¿Ya conoces Escuela UN?

Mayo 12, 2025

Del 21 al 24 de abril, más de 300 estudiantes de 16 instituciones educativas participaron en Escuela UN, una experiencia formativa liderada por UN Society para fortalecer habilidades, compartir conocimiento y acompañar la construcción de Modelos de Naciones Unidas (MUN). 

Durante cuatro días, desarrollamos módulos en áreas clave como: Formación académica en MUN, Logística y organización de eventos, Relaciones públicas y gestión de patrocinios, Estrategias en redes sociales y publicidad y Gestión humana y bienestar de equipos

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Estos son algunos de los aprendizajes que tuvieron nuestros estudiantes de IDP realizando sus maxifiguras

Abril 11, 2025

En esta muestra de aprendizaje experiencial, nuestros estudiantes aprenden habilidades como atención al detalle, modelado de partes sólidas, verificación de medidas para conservar la proporción, aplicación de pinturas y acabados superficiales para imitar otros materiales, entre otros. 

Como cada semestre, somos testigos de resultados asombrosos y es que esta muestra es una de las preferidas de los eafitenses  y una experiencia de aprendizaje significativa llena de innovación y creatividad.

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Las rutas de talento son un componente esencial de nuestro modelo de aprendizaje

Abril 9, 2025

Estas rutas les permiten a los estudiantes desarrollar sus capacidades para el trabajo y conectarse de manera temprana con organizaciones, emprendimientos y academia. 

Samuel Oviedo, estudiante del pregrado en Ingeniería de Sistemas es uno de los pioneros en explorar estas rutas que contribuyen a su perfil y trayectoria profesional. 

Cursando el octavo semestre de su pregrado, está en su tercera experiencia en la ruta de talento organizacional después de pasar por otras organizaciones  Actualmente se encuentra realizando su práctica en el equipo ambiental de ISAGEN. 

Su reto es desarrollar un proceso más automatizado de consolidación y gestión de la información para que esta organización sea más eficiente en aspectos claves de relacionamiento y cumplimiento de normativas con entidades gubernamentales.

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Las rutas de talento son un componente esencial de nuestro modelo de aprendizaje
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¡Esta fue mi experiencia siendo repre!

Abril 7, 2025

Ya comenzó el relevo: buscamos a quienes quieran sumarse a esta responsabilidad de representar a profes y estudiantes en los espacios donde se toman decisiones que impactan el presente y futuro de la U. 

María Antonia Santos, quien fue repre de Negocios Internacionales en 2022 y del Consejo Directivo en 2023, nos compartió lo que aprendió y cómo esta experiencia marcó su camino profesional.

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¡Esta fue mi experiencia siendo repre!
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Conoce la historia de Juan Esteban Restrepo, nuestro jugador estrella de voleibol en EAFIT

Marzo 11, 2025

Entre canchas de voleibol, salones y laboratorios del bloque 20, así transcurren los días de Juan Esteban Restrepo Orozco, estudiante de tercer semestre del pregrado en Ingeniería de Sistemas e integrante de la selección de Voleibol de EAFIT, quien por su excelente desempeño en este deporte ha sido convocado también por las selecciones Colombia y Antioquia de esta disciplina.

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Procesos de enseñanza y aprendizaje mediados por tecnología

La tecnología es clave para integrar conocimiento, docencia y aprendizaje. En la Universidad EAFIT, la plataforma EAFIT Interactiva —nuestro Sistema de Gestión del Aprendizaje—, se ha consolidado como un entorno digital que redefine la experiencia de aprendizaje al impulsar la interacción, fomentar la flexibilidad y estimular la innovación. 

Exploremos su impacto transformador, los retos que implica su adopción y las historias reales de profesores que han logrado convertir sus cursos mediados por tecnología en vivencias significativas y memorables. 

La integración de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la educación ha generado una transformación profunda en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Investigaciones recientes han demostrado que el uso de plataformas digitales, recursos interactivos y entornos virtuales de aprendizaje potencia no solo el acceso al conocimiento, sino también la autonomía, la motivación y el desarrollo de competencias del siglo XXI (Selwyn, 2016; Bates, 2019). 

Por ejemplo, la UNESCO (2022) resalta que las TIC permiten diversificar las metodologías pedagógicas, facilitar el aprendizaje personalizado y fomentar la inclusión. En particular, los Sistemas de Gestión del Aprendizaje o LMS —del inglés Learning Management System— se han consolidado como infraestructuras clave para la gestión del aprendizaje, al facilitar la organización de contenidos, la comunicación sincrónica y asincrónica, el seguimiento del progreso y la evaluación continua.

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Estudiantes realizando actividades en computadoras
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Estudiantes realizan actividades en un LMS o Sistema de Gestión del Aprendizaje como EAFIT Interactiva.
 
Una universidad que aprende y se transforma 

En este escenario global, la Universidad EAFIT asume con firmeza el liderazgo en la adopción de tecnologías emergentes y de la inteligencia artificial como ejes de transformación educativa, organizacional y social. La educación virtual, híbrida y flexible ha dejado de ser una alternativa para convertirse en un pilar estratégico que garantiza la pertinencia y la sostenibilidad de los procesos formativos. 

En el caso particular de la Universidad, la plataforma EAFIT Interactiva se consolida como el espacio digital donde convergen el profesor, el estudiante y el currículo. A través de este LMS, se articulan contenidos, se gestionan actividades, se realiza evaluación continua, se fortalecen las comunidades de aprendizaje y se dinamiza el acompañamiento docente. 
 
Para garantizar el uso efectivo de la plataforma y potenciar sus posibilidades pedagógicas, el área de Gestión Digital del Aprendizaje (GDA) se encarga de brindar soporte y aportar al desarrollo de contenidos digitales y otros recursos de aprendizaje mediante estrategias como Aprende+ EAFIT. En suma, desde la gestión tecnológica, pasando por el diseño instruccional y el seguimiento del proceso educativo, EAFIT Interactiva es un LMS que contribuye a una experiencia de aprendizaje coherente, intuitiva y centrada en el estudiante.

 

Historias que inspiran: voces desde la práctica docente 

Veamos dos testimonios que reflejan un cambio significativo en la relación docente-estudiante y en la forma de concebir la educación mediada por tecnología, en línea con la literatura sobre pedagogías activas y el uso efectivo de las TIC (Laurillard, 2012).

"He logrado potenciar el uso de la herramienta y el acercamiento con mis estudiantes. Es práctica, eficiente y colaborativa. Los cuadernos de calificaciones me han permitido calificar de manera continua y mantenerme al día con ellos. EAFIT Interactiva, soportada en Brightspace, tiene un gran potencial al integrarse con contenidos de editoriales como McGraw-Hill y Pearson." 

 

Hernán Alzate Arias, profesor de cátedra adscrito a la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT

"Desarrollar mi curso con apoyo del equipo del Área de Gestión Digital del Aprendizaje fue un proceso de cocreación: Yo puse el contenido, y ellos su experiencia para hacerlo innovador y significativo. La plataforma EAFIT Interactiva permite a los estudiantes aprender a su ritmo, fomenta la autogestión y convierte el conocimiento en experiencia." 

 

Jimena Gutiérrez Rúa, profesora de la Maestría en Sostenibilidad de EAFIT.

 
Retos, aprendizajes y acciones en curso 

A pesar de su amplia adopción en la comunidad universitaria, uno de los principales retos para la gestión de EAFIT Interactiva es reducir el uso que se limita exclusivamente al registro de calificaciones. Frente a esto, se han propuesto cursos autocontenidos, sesiones formativas y acompañamiento permanente por parte del Área de Gestión Digital del Aprendizaje y el equipo de Aprende+ EAFIT. Estas acciones buscan motivar a los docentes a explorar y aprovechar más las funcionalidades interactivas, de seguimiento y de diseño pedagógico que este LMS ofrece. 
 
Es clave reconocer que estas tecnologías no son por sí mismas la solución para asumir los retos actuales de formación y gestión del aprendizaje. Los LMS son innovadores cuando se apoyan en el talento humano que puede brindar soporte técnico, orientación y acompañamiento para asegurar que la adopción tecnológica se traduzca, en este caso, en experiencias de aprendizaje exitosas. En otras palabras, el éxito de las TIC educativas depende tanto de la infraestructura como del desarrollo profesional docente (Kirkwood & Price, 2014).  

 

 
Visión a futuro: una experiencia coherente, conectada y catalizadora 

Actualmente, la Universidad EAFIT avanza en la expansión de EAFIT Interactiva como plataforma LMS para la gestión de todos sus procesos formativos, no solo en los programas de pregrado. La meta es que, sin importar el nivel académico, ni la modalidad (presencial, virtual o híbrida), la experiencia del estudiante sea fluida, coherente y articulada. 
 
Adicionalmente, se explora la incorporación de inteligencia artificial para enriquecer el análisis del aprendizaje, personalizar la experiencia del estudiante y fortalecer los procesos de retroalimentación y evaluación formativa. Esto está en línea con los desarrollos recientes sobre analítica de aprendizaje —learning analytics— y sistemas adaptativos, que han mostrado efectos positivos en la toma de decisiones pedagógicas y la mejora del rendimiento estudiantil (Siemens & Long, 2011). 

 

Una invitación a transformar el aprendizaje juntos 

EAFIT Interactiva no es solo una plataforma: es una invitación a imaginar nuevas formas de enseñar y aprender. Es una herramienta al servicio de la pedagogía, de la innovación y de la relación humana. Todos los profesores, investigadores, empleados administrativos y estudiantes de la Universidad EAFIT están llamados a hacer parte activa de esta transformación. La educación del futuro se construye hoy, con tecnología, con sentido pedagógico y con propósito. 

Si tienes dudas o comentarios sobre EAFIT Interactiva, puedes comunicarte con el Área de Gestión Digital del Aprendizaje (GDA) a través del canal único de atención: soporteinteractiva@eafit.edu.co

 

 

Autores

Luis Gerardo Pachón Ospina

Coordinador del Área de Gestión Digital del Aprendizaje, Vicerrectoría de Aprendizaje EAFIT

Yina Andrea Zapata Franco

Gestora de experiencias educativas digitales, Área de Gestión Digital del Aprendizaje EAFIT

 

 

Bibliografía recomendada

 

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Autor
Luis Gerardo Pachón-Ospina; Yina Andrea Zapata Franco
Edición
Agustín Patiño Orozco

Hasta la última vereda: aprendizajes de la expansión metodológica de la Universidad de los Niños EAFIT

Con presencia en más de diez departamentos y treinta y tres municipios de Colombia, la Universidad de los Niños EAFIT ha contribuido a la Apropiación Social del Conocimiento (ASC) en diversos ecosistemas escolares del país, estimulando la curiosidad, el gozo intelectual y el pensamiento crítico en niños, niñas, adolescentes, jóvenes y mediadores. 

La metodología de la Universidad de los Niños transforma el conocimiento científico en experiencias de aprendizaje que promueven el descubrimiento colaborativo, incluyente y divertido a través del asombro, la pregunta, el juego, la conversación y la experimentación.  

Estas herramientas metodológicas se actualizan y apropian en ecosistemas escolares regionales gracias al desarrollo de proyectos colaborativos que fortalecen conexiones entre la Universidad y aliados estratégicos de la sociedad civil, los sistemas públicos y el sector empresarial.  

Veamos algunos aprendizajes de la expansión metodológica de la Universidad de los Niños en el marco de tres proyectos de innovación educativa con enfoque territorial: Ciencia entre Montañas, Saberes en Red: Aprendamos con Eloísa Latorre y la Jornada Escolar Complementaria Inspiración Comfama

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Fotografías de escuelas y comunidades educativas rurales en el Suroeste Antioqueño, participantes del proyecto "Ciencia entre Montañas" de la Universidad de los Niños EAFIT.
 
Educación que cultiva ecosistemas de CTeI 

La innovación educativa permeabiliza los sistemas educativos existentes, fomentando más y mejores conexiones con los entornos locales, y nutriendo los brotes de futuros ecosistemas regionales de ciencia, tecnología e innovación (CTeI). 

Esto se impulsa mediante la apropiación de metodologías como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), las preguntas guía anuales, los talleres vivenciales, la realización y difusión de contenidos educomunicativos, el uso innovador de recursos de aprendizaje —huertas, kits educativos, dispositivos tecnológicos, etc.—, y la realización de ferias de cultura científica que celebran los saberes locales y tradicionales. 

Esta es la experiencia, por ejemplo, del proyecto Ciencia entre Montañas, el cual ha beneficiado a más de mil setecientos niños y niñas del suroeste antioqueño, en cuarenta escuelas de la ruralidad dispersa de la Provincia Cartama, que incluye a los municipios de Caramanta, Fredonia, Jericó, Montebello, Pueblorrico, Santa Bárbara, Támesis, Tarso, Valparaíso y Venecia. 

Con el desarrollo de talleres guiados por preguntas relacionadas con el agro y la biodiversidad, este proyecto busca fortalecer competencias científicas y acercar a los participantes a su territorio desde una mirada investigativa que descubra mejores oportunidades para su futuro. 

Dentro del aula, los participantes viven experiencias y juegos que detonan preguntas y conversaciones alrededor de conceptos científicos, y fuera del aula, con actividades al aire libre, los niños y niñas exploran su territorio y se apropian de las maneras en las que se produce nuevo conocimiento en las ciencias naturales. 

 

El estímulo de ecosistemas educativos más conectados con las realidades locales fortalece el tejido social a través del conocimiento. En la imagen vemos un grupo de niños y maestros junto a un árbol de limones en la vereda Piedra Verde del municipio de Fredonia. Foto: Robinson Henao.

El proyecto Ciencia entre Montañas conecta la innovación educativa con el fortalecimiento del ecosistema regional de CTeI, con el liderazgo de la Universidad EAFIT y la Universidad de los Niños en alianza con Comfama y la Fundación Fomento a la Educación JCH, y además con la participación de diversas universidades y centros de ciencia —EAFIT, CES, Universidad de Antioquia, Jardín Botánico de Medellín, Parque Explora—, expertos del sector empresarial local —Urantia, Agrovizcaya, Café Luna, Laboratorio del Café—, y aliados como el Agroparque Biosuroeste, la Provincia Cartama y los gobiernos municipales. De esta manera el proyecto cumple con el propósito de las iniciativas de CTeI financiadas por el Sistema General de Regalías (SGR).

 

“Quiero agradecer el valor que Ciencia entre Montañas le ha dado a la ruralidad, al mostrar la ciencia como algo que hace parte de nuestra cotidianidad y entorno. Mis niños son felices y esperan con expectativa a los talleristas para compartir juntos muchos temas interesantes. El proyecto contribuye inmensamente a mi labor docente mediante estrategias innovadoras y el cambio de mentalidad frente a cómo vivenciar los temas que a simple vista pueden parecer complejos”.

 

Claudia Guerra, docente del Centro Educativo Rural La Alacena, Támesis. 

“Ser tallerista me ha dado la posibilidad de conocer mi territorio, de acercarme y compartir el conocimiento con los niños y niñas y, sobre todo, la oportunidad de crear, experimentar y soñar con la posibilidad de construir un mundo más justo e incluyente para todos”.

 

— Ana Milena Henao, tallerista del proyecto Ciencia entre Montañas

 
Inspiración y herramientas para investigar 

A través del despliegue de estrategias para la formación de formadores locales en diversos territorios, la Universidad EAFIT ha fortalecido capacidades regionales para la CTeI, facilitando que docentes, mediadores y líderes comunitarios accedan a herramientas pedagógicas para el aprendizaje experiencial, la apropiación social del conocimiento y el fortalecimiento de habilidades para el siglo XXI.  

Solo en 2024, la Universidad de los Niños contribuyó a la formación de más de noventa talleristas territoriales y más de dos mil cien maestros. Este enfoque ha promovido la sostenibilidad de los procesos de aprendizaje colaborativo en territorios y poblaciones con acceso limitado a la CTeI, tanto en poblaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes, así como dentro de los mismos márgenes del Área Metropolitana del Valle de Aburrá y otros centros poblados del departamento.  

Los más de setenta docentes participantes del proyecto Ciencia entre Montañas destacan la importancia de la innovación educativa en la ruralidad dispersa, donde hay acceso limitado al conocimiento científico sobre el agro y la biodiversidad.  

Estos docentes agradecen el enfoque territorial del proyecto y la inclusión de talleristas y mediadores científicos locales, quienes enriquecen el aprendizaje con nuevas herramientas pedagógicas y se convierten en referentes del desarrollo local sostenible, en lugar de acentuar la tendencia migratoria hacia las ciudades y los centros poblados en busca de oportunidades. 

 

Las barreras geográficas, económicas y culturales son retos para la innovación educativa rural en Colombia. En la imagen vemos un grupo de niños cruzando el Río Cauca en una embarcación de remos en el municipio de Jericó. Fotografía: Robinson Henao.

 

Otra experiencia es la del proyecto Saberes en Red: Aprendamos con Eloísa Latorre —con respaldo metodológico de la Universidad de los Niños en alianza con ISA Intercolombia—, que busca fortalecer la apropiación social del conocimiento sobre biodiversidad, cambio climático, transición energética y energías renovables, beneficiando a más de veintiocho mil niños y niñas de municipios como Anorí, San Carlos, Heliconia, Santa Rosa de Lima, Norcasia, El Copey, Tierralta, Albania, Santa Marta y Yumbo, entre otros.  

Inspirados por los desafíos de la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), el proyecto busca desarrollar procesos pedagógicos y de mediación que promuevan liderazgos territoriales. Para eso, desarrolla estrategias educativas que proveen herramientas para el fomento del pensamiento científico, tales como la distribución de dos kits educativos —uno individual, para cada estudiante, y otro de carácter institucional—, que responden a las necesidades del territorio colombiano y aseguran su pertinencia en cada comunidad.  

Para sacarle el mayor provecho posible a los recursos pedagógicos en el contexto rural colombiano, los kits educativos desarrollados y distribuidos por el proyecto se destacan por proporcionar herramientas para el “aprender haciendo” tanto dentro como fuera del aula, y por ofrecer contenidos educomunicativos accesibles, que dialogan con el contexto local y que se pueden adaptar a diversos niveles y currículos escolares. 

 

Siempre es hora de aprender 

Uno de los retos del sistema educativo colombiano es cómo fortalecer la Jornada Escolar Complementaria (JEC). Gracias a la transferencia metodológica de la Universidad de los Niños a los programas JEC de Comfama y Cafam entre 2019 y 2025, la Universidad de los Niños EAFIT ha contribuido al estímulo del liderazgo en emprendimiento, participación ciudadana, pensamiento científico y cultura bilingüe en más de dos mil cuatrocientos niños, niñas y adolescentes de 55 instituciones educativas de Antioquia y Cundinamarca cada año.   

En particular, el proyecto JEC Inspiración Comfama ha contribuido a la formación complementaria de cientos de niños, niñas y adolescentes que han transformado sus preguntas en proyectos, emprendimientos y oportunidades concretas para el futuro, conectando la ciencia, el arte, la tecnología y el ejercicio ciudadano con sus realidades cotidianas y territoriales.  

En línea con la metodología de la Universidad de los Niños, este proyecto no solo promueve el acceso al conocimiento, sino que lo resignifica desde el juego, el gozo intelectual y la acción colectiva. 

Por ejemplo, en la Institución Educativa Antonio Nariño de Puerto Berrio los estudiantes construyeron un diccionario de lenguaje juvenil. Esta experiencia les permitió ver su identidad como una forma de conocimiento válido y digno de ser compartido con otros.  

Por su parte, en la Institución Educativa Concejo Municipal El Porvenir de Rionegro, los estudiantes participantes del proyecto recolectaron más de veinte especies de plantas y raíces de uso cosmético y medicinal, encapsulando sus olores y creando experiencias sensoriales que propiciaron conversaciones sobre memoria, tradición y naturaleza. “¡Huele a la huerta de mi abuela!”, dijo uno de ellos, emocionado por los aprendizajes que conectan con el origen. 

 

Uno de los retos del sistema educativo colombiano es fortalecer la Jornada Escolar Complementaria. En la imagen vemos un grupo de niños visitando un laboratorio de biología en la Universidad EAFIT para observar microorganismos y tejidos vegetales en varios microscopios. Fotografía: Christian Martínez.

 

Un último ejemplo: en varias instituciones educativas rurales, los estudiantes prepararon charlas tipo “TED Talks” como proyecto final. Desde sus experiencias personales, hablaron de liderazgo, desigualdad y emprendimiento. Un joven contó cómo el trabajo en el cafetal le enseñó sobre esfuerzo y disciplina, y propuso su idea para exportar café local con mayor valor agregado. Al terminar su charla, hubo aplausos y lágrimas. “Hoy me sentí importante”, concluyó.

En suma, los retos de la educación rural en Colombia son muchos: inadecuada infraestructura física y baja conectividad a Internet en las sedes educativas; escasa formación y experiencia de docentes y mediadores locales en la implementación de metodologías activas, Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) y estrategias de apropiación del conocimiento contextualizado; desconexión entre la escuela y el entorno rural, lo cual dificulta el aprendizaje situado y la innovación educativa regional; ausencia de referentes en ciencia, tecnología e innovación (CTeI), lo cual limita el desarrollo del pensamiento crítico y las aspiraciones a futuro de niños, niñas y adolescentes; y aún hoy, la presencia de actores armados y economías ilegales que distorsionan la idea de progreso personal y social, a la vez que promueven la migración del campo hacia las ciudades.  

Aun así, la transformación de la educación rural en Colombia invita a cada municipio a convertirse en un epicentro de descubrimientos y aprendizajes colaborativos. El estímulo de ecosistemas educativos más conectados con las realidades locales, gracias a la apropiación de metodologías como las de la Universidad de los Niños que trascienden barreras geográficas, tecnológicas y culturales, fortalece el tejido social a través del conocimiento.  

 

 

Autores

Ana María Jaramillo-Escobar

Magíster en Procesos Urbanos y Ambientales y coordinadora del proyecto "Ciencia entre Montañas".

Diana Marcela Marín Alzate

Magíster en Ciencias del Comportamiento y coordinadora del proyecto "JEC Inspiración Comfama".

Nathalia Botero-Orrego

Magíster en Ingeniería y coordinadora del proyecto "Saberes en red:
Aprendamos con Eloísa Latorre".

Robinson Henao

Fotografías proyecto "Ciencia entre Montañas"

Christian Alexander Martínez Guerrero

Fotografía proyecto "JEC Inspiración Comfama"

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Escuela o área Noticia
Autor
Ana María Jaramillo-Escobar; Diana Marcela Marín Alzate; Nathalia Botero-Orrego; Robinson Henao
Edición
Agustín Patiño Orozco

Niñez rural, semilla de cambio para Colombia

Pensar en el futuro de la niñez rural en Colombia requiere entender unos tejidos sociales en transformación, que se entretejen con problemáticas y situaciones particulares de cada territorio.[1] 

Hay que considerar el momento de la vida por el que pasan los niños, niñas y adolescentes, sus tradiciones y las decisiones a las que se enfrentan. Promover experiencias de aprendizaje más integrales y contextualizadas ayudaría a resarcir la deuda histórica que tenemos con el campo.

Colombia es un país próspero y altamente diverso, en donde conviven regiones desarrolladas con otras más vulnerables. La desigualdad y las brechas territoriales son realidades a las que nos enfrentamos a diario. Una de las brechas de mayor relevancia para el desarrollo del país es la educación y el acceso a ella por parte de la niñez rural. 

Existen dos caras de la educación en Colombia: una urbana y otra rural. Ambas comprenden realidades antagónicas y altamente complejas.  

Según la Pontificia Universidad Javeriana, en 2023 cerca del 27% de la población entre los cinco y los veintiún años habitaba en la ruralidad, es decir, más de un cuarto de la población en edad escolar vive fuera de las grandes ciudades.[2] Esto determina la calidad y las oportunidades de acceso a la educación, teniendo un impacto a largo plazo en el proyecto de vida de niños, niñas y adolescentes.  

En la actualidad, además, si bien el 96% de la población mayor de quince años del país sabe leer y escribir, la brecha de esta cifra entre el campo y la ciudad sigue siendo abismal: mientras que la población urbana presentó una tasa de 2,7 % de analfabetismo, en la ruralidad esta cifra ascendió al 9,2 %.[2] 

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Ilustraciones sobre la educación rural en Colombia, la migración del campo a la ciudad y la educación contextualizada
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Niños del suroeste antioqueño caminan hacia su escuela cerca a un cultivo de café
 
Brechas de acceso a la educación rural 

Problemáticas como el conflicto armado, el insuficiente acceso a servicios básicos, la falta de oportunidades, la migración hacia las ciudades y las barreras de acceso a la educación y el trabajo configuran el escenario cotidiano de la ruralidad en Colombia. 

En este contexto, la niñez rural enfrenta desafíos significativos: las dificultades económicas y la necesidad apremiante de trabajar interfieren con sus estudios y con frecuencia causan desmotivación y absentismo escolar. Las niñas y adolescentes, además, suelen asumir responsabilidades familiares y domésticas y enfrentan riesgos como el embarazo adolescente. 

A estas dificultades se suman los largos y complicados desplazamientos que muchos estudiantes y maestros deben realizar a diario para llegar a la escuela.  

Una vez en el aula, los estudiantes a menudo se encuentran con instituciones educativas en condiciones precarias: las instalaciones son inadecuadas, faltan recursos tecnológicos y los docentes están sobrecargados puesto que no cuentan con los medios para atender necesidades de aprendizaje diversas.  

Por último, el currículo, diseñado en las grandes ciudades y bajo los parámetros que estas requieren, resulta ajeno a la realidad, las necesidades y los intereses de los niños, niñas y adolescentes rurales y campesinos del país. 

 

La fuga de talentos del campo a la ciudad trae consigo la falta de desarrollo económico y social, limitando las oportunidades para la innovación. En la actualidad, el 11,8 % de la población urbana ha obtenido un título universitario, frente un 1,8 % de la población rural. Ilustración: Lennis Orozco.

 

Talento del campo 

Teniendo clara la realidad compleja de la educación rural en Colombia, no es sorprendente que exista en el campo una alta tasa de deserción escolar

Muchas veces, a medida que los niños y niñas del campo se van acercando a la adolescencia, se presenta una disyuntiva: deben plantearse si pueden ―y quieren― seguir estudiando, con todos los retos que esto trae, o si comienzan a trabajar en diferentes labores en el campo para apoyar económicamente a sus familias y solventar sus gastos básicos.   

Ambas posibilidades suelen ser mutuamente excluyentes y traen consigo retos y realidades diversas. En el caso de seguir estudiando, se enfrentan a la necesidad de migrar a las ciudades para continuar con su proceso formativo en universidades y diferentes instituciones educativas superiores.  

Surge aquí una nueva problemática: comienza una fuga de talentos del campo a la ciudad, lo cual trae consigo el abandono del campo y falta de desarrollo e innovación. Las cifras dan cuenta de los impactos: para el año 2023, el 11,8% de la población urbana contaba con un título universitario como máximo nivel educativo, frente al 1,8 % de la población rural.[2]

 

Futuros posibles 

Si bien la situación de la educación rural en el país presenta retos y dificultades, no todo está perdido. Es importante recoger los avances y aciertos de los modelos educativos actuales, para así plantear y gestar una transformación de la educación rural fundamentada en la ciencia y la tecnología, el respeto por el campo y sus tradiciones, y el empoderamiento de los niños, niñas y adolescentes como protagonistas de su propio proceso formativo.  

Un punto importante en la innovación educativa es la apropiación de los recursos tecnológicos. Su acceso y aprovechamiento al interior de las aulas favorece la descentralización del aprendizaje y contribuye al cierre de brechas sociales. Por ejemplo, la educación virtual y las jornadas flexibles pueden facilitar en algunos casos la apropiación tecnológica, el desarrollo de capacidades y la innovación en los territorios. 

Es indispensable tener en cuenta las realidades y el contexto de la niñez rural y campesinas, sus tradiciones, necesidades y oficios. Estas realidades nutren y llenan de valor la transformación educativa. No se puede pensar en nuevos modelos de aprendizaje que no respeten el contexto cultural en el que se encuentran, y entiendan el gran valor de lo campesino para el desarrollo del país.  

Los niños, niñas y adolescentes representan los primeros agentes de cambio del territorio y son ellos en quienes deben centrarse los esfuerzos de la innovación educativa, buscando que sus visiones de futuro y sus proyectos de vida no se desconecten por completo del campo y del desarrollo territorial.[3] 

 

Pese a las limitaciones de conectividad, transporte y la falta de referentes en ciencia, la innovación educativa rural impulsa un aprendizaje que juega, conversa, pregunta y experimenta ―siguiendo la metodología de la Universidad de los Niños EAFIT―, para abrirle camino a los sueños de los niños, niñas y adolescentes rurales y campesinos. Ilustración: Lennis Orozco.

 

Los maestros también son protagonistas en la innovación educativa, pues no solo desempeñan un rol fundamental dentro de la educación rural, sino que se convierten en algunos territorios, en representantes de la presencia del Estado[1], líderes comunitarios y agentes del cambio social que comienza en las aulas. El maestro rural está llamado a comprender el tejido social y el entorno de sus estudiantes, a darles vida dentro del aula y desde allí construir aprendizajes. Esto debe estar acompañado de metodologías centradas en el desarrollo del pensamiento crítico y la investigación en los niños, niñas y adolescentes. 

La transformación de la educación rural en el país requiere un enfoque integral y multidimensional que combine mejoras en la calidad y el acceso a la educación, su articulación con el desarrollo territorial, y el fortalecimiento del rol de los maestros rurales, de modo que se reconozcan y potencien las capacidades y aspiraciones de los niños, niñas y adolescentes como agentes de cambio en sus comunidades y en el país.  

Se hace necesario pensar en el rol esencial de los niños, niñas y adolescentes en su formación, lo que los hace protagonistas de la innovación educativa en Colombia. Escucharlos y tener en cuenta su perspectiva es como se comienza a tejer el inicio de un nuevo modelo educativo rural para nuestro país. 

 

Referencias
  1. Orozco Gómez, W. (2022). El maestro rural en Colombia: desafíos ante la memoria y la reconstrucción del tejido social. Praxis & Saber 13(33), e13199. Recuperado a partir de https://revistas.uptc.edu.co/index.php/praxis_saber/article/view/13199
  2. Pontificia Universidad Javeriana. (2023). Características y retos de la educación rural en Colombia. Informe análisis estadístico LEE 79. Laboratorio de Economía de la Educación.
  3. Gaviria Agudelo, A. y Jaramillo Escobar, A. M. (2019). Adolescencia, futuro y desarrollo territorial: diseño de un instrumento que permita la convergencia de la visión de futuro de los adolescentes rurales y los procesos de transformación y desarrollo territorial. Caso de estudio: Provincia Cartama. Universidad EAFIT. Disponible en http://hdl.handle.net/10784/24363

 

 

Autoras

Ana Maria Parra Diez

Psicóloga de la Universidad EAFIT

Lennis Orozco Arias

Máster en Ilustración y Cómic

Sección de noticias EAFIT
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Autor
Ana Maria Parra-Diez; Lennis Orozco Arias
Edición
Agustín Patiño Orozco

Tic-tac... ¿Quién le enseñó a contar al reloj? 

Antes de los engranajes, los calendarios y las alarmas digitales, incluso antes de que el ser humano pensara en dividir el día en horas y minutos, ya existía un maestro del tiempo en el cielo. Nuestro Sol es la gran referencia que marca el inicio del día, el cambio de las estaciones, el ritmo de las cosechas ¡y de la vida misma!

Durante milenios, nuestros antepasados miraron al cielo para entender el paso del tiempo. Observaron la luz y las sombras, la duración de los días, el vaivén de las estaciones. El Sol fue su guía, su reloj natural, su calendario celeste. 

Nuestra estrella fue la que nos brindó la primera noción del tiempo, al permitirnos medir los ciclos de muchos fenómenos naturales. Aún hoy, aunque tenemos relojes atómicos, seguimos dependiendo de nuestro Sol más de lo que imaginamos. 

¡Sigue leyendo para descubrir el tiempo que se esconde en la sombra de un obelisco, en los sueños profundos que llegan con la oscuridad y en la luz lejana de las estrellas! Un tiempo que medimos, pero que también sentimos, vivimos y, a veces, olvidamos.

 

El reloj más antiguo del mundo 

¿Qué hora es? Para saberlo, basta una simple, pero aguda mirada al cielo.  

Los antiguos egipcios lo sabían. Erigían obeliscos cuya sombra proyectada indicaba el paso del día. A medida que la sombra se movía, los observadores atentos podían dividir el día en segmentos y anticipar el momento de realizar ciertos trabajos o rituales.

Un obelisco es, en esencia, un gnomon gigante, es decir, un instrumento clavado verticalmente en el suelo que convierte la luz del Sol en la materia prima para medir el tiempo. Este fue uno de los primeros relojes solares conocidos, aunque no tenía números ni manecillas. 

En la América precolombina, las culturas mesoamericanas marcaban los solsticios y los equinoccios mediante alineaciones de piedras y estructuras ceremoniales. Sabían que el Sol no siempre salía por el mismo punto en el horizonte y usaban esos desplazamientos para marcar el paso de las estaciones, regular los ciclos agrícolas y celebrar festividades.  

En Europa sobrevive Stonehenge, un gran círculo megalítico aún envuelto en misterio que está alineado con la salida del Sol en el solsticio de verano, una prueba de que desde hace milenios los humanos hemos observado al Sol no solo con asombro, sino con precisión.

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Imagen del Sol donde se resaltan emisiones electromagnéticas de Rayos X

Nuestra estrella rige los ciclos de la vida. Las cosechas, las migraciones, los rituales religiosos y las actividades cotidianas han estado sincronizados con su posición en el cielo. Cada amanecer era una promesa y cada atardecer la señal de que el tiempo no se detiene.  

Solo hasta los días de Albert Einstein y su teoría de la relatividad especial, descubrimos que el tiempo es mucho más complejo que los ciclos que percibimos en nuestra escala, y que su transcurso también depende del observador. 

Desde nuestra perspectiva terrestre, el Sol parece moverse por el cielo. Sin embargo, es la Tierra la que gira sobre su propio eje. Ese giro, que tarda aproximadamente veinticuatro horas, es lo que define lo que llamamos un día. Por su parte, la Tierra, que orbita a casi ciento cincuenta millones de kilómetros del Sol, completa un ciclo completo alrededor de él en poco más de trescientos sesdías. Ese ciclo define un año, un año solar

Hoy en día, los relojes mecánicos y digitales, con sus engranajes y algoritmos, no hacen más que imitar lo que el cielo lleva milenios enseñándonos: que el tiempo es movimiento, repetición y también cambio.  

Al igual que los obeliscos egipcios, los relojes atómicos más precisos en la actualidad se ajustan con referencia a fenómenos astronómicos. De alguna forma, seguimos mirando al Sol para que nuestros relojes no pierdan el ritmo. 

 
El Sol en nuestros cuerpos 

El tiempo solar no solo organiza lo que sucede allá afuera, también moldea lo que ocurre dentro de nosotros. Nuestro cuerpo, como una pequeña tierra, responde a la luz y a la oscuridad, al día y a la noche, con ritmos internos que han evolucionado durante millones de años. 

Estos ciclos se conocen como ritmos circadianos (del latín circa diem, “alrededor de un día”) y son oscilaciones biológicas de aproximadamente veinticuatro horas que regulan funciones esenciales como el sueño y la vigilia, la secreción de hormonas, la presión arterial, la temperatura corporal e incluso el estado de ánimo. 

El marcapasos de este sistema se encuentra en una diminuta estructura del cerebro llamada núcleo supraquiasmático, ubicada en el hipotálamo. Este núcleo recibe información directamente de los ojos sobre la cantidad de luz que hay en el ambiente. Así nuestros cuerpos saben cuándo es de día y cuándo es de noche, y regula la liberación de sustancias como la melatonina, que induce el sueño. 

Cuando estamos expuestos a la luz natural del Sol durante el día, especialmente en las primeras horas de la mañana, nuestro reloj biológico se sincroniza adecuadamente. Esta exposición solar favorece un mayor estado de alerta, mejora la concentración y contribuye a regular la temperatura corporal.  

En cambio, la falta de luz solar o la exposición excesiva a luz artificial durante la noche pueden provocar una desincronización circadiana que afecta el sueño, el apetito y el estado de ánimo.  

La vida moderna, marcada por el uso constante de pantallas y entornos urbanos cada vez más iluminados, ha incrementado estos desequilibrios. La contaminación lumínica, al alterar los ciclos naturales de luz y oscuridad, no solo impide ver las estrellas, sino que también interfiere con nuestros ritmos biológicos más profundos. 

Pero los efectos del Sol en nuestra biología van más allá del reloj interno: su luz estimula la producción de vitamina D en la piel, una vitamina esencial para la salud ósea, el sistema inmunológico y el equilibrio hormonal. 

También hay evidencia de que la exposición solar regula neurotransmisores como la serotonina, lo que puede explicar por qué en los meses más oscuros del año muchas personas experimentan tristeza estacional. 

Los ritmos del Sol también afectan a otras formas de vida. Las plantas abren sus hojas al amanecer y las cierran al anochecer. Los girasoles giran siguiendo la trayectoria solar. Algunas especies animales migran según las estaciones, mientras otras entran en hibernación durante los meses sin luz.  

El Sol no solo marca el tiempo, también lo habita. 

Nuestras sociedades se mueven con base en el ritmo solar. La jornada laboral, el calendario escolar, la hora del almuerzo y la de dormir tienen una raíz astronómica.  

Aunque hoy vivamos en edificios iluminados todo el día, con rutinas desligadas del entorno natural, seguimos siendo criaturas solares. Y quizás deberíamos recordarlo más a menudo. 

 
Relojes que miran a las estrellas 

La luz del Sol tarda ocho minutos y veinte segundos en llegar a la Tierra. Esto significa que todo lo que vemos en el cielo, incluso al Sol, es pasado. Es decir, el presente está ligeramente alterado por la velocidad de la luz. 

En realidad, cuando levantamos la mirada para admirar un amanecer o una puesta de Sol, lo que vemos ya sucedió. En otras palabras, hacemos arqueología cósmica

Este desfase se vuelve aún más impresionante cuando observamos otros astros. La luz de la estrella más cercana luego del Sol, Próxima Centauri, tarda más de cuatro años en llegar a nuestro planeta.  

¡Observar esa estrella hoy es ver cómo era hace poco más de cuatro años!  

Cuando estudiamos galaxias distantes a través de telescopios espaciales como el James Webb, estamos viendo luz emitida hace miles de millones de años, incluso antes de que existiera la Tierra. 

La astronomía es una ciencia del pasado, una verdadera máquina del tiempo que nos permite ver el universo como fue, no como es. 

Gracias a estas observaciones, hemos logrado descubrir el tiempo a escalas que van más allá de la experiencia humana. Sabemos, por ejemplo, que el Sol nació hace unos cuatro mil seiscientos millones de años, cuando una nube interestelar de gas y polvo colapsó bajo su propia gravedad. En su interior se encendieron las reacciones nucleares que alimentan a nuestra estrella hasta el día de hoy.  

El máximo solar es un período cíclico de mayor actividad de Sol aproximadamente cada once años. Se caracteriza por un aumento en la cantidad de manchas solares y de radiación, que pueden llegar a afectar el clima y las telecomunicaciones en la Tierra. Esta imagen combina veinticinco imágenes del Sol cerca de su pico de actividad a lo largo de todo un año. Se espera que el próximo máximo solar sea en el año 2025. Crédito foto: NASA/GSFC/SDO.

 

También sabemos que dentro de unos cinco mil millones de años nuestro Sol se transformará en una estrella gigante roja, engullirá a Mercurio y a Venus, y tal vez la Tierra. Luego expulsará sus capas externas y quedará como una enana blanca, un corazón estelar que se irá enfriando lentamente durante muchísimos años. 

Estas escalas temporales no se miden con relojes, sino con modelos, observaciones y extrapolaciones físicas, pero también con paciencia: cuando estudiamos las estrellas, el tiempo se vuelve otro, se transforma en un tiempo profundo, donde una vida humana es apenas un parpadeo. 

Los relojes más exactos del mundo, aquellos que se utilizan hoy para la navegación con Sistemas de Posicionamiento Global —GPS por sus siglas en inglés—, para sincronizar Internet y para realizar experimentos científicos de altísima precisión, están sintonizados con relojes atómicos que, a su vez, se comparan con fenómenos cósmicos.  

Un reloj atómico óptico emplea un láser que emite luz visible o ultravioleta, a una frecuencia extremadamente alta, la cual resuena exactamente con la transición atómica óptica de materiales como el cesio o el estroncio.  

Un átomo de estroncio, enfriado a temperaturas cercanas al cero absoluto —doscientos setenta y tres grados centígrados bajo cero—, permite que la sincronización entre las frecuencias del láser y las transiciones electrónicas atómicas puedan contarse con altísima precisión, y así medir el tiempo, garantizando una mayor resolución y un menor error acumulado. 

Algunos investigadores incluso proponen usar púlsares, estrellas de neutrones que giran cientos de veces por segundo y emiten pulsos regulares de radio, para sincronizar relojes atómicos. Se espera que estos cuerpos celestes sean relojes naturales para futuras naves interestelares.  

Si el Sol fue nuestro primer reloj, las estrellas pueden ser nuestros relojes del futuro a escalas cósmicas, fuera de nuestro vecindario solar. Mientras tanto, aquí seguimos, en esta pequeña esfera azul que gira en torno a una estrella promedio, en un brazo espiral de una galaxia cualquiera.  

Pero para nosotros, el Sol lo es todo, responsable del tiempo, la luz y la vida. 

 

¿Tiempo para qué? 

Cuando el tiempo se nos escapa entre pantallas, notificaciones y agendas saturadas, volver la mirada al Sol es un acto poético. Pero es también un acto profundamente científico, biológico... y necesario. 

Hemos perfeccionado métodos para medir el tiempo hasta fracciones inimaginables, de milmillonésimas de segundo, que definen operaciones bancarias, procesos de sincronización satelital y pruebas de física de partículas. 

Sin embargo, en medio de la exactitud extrema, algo se perdió: la conexión con los ritmos naturales, con el día que comienza cuando el Sol asoma y con la noche que invita al descanso.  

Perdimos la experiencia de sentir el tiempo, no solo de contarlo. 

 

La influencia del Sol va más allá de la necesaria luz. Su actividad durante los picos del ciclo solar cada once años, puede desencadenar fenómenos como eyecciones de masa coronal y tormentas geomagnéticas que afectan directamente el clima espacial. Estas tormentas pueden interferir con las comunicaciones satelitales, dañar instrumentos en órbita e incluso alterar los sistemas de navegación global.  

Nuestros relojes más precisos, los relojes atómicos, están alojados en satélites que orbitan la Tierra y sincronizan toda la infraestructura digital, desde los cajeros automáticos hasta los vuelos comerciales. Una perturbación solar puede afectarlos y tener un efecto en cascada sobre la sincronización global del tiempo. 

Paradójicamente, una explosión en la atmósfera del Sol puede llegar a desordenar los segundos más exactos de nuestra civilización. 

Estudiar el Sol, como lo han hecho astrónomos, campesinos, culturas ancestrales y contemporáneas, es también estudiar cómo nos organizamos como sociedad. Porque el tiempo no es solo una dimensión física: es también un acuerdo social, una experiencia subjetiva, un pulso que nos une a todo lo que nos rodea. 

Quizás la pregunta no sea solo cómo medimos el tiempo, sino para qué lo medimos. ¿Lo hacemos para estar más conectados, o más apurados? ¿Para comprender los ciclos de la vida o para dominarlos? ¿Nos servirá para entender que la medida del tiempo es relativa? ¿O para construir máquinas que nos permitan establecer sociedades en planetas alejados del nuestro? ¿Puede el Sol enseñarnos una forma más sabia de vivir el tiempo? 

Entender el tiempo del Sol no significa renunciar a la tecnología ni negar el progreso. Significa recordar que, más allá del reloj, hay un ritmo más profundo que late en el universo, en nuestro cuerpo y en la Tierra misma. Un ritmo que no inventamos, pero que podemos aprender a escuchar, impulsados por la curiosidad humana y el conocimiento de la física, que nos ha permitido llegar hasta donde estamos. 

 

 

Autores

Santiago Vargas-Domínguez

Investigador del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia

René Restrepo-Gómez

Investigador de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingenierías EAFIT

Maria Clara Jaramillo

Comunicadora social e ilustradora

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Autor
Santiago Vargas-Domínguez; René Restrepo-Gómez; María Clara Jaramillo
Edición
Agustín Patiño Orozco

#MadeInEAFIT | The Light Is On, conoce el proceso desde cero!

Marzo 5, 2025

Desde hace una década, nuestros estudiantes de segundo semestre del pregrado en Ingeniería de Diseño de Producto (@eafit.idp) han realizado una muestra, que también se ha convertido en una tradición la cual dos veces al año llena de luz  y belleza diferentes espacios de nuestro campus. Se trata de The Light is ON, la muestra de aprendizaje experiencial en la que los estudiantes realizan una luminaria con el propósito de diseñar un producto de complejidad media en ingeniería y diseño. En este proceso empiezan de cero, desde su conceptualización  bajo una temática escogida previamente, la elección de materiales, bocetean los diseños, hasta llegar a su materialización en la que pasan varias horas de la semana trabajando con las máquinas del Taller de Maderas. Para la más reciente edición de esta muestra, y conmemorando sus 10 años de existencia , la exhibición adquirió un nuevo significado con la alianza entre la Universidad y Cueros Vélez @velezartisan, integrando el cuero reciclado  como un material clave en las creaciones. El resultado: 50 lámparas de mesa portátiles diseñadas y fabricadas por nuestros estudiantes, combinando creatividad, funcionalidad y sostenibilidad bajo el concepto de la gramática del arte. Cada diseño incorporó al menos un 30 % de cuero reciclado, junto con madera reutilizada y otras innovaciones tecnológicas como la impresión 3D. Seguro ya conoces el resultado final, pero hoy te contamos cómo fue el proceso qué hubo detrás, a cuáles retos se enfrentaron, cómo llevaron sus ideas del papel a la materialidad y cómo las organizaciones pueden ser aliadas de la academia para darle un nuevo uso a sus residuos, mientras se produce conocimiento aplicado.

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