Procesos de enseñanza y aprendizaje mediados por tecnología

La tecnología es clave para integrar conocimiento, docencia y aprendizaje. En la Universidad EAFIT, la plataforma EAFIT Interactiva —nuestro Sistema de Gestión del Aprendizaje—, se ha consolidado como un entorno digital que redefine la experiencia de aprendizaje al impulsar la interacción, fomentar la flexibilidad y estimular la innovación. 

Exploremos su impacto transformador, los retos que implica su adopción y las historias reales de profesores que han logrado convertir sus cursos mediados por tecnología en vivencias significativas y memorables. 

La integración de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la educación ha generado una transformación profunda en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Investigaciones recientes han demostrado que el uso de plataformas digitales, recursos interactivos y entornos virtuales de aprendizaje potencia no solo el acceso al conocimiento, sino también la autonomía, la motivación y el desarrollo de competencias del siglo XXI (Selwyn, 2016; Bates, 2019). 

Por ejemplo, la UNESCO (2022) resalta que las TIC permiten diversificar las metodologías pedagógicas, facilitar el aprendizaje personalizado y fomentar la inclusión. En particular, los Sistemas de Gestión del Aprendizaje o LMS —del inglés Learning Management System— se han consolidado como infraestructuras clave para la gestión del aprendizaje, al facilitar la organización de contenidos, la comunicación sincrónica y asincrónica, el seguimiento del progreso y la evaluación continua.

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Estudiantes realizando actividades en computadoras
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Estudiantes realizan actividades en un LMS o Sistema de Gestión del Aprendizaje como EAFIT Interactiva.
 
Una universidad que aprende y se transforma 

En este escenario global, la Universidad EAFIT asume con firmeza el liderazgo en la adopción de tecnologías emergentes y de la inteligencia artificial como ejes de transformación educativa, organizacional y social. La educación virtual, híbrida y flexible ha dejado de ser una alternativa para convertirse en un pilar estratégico que garantiza la pertinencia y la sostenibilidad de los procesos formativos. 

En el caso particular de la Universidad, la plataforma EAFIT Interactiva se consolida como el espacio digital donde convergen el profesor, el estudiante y el currículo. A través de este LMS, se articulan contenidos, se gestionan actividades, se realiza evaluación continua, se fortalecen las comunidades de aprendizaje y se dinamiza el acompañamiento docente. 
 
Para garantizar el uso efectivo de la plataforma y potenciar sus posibilidades pedagógicas, el área de Gestión Digital del Aprendizaje (GDA) se encarga de brindar soporte y aportar al desarrollo de contenidos digitales y otros recursos de aprendizaje mediante estrategias como Aprende+ EAFIT. En suma, desde la gestión tecnológica, pasando por el diseño instruccional y el seguimiento del proceso educativo, EAFIT Interactiva es un LMS que contribuye a una experiencia de aprendizaje coherente, intuitiva y centrada en el estudiante.

 

Historias que inspiran: voces desde la práctica docente 

Veamos dos testimonios que reflejan un cambio significativo en la relación docente-estudiante y en la forma de concebir la educación mediada por tecnología, en línea con la literatura sobre pedagogías activas y el uso efectivo de las TIC (Laurillard, 2012).

"He logrado potenciar el uso de la herramienta y el acercamiento con mis estudiantes. Es práctica, eficiente y colaborativa. Los cuadernos de calificaciones me han permitido calificar de manera continua y mantenerme al día con ellos. EAFIT Interactiva, soportada en Brightspace, tiene un gran potencial al integrarse con contenidos de editoriales como McGraw-Hill y Pearson." 

 

Hernán Alzate Arias, profesor de cátedra adscrito a la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT

"Desarrollar mi curso con apoyo del equipo del Área de Gestión Digital del Aprendizaje fue un proceso de cocreación: Yo puse el contenido, y ellos su experiencia para hacerlo innovador y significativo. La plataforma EAFIT Interactiva permite a los estudiantes aprender a su ritmo, fomenta la autogestión y convierte el conocimiento en experiencia." 

 

Jimena Gutiérrez Rúa, profesora de la Maestría en Sostenibilidad de EAFIT.

 
Retos, aprendizajes y acciones en curso 

A pesar de su amplia adopción en la comunidad universitaria, uno de los principales retos para la gestión de EAFIT Interactiva es reducir el uso que se limita exclusivamente al registro de calificaciones. Frente a esto, se han propuesto cursos autocontenidos, sesiones formativas y acompañamiento permanente por parte del Área de Gestión Digital del Aprendizaje y el equipo de Aprende+ EAFIT. Estas acciones buscan motivar a los docentes a explorar y aprovechar más las funcionalidades interactivas, de seguimiento y de diseño pedagógico que este LMS ofrece. 
 
Es clave reconocer que estas tecnologías no son por sí mismas la solución para asumir los retos actuales de formación y gestión del aprendizaje. Los LMS son innovadores cuando se apoyan en el talento humano que puede brindar soporte técnico, orientación y acompañamiento para asegurar que la adopción tecnológica se traduzca, en este caso, en experiencias de aprendizaje exitosas. En otras palabras, el éxito de las TIC educativas depende tanto de la infraestructura como del desarrollo profesional docente (Kirkwood & Price, 2014).  

 

 
Visión a futuro: una experiencia coherente, conectada y catalizadora 

Actualmente, la Universidad EAFIT avanza en la expansión de EAFIT Interactiva como plataforma LMS para la gestión de todos sus procesos formativos, no solo en los programas de pregrado. La meta es que, sin importar el nivel académico, ni la modalidad (presencial, virtual o híbrida), la experiencia del estudiante sea fluida, coherente y articulada. 
 
Adicionalmente, se explora la incorporación de inteligencia artificial para enriquecer el análisis del aprendizaje, personalizar la experiencia del estudiante y fortalecer los procesos de retroalimentación y evaluación formativa. Esto está en línea con los desarrollos recientes sobre analítica de aprendizaje —learning analytics— y sistemas adaptativos, que han mostrado efectos positivos en la toma de decisiones pedagógicas y la mejora del rendimiento estudiantil (Siemens & Long, 2011). 

 

Una invitación a transformar el aprendizaje juntos 

EAFIT Interactiva no es solo una plataforma: es una invitación a imaginar nuevas formas de enseñar y aprender. Es una herramienta al servicio de la pedagogía, de la innovación y de la relación humana. Todos los profesores, investigadores, empleados administrativos y estudiantes de la Universidad EAFIT están llamados a hacer parte activa de esta transformación. La educación del futuro se construye hoy, con tecnología, con sentido pedagógico y con propósito. 

Si tienes dudas o comentarios sobre EAFIT Interactiva, puedes comunicarte con el Área de Gestión Digital del Aprendizaje (GDA) a través del canal único de atención: soporteinteractiva@eafit.edu.co

 

 

Autores

Luis Gerardo Pachón Ospina

Coordinador del Área de Gestión Digital del Aprendizaje, Vicerrectoría de Aprendizaje EAFIT

Yina Andrea Zapata Franco

Gestora de experiencias educativas digitales, Área de Gestión Digital del Aprendizaje EAFIT

 

 

Bibliografía recomendada

 

Sección de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas
Autor
Luis Gerardo Pachón-Ospina; Yina Andrea Zapata Franco
Edición
Agustín Patiño Orozco

El factor “tiempo” en la generación de valor público e impacto positivo a través de la intencionalidad empresarial 

Agosto 21, 2025

¿Cómo las acciones empresariales de hoy resuenan en el mañana? En este artículo exploramos la intersección entre tiempo, intencionalidad deliberada y responsabilidad hacia las generaciones futuras. Descubrimos cómo las empresas que voluntariamente orientan sus acciones hacia el desarrollo sostenible no solo generan beneficios en el presente, sino que tejen un legado duradero que trasciende generaciones. 

Proponemos una mirada donde las empresas actúan como máquinas del tiempo, capaces de transferir valor entre el presente y el futuro que construimos juntos.

1. El tiempo como nuevo protagonista empresarial

Hace no mucho, las empresas tenían un único objetivo claro: generar beneficios económicos. Sin embargo, hoy navegamos tiempos donde los desafíos sociales y ambientales reclaman con urgencia nuestra atención. Y en este escenario, el papel de las empresas ha dado un giro fascinante.

Imaginemos por un momento el tiempo como un río. Las empresas ya no son simples barcas que navegan en él, sino agentes que pueden influir en su curso. ¿Cómo? A través de acciones deliberadas que trascienden el presente y moldean las orillas del futuro.

En este artículo exploraremos tres conceptos: el tiempo como escenario y protagonista, la intencionalidad como brújula de las acciones empresariales, y la responsabilidad intergeneracional como el compromiso ético que conecta nuestro presente con un mañana que aún no conocemos, pero que ya estamos construyendo. 

 

2. Intencionalidad deliberada: cuando las empresas miran al horizonte

Cuando una empresa decide, por voluntad propia, ir más allá del simple cumplimiento normativo e integrar la sostenibilidad en su ADN, ocurre algo transformador. Esta no es una acción accidental ni una reacción ante presiones externas, es una elección consciente que marca el inicio de un viaje distinto. 

 

2.1. Liderazgo posibilista: soñar con los pies en la tierra 

Imaginemos líderes empresariales que no solo responden a lo urgente, sino que anticipan lo importante. Como señalan Rosário y Boechat (2025), estos visionarios no se limitan a apagar incendios: plantan semillas para bosques futuros que quizás ellos mismos no verán crecer.

El liderazgo posibilista nos invita a una nueva forma de entender el éxito empresarial: aquella donde el horizonte temporal se expande más allá del próximo trimestre o del siguiente reporte financiero. Es la capacidad de ver potencial donde otros ven obstáculos, de construir puentes entre el presente y un futuro más justo y sostenible.

Le y Gia (2024) lo describen bellamente al mostrar cómo el liderazgo transformacional con orientación ambiental crea ciclos virtuosos de innovación y responsabilidad. Es como un efecto dominó positivo: cada acción intencionada desencadena nuevas posibilidades de valor compartido. 

 

2.2. Gobernanza con visión de futuro: más allá de quienes hoy toman las decisiones

La gobernanza corporativa, tradicionalmente vista como un conjunto de reglas y procedimientos, se transforma en algo mucho más poderoso cuando incorpora la dimensión temporal. Como sugiere Gupta (2021), al integrar principios éticos en sus estructuras, las empresas crean ecosistemas que perduran más allá de los individuos que hoy las dirigen.

Pensemos en esto: ¿Qué pasaría si las decisiones empresariales se tomaran considerando no solo a los stakeholders —grupos de interés— actuales, sino también a aquellos que aún no han nacido? Chamela (2016) nos muestra que las iniciativas de RSE —responsabilidad social empresarial— pueden ser ese puente que conecta diferentes momentos en el tiempo, construyendo una legitimidad y confianza que se acumula como un tesoro intergeneracional. 

 

3. El tiempo como lienzo: evolución de iniciativas que dejan huella

El tiempo no es solo un recurso a gestionar: es el lienzo sobre el cual las empresas plasman su legado. Las acciones empresariales con verdadero impacto evolucionan y se transforman, respondiendo a un entorno que nunca permanece estático. 

 

3.1. Adaptarse para perdurar: el arte de la evolución empresarial

Las empresas que realmente marcan la diferencia entienden que la adaptabilidad no es signo de debilidad, sino de inteligencia evolutiva. Como revela Mızrak (2023), las iniciativas voluntarias que integran contabilidad ambiental y evaluaciones de impacto social crecen y se transforman junto con la cambiante agenda global de sostenibilidad.

Imaginemos una empresa turística en Tenerife (González-Morales et al., 2021) que no solo adapta sus prácticas para minimizar su huella ecológica en el presente, sino que reimagina constantemente su relación con el ecosistema marino durante las próximas décadas. No estamos hablando de proyectos aislados, sino de una transformación profunda que redefine la identidad misma de la organización. 

 

3.2. Contar historias que construyen futuro: el poder de la transparencia

Los informes de sostenibilidad, cuando se realizan con auténtica intención transformadora, dejan de ser ejercicios burocráticos para convertirse en poderosas herramientas de reflexión y proyección. Son como fotografías secuenciales que, vistas en conjunto, revelan la trayectoria de una empresa que aprende, se transforma y evoluciona.

Esta transparencia genera un círculo virtuoso: el valor público creado hoy se transforma en confianza del consumidor mañana, en favorabilidad regulatoria pasado mañana, y eventualmente en un desempeño financiero que confirma que hacer lo correcto es lo más inteligente (Mızrak, 2023; Le & Gia, 2024). 

 

4. Responsabilidad intergeneracional: una brújula ética para navegar el tiempo

¿Qué le debemos a quienes aún no han nacido? Esta pregunta, profunda y desafiante, es la esencia de la responsabilidad intergeneracional. Cuando las empresas la incorporan en su toma de decisiones, se abren nuevos horizontes de impacto y valor. 

 

4.1. Justicia a través del tiempo: distribuyendo recursos con visión panorámica 

Imaginemos una empresa que toma decisiones hoy pensando en el mundo que experimentarán los nietos de sus empleados. Las prácticas de contratación pública verde son un ejemplo fascinante de cómo podemos crear mecanismos que no solo mejoran el desempeño ambiental actual, sino que salvaguardan recursos para quienes vendrán después (Dimand & Neshkova, 2023).

Este enfoque no es solo éticamente robusto, sino estratégicamente brillante. Al integrar inversiones a largo plazo en energías limpias e innovación, las empresas no solo contribuyen al bien común, sino que se posicionan ventajosamente en un futuro donde la sostenibilidad será el estándar y no la excepción (Płachciak, 2008). 

 

4.2. Empresas como máquinas del tempo: transferir valor a través de generaciones

Uno de los conceptos más poéticos y poderosos que exploramos aquí es la idea de la empresa como una “máquina del tiempo”. Como propone Stout (2019), las organizaciones pueden funcionar como vehículos que transportan valor a través de diferentes épocas, conectando generaciones en un diálogo silencioso, pero profundamente transformador.

Esta reconceptualización invita a los líderes a verse no solo como gestores de recursos actuales, sino como guardianes de posibilidades futuras. El imperativo moral de preservar y enriquecer el valor público a través del tiempo se convierte así en una fuente de resiliencia y propósito organizacional (Stazyk et al., 2014). 

 

5. Un marco Integrado: tiempo, intención y responsabilidad 

Al entrelazar estos tres elementos —intencionalidad deliberada, tiempo y responsabilidad intergeneracional—, emerge un marco conceptual poderosamente orientador. Visualicémoslo como una brújula tridimensional para navegar hacia futuros sostenibles:

Intencionalidad deliberada

Es el punto de partida, el momento crucial donde decidimos que nuestras acciones empresariales no serán aleatorias sino guiadas por principios y visión de largo plazo.

Tiempo

El tiempo actúa como el eje vertical que permite a las iniciativas evolucionar, adaptarse y refinarse en respuesta a un entorno cambiante.

Responsabilidad intergeneracional

Proporciona la orientación ética, señalando siempre hacia un horizonte donde las decisiones de hoy construyen posibilidades para el mañana.

En este marco, las empresas trascienden su papel tradicional para convertirse en arquitectas de futuros posibles. Como sugiere la metáfora de Stout (2019), funcionan como instituciones “perpetuas” que entrelazan el ahora con el mañana, creando valor que perdura y se expande a través del tiempo. 

 

6. Conclusiones: empresas que construyen futuros 

Cuando una empresa decide mirar más allá del próximo trimestre, e integrar el tiempo como dimensión fundamental de su estrategia, ocurre algo extraordinario: deja de ser simplemente un actor económico para convertirse en un agente de transformación con impacto duradero.

El marco que hemos explorado nos invita a reimaginar la empresa: no como una entidad atrapada en el presente, sino como un puente entre temporalidades, capaz de recoger lo mejor del pasado, actuar con sabiduría en el presente y sembrar posibilidades para el futuro.

En un mundo donde los retos son cada vez más complejos e interconectados, este enfoque nos ofrece una vía para reconciliar lo que a menudo parece irreconciliable: las necesidades del ahora y las posibilidades del mañana. Al adoptar esta perspectiva temporal amplia e integrar la intencionalidad deliberada en la estrategia empresarial, construimos juntos un legado de equidad, sostenibilidad y prosperidad que trasciende generaciones.

Y, después de todo, ¿no es esa la verdadera medida del éxito empresarial? No solo lo que logramos hoy, sino lo que hacemos posible para el mañana. 

 

Autora

Maria Alejandra González-Pérez

Jefe de la Maestría en Sostenibilidad de la Universidad EAFIT e integrante del equipo Bien+

 
Bibliografía recomendada
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Edificio de una empresa en la ciudad
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Autor
Maria Alejandra González-Pérez
Edición
Agustín Patiño Orozco

Michel Hermelin. Un abrazo a la Tierra

Agosto 21, 2025

23 de junio de 1937. 15 de agosto de 2015. Entre una fecha y otra transcurrió la sorprendente vida de Michel Hermelin Arbaux.

El hijo del panadero, el profesor de francés, el estudiante de ingeniería de geología y petróleos, el geólogo, el investigador, el académico, el maestro, el profesor emérito de EAFIT, el colega, el viajero, el lector, el crítico, el esposo, el padre, el abuelo, el niño nacido en Francia que decidió ser colombiano por siempre.

El Desierto de la Tatacoa con su tierra ocre y gris, ese monolito de 220 metros de altura llamado El Peñol, el extenso Cañón del Chicamocha de sinuosos cortes montañosos, las extrañas formaciones que en tan solo seis kilómetros cuadrados sorprenden en el área única de Los Estoraques en Norte de Santander y la Sierra Nevada de Santa Marta con sus inexpugnables picos a casi seis mil metros sobre el nivel del mar, son cinco de los 16 paisajes más bellos de Colombia desde el punto de vista geológico.

Así lo vio, lo estudió, lo seleccionó y lo editó Michel Hermelin Arbaux en Landscapes and Landforms of Colombia, su libro póstumo, una manifestación de amor y conocimiento por la tierra en la que no nació, pero a la que sí decidió pertenecer.

Tota, el lago más grande del país (con un área de 70 kilómetros cuadrados), las lagunas de Guatavita y de La Cocha, los volcanes Puracé y Galeras, los nevados del Ruiz y de El Cocuy, el Salto del Tequendama, la Sabana de Bogotá, el Cabo de la Vela en la Alta Guajira, los volcanes de lodo en la Costa Caribe central y Punta Rey en Arboletes completan esta selección de paisajes y accidentes geográficos de Colombia que no solo dan cuenta de su riqueza geológica, sino de los recorridos exploratorios que a lo largo de su vida hizo por el país este francés, que comenzó a ser colombiano en ese diciembre de 1953 cuando llegó con sus padres desde París a instalarse en Paz del Río (Boyacá).

Para ese entonces, ese pueblo boyacense se alistaba para la producción en pleno en 1954 de una siderúrgica de carácter nacional creada en el papel en 1948. El auge del acero atrajo a muchos ingenieros franceses, y el panadero Jean Hermelin vio en ello una oportunidad de rehacer su vida luego del desengaño que le dejó la posguerra. Durante la ocupación nazi en Francia –orquestada por Hitler y Mussolini–, Jean, su madre Henriette y su mujer Madeleine Arbaux le apostaron a la resistencia. Parte del pan horneado se les iba en alimentar las tropas aliadas, la casa servía para esconder combatientes, y al pequeño Michel le tocaba, algunas veces, pararse en la puerta para advertir si los enemigos estaban cerca.

Con su memoria admirable, el Michel ya colombiano, ya geólogo, ya casado, ya padre, les contó a su esposa Marta Elena, a sus hijos Nicolás y Daniel, y a sus nietos Pedro y María, esas historias y ese primer recuerdo que tiene de su infancia: el de las tropas fascistas bombardeando su pueblo, Villiers-Saint-Georges, y él obligado a esconderse en la casa de un vecino.

La Segunda Guerra Mundial llegó a su fin en 1945 y, un año después, la familia de panaderos, en la pobreza, parte hacia el trópico, a comenzar de nuevo en Aroa, un pueblito minero de Venezuela en el que vivía un primo y donde, a falta de profesionales criollos, estaban los franceses. El pequeño tenía nueve años y su día se le iba entre aprender español, estudiar para terminar su primaria y salir a vender panes.

Cerca de dos años duró la estadía en Venezuela. La hermana de Michel, Annette, casi diez años mayor, se casó en Francia, y para 1949 estaban de regreso a su país de origen. En esos años en París, el niño reforzó su francés, aprendió algo de alemán y de inglés, y no olvidó el español. Sus padres montaron con su hermana y su cuñado una tienda de abarrotes, pero América Latina les quedó gustando, sobre todo a Jean. Por eso, y porque en la posguerra no había mucho para ellos, ni incentivos ni apoyo a pesar de haber dado tanto como resistentes, decidieron volver, esta vez a Colombia. Su hijo decidió seguirlos.

De niño le tocó una guerra, de joven llegó a Colombia a otra, la de la violencia bipartidista exacerbada luego del asesinato de Gaitán en 1948. En ese 1954, su primer año en Colombia, la Asamblea Nacional Constituyente reeligió a Gustavo Rojas Pinilla como presidente, se aprobó el voto femenino, llegó la televisión y, en Bogotá, se dieron las protestas que dejaron varios estudiantes muertos y una conmemoración que ya es un referente en las universidades públicas: la del estudiante caído el 8 y el 9 de junio.

 

En 1965 se graduó como ingeniero de Geología y Petróleos con una investigación sobre la meteorización de 
las rocas del batolito antioqueño, tema en el que seguiría profundizando toda la vida.

 

Trabajo a pulso

Ser bilingüe se le volvió ventaja al joven Michel. Pronto dejó de amasar pan junto a sus padres y consiguió un trabajo de secretario en Bogotá. Su hijo Daniel Hermelin –docente en la Escuela de Humanidades de EAFIT– no recuerda de qué, pero sí que desde allá se alistó para presentarse en la reputada Escuela de Minas de la Universidad Nacional, de la que había escuchado hablar a un ingeniero en Boyacá. Quería ser geólogo y entró a la carrera de Ingeniería de Geología y Petróleos que allí se ofrecía. Se vino para Medellín, validó en el Liceo Marco Fidel Suárez el bachillerato (que no pudo concluir en Francia) y, en 1958, ingresó a la universidad.

En un artículo publicado en La Hoja de Medellín en abril de 2003, la periodista Ana María Cano relata que fueron tres motivaciones las que lo llevarían a tomar esa decisión: “la primera, una vieja vocación de naturalista despertada por esos excelentes profesores de ciencias naturales que tuvo en París. La segunda motivación fue su contacto con ingenieros en la siderúrgica. La tercera la vino a procesar muchos años después porque de adolescente el terreno de juego era una cantera de arena que tenía estratos de arcilla de distintos colores intercalados”.

En esta ocasión sus padres fueron quienes lo siguieron. Llegaron a vivir al corregimiento de San Cristóbal, cuando sí que quedaba lejos. Montaron un criadero de pollos, una huerta y hacían patés para vender, y él pudo ayudar a su sostenimiento dando clases de francés. Así llegó a la Alianza Colombo Francesa y así conoció a Marta Elena Bravo, una de sus aprendices, estudiante de Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia Bolivariana, hija del compositor José María Bravo Márquez. Se enamoraron, se casaron, tuvieron dos hijos, y juntos construyeron un futuro en el que ella se destacó como gestora cultural, él como científico y ambos como docentes con una sólida formación humanista.

Ambos tuvieron que trabajar duro para labrarse un camino con menos necesidades. Él se graduó en 1965 con una investigación sobre la meteorización de las rocas del batolito antioqueño, tema en el que seguiría profundizando toda la vida.

Paralelamente, desde 1963 ya daba clases de geología, geomorfología y mineralogía de suelos. Su camino de docente estaba trazado. Con una beca en la Universidad Nacional se fue para Estados Unidos y cursó la maestría en Geología de la Universidad Estatal de Colorado. En los 70 volvió a ese país, a Nueva Jersey, a la Universidad de Princeton, para hacer un doctorado. Culminó todos sus estudios y obtuvo el título de Master of Arts. Y se fue a trabajar su tesis en Colombia. Pero no previó que sus compromisos docentes, de investigación y académicos-administrativos en el país, que se volvieron cada vez más exigentes, nunca le dejarían tiempo para obtener el título.

“No obtuvo título de doctorado, pero terminó ayudándole a mucha gente a que sí lo tuviera. Él pensaba que uno no podía hacer algo que sirviera solo para uno mismo, que si uno había tenido oportunidades en la vida era necesario devolvérselas a la sociedad. ‘El conocimiento tiene que servir para hacer vainas por la demás gente, por la sociedad, y eso es lo que le da sentido’, solía decir y por eso veía con desconfianza a los académicos que se dedicaban a conseguir plata a punta de proyectos”, afirma su hijo Daniel.

Michel Hermelin fue un maestro que quería que sus estudiantes fueran buenos y celebraba sus triunfos. Así lo veía Orlando Navas Camacho, presidente de la Sociedad Colombiana de Geología: “En una época de juventudes en crisis, él era hincha de la muchachada, creía en ella y en sus logros”.

Juan Darío Restrepo Ángel, doctor en Ciencias del Mar y docente de EAFIT, expresa que la ausencia de celos profesionales era una de sus facetas destacables. “En un mundo académico en el que somos dados a manejar nuestros propios reinados, él nunca presumió de nada, ni de sus investigaciones, sus proyectos o sus libros. No miraba por encima del hombro a nadie. Me guio en mi vida profesional, me daba instrucciones, me ponía metas, me incentivaba a competir por becas y proyectos que parecían inalcanzables”.

 

Estudiar el pasado, entender el futuro

Con ‘pinta’ de extranjero, de cejas abultadas y arqueadas como las de los próceres de la independencia, de mirada azul penetrante y en apariencia fría, de voz pausada y hasta severa, a primera vista Michel Hermelin parecía un hombre distante. Pero a quienes lo tuvieron cerca les consta su calidez, su apasionamiento al tocar los temas de la vida, el arrobamiento ante el paisaje que admiraba por estética y por su importancia geológica, su gusto por las fiestas aunque fuera mal bailarín, su risa generosa de papá cuando algo le salía bien a los suyos.

Su amigo Navas Camacho lo recuerda como una persona muy comprometida con los congresos y las organizaciones que tuvo a su cargo. “Aceptó muchas responsabilidades sin contraprestación alguna. Docente de varias generaciones de ingenieros y geólogos, era un hombre impregnado de humanismo, más colombiano que muchos, él fue el representante insignia de la geología de nuestro país ante el mundo”.

Uno de los cargos más relevantes que aceptó fue el de ser director de Ingeominas. Allí estuvo entre 1977 y 1980, tiempo en el que luchó por el fortalecimiento profesional de los geólogos y los químicos, y para la consolidación de la misión investigativa de dicha institución. También se enfocó en fortalecer las regionales, descentralizar el Instituto y hacerlo de veras nacional. Para Navas ese es uno de sus legados, al igual que sus aportes a la geología ambiental, y junto con Thomas van der Hammen –geólogo y botánico holandés, radicado en Colombia y fallecido en 2010– “fue un futurista, un defensor del paisaje”.

El 27 de septiembre de 1987 el país se estremeció. En Villatina, barrio de la Comuna 8 de Medellín, un deslizamiento acabó con la vida de cerca de 500 personas y dejó un poco más de mil damnificados. Experto en fenómenos de meteorización y erosión en el trópico, Hermelin ya había manifestado inquietudes acerca de que algo así podía suceder. Estudiar la piedra, la tierra, las causas de lo sucedido en ese sector densamente poblado del cerro Pan de Azúcar, así como los deslizamientos ocurridos anteriormente en la vereda Media Luna de Santa Elena y en el barrio Santo Domingo de la Comuna 1 lo convencieron aún más del papel de la geología, como ciencia, en la prevención de desastres futuros en Medellín y el mundo.

De ese mirar al futuro desde la geología conversó con Ana María Cano en el artículo de La Hoja ya mencionado: “Creo que la geología se salió del molde. Antes todas las preguntas que se le hacían eran: ¿qué pasó? Ahora le piden que piense lo que sigue porque el pasado puede ser la clave del futuro. Por eso la geología se volvió multidisciplinaria, reúne los saberes de la arqueología, la historia y las ciencias de la Tierra como la oceanografía, la hidrología, la meteorología, la pedología y la biogeografía”.

Esa reunión de saberes la puso en práctica en EAFIT desde 1984 cuando creó el Departamento de Geología –hoy de Ciencias de la Tierra– y reunió académicos de distintas profesiones. Dice Juan Darío Restrepo que Michel fue un abanderado de la interdisciplinariedad. “Las ciencias naturales trabajaban por separado, pero él era de mente abierta. Antes habría sido inconcebible que un biólogo marino como yo, o un hidrólogo, un geógrafo, estuvieran en una escuela de geología”.

 

El experto en fenómenos de meteorización y erosión en el trópico compartiendo su conocimiento en la Universidad de los niños EAFIT.

 

De naturaleza irreverente

El geólogo y geofísico José Lozano Iriarte no recuerda cuándo ni cómo conoció a Michel Hermelin, pero sí que de él se hablaba en el mundo académico por ser experto en el estudio de procesos catastróficos, en geomorfología y geología ambiental. Por eso, como miembro de número (silla 33) de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, lo propuso para que fuera miembro correspondiente. También apoyaron la idea el geólogo Hernando Dueñas Jiménez y la experta en palinología (ciencia que estudia el polen y las esporas) María Teresa Murillo Pulido.

Él aceptó, pero no sin dudarlo. “Se resistió un poco, tenía una lucha interior entre lo que pensaba de las academias y su espíritu de tradición. Pero a la vez se sentía honrado”, recuerda Lozano Iriarte, actual secretario general de esa institución. Michel se posesionó como miembro correspondiente el 26 de abril de 1995. Para 2007 volvieron a proponerlo, pero esta vez como miembro de número. De nuevo fue José Lozano quien lo propuso, pero a esta petición se unieron otros seis académicos, entre ellos Thomas van der Hammen.

Otra vez lo dudó. “Soy de naturaleza irreverente –le exclamó a José– y si acepto es para hacer reformas”. Ocupó la silla 33 entre 40 cupos que había en ese momento (ahora son 55). Para asignar ese número no hay una razón especial, pero una condición con pocas excepciones es que quien estaba antes allí hubiera fallecido. El médico Jorge Bejarano, el ingeniero civil Gabriel Sanín, el químico Jaime Ayala y el doctor en Ciencias Naturales Polidoro Pinto fueron los antecesores de Michel Hermelin. La silla está de nuevo vacía. Es tradición de la institución que quede así durante seis meses como mínimo.

La diferencia entre los miembros correspondientes y los de número está en que estos tienen, además de voz, voto en todas las decisiones que allí se tomen, deben asistir a congresos, dictar conferencias, estar en la sesión solemne estatutaria y representar a la Academia en el ámbito nacional e internacional cuando se le requiera. En ese universo de biólogos, químicos, físicos, matemáticos, médicos y geólogos, Michel se destacó. Afirma con vehemencia José Lozano que “fue un gran colaborador, fue secretario del Capítulo de Antioquia, creó en el sitio web un espacio para destacar los trabajos de los investigadores de ese Departamento; fue siempre batallador y luchó contra los estancamientos”.

La tradición, el anquilosamiento, era un asunto que no encajaba en su manera de ser y de pensar. Por eso era crítico de esa sociedad antioqueña, la retrógrada, la cerrada, la expansionista. José Lozano dice que si bien sabía que era francés, para él Michel siempre fue un antioqueño de pura cepa, pero lo que menos quería este hombre nacido en Francia que escogió vivir en Medellín, era colgarse un collar de arepas.

Como investigador, como docente, luchó contra la endogamia, en todos los sentidos, especialmente la científica y la académica. Juan Darío Restrepo, su colega del bloque 3, su pupilo, uno de sus compañeros de viajes de trabajo, afirma que él le enseñó en EAFIT a que se midieran internacionalmente, a que pensaran bajo esos estándares. “Presionaba para que saliéramos a compartir con los de afuera. Era un hombre amplio. Decíamos que era el cartero del Departamento de Geología. Cada vez que iba a otra ciudad, a otro país, a otras universidades, traía fotocopias, revistas, libros, todo lo compartía, no se guardaba nada”.
 

Como un niño descubriendo el mundo

La lectura era uno de sus placeres, parte de su cotidianidad. Y al igual leía sobre ciencia que sobre historia, antropología, literatura y política. “Leía El Espectador, El Tiempo, El Colombiano, Semana, Le Monde y prensa internacional, siempre estaba informado. Como un niño, le gustaba aprender cosas. Yo le decía, en serio, que diera por gusto un curso de historia o uno de literatura. Lo habría hecho mejor que muchos, pero él se negaba, decía que para qué, que había gente que sí estaba preparada en esos temas”, recuerda Daniel Hermelin.

Amante de la Tierra, de las piedras, de los paisajes, Michel Hermelin era también un viajero. Cuando apenas era un docente universitario y con un sueldo que le daba apenas para estar bien, andaba en un Renault 4. Con ese amigo fiel y su familia recorrieron la región Caribe, el Golfo de Urabá, el Eje Cafetero, Tolima, Huila y Santander. A su otro país, Francia, también fue, primero por asuntos académicos, pero en 1998 lo hizo con su esposa, sus dos hijos y su madre de 90 años. Caminaron Villiers-Saint-Georges como quien reconstruye un sueño. Luego, en 2007, le llegó el turno a Aroa, en la provincia de Yaracuy en Venezuela. “Nicolás y yo fuimos con él. Nos guiamos con un mapa que hizo a mano, con base en sus recuerdos, y así recorrimos el pueblo, buscando las huellas de su casa, de la escuela, de los amigos de infancia”, rememora Daniel.

A Boyacá también regresó recientemente, esta vez lo hizo con Orlando Navas, que es oriundo de ese departamento. Vieron paisajes, plazas e iglesias. Él no era creyente, pero los templos, su historia, su arquitectura, sus obras de arte le causaban toda su admiración. “Cuando estábamos en Cucaita, que tiene una capilla antigua, nos cerraron las puertas. Nos quedamos encerrados. Pensamos en subir a la torre para tocar las campanas, pero en medio del desespero de Michel por no quedarse atrapado ahí, logró abrir el portón y pudimos salir”.

Uno de sus últimos sueños cumplidos fue conocer el Amazonas. El viaje lo hizo con Juan Darío Restrepo. Iban para Iquitos, Perú, a un congreso sobre ríos tropicales. Se fueron hasta allá desde Leticia en un ‘buslancha’. Setecientos kilómetros recorridos en cuatro horas de la madrugada. El niño de las villas de París, el que caminó curioso por las orillas del río Sena, ahora al final de sus días navegaba en la inmensidad del río más imponente del mundo. Luego, parado en un barco que desde Tabatinga, en Brasil, sale para Manaos, se prometió que regresaría pronto a ese lugar, para montarse en una de esas naves y conocer la ciudad más grande de la selva amazónica. No cumplió: era más importante continuar con la edición de Landscapes and Landforms of Colombia. Fue tras hacer los últimos ajustes cuando le llegó el infarto.

 

Autor

Ramón Pineda

Colaborador
Artículo original de la Revista Universidad EAFIT, vol. 51, nro. 167

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Autor
Ramón Pineda
Edición
Christian Alexander Martinez-Guerrero

¿El mundo en el futuro? Tres escenarios posibles 

Agosto 21, 2025

Pocas cosas son tan complejas como mirar hacia el futuro. Pocas cosas requieren tanta valentía como mirar con honestidad hacia el pasado.

Pocas cosas exigen tanta concentración como observar con detenimiento el presente. Se trata del discurrir del tiempo; en últimas, se trata de nosotros.

Y aventuro la siguiente hipótesis: de cara al futuro, enfrentamos la materialización de tres mundos posibles.

El primero consiste en la distopía trágica cyberpunk. La humanidad y la naturaleza, con sus diversas formas de vida, al servicio del desarrollo tecnológico. Una subordinación de la vida a la técnica digital automatizada. Una técnica que se complejiza con la evolución material de las máquinas. El mundo podría ser color gris oscuro, sin tonos de verde claro en sus paisajes.  

El segundo escenario posible consiste en la utopía de la relación armónica entre naturaleza (green) y tecnología (blue). El mundo podría ser verde y azul. La tecnología al servicio de la naturaleza y la sociedad. Una gobernanza de lo digital que convive con la innovación.  

El tercer mundo podría ser un planeta sin humanos. Un mundo posthumano que reverdece para otras especies, de tonos intensos de verde, azul, rojo y amarillo. La Tierra testiga de una especie fallida que no logró desarrollar mecanismos cooperativos para adaptarse a la velocidad de las circunstancias cambiantes. A pesar de todos nuestros triunfos, sic transit gloria mundi (así pasa la gloria del mundo).

En principio, la consciencia de muerte individual ha sido fuente de angustia y ha inspirado la emergencia de creencias religiosas, tradiciones culturales y convicciones filosóficas.

Ahora, convivimos con una consciencia de muerte de la especie a gran escala que algunos filósofos denominan “riesgo existencial”.

Los riesgos existenciales, o riesgos catastróficos globales, podrían causar el colapso de la civilización humana o incluso la extinción de la especie humana. “¿Cómo es que las cosas se forman para desaparecer? […] Por eso podemos decir al mismo tiempo que ‘la vida es la creación’ y que ‘la vida es la muerte’”.

El filósofo Toby Ord invita a pensar en la humanidad como un agente colectivo que tiene una fuerza creativa impulsiva característica de la adolescencia, con poca consciencia de los riesgos de largo plazo.

Las decisiones individuales y colectivas suelen ser cortoplacistas. Cedemos fácilmente al deseo de placer y recompensa inmediato, aun a riesgo del elevado costo que podemos pagar en el futuro.

Por eso, conviene normalizar virtudes de cuidado que podamos acumular, a gran escala, para vivir con sabiduría como civilización humana.

Otros autores sugieren que nuestros grandes desafíos existenciales del siglo XXI refieren a la conexión entre tecnología y naturaleza. En otras palabras, la gran pregunta que debemos resolver, con sabiduría, es: ¿cómo lograr una existencia sostenible con el uso socialmente responsable de la tecnología?

Quizá, una alternativa sea tener una comprensión amplia de la acción colectiva que incluya, en una acción común, la diversidad de tribus morales y otras formas de vida naturales y artificiales (como algoritmos y máquinas).

En este sentido, la acción política es humana, natural y artificial. Es un devenir inagotable que requiere una negociación permanente con sabiduría.

Por otro lado, a propósito de una realidad cultural que reclama la reivindicación de una realidad epistémica y política con énfasis en la noción de red, tal vez sea necesario un esquema de gobernanza multiagentes entre diversos actores globales que sometan sus intereses a un bien global común.

A pesar de las ideas optimistas, la sabiduría es escasa a escala individual y a escala colectiva. Hasta que no encontremos una manera eficaz de desarrollar sabiduría en ambas dimensiones ―en la que prevalezcan en la acción las decisiones éticas sobre las decisiones morales― y una forma de hacer consciente nuestro tribalismo moral y sus consecuencias positivas y negativas sobre la civilización humana, las posibilidades de una negociación para reducir la presencia de riesgo existencial y acercarnos al planeta verde y azul serán limitadas. 

 

Referencias

Bostrom, N. (2002). Existential Risks: Analyzing Human Extinction Scenarios and Related Hazards. Journal of Evolution 
and Technology, 9.

Bostrom, N. (2013). Existential Risk Prevention as Global Priority. Global Policy, 4(1), 15–31.

Ord, T. (2020). The Precipice: Existential risk and the future of humanity. University of Oxford.

Hadot, P. (2015). El velo de Isis. Ensayo sobre la idea de Naturaleza. Alpha Decay.

Ord, T. (2020). The Precipice: Existential risk and the future of humanity. University of Oxford.

Coekelbergh, M. (2021). Green Leviathan or the poetics of political liberty. Routledge.

Floridi, L., & Noller, J. (2022). The Green and the Blue. Digital politics in philosophical discussion. University of Konstanz.

 

Autor

Jonathan Echeverry Álvarez

Investigador de la Escuela de Artes y Humanidades de la Universidad EAFIT

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Jonathan Echeverry Álvarez
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Christian Alexander Martinez-Guerrero

Viajar a China para hacer negocios, ¡lo que debes saber antes de aterrizar!

China no es solo un mercado, es un universo con sus propias reglas, ritmos y códigos culturales. Esta lista reúne consejos esenciales para personas que viajan por primera vez al país asiático, con énfasis en el contexto digital, los valores culturales en los negocios y las claves para construir una relación comercial sólida y duradera.

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El puerto de Shanghái es uno de los principales centros urbanos de China y de Asia
1. Descarga las aplicaciones que necesitas antes de viajar 

En China no puedes descargar aplicaciones móviles como Google, WhatsApp o Instagram. En su lugar puedes usar WeChat, Alipay, la versión china de Didi, y aplicaciones de mapas y de los sistemas de transporte público de la ciudad que visites. También es importante una buena VPN –red privada virtual–, como Astrill, ExpressVPN o NordVPN. Una vez en China no tendrás acceso a las tiendas de aplicaciones. 

 

2. Datos en móviles China 

Si tienes una tarjeta SIM internacional, verifica con tu operador si esta funciona en China de manera que puedas acceder a tus datos móviles sin preocuparte por las restricciones locales. Así podrías usar Google, WhatsApp o Instagram sin necesidad de una VPN, ya que estarás conectado a redes internacionales desde tu SIM. También puedes instalar una eSIM internacional que incluya datos para China. De todas formas, siempre es recomendable tener instalada y activada una buena aplicación VPN. 

 

3. WeChat es tu tarjeta de presentación 

En China todo se negocia, se puede pagar y se coordina por WeChat. No tener esta aplicación equivale a no existir en el mundo profesional chino. Úsala para guardar de manera consciente y organizada cada contacto. Registra la ciudad donde está ubicado tu contacto, su oficina o fábrica; su nombre occidental –muchos chinos utilizan un seudónimo o nombre en inglés–; y su apellido en chino –pregunta cómo se escribe su apellido en el alfabeto latino o pinyin–. Por ejemplo “Shanghai David Zhang” o “Yiwu Daniel Liu”. ¡Luego lo agradecerás! 

 

4. Pago digital en China 

El dinero en efectivo casi ha desaparecido en China. El 90% de los pagos diarios, desde una botella de agua hasta una cena, se realizan a través de aplicaciones móviles como Alipay (支付宝) o WeChat Pay (微信支付). En muchas tiendas, taxis o restaurantes no se aceptan tarjetas internacionales, así que configurar tu método de pago digital antes de viajar es clave para moverte con tranquilidad y evitar situaciones incómodas. 

Una opción muy práctica para pagar en China es usar Alipay. Incluso si eres extranjero, puedes vincular tu tarjeta de crédito internacional –Visa o Mastercard– directamente desde esta aplicación. Aquí te dejo un paso a paso para configurar Alipay antes de viajar: 

  1. Descarga Alipay desde App Store o Google Play.
  2. Abre la aplicación y selecciona “Sign up” para registrarte.
  3. Regístrate con tu número de celular, no necesitas uno chino.
  4. En el menú principal, entra a “Me” > “Bank Cards” > “Add Card”.
  5. Ingresa los datos de tu tarjeta de crédito y tu pasaporte.
  6. Verifica tu identidad y establece una contraseña de 6 dígitos.
  7. ¡Listo! Ya puedes pagar escaneando códigos QR en comercios, taxis y restaurantes. 

Dato extra: dentro de Alipay también puedes acceder directamente a Didi, la aplicación de transporte más usada en China. Es importante aclarar que el Didi que se usa en China no es el mismo que encontramos en Colombia. Por eso, usar Didi directamente desde Alipay es una excelente opción: puedes pedir taxis o autos privados y pagar en una sola aplicación, sin necesidad de instalar la versión china de Didi por separado. 

5. Usa mapas y direcciones con caracteres chinos 

Google Maps no funciona en China, por lo que es necesario usar aplicaciones locales como Baidu Maps (百度地图) o Gaode (Amap). Además, es fundamental que las direcciones que necesites estén escritas en caracteres chinos –chino mandarín–, ya que la mayoría de los taxistas o transeúntes no entienden ni leen direcciones en pinyin o inglés. Guarda en tu teléfono capturas de pantalla o notas con las direcciones importantes en chino: el hotel, lugares de reuniones, estaciones clave del metro, etc. Esto te evitará que te pierdas y facilitará tu movilidad en cualquier ciudad del país. 

 

6. Trip.com para organizar tus trayectos internos 

Trip.com –antes llamada CTrip– es la aplicación más completa para organizar viajes dentro de China. Desde Trip.com puedes reservar hoteles, vuelos nacionales, trenes de alta velocidad, buses, traslados y actividades turísticas sin necesidad de entender chino mandarín. Esta aplicación está disponible en inglés y permite pagar con tarjetas internacionales. Es especialmente útil si vas a moverte entre ciudades o necesitas un lugar confiable para gestionar cambios o cancelaciones. 

 

7. Más allá de la primera impresión 

Antes de siquiera pensar en cerrar un trato, es vital comprender las dinámicas culturales, los códigos sociales y las formas de autoridad en China. Esto no solo facilita el respeto mutuo, sino que permite interpretar adecuadamente los gestos, las conversaciones y los tiempos de respuesta. Sin esta lectura cultural profunda, cualquier estrategia corre el riesgo de fracasar, por brillante que parezca sobre el papel. 

 
8. Guanxi (关系): tu activo más valioso en China 

Las relaciones personales o “guanxi”, son la columna vertebral de cualquier iniciativa exitosa en China. No se trata solo de conocer personas, sino de construir confianza a largo plazo, con reciprocidad, lealtad y respeto. Sin guanxi, la entrada al mercado será más lenta, más costosa y, en muchos casos, inviable.

9. Mianzi (面子): el arte invisible de negociar 

El concepto de “mianzi” –la “cara” o reputación–, influye en todas las interacciones. Herir el orgullo de un socio, incluso de forma involuntaria, puede cerrar puertas para siempre. Negociar en China exige tacto, indirectas bien empleadas y un manejo cuidadoso de las jerarquías, donde el respeto vale tanto como el contenido del acuerdo. No subestimes los gestos formales: entregar la tarjeta con ambas manos, hacer una ligera reverencia, y mantener un tono respetuoso, son pequeños gestos que generan gran impacto. Tampoco se acostumbra dar besos o abrazos cuando te presentan a alguien.

 

10. No todo es lo que parece 

Muchas empresas chinas operan con capas de poder no evidentes a primera vista. La figura que parece tener autoridad puede no ser quien toma las decisiones. Mapear correctamente los niveles de influencia y entender los flujos de aprobación internos permite evitar errores críticos y ahorrar tiempo valioso. 

 

11. Aliados estratégicos 

Seleccionar socios y proveedores en China no es una tarea menor. Es un proceso que debe considerar experiencia, reputación local, capacidad de respuesta y, sobre todo, alineación cultural. Visitas presenciales, auditorías previas y un seguimiento riguroso son esenciales para construir relaciones duraderas y proteger tu inversión. 

12. Detrás del silencio: leer las variables ocultas de la negociación 

Negociar en China requiere paciencia, lectura entre líneas y capacidad para entender lo que no se dice. Las decisiones rara vez son inmediatas. El silencio no significa rechazo, sino reflexión, análisis o consulta interna. Quien presiona demasiado pierde poder. Quien sabe esperar y observa con atención, suele salir ganando. Por otro lado, es muy importante tener tacto con algunos temas sensibles en el plano cultural y político: evita expresar juicios personales sobre Xinjiang, Taiwán, o el Tíbet. Incluso una broma puede cerrarte una puerta. 

 

13. Blindar lo intangible 

La innovación no es suficiente si no está protegida. Registrar marcas, patentes y diseños en China, de forma local y temprana, debe ser parte del plan inicial, no una reacción tardía. Acompañar ese blindaje con cláusulas contractuales claras refuerza la seriedad de la relación y evita costosos litigios a futuro. 

 

 

Autores

Sebastián Giraldo Duque 鲁天

Empresario y consultor sobre negocios en China

Juliana Correa-Jaramillo

Profesora de la Escuela de Administración EAFIT

Laura Echavarría Peláez

Ilustradora

Sección de noticias EAFIT
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Grupo de investigación Noticias
Autor
Sebastián Giraldo Duque; Juliana Correa-Jaramillo; Laura Echavarría Peláez
Edición
Agustín Patiño Orozco

Del azadón al mercado global: la alquimia empresarial de El Hueco 

Imaginemos un laboratorio en donde no se mezclan ácidos ni metales, sino saberes campesinos y estrategias urbanas: ese es el escenario de la alquimia empresarial de El Hueco. 

El término "alquimia”, subraya la idea de transformación: así como los alquimistas aspiraban a convertir metales comunes en oro, los migrantes del Oriente antioqueño en el Valle de Aburrá combinaron de modo creativo sus recursos intangibles —confianza, solidaridad, cooperativismo—, con el contexto urbano y las prácticas empresariales del Valle de Aburrá. A través de interacciones sociales complejas, crearon un nuevo valor colectivo. 

En los pasillos estrechos de El Hueco, el humo de los vehículos que circulan sin pausa se entremezcla con los olores intensos de las comidas callejeras y el polvo de las mercancías recién descargadas. Todo vibra al ritmo de voces que anuncian productos y regatean precios, murmullan trueques, convites, compadrazgos y natilleras: las prácticas de comerciantes y empresarios, que lejos de fórmulas secretas o laboratorios ocultos, aprovechan la confianza y la reciprocidad que han cultivado en campo para adaptarse a las dinámicas urbanas.  

Hoy, estas redes empresariales se expanden como hilos dorados que impulsan una parte importante del comercio de Medellín, probando que el verdadero oro nace en la intersección entre la tierra y la sociedad humana. 

 

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Fotografías de archivo del sector El Hueco o Guayaquil en el centro de la ciudad de Medellín
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Centro Comercial Gran Plaza en el corazón de El Hueco, en el tradicional barrio Guayaquil del Centro de la ciudad de Medellín
Prófugos del azadón y del machete 

En el corazón del viejo Guayaquil, entre pasajes laberínticos y edificios antiguos que albergan comercios, floreció durante las últimas décadas del siglo XX un modelo de negocios que desafía los esquemas convencionales de la historia empresarial. 

Bajo el apelativo de El Hueco, campesinos migrantes provenientes del Oriente antioqueño transformaron sus saberes rurales en estrategias urbanas de gran calado, tejiendo las redes de confianza y colaboración que hoy constituyen un referente para repensar la formalidad, la innovación y la resiliencia empresarial en América Latina. 

Los habitantes de El Santuario, Marinilla y Granada salieron de sus pueblos “con una mano adelante y otra atrás, espantando el hambre con una rama[1]”. A estos migrantes internos también se les conoce como “prófugos del azadón y del machete[2]”, ya que dejaron atrás sus cultivos de papa, maíz, legumbres y hortalizas, para buscar oportunidades en el comercio de la ciudad.  

 

Exterior de la Plaza de Mercado Cisneros, en el barrio Guayaquil, durante la primera mitad del siglo XX. Fuente: Rodríguez (1920). Archivo Fotográfico Biblioteca Publica Piloto, Medellín.

 

Estas historias de partida forzosa y de adaptación al contexto urbano ilustran el traslado de prácticas rurales —el respeto por la palabra, el trueque, el ahorro colectivo y la reciprocidad comunitaria—, a las dinámicas empresariales de la ciudad. De esta manera los migrantes del oriente antioqueño no solo preservaron su identidad, sino que también forjaron un modelo híbrido en el que la experiencia campesina se convirtió en capital social y organizativo, sentando las bases de las prácticas comerciales en El Hueco. 

Al llegar a la Medellín de los años setenta, estos migrantes encontraron en el comercio informal del barrio Guayaquil un espacio propicio para reinventarse. Sin acceso a créditos bancarios ni infraestructura formal, recurrieron a prácticas comunitarias: sistemas de ahorro colectivo o “natilleras”, préstamos entre paisanos y acuerdos verbales en lugar de contratos escritos. Tal es la fuerza de la palabra empeñada que basta un apretón de manos para cerrar un negocio. “La confianza vale más que cualquier papel[2]”.  

Esta informalidad estructurada se convirtió en una ventaja competitiva. Al compartir riesgos y recursos, los comerciantes de El Hueco podían adquirir mercancías importadas a bajo coste y redistribuirlas sin los trámites habituales.  

La creación de Asoguayaquil en 1997, y luego de Centro Unido en 2015, selló la transición de las redes espontáneas hacia asociaciones formales, sin renunciar a los valores que las sustentaban: solidaridad, reciprocidad y familiaridad.  

 

Del oriente antioqueño al lejano oriente 

Sin limitarse a un mercado de subsistencia, El Hueco articuló cadenas de valor que lo conectaron con mercados nacionales e internacionales.

En la década de los noventa, una nueva generación de comerciantes antioqueños viajó directamente a China, país donde aprendieron a negociar sin la necesidad de intérpretes y establecieron alianzas que hoy facilitan la importación de todo tipo de mercancías, sin depender de intermediarios.  

Esta forma de innovación social evidencia la capacidad de los colectivos locales para desarrollar innovaciones organizacionales sin depender de estructuras corporativas convencionales, mostrando cómo se configuran soluciones creativas a partir de saberes comunitarios.  

Si bien en El Hueco algunos negocios todavía operan en pasillos improvisados, otros han evolucionado hasta convertirse en auténticos centros comerciales, con ascensores, galerías de arte y sistemas de seguridad privada. No obstante, estos avances no ocultan el ADN rural de sus fundadores.  

 

Fotografía: Archivo de la Asociación de Comerciantes de Guayaquil (Asoguayaquil, s.f).

 

La familiaridad continúa marcando las conexiones empresariales: primos, compadres y vecinos de antaño comparten ahora locales comerciales contiguos, amalgamando lazos de sangre y de negocios. En El Hueco se ha producido un tránsito, desde la informalidad hacia un modelo empresarial híbrido, caracterizado por un aumento de la formalización que no sigue las rutas convencionales de la industria, ni depende de fusiones y adquisiciones.  

En este enclave, conviven estructuras formalizadas con prácticas no escritas, que favorecen la agilidad operativa y mantienen los bajos costos de transacción.  

Para dar cuenta de esta dinámica, proponemos el concepto de productividad adaptativa, que reconoce la capacidad de los comerciantes para generar empleo y sustento en contextos de exclusión institucional, para crear mercados que satisfacen necesidades desatendidas por el comercio formal, y para desarrollar mecanismos alternativos de financiamiento, distribución y comercialización basados en redes de confianza.  

El empresariado de El Hueco forja conexiones internacionales sin recurrir a intermediarios reglados y transforma saberes rurales tradicionales en ventajas competitivas dentro del entorno urbano. Este modelo amalgama lo mejor de ambos mundos e impulsa el dinamismo económico de Medellín. 

 

 

La herencia de El Hueco 

La dimensión intergeneracional añade otro matiz a este relato. La primera generación de El Hueco aprendió en la “universidad de la calle” las técnicas de negociación y gestión de inventarios. La segunda generación, sus hijos, mitad aprendices y mitad profesionales, iniciaron el proceso de formalización de sus negocios. La tercera generación, con estudios universitarios y dominio del chino-mandarín, integra sistemas de gestión contemporáneos y redes digitales, sin olvidar la importancia de la palabra empeñada. 

Esa continuidad demuestra que la ruralidad no es un lastre, sino un capital cultural que, bien adaptado, genera resiliencia y cohesión social. 

La historia de El Hueco propone un paradigma alternativo en la historia empresarial tradicional, al desplazar el foco de atención hacia los actores populares y los entornos informales. Al reivindicar el capital social como motor de desarrollo, se desmantela la creencia de que solo las grandes élites industriales generan crecimiento económico. Sin necesidad de ser una excepción marginal, el ecosistema empresarial de El Hueco demuestra que el comercio opera como una actividad primaria de creación de riqueza, desplegando dinámicas propias que se articulan con las lógicas globales. 

Este planteamiento resuena con Werner Sombart, para quien el empresario es conquistador, organizador y negociador: en El Hueco, el conquistador cambia el machete por el mostrador, el organizador teje amplias redes familiares, y el negociador elude la burocracia con el poder de la palabra. Desde la perspectiva de Joseph Schumpeter, allí florece una innovación social y organizacional, más que una tecnológica, nacida de la exclusión y la marginalidad. 

 

Centro Comercial Gran Plaza en el corazón del sector de El Hueco, en el tradicional barrio Guayaquil del centro de la ciudad de Medellín. Fotografía: medellinguru.com.

 

La metáfora de la alquimia también alude a las asociaciones sociales y comerciales que estructuran El Hueco, fundamentadas en la confianza, la solidaridad y el cooperativismo, que superan las explicaciones convencionales al funcionar como mecanismos de protección, innovación y expansión. Gracias a ellas, emprendedores informales se convirtieron en comerciantes consolidados, crearon vínculos internacionales y fundaron gremios que perviven hasta hoy. 

Más allá de documentar un fenómeno local, estos hallazgos ofrecen claves para entender otras dinámicas empresariales en América Latina. En el ámbito docente, las visitas de campo y los talleres del Semillero de Prácticas y Redes Empresariales SIPRE de la Universidad EAFIT permiten a los estudiantes desarrollar empatía, pensamiento crítico y habilidades metodológicas para enfrentarse a realidades donde la formalidad y la tecnología no están garantizadas. 

Todavía hay mucho que estudiar en El Hueco: la feminización del comercio, la consolidación de redes empresariales de tercera generación, las oportunidades para la transferencia de conocimientos, estudios comparativos con otros centros de empresarismo informal en la región y análisis de la economía política de la informalidad.  

En suma, El Hueco es un laboratorio vivo de innovación social que invita a repensar la historia empresarial latinoamericana desde sus márgenes. 

 

 

Referencias 
  1. E07. Entrevista semiestructurada, 28 septiembre 2019, Medellín.
  2. E09. Entrevista semiestructurada, 20 febrero 2020, Medellín.

 

 

Autora

Natalia Gonzalez-Salazar

Investigadora de la Escuela de Administración EAFIT

 
Bibliografía recomendada
  • Baumol, W. J. (1990). Entrepreneurship: Productive, unproductive and destructive. Journal of Political Economy, 98(5), 893–921.
  • Baumol, W. J. (1993). Formal entrepreneurship theory in economics: Existence and bounds. Journal of Business Venturing, 8(3), 197–210.
  • Baumol, W. J. (1996). Entrepreneurship: Productive, unproductive, and destructive. Journal of Political Economy.
  • Baumol, W. J. (2004). Entrepreneurial enterprises, large established firms and other components of the free-market growth machine. Small Business Economics, 23, 9–21.
  • Schumpeter, J. A. (1911). The Theory of Economic Development: An Inquiry into Profits, Capital, Credit, Interest, and the Business Cycle. Harvard University Press.
  • Schumpeter, J. A. (1942). Capitalism, socialism and democracy. Harper & Brothers.
  • Schumpeter, J. A. (1968). Ensayos de Joseph A. Schumpeter.
  • Sombart, W. (1972). El burgués: Contribución a la historia espiritual del hombre económico moderno. Ediciones Castilla.
  • Sombart, W. (2005). El burgués: Contribución a la historia espiritual del hombre económico moderno (2.ª ed.). Alianza Editorial. 
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Autor
Natalia Gonzalez-Salazar
Edición
Agustín Patiño Orozco

“El tiempo es oro”, o cómo ahorrar nuestro recurso más limitado

La planeación y la optimización de procesos determinan en gran medida la eficiencia y la sostenibilidad de una organización. Para lograr una cadena de suministro óptima, es clave ajustar cada uno de sus eslabones para ahorrar tiempo y otros recursos valiosos.

Desde la Ingeniería Industrial, la analítica computacional y la Ingeniería de Construcción se ofrecen soluciones para invertir el tiempo con mayor eficiencia. 

 

La escena dura casi cuatro minutos: en ella, el protagonista de El curioso caso de Benjamin Button, interpretado por Brad Pitt, narra cada uno de los desafortunados sucesos que llevaron a Daisy —una bailarina interpretada por Cate Blanchett—, a romperse una pierna: una mujer que pierde un taxi, un conductor distraído, un hombre que no escuchó su despertador y una enamorada que rompe con su novio. Todos ellos determinan, sin querer, la suerte de la bailarina.  

El que maneja los hilos de esta historia se llama “Tiempo”, dueño y señor de este relato y de todo lo que sucede en la cotidianidad. De ahí que lo comparemos con el oro: “el tiempo es oro”, solemos decir. Y eso es verdad si nos referimos por ejemplo a los tiempos de adquisición, producción o distribución en la cadena de suministro... operaciones logísticas que, de no gestionar de manera óptima, pueden llevarnos a tener —no una pierna rota—, pero sí una productividad resquebrajada.

“En cualquier industria, el tiempo es fundamental, es el plazo en el que debemos llevar a cabo todos los procesos necesarios para que un producto llegue hasta las manos de un consumidor final”, indica Carlos Castro Zuluaga, Máster en Ingeniería Industrial y jefe del Pregrado en Ingeniería Industrial de la Universidad EAFIT.

 

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Construcción de la zona portuaria de Urabá en el departamento de Antioquia
Tan fuertes como el eslabón débil 

Optimización de procesos logísticos, de producción y de construcción. De esta manera la ingeniería y la innovación industrial aportan a eficiencia, productividad y sostenibilidad de las organizaciones. Y si el mayor reto es el tiempo, empecemos hablando de la gestión de la cadena de suministros para entender cómo el tiempo juega a favor —o en contra— de los objetivos de una empresa.  

“Una cadena de suministro está compuesta por todas las diferentes etapas de la fabricación de un producto o de la prestación de un servicio. Cada una de esas etapas implica tiempos que deben acortarse de manera que el producto o el servicio estén disponibles lo antes posible. Ese es uno de los fundamentos de la competitividad en cualquier industria: optimizar el uso del tiempo y entender cómo este afecta a la organización en el plano financiero”, anota el profesor Castro. 

Entre más demoras haya en los tiempos de fabricación, adquisición de materias primas, almacenaje y distribución de productos, más se verán afectados los ingresos de cualquier empresa. De acuerdo con Castro, “en toda organización las eficiencias se deben ver reflejadas en la disminución de costos y, por ende, en una mayor rentabilidad del negocio”.  

 

Estudiantes de la Universidad EAFIT en la "Fábrica de aprendizaje", un aula que simula una línea de producción industrial a escala reducida. Foto: Robinson Henao.

 

En esa línea, los ingenieros industriales deben gestionar las necesidades de una organización frente a las operaciones que afectan las cadenas de suministro, administrando adecuadamente los recursos y garantizando un alto nivel de servicio a los clientes.  

La gestión de la cadena de suministro es un proceso complejo en el que intervienen variables económicas, financieras y demográficas, entre otras, que hacen que las decisiones tengan diferentes alcances. Paula Alejandra Escudero, investigadora de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingenierías de EAFIT, subraya que “en un ecosistema todo está conectado y cuando uno quiere optimizar una variable, debe pensar en esas conexiones para no afectar el funcionamiento de las demás. El proceso es sistémico, necesita una visión holística”.  

Aunque el tic-tac del reloj no se detenga, el gran objetivo siempre será la calidad, porque como dice la frase popular, “vísteme despacio que voy deprisa”. 

Nuevo Pregrado en Ingeniería Industrial EAFIT

“Los ingenieros industriales tienen un rol determinante en cualquiera de los eslabones de una cadena de suministro, ya sea proveedor, fabricante, distribuidor o comercializador. En EAFIT hacemos énfasis en la aplicación de la analítica computacional y el análisis financiero para la toma decisiones a lo largo de la cadena de suministro”. 

 

Carlos Castro Zuluaga, máster en Ingeniería Industrial y jefe del Pregrado en Ingeniería Industrial EAFIT.

 
El tiempo simulado es más barato 

Una de las mejores maneras de ahorrar tiempo en las organizaciones es hacer uso de otro recurso determinante: los datos. Las diferentes técnicas de analítica de datos sirven para tomar decisiones más inteligentes: “debemos convertir los datos en información que nos permita definir patrones de forma mucho más asertiva”, comenta el profesor de ingeniería Carlos Castro.  

En la actualidad existen herramientas como la analítica prescriptiva —el análisis de datos aplicado a proveer recomendaciones y orientar la toma de decisiones—, que facilitan el diseño y optimización de una cadena de suministros. 

Un buen ejemplo de esto es Progress, una metodología ágil diseñada por Planify Analytics para el desarrollo de herramientas computacionales enfocadas en la planeación de cadenas de suministro y la programación de operaciones en empresas de manufactura y servicios.  

Lo explica Mario César Vélez, investigador de EAFIT y cofundador de Planify Analytics: “muchas empresas planean y programan sus operaciones de manera empírica, en hojas de Excel o con software no especializado para su negocio, pero como investigadores y consultores sabemos que esto se puede hacer de una forma mucho más rigurosa, aplicando ingeniería y tecnología”. 

Entonces ¿Cómo optimizar procesos y ser más eficientes y productivos con el tiempo que tenemos? ¡Pues tomando decisiones! Mejor dicho: aprendiendo a decidir con criterio y responsabilidad. La investigadora Paula Alejandra Escudero, señala otras dos herramientas de analítica que son cada vez más utilizadas para orientar las decisiones en las empresas: la modelación y la simulación computacional.

 

Un ejemplo: ¿Cómo hacer una distribución eficiente de bebidas gaseosas en Medellín? 

1. Planea la producción

- Planea la cantidad y la frecuencia de la producción de bebidas gaseosas.

- Analiza la demanda de bebidas en tiendas y supermercados.

2. Estudia la demanda

- Identifica dónde y cuándo se consume más: ¿En el centro o en barrios periféricos? ¿Cerca de qué? ¿En qué momento?

- Conoce a tus clientes: ¿Qué población te compra? ¿Cómo son sus hábitos de consumo?

3. Diseña las rutas

- Define una ruta: ¿Al norte o al sur de la ciudad? ¿Dónde es la salida del camión de la planta?

- Optimiza la ruta: ¿Cuántos barrios, tiendas y supermercados debe cubrir cada camión? ¿Con cuántos dispongo? ¿Cuánto tiempo tardan?

- Ten en cuenta factores que afectan el ruteo: ¿En qué sentidos van las calles? ¿Hay restricciones de acceso o de horarios?

4. Optimiza la distribución

- Identifica estrategias para reducir costos y ahorrar tiempos.

- Acude a herramientas tecnológicas para lograr eficiencias.

- Diseña estrategias para asegurar el abastecimiento en tiendas y supermercados, garantizando la disponibilidad para los clientes.

 

Muchas organizaciones no cuentan con el tiempo o los recursos necesarios para permitirse realizar pruebas y aprender de los errores en escenarios reales. “Es difícil tomar decisiones solo a punta de experiencia”, reconoce la investigadora. 

"Si tengo un problema en la realidad, lo puedo representar —o ‘modelar’— mediante una estructura matemática o lógica que me permita entenderlo mejor y resolverlo. Hay modelos matemáticos que apoyan la toma de decisiones: modelos de optimización, de simulación y de pronósticos”, explica la investigadora. 

“Por eso usted debe estudiar cómo se relacionan las variables que intervienen la operación de su negocio, y todo esto en relación con el tiempo. La modelación matemática y la simulación computacional, por ejemplo, le permitirían evaluar sin mayores riesgos los escenarios futuros que se pueden derivar de ciertas decisiones en el corto, mediano y largo plazo, y que podrían comprometer la sostenibilidad de la organización”, concluye. 

Además, ya están a la vista tecnologías con inteligencia artificial que permiten construir modelos de aprendizaje automáticos y a la medida, que se actualizan constantemente y ayudan a tomar decisiones en tiempo real, y así responder de forma oportuna a los retos que enfrentan las empresas para la gestión de sus cadenas de suministro. 

 

Tiempo de construcción 

Según la Cámara Colombiana de la Construcción Camacol, se espera que en 2025 el sector de la construcción aporte el dos punto cinco por ciento del producto interno bruto del país. “La construcción es un sector industrial muy importante para la economía colombiana. Sin embargo, es uno de los más ineficientes”, señala Luis Fernando Botero, jefe del Pregrado en Ingeniería de Construcción de EAFIT. 

El docente Botero explica que, según la consultora Mckinsey & Company, en los últimos diez años la construcción en Colombia ha crecido a una tasa del uno por ciento en productividad, notablemente menor que en el caso de la manufactura, que ha venido creciendo a una tasa del dos punto seis por ciento[1]. 

“El sector de la construcción está en una desventaja grande, porque ha estado reacio a adoptar los desarrollos y los avances tecnológicos que la manufactura y la producción industrial han logrado. La construcción colombiana se caracteriza por ser todavía bastante informal, por utilizar mano de obra poco calificada y por no gestionar procesos de planeación claros. Obviamente el resultado no puede ser el mejor ni en calidad, ni en costos, ni en tiempos de entrega”, apunta Botero. 

De todo el tiempo dedicado a realizar un proyecto de construcción, solo una tercera parte es productivo. “La mayoría del tiempo, alrededor de un setenta por ciento, termina siendo ‘no productivo’ por ineficiencias o falta de planeación. La realidad del sector se ve reflejada en sus resultados”, concluye el profesor de EAFIT. 

 

Metodologías como el Lean construction proponen hacer más esbelto, productivo y eficiente el sector de la construcción en Colombia. En la foto vemos la construcción de infraestructura portuaria en el Urabá antioqueño. Foto: Robinson Henao.

 

Como magíster en Ciencias de la Administración y especialista en gestión de la construcción, Botero reconoce el reto que implica reducir las brechas tecnológicas y de conocimiento en el sector de la construcción en Colombia. Relata Botero: “en una importante empresa del país, hice parte de la implementación de una metodología que venía del sector de industrial: el Lean construction o ‘construcción sin pérdidas’, que es la aplicación de los aprendizajes de la metodología Lean —por ejemplo, la manufactura ‘esbelta’ de automóviles—, recontextualizados en el sector de la construcción”. 

Algunas empresas colombianas se han venido apropiando de metodologías como la Lean construction o el BIM Modelado de Información de Construcción o Building Information Modelling—, y en la actualidad, se destacan como organizaciones mucho más productivas y eficientes en el uso de recursos. “Sin embargo, por la altísima rotación de profesionales, estas mismas empresas enfrentan grandes retos de gestión del conocimiento y sostenibilidad de las innovaciones”, reconoce Botero. Por eso no se puede dar por sentado el avance: todavía falta mucho camino para implementar nuevas tecnologías y conocimientos en el sector constructor del país. 

Otra particularidad es que, aún con sus ineficiencias, la construcción en Colombia sigue siendo rentable. “Obviamente, la rentabilidad es cada vez más bajita, entonces el ejercicio es: si esto funciona aún con tantas pérdidas de tiempo ¿Cómo sería si nos las ahorramos?”, cuestiona Botero.  

Nuevo pregrado en Ingeniería de Construcción en EAFIT

“Este programa de formación en Ingeniería se destaca por su énfasis en la innovación tecnológica y la implementación de metodologías como BIM - Lean para la optimización de procesos en el sector de la construcción, combinando los más recientes avances para la gestión digital de procesos con los conceptos de manufactura avanzada aplicados de manera innovadora a los proyectos de construcción. Estos son aspectos clave en la actualización curricular del pregrado en Ingeniería Civil y la creación del nuevo pregrado en Ingeniería de Construcción de la Universidad EAFIT”. 

 

Luis Fernando Botero, magíster en Ciencias de la Administración y jefe del pregrado en Ingeniería de Construcción EAFIT. 

 

¿Has mirado el reloj? Ya han pasado algunos minutos desde que empezaste a leer y durante todo este tiempo alguien participó de una competencia de atletismo, alguien más envió un correo urgente y algún otro desafortunado perdió un vuelo internacional. “El tiempo es aliado o enemigo según las decisiones que tomemos”, concluye el profesor Carlos Castro. 

A diferencia de lo que sucede en El curioso caso de Benjamin Button, las organizaciones sí se pueden evitar un final triste. Gracias a la ingeniería y la analítica, pueden controlar con mayor precisión los tiempos cada eslabón de la cadena de suministro, contribuyendo al ahorro de tiempo y recursos valiosos, y cimentando su competitividad y sostenibilidad a futuro.

 
Referencias 
  1. Mckinsey & Company (2017) Reinventing construction: a route to higher productivity. Disponible en: https://www.mckinsey.com/capabilities/operations/our-insights/reinventing-construction-through-a-productivity-revolution  

 

 

Autores

Juan Carlos Luján Sáenz

Periodista y profesor de cátedra de la Universidad EAFIT

Robinson Henao

Fotografías

Sección de noticias EAFIT
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Público Noticias
Autor
Juan Carlos Luján-Sáenz
Edición
Agustín Patiño Orozco

Entre combustibles fósiles y nuevas tecnologías: el dilema de la energía en el futuro 

Agosto 21, 2025

¿Qué tienen en común las grandes potencias mundiales?

La respuesta, quizá, esté en la energía. A lo largo de la historia, quienes han dominado sus fuentes energéticas han ocupado roles de liderazgo.

Hoy, la transición energética no se trata solo un cambio tecnológico, sino también de una transformación cultural, política y geológica que apenas empieza.

 

Transición energética: una mirada histórica

A lo largo de los años, nuestro desarrollo económico ha estado ligado a recursos extractivos como el carbón y el petróleo, los cuales han generado tanto oportunidades como dependencia. Colombia no ha sido ajena a este fenómeno.

El acceso a la energía, por ejemplo, ha sido un indicador para medir la desigualdad. Las grandes ciudades del país alcanzaron una cobertura casi universal desde hace décadas, mientras que regiones como Guajira, Chocó y zonas de la Amazonía aún no lo han logrado. El hecho de que no exista sincronía ha perpetuado ciclos de pobreza que trascienden generaciones.

Al mismo tiempo, nuestro margen temporal para actuar se reduce rápidamente. Algunos estudios evidencian que los patrones de precipitación están alterándose, lo cual afecta desde la agricultura hasta la generación hidroeléctrica.

La degradación de nuestros páramos, fuentes críticas de agua, sugieren puntos de no retorno: si la energía fuera una película, el cambio climático sería el antagonista más desafiante.

 

¿Y entonces?

Desde una perspectiva geológica, es decir, a partir del entendimiento de los materiales y recursos que componen nuestro planeta, la transición hacia energías renovables enfrenta limitaciones significativas.

Aunque fuentes de energía alternativas como la solar y la eólica puedan presentarse como soluciones ideales, tienen intermitencia. ¿Qué hacer con los días nublados o los períodos sin viento, por ejemplo?

Para responder a estos retos, se han creado sistemas de almacenamiento y respaldo, que también dependen del uso de minerales, al igual que la implementación de las tecnologías alternativas.

En otras palabras, actualmente no contamos con la capacidad para depender en un 100 % de energías renovables, como sugiere David Santiago Avellaneda, investigador de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de la Universidad EAFIT.

Migrar hacia un sistema de energía 100 % renovable representaría un cambio paradójico, porque la dependencia de combustibles fósiles se cambiaría por una nueva dependencia de metales y minerales, muchos derivados de procesos que utiliza la misma industria que intentamos reemplazar.

¿Cómo hacer una transición energética limpia sin los recursos financieros e industriales provenientes de combustibles fósiles como el petróleo?

Para responder esta pregunta, analicemos una necesidad que tiene una gran parte de la población: el transporte, tan indispensable para ir a nuestros trabajos, escuelas u hospitales.

 

Sobre ruedas eléctricas

Aunque hoy vemos algunos sistemas de movilidad eléctricos, los carros, por mencionar solo uno, representan solo el 20 % del total del mercado, y suelen ser bastante costosos para la mayoría de la población. Juan David Mira, investigador de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, plantea una serie de retos que, a grandes rasgos, son los siguientes: 
 

El desafío tecnológico

Para hacer la transición hacia un transporte sostenible, hay barreras que van desde la innovación hasta la accesibilidad. Hay que evaluar la autonomía, la capacidad energética y el costo.  

 

El desafío de la infraestructura 

A diferencia de lo que podría pensarse, la solución no es convertir todos los medios de transporte de combustión a tecnología eléctrica. No hay una alternativa sostenible para deshacernos del material que quedaría a raíz de la implementación de nuevas fuentes de energía. Además, dicha conversión requeriría acelerar el desarrollo de proyectos eólicos y solares a gran escala. 
 

El desafío social 

Existe una resistencia natural al cambio, que generalmente está alimentada por mitos (y nuevas verdades) sobre efectividad, seguridad y conveniencia. Por eso, sería necesario usar estrategias relacionadas con pruebas piloto, capacitaciones y comunicación efectiva sobre los beneficios tangibles de la transformación. 

 

Encrucijada política y empresarial

Esta es otra batalla en la que se enfrentan dos narrativas: una que prioriza la urgencia climática y otra que hace énfasis en la seguridad energética y fiscal del país.  

Además, no hay que dejar de lado que existen algunas iniciativas a nivel país que dan cuenta de cómo el sector empresarial está respondiendo al desafío de la transición energética desde la generación, la distribución y la aplicación en sectores específicos como el transporte:

1. La transformación de Ecopetrol, que demuestra cómo incluso empresas tradicionalmente petroleras están diversificando hacia energías renovables.

2. El enfoque innovador de Celsia para democratizar el acceso a la energía solar, con un enfoque especial en las empresas pequeñas y medianas.

3. Los esfuerzos del Grupo EPM en el ámbito de la movilidad eléctrica, particularmente en transporte público.

Lo interesante de la revolución energética no es solo el reemplazo de las tecnologías, sino también el llamado a repensar nuestra relación con el planeta.

Si algo está claro, es que debemos reconocer que no hay una energía completamente “limpia”; cada alternativa conlleva su propio impacto ambiental y limitaciones materiales que deben ser evaluadas.

Generar cambios eficaces y a gran escala debe ser un proceso que se desarrolle de forma asertiva, sobre todo, porque hemos entrado, como lo anunció el más reciente estudio de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), a la llamada “era de la electricidad”. 

 

De cara al desafío de la transición energética, en EAFIT hacemos parte de varias estrategias, entre ellas, Energértica 2030, un proyecto país en el que hacen parte 8 instituciones de educación superior, 3 empresas y 12 aliados internacionales. 

Como uno de los resultados, desarrollamos el primero barco electrosolar de América Latina. Se trata de Serena, una solución de transporte fluvial sostenible que toma en cuenta los patrones de desplazamiento y las necesidades de comunidades como Magangué, en el departamento de Bolívar. 

Con este proyecto de movilidad eléctrica, además, se desarrolló un kit de hibridación que permite que motocicletas tipo street de bajo cilindraje —el 90% de las que ruedan en Colombia— operen con energía eléctrica, así como una estación de carga, también con energía solar. 

 

Autoras

Yerly Herrera

Comunicadora social

Laura Lafaurie López

Psicóloga y artista

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Autor
Yerly Herrera; Laura Lafaurie López
Edición
Christian Alexander Martinez-Guerrero

Los tiempos de la ciencia

Agosto 20, 2025

La ciencia está hecha de tiempo, de memoria y de historia.

Aprendemos, enseñamos, investigamos, inventamos y producimos conocimiento en el tiempo.  

Las sociedades son comunidades de conocimiento y de práctica que conservan o transforman sus tradiciones de saber a través de apropiaciones y negociaciones con otras sociedades.

Cada cultura con sus tecnologías disponibles y sistemas de conocimiento son el resultado histórico de migraciones e intercambios (humanos y ecológicos) que han estado en movimiento por decenas de miles de años y a escala global.  

Entender la globalización como una historia común de conexión, permeabilidad y adaptación nos permite pensar que la relación entre tiempo y conocimiento es dinámica y compleja. En ese sentido, en lugar de una noción de tiempo global único, lineal y sincronizado, la historia del conocimiento nos propone calibrar el tiempo como una medida plural.

La ciencia se presenta a menudo como una empresa futurista impulsada por la innovación tecnológica, con la aspiración de superar las limitaciones del presente y el pasado, y las particularidades locales.

Esta imagen idealizada retrata la ciencia como una actividad de individuos e instituciones comprometidos en una carrera de sincronización acelerada, buscando métodos universales y aplicaciones estandarizadas. Esta imagen, aunque útil para dinamizar la industria del conocimiento y promover transformaciones urgentes, no captura la complejidad temporal de la actividad científica en el mundo.

Se trata de una concepción y propuesta de un tiempo homogéneo e impersonal, acumulativo y progresivo que suele contarse en una sola dirección: una historia de la ciencia y la tecnología narrada desde un momento de partida (ya sea en Egipto, Sumeria o Grecia) y dirigida a un solo punto futuro donde Europa y Estados Unidos serían los únicos centros de avance y cúspide de la racionalidad.

Sin embargo, concebir el tiempo de la ciencia como una competencia hacia la gran sincronización oscurece y simplifica la divergencia de las tradiciones de saber, sus necesidades sociales, sus trayectorias tecnológicas, y sus múltiples formas en que experimentan el tiempo del conocimiento.  

Esto produce inevitablemente evaluaciones arrogantes con las que se etiquetan a otras comunidades como temporalmente subdesarrolladas y atrasadas.

Pero más allá de la exclusión y desvaloración cultural, se ha creado un padecimiento moral y psicológico en el trabajo del conocimiento: la ansiedad de no lograr estar a tiempo, de no poder asimilar y digerir a tiempo los resultados y las innovaciones que se producen a diario.

¿Cómo podemos recalibrar nuestro sentido del tiempo y aprender a valorar los ritmos con los que las tradiciones de conocimiento florecen?

La historia excluyente del progreso científico y la alienación temporal que engendra la idea de un tiempo único pueden remediarse a través del reconocimiento y el cultivo de ritmos y temporalidades diversos.

Por lo tanto, para pensar el tiempo de la ciencia desde Colombia, por ejemplo, es necesario abrirnos a historias mucho más ricas y matizadas, donde las diferencias culturales y las negociaciones entre tradiciones muestren su papel fundamental en la configuración del saber científico.

Justamente, las acciones que conforman el conocimiento científico son intrínsecamente históricas, marcadas por contingencias, horizontes de posibilidad, olvidos, memorias y expectativas situados socialmente.

La concepción del tiempo como una línea progresiva, donde el conocimiento se acumularía de manera uniforme en una sola trayectoria, resulta ser una ilusión y un ideal construido a expensas de omisiones, exclusiones y simplificaciones.  

Diferentes comunidades y culturas reproducen, a su manera, herencias y pasados específicos, lo que implica que no todas parten de un mismo lugar, no todas comparten las mismas tradiciones de saber, y no todas cambian y se transforman al mismo ritmo. Esta realidad de asincronía ocurre simultáneamente en todos los centros y comunidades de saber, incluso en países que sobresalen por su liderazgo e influencia global.

La idea alternativa de que cada comunidad y lugar generan una experiencia temporal distinta es fundamental para comprender las realidades locales que conforman la diversidad científica del mundo globalizado.

El tiempo, en este sentido, se manifiesta como una dimensión espacial, donde cada ubicación geográfica y social posee su propia manera de transcurrir y transformarse.

Las herencias y los pasados tecnológicos que cada cultura preserva influyen profundamente en cómo abordan y desarrollan el conocimiento científico.

Las comunidades no heredan las mismas preguntas, métodos o prioridades, no todas las culturas comparten una misma medida del tiempo y una misma manera de pensar el cambio.

Toda esta diversidad simultánea conduce a experiencias temporales divergentes en las empresas científicas.

En la práctica científica global, lo que observamos es una coexistencia de simultaneidades en lugar de una sincronía en una única línea de tiempo.

Si bien las actividades científicas y tecnológicas pueden ocurrir al mismo tiempo en diferentes partes del mundo, estas se amoldan a tradiciones divergentes que operan con sus propios ritmos temporales, y permiten imaginar futuros alternativos.

La historia de la ciencia, vista a través de una lente temporal plural y descentralizada, se puede narrar como un acontecimiento de encuentros o desencuentros, de intercambios o paralelismos, de negociaciones o disputas entre diferentes aspiraciones de cambio y estilos de pensamiento.  

Reconocer estas divergencias temporales aporta una comprensión más generosa y justa de la historia y la práctica científica.  

El tiempo histórico y social de la ciencia podría visualizarse de manera más acertada como una estructura laberíntica con varios caminos posibles, o como una red tentacular o arborescente, con ramificaciones que actúan con cierta autonomía.

Esta multiplicidad temporal no es solo útil para pensar las sociedades del pasado, sino que también se presta para entender el presente, matizar la idea de progreso y desarrollo, e imaginar otras historias y representaciones de la ciencia en el tiempo…

Una historia y un proyecto de sociedad global de conocimiento a la altura de tal diversidad identifica, valora y cultiva espacios de tiempo en los que la producción del conocimiento esquiva el ideal ansioso de un único tiempo de acelerada sincronía.

Esta sugerencia de una visión más inclusiva y afirmativa permite apreciar la diversidad del ingenio humano a lo largo de la historia, mantiene abiertas las propuestas de futuro, y nos ayuda a comprender que las sociedades construyen y transforman vitalmente sus conocimientos con diferentes ritmos y en tiempos simultáneos. 

 

Conoce la Trayectoria de Estudios de Ciencia que fomenta el pensamiento crítico para entender la historia y vida social de la ciencia y la tecnología.

 

Autor

Andrés Vélez Posada

Investigador de la Escuela de Artes y Humanidades

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Autor
Andrés Vélez Posada
Edición
Christian Alexander Martinez-Guerrero

Al ritmo del beat: ¿Qué significa el tiempo en la música?

En música, denominamos tempo —literalmente “tiempo” en italiano—, a la velocidad e intención general de una composición musical, la cual se mide en pulsos por minuto o bpm —del inglés beats per minute—. Sigue leyendo y descubre cómo los grandes maestros de la música han entendido el tempo y cómo este ha evolucionado con los avances artísticos y tecnológicos.

El tempo medieval 

Sabemos que existen algunos registros de las músicas seculares de la Europa medieval, pero vamos a empezar hablando de la música sacra de la época, pues en ella podemos evidenciar la notación o escritura musical temprana. 

Los músicos medievales escribían “neumas” —signos escritos encima del texto a cantar— como una guía de los sonidos y su situación relativa dentro de la escala musical. Pero a diferencia de la notación moderna basada en fracciones del pulso, la notación neumática no anotaba el tempo ni el ritmo de la música, por lo que era necesario conocer previamente la melodía. 

Hoy conocemos a la música litúrgica medieval como “cantos gregorianos”, considerada la música más apropiada para el culto por la Iglesia católica, por lo que su influencia todavía se puede escuchar en las misas actuales. 

El Rorate Coeli, un canto que habla sobre la venida del Mesías, será la primera composición que veremos. Debido a que la notación musical se encontraba en desarrollo, no se anotaban los valores rítmicos matemáticos que representan la subdivisión del pulso, por lo que el ritmo era casi improvisado. 

 

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Orquesta Sinfónica de la Universidad EAFIT interpretando la obra Carmina Burana (1937) de Carl Orff con motivo del cumpleaños número 65 de la Universidad.

Partitura de Rorate Coeli. Imagen: Chorus Newman (2021). 

 

Es evidente la poca información rítmica que nos provee la partitura del Rorate Coeli[1], por lo que inferimos que era imposible interpretar esta obra musical de manera consistente en repetidas ocasiones. 

Como la música estaba al servicio del culto, la prioridad era que los fieles comprendieran los textos religiosos. En consecuencia, el tempo al momento de interpretar la obra debía ser moderado, incluso más lento que el habla normal, para enfatizar y meditar el mensaje bíblico. 

En suma, no sabemos con exactitud la velocidad del Rorate Coeli, pero podemos suponer que la interpretación histórica era cercana al tempo del habla humana en una conversación. En la actualidad, diríamos que esta obra debe seguir un tempo moderato —unos ochenta pulsos por minuto u 80 bpm—, o quizás un poco más lento: un tempo andante de 60 bpm.  

 

El tempo barroco 

Johann Sebastian Bach, uno de los más grandes compositores del barroco, dedicó gran parte de su música a Dios y al servicio de la Iglesia luterana. Por eso, es lógico suponer que Bach abordó el tempo desde una perspectiva ligada a su retórica musical y al contexto litúrgico en el que se interpretaba su obra.  

Como en el siglo XVII todavía no se había inventado el metrónomo, la medición precisa en bpm era imposible. Los músicos de la época indicaban la velocidad de sus obras recurriendo a términos más o menos subjetivos como adagio, andanteallegro o presto, que indican el “sentir” que debe tener la interpretación musical. 

El tempo se entendía en función del afecto —la emoción y/o el carácter— de la música, por lo que los términos italianos ya mencionados eran vitales para transmitir la información interpretativa que de otra forma se perdería. 

 

Symbolum Nicenum de la Misa en B menor BWV 232, de J. S. Bach. Imagen: International Music Score Library Project

 

En esta partitura podemos ver la indicación “andante”[2], que señala un tempo similar al de una persona que camina a paso moderado: no muy rápido, pero tampoco muy lento, de forma que se entienda el discurso musical y lírico de la obra. Por ejemplo, aquí se habla del credo niceno, el cual declara las creencias de la fe cristiana según el Concilio de Nicea del año 325. Esta prioridad demandaba regular el tempo para hacer énfasis en el mensaje recitado por el coro.  

 

El tempo para Beethoven 

Ludwig van Beethoven vivió gran parte de su vida antes de que se inventara el metrónomo, por lo que debió recurrir a los recursos conocidos en su época para indicar el tempo en el que se deberían interpretar sus obras.  

Sin embargo, durante la segunda mitad de la vida de Beethoven se popularizó en Europa el metrónomo, un instrumento que les permitiría a los músicos medir con mayor precisión, en pulsos por minuto, o sea en bpm, el tempo de sus obras. 

Esto no significó el abandono de las indicaciones en italiano que aún conocemos, ya que estas no solo indican un tempo, sino también un “sentir”, una emoción o carácter que se le debe dar a la obra.  

Por ejemplo, scherzando se traduce como “bromeando” o “jugando”, mientras que allegro agitato, significa “alegre agitado”, y adagio e poco rubato quiere decir “lento y con poco rubato”, es decir, con poca flexibilidad para ligeras variaciones expresivas en el tempo a criterio del intérprete musical. 

La quinta sinfonía de Beethoven —una de las obras más importantes, famosas e interpretadas de este compositor—, fue concebida, terminada y estrenada años antes de la invención del metrónomo. Sin embargo, en las ediciones actuales de esta obra podemos ver una indicación de tempo puesta por el mismo Beethoven años después. El tempo es allegro con brio, lo que nos da a entender que es un movimiento rápido, con fuerza y carácter. 

Indicación del tempo a 108 bpm en Sinfonía n.º 5 en C menor, Op. 67, de Ludwig van Beethoven. Imagen: International Music Score Library Project

 

Lo interesante aquí es que la indicación del tempo está a 108 bpm, mucho más rápido de lo que se pensaría para un allegro con brio, tan rápido que algunos intérpretes sugieren que se trata de un error del propio Beethoven, e incluso existen grabaciones de la obra siendo interpretada bastante más lento de lo indicado por su autor. 

Contradictores del supuesto error de Beethoven argumentan que, al final del segundo movimiento de la Sinfonía n.º 6 en F mayor, el compositor incluye frases musicales que simulan el canto del ruiseñor, la codorniz y el cuco, y que siendo la pretensión del músico sonar lo más parecido posible a estas aves en su entorno natural, la indicación del tempo debe ser la correcta y no implicaría un fallo en el metrónomo o una definición diferente de “pulsos por minuto”.

 

Canto del ruiseñor en la Sinfonía n.º 6 en F mayor, Op. 68, de Ludwig van Beethoven. Imagen: International Music Score Library Project

 

Canto de la codorniz en la Sinfonía n.º 6 en F mayor, Op. 68, de Ludwig van Beethoven. Imagen: International Music Score Library Project

 

Canto del cuco en la Sinfonía n.º 6 en F mayor, Op. 68, de Ludwig van Beethoven. Imagen: International Music Score Library Project

 

El tempo espectral 

Gérard Grisey fue un compositor francés del siglo XX que vivió tiempos tumultuosos y de grandes rupturas con respecto a la tradición musical clásica, en los que surgieron numerosas escuelas y estéticas, como por ejemplo la escuela “espectralista” que tuvo auge a mediados de los años setenta. 

De acuerdo con Grisey, el espectralismo “surgió curiosamente alrededor del mismo tiempo que la geometría fractal[3]” y como escuela de composición propuso “una organización formal y materiales sonoros inspirados directamente por la física del sonido, gracias a la ciencia y el acceso a micrófonos[3]”. 

Vale la pena decir que el sonido tiene cuatro cualidades esenciales: el tono o altura —si el sonido es agudo o grave—, la intensidad —si el sonido es suave o fuerte—, el timbre —una cualidad de los armónicos que hacen parte de un sonido y le dan su carácter distintivo— y la duración —cuánto tiempo duran las vibraciones del sonido—.  

El timbre es de especial interés para los compositores espectralistas, gracias a la posibilidad técnica de descomponer el espectro de un sonido para comprender los armónicos que determinan su timbre. 

Pero la duración también es clave si hablamos de tempo. Según Grisey, “los compositores del siglo XX especularon mucho sobre las duraciones. Aplicaron al tempo las proporciones de conceptos espaciales: los números primos —Messiaen—, el número áureo —Bartók—, la serie de Fibonacci —Stockhausen—, los binomios de Newton —Risset—, e incluso procedimientos probabilísticos como la Teoría Kinética de los gases —Xenakis—[4]”. 

En su artículo Tempus Ex Machina, Grisey habla de un “esqueleto del tiempo”, al que define como las divisiones temporales que un compositor utiliza para organizar los sonidos[4]. Esta propuesta no divide el tiempo en unidades metronómicas, como los pulsos por minuto o bpm, sino en unidades cronométricas, como el segundo.  

Las partituras de Grisey son muy interesantes visualmente y están llenas de símbolos a los que muchos no estamos acostumbrados. En su obra Periodes de 1974, vemos un ejemplo de lo que Grisey llamaría luego “esqueleto del tiempo” que demarca la duración de esa sección musical. 

 

Partitura de Periodes (1974), de Gérard Grisey. Imagen: International Music Score Library Project

 

Esta partitura muestra un sonido que debe durar unos treinta segundos como mínimo, y es posible que dure un poco más, porque contar treinta segundos exactos es imposible para los seres humanos, o por lo menos muy difícil, por lo que Grisey decide dar un rango de tiempo con el que se puede jugar. También es notable que la música no inicia en el segundo cero, sino un poco después. 

En consecuencia, aquí la unidad de tempo no está en pulsos por minuto o bpm, sino que es “unos treinta segundos”. Esta unidad temporal es difícil de fraccionar o subdividir en unidades más pequeñas, al menos en una representación escrita, mientras que en la notación tradicional se puede ver cada pulso dividido en mitades, tercios, cuartos, octavos, etc.  

La falta de subdivisiones visualmente exactas del pulso le hace imposible al intérprete dividir el tempo con absoluta precisión, y eso era justo lo que buscaba Grisey en este caso, al igual que muchos de sus contemporáneos espectralistas. 

Debido a que Periodes es una pieza para siete instrumentistas, y debido a la notación del tempo utilizada, se necesita que el director musical ayude a los intérpretes a medir el tiempo de cada pasaje, para que ellos mismos no estén contando los segundos y puedan enfocarse en la música.  

Veamos un ejemplo más con Grisey, la obra Prologue (1976) para viola solista. Vemos que para la “célula musical” —la frase melódica y rítmica que se escribe dentro del cuadro— el compositor nos indica que debe interpretarse a 70 bpm, acelerando de manera gradual hasta los 90 bpm

 

Partitura de Prologue (1976), de Gérard Grisey. Imagen: International Music Score Library Project.  

 

La comilla sobre el pentagrama nos indica una respiración, pero con la expresión “ad lib.” también nos dice que la duración de esa respiración está al criterio del intérprete.  

Además, junto con la unidad metronómica “pulso = 70”, Grisey utiliza una notación proporcional justo después de la respiración. Mejor dicho, nos indica que hay tres notas cuya duración total debe ser de un segundo: la primera nota más corta que la siguiente, y la tercera nota solo al finalizar la unidad cronométrica de un segundo, y esto se sabe por el símbolo slash sobre la última nota, usado para indicar una duración casi inmediata.   

La música hindú, por ejemplo, también combina varios estilos para la notación del tempo, aunque sus desarrollos preceden lo visto en Grisey y otros compositores occidentales del siglo XX.  

En suma, a través de los años y con los avances tecnológicos y artísticos, hemos logrado ser más precisos en las indicaciones de tempo para interpretar obras musicales. Muchos compositores deciden no ser exactos siempre, pero sí dar indicaciones que les permitan a los intérpretes acercarse al tempo en su obra, como lo hace Brahms en su Cuarteto de cuerda n.° 1 en C menor al indicar allegreto molto moderato e comodo, o Bach con tan solo un andante

 

Orquesta Sinfónica de la Universidad EAFIT interpretando la obra Carmina Burana (1937) del compositor alemán Carl Orff con motivo del cumpleaños número sesenta y cinco de la Universidad en 2025. Foto: Robinson Henao.

 

Otros tiempos en la música 

Tiempo... del Latin Tempus “extensión o medida”, que significa la duración de las cosas que se encuentran sujetas al cambio. El tempo en la música es mucho más que una simple indicación de velocidad: anuncia puentes emocionales que a veces nos conectan y otras nos acogen en un abrazo sonoro. El tempo es el ritmo que nos une, el latido invisible que guía nuestra experiencia musical y nos invita a sincronizarnos con la obra y con quienes la interpretan. 

Al igual que pasa con el lenguaje, el tempo es un viajero, recorre geografías, adopta acentos y se adapta a distintas personalidades culturales. Cada región, cada tradición musical imprime en el tempo un sello propio, una manera particular de sentir y expresar el tiempo. Sin embargo, a pesar de estas diferencias, el tempo tiene una cualidad universal: nos permite pensar en el colectivo, en la comunidad que comparte la experiencia musical. 

Trabajar en una Orquesta Sinfónica como la de la Universidad EAFIT permite estar cerca de términos, como allegro, lento, molto o acelerando, propios de la música sinfónica y que representan diferentes indicaciones que guían la interpretación y la emoción de la obra. Sin embargo, más allá de estas formas clásicas de marcar el tempo, existen otras maneras de acoger y vivir el ritmo musical, que invitan a transitarlo de manera más libre y a fijar nuestros pensamientos en esa experiencia sonora para transformar, conectar y reflejar identidades culturales diversas. Así, descubriremos cómo el tempo es a la vez un lenguaje personal y un puente hacia el encuentro colectivo. 

 

El tempo en la música africana 

La música africana, especialmente la subsahariana, se caracteriza por su riqueza rítmica basada en la polirritmia, que es el diálogo superpuesto de varios patrones rítmicos diferentes, interpretados simultáneamente por distintos instrumentos y voces. En un canto ceremonial pueden haber hasta seis u ocho patrones rítmicos distintos, ejecutados a la vez por tambores, palmas y cantos. El maestro del tambor guía al conjunto, estableciendo un pulso constante que sirve de referencia para todos, mientras los demás músicos entrecruzan sus ritmos, creando una textura compleja y dinámica. La repetición y la variación generan secuencias de llamada y respuesta que pueden prolongarse durante horas, manteniendo el trance y la participación colectiva.  

 

El tempo en el joropo 

Colombia y Venezuela comparten la llanura y la práctica del "contrapunteo", que es un duelo musical entre dos o más copleros que improvisan versos al ritmo del joropo, un género musical ejecutado principalmente con arpa, cuatro y maracas. El ritmo del joropo es ágil y sincopado, pues alterna compases de 3/4 y 6/8 que le dan un carácter saltarín y vivaz, mientras que el contrapunteo exige que los copleros mantengan el pulso y no pierdan el compás mientras improvisan los versos que le dedican a su contrincante en tiempo real.  

 

El tempo en el jazz 

En el jazz, el ritmo se expresa a través del swing y la síncopa. Oscar Peterson, uno de los pianistas más influyentes del jazz, es conocido por mantener un pulso constante mientras introduce complejas variaciones rítmicas y acentuaciones inesperadas. El swing consiste en dividir el tiempo de manera desigual, generando una sensación de movimiento y fluidez que invita al oyente a moverse con la música. Peterson, por ejemplo, podía mantener un tempo estable durante largas improvisaciones, jugando con la anticipación y el retardo de las notas para crear tensión y liberar energía, lo que produce un efecto hipnótico con la complejidad armónica y melódica propia del jazz. 

 

 

Referencias
  1. Chorus Newman. (2021) Partituras de canto gregoriano. Disponible en: https://matematicas.unex.es/~sancho/gregoriano/gregoriano.pdf
  2. International Music Score Library Project (IMSLP): https://imslp.org/
  3. Grisey, G., & Fineberg, J. (2000). Did you say spectral? Contemporary Music Review, 19(3), 1–3. https://doi.org/10.1080/07494460000640311
  4. Grisey, G. (1987). Tempus ex Machina. Traducción: Nora García. Disponible en: https://es.scribd.com/doc/210688833/Gerard-Grisey-Tempus-Ex-Machina  
 

 

Autores

Juan José Galindo Ramírez

Estudiante del Pregrado en Música de EAFIT

Susana Palacios David

Maestra en Música, Jefe de la Orquesta Sinfónica EAFIT

Robinson Henao

Fotografías

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Autor
Juan José Galindo Ramírez; Susana Palacios David
Edición
Agustín Patiño Orozco
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