¿Está temblando más últimamente? 

Agosto 20, 2025

Los terremotos, sismos o temblores (tres palabras para un mismo fenómeno) son una muestra de que la tierra está viva, de que la tierra se mueve.

Hace pocos días a más de un colombiano lo despertó el movimiento de la cama. Mi papá pensó que el movimiento provenía de mi mamá, pero no, ella dormía profundamente mientras la cama se movía de un lado para otro.

“Está temblando” –pensó mi papá. Mientras esto ocurría yo estaba manejando camino a la Universidad, razón por la cual no lo sentí; pero supe que tembló, pues en la emisora el presentador mencionó que había acabado de temblar.

A los pocos segundos de enterarme del temblor recibí por WhatsApp el siguiente mensaje de un familiar: “Tembló. Se sintió duro, yo estaba acostado y sentí un movimiento horizontal moderado a fuerte, pero cortico”. En otros grupos de WhatsApp también mencionaron el temblor, y en la Universidad parte de las conversaciones incluyeron al temblor, que se sintió en gran parte del país.

Para acabar de ajustar ¡a los tres días volvió a temblar! Esta vez, en el grupo de WhatsApp de los primos uno de ellos envío el reporte del nuevo terremoto junto con la frase “Van muchos en poquitos días”. Es verdad, van muchos en poquitos días, ¿será que está temblando más? Pues no, no está temblando más, está temblando más o menos lo mismo.

Si miramos periodos largos, podemos notar que los terremotos siempre han ocurrido y que, además, tienen frecuencias similares (ocurren aproximadamente con los mismos intervalos de tiempo). Eso sí, hay años particulares donde pareciera que la tierra decidió generar más terremotos, pero también hay años donde hay “más calma”; pero al verlo a largo plazo, el promedio de terremotos por año se mantiene relativamente constante.

Los terremotos, sismos o temblores (tres palabras para un mismo fenómeno) son una muestra de que la tierra está viva, de que la tierra se mueve.

El interior de la tierra es mucho más caliente en el centro y esta temperatura va disminuyendo a medida que nos acercamos a la superficie. Y esta superficie, que se llama corteza, está agrietada en lo que se llaman placas tectónicas, las cuales están sobre un material que permite que se muevan.

El movimiento de las placas tectónicas (acercamiento, separación o deslizamiento) hace que se acumule energía que con el tiempo se libera en lo que llamamos terremoto, sismo o temblor.  Entonces, en aquellos lugares donde interactúan las placas tectónicas es donde ocurren los terremotos. Colombia se encuentra en un lugar donde interactúan las placas tectónicas Nazca, Suramericana y Caribe, razón por la cual es un país sísmicamente activo.

Sin embargo, no todos los terremotos que ocurren en nuestro territorio son iguales: hay unos terremotos que ocurren frecuentemente y que liberan poca energía (la mayoría ni los sentimos), mientras que hay otros que no son muy frecuentes y que liberan tanta energía que pueden generar daños en la infraestructura y afectaciones en los humanos (muertos, heridos, desplazados).  

A nivel mundial cada año ocurren aproximadamente: un millón de terremotos que usualmente no se sienten; cien mil terremotos menores que se sienten la mayoría de las veces; diez mil terremotos “ligeros” que generan un movimiento perceptible; mil terremotos moderados de los que algunos generan daños en la infraestructura; cien terremotos fuertes que generan daños; 20 terremotos que generan daños importantes y pérdidas de vidas; un terremoto severo que genera un gran impacto económico y grandes pérdidas de vidas; y menos de un terremoto que genera destrucción en áreas grandes y pérdida masiva de vidas.1

Según el Servicio Geológico Colombiano, entidad que monitorea los terremotos en el país, en Colombia ocurren, en promedio, 2,500 terremotos al mes; sin embargo, la mayoría de estos terremotos pasan desapercibidos.

Yo dicto una materia que se llama ingeniería sísmica, donde estudiamos qué son los terremotos y cómo estos terremotos se relacionan con las personas y la infraestructura, buscando conocer los efectos que pueden generar los terremotos futuros en un lugar.

El primer día de clase siempre le digo a mis alumnos: “este semestre tendremos a nivel mundial un terremoto importante que va a generar daños en la infraestructura y afectaciones humanas (muertos y heridos), y también tendremos un terremoto que nos moverá el piso en el país”. ¡En los casi veinte semestres que he dictado la materia nunca he fallado!, y no es porque yo anticipe el futuro, es porque no está temblando más, está temblando más o menos lo mismo.

Aprovecho que hablé de anticipar un terremoto para aclarar que los terremotos no se pueden predecir: los conocimientos científicos actuales no permiten identificar con antelación el lugar y el día en que va a ocurrir un terremoto. Tal vez en un futuro se logre, pero por ahora no se puede.  

Lo que hacemos quienes nos dedicamos a los terremotos es estudiar la sismicidad pasada: registramos los terremotos que han ocurrido, cuánta energía han liberado, dónde se generaron y cada cuánto ocurrieron.

Toda esta información la analizamos y de esta manera podemos identificar dónde puede temblar, cada cuánto y qué tipo de movimiento van a generar los terremotos que puedan ocurrir. Con esta información podemos decir si en un lugar se espera que los terremotos generen movimientos importantes del terreno.

¿Recuerdas que mencione que en nuestro país no todos los terremotos son iguales? En Colombia los lugares que tienen mayor ocurrencia de terremotos se encuentran en las costas, alrededor de las cordilleras, y en un sitio muy especial ubicado en el departamento de Santander y conocido como el Nido Sísmico de Bucaramanga, donde tiembla casi todos los días (seis de cada diez terremotos que ocurren en el país son generados en el Nido de Bucaramanga).

Ahora, es importante tener en cuenta que el movimiento del terreno que genera un terremoto no depende únicamente de la energía que se libera (lo que conocemos como magnitud), sino también de que tan profundo es el lugar donde se libera la energía.

El efecto de los terremotos en nuestro entorno depende, además del movimiento en el terreno que genera la energía liberada, de cuántas personas e infraestructura están en un lugar y de la capacidad de las personas y de la infraestructura para resistir las fuerzas que imponen los terremotos. Entonces, no necesariamente porque un terremoto es muy fuerte va a generar muchos daños, o porque es moderado no va a pasar nada.

¿Aún después de leer lo anterior sientes que está temblando más? ¿Has pensado que últimamente tenemos mayor acceso a la información? Esta es una de las principales razones por la que en los últimos años sentimos que está temblando más.

Anteriormente no era tan sencillo enterarse rápidamente de lo ocurría globalmente, ahora todo está a un click. Sin la facilidad de información que tenemos actualmente solo nos enterábamos de los terremotos que generaban consecuencias importantes; en cambio ahora nos enteramos de esos terremotos y también de aquellos en donde “no pasa nada”.

Adicionalmente, en las últimas décadas se ha aumentado considerablemente el número y la capacidad de los equipos de monitoreo sísmico, lo que ha aumentado el número de terremotos que registramos, incluyendo muchos terremotos que ni siquiera son perceptibles por los humanos.

 

Autora

Ana Beatriz Acevedo 

Investigadora de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería EAFIT

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Autor
Ana Beatriz Acevedo
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Christian Alexander Martinez-Guerrero

Futuro de las finanzas regionales en Colombia 

En Colombia, los departamentos se financian mediante recursos propios y mediante transferencias del Gobierno nacional. A pesar del anhelo de descentralización fiscal, la mayor parte de los recursos con los que cuentan los gobiernos regionales provienen de transferencias del Gobierno central. El recaudo de impuestos y los ingresos de otras fuentes es minoritario. 

Para estudiar este fenómeno, se pueden medir los ingresos corrientes tributarios y no tributarios de las gobernaciones a partir de los datos oficiales del Departamento Nacional de Planeación (DNP) sobre las operaciones efectivas de caja, y luego compararlos con las transferencias recibidas desde el Gobierno nacional. 

Pese a que la brecha entre recursos propios y recursos provenientes de transferencias se ha venido acortando, los departamentos han recibido del Gobierno nacional en promedio 1,43 veces más de lo que están en capacidad de recaudar por sí mismos. En otras palabras, entre los años 2000 y 2023, los ingresos propios de los departamentos representaron en promedio el 41,29% del total de sus ingresos. Pero los datos ocultan una realidad mucho más compleja: la desigualdad en la proveniencia de los ingresos de los departamentos.  

Los departamentos de Colombia se clasifican en categorías fiscales: Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca son de categoría “especial”, pues concentran una mayor población y obtienen más ingresos corrientes de libre destinación. Otros departamentos se clasifican en las categorías 1, 2, 3 y 4: la categoría 4 es la de menor población y menor nivel de ingreso.  

En los tres departamentos de categoría especial, los ingresos corrientes propios han superado a las transferencias recibidas desde otras entidades públicas. Estos departamentos se benefician de grandes aglomeraciones urbanas e intensa actividad económica, lo que les permite obtener un gran recaudo tributario e incluso desarrollar otras fuentes de ingreso.  

Todos los demás departamentos tienen una realidad distinta. En ellos, las transferencias superan a los ingresos propios. Para poner solo un ejemplo, mientras que Cundinamarca genera el 61% de sus recursos mediante ingresos propios, Amazonas no alcanza a generar el 10%.  

 

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Paisaje rural del departamento de Cundinamarca, en Colombia
Un país de regiones 

Las diferencias entre los departamentos de Colombia implican que un cambio en la política fiscal territorial del país puede tener impactos muy distintos en cada región.  

Por lo general, las medidas orientadas a aumentar la autonomía regional fortalecen a departamentos con mayor capacidad de generar recursos propios, como Antioquia, Cundinamarca y Valle del Cauca. Sin embargo, otras entidades territoriales no se beneficiarían en la misma medida, puesto que pueden enfrentar dificultades para incrementar su recaudo tributario. 

En contraste, mantener o fortalecer las transferencias desde la nación hacia los departamentos permite a los departamentos con menor autonomía acceder a recursos cuantiosos que de otra manera no lograrían conseguir.  

Esta opción puede verse como beneficiosa, ya que previene una mayor desigualdad en los ingresos de los departamentos. Sin embargo, los incentivos que este sistema genera no contrubuyen a fortalecer la eficiencia de las administraciones territoriales y pueden limitar la competitividad de los departamentos con mayor dinamismo económico.  

Además, la mayoría de las transferencias del Gobierno nacional tienen destinaciones específicas que limitan la capacidad de las gobernaciones para decidir los rubros en los que es más pertinente invertir estos recursos.

Figura 1. Relación entre Ingresos Corrientes Departamentales e Ingresos por Transferencias, 2000-2023. Las categorías fiscales de los departamentos se definan cada año a partir de datos sobre su población e ingresos corrientes de libre destinación. Elaboración propia a partir de datos del DNP.

 

Por lo anterior, además del debate sobre las fuentes de financiación —dar mayor autonomía para recaudar o fortalecer las transferencias—, también se discute la posibilidad de fortalecer la capacidad decisoria de los departamentos para asignar los recursos a distintas áreas, de acuerdo con las prioridades territoriales. 

Si bien es crucial mantener un adecuado financiamiento de los departamentos para fortalecer la igualdad entre las regiones del país, también lo es permitir que el recaudo propio se fortalezca, para incrementar la autonomía de los departamentos y tener un gasto público más orientado a las necesidades específicas de la diversa geografía nacional.  

En este sentido, nuestra estimación[1] es que un crecimiento del 1% en la producción económica de los departamentos generaría un 0,8% de aumento en el recaudo propio, principalmente a través de los ingresos no tributarios. Es decir, el crecimiento y el desarrollo económico de los departamentos es una buena forma de lograr que estos obtengan mayor autonomía.

 

Autonomía con buen juicio fiscal 

La Ley 617 de 2000 representa una herramienta fundamental para que los departamentos gestionen de forma más responsable sus recursos. Al exponer una categorización basada en dos factores concretos —la población y los ingresos corrientes de libre destinación—, la norma no solo busca ordenar las finanzas territoriales, sino también promover el equilibrio entre los recursos públicos que se recaudan y lo que se gasta en un año fiscal[2]. 

El Estado colombiano, mediante las normas de hacienda pública, orienta a los departamentos a conocer bien su capacidad fiscal y a ajustar su estructura administrativa en función de ella. La posibilidad de cambiar de categoría, según el desempeño financiero, introduce un incentivo claro: aquellos que gestionen sus recursos de manera eficiente tendrán más flexibilidad, mientras que quienes no lo logren, verán limitado su presupuesto destinado a la inversión.  

Es crucial destacar que los recursos que los departamentos pueden administrar con mayor libertad provienen, en su mayoría, de los ingresos propios que generan a través del recaudo de impuestos, por ejemplo, gravando productos como la cerveza, los licores, los cigarrillos y el tabaco, los cuales aportan una parte importante de los ingresos corrientes.  

Los gobiernos departamentales también generan ingresos por concepto de registro y anotación, y mediante el recaudo de impuestos a vehículos automotores. Además, la sobretasa a la gasolina cumple un rol clave, junto con otros ingresos que ayudan a completar el recaudo departamental.

Figura 2. En este mapa, los departamentos de Colombia se muestran más grandes o pequeños según su nivel de Ingresos Propios (Tributarios y No Tributarios) como Porcentaje del Total de los Ingresos Departamentales. Elaboración propia a partir de datos del DNP [4]. 

 

El Artículo 4 de la Ley 617 de 2000 fija topes a los gastos de funcionamiento de los departamentos según su nivel de ingresos. Un departamento de categoría especial puede gastar en funcionamiento hasta el 50 % de sus ingresos de libre destinación, mientras que uno de categoría 3 o 4 tiene que mantenerse dentro del 70 %[2]. 

La normativa también es clara en cuanto a qué ingresos pueden considerarse de libre uso, excluyendo aquellos que ya tienen un destino específico, como las regalías o las transferencias. Estos recursos solo pueden ser usados para un fin determinado y no pueden ser redistribuidos por el Gobierno nacional. Aun así, es necesario darles un manejo adecuado para asegurarse de que realmente respondan a las necesidades actuales. 

Por su parte, las rentas nacionales tienen un destino específico y pueden utilizarse de manera flexible según las prioridades del presupuesto general[3]. Solo existen tres excepciones: las participaciones que la Constitución asigna a departamentos, distritos y municipios; los recursos para inversión social —salud, educación y programas para combatir la pobreza—; y aquellos que deben destinarse a entidades de previsión social o a las intendencias y comisarías.  

En suma, mejorar la forma en que se planea el presupuesto nacional y los presupuestos territoriales es determinante para que los recursos sin un uso fijo se aprovechen al máximo, especialmente en áreas como salud, educación y reducción de la pobreza, sin perder la capacidad de adaptarse a las necesidades actuales.

 

 

Notas
  1. Arias Mejía, J. M., Caicedo Esper, G. F., Acosta Ochoa, S., Salazar Aguirre, J., y Echeverri Valencia, M. F. (2024). Realidades de la descentralización fiscal de los departamentos. En Descentralización y autonomía territorial: El camino hacia adelante. Valor Público, Universidad EAFIT. Disponible en https://universidadeafit.widen.net/s/qpmwlrqldz/descentralizacion-autonomia-territorial
  2. Congreso de Colombia. (2000). Ley 617 de 2000. Esta Ley ajusta aspectos clave de la Ley 136 de 1994 y de la Ley Orgánica del Presupuesto, con la intensión de fortalecer la descentralización y mejorar el manejo fiscal en municipios y departamentos.
  3. Constitución Política de Colombia. (1991). Artículo 359. Establece el principio general de no asignación específica de las rentas nacionales, salvo las excepciones.
  4. Departamento Nacional de Planeación (DNP) TerriData. Disponible en TerriData :: DNP

 

 

Autores

José Miguel Arias-Mejía

Estudiante de la Maestría en Economía de la Universidad EAFIT

Gonzalo Felipe Caicedo-Esper

Profesor de cátedra de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno EAFIT

Luis Miguel Ocampo-Marín

Experto en CAD y lider de proyectos en urbam EAFIT

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Autor
José Miguel Arias-Mejía; Gonzalo Felipe Caicedo-Esper
Edición
Agustín Patiño Orozco

El testimonio de la Mazorca 

Al estrado habían subido ya muchos testigos intentando defender, sin éxito, al agricultor que, en un desafortunadísimo golpe de azar, había provocado la indignación de los activistas. Defendía su libertad en un juicio en el que se determinaría si eso que él hacía podría considerarse o no un crimen.

“Domesticar”, decía el demandante, “es esclavizar”

“¿Defendería el jurado a un humano que críe humanitos en su jardín para que luego alguien se los coma?”, dijo, y acto seguido presentó imágenes de plantas laceradas, apareadas a la fuerza, maceradas. Cultivos extensos que un testigo agitado se atrevió a comparar con el holocausto.  

El abogado del demandante era convincente y había escogido bien a sus testigos: un frijol frustrado que desde hacía siglos había perdido la capacidad de desvainar sus semillas, un arroz cansado de cargar granos enormes en su tallo, trigos dismórficos incapaces de reconocerse en el espejo.  

Un ejemplo para cada una de las formas de lo que el perito había nombrado como síndrome de domesticación, y que era, en este punto, el argumento ganador.  

Era la última sesión antes de la deliberación del juez. Los argumentos en favor de la cultura humana habían sido descartados de inmediato. ¿Por qué habría de importarle a las plantas que el sapiens hubiera desarrollado la agricultura, las ciudades y el Estado?  

Durante siglos, el humano había seleccionado intencionalmente, y bajo criterios que responden solo a sus intereses, a especies ahora enfermas, rechonchas y dependientes. El abogado acusador había preparado una estocada final que lo llevaría al éxito: el testimonio de la Mazorca.  

Terriblemente confiado de su milenario testigo preguntó: “¿Es o no es la domesticación un crimen?”.  

 

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Detalle de Ilustración alusiva a la domesticación humana de las plantas mediante la representación ficticia de un juicio donde los vegetales demandan al homo sapiens
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monocultivo de maíz donde se puede ver el deterioro del suelo
 
Y la Mazorca dijo:  

“Me parece ahora, después de haber escuchado en silencio sus argumentos y esculcado, no sin dificultad, entre los recuerdos remotos de este vínculo, que la verdad del asunto es un poco más compleja.  

Los humanos nos domesticaron, sí, pero eso no significa necesariamente lo que ustedes han dicho aquí. Hace miles de años yo no era más que un pasto silvestre en Mesoamérica. Hoy, es difícil imaginar el mundo sin mí.  

Muchas de nosotras, cargadas en bolsillos de sapiens andantes, como el polen que viaja en las patas de una abeja, nos hicimos universales. Diría cualquiera, sin dudarlo demasiado, que la mía, y la de los testigos que han venido aquí a hablar en contra de este hombre, son en realidad historias de éxito. 

¿En verdad no lo ven? Ni ellos ni nosotros tenemos mucho que ver aquí. Esta es una historia sobre el tiempo, y es él el único que puede explicarnos lo que ha pasado. La domesticación, al menos en un inicio —pues no tengo razones para negar que el asunto parece haberse salido un poco de control— es un vínculo forjado por el tiempo y el azar.  

Una semilla cayó en el suelo y el sapiens la vio crecer. Luego, como aquellas hormigas que aprendieron a cultivar hongos hace milenios, aprendió el humano hace doce mil años que él podía hacer lo mismo.  

Y así, tal cual, pero con otra semilla y otro sapiens, sucedió en Mesoamérica, en los Andes, en la Creciente Fértil, en China, en África occidental; en lugares distantes y sin contacto alguno, lo mismo.  

Todo, sencillamente, es cuestión de tiempo. 

No pretendo oponerme a lo que en verdad es evidente: alguien debe responder por este asunto. Yo, más que nadie, he vivido las transformaciones producto de esta relación. Y nuestra expansión, entre muchas otras cosas, ha implicado la desaparición o desplazamiento de otras especies.  

Sin embargo, así como hemos cambiado, lo han hecho ellos. Su cultura nació al ritmo de nuestra germinación, sus cuerpos evolucionaron y se adaptaron a los nuestros. Dependemos los unos de los otros. 

¿Que si es un crimen domesticar a una especie? No lo sé. Pero no olviden esto a la hora de decidir: no somos objetos tendidos en el suelo, somos parte activa en este vínculo. Y si quieren estar seguros mejor pregúntenle al tiempo, verdadero testigo de sí mismo”.

 

 

Autores

Matilda Lara-Viana

Estudiante de la Maestría en Estudios Humanísticos EAFIT y joven investigadora de la Alianza BIOFILIA

Estefanía Ceballos Benítez

Bióloga EAFIT y joven investigadora de la Alianza BIOFILIA

Sebastián Patiño Baena

Biólogo EAFIT y joven investigador de la Alianza BIOFILIA

 

 

Bibliografía recomendada
  • Alam, O., & Purugganan, M. D. (2024). Domestication and the evolution of crops: variable syndromes, complex genetic architectures, and ecological entanglements. The Plant cell, 36(5), 1227–1241. https://doi.org/10.1093/plcell/koae013
  • Bocquet-Appel, J.-P. (2011). When the world’s population took off: The springboard of the Neolithic demographic transition. Science, 333, 560–561. https://doi.org/10.1126/science.1208880
  • Diamond, J. (2002). Evolution, consequences and future of plant and animal domestication. Nature, 418(6898), 700–707. https://doi.org/10.1038/nature01019
  • Fuller, D. Q., Denham, T., & Allaby, R. (2023). Plant domestication and agricultural ecologies. Current biology: CB, 33(11), R636–R649. https://doi.org/10.1016/j.cub.2023.04.038
  • Kluyver, T. A., Jones, G., Pujol, B., Bennett, C., Mockford, E. J., Charles, M., Rees, M., & Osborne, C. P. (2017). Unconscious selection drove seed enlargement in vegetable crops. Evolution Letters, 1(2), 64–72. https://doi.org/10.1002/evl3.6
  • Mueller, U. G., Schultz, T. R., Currie, C. R., Adams, R. M., & Malloch, D. (2001). The origin of the attine ant-fungus mutualism. The Quarterly review of biology, 76(2), 169–197. https://doi.org/10.1086/393867
  • O’Brien, M. J., & Laland, K. N. (2012). Genes, culture, and agriculture: An example of human niche construction. Current Anthropology, 53(4), 434–470. https://doi.org/10.1086/666585
  • Perry, G. H., Dominy, N. J., Claw, K. G., Lee, A. S., Fiegler, H., Redon, R., Stone, A. C., et al. (2007). Diet and the evolution of human amylase gene copy number variation. Nature Genetics, 39(10), 1256–1260. https://doi.org/10.1038/ng2123
  • Purugganan, M. D. (2019). Evolutionary insights into the nature of plant domestication. Current Biology, 29(14), R705–R714. https://doi.org/10.1016/j.cub.2019.05.053
  • Purugganan M. D. (2022). What is domestication?. Trends in ecology & evolution, 37(8), 663–671. https://doi.org/10.1016/j.tree.2022.04.006
  • Schultz, T. R., & Brady, S. G. (2008). Major evolutionary transitions in ant agriculture. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105(14), 5435–5440. https://doi.org/10.1073/pnas.0711024105
  • Zeder, M. A. (2012). Domestication: Definition and overview. In C. Smith (Ed.), Encyclopedia of Global Archaeology (pp. 2069–2086). Springer. https://doi.org/10.1007/978-1-4419-0465-2_610

 

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Matilda Lara-Viana; Estefanía Ceballos Benítez; Sebastián Patiño Baena
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Agustín Patiño Orozco

Hasta la última vereda: aprendizajes de la expansión metodológica de la Universidad de los Niños EAFIT

Con presencia en más de diez departamentos y treinta y tres municipios de Colombia, la Universidad de los Niños EAFIT ha contribuido a la Apropiación Social del Conocimiento (ASC) en diversos ecosistemas escolares del país, estimulando la curiosidad, el gozo intelectual y el pensamiento crítico en niños, niñas, adolescentes, jóvenes y mediadores. 

La metodología de la Universidad de los Niños transforma el conocimiento científico en experiencias de aprendizaje que promueven el descubrimiento colaborativo, incluyente y divertido a través del asombro, la pregunta, el juego, la conversación y la experimentación.  

Estas herramientas metodológicas se actualizan y apropian en ecosistemas escolares regionales gracias al desarrollo de proyectos colaborativos que fortalecen conexiones entre la Universidad y aliados estratégicos de la sociedad civil, los sistemas públicos y el sector empresarial.  

Veamos algunos aprendizajes de la expansión metodológica de la Universidad de los Niños en el marco de tres proyectos de innovación educativa con enfoque territorial: Ciencia entre Montañas, Saberes en Red: Aprendamos con Eloísa Latorre y la Jornada Escolar Complementaria Inspiración Comfama

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Fotografías de escuelas y comunidades educativas rurales en el Suroeste Antioqueño, participantes del proyecto "Ciencia entre Montañas" de la Universidad de los Niños EAFIT.
 
Educación que cultiva ecosistemas de CTeI 

La innovación educativa permeabiliza los sistemas educativos existentes, fomentando más y mejores conexiones con los entornos locales, y nutriendo los brotes de futuros ecosistemas regionales de ciencia, tecnología e innovación (CTeI). 

Esto se impulsa mediante la apropiación de metodologías como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), las preguntas guía anuales, los talleres vivenciales, la realización y difusión de contenidos educomunicativos, el uso innovador de recursos de aprendizaje —huertas, kits educativos, dispositivos tecnológicos, etc.—, y la realización de ferias de cultura científica que celebran los saberes locales y tradicionales. 

Esta es la experiencia, por ejemplo, del proyecto Ciencia entre Montañas, el cual ha beneficiado a más de mil setecientos niños y niñas del suroeste antioqueño, en cuarenta escuelas de la ruralidad dispersa de la Provincia Cartama, que incluye a los municipios de Caramanta, Fredonia, Jericó, Montebello, Pueblorrico, Santa Bárbara, Támesis, Tarso, Valparaíso y Venecia. 

Con el desarrollo de talleres guiados por preguntas relacionadas con el agro y la biodiversidad, este proyecto busca fortalecer competencias científicas y acercar a los participantes a su territorio desde una mirada investigativa que descubra mejores oportunidades para su futuro. 

Dentro del aula, los participantes viven experiencias y juegos que detonan preguntas y conversaciones alrededor de conceptos científicos, y fuera del aula, con actividades al aire libre, los niños y niñas exploran su territorio y se apropian de las maneras en las que se produce nuevo conocimiento en las ciencias naturales. 

 

El estímulo de ecosistemas educativos más conectados con las realidades locales fortalece el tejido social a través del conocimiento. En la imagen vemos un grupo de niños y maestros junto a un árbol de limones en la vereda Piedra Verde del municipio de Fredonia. Foto: Robinson Henao.

El proyecto Ciencia entre Montañas conecta la innovación educativa con el fortalecimiento del ecosistema regional de CTeI, con el liderazgo de la Universidad EAFIT y la Universidad de los Niños en alianza con Comfama y la Fundación Fomento a la Educación JCH, y además con la participación de diversas universidades y centros de ciencia —EAFIT, CES, Universidad de Antioquia, Jardín Botánico de Medellín, Parque Explora—, expertos del sector empresarial local —Urantia, Agrovizcaya, Café Luna, Laboratorio del Café—, y aliados como el Agroparque Biosuroeste, la Provincia Cartama y los gobiernos municipales. De esta manera el proyecto cumple con el propósito de las iniciativas de CTeI financiadas por el Sistema General de Regalías (SGR).

 

“Quiero agradecer el valor que Ciencia entre Montañas le ha dado a la ruralidad, al mostrar la ciencia como algo que hace parte de nuestra cotidianidad y entorno. Mis niños son felices y esperan con expectativa a los talleristas para compartir juntos muchos temas interesantes. El proyecto contribuye inmensamente a mi labor docente mediante estrategias innovadoras y el cambio de mentalidad frente a cómo vivenciar los temas que a simple vista pueden parecer complejos”.

 

Claudia Guerra, docente del Centro Educativo Rural La Alacena, Támesis. 

“Ser tallerista me ha dado la posibilidad de conocer mi territorio, de acercarme y compartir el conocimiento con los niños y niñas y, sobre todo, la oportunidad de crear, experimentar y soñar con la posibilidad de construir un mundo más justo e incluyente para todos”.

 

— Ana Milena Henao, tallerista del proyecto Ciencia entre Montañas

 
Inspiración y herramientas para investigar 

A través del despliegue de estrategias para la formación de formadores locales en diversos territorios, la Universidad EAFIT ha fortalecido capacidades regionales para la CTeI, facilitando que docentes, mediadores y líderes comunitarios accedan a herramientas pedagógicas para el aprendizaje experiencial, la apropiación social del conocimiento y el fortalecimiento de habilidades para el siglo XXI.  

Solo en 2024, la Universidad de los Niños contribuyó a la formación de más de noventa talleristas territoriales y más de dos mil cien maestros. Este enfoque ha promovido la sostenibilidad de los procesos de aprendizaje colaborativo en territorios y poblaciones con acceso limitado a la CTeI, tanto en poblaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes, así como dentro de los mismos márgenes del Área Metropolitana del Valle de Aburrá y otros centros poblados del departamento.  

Los más de setenta docentes participantes del proyecto Ciencia entre Montañas destacan la importancia de la innovación educativa en la ruralidad dispersa, donde hay acceso limitado al conocimiento científico sobre el agro y la biodiversidad.  

Estos docentes agradecen el enfoque territorial del proyecto y la inclusión de talleristas y mediadores científicos locales, quienes enriquecen el aprendizaje con nuevas herramientas pedagógicas y se convierten en referentes del desarrollo local sostenible, en lugar de acentuar la tendencia migratoria hacia las ciudades y los centros poblados en busca de oportunidades. 

 

Las barreras geográficas, económicas y culturales son retos para la innovación educativa rural en Colombia. En la imagen vemos un grupo de niños cruzando el Río Cauca en una embarcación de remos en el municipio de Jericó. Fotografía: Robinson Henao.

 

Otra experiencia es la del proyecto Saberes en Red: Aprendamos con Eloísa Latorre —con respaldo metodológico de la Universidad de los Niños en alianza con ISA Intercolombia—, que busca fortalecer la apropiación social del conocimiento sobre biodiversidad, cambio climático, transición energética y energías renovables, beneficiando a más de veintiocho mil niños y niñas de municipios como Anorí, San Carlos, Heliconia, Santa Rosa de Lima, Norcasia, El Copey, Tierralta, Albania, Santa Marta y Yumbo, entre otros.  

Inspirados por los desafíos de la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), el proyecto busca desarrollar procesos pedagógicos y de mediación que promuevan liderazgos territoriales. Para eso, desarrolla estrategias educativas que proveen herramientas para el fomento del pensamiento científico, tales como la distribución de dos kits educativos —uno individual, para cada estudiante, y otro de carácter institucional—, que responden a las necesidades del territorio colombiano y aseguran su pertinencia en cada comunidad.  

Para sacarle el mayor provecho posible a los recursos pedagógicos en el contexto rural colombiano, los kits educativos desarrollados y distribuidos por el proyecto se destacan por proporcionar herramientas para el “aprender haciendo” tanto dentro como fuera del aula, y por ofrecer contenidos educomunicativos accesibles, que dialogan con el contexto local y que se pueden adaptar a diversos niveles y currículos escolares. 

 

Siempre es hora de aprender 

Uno de los retos del sistema educativo colombiano es cómo fortalecer la Jornada Escolar Complementaria (JEC). Gracias a la transferencia metodológica de la Universidad de los Niños a los programas JEC de Comfama y Cafam entre 2019 y 2025, la Universidad de los Niños EAFIT ha contribuido al estímulo del liderazgo en emprendimiento, participación ciudadana, pensamiento científico y cultura bilingüe en más de dos mil cuatrocientos niños, niñas y adolescentes de 55 instituciones educativas de Antioquia y Cundinamarca cada año.   

En particular, el proyecto JEC Inspiración Comfama ha contribuido a la formación complementaria de cientos de niños, niñas y adolescentes que han transformado sus preguntas en proyectos, emprendimientos y oportunidades concretas para el futuro, conectando la ciencia, el arte, la tecnología y el ejercicio ciudadano con sus realidades cotidianas y territoriales.  

En línea con la metodología de la Universidad de los Niños, este proyecto no solo promueve el acceso al conocimiento, sino que lo resignifica desde el juego, el gozo intelectual y la acción colectiva. 

Por ejemplo, en la Institución Educativa Antonio Nariño de Puerto Berrio los estudiantes construyeron un diccionario de lenguaje juvenil. Esta experiencia les permitió ver su identidad como una forma de conocimiento válido y digno de ser compartido con otros.  

Por su parte, en la Institución Educativa Concejo Municipal El Porvenir de Rionegro, los estudiantes participantes del proyecto recolectaron más de veinte especies de plantas y raíces de uso cosmético y medicinal, encapsulando sus olores y creando experiencias sensoriales que propiciaron conversaciones sobre memoria, tradición y naturaleza. “¡Huele a la huerta de mi abuela!”, dijo uno de ellos, emocionado por los aprendizajes que conectan con el origen. 

 

Uno de los retos del sistema educativo colombiano es fortalecer la Jornada Escolar Complementaria. En la imagen vemos un grupo de niños visitando un laboratorio de biología en la Universidad EAFIT para observar microorganismos y tejidos vegetales en varios microscopios. Fotografía: Christian Martínez.

 

Un último ejemplo: en varias instituciones educativas rurales, los estudiantes prepararon charlas tipo “TED Talks” como proyecto final. Desde sus experiencias personales, hablaron de liderazgo, desigualdad y emprendimiento. Un joven contó cómo el trabajo en el cafetal le enseñó sobre esfuerzo y disciplina, y propuso su idea para exportar café local con mayor valor agregado. Al terminar su charla, hubo aplausos y lágrimas. “Hoy me sentí importante”, concluyó.

En suma, los retos de la educación rural en Colombia son muchos: inadecuada infraestructura física y baja conectividad a Internet en las sedes educativas; escasa formación y experiencia de docentes y mediadores locales en la implementación de metodologías activas, Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) y estrategias de apropiación del conocimiento contextualizado; desconexión entre la escuela y el entorno rural, lo cual dificulta el aprendizaje situado y la innovación educativa regional; ausencia de referentes en ciencia, tecnología e innovación (CTeI), lo cual limita el desarrollo del pensamiento crítico y las aspiraciones a futuro de niños, niñas y adolescentes; y aún hoy, la presencia de actores armados y economías ilegales que distorsionan la idea de progreso personal y social, a la vez que promueven la migración del campo hacia las ciudades.  

Aun así, la transformación de la educación rural en Colombia invita a cada municipio a convertirse en un epicentro de descubrimientos y aprendizajes colaborativos. El estímulo de ecosistemas educativos más conectados con las realidades locales, gracias a la apropiación de metodologías como las de la Universidad de los Niños que trascienden barreras geográficas, tecnológicas y culturales, fortalece el tejido social a través del conocimiento.  

 

 

Autores

Ana María Jaramillo-Escobar

Magíster en Procesos Urbanos y Ambientales y coordinadora del proyecto "Ciencia entre Montañas".

Diana Marcela Marín Alzate

Magíster en Ciencias del Comportamiento y coordinadora del proyecto "JEC Inspiración Comfama".

Nathalia Botero-Orrego

Magíster en Ingeniería y coordinadora del proyecto "Saberes en red:
Aprendamos con Eloísa Latorre".

Robinson Henao

Fotografías proyecto "Ciencia entre Montañas"

Christian Alexander Martínez Guerrero

Fotografía proyecto "JEC Inspiración Comfama"

Sección de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas
Escuela o área Noticia
Autor
Ana María Jaramillo-Escobar; Diana Marcela Marín Alzate; Nathalia Botero-Orrego; Robinson Henao
Edición
Agustín Patiño Orozco

Niñez rural, semilla de cambio para Colombia

Pensar en el futuro de la niñez rural en Colombia requiere entender unos tejidos sociales en transformación, que se entretejen con problemáticas y situaciones particulares de cada territorio.[1] 

Hay que considerar el momento de la vida por el que pasan los niños, niñas y adolescentes, sus tradiciones y las decisiones a las que se enfrentan. Promover experiencias de aprendizaje más integrales y contextualizadas ayudaría a resarcir la deuda histórica que tenemos con el campo.

Colombia es un país próspero y altamente diverso, en donde conviven regiones desarrolladas con otras más vulnerables. La desigualdad y las brechas territoriales son realidades a las que nos enfrentamos a diario. Una de las brechas de mayor relevancia para el desarrollo del país es la educación y el acceso a ella por parte de la niñez rural. 

Existen dos caras de la educación en Colombia: una urbana y otra rural. Ambas comprenden realidades antagónicas y altamente complejas.  

Según la Pontificia Universidad Javeriana, en 2023 cerca del 27% de la población entre los cinco y los veintiún años habitaba en la ruralidad, es decir, más de un cuarto de la población en edad escolar vive fuera de las grandes ciudades.[2] Esto determina la calidad y las oportunidades de acceso a la educación, teniendo un impacto a largo plazo en el proyecto de vida de niños, niñas y adolescentes.  

En la actualidad, además, si bien el 96% de la población mayor de quince años del país sabe leer y escribir, la brecha de esta cifra entre el campo y la ciudad sigue siendo abismal: mientras que la población urbana presentó una tasa de 2,7 % de analfabetismo, en la ruralidad esta cifra ascendió al 9,2 %.[2] 

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Ilustraciones sobre la educación rural en Colombia, la migración del campo a la ciudad y la educación contextualizada
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Niños del suroeste antioqueño caminan hacia su escuela cerca a un cultivo de café
 
Brechas de acceso a la educación rural 

Problemáticas como el conflicto armado, el insuficiente acceso a servicios básicos, la falta de oportunidades, la migración hacia las ciudades y las barreras de acceso a la educación y el trabajo configuran el escenario cotidiano de la ruralidad en Colombia. 

En este contexto, la niñez rural enfrenta desafíos significativos: las dificultades económicas y la necesidad apremiante de trabajar interfieren con sus estudios y con frecuencia causan desmotivación y absentismo escolar. Las niñas y adolescentes, además, suelen asumir responsabilidades familiares y domésticas y enfrentan riesgos como el embarazo adolescente. 

A estas dificultades se suman los largos y complicados desplazamientos que muchos estudiantes y maestros deben realizar a diario para llegar a la escuela.  

Una vez en el aula, los estudiantes a menudo se encuentran con instituciones educativas en condiciones precarias: las instalaciones son inadecuadas, faltan recursos tecnológicos y los docentes están sobrecargados puesto que no cuentan con los medios para atender necesidades de aprendizaje diversas.  

Por último, el currículo, diseñado en las grandes ciudades y bajo los parámetros que estas requieren, resulta ajeno a la realidad, las necesidades y los intereses de los niños, niñas y adolescentes rurales y campesinos del país. 

 

La fuga de talentos del campo a la ciudad trae consigo la falta de desarrollo económico y social, limitando las oportunidades para la innovación. En la actualidad, el 11,8 % de la población urbana ha obtenido un título universitario, frente un 1,8 % de la población rural. Ilustración: Lennis Orozco.

 

Talento del campo 

Teniendo clara la realidad compleja de la educación rural en Colombia, no es sorprendente que exista en el campo una alta tasa de deserción escolar

Muchas veces, a medida que los niños y niñas del campo se van acercando a la adolescencia, se presenta una disyuntiva: deben plantearse si pueden ―y quieren― seguir estudiando, con todos los retos que esto trae, o si comienzan a trabajar en diferentes labores en el campo para apoyar económicamente a sus familias y solventar sus gastos básicos.   

Ambas posibilidades suelen ser mutuamente excluyentes y traen consigo retos y realidades diversas. En el caso de seguir estudiando, se enfrentan a la necesidad de migrar a las ciudades para continuar con su proceso formativo en universidades y diferentes instituciones educativas superiores.  

Surge aquí una nueva problemática: comienza una fuga de talentos del campo a la ciudad, lo cual trae consigo el abandono del campo y falta de desarrollo e innovación. Las cifras dan cuenta de los impactos: para el año 2023, el 11,8% de la población urbana contaba con un título universitario como máximo nivel educativo, frente al 1,8 % de la población rural.[2]

 

Futuros posibles 

Si bien la situación de la educación rural en el país presenta retos y dificultades, no todo está perdido. Es importante recoger los avances y aciertos de los modelos educativos actuales, para así plantear y gestar una transformación de la educación rural fundamentada en la ciencia y la tecnología, el respeto por el campo y sus tradiciones, y el empoderamiento de los niños, niñas y adolescentes como protagonistas de su propio proceso formativo.  

Un punto importante en la innovación educativa es la apropiación de los recursos tecnológicos. Su acceso y aprovechamiento al interior de las aulas favorece la descentralización del aprendizaje y contribuye al cierre de brechas sociales. Por ejemplo, la educación virtual y las jornadas flexibles pueden facilitar en algunos casos la apropiación tecnológica, el desarrollo de capacidades y la innovación en los territorios. 

Es indispensable tener en cuenta las realidades y el contexto de la niñez rural y campesinas, sus tradiciones, necesidades y oficios. Estas realidades nutren y llenan de valor la transformación educativa. No se puede pensar en nuevos modelos de aprendizaje que no respeten el contexto cultural en el que se encuentran, y entiendan el gran valor de lo campesino para el desarrollo del país.  

Los niños, niñas y adolescentes representan los primeros agentes de cambio del territorio y son ellos en quienes deben centrarse los esfuerzos de la innovación educativa, buscando que sus visiones de futuro y sus proyectos de vida no se desconecten por completo del campo y del desarrollo territorial.[3] 

 

Pese a las limitaciones de conectividad, transporte y la falta de referentes en ciencia, la innovación educativa rural impulsa un aprendizaje que juega, conversa, pregunta y experimenta ―siguiendo la metodología de la Universidad de los Niños EAFIT―, para abrirle camino a los sueños de los niños, niñas y adolescentes rurales y campesinos. Ilustración: Lennis Orozco.

 

Los maestros también son protagonistas en la innovación educativa, pues no solo desempeñan un rol fundamental dentro de la educación rural, sino que se convierten en algunos territorios, en representantes de la presencia del Estado[1], líderes comunitarios y agentes del cambio social que comienza en las aulas. El maestro rural está llamado a comprender el tejido social y el entorno de sus estudiantes, a darles vida dentro del aula y desde allí construir aprendizajes. Esto debe estar acompañado de metodologías centradas en el desarrollo del pensamiento crítico y la investigación en los niños, niñas y adolescentes. 

La transformación de la educación rural en el país requiere un enfoque integral y multidimensional que combine mejoras en la calidad y el acceso a la educación, su articulación con el desarrollo territorial, y el fortalecimiento del rol de los maestros rurales, de modo que se reconozcan y potencien las capacidades y aspiraciones de los niños, niñas y adolescentes como agentes de cambio en sus comunidades y en el país.  

Se hace necesario pensar en el rol esencial de los niños, niñas y adolescentes en su formación, lo que los hace protagonistas de la innovación educativa en Colombia. Escucharlos y tener en cuenta su perspectiva es como se comienza a tejer el inicio de un nuevo modelo educativo rural para nuestro país. 

 

Referencias
  1. Orozco Gómez, W. (2022). El maestro rural en Colombia: desafíos ante la memoria y la reconstrucción del tejido social. Praxis & Saber 13(33), e13199. Recuperado a partir de https://revistas.uptc.edu.co/index.php/praxis_saber/article/view/13199
  2. Pontificia Universidad Javeriana. (2023). Características y retos de la educación rural en Colombia. Informe análisis estadístico LEE 79. Laboratorio de Economía de la Educación.
  3. Gaviria Agudelo, A. y Jaramillo Escobar, A. M. (2019). Adolescencia, futuro y desarrollo territorial: diseño de un instrumento que permita la convergencia de la visión de futuro de los adolescentes rurales y los procesos de transformación y desarrollo territorial. Caso de estudio: Provincia Cartama. Universidad EAFIT. Disponible en http://hdl.handle.net/10784/24363

 

 

Autoras

Ana Maria Parra Diez

Psicóloga de la Universidad EAFIT

Lennis Orozco Arias

Máster en Ilustración y Cómic

Sección de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas
Autor
Ana Maria Parra-Diez; Lennis Orozco Arias
Edición
Agustín Patiño Orozco

Vivir en dos tiempos: el trabajo de reconstrucción de memoria colectiva en Colombia

Agosto 20, 2025

Marda, psicóloga; Gloria, abogada; Juan Gonzalo (JuanGo), periodista; Jorge, comunicador. Todos investigadores de la Universidad EAFIT relacionados con el conflicto armado colombiano.

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Quizá fue por una emoción: la vergüenza de tener poco conocimiento sobre la historia de su país. Quizá fue por un familiar: una hermana mayor historiadora. Quizá porque atravesó la vida misma: su familia fue víctima directa. Quizá porque no había otra opción: un periodista recién egresado en la Medellín de los ochenta. Cada uno, desde su orilla, ha dedicado parte de su vida a estudiar y reconstruir lo que más nos une como país: la memoria de un conflicto que a veces cae en el olvido.  

Aunque varíen las razones, hay una compartida: la certeza de que sin el entendimiento profundo del pasado no podríamos construir, juntos, una visión extendida y asertiva del presente y del futuro.

El tiempo es un agente activo en la reconstrucción de la memoria en Colombia, por dos razones. La primera es una relación obvia: hay pasado en tanto transcurre el tiempo y podemos mirar hacia atrás solo cuando hay un camino al cual asomarse. La segunda es que, en la medida en que corre el tiempo, aparecen elementos clave: las voces, los testimonios, las evidencias de la violación de derechos humanos que permiten hoy buscar justicia y velar por la reparación económica, simbólica y de salud mental de las víctimas. 

Pareciera sencillo: si pasa el tiempo, habrá pasado; si hay pasado, habrá quien lo cuente. La experiencia de estos cuatro investigadores, sin embargo, plantea la aparición de una tercera pieza fundamental para la recuperación de ese pasado: el sosiego.

Es por el sosiego que se construye memoria, pues solo con él es posible que se aviven los recuerdos, los relatos de quienes vivieron el conflicto y sin los cuales no podríamos dimensionarlo.  

¿Qué nos corresponde a quienes no la vivimos? Generosidad y hospitalidad en la escucha y también empatía para entender un sentido amplio del nosotros que trascienda el olvido y la negación: esto que le sucedió a otros ―muchos― impacta en una historia nacional de la que hago parte, aunque esta guerra no haya tocado directamente a mi puerta.

 

Las noticias, imágenes y sucesos alrededor de la guerra en Colombia han sido tan frecuentes que nos acostumbramos a ellas. ¿Cómo salir de ella? ¿Cómo des-normalizar la barbarie?

 

Andar con la piel finita

Marda lo describe como un estado de conmoción permanente que la hace tener un compromiso ético con la historia del país. “Creo que uno nunca se puede dejar de conmover”, enfatiza. Cuando pierde la esperanza, vuelve a un fragmento de Las ciudades invisibles, de Ítalo Calvino: “(...) buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”. 

“Me volví más llorón”, dice Jorge. Su trabajo de tesis doctoral se centró en el análisis de más de mil imágenes de prensa que retrataban el conflicto armado. Pero ahora no solo se permite más lágrimas: también agudizó su sentido de responsabilidad frente al país que quiere dejarle a sus dos hijas. Su trabajo, condensado en el libro La barbarie que no vimos: fotografía y memoria en Colombia, representó una forma de solidaridad con las víctimas del conflicto y el cierre que soñaba para su trayectoria académica.  

JuanGo dice que está en simultáneo en dos líneas de tiempo. Aunque camina por la Medellín del 2025, reconoce en cada esquina la de los ochenta, la de la violencia más cruda, la que lo estrenó como reportero. Lo resume en un simple juego de palabras: “el pasado está siempre muy presente”. Lo ejemplifica con un carro bomba que explotó en San Juan con la 73. Siempre que pasa entre ambas calles, le es imposible no revivir el momento.  

Gloria experimentó un efecto secundario bastante peculiar que ella categoriza como muy positivo: “dejé de tomarme tan en serio”. Un golpe al ego, podríamos decir. No se trata de minimizar los dolores propios, pero sí, quizá, de ponerlos en perspectiva frente a otros muchos más cruentos y profundos que deberían sacarnos a todos de la anestesia frente al pasado que compartimos y a los problemas que no vivimos.  
 

El pasado que aún no pasa

Hay una particularidad con el conflicto colombiano, y es que, si bien no se ha recrudecido, tampoco ha terminado. Nuestro pasado sigue pasando. El deber de la memoria nos permite, entonces, identificar de forma temprana las señales ante sus posibles degradaciones.  

No hay que esperar a que pase para aprender de él.

Nos corresponde apelar a la condición humana para construir un futuro en colectivo, reconocer lo que hemos avanzado y trazar nuevas rutas con esperanza y empatía para ver ese pasado que aún no pasa. Ese pasado que está pasa(n)do. 

 

¿Cómo volver a conmoverse? 

Las noticias, imágenes y sucesos alrededor de la guerra en Colombia han sido tan frecuentes que nos acostumbramos a ellas. ¿Cómo salir de ella? ¿Cómo des-normalizar la barbarie? Los investigadores nos cuentan.  
 

El método iconográfico

Para Jorge Bonilla, quien centra su investigación en el análisis de la imagen, una buena forma de re-sensibilizarse con las imágenes del conflicto en Colombia es aplicar el método iconográfico de Erwin Panofsky, historiador, ensayista alemán y crítico de la imagen.  

Para Panofsky, hay tres niveles de análisis de una imagen:

1. El nivel primario o natural: aquí, las figuras, elementos u objetos de una imagen no se relacionan con un tema determinado ni se analizan bajo un contexto específico. Es nombrar de forma literal los objetos de una imagen: árbol, tierra, persona.  

2. Nivel iconográfico o secundario: aquí, se trata de enlazar los objetos identificados en el primer nivel a un contexto o tema específico. El árbol, la tierra o la persona ahora están inscritos a un contexto: una época, un conflicto social, un territorio.  

3. Nivel iconológico o de significación intrínseca: aquí, se hace la interpretación más profunda de la imagen, su concepto y alcance en un contexto determinado. Se trata de asignarle un significado teniendo en cuenta el entramado cultural en el cual la imagen fue capturada o creada.

 

La importancia de un testimonio vivo

Para Marda Zuluaga, todo cambia cuando tienes de frente un testimonio vivo. Nunca será igual conocer sobre el conflicto directamente de una de sus víctimas. Para ella, esto es clave para activar la sensibilidad y el sentido de empatía por las historias de los otros.  

Recuerda especialmente una vez en la que varios de sus estudiantes de cátedra para la memoria y la paz se ofrecieron a ayudarle transcribiendo testimonios de varias víctimas del conflicto en Granada, Antioquia. La cercanía con el puño y la letra, con el relato en primera persona, fue clave para lograr que sus estudiantes se conmovieran y dimensionaran el impacto del conflicto.  

“Incluso me contaban que cuando sentían que lo estaban haciendo en automático, sin consciencia, paraban”, narra. “Ellos mismos querían estar conscientes y conectados, sentían que de lo contrario era irrespetuoso con los relatos de las víctimas”.

 

Abrirnos ante el dolor de los otros

Para Gloria María Gallego es fundamental incomodarnos y permitirnos ir a las zonas más afectadas por el conflicto. Su trabajo desde la academia ha estado atravesado por una aguda conexión con la vida fuera de ella, pues reconoce que muchas veces hay un abismo entre lo académico y la vida real.  

Esa, de hecho, fue su motivación para estudiar Derecho. Se preguntaba cómo superar el espacio entre lo teórico y lo práctico. “Hay que abrirnos a recibir el dolor de otros”, explica. “Hagamos ese duelo, que es un duelo colectivo. Es el dolor que da la lucidez y reconocer lo que pasó, lo que permitimos que pasara en nuestro país”.

 

Explorar las otras narrativas

Desde su formación en periodismo, Juan Gonzalo Betancur nos invita a volver a los principios básicos del oficio: escuchar sin prejuicios y sin intención evangelizadora. Especialmente, atrevernos a escuchar historias de orillas distintas a las nuestras y de actores a los que solemos demonizar, como los perpetradores y victimarios.  

Recuerda las premisas base del periodismo: qué, cómo, cuándo, dónde, por qué. En el fondo, es tener la disposición de escuchar todas las orillas de una misma historia y permitir que afloren las emociones, incluso los deseos de venganza y la rabia.

 

 

Trabajos de investigación relacionados

Cronistas de tiempos salvajes

Esta compilación reúne los testimonios e historias de los periodistas encargados de cubrir el periodo más violento del narcotráfico en Medellín (1988-1993). Es una obra con relatos vivos y de primera mano sobre cómo se vivió esta época desde las salas de redacción. 

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La barbarie que no vimos: fotografía y memoria en Colombia

Este trabajo analiza las imágenes de prensa que cubrieron el conflicto armado en el país y se plantea preguntas sobre las narraciones y las representaciones gráficas de este periodo en Colombia.

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Palabras para los ausentes. Una inmersión en las bitácoras del Salón del Nunca Más

En este producto editorial se analizan las bitácoras de las víctimas de Granada, Antioquia, luego de la masacre y la destrucción de su casco urbano a manos de paramilitares y guerrilleros. Reúne el dolor y la tristeza, pero también la resistencia y la fuerza de la vida.

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Fue como un naufragio: análisis y testimonios del secuestro en Colombia

Este libro analiza y reúne relatos que retratan la realidad que se vivía en la guerra en el país y evidencia cómo uno de los aspectos más crueles era el secuestro. La obra se centra en los testimonios de las víctimas.

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Autoras

Valeria Querubín

Comunicadora social

Maria Luisa Eslava

DIseñadora gráfica

Categoría de noticias EAFIT
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Autor
Valeria Querubín
Edición
Christian Alexander Martinez-Guerrero

El camino de la sostenibilidad en diez pasos

Sostenibilidad es lo que nos permite satisfacer necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades. Frente a la amenaza del cambio climático debemos asegurar que el desarrollo actual no impacte de forma negativa a las generaciones futuras.

En este escenario, las empresas, sin importar su tamaño, son protagonistas. Una estrategia sostenible les permite a las empresas ser más competitivas y crecer en los tres pilares del desarrollo: el económico, el social y el ambiental.  

La Guía de implementación para el diseño y comunicación de la estrategia sostenible para pequeñas y medianas empresas en Colombia es una metodología que se desarrolla siguiendo diez pasos, cada uno con una serie de herramientas que les permite a las empresas materializar su estrategia sostenible. 

Accede a todas las herramientas anexas de esta metodología aquí.

 

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Un grupo de representantes de la Alianza 4U recorren la quebrada La Volcana en su paso por EAFIT
1. Mira hacia adentro

Evalúa y prioriza las áreas de mejora en tu estrategia de sostenibilidad mediante una herramienta de autodiagnóstico para la pequeña y mediana empresa. 

 

2. Construye propósito

Identifica tu propósito superior o “razón de ser”. Más que responder “qué” o “cómo”, el propósito responde “para qué” te comprometes con resolver un problema social, creando un valor financiero significativo. Te recomendamos leer el “Manual del propósito: poner en práctica el propósito con valor compartido” de la Iniciativa de Valor Compartido (Shared Value Initiative).

 

3. Mira tu entorno

Reconoce los factores políticos, económicos, sociales, tecnológicos, ecológicos y legales que podrían incidir en tu contexto para identificar los potenciales riesgos y oportunidades para tu negocio. Aquí te proponemos una herramienta basada en el Análisis PESTEL. 

 

4. Define la materialidad de tu negocio

La “materialidad” se refiere a los temas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) que debes priorizar en tu estrategia empresarial, en línea con los objetivos del negocio, para responder a las oportunidades y riesgos del entorno. Aquí te proponemos una herramienta para identificar y priorizar estos temas.

 

5. Define objetivos de sostenibilidad

Establece objetivos claros, inteligentes y relevantes para tu estrategia de sostenibilidad empresarial. Te proponemos definir objetivos SMART —llamados así por su acrónimo en inglés—, puesto que son específicos, medibles, alcanzables, relevantes, y limitados por el tiempo.


6. Conecta con tus grupos de interés

Un grupo de interés es una parte interesada: un grupo interno o externo, empresa, organización, miembro o sistema
que puede afectar o verse afectado por las acciones de tu empresa. Aquí te proponemos una herramienta para identificar y priorizar acciones con grupos de interés según tus objetivos de sostenibilidad.
 

7. Emprende iniciativas clave

Define iniciativas clave, con indicadores y metas, que contribuirán al cumplimiento de tus objetivos de sostenibilidad, alineando las operaciones con los temas materiales identificados.
 

8. Alinea la estrategia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

Aquí te proponemos una herramienta que ha sido usada por miles de organizaciones en el mundo con muy buenos
resultados: SDG Compass, la guía por excelencia para la acción empresarial en sostenibilidad, conocida en español como la “Brújula de los ODS”.


9. Comunica tu estrategia sostenible

Diseña un plan para comunicar la gestión de la sostenibilidad en tu empresa. Debe ser un proceso flexible, acorde a las necesidades de la organización, y estar alineado con sus estrategias de comunicación interna y externa.
 

10. Reporta los hallazgos

Un reporte de sostenibilidad te permite rendir cuentas a tus grupos de interés sobre el desarrollo sostenible de tu empresa. Reporta las contribuciones positivas y negativas, así como los retos para el corto y largo plazo.

 

 

Autoras

Mariana Henao Alarcón

Magíster en sostenibilidad

Natalia Mesa Jaramillo

Magíster en sostenibilidad

Robinson Henao

Fotografía

 
 
Bibliografía recomendada
Sección de noticias EAFIT
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Escuela o área Noticia
Autor
Mariana Henao Alarcón; Natalia Mesa Jaramillo
Edición
Agustín Patiño Orozco

La sostenibilidad como catalizador de la confianza pública 

La sostenibilidad es protagonista en discusiones públicas y análisis estratégicos de todo tipo de organizaciones. Para entender cómo inciden en la sostenibilidad del planeta, algunas empresas han incorporado análisis de impacto en temas ASG —asuntos ambientales, sociales y de gobernanza—mediante la aplicación de estándares como la Iniciativa de Reporte Global.

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paisaje de una empresa en armonía con la naturaleza

Los análisis de sostenibilidad como la Iniciativa de Reporte Global —GRI, por sus siglas en inglés—, valoran tanto las externalidades negativas asociadas a la gestión empresarial, así como las contribuciones positivas de la organización que incrementan su credibilidad y confianza en la sociedad.

A partir de la Directiva 2022/2464 de la Unión Europea, se establece un estándar complementario con el concepto de “doble materialidad”, según el cual no sólo es importante reportar la incidencia que las acciones de una empresa tienen sobre temas ASG —materialidad de impacto—, sino también la forma en cómo esos temas afectan el desempeño financiero de la organización, los riesgos que enfrenta y las oportunidades que genera con su gestión, a través de la materialidad financiera.

Los reportes de doble materialidad, que conectan la sostenibilidad con la gestión del riesgo empresarial, son cada vez más relevantes conforme se consolidan los estándares y metodologías respectivas. Lo que queda claro es que hay una progresiva conciencia en el mundo empresarial de la conexión entre la sostenibilidad socioambiental y la sostenibilidad corporativa. En este sentido, será cada vez más importante para las organizaciones desplegar y comunicar sus estrategias de sostenibilidad.

La importancia del valor público generado por una organización no depende sólo de lo que se ha llamado “responsabilidad social empresarial” (RSE), sino también de la importancia que tiene, para una empresa, la percepción que las “partes interesadas” tienen sobre sus acciones y los valores que representan.  

Por ejemplo, casi todos preferimos trabajar en una organización que promueve el bienestar de sus colaboradores, o consumir bienes y servicios provistos por una empresa que contribuye al progreso social. Incluso, en algunos casos, una empresa amigable con el medio ambiente quizás tenga acceso a mejores condiciones de crédito. 

Es en relación con las “partes interesadas” —las personas o entidades que están en la órbita de influencia de la organización— que se definen aspectos críticos de la sostenibilidad y de los riesgos que delimitan el futuro de la empresa. 

La sostenibilidad define el futuro de las organizaciones, en tanto genera compromisos ineludibles con la sostenibilidad de la sociedad y del planeta.

 
Crear valor social desde la empresa 

El papel que desempeñan las organizaciones sociales, no gubernamentales y de la sociedad civil, se ha hecho cada vez más importante en las dos últimas décadas, conforme ganan relevancia los criterios ASG para el buen funcionamiento y la legitimidad de los sistemas económicos. 

Lo anterior sucede por al menos tres razones. Primero, porque hay una zona media indefinida entre la gestión social que corresponde al Estado y la que puede asumirse como propia de las empresas. Segundo, porque hay límites a los aportes que el sector privado puede hacer al bienestar colectivo, al desarrollo productivo y al buen funcionamiento de la sociedad y del planeta. Tercero, porque se han desarrollado herramientas que permiten plantear problemas, diseñar esquemas de intervención —como la teoría del cambio—, y evaluar el impacto y la efectividad de las acciones que emprenden este tipo de organizaciones. Todo esto configura un espacio apropiado para las empresas con propósitos sociales, ya que se les reconoce su rol y se les dota de esquemas conceptuales apropiados para medir el impacto de sus acciones. 

Además, alineando la estrategia organizacional con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los planes de desarrollo local, las empresas contribuyen colaborativamente al logro de metas públicas. Por ello, las alianzas estratégicas y las prácticas de sostenibilidad y de responsabilidad social empresarial (RSE) desempeñan un papel muy importante en la creación de valor público.  

Las organizaciones orientadas a la creación de valor público generan, no solo valor económico —representado en el desarrollo empresarial y el apoyo a proyectos de infraestructura que mejoran capacidades logísticas y facilitan el comercio y la conectividad—, sino que también generan valor social para diferentes grupos de interés, representado en la promoción y preservación de la cultura, la naturaleza, la inclusión social y la equidad, generando un efecto cascada en iniciativas educativas, programas de salud y bienestar, y desarrollo comunitario para poblaciones en situación de desventaja. 

 

El valor de la comunicación 

Las organizaciones deben comunicar de manera clara, coherente y honesta su estrategia de sostenibilidad. No basta con tener buenas prácticas si estas no se conocen, no se comprenden, o no inspiran. Mediante una comunicación efectiva, las organizaciones pueden promover narrativas de responsabilidad compartida, impulsando cambios en el comportamiento ciudadano, el consumo consciente y la participación social.  

La comunicación genera confianza, compromiso, fidelización y movilizar aliados estratégicos cuando logra demostrar que el compromiso con la sostenibilidad es parte del corazón del negocio.  

El compromiso también es con el uso eficiente de los recursos que se destinan a la sostenibilidad, la evaluación rigurosa y la mejora de la calidad de las decisiones que cimientan la reputación organizacional y hacen transparente el impacto social y ambiental que produce la empresa.  

Además, es clave que exista consciencia profunda de esa estrategia dentro y fuera de la organización: que los líderes la comprendan, que los equipos la vivan, y que los grupos de interés vean su impacto. Solo así la sostenibilidad deja de ser un discurso y se convierte en una fuerza transformadora, capaz de generar valor privado y público.

 

Al comunicar de manera transparente sus compromisos y resultados en sostenibilidad ambiental, social y de gobernanza, las empresas refuerzan su legitimidad, fortalecen la confianza ciudadana en las instituciones públicas y privadas y mejoran en conjunto el entorno de gobernanza. 

La comunicación de los resultados en sostenibilidad organizacional no puede basarse únicamente en narrativas inspiradoras. Requiere datos verificables y análisis que permitan evaluar el impacto de las intervenciones. Para comunicar la gestión con transparencia hay que fundamentarse en la evidencia económica.  

Por eso los informes de sostenibilidad deben ir más allá del cumplimiento normativo y convertirse en ejercicios sistemáticos de rendición de cuentas, que muestren cómo las acciones de la empresa generan valor privado y público de forma medible. El fortalecimiento de la confianza pública y la sostenibilidad organizacional exige una gestión informada y basada en evidencia. Tanto las empresas como las organizaciones sociales están llamadas a medir y a comunicar con rigurosidad el impacto de sus decisiones, demostrando así su contribución al bienestar colectivo. 

Herramientas como Bien+, metodología desarrollada en la Universidad EAFIT, permiten a las organizaciones evaluar el valor público que generan, conectando sus estrategias con resultados sociales tangibles, y dando sentido a su propósito y legitimidad en la sociedad contemporánea. 

La comunicación de los resultados de gestión, en la medida en que obliga a evaluaciones cuidadosas de impacto que reflejen el valor real que produce la empresa, da fe de la responsabilidad asumida por la organización y de su compromiso con la sociedad a la que dirige sus esfuerzos.  

 

El valor de la confianza pública 

En síntesis, toda organización tiene una responsabilidad esencial en lo relativo a los factores ambientales, sociales y de gobernanza. En primer lugar, las empresas, porque con su diligencia en estos temas contribuyen a garantizar su sostenibilidad a largo plazo, atenuando riesgos que puedan incidir negativamente en su desempeño, y asegurando su “licencia social para operar”, que se deriva del cumplimiento de las expectativas que la sociedad, en su conjunto, y sus grupos de interés, tienen sobre la gestión empresarial.  

En segundo lugar, las organizaciones sin ánimo de lucro, porque contribuyen al fortalecimiento institucional y el aumento del bienestar social, haciendo viable el desarrollo económico en cuanto propician el respeto a las reglas de juego y generan consensos para impulsar la gestión empresarial.  

El desarrollo de herramientas de valoración de externalidades, —los efectos que una acción produce sobre otros agentes o la naturaleza y que no se materializan en transacciones de mercado—, y de evaluación de impacto —el análisis de los efectos que se producen cuando se destinan recursos a propósitos considerados meritorios por una organización—, abren la posibilidad de evaluar la rentabilidad social de la inversión realizada a través del cálculo del SROI —Retorno Social de la Inversión, por sus siglas en inglés—. 

Gracias a todo esto se fortalece la confianza pública en la organización, se despliegan herramientas para optimizar el uso de los recursos, y se genera transparencia, propendiendo por mejores condiciones para la vida en sociedad y el ejercicio de la iniciativa empresarial para la creación de riqueza. 

 

 

Autores

Mery Patricia Tamayo-Plata

Investigadora de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno EAFIT

Jesús Alonso Botero-García

Investigador de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno EAFIT

Sección de noticias EAFIT
Bloque para noticias recomendadas
Programa académico Noticias
Autor
Mery Patricia Tamayo-Plata; Jesús Alonso Botero-García
Edición
Agustín Patiño Orozco

El valor de la historia empresarial para la prospectiva y la estrategia

Agosto 24, 2025

El ritmo de la vida humana va cada vez más acelerado. Se celebra la innovación, la llegada de nuevas tecnologías y las grandes transformaciones. Los cambios, sin embargo, generan incertidumbre y requieren esfuerzos adicionales para su adecuada asimilación.

De este modo, pueden surgir preguntas como: ¿qué se puede mejorar en la organización?, ¿cómo hacer más eficientes los procesos? Estos cuestionamientos aparecen cada vez más a menudo entre líderes, administradores, emprendedores y trabajadores en general.

La búsqueda de nuevas formas de hacer las cosas se convierte en una urgencia que agobia y desvía la mirada de otros asuntos que pueden ser importantes. La incertidumbre y los cambios en el entorno pueden verse como amenazas o como oportunidades irremplazables. Todo depende de la perspectiva y de la claridad de los objetivos.

Si bien es válido trabajar por la mejora continua, se debe recordar que aunque el cambio genera crecimiento, la estabilidad es fundamental para el desarrollo. Esto arroja una nueva pregunta: de todo lo que se hace y se ha hecho, ¿qué es lo que debe permanecer?

El primer paso para optimizar los recursos es reconocer los aprendizajes valiosos obtenidos hasta el momento. En el mundo empresarial, al igual que en la vida humana, son las experiencias más sencillas las que promueven el desarrollo de habilidades valiosas para sortear grandes retos con éxito. Pero aunque son similares la vida humana y la vida de las empresas, estas últimas tienen la virtud, en muchos casos, de tener varios líderes en el tiempo.

Es claro que a la hora de tomar decisiones acertadas se requiere pensamiento crítico, y para la visión crítica, se requiere el conocimiento. Es en este punto que conocer el pasado de la organización cobra relevancia. El pensamiento histórico, a saber, la conciencia del pasado para la interpretación del presente y la planeación para el futuro, es fundamental para la gestión empresarial.

Una perspectiva histórica de los problemas del presente permite desmantelar los miedos y las dudas para abordar los retos de forma pausada, con mejores ideas y decisiones inteligentes. Una mirada atenta al pasado permite identificar experiencias análogas a los problemas de hoy, reconocer patrones de comportamiento y retomar estrategias que han dado buen resultado, dando forma a la estructura e identidad de la organización.

Trabajar en el desarrollo de una perspectiva histórica para la gestión empresarial a partir de marcos históricos amplios es un ejercicio de revisión del comportamiento de los equipos de trabajo y de los líderes ante la incertidumbre. La reactividad y la rapidez desmedida en las respuestas, por ejemplo, pueden ser indicios de que el cambio toma por sorpresa a la organización.

En ese sentido, valorar la historia y los aportes útiles que esta ofrece para la gestión es la clave para accionar con preparación y conocimiento de aquello que se hace; desde la comprensión de las lógicas y los valores propios de la particularidad de cada temporada como tejido de la historia de la organización.

Todo comienza con hacerse preguntas: ¿cuál ha sido el proceso de esta organización?, ¿cómo fue su nacimiento?, ¿qué transiciones ha experimentado?, ¿cuáles han sido sus valores y sus mayores retos?

Por supuesto, responder a dichas cuestiones es una gran tarea para la cual las organizaciones de larga trayectoria puede servirse de expertos y del aporte de los empleados como actores directos de la construcción de la historia; mientras que las más jóvenes pueden comenzar a generar un archivo de recursos históricos como actas y testimonios que en retrospectiva permitan reflexionar acerca del abordaje de situaciones críticas.

La integración del análisis histórico organizacional es una acción que tiene como punto de partida el compromiso social empresarial y el interés por contribuir al entorno. Las decisiones que se toman en las empresas no solo afectan a la operación y a los empleados, sino que también tienen un gran impacto en la sociedad, en la región y en otras organizaciones relacionadas. El líder y su forma de pensar y actuar generan cambios altamente relevantes que construyen paso a paso el futuro. Por esto, la elaboración de la historia de la compañía puede dar luces de respuestas a retos futuros a nivel interno y externo.

Considerando el impacto de los líderes y administradores en su entorno, dentro y fuera de la organización, y sabiendo que no hay rutas directas hacia el éxito, es valioso pensar en las habilidades que podrían ser útiles para una persona que desea liderar sorteando la incertidumbre para alcanzar las metas propuestas. A continuación, cuatro ideas de desarrollo integral en el liderazgo:

1. Empatía: Las organizaciones, como seres vivos, se mueven gracias a las personas que las conforman. Poder situarse en el papel del otro favorece el aprendizaje y el buen relacionamiento. Esta habilidad es necesaria para comprender las consecuencias de las acciones y el impacto positivo o negativo que las decisiones tienen sobre los demás.

2. Registro diverso de la realidad: Es importante conocer las cifras y balances de la compañía, al igual que conocer a los colaboradores y entender los ritmos humanos de la operación. El desarrollo humano e integral de los líderes es imprescindible.

3. Pensamiento crítico: Se requiere disposición para investigar, aprender y comprender todos los días para tomar buenas decisiones sin perder la capacidad de asombrarse sobre aquello que puede volverse familiar.

4. Escucha y diálogo respetuoso: En la diversidad de consejos está la clave para la resolución de conflictos. Entender las distintas maneras de comprender la realidad y expresar las ideas propias de forma asertiva es clave para el desarrollo empresarial.

Además de aquello que se debería cambiar, ¿qué se debería conservar?, ¿cuáles fueron las mejores decisiones que tomaron los líderes anteriores?, ¿qué valor tiene la historia empresarial y cómo podría integrarse un análisis retrospectivo para favorecer el progreso de la compañía? El progreso no es solo cuestión de fuerza, sino también de dirección, y está, a su vez, depende de la observación y de la estrategia.

 

Autora

María Isabel García

Comunicadora social

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Edición
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El riesgo no espera

Agosto 20, 2025

La gestión del riesgo en Colombia se volvió importante desde los años ochenta, cuando desastres como el terremoto de Popayán (1983) y la tragedia de Armero (1985) demostraron la fragilidad de las poblaciones ante eventos extremos.

Pero los desastres no son únicamente fenómenos naturales, sino también la manifestación de vulnerabilidades creadas por la intervención humana que ignora las dinámicas del territorio.

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Ante esta realidad surge la denominada gestión del riesgo de desastres, que se mueve en diversos tiempos. El primero es un tiempo inmediato, de respuesta a la emergencia: qué hacer en el ahora, cómo evitar que el agua inunde las casas o que los deslizamientos se lleven vidas.

Esta rapidez es útil, pero deja a un lado otro tiempo importante: el futuro. Por eso, con la planeación a largo plazo, el concepto de riesgo se entiende no solo como una circunstancia del presente ni algo a lo cual se debe reaccionar en el momento menos favorable. Desde esta perspectiva, la reducción del riesgo trata de construir escenarios en los que se evite la tragedia. 

 

Convivir con el riesgo

Aunque Medellín es una ciudad innovadora, en su interior persisten profundas desigualdades socioespaciales que exponen a algunos de sus habitantes a condiciones de alto riesgo. Sectores como El Sinaí, ubicado en la comuna 2 (Santa Cruz), enfrentan amenaza constante de inundaciones, a causa de dinámicas históricas de segregación, desplazamiento forzado y autoconstrucción en zonas inestables e informales.

Allí, la gestión del riesgo es una forma de vida. El río es un vecino impredecible: los niños disfrutan y juegan en él, pero, en época de invierno, el nivel del agua sube por las paredes de las casas hasta tapar pisos enteros.  En algunos casos, una línea color café de casi tres metros de alto es el rastro de una inundación en la calle más cercana al río y en la calle principal del barrio, dos cuadras más adentro. La línea recuerda los días cuando la tragedia y la angustia han sido las protagonistas.

Esto pasa durante cada temporada de lluvias, al menos dos veces al año, aunque no dejan de registrarse otras inundaciones de menor magnitud. En todos estos casos, el propósito de la vida se resume en acciones como salvar lo que se pueda, sacar a las mascotas o cuidar a las personas más vulnerables. 

 

Resistencias cotidianas frente a la emergencia 

A pesar de los esfuerzos institucionales en materia de gestión del riesgo de desastres, la presencia efectiva del Estado es limitada en territorios como este. La insuficiente intervención de las autoridades hace que estas comunidades tengan que vivir en un tiempo inmediato, en estado de alerta y autogestión frente a amenazas como las inundaciones.

Por eso, la comunidad de El Sinaí resuelve estos problemas con una lógica que parece innata, universal, que obedece a un instinto de adaptación que aparece durante las crisis. Por ejemplo, sus habitantes han puesto compuertas herméticas en sus casas, construido muros, diques y barreras que los protegen. Todo esto forma parte de la inteligencia colectiva, la cual no es exclusiva de ellos: estrategias similares se han visto en otras partes del mundo, como Venecia.

¿Significa esto que existen dos realidades paralelas? Posiblemente. Para Venecia, una para los turistas y otra para los residentes. Para Medellín, una segura, formal y planificada y otra vulnerable, informal y relegada a las laderas o márgenes del río.

 

Representación gráfica de las dos realidades que coexisten en Medellín.

 

Entretanto, desde universidades como EAFIT trabajamos para entender y transformar íntegramente las problemáticas de los territorios. Para El Sinaí, se propone una gestión del riesgo que valore la inteligencia colectiva, acelere los tiempos de reacción y fortalezca la vida digna. 

 

Notas

1. La avalancha del nevado del Ruiz sepultó a más de 25.000 personas. Es el desastre más grande de la historia del país. 

2. Según el Plan Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres de Medellín 2015-2030, las mayores densidades poblacionales se concentran en las comunas 1 (Popular) y 3 (Manrique), precisamente donde se concentra el mayor porcentaje de áreas de amenaza y de riesgo por fenómenos socionaturales les y las mayores vulnerabilidades por las condiciones de vida de la población.

 

Referencia

Wilches-Chaux, G. (2008). La gestión del riesgo: del deber de la esperanza a la obligación del milagro. [Discurso]. Foro Global Provention.

 

Este contenido fue construido como elemento complementario de un trabajo de grado de la Maestría en Procesos Urbanos y Ambientales de EAFIT, en la que se exploraron acciones para la reducción del riesgo en el sector del Sinaí en Medellín.

Autores

Susana Galvis Bravo

Magíster en Procesos Urbanos y Ambientales

Julián Carvajal Zapata (@caarza)

Comunicador gráfico publicitario e ilustrador

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Autor
Susana Galvis Bravo; Julián Carvajal Zapata (@caarza)
Edición
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