a que corresponde a un  vértice que posee una estación Continually Operating Reference Station (CORS), para el monitoreo continuo de mediciones  Global Navigation Satellite System (GNSS), con una cantidad de registros históricos relevantes, además de una gran cantidad de información gravimétrica a su alrededor y de encontrarse en una zona de buena estabilidad geológica.

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El vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01, está ubicado en el primer piso del bloque 18, al interior de la librería Acentos.
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El vértice absoluto de gravedad identificado como MEDE-01, está ubicado en el primer piso del bloque 18, al interior de la librería Acentos.


La estación de monitoreo CORS

Si el vértice de gravedad es poco perceptible por su tamaño, la estación CORS es poco visible, pero por su ubicación: se encuentra sobre el techo del bloque 18 de EAFIT, para garantizar que la recepción de datos tenga el menor ruido posible. En palabras de Darwin Baquero Hernández, magíster en Tecnologías de la información geográfica, profesional en geodesia del IGAC, “una estación CORS es una estación fija equipada con receptores GNSS de alta precisión que registra, de manera continua, las señales emitidas por los satélites de posicionamiento, como GPS, Galileo, GLONASS, BeiDou, entre otras constelaciones”. A diferencia de los dispositivos de navegación comunes, estas estaciones operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, generando información precisa sobre la posición de un punto en la superficie terrestre. 

En términos sencillos, una estación CORS funciona como un “punto de referencia permanente” que permite conocer con exactitud dónde se encuentra un lugar y cómo este puede cambiar con el tiempo. Gracias a esta información es posible corregir errores en las mediciones realizadas por otros receptores GNSS de menor calidad, lo que permite alcanzar precisiones del orden de centímetros o incluso milímetros. 

“Además de su uso en actividades cotidianas como topografía, construcción o catastro, las estaciones CORS cumplen un papel fundamental en el ordenamiento del territorio. A partir de sus datos se pueden detectar movimientos lentos de la corteza terrestre, deformaciones asociadas a sismos, asentamientos del terreno o desplazamientos causados por procesos naturales y antrópicos. De esta manera, las estaciones CORS no solo apoyan el desarrollo de infraestructura y planificación territorial, sino que también contribuyen a la gestión del riesgo y al estudio de la dinámica del planeta”, aclara Darwin Baquero. 

En conjunto, una red de estaciones CORS constituye la columna vertebral del marco geodésico del país, la región y el planeta, ya que garantiza que todas las mediciones espaciales se realicen sobre una base tecnológica común, precisa y confiable, asegurando la coherencia y calidad de la información geoespacial utilizada por instituciones, investigadores y la sociedad en general. 
La información obtenida por estas antenas es de acceso público y se puede consultar en el sitio del Instituto Geográfico Agustín Codazzi.
 


La gravedad absoluta se mide con un vértice

Un vértice, que se materializa en terreno de distintas formas, es un punto de referencia permanente donde se realizan mediciones. En el caso del vértice absoluto de EAFIT, se encuentra materializado mediante un cilindro incrustado aproximadamente a 10 centímetros de profundidad, “a este punto se le asocia el valor medido junto con sus coordenadas precisas, lo que permite identificar exactamente el lugar de observación e integrarlo correctamente a la red gravimétrica nacional”, aclara Angélica Gutiérrez, ingeniera catastral y geodesta, profesional del área de gravimetría del IGAC.

La instalación de este punto no solo es competencia del IGAC y el Servicio Geológico Colombiano (SGC), también intervienen el Bureau Gravimétrique International (BGI) y el Institut de Recherche Pour le Développement (IRD), ambos de origen francés. Y por eso, para la última medición, realizada en 2022, el gravímetro absoluto viajó directamente desde el IRD en Francia.

Existen dos tipos de gravímetros: relativos y absolutos. Los primeros miden la gravedad teniendo como referencia otro punto que ya fue medido previamente. De estos hay en Colombia y son los que usan entidades como el Agustín Codazzi o firmas de ingeniería para sus mediciones y exploraciones del terreno.

Los gravímetros absolutos son instrumentos especializados que miden el valor directo de la gravedad local en un punto específico de la superficie terrestre, sin necesidad de utilizar otro valor conocido como referencia. Estos equipos utilizan técnicas avanzadas como la interferometría láser y mediciones de tiempo con relojes atómicos, lo que permite obtener mediciones muy precisas. El principal desafío con los gravímetros absolutos, aclara el subdirector de Cartografía y Geodesia del IGAC, es que son “muy especializados, escasos y costosos, por esa razón el IGAC ha realizado un esfuerzo por conformar alianzas estratégicas con instituciones internacionales que cuentan con estos equipos, que los facilitaron para realizar las mediciones requeridas en el punto MEDE-01 ubicado en EAFIT”.


La imagen corresponde a la medición de la gravedad absoluta del vértice MEDE-01 en 2022, realizada entre Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) – Servicio Geológico Colombiano (SGC) Bureau Gravimetrique International (BGI)  y el Institut de Recherche Pour le Développement (IRD).  

La utilidad de la medición de la gravedad

El valor de gravedad absoluta obtenido en el vértice MEDE-01 es de 977 741,0917 mGal, obtenido con una precisión instrumental de ± 0,01080 mGal. Pasando de los números y cifras a palabras entendibles por personas del común, este número indica qué tan fuerte es la gravedad en este lugar y su utilidad real aparece cuando se compara con otros vértices cercanos o con un modelo de referencia. Así lo expresa la geodesta Angélica Gutiérrez: “a partir de esas comparaciones es posible identificar variaciones del campo gravitacional que sí pueden asociarse a cambios de distribución de masas del subsuelo, diferencias topográficas o efectos geológicos regionales”.

Con respecto a los números asociados a la precisión, la ingeniera catastral y geodesta Paula Galeano, también del área de gravimetría del IGAC, complementa diciendo que “la precisión ± 0,01080 mGal significa que la medición es altamente confiable y que el valor real de la gravedad en el vértice se encuentra dentro de ese rango, lo que garantiza la calidad del dato para análisis posteriores”.

Por eso, más que explicar el número, este dato se convierte en base fundamental para estudios gravimétricos, cuyo significado se fortalece al analizarlo en conjunto con otros puntos de la red. 

Aunque las variaciones de la gravedad pueden ser imperceptibles para las personas, sí son relevantes para la ciencia, “porque pequeños cambios en la gravedad nos hablan de la densidad en el subsuelo. Entonces es importante en la construcción. También utilizamos pequeñas variaciones en la gravedad para encontrar recursos en el subsuelo como depósitos de minerales, hidrocarburos o gases. Estas anomalías en la gravedad se detectan gracias a los puntos de gravedad, porque si bien se mide en el sitio se tiene que comparar con un punto de referencia”, explica el profesor David Santiago Avellaneda.

Conocer la gravedad absoluta es útil para determinar la forma de la tierra, pero también tiene aplicaciones en cartografía, calibración de sistemas satelitales, análisis geodinámicos, sismos tectónicos, ingeniería civil, catastro y determinación de alturas físicas. En general, cualquier actividad humana que requiera conocer, utilizar o comunicar una ubicación precisa en el espacio, necesita un marco de referencia confiable y estandarizado, el cual es provisto por puntos de referencia geodésicos, como el que está ubicado en Medellín, exactamente en el Bloque 18 de EAFIT, al interior de la Librería Acentos.

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Transición energética: una oportunidad para el crecimiento económico, el empleo y la inclusión social

Enero 26, 2026

Las energías limpias son una alternativa clave para cerrar brechas sociales, fortalecer la competitividad y enfrentar el cambio climático. Su implementación, más que una amenaza, es una oportunidad para la generación de empleo especializado, la inversión extranjera y la creación de comunidades energéticas que producen energía para el autoconsumo.


A propósito del Día Internacional de la Energía Limpia, establecido el 26 de enero por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para crear conciencia sobre la transición energética y promover el uso de fuentes renovables, expertos eafitenses hablan sobre el impacto socioeconómico de estas fuentes de energía y el rol de la academia en la transición.

En 2025 se realizaron las primeras pruebas en río de Serena, la embarcación solar diseñada por estudiantes e investigadores de EAFIT.

 

Para hablar de la relación entre energía y desarrollo socioeconómico, primero hay que deconstruir esta última palabra: lo social y lo económico. Comencemos por la economía y vamos con una pregunta sencilla: ¿qué sería de una industria sin energía? La respuesta, según lo explica Judith Vergara Garavito, directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático de EAFIT, es contundente: “la energía es la base de la productividad; no hay desarrollo productivo sin energía”.

Pasando al ámbito social, ¿Qué sucede cuando una región del mundo no tiene acceso a la energía? Si estás leyendo este artículo desde un computador o teléfono móvil, es porque tienes acceso a internet, un servicio inherente a la energía eléctrica que también se necesita para iluminar las páginas de un libro por las noches. Se trata de asuntos tan cotidianos que parecen irrelevantes. Pero si el acceso a la información desde un dispositivo móvil se traslada a una zona donde el servicio público de energía es intermitente o incluso inexistente, la situación es diferente, ¿por qué? Se limita el acceso a la educación y al conocimiento. Se crea un desequilibrio social entre quienes acceden a la energía eléctrica y quienes no lo hacen, ya sea de origen fósil o limpio.

Con la claridad sobre la importancia de la energía en el desarrollo socioeconómico de las regiones, pasemos a las energías limpias y a cómo podrían cambiar la realidad en lugares remotos donde la electricidad es una utopía o, simplemente, a cómo aportan al desarrollo económico de las industrias y, por consiguiente, de los países.


¿Qué es la energía limpia?


El concepto de energías limpias se refiere a fuentes de generación que tienen emisiones bajas o nulas de gases contaminantes al medio ambiente. Entre las energías limpias, las más comunes son las renovables que, como su nombre lo indica, provienen de recursos que se renuevan a escala antropogénica; es decir que, dentro del ciclo humano, hay una renovación del recurso, lo que permite que sea sostenible y no contaminante. Según Santiago Bernal del Río, investigador de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, quien actualmente trabaja en el desarrollo de energías renovables y transición energética desde el Grupo de Investigación de Ingeniería de Diseño, “la diferencia con los combustibles fósiles es que estos provienen de hidrocarburos cuya renovación tarda miles de años; mientras que un recurso como el eólico se renueva de manera acelerada, por lo tanto, hacen que los sistemas sean mucho más sostenibles”.

Son energías limpias: la solar fotovoltaica, la eólica, la hidroeléctrica, la de biomasa y el hidrógeno. De estas hay que decir que vienen en un proceso de expansión, como respuesta a tres necesidades: disminuir la emisión de gases efecto invernadero, reducir los costos de generación a largo plazo y soportar la demanda actual, que se ha incrementado a causa de la masificación de la Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías informáticas, “si la demanda es mayor y la oferta es la misma, con las energías tradicionales el costo se vuelve exorbitante. Eso lo vive el mundo entero”, explica la profesora Judith, y agrega que esta situación ha llevado a generar, de forma alternativa, energías renovables.

En Latinoamérica, según el más reciente reporte Fomento para una transición energética eficaz, la implementación de energías renovables está liderada por Brasil y Chile; Uruguay se destaca por tener una mayor adopción de vehículos eléctricos. Colombia, que ocupa el lugar número 38 de ranquin, cuenta con una matriz energética bastante limpia en términos de electricidad, conformada por hidroeléctricas, pero el resto depende en gran medida de hidrocarburos, turbinas de gas y carbón. 

Aunque se destaca un incremento en la implementación solar y la energía eólica, esta última aún presenta muchos inconvenientes para el licenciamiento social, y ese es precisamente uno de los desafíos en la implementación de energías limpias en Colombia pues “en las zonas donde mejor recurso tenemos, que es en el Norte del país, no se han hecho de forma correcta las conversaciones y las consultas con los actores sociales para la implementación y adopción de estas tecnologías”, expresa el profesor Santiago.

Si bien las energías limpias tienen un costo de operación mucho menor que el de las tradicionales, presentan costos de inversión mucho más altos. Para producir energías renovables hay que hacer proyectos, por ejemplo, de parques eólicos o solares; hay que crear plantas de biomasa o nucleares para aprovechar energías que antes no aprovechábamos. 


Green Skills: esperanza en lugar amenaza


El impacto económico de las energías limpias se verá a mediano y largo plazo, cuando se trate de un asunto cotidiano, pero también en el corto plazo, incluso durante la adecuación de las diferentes tecnologías. ¿Por qué? Porque la construcción de todas estas nuevas fuentes de energía requiere empleos especializados, “lo que está ocurriendo es una transformación laboral en lugar de una destrucción de empleos”. Los empleos no van a desaparecer; se están transformando. Eso implica que hay que realizar una reconversión laboral para estas personas que durante años han trabajado en torno a los combustibles fósiles, pues ahora se va a generar una demanda de operarios que instalen paneles, construyan parques eólicos, hagan mantenimiento de turbinas, entre otras cosas. No solo ingenieros, también tecnólogos, técnicos y auxiliares”, aclara la profesora Judith.

En este contexto, está emergiendo una serie de nuevas habilidades, conocidas como Green skills. Más que una amenaza, hay una oportunidad de crear empleos en esta nueva transición hacia la tecnología verde. 
 

El rol de la universidad

A la par de la formación de los talentos que hoy demanda la transición energética, el rol de las instituciones de educación superior también radica en la innovación que se genera en el entorno académico. Prototipos y pilotos de movilidad eléctrica, tecnologías de almacenamiento, redes más inteligentes o la implementación de hidrógeno verde, que surgen de los grupos de investigación de las universidades, pueden ayudar a generar soluciones más costoefficientes.

EAFIT, por ejemplo, ha tenido un rol muy activo  en el desarrollo de prototipos y proyectos de movilidad sostenible, ejemplo de esto es el diseño y testeo de vehículos eléctricos,   embarcaciones y carros solares (proyectos como Primavera y Kratos), en palabras de Juan David Mira Pineda, profesor de escuela de Ciencias aplicadas e Ingeniería  y coordinador del convenio EAFIT/SOFASA, “estos proyectos integran formación, investigación aplicada e innovación, y han permitido desarrollar capacidades locales en diseño, simulación, electrónica de potencia y sistemas de almacenamiento de energía, muchas veces en alianza con empresas del sector automotor y energético”.

Para que los desarrollos pasen del prototipo a la masificación se requiere, principalmente, el escalamiento industrial, además de regulación habilitante, modelos de negocio viables y algo muy importante “una apuesta por el talento e ingeniería local. Es clave fortalecer los vínculos con la industria para llevar los diseños a procesos de homologación y producción, así como contar con políticas públicas que apoyen la compra, el piloto y la adopción temprana. Además, se necesita continuidad en la inversión en I+D y una visión de largo plazo para que estas iniciativas no queden como proyectos aislados”, puntualiza el profesor Juan David.

Otro rol de la universidad en la transición energética es el acompañamiento en el diseño de políticas públicas, pues los gobiernos necesitan basarlas en evidencia, gran parte de la cual proviene de la investigación que realiza la academia. En ese sentido, “las instituciones educativas se convierten en un actor clave para acompañar a los gobiernos en el desarrollo de políticas públicas que impulsen los cambios regulatorios necesarios para avanzar en la transición”, afirma la profesora Judith.


Comunidades energéticas


Ya se ha dicho que las regiones sin acceso a la energía quedan expuestas a un atraso social. Pero con la expansión de las energías limpias, este panorama tiende a cambiar, pues existe algo conocido como comunidades energéticas, donde, mediante paneles solares, las comunidades generan y consumen su propia energía. No es utopía, es algo que ya existe y se promueve en Colombia. 

De acuerdo con el ABC de comunidades energéticas, publicado por el Ministerio de Minas y Energía, una comunidad energética puede aprovechar energía hidroeléctrica obtenida a partir cuerpos de agua pequeños, energía eólica, geotérmica y solar

Un grupo de personas que se convierte en una comunidad energética garantiza la suficiencia energética e incluso puede comercializar sus excedentes en la red nacional. Si se trata de una comunidad energética conformada por pequeñas empresas, estas pueden “reducir su exposición a la volatilidad de los precios internacionales del gas o del petróleo, sobre todo en la actualidad, con tantas tensiones geopolíticas, por ejemplo, lo que está pasando en Ucrania y en Venezuela”. Si una empresa genera su propia energía, es decir, se convierte en un autogenerador, puede tener mayor estabilidad en su flujo de caja. Contribuye a crear empleos verdes y puede reducir el riesgo de sus inversiones, porque tiene menos probabilidad de que sus costos de energía se eleven, al menos en el corto plazo”, aclara indica la profesora Judith. 
Adicionalmente, al ser un generador de energía limpia, evita las emisiones de gases de efecto invernadero, la principal causa del cambio climático.


La realidad actual y las acciones que se deben realizar


De acuerdo con el más reciente informe del Foro Económico Mundial (World Economic Forum), Impulsando el futuro: Cómo las empresas, las finanzas y las políticas pueden impulsar el mercado de combustibles limpios, si bien la inversión anual en capacidad de producción de combustibles limpios ha aumentado aproximadamente un 30 % entre 2024 y 2025, esto sigue siendo solo una fracción de lo que se necesita para alcanzar objetivos climáticos, como el Acuerdo de París o el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna). 

En ese sentido, las inversiones en combustibles limpios deberían cuadruplicarse para 2030 si queremos cumplir con las metas de descarbonización. En respuesta a cifras como estas, durante la COP 30,  realizada en 2025 en Belém, Brasil, se lanzó la iniciativa “Belém 4X”, cuyo objetivo es brindar apoyo político y promover la cooperación internacional para cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles para 2035.
 
Con este panorama, “el desafío ya no es justificar la inversión en energías limpias, sino escalar significativamente su volumen. Para ello, es clave la alineación entre políticas públicas claras, un marco normativo estable y condiciones sólidas de seguridad para la inversión”, indica la profesora Judith. Si bien Colombia ya cuenta con una política de beneficios tributarios para la generación de energías limpias, persisten ciertos desafíos sociales que retrasan algunos proyectos. 

En este contexto, los inversionistas dejan de preguntarse si deben o no invertir en este tipo de proyectos y pasan a enfocarse en una pregunta más sofisticada: ¿qué proyecto ofrece la mejor relación riesgo–retorno? En consecuencia, los países que logren ofrecer mayor certidumbre y seguridad a la inversión se consolidarán como destinos atractivos para el capital internacional”. 

Afortunadamente, nada de eso está alejado de la realidad, pues hay cosas que ya suceden; lo que se sugiere es seguir alineando los esfuerzos público-privados para que los proyectos tengan un marco de acción claro que garantice a los inversionistas que sus recursos tendrán un impacto positivo y también un retorno a la inversión, concluye la directora de la maestría en Finanzas Sostenibles y Cambio Climático, Judith Vergara.

En conclusión, la generación de energías limpias es para un país como Colombia una oportunidad, en lugar de una amenaza. Así debería entenderse la transición energética, pues somos un país con un alto potencial para la generación de energía eólica y solar. Tampoco hay amenaza en términos de empleo; por el contrario, se abren las puertas a nuevos trabajos especializados y, si a esto sumamos la mejora de la calidad de vida, lo que queda en el ambiente es una sensación de esperanza.

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En 2025 se realizaron las primeras pruebas en río de Serena , la embarcación solar diseñada por estudiantes e investigadores de EAFIT.
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Los jóvenes deben cocrear la educación del presente y la del futuro, ¿cómo lograrlo?

Enero 23, 2026

Este 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación y la invitación de la Organización de las Naciones Unidas, a través de Unicef, es a celebrar el poder de la juventud en la educación del futuro.

A propósito de esta efeméride, expertos eafitenses, estudiantes y profesores profundizan sobre la importancia de convertir al estudiante en protagonista de su proceso y transformar las clases en laboratorios de cocreación.

Tradicionalmente, una de las funciones principales de las universidades, en todo el mundo, es formar profesionales con las habilidades necesarias para responder a las demandas que requiere la industria. Pero ¿qué ocurre cuando el conocimiento que reciben está orientado a profesiones que, debido a los cambios constantes del entorno, tienen una vigencia de cerca de dos años y medio?

El foco, entonces, no puede estar centrado en habilidades técnicas específicas, sino en formar personas capaces de discernir, trabajar en equipo, cuestionar y adaptarse a entornos cambiantes. Y ese proceso empieza desde la clase, cuando los estudiantes se convierten en protagonistas y cocreadores en estos espacios de aprendizaje.

Así lo considera José Alejandro Betancur Álvarez, director del centro Imaginar Futuros de EAFIT, quien señala que la educación del futuro se debe cocrear con quienes la habitan. Se trata de una reflexión coherente con la conmemoración de este 24 de enero, Día Internacional de la Educación, en la que la Organización de las Naciones Unidas invita a reconocer a los jóvenes como agentes en el diseño en la educación.

El eafitense señala que hay tres tendencias clave para construir, de manera colectiva, los escenarios educativos del mañana. La primera tiene que ver con la personalización del aprendizaje, apoyada en el uso de la inteligencia artificial como complemento de la educación formal. Una segunda le debe apuntar al cierre de brechas educativas, especialmente mediante el uso de nuevas tecnologías. Y, finalmente, el tercer eje plantea la necesidad de diseñar experiencias de aprendizaje que fortalezcan el vínculo humano y el sentido de comunidad.

Para Paola Podestá Correa, vicerrectora de Aprendizaje de EAFIT, la idea de que los jóvenes sean cocreadores del aprendizaje tiene total sentido si se tiene en cuenta que, en la actualidad, se estima que poco más de la mitad de la población mundial tiene 30 años o menos. Son ellos, en palabras de la directiva, quienes se ven impactados por las decisiones actuales.

La Vicerrectora afirma que la fuerza de los jóvenes en la educación ha existido desde siempre, permitiendo que temas como la sostenibilidad, la crisis climática, la transformación de la democracia o las desigualdades sociales sean puestos en la agenda. Pero el rol de las universidades, ahora, debe estar enfocado en garantizar el acceso desde edades tempranas, y mediante acciones claras para permitir su participación en escenarios de toma decisiones.

“Para nosotros es fundamental la presencia de los jóvenes en los estamentos de representación estudiantil, pero también en todos los espacios de conversación disciplinar y en aquellos donde se discuten los grandes temas que hoy afectan a la humanidad”, explica.

El estudiante como protagonista y cocreador

Justamente, como representante del Comité de Pregrado de su carrera y coordinadora del semillero de investigación y Creación en Narrativas Periodísticas, Isabella Ruiz Alarcón, de sexto semestre de Comunicación Social de EAFIT, es un ejemplo de cómo poner al estudiante en el centro lo convierte en cocreador de la educación. 

Isabella destaca que, en ese camino, estos espacios de participación y liderazgo han sido fundamentales. Allí, la cocreación juega un papel clave pues le permite enriquecer el aprendizaje a partir de múltiples miradas, experimentando, equivocándose, reflexionando o resolviendo retos y problemas reales.

Para José Alejandro Betancur, la experiencia de Isabella es la evidencia de un cambio en la forma de concebir el aprendizaje hoy, pasando de rutas predefinidas a trayectorias flexibles, en las que cada estudiante puede tomar decisiones sobre su proceso formativo y construir su propio camino con otras experiencias.

En este enfoque, más que seguir un listado de contenidos predeterminados, el aprendizaje se orienta por preguntas, descubrimientos y retos que surgen en el aula, y que hacen de la experiencia educativa un ejercicio vivo, experiencial y situado. 

“Hoy, los estudiantes cuentan con múltiples fuentes de información y herramientas fuera del entorno académico que les permiten complementar, contrastar y ampliar contenidos. Esa experiencia externa se integra al espacio de clase y enriquece las conversaciones, que dejan de ser monólogos para convertirse en diálogos argumentados y colectivos”.

El reto de convertir las clases en laboratorios cocreadores

La cocreación también plantea un mayor nivel de exigencia para el docente, quien debe preparar la clase no solo desde los contenidos, sino desde la experiencia que se va a vivir. Eso es lo que hace Edwin Sepúlveda Cardona, del área de Marketing e Innovación de la Escuela de Administración, y quien ha convertido sus clases en un laboratorio cocreador. “Hoy la ecuación cambia: ya no somos solo profesores y estudiantes, sino aliados, socios, consultores y cocreadores”, explica. 

Por eso en sus clases asume este rol y acompaña a los estudiantes en la construcción de proyectos reales.  Este acompañamiento se concreta en experiencias como showfests, shark tanks, pasantías, laboratorios, procesos de investigación cualitativa con marcas reales, campañas sobre problemáticas actuales, licitaciones y concursos, en los que los estudiantes trabajan con retos reales del mercado. El aprendizaje se basa en desafíos, proyectos y servicios, conectados con los dolores reales de las organizaciones y las marcas.

“Pasamos de un ecosistema de excepción a uno de producción real. De esta manera realizamos campañas completas en un solo semestre bajo un modelo de células creativas que simulan el funcionamiento de una agencia. Cada equipo asume roles reales (dirección, arte, copy, planeación) y esto les permite fortalecer muchos otros aspectos más allá de los contenidos teóricos. Los mejores estudiantes avanzan luego a una agencia in house, donde trabajan con clientes reales. El impacto de este modelo se refleja no solo en la experiencia formativa, sino también en la generación de propiedad intelectual y activos intangibles.

Como este ejemplo, EAFIT ha desarrollado otras experiencias que preparan a los estudiantes para los desafíos del presente y del futuro, y que los convierten en protagonistas activos de su proceso formativo, tal como lo declara en su Modelo Educativo, que pone al estudiante en el centro.

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En la imagen, el laboratorio makers, uno de los espacios de aprendizaje de EAFIT donde se pone en práctica la cocreación entre profesores y estudiantes.
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En la imagen, el laboratorio Makers, uno de los espacios de aprendizaje de EAFIT donde se pone en práctica la cocreación entre profesores y estudiantes.
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Hermanas del Páramo, un documental producido por EAFIT que aborda conflictos ambientales alrededor del agua

Diciembre 2, 2025

Este contenido audiovisual es parte de la estrategia de divulgación de la investigación Megaproyectos hídricos en Colombia y su impacto en la planificación urbana y la sostenibilidad ambiental, realizado desde la Escuela de Derecho. El video revela tensiones entre derechos de propiedad y protección del agua en zonas de páramo.

Conversamos con Irene Agudelo Saldarriaga, estudiante de la maestría en Estudios Jurídicos y asistente de investigación del proyecto, sobre la relevancia de aplicar un caso real a la teoría, y la importancia de realizar divulgación a otros públicos diferentes del académico, en este caso, a través de un producto audiovisual.

El Video documental Hermanas del páramo es desarrollado en el marco de la expansión transmedia de la Revista Universidad EAFIT Descubre y Crea Vol. 58 No. 179 (2024). 


El espacio de los megaproyectos de infraestructura hídrica en Colombia es un proyecto de investigación que se adelanta desde la Escuela de Derecho de EAFIT. Es liderado por la profesora Nataly Montoya Restrepo y le asiste Irene Agudelo Saldarriaga, estudiante de la maestría en Estudios Jurídicos.

Según la profesora Nataly, “una de las cosas que se ha encontrado en esta investigación, es que uno de los factores críticos para la planificación y ordenamiento de las ciudades es la disponibilidad de agua para la satisfacción de necesidades básicas”.

Paralelo a esto, un grupo de hermanas del municipio de Belmira, norte de Antioquia, adelantaban un proceso legal sobre la propiedad y el uso de unos terrenos de su herencia, ubicados en zona de protección ambiental del páramo de Belmira.

Cuando este caso llega a oídos de la profesora Nataly, a la teoría se le suma la realidad, pues en el contexto de esta investigación, “se inicia un trabajo articulado junto al semillero de investigación de Estudios Territoriales y es así como a la investigación se le da una metodología de caso de estudio”, explica Irene.

Por eso el caso de las Hermanas del Páramo sirve para analizar la paradójica situación de muchos páramos del país pues parece haber un conflicto entre los derechos y necesidades de los seres humanos y el cuidado del agua desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental. 

La investigación, que todavía está el proceso, tiene como uno de sus productos divulgativos un video documental  en el que se analiza la situación desde el punto de vista jurídico, ecosistémico-biológico, hidrológico e ingenieril y se plantean preguntas hacia la resolución del caso y otros futuros conflictos ambientales alrededor del agua en Colombia. Es, además, “una manera de descentralizar el saber, que suele quedarse en los anaqueles a los que solo acceden los académicos”, reflexiona Irene. 

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El Video documental Hermanas del páramo es desarrollado en el marco de la expansión transmedia de la Revista Universidad EAFIT Descubre y Crea Vol. 58 No. 179  (2024).
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Informe de EAFIT revela que el 63 % de los empleadores en Colombia tiene dificultades para cubrir vacantes

Septiembre 18, 2025

El reporte Educación superior y mercado laboral en Colombia,  elaborado por el Observatorio Imaginar Futuros de la Dirección de Estrategia  de EAFIT, señala una desconexión crítica entre lo que enseñan las universidades y lo que demandan las empresas. El 17 % de los jóvenes busca trabajo sin éxito y uno de cada cuatro no estudia ni trabaja.

Los hallazgos sugieren implementar modelos flexibles como microcredenciales y formación modular, integrar la inteligencia artificial, fortalecer alianzas entre universidad, empresa y Estado, y certificar competencias prácticas que faciliten la empleabilidad.

El diagnóstico es contundente: existe una desconexión profunda entre lo que enseñan las universidades y lo que demandan las empresas en el país. Mientras el 63 % de los empleadores asegura que no encuentra el talento que necesita en áreas como tecnología, ventas e ingeniería, solo el 16.5 % de los estudiantes nuevos se matriculó en programas STEM en 2023. Todo esto de acuerdo con el reporte Educación superior y mercado laboral en Colombia, elaborado por el Observatorio Imaginar Futuros de la Dirección de Estrategia  de EAFIT

La situación de los jóvenes es preocupante. La tasa de desempleo juvenil se ubicó en 17,1 %, el doble de la de los adultos, y uno de cada cuatro jóvenes en Colombia no estudia ni trabaja. Aunque 8 de cada 10 jóvenes reconoce que la educación es clave para la movilidad social, las barreras de acceso y la informalidad laboral dificultan su inserción en el mundo productivo.

La brecha de género sigue siendo un obstáculo en la formación y el empleo. En los programas STEM, apenas cuatro de cada diez estudiantes son mujeres, lo que limita su participación en campos estratégicos para el desarrollo del país. La desigualdad se acentúa en el sector TIC, donde solo tres de cada diez empleados son mujeres, un dato que evidencia cuánto falta para cerrar la distancia en innovación y tecnología. 

Flexibilizar la educación

El documento también destaca que la idea de una carrera profesional única ha perdido vigencia. Hoy la prioridad no es solo obtener un título, sino desarrollar competencias que permitan aprender continuamente y adaptarse a nuevas realidades. En este escenario, la flexibilidad en los programas académicos y la educación modular aparecen como estrategias clave.

“El informe ofrece una visión integral de cómo la educación superior debe adaptarse a cambios rápidos en el mercado laboral, las tecnologías y la demografía. Además, permite a universidades, empresas y gobiernos tomar decisiones informadas para desarrollar talento pertinente, reducir la brecha de habilidades y anticipar tendencias de formación y empleo”, explica María Salomé Arango Bustamante, líder del Observatorio Imaginar Futuros de la Dirección de Estrategia.

Las microcredenciales, por ejemplo, se consolidan como una alternativa de formación en ascenso: el 71 % de las universidades en Latinoamérica planea adoptarlas hacia 2030. Estos modelos permiten certificar competencias prácticas, acumular conocimientos y facilitar la empleabilidad, respondiendo a las exigencias de un mercado en constante cambio.

A pesar de lo anterior, la transformación enfrenta barreras significativas. El 50 % de las universidades de la región señala la falta de inversión como un obstáculo crítico, y el 45 % reporta dificultades de acceso a internet confiable. A ello se suma que solo una de cada cinco instituciones se siente preparada para integrar la inteligencia artificial, a pesar de que los estudiantes ya la incorporan en sus procesos de aprendizaje.
El informe propone, en consecuencia, un modelo basado en ecosistemas de colaboración entre universidad, empresa, gobierno y sociedad civil. Estas alianzas permitirían diseñar programas conjuntos, fortalecer la formación en habilidades críticas y garantizar la pertinencia de la educación en relación con las necesidades del país.

“Ahí es donde tenemos que pensar qué nos hace distintos, cuál es nuestro valor agregado y, desde nuestros diferentes roles, qué podemos hacer para contribuir a estos desafíos”, señala Isabel Gutiérrez Ramírez, directora de Estrategia de EAFIT.

En definitiva, Colombia atraviesa un momento decisivo, donde el bono demográfico, es decir, una alta proporción de personas en edad de trabajar hasta 2047, representa una oportunidad única para impulsar el desarrollo a través de la educación. Sin embargo, aprovecharlo dependerá de la capacidad del sistema educativo para transformarse, incorporar tecnologías emergentes, cerrar brechas y conectar de manera efectiva la formación con el empleo.

Conoce el informe completo aquí.

 

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El informe presenta que la baja matrícula en programas STEM refleja la falta de talento en áreas clave como tecnología e ingeniería.
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Pausar, escuchar y crear vínculos nos protege en tiempos de inmediatez y desinformación

Septiembre 10, 2025

La pausa es una herramienta poderosa frente a las dinámicas actuales: detenerse, contemplar, poner límites y escuchar las propias emociones permite, explican expertos eafitenses, recuperar control y tomar decisiones sin la presión del afán.

Ante la desinformación y la inmediatez, la invitación es a ejercitar una lectura crítica, verificar fuentes y evitar caer en el consumo automático de redes sociales. El diálogo y la búsqueda de ayuda profesional, cuando es necesario, se convierte también en un hábito esencial para fortalecer la salud mental. 

La salud mental se ha convertido en uno de los grandes retos de la sociedad actual. La hiperconexión permanente, la inmediatez con la que vivimos, la infoxicación y la polarización han generado un entorno que dificulta el bienestar emocional y aumenta los niveles de ansiedad. Psicólogos eafitenses y expertos en el tema coinciden en que, más que grandes transformaciones, son los hábitos cotidianos los que pueden marcar la diferencia en crear condiciones que favorezcan el equilibrio y la tranquilidad.

Uno de los puntos más reiterados por los expertos es la necesidad de darle lugar a la pausa. En un contexto en el que estar siempre ocupado parece ser la norma, detenerse se convierte en un acto de autocuidado. Como explica Enrique Macía Lalinde, psicólogo del Servicio Médico y Seguridad y Salud en el Trabajo de EAFIT: “En la vida personal hay que evitar acelerarse o tener mucha prisa para dar una respuesta. De hecho, en situaciones donde nos vemos forzados a elegir de manera apresurada, generalmente puede presentarse un escenario adverso para tomar decisiones”.

Además de frenar la prisa, resulta fundamental reconectar con lo esencial. Edwin Andrés Restrepo Zuleta, psicólogo de Desarrollo Estudiantil de la Universidad, destaca la importancia de propiciar encuentros presenciales, cuidar los momentos de ocio y conectarse con la naturaleza. Recomienda “salir de la hiperconexión tecnológica y conectarnos con nosotros mismos a través de momentos de pausa, silencio, meditación, oración (aquello que cada uno sienta que lo saca del ritmo agitado de la vida y le conecta con su propia persona)”.

La desinformación y la polarización, amplificadas por redes sociales, también afectan la salud mental. Por eso, fortalecer la lectura crítica y verificar las fuentes de información es clave. Evitar quedar atrapados en el consumo automático de contenidos y reconocer el impacto emocional de ciertas noticias ayuda a reducir el malestar. En palabras de Edwin Andrés Restrepo, esto es también un acto de responsabilidad con uno mismo y con los demás. “Recordar que no todo lo que se habla en redes sobre la salud mental tiene la rigurosidad sobre el tema, por tanto, lo mejor siempre será acudir a un profesional cuando siento dudas sobre lo que me pasa a nivel emocional y comportamental”.

En este escenario, la autenticidad y la capacidad de expresar lo que sentimos sin miedo a ser juzgados son herramientas poderosas. La coherencia entre lo que se siente y lo que se comunica no solo ayuda a procesar emociones, sino que también abre la posibilidad de pedir ayuda y encontrar apoyo en los demás. Para Enrique Macía, el diálogo y la escucha son pilares para ampliar horizontes y construir comunidad desde la diferencia.

Vincularse con la vida

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que recuerda la urgencia de abordar el malestar emocional con responsabilidad y acompañamiento. Esta efeméride pone en el centro la importancia de abrir espacios seguros para la escucha y la atención oportuna. A propósito de este día, el podcast Hablemos de salud mental publicó el capítulo ¿Cómo orientarnos ante el suicidio?

Héctor Gallo, psicólogo y psicoanalista, insiste en que uno de los mayores riesgos es el aislamiento y la soledad. “La soledad es una vivencia, un sentimiento psicológico. A mayor conexión con estos aparatos tecnológicos, menores posibilidades de invención de cómo relacionarse con el otro”, advierte. Para él, escuchar de manera atenta y sin presuponer lo que siente un niño o un joven es fundamental para prevenir situaciones extremas.

El especialista agrega que la amistad y la solidaridad, pilares del apoyo emocional, se han debilitado en la sociedad actual, lo que deja a muchos sin referentes estables. “Hay que construir un deseo de vivir para poder vivir; es responsabilidad de cada uno hacerlo, pero apoyado con la vinculación con los seres. La pregunta por la existencia no es la misma pregunta por la vida, es por cómo me vinculo con los otros”, afirma.

Los psicólogos eafitenses coinciden en que, frente a una situación emocional difícil, llevar a cabo pequeñas acciones pueden fortalecernos: permitirse hablar y buscar ayuda, aceptar ser ayudados y mantener un diálogo claro y honesto. Conectar con personas de confianza, rodearse de quienes reconocen y validan lo que atravesamos, y practicar la escucha sin juicios son pasos esenciales. 

El llamado final es a construir comunidad desde la diferencia y la autenticidad. Hacer pausas, cuidar los vínculos, expresarse con honestidad y aprender a escuchar al otro son pequeñas acciones que, sumadas, fortalecen la salud mental y ayudan a proteger la vida.

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Pausar, escuchar y crear vínculos nos protegen en tiempos de inmediatez y desinformación
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En medio de la soledad y la hiperconexión, construir comunidad resulta vital para proteger la vida.
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¿Cuándo un hábito se convierte en una dependencia?

Agosto 5, 2025

Muchas dependencias cotidianas, como el uso excesivo del celular, el trabajo sin descanso, el juego o las compras compulsivas, están tan naturalizadas que pasan desapercibidas. Desde la psicología, se advierte que estas prácticas pueden afectar la salud mental y distintas áreas de la vida.

De acuerdo con expertos eafitenses, estas dependencias también responden a dinámicas del sistema económico y cultural en el que vivimos. Reconocer las señales es clave para prevenir daños emocionales y abrir el diálogo sobre hábitos que, aunque aceptados socialmente, pueden ser perjudiciales.

No todas las adicciones se esconden en sustancias. En la actualidad, muchas formas de dependencia están ligadas a hábitos aparentemente inofensivos o incluso socialmente valorados. El celular, el trabajo, las redes sociales, el juego o las compras pueden convertirse en fuentes de ansiedad, angustia y malestar emocional. Sin embargo, al estar tan integradas en la vida diaria, pocas veces se reconocen como problemáticas.

Desde la psicología, explican expertos eafitenses, se ha empezado a visibilizar cómo estas conductas pueden derivar en formas de dependencia. “Esto ocurre cuando se instala un modo de relación rígido y privilegiado con las personas, los objetos o el mundo para afrontar las tensiones de la vida. Surge la creencia de ‘sin esto no soy capaz’ o, al menos, ‘es muy difícil’. Esa persona o ese objeto se convierte en un ‘tapón’ que silencia el malestar, la tristeza o la angustia; un tapón que, paradójicamente, a la larga genera más malestar en diversas áreas de la vida”, afirma Juan David Mesa Valencia, psicólogo de Desarrollo Estudiantil de EAFIT.

En este contexto, es importante diferenciar entre dependencia y adicción. La primera puede manifestarse como un vínculo emocional fuerte o necesario que, en ciertos casos, puede adquirir características patológicas. En cambio, la adicción se considera un trastorno complejo, caracterizado por la compulsión, el deterioro y la pérdida de control.

Juan David también señala que en un mundo que valora la hiperproductividad y la conexión permanente, no sorprende que el trabajo y el uso de dispositivos móviles hayan pasado de ser herramientas para convertirse en ejes de nuestra cotidianidad. La lógica dominante promueve la idea de que siempre se debe dar más: más horas, más resultados, más visibilidad. En especial para quienes emprenden, la consigna de “dar la milla extra” se ha vuelto una regla no escrita que responde tanto a exigencias externas como a expectativas personales.

A esto se suma la integración del celular como una extensión de la rutina. Ya no es solo un medio de comunicación: concentra vínculos afectivos, entretenimiento, estatus, dinero y, por supuesto, trabajo. Su uso constante no es casualidad, sino parte de una dinámica cultural y económica que incentiva su consumo. Más allá del análisis estructural, señala Juan David, es necesario interrogarse desde lo individual: ¿está al servicio de soportar un malestar emocional?, ¿cuál es la frecuencia y la cantidad de uso?, ¿estas actividades están afectando negativamente otras esferas de la vida?

Para Jorge Mauricio Cuartas Arias, profesor de la Escuela de Humanidades de EAFIT, una persona puede volverse adicta a actividades aparentemente inofensivas. “En la práctica clínica abordamos las dependencias comportamentales como dependencias que pueden construir una relación problemática con un objeto y convertirse en una adicción. Cuando se cumplen ciertos criterios como obsesión, tolerancia, abstinencia y conflicto con las situaciones que el sujeto vive a diario, hablamos de una condición que genera daños significativos”.

El profesor agrega que las señales psicológicas y emocionales de una dependencia en desarrollo pueden ser diversas. Entre las más comunes están el pensamiento obsesivo y la dificultad para detener o moderar la conducta, incluso al intentarlo repetidamente. A esto se suman la tolerancia (necesidad creciente de más tiempo y frecuencia) y los síntomas de abstinencia, irritabilidad o insomnio cuando no se realiza la actividad. Igualmente es frecuente la negación del problema, la racionalización y, con el tiempo, un deterioro emocional e interpersonal.

Entre los riesgos y consecuencias más frecuentes están la ansiedad, el estrés crónico y la depresión, producto de una constante exigencia emocional y la pérdida progresiva del placer en actividades que antes resultaban gratificantes. Asimismo, pueden aparecer síntomas como el burnout (estado de agotamiento físico, emocional y mental que resulta de la exposición prolongada al estrés laboral), el insomnio, la fatiga constante y los cambios de humor, lo que afecta la concentración, la tolerancia a la frustración y las relaciones personales.

Un detox de redes sociales

Una de las recomendaciones de los psicólogos eafitenses es desacelerar, entendiendo este gesto como un acto de resistencia y autoconocimiento. Detener el ritmo impuesto por el trabajo constante o el scroll infinito en redes sociales permite abrir un espacio para preguntarse, con honestidad, qué se desea realmente. Crear momentos libres de pantallas y de exigencias externas se vuelve fundamental para reconectar con las propias emociones. En ese proceso, también es posible identificar qué situaciones disparan las conductas dependientes, ensayar nuevas formas de afrontar el malestar emocional y, si es necesario, buscar acompañamiento profesional que facilite el camino hacia una vida más consciente y equilibrada.

Un caso ilustrativo es el de Elena Restrepo Henao, estudiante de Administración de Negocios y representante estudiantil de EAFIT, quien en diciembre de 2023 decidió hacer una pausa voluntaria en el uso de redes sociales. “El nivel de conciencia que yo construí en esos días fue muy especial. Te enfrentas a no hacer nada e invertir el tiempo en algo que no sea tan estimulante o lleno de dopamina como lo pueden ser las redes sociales. Entonces lees, descansas o conversas con las personas, porque se nos olvida que en el mundo presencial también eso es posible”, afirma.

A partir de su experiencia, Elena se unió a la profesora María Alejandra González Pérez para proponer un desafío práctico en la clase de Ética e Integridad. La actividad consistió en que los estudiantes hicieran un detox de redes sociales y llevaran un diario físico durante el proceso. El experimento reveló cómo muchos de ellos enfrentaron ansiedad por desconexión, pero también cómo, con el tiempo, descubrieron beneficios relacionados con el bienestar personal y la reconexión con actividades presenciales.

Los expertos insisten en la necesidad de revisar críticamente nuestros hábitos. “El primer paso, creo yo, es reconocerlo. El segundo, pedir ayuda. Y el resultado, tras un esfuerzo, es regresar a una vida más plena, saludable, en la que se construya un verdadero bienestar”, concluye el profesor Jorge Mauricio.

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El celular, las redes sociales y el trabajo excesivo pueden convertirse en formas de dependencia que afectan la salud mental. Conoce más sobre este tema en el video podcast Hablemos de Salud mental
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El celular, las redes sociales y el trabajo excesivo pueden convertirse en formas de dependencia que afectan la salud mental. Conoce más sobre este tema en el video podcast Hablemos de Salud mental
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La Universidad de los Niños EAFIT celebra 20 años inspirando aprendizajes desde la curiosidad

Noviembre 19, 2025

• Desde 2005, la Universidad de los Niños EAFIT ha inspirado a miles de niñas, niños, jóvenes y familias a explorar el mundo desde la curiosidad y la pregunta. En estos 20 años ha consolidado una metodología única que ha acercado la ciencia a más de 100.000 participantes en más de 20 departamentos del país.

• En su proyección, este programa busca seguir democratizando el conocimiento, inspirar vocaciones científicas y fomentar el pensamiento crítico. Así, reafirma su compromiso de ser un puente entre la ciencia, la educación y la sociedad, liderando procesos de transformación cultural y de Ciencia, Tecnología e Innovación.

En dos décadas, la Universidad de los Niños EAFIT ha beneficiado a más de 1.500 instituciones educativas, acercando la ciencia al aula y al territorio. Conoce más sobre la historia de Uniniños aquí


La Universidad de los Niños EAFIT celebra dos décadas de una iniciativa que transformó la manera de acercar la ciencia a la sociedad. Lo que inició como un proyecto pionero para que niñas, niños y jóvenes visitaran el campus y dialogaran con investigadores, hoy es una plataforma educativa con impacto en territorios y comunidades de todo el país; un laboratorio vivo que ha demostrado que la curiosidad es un motor poderoso para aprender, preguntar y construir ciudadanía científica.

Desde 2005, más de 100.000 niñas, niños y adolescentes, junto con 6.600 docentes y mediadores, y cerca de 1.000 investigadoras e investigadores en más de 20 departamentos, han participado de talleres experienciales, proyectos de investigación escolar y espacios de conversación con acompañamiento interdisciplinario. Veinte años después, la “UNI” (como la llaman con cariño el equipo interno) continúa consolidándose como un modelo de Apropiación Social del Conocimiento (ASC) que dialoga con los territorios, las escuelas y las instituciones públicas y privadas.

De acuerdo con Lina Marcela Cuartas Villa, jefe encargada de la Universidad de los Niños, las preguntas son la brújula del aprendizaje dentro del programa. “Nuestra metodología cultiva mentalidades abiertas, curiosas y colaborativas, que confían en la ciencia, valoran el conocimiento como bien público y reconocen el aprendizaje como una experiencia compartida. Inspirados en la mentalidad de crecimiento y en el gozo por el aprendizaje, invitamos a descubrir que aprender no es memorizar, sino explorar, crear y construir sentido junto a otros”, afirma.

A partir de este principio, la metodología de la Universidad de los Niños se ha consolidado en cuatro pilares que funcionan simultáneamente: la pregunta, el juego, la conversación y la experimentación. Según Lina, no son solo estrategias pedagógicas, sino modos de relacionarse con el mundo que permiten acercarse a la ciencia desde la imaginación, la creatividad y el rigor. En cada espacio, niñas, niños, adolescentes y mediadores formulan hipótesis, dialogan entre pares y se encuentran con el conocimiento de manera horizontal.

Esa manera de aprender ha permeado aulas, laboratorios y, con el tiempo, territorios que hoy reconocen en la Universidad de los Niños un puente entre sus contextos y el mundo científico. Ese impacto sostenido también ha sido valorado fuera del campus. En 2025, la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) distinguió a EAFIT como Empresa Inspiradora, gracias al trabajo de la Universidad de los Niños y su aporte a la transformación educativa del país. Este reconocimiento se suma a otros galardones que consolidan al programa como un referente global en ciencia y educación, entre ellos el Falling Walls Science Engagement (2022), el premio Science of the City (2013) y la distinción de la RedPOP en 2020. 

En expansión por el territorio

Aunque la Universidad de los Niños nació en el campus eafitense, con el tiempo ha trascendido sus límites físicos para llevar su metodología a escuelas y comunidades de distintas regiones del país. Parte de esta expansión se ha desarrollado a través de los proyectos de jornada complementaria, como Inspiración Comfama, que acompañan procesos educativos en diferentes municipios de Antioquia, como Caramanta, Andes, Jericó, Amagá, San Vicente de Ferrer, Puerto Berrío, Copacabana, entre otros.

En esta línea, Diana Marcela Marín Alzate, coordinadora de la Jornada Escolar Complementaria en la Universidad de los Niños, destaca el alcance que se tiene con la iniciativa. “Estamos atendiendo aproximadamente desde 2022 a 2.000 niños y niñas de manera mensual, 5 horas a la semana y durante 7 meses al año, es decir, de 120 a 140 horas en el año”, explica.

El equipo, conformado por cerca de 35 personas, trabaja para llevar la metodología de la “UNI” a los territorios mediante talleres móviles, materiales didácticos y acompañamiento pedagógico. Los contenidos abarcan temáticas como viajes por la ciencia, pensamiento computacional, participación ciudadana, liderazgo femenino, emprendimiento y orientación vocacional. Además, los grupos participantes tienen la oportunidad de visitar EAFIT y presentar sus avances en ferias de ciencia, lo que les permite vivir la experiencia universitaria desde una perspectiva cercana.

Uno de los resultados más representativos se refleja en los proyectos desarrollados por los propios estudiantes: sistemas de filtración de agua en San Vicente, prototipos de riego automático en Sabaneta, investigaciones sobre la vida del río Magdalena en Puerto Berrío o exploraciones del recurso hídrico en Caramanta. Estas experiencias muestran que la ciencia se vive y se transforma desde los retos locales, y que los territorios son escenarios fértiles para la experimentación y la construcción colectiva de conocimiento.

Impacto que trasciende generaciones

La trayectoria del programa también ha dejado huellas en miles de familias y participantes. Uno de ellos es Juan Camilo Arango Gálvez, quien llegó a la Universidad de los Niños cuando tenía alrededor de diez años. Dos décadas después, es profesor eafitense, ingeniero físico e investigador, y todavía recuerda cómo ese paso por esta dependencia eafitense marcó su camino. “Siento que esas experiencias me llevaron a hacer en este momento lo que estoy haciendo, sobre todo porque al final ese es el trabajo de uno como investigador: responder preguntas todo el tiempo, estar cuestionando cosas”, afirma.

Hace un año Juan Camilo regresó al programa, pero esta vez como investigador invitado para resolver la pregunta “¿por qué nos reflejamos en un espejo?”. En el laboratorio, y acompañado por un grupo de niñas y niños, realizó experimentos con láseres y otros elementos. Para él, volver no solo significó responder una inquietud científica, sino también completar un ciclo de formación que comenzó en su infancia.

Historias como la de Juan Camilo evidencian el impacto del programa más allá del aprendizaje inmediato, y cómo siembra vocaciones, amplía horizontes y demuestra que la ciencia puede ser cercana a muchas personas. “Creo que hacernos preguntas que nos lleven a cuestionarnos es fundamental, no solo por entender el mundo, sino por despertar esa curiosidad y esa capacidad de comprensión de por qué funciona o no algo. Siento que eso es primordial, no solo en la formación científica”, añade.

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En dos décadas, la Universidad de los Niños EAFIT ha beneficiado a más de 1.500 instituciones educativas, acercando la ciencia al aula y al territorio. Conoce más sobre la historia de UNI aquí.

Un laboratorio que sigue creciendo


El desarrollo de la Universidad de los Niños ha sido posible gracias a las alianzas con instituciones públicas, privadas y comunitarias. En dos décadas, más de 1.500 instituciones educativas han hecho parte de sus programas. Muchas han participado a través de convocatorias, becas o subsidios que permiten que niñas, niños y jóvenes de contextos vulnerables accedan a experiencias científicas de calidad.

Esta apuesta por la equidad se refleja en propuestas como Zoom Ciencia, Encuentros con la Pregunta, Retos de Ciencia y Expediciones Científicas, que atienden a participantes entre los 3 y los 18 años. También está presente en iniciativas enfocadas en liderazgo, participación ciudadana o pensamiento computacional, que buscan fortalecer diferentes habilidades desde edades tempranas.

Además, el programa cuenta con procesos de formación continua para talleristas y mediadores, quienes se preparan en metodologías activas, facilitación pedagógica y apropiación social del conocimiento. Cada año, estudiantes universitarios, profesionales y docentes se suman a esta red de mediación que sostiene el impacto del modelo y permite su expansión.

En su aniversario número veinte, la Universidad de los Niños de EAFIT proyecta una etapa de consolidación y expansión. El objetivo es continuar llevando la metodología a nuevas regiones, como ya se ha hecho con iniciativas como Ciencia entre Montañas, Saberes en Red: Eloísa Latorre, Ciencia en Territorio, El Líder Sos Vos Kids, entre otras, que han llevado la experiencia de la “UNI” a contextos urbanos y rurales. La mirada a futuro está en fortalecer alianzas con cajas de compensación, entidades gubernamentales y organizaciones sociales, y en ampliar su participación en redes nacionales e internacionales de ciencia y educación.

El proyecto también busca documentar, sistematizar y transferir su modelo educativo a otras instituciones interesadas en promover la curiosidad como herramienta de transformación social. Ese horizonte implica no solo mantener la calidad de los procesos, sino también innovar en contenidos, formatos y experiencias que dialoguen con los desafíos contemporáneos.

En palabras de Lina Cuartas, esta mirada al futuro está guiada por un principio fundamental: “formar una ciudadanía científica crítica y sensible, capaz de conectar el conocimiento con los desafíos de su tiempo”, un propósito que invita a proyectar la metodología hacia una madurez colaborativa, donde el derecho a la ciencia y al aprendizaje a lo largo de la vida se viva en red, como una práctica compartida entre la universidad, la escuela y la sociedad.

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Para este profe y exparticipantes de la Universidad de los Niños, las preguntas son la chispa de la ciencia

Noviembre 19, 2025

• Desde que participó en la Universidad de los Niños, a los 12 años, Juan Camilo Arango descubrió el poder de la curiosidad y de hacerse preguntas. Aquellas experiencias con la ciencia y el juego despertaron su vocación investigadora y lo llevaron a convertirse en ingeniero físico, joven investigador y hoy profesor de cátedra en EAFIT.

• En 2024 cerró el ciclo al regresar como investigador invitado para responder una de las preguntas del programa. Esta es la historia de un eafitense que comenzó su recorrido en EAFIT en la Universidad de los Niños y, hoy, hace parte del equipo de profesores de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería.

Aunque ya conocía la Universidad porque su abuelo lo traía cuando apenas tenía cinco o seis años, el verdadero vínculo de Juan Camilo Arango Gálvez con EAFIT se forjó a los 12 años, cuando su tía María Adelaida lo inscribió en la Universidad de los Niños.

De esos días no recuerda si venía con cuaderno o no, lo que si recuerda es que había ingresado por la portería con muchas preguntas: ¿qué es esto?, ¿para qué sirve? ¿qué es investigar?... y, en respuesta, solo obtuvo más preguntas por parte del programa: ¿por qué existen los idiomas?, ¿por qué flota un barco? y, especialmente, ¿por qué la Tierra tiembla?

Hoy, a los 30 años, no solo puede responder qué es investigar, sino que tiene la certeza que comenzó a hacerlo un viernes de aquel entonces cuando, subido en la Mesa Vibratoria con sus otros compañeros de la Universidad de los Niños, en el Laboratorio de Sismología de la Universidad, experimentó por primera vez la simulación de un terremoto.

Y aunque en ese momento no lo sabía, aquellas sesiones en los laboratorios, los juegos con preguntas imposibles y los experimentos que parecían magia, estaban sembrando en Juan Camilo una forma de mirar el mundo que años después se convertiría en vocación.

“Ese tipo de preguntas son las que más me acuerdo, sobre todo las relacionadas con las ciencias exactas, porque es a lo que me dedico hoy en mi vida. Yo soy ingeniero físico de EAFIT y, en parte, elegí esa profesión por lo que la Universidad de los Niños y sus preguntas sembraron en mí”, expresa este eafitense, quien antes de llegar a ser profesor de cátedra de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, también fue joven investigador de MinCiencias y asistente de investigación.

Para él, ese hábito de interrogar la realidad, sin miedo a parecer ingenuo o a no saber, es uno de los mayores aprendizajes que le dejó este programa. “Pasar por ahí te enseña que no hay preguntas tontas, que todas pueden tener una respuesta o, por lo menos, un camino para buscarla. Eso para mí es fundamental, no solo en la formación científica sino en la vida”.

Esa misma curiosidad lo acompaña hoy como profesor, un rol en el que intenta replicar algunas de las metodologías que lo marcaron en Uniños, como participantes y como tallerista. Y, cada vez que ve a los grupos de la Universidad de los Niños recorrer el campus, revive algo de esa primera vez que entró por la portería principal lleno de asombro.

“Cada vez que los veo me acuerdo de esa sensación. Llegar a un ambiente universitario siendo un niño es muy distinto: todo es grande, todo es nuevo. Me parece genial que sigan viniendo, y si algún día tengo hijos, muy probablemente estarán en la Universidad de los Niños”, cuenta sonriendo.

Volver a la Universidad de los Niños, cerrar un ciclo

En 2024 Juan Camilo vivió una experiencia que lo marcó de manera especial: fue el investigador invitado a responder una de las preguntas del programa, ¿por qué nos reflejamos en el espejo? “Y desde la física, eso tiene que ver con cómo la luz se comporta cuando choca con una superficie pulida. Fue muy ‘bacano’ que me buscaran para eso, porque fui niño de la Universidad de los Niños, y ahora era yo quien respondía las preguntas. Fue como cerrar un ciclo”.

Durante esa jornada, los pequeños experimentaron con pelotas para entender cómo funciona la reflexión de la luz y trabajaron con láseres verdes para visualizar su trayectoria.
“Los niños hacen preguntas que uno como adulto ya no se hace, como por qué el láser es verde y no rojo. Esas cosas sencillas, que parecen obvias, son las que te obligan a pensar distinto. Es una interacción completamente diferente, sin prejuicios, sin miedo a que la ciencia sea difícil. Solo quieren entender”.

Por eso, cada vez que puede, recomienda la experiencia. “A todas las personas que tienen hijos se los recomiendo completamente. Es algo que va más allá de lo que aprenden en el colegio. Estar en un ambiente universitario, responder preguntas de otro nivel y hacerlo desde el juego, eso es lo más bonito de un programa como estos”.

Y si algo resume lo que aquel niño de la Mesa Vibratoria aprendió, y que el investigador que hoy sigue aplicando, es la importancia de hacerse preguntas. “Hacernos preguntas nos permite entender el mundo, pero también mantener viva la curiosidad. Preguntarse por qué funciona algo o por qué no, por qué nos movemos o por qué la Tierra tiembla... eso, creo, es lo que mantiene encendida la chispa de la ciencia y, en general, de la vida”.

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Juan Camilo durante el más reciente encuentro de Alcampus 2025
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20 años de recorrido, encuentros y muchas preguntas con la Universidad de los Niños

Noviembre 18, 2025

Todo comenzó con una compra al azar cuando, en un viaje a Europa, el exrector Juan Luis Mejía Arango se encontró con un texto, en una librería de Madrid, que capturó su atención, se llamaba Una universidad para los niños.

En esas páginas, recuerda Juan Luis, “un académico europeo proponía que los científicos explicaran su trabajo a niños y jóvenes usando un lenguaje claro. La idea me quedó resonando durante el vuelo de regreso y se convirtió en el punto de partida de una conversación que pronto tomaría forma”.

Y al llegar a Medellín, durante la preparación de la conmemoración por los 45 años de EAFIT, Juan Luis Mejía y Ana Cristina Abad, exjefa del entonces Departamento de Comunicación y Cultura, se propusieron darle forma a una idea similar:  crear un espacio donde investigadores y niños pudieran encontrarse para compartir experiencias y sembrar vocaciones tempranas.

“Uno de los propósitos fue generar un puente de comunicación entre los niños y los grandes expertos y doctores de la academia, en un escenario donde se encontrarán estudiantes de la educación privada y pública. La idea no era solo abrir las puertas de la Universidad, sino también establecer un diálogo entre distintos sistemas educativos y vincular a los maestros de la ciudad en esa dinámica”, explica Ana Cristina.

De esta manera nació, en 2005, la Universidad de los Niños y hoy, dos décadas después, este programa no solo mantiene el espíritu con el que nació, sino que ha ampliado su alcance con nuevas experiencias, colaboraciones y presencias en otros territorios.

Y fiel a su propósito de crear espacios donde la ciencia, la curiosidad y las distintas formas de aprendizaje puedan encontrarse sin barreras, ahora tiene una historia llena de experiencias significativas, premios, viajes, documentales, proyectos con entidades públicas y privadas, manifiestos, pódcast y series web, cursos de formación para maestros y propuestas que tocan el corazón de los tomadores de decisiones de la ciudad y el país.

Esta línea de tiempo nos lleva a través de un recorrido por algunos de sus principales hitos:

    2005

    En 2005, como parte de la celebración de los 45 años de EAFIT, la Universidad le entregó un regalo a la ciudad: la creación de la Universidad de los Niños. La iniciativa fue creada por un equipo liderado por el exrector Juan Luis Mejía Arango, y Ana Cristina Abad, exdirectora del entonces Departamento de Comunicaciones y Cultura de esta institución.

    2006

    Se formaliza el programa Universidad de los niños EAFIT como una estrategia para el fomento de vocaciones científicas y la divulgación. Recordados profesores como Michel Hermelin, una eminencia en el campo de la geología fue uno de los primeros que se animó a enseñar en la Universidad de los Niños. De la misma manera lo hizo el profesor Giovanni Bedoya, quién se atrevió a responder a los niños la pregunta de ¿por qué tiembla la Tierra?

    2007

    Después de dos años de trabajo con la metodología enfocada en las preguntas basadas en el por qué, en 2007 se integran los interrogantes formulados en clave de “cómo”. 
     

    2008

    La Universidad EAFIT empieza a ser parte de la red European Children’s Universities Network (EUCUNET); y se edita la primera edición de la revista Catalejo
     

    2009

    Participación en el programa Kinderuni tour y KinderuniWien 2009, en Viena, Austria, para comenzar una alianza con pares de otros lugares del mundo.   
     

    2010

    Este año el programa amplía su cobertura a los adolescentes con la etapa Expediciones al Conocimiento, en la que pueden desarrollar, durante todo un año, sus propios proyectos de investigación.   
     

    2011

    Estreno de la obra de teatro Sócrates: de los sueños de Violeta y las aventuras de Garabato, resultado de los mismos participantes del programa.   
     

    2012

    Primera edición del libro Sin Preguntas, ¿Para qué respuestas?, que narra el recorrido de la Universidad de los Niños durante sus primeros siete años de experiencias.
     

    2013

    En  2013,  a  partir  de  la  experiencia  en  el  trabajo  con  niños  y  jóvenes  de  diversos  orígenes  socioeconómicos  y  culturales, la  Universidad  de  los  niños  EAFIT  publica un artículo sobre los límites en la niñez, y la manera como el tema se aborda dentro del programa.  
     

    2014

    Se crea Con la ciencia en la cabeza, en radialty, un proyecto para generar discusiones enriquecedoras y formativas a diferentes personas y expertos en disciplinas científicas. Ese mismo año publican el manifiesto para el Foro Urbano Mundial: Todos podemos cambiar el mundo  
     

      2015

      La Universidad de los niños celebra su primera década. Así se vivió este momento.   
       

      2016

      En octubre del 2016, los estudiantes del curso de ecología, del pregrado en Biología, llevaron a cabo su salida de campo en la región de Capurganá (Chocó). Como parte de sus actividades, y acompañados por la Universidad de los Niños, dedicaron una mañana para intercambiar conocimientos con los niños de tercero y cuarto grado de la Institución Educativa Sagrado Corazón de Jesús.     

      Publicación del manifiesto: La ciudad que soñamos. Catorce niños y jóvenes, ciudadanos del área metropolitana del Valle de Aburrá, escribieron sus propuestas ambientales en este documento.   
       

      2017

      La Universidad de los Niños recibe el Premio de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe (RedPop), por la formación de sujetos activos en la construcción de conocimiento y la transformación de la sociedad.  

      Ese mismo año comienza la iniciativa Ideas para tu clase, mediante la que acompañan a los profesores de pregrado con talleres y consultorías para mejorar sus experiencias de aprendizaje; y los clubes de ciencia, para formar  a cerca de 1.200 jóvenes de colegios oficiales de Medellín en sus aulas.     
       

      2018

      La Universidad de los niños pública su segundo manifiesto, esta vez por la biodiversidad.   
       

      2019

      El programa eafitense se une a Inspiración Comfama para impactar niños en los municipios de Rionegro, Bello y Guarne.
            

      2020

      Un año de proyectos, entre los que de destacan:

      Phereclos a través de la Red Europea de Universidades de Niños (Encu.Net) y de la convocatoria Science with and for Society 2018-2020, del programa Horizonte 2020 de la Unión Europea

      JEC CAFAM robótica, en Bogotá y Cundinamarca.

      Crear sin fronteras en Medellín, para fortalecer los colectivos juveniles en contextos de migración. 

      2021

      Lanzamiento de la serie web Guardianes de Historias. Revívela en este enlace.   

      2022

      Empieza Ciencia entre Montañas, un proyecto para fortalecer habilidades científicas, tecnológicas y de innovación en niños y niñas de primaria, en la provincia Cartama.   

      La Universidad de los Niños recibe el reconocimiento Falling Walls Sciencie Summit, en la categoría Science Engagement.

      2023

      Participación en el proyecto Science on a Sphere. Diseño y mediación de un recorrido creativo para que más de 900 niños, niñas y adolescentes de Medellín pudieran responder a la pregunta: ¿cómo afecta el cambio climático la vida en el trópico? Ese mismo año presentan el informe Palabras Mayores, la agenda de la niñez en Hablemos Medellín.

      También se crea la Mesa de Niñez EAFIT; y comienza el trabajo con los semilleros de los colegios de la Secretaría de Educación de Bogotá.     

      2024

      114 niñas y 88 niños, provenientes de diferentes colegios de Medellín, tuvieron un encuentro con Jane Goodall en la Universidad EAFIT. Cinco de ellos, representaron a los demás para compartir con la científica algunas propuestas, realizadas por ellos mismos, que buscan la sostenibilidad del planeta. El programa también hizo presencia en la COP 16, con el Manifiesto de los niñas, niños y jóvenes de las universidades 4U.    
       

      2025

      Desarrollo de los proyectos Eloísa Latorre: Saberes en red. Proyecto con ISA Intercolombia con impacto en todo el país; y el Lider Sos Vos Kids Medellín, enfocado en la formación en liderazgo para niñas y niños de Medellín, en conjunto con la Secretaría de Educación de Medellín.   

      En 2025, año en el que el programa conmemora sus 20 años de trayectoria, recibieron el premio de la ANDI como Empresa Inspiradora; y se realizaron intercambios académicos con Uruguay y Chile.   

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